Luego de un repentino cambio en el centro laboral, Cuddles y su novia Giggles se dirigen a un hotel para pasar la noche, luego regresarían al aeropuerto para regresar a su destino.

Fueron por toda la ciudad buscando un lugar donde hospedarse, os hoteles eran muy caros pero dado que solo sería una noche no les importo. Encontraron uno, muy comodo en todos los aspectos…

-queremos una habitación por favor- dijo el joven rubio, su acompañante miraba unos cuadros de paisajes, lugares rústicos de la ciudad

-aquí tiene, su habitación es la 102 joven- el gerente le extendió la llave, Cuddles la recibió y él junto a su pareja se dispusieron a subir a su dormitorio. Ya arriba, dejando a un lado las maletas para abrir la puerta, estos no notaron la habitación de al lado, una sin numero

-hum, ¿será un almacén?- se preguntó el muchacho- linda, tú espera aquí que iré a conversar con el gerente- Cuddles salió de la recamara, pero algo en la habitación de al lado lo llamo mucho la atención, una sensación muy extraña lo incitó a mirar por la rendija de la puerta, una muy pequeña pero visible dado a la luz de la luna.

La habitación era colorida en tonos rojos, las mesas y sillas, al igual que las sabanas de la cama eran completamente rojas, todo parecía traslucirse en una lámina de celofán rojiza. Pero eso no fue lo que asusto más al joven peli amarillo; al fondo de la habitación, cerca de la ventana que daba a la plaza, una mujer de cabellos rojizos contemplaba la belleza de la noche, sus ropas totalmente rasguñadas y con marchas en su cuerpo yacía sentada en una mecedora la cual rechinaba, su apariencia indicaba el motivo.

Rápidamente Cuddles se alejó del lugar y regreso a su habitación, aquella imagen lo asusto pero no al extremo de alarmar a su novia, después de todo siempre había una explicación razonable a lo que vio.

Ya era de día, la joven pareja se alistaba para retirarse del hotel. Giggles esperaba a su novio quien se acomodaba la camisa antes de salir

-perfecto, simpático como siempre- se dijo mientras guiñaba hacia su reflejo. Salió de la habitación y se dispuso a bajar, cuando de nuevo esa curiosidad lo llamo haciéndolo volver a la rendija de la puerta. Cuál fue su sorpresa al no ver nada, solo un enorme objeto rojo, tan rojo que cubría la visión del lugar- cielos- dijo decaído- de seguro se dio cuenta y lo cubrió con papel rojo o algo por el estilo- sin darle más importancia decidió bajar hasta el lobby, ahí su pareja lo esperaba para abordar el taxi que consiguió antes

-que tengan un buen viaje- dijo el hombre a Cuddles, a este se le dio la fascinante idea de preguntar por aquel extraño lugar

-disculpe señor- dijo el rubio- aquella habitación, la del costado, ¿también es una habitación?- el hombre se alarmo un poco, luego exhalo un poco y le respondió al cliente

-vera usted, hace uno dos años atrás, una joven pareja había pedido una habitación. Yo los atendí y ellos se encerraron en la recamara. A los pocos días no se escuchaba actividad en la habitación. Yo tome las laves de repuesto y al abrir la puerta, vi con horror el cuerpo del muchacho muerto y la de la joven sentada en una mecedora. Todo indicaba un acto de celos, el tipo la engañaba y ella decidió vengarse- e señor se acercó un poco más al oído de Cuddles- el dato más curioso es que…la joven dama…tenía los ojos completamente rojos, tan rojos como la sangre…