Disclaimer: Los personajes de Kaleido Star no me pertenecen. No hay finalidades de lucro en la publicación de esta historia.


-Segunda parte –

Escuchó el reloj despertador sonar, una y otra vez, sin mucho ánimo, estiró su mano para alcanzar el botón de apagado y dio fin al sonido que con insistencia intentaba hacer su función. Sintió los rayos del sol acariciar su rostro, giró su cuerpo a medio lado, alcanzó la cobija para cubrirse por completo, deseaba seguir durmiendo, la idea de quedarse todo el día en la cama se le antojaba más deliciosa que levantarse y empezar sus actividades, abrió un ojo con desgana y luego abriendo el otro, parpadeo una y otra vez como despidiendo al sueño que aún le quedaba soltó un descarado bostezo y estiro su delgado cuerpo para desperezarse, se destapo y de un saltó se levanto de la cama.

Caminó hacia el baño, abrió la regadera, lo mejor sería tomar una ducha relajante para que esta apartara de su cuerpo toda la pereza y desgana que tenía, había pasado una muy mala noche. Había tenido pesadillas. Había soñado que corría a toda prisa por un estrecho y oscuro sendero y que por más que creía alcanzar su meta, una vez que se veía cerca, de nueva cuenta se alejaba de Ella. Suspiró profundamente sintiendo como su cuerpo recobraba fuerzas.

-El desayuno está listo – escuchó la voz de su tía llamándoles a Ella y a sus hermanos. Salió del baño tarareando una canción. Era domingo, un día para pasarlo encerrada en casa con su familia, debía aprovechar el último día que le quedaba de descanso,. A partir del lunes su rutina regresaría a la normalidad, debía estar lista para la nueva obra, Kalos le había dicho que tendría el sábado libre siempre y cuando el Lunes a primera hora estuviera en su oficina, al parecer debía comunicarle algo sobre la nueva obra, seguramente querría una nueva técnica para presentar, por suerte ya tenía pensada una, así que le pediría a Kalos permiso para empezar a ensayarla con Rosseta lo antes posible. Sonrió mirándose en el espejo, la pelirroja se había convertido en su leal compañera. Eran el dúo fantástico, ambas con sus habilidades hacían maravillas en el escenario.

Se dirigió al closet para sacar las prendas que pensaba vestir, sacó unos jeans de mezclilla negros y una blusa polo color purpura que resaltaban el tono y brillo de sus ojos azul-purpura, se maquilló un poco, al natural, paso una sombras de color lila, un poco de polvo y brillo labial tranparente, - Una mujer de belleza natural,- siempre escuchaba decir de labios de su padre cuando se refería a Ella. Hizo una mueca simulando una sonrisa, ya les extrañaba, pero, aún faltaban un par de días para que sus padres regresaran de su viaje. Agradeció a Dios porque su tía por fin estaba en su casa y ya no sería Ella quien completamente tendría la responsabilidad de cuidar de sus hermanos.

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Se había levantado más temprano de lo acostumbrado, sin embargo, realizó su rutina cotidiana se puso su pants, salió de su departamento para irse a correr al parque que estaba a unas cuantas cuadras de Éste.

Saludó al portero y siguió su camino, necesitaba el ejercicio para poder aclarar su mente, si su cerebro estaba oxigeno, sería más fácil tomar una buena decisión para su futuro, en especial en su relación con May. El destino volvía a unirles en una presentación, tendrían que ser compañeros nuevamente y compartir el escenario como protagonistas. No pudo evitar recordar las palabras de su hermana.

-Leon – exclamó la joven tratando de llamar su atención – te estoy hablando muy enserio – le miró con reproche.

- mmmm- se quejó, tenía sus ojos cerrados, disfrutaba de las caricias suaves del viento, se encontraba recostado, su espalada recargada en el tronco de un árbol, sus brazos cruzados por detrás de su nuca, un descanso glorioso. - ¿Qué ocurre? – dijo con su habitual tono de voz.

-Te estoy tratando de decir algo importante – la jovencita se sonrojo – escúchame por favor – suplicó Sofí.

-Dime –Leon seguía en la misma posición.

-Me gusta Yuri Killian – soltó la chica completamente roja – Y no es un capricho – dijo decidida.

- Lo sé – El joven abrió los ojos y miró de reojo a su hermana – Pero así como te ha llamado la atención, terminarás olvidándolo – no hizo ni un solo movimiento.

-Leon- soltó la chica ahora enfadada, su hermano no le tomaba enserio – lo que te digo es cierto –

- Sofí, ahora que lo veas en el festival circense háblale – cerró sus ojos nuevamente – tal vez puedan llegar hacer buenos amigos

-Eres imposible Leon – la chica rabió molesta por la falta de seriedad en que su hermano tomaba sus palabras – algún día te sentirás atraído por una chica – suspiró – y comprenderás como siento – hizo una pausa, su mirada se torno triste – al saber que tal vez nunca te corresponderá –

- No lo creo Sofí – dibujó una mueca casi como sonrisa, amaba a su hermana, su gran tesoro, le dolía verle sufrir, era por eso que intentaba no darle importancia aquello que sabía que le dañaba, mientras más rápido compitieran en el festival, más cercano estaría el regreso del rubio a América y a su Sofí se olvidaría por completo de Yuri

-Ojala te equivoques Leon – le dijo la joven pensativa – Te acordarás de mi, cuando ese día llegue – sonrió imaginándose a su hermano perdidamente enamorado de una mujer – Te enamorarás y espero que por tu indiferencia, no pierdas esa oportunidad de ser amado que te de la vida – clavó su vista en el apacible rostro de su hermano – recuerda Leon el verdadero amor sólo se encuentra una vez en la vida –

Si su pequeña hermana Sofí estuviera con Él en ese momento le diría – Te lo dije – y seguramente se burlaría de Él. Siempre hay una primera vez, siempre hay oportunidades que se presentan para experimentar y no cabía duda, algunas veces eran la propias personas quienes las arruinaban. Con ese pensamiento siguió su recorrido. Seguramente para esta hora May ya tendría su obsequió en manos. Deseo haber estado con Ella para presenciar el momento y poder conservar en sus recuerdos la expresión de su rostro cuando se diera cuenta que su obsequió, eran el vestido y las peinetas que días antes había contemplado en el aparador.

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Bajó las escaleras, saltando los escalones de dos en dos, ya podía oler el rico aroma del almuerzo que su tía había preparado para ellos. Caminó hacia la cocina para encontrarse con la carita sonriente de sus hermanos.

-Buenos días Hermana – saludaron los pequeños a coro.

La pelinegra les obsequió una sonrisa y regreso el saludo – Buenos días niños, ¿Qué tal durmieron? – preguntó curiosa.

-Muy bien- respondieron los niños que ya bebían jugo de naranja y comían pan tostado con mantequilla y mermelada de frutas. – Esto esta delicioso tía – dijo uno de los niños.

- Me alegra que les guste – sonrió la mujer complacida – Ya casi están los emparedados – dijo la tía terminando de poner mayonesa algunas rebanadas de pan.

- A mí se me antoja una taza con café – dijo May caminando hacia la cafetera, asió una taza y se sirvió del líquido negro humeante, vertió leche y una cucharada de azúcar y listo bebió de este para calentar su cuerpo.

-Por cierto May- habló la tía de los chicos – antes de que se me olvide – depositó un platón en el centro de la mesa lleno de emparedados – Ayer vino un joven muy apuesto y te dejo un obsequió – dijo la tía con algo de picardía en sus palabras

Las últimas palabras dichas por su tía llamaron por completo la atención de la chica, seguramente habían traído el obsequio del intercambio, su tía había mencionado que un joven lo había dejado. Sin darse cuenta, pensativa, dio una mordida a su pan tostado dejó escapar de sus labios sus pensamientos -¿Un joven?, ¿De quién se trataría? –

-Se identificó con el nombre de Leon – dijo la tía pensando que la joven había dirigido la pregunta hacia ella.

- Nuestra hermana tiene un admirador – soltó uno de sus hermanos.

La pelinegra casi se atragantó, al escuchar el nombre de la persona que le había llevado un obsequio, bebió un poco de jugo para poder liberar su garganta del pedazo de pan que le obstruía la respiración, tosió y después de recuperar su respiración habitual se puso de pie, perfecto, lo que le faltaba que Leon Oswald le tocara de intercambio, para estas alturas imaginaba que pensaba lo peor de Ella - ¿A qué hora vino? - Preguntó ansiosa.

-Eran alrededor de las once cuarenta- su tía le miraba divertida, seguro que se trataba de un admirador tal y como lo había sugerido uno de sus sobrinos. Un admirador que no le era nada indiferente a su sobrina, lo dedujo por la reacción que May había mostrado, sonrió para sus adentros, su sobrina tenía muy buenos gustos, el joven que había venido a buscarla la noche anterior era sumamente atractivo, como sacado de los cuentos de mitología, del tipo de un dios. – Ya estabas profundamente dormida – les entregó servilletas a los pequeños que miraban y estaban atentos a lo que escuchaban – No quise despertarte – hizo una pausa – acaso hice mal – soltó la pregunta fingiendo ingenuidad.

- No – negó May con su cabeza – estuvo bien – se encogió de hombros – ya no eran horas de visita – puntualizó caminando hacia la puerta de salida de la cocina.

- May tu almuerzo – le recordó su tía al ver que había dejado en su plato un pan tostado marcado con dos mordidas, su vaso con jugo de naranja a la mitad y no había probado su emparedado.

- Muy rico tía – suspiró – muchas gracias excelente – le sacudió su yo interno – lo que te faltaba – sentenció con algo más de preocupación, aunque no quisiera Leon seguía teniendo cierto control en sus emociones, seguía provocando en Ella sensaciones y pensamientos que por más que luchaba no terminaba de desechar, sonrió tristemente – había logrado una vez más que perdiera el apetito -.

La mujer de edad madura asomó su cabeza por la puerta de la cocina – El obsequió esta en el recibidor cariño – gritó para que su sobrina no olvidará el por qué había dejado de almorzar.

Se dirigió al recibidor y con rapidez tomó la enorme caja en forma de cubo que estaba en la mesita, casi abarcaba toda la circunferencia, sin más demora, corrió escaleras arriba y se encerró en su habitación para descubrir que era lo que Leon le había comprado.

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Llevaba más de cuarenta minutos trotando, algo que le había mantenido relajado, sintiendo el viento acariciar su rostro y la refrescante brisa del mar inundar sus sentidos por completo. Aún faltaban unas cuantas vueltas y terminaría su rutina.

¿En qué momento se formó el abismo entre ambos?- se preguntó en silencio observando a la nada y trayendo a su mente los recuerdos que aclararían sus dudas.

-Lo único que busco es alguien que complazca mis exigencias – siempre lograba engañarse así mismo diciendo esas palabras, pensando que nunca encontraría a alguien a la altura de Sofí, sin embargo apareció Sora y eso le hizo despertar de su pesadilla.

Cerró sus ojos recordando aquel momento en el que había comenzado el proceso de alejar a May de su lado, desacreditándola ante sus ojos como única compañera en el escenario. Había algo en Ella, tan diferente a Sofí, lo cual le hizo creer que May jamás lograría estar a su altura, pero al contrario en cada presentación, cada día perfeccionaba más y más sus técnicas, sin embargo, algo le hacía falta, debía ser sincero consigo mismo si quería recuperar la mirada de la joven, si quería restaurar aquella relación rota de hacia un año.

-Confió en ti Leon y tengo la seguridad de que Tú me vas a elegir – le miró con mucha determinación – Daré mi mejor esfuerzo para que seamos la mejor pareja del festival Internacional Circense – hablaba con mucha confianza.

Era un ser detestable, los demonios del pasado le reprochaban su mal comportamiento, no se había puesto a meditar en sus actos, en su conducta dirigida hacia Ella. La pelinegra había depositado ciegamente su confianza en Él, y dejándose llevar por los rencores del pasado hizo lo que mejor sabía hacer hasta ese momento perjudicar la carrera de las personas que depositaban su confianza en Él. Bajo la máscara del dios de la muerte cantó sus crueles palabras, la antesala a la incertidumbre y como siempre se decía así mismo el fracaso o el éxito dependería de las habilidades de la otra persona, nada tenía que ver con Él.

-May te tengo preparado algo – le había dicho con gran determinación.

-eh – soltó May maravillada.

-Así es – ni siquiera se molesto en mirarle- crearé una de las mejores escenas que hayas visto – dijo con una seriedad escalofriante

- Ah, muchísimas gracias Leon, prometo no defraudarte – mantenía su vista clavada en su perfil, como esperando una señal de seguridad. Pero, ¿Qué más podía esperar de su parte?, si Leon Oswald era sinónimo de seguridad en el escenario.

Dejo de trotar para empezar a caminar, parecía ser un largo camino reflexivo. Ella debía odiarle por lo que le había hecho, ahora que analizaba más fríamente la situación, no era necesario haberla humillado de aquella manera, había otras maneras de que Ella podría haberle demostrado ser digna de ser su compañera.

Últimamente había soñado con ese momento, tenía grabado detalladamente en su mente el rostro de May, primero su cara deformando su belleza ante el terror de caer, y también recordaba su rostro desfigurado por el dolor, había caído presa al miedo a ser soltada, una víctima más del dios de la muerte.

A partir de ese momento las cosas entre ellos dos empezaron a cambiar, su relación se distancio y deterioro con el tiempo, parecía que día a día May perdía el interés de ser su compañera.

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Se encontraba sentada en la cama, tenía en su regazo la caja donde se encontraba su obsequio, lo mantenía bien sujeto con ambas manos, respiró profundamente y empezó abrir su regalo. Pudo observar un bulto color rojo, al parecer el obsequio se encontraba bien resguardado por papel de chica color rojo, lo saco y quitando los listones pudo por fin observar lo que se escondía celosamente en él. Su cara reflejo asombro, sus ojos brillaron ante la sorpresa que se apoderaba de su ser, sus manos temblaron.

-¿Cómo era posible? – preguntó su consciencia – ¿Cómo había sabido Leon que Ella deseaba ese vestido y las peinetas? – paso sus manos por el borde de las peinetas, creyendo que eran una ilusión y que en el mejor de los casos se daría cuenta que se trataban de otra cosa. Extendió el hermoso vestido, no pudo evitar sonreír, parecía que Leon le hubiese leído la mente. Ella no había tenido tiempo de comentarle a nadie que anhelaba ese vestido, ya se había hecho a la idea de perder la oportunidad de tenerlo.

Su sonrisa se debilitó y se mezcló con una mueca de dolor. Ella no significaba nada para Leon, nunca había dado señales de admirarle o de haberle aceptado como compañera, parecía que a pesar de haberle causado mucho dolor, también debía agradecerle muy en el fondo haberse convertido en su verdugo, aquel que había despertado en Ella, un demonio, el demonio del dios de la muerte, pero, sólo quedo en las apariencias. Después del festival, su maravilloso talento y su inigualable técnica "Espiral demonio" habían pasado al olvido en compañía a su interés. Y entonces, ¿Cómo podía luchar una batalla? , si la guerra ya la había perdido, Sora Naegino había ganado el privilegio de ser la compañera de Leon mucho antes de que la guerra iniciará, una lucha desigual.

Todavía, algunas veces, podía verse a sí misma enfrascada en su dolor. A pesar de haberse visto bien librada y fortalecida de su accidente, cuando Leon había dicho aquellas palabras - "Crearé una de las mejores escenas" – parecía haber sido digna de escuchar los susurros del dios de la muerte, pero, esa chica había tenido razón después del Festival Circense Él se las había ingeniado para deshacerse de Ella.

Su falta de habilidad la había humillado frente a Leon, Sora y la señorita Layla. Se reprochaba aún por no ser la mejor desde un principio, tal vez si ella hubiese tenido una magnífica interpretación, otra hubiese sido su historia con Leon.

-¿Te encuentras bien May? – había preguntado con su voz llena de preocupación la trapecista.

- Pero de que hablas, si yo no cometí ningún error en mi actuación – parecía muy decidida en sus palabras observando su reflejo en el espejo sin dar importancia a lo ocurrido se limpiaba el sudor de su rostros. Sin embargo, no pudo disimular el insoportable dolor de su hombro.

-May – Sora se acercó a ella angustiada.

En ese momento se escuchó la voz fría de león desde la entrada de su camerino.

-No puedo creer la pésima improvisación que tuviste – sus palabras eran duras, el menosprecio por las habilidades de la joven pelinegra fue evidente.

- ¿Improvisación? – interrogo Sora incrédula.

-¿Cómo? – No pudo evitar entrometerse – lo hizo apropósito – la belga no podría creer lo que escuchaba, como un ser tan divino en aparecía como Leon podía ser tan cruel e insensible.

- ¿Qué cruel? – Se quejo Sora - ¿Cómo pudo hacer algo así? -

Leon ignoró el comentario de las otras dos jóvenes y se dirigió sólo a May – A mi no me sirven las acróbatas que no pueden alcanzar el nivel que tengo – sus palabras eran frías – por eso te puse a prueba – su vista estaba clavada en la silueta de la pelinegra, su ex compañera.

May se negaba a aceptar las palabras dichas por Leon, se sintió utilizada, Ella no significaba nada para Él, May Wong había resultado ser un obstáculo para sus planes.

-No puedo creerlo – dijo Sora con molestia, sentía pena por May.

- Vaya ahora entiendo por qué te llaman el dios de la muerte – dijo Layla mirando con suma seriedad a Leon.

-Señorita Layla – nuevamente Sora se metí en donde no la llamaban.

-el dios de la muerte – repitió incrédula Mia.

- May no podrás participar así, será mejor que te olvides del festival y preocupes por sanar esa lesión en tu hombro. – la rubia dirigió su mirada hacia May.

- Cómo resulté ser una molestia, como resulte ser una molestia para ti – las lagrimas amenazaban con ser liberadas – buscaste la manera de perjudicarme – la pelinegra clavó su vista en su ex compañero, sus ojos cristalizados le impedían observarle con claridad.

-May – susurró Sora sintiendo el dolor de su compañera de escenario.

- Si quieres culpar a alguien. Mejor culpa a tu falta de talento – dijo Leon fríamente y sin ninguna consideración.

-May – A lo lejos escuchó la voz de Sora llamándola. La ignoró, no soportaría recibir su lastima.

Sus palabras le dolieron tanto, su corazón se resquebrajó, se sintió humillada – Me odie a mi misma por mostrar mis debilidades antes Sora, Mia, Leon y Layla – se dijo en silencio recordando aquellos momentos difíciles - Me encontraba vulnerable, lo suficiente, como para evitar que las lágrimas corrieran por mis mejilla. En ese momento lo mejor que había podido hacer, era huir, salió corriendo para evitar seguir siendo el blanco de lastimas y humillaciones-

Regreso a su realidad, clavando su vista vidriosa en el vestido y en las peinetas, un obsequio difícil de no aceptar, sonrió tristemente al sentir un camino templado marcar su mejilla, después de un segundo cayó una gota salina en su mano. Paso sus manos por sus mejillas limpiando la línea húmeda. Debía ser agradecida y de igual manera Ella entregaría su obsequio a Leon.

Un último recuerdo golpeo su mente, esta sería su única oportunidad para hacer las paces, una oportunidad única en la vida.

Deseaba tanto ser la compañera de Leon, que cuando la eligió sosteniendo su muñeca para hacerla llegar hasta el trapecio donde Él se encontraba; no pudo poner más atención a nada, sólo a esas palabras – Tú interpretarás el papel de Mina Murray – Después escuchó los susurros del dios de la muerte y perdió parte de su confianza.

-¿Por qué?, ¿Por qué Leon? – Las lágrimas asomaron a sus ojos una vez más – Si yo confiaba en ti – musitó – confié en ti ciegamente – su frustración fue liberada; lloró sin consuelo.

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Había terminado su rutina de ejercicios matutinos, decidido a regresar a casa, Tenía algunos pendientes que realizar, primero iría a tomar una refrescante ducha y luego iría de compras para surtir su alacena. Tenía semana siguiendo los pasos de May muy de cerca, lo cual le había restado tiempo para sus asuntos. Una semana dedicada solamente a la pelinegra, aquella chica que había osado a desafiarlo, se había repuesto en cuestión de horas de su prueba y le había demostrado lo valiente y fuerte que podía llegar hacer. Caminando lentamente por la calle se ensimismo en sus propios pensamientos una vez más.

-La verdad es que no esperaba un reto por parte tuya – le dijo mirándola con gran calma – Espero que esa nueva técnica cumpla con todas mis exigencias

La determinación inyectada en las palabras de la pelinegra; le habían sorprendido. Sin embargo, no lo expresaría, de igual modo la seguridad reflejada en su mirada, el brillo de sus ojos le hacían parecer una guerrera digna de dar la mejor de las batallas, sonrió para sus adentros, era excitante la sensación que corría por las venas de su cuerpo al verle ahí delante de él tan llena de confianza, siempre había una primera vez, y esta no sería la excepción, May era la primera en reponerse rápidamente tras experimentar en sí misma los susurros del dios de la muerte.

-Por supuesto Leon – la mirada de May era determinada, una joven segura de sí misma y sus habilidades – Tú eres el único que podrá aceptar mi espiral demonio – gritó sin titubeos decidida a llevar a cabo su técnica, aquella que le haría comer sus palabras al dios de la muerte.

-Por qué si tú fallas volveré a caer - Marco sus palabras dándole a Él toda la responsabilidad, ya no la volvería a humillar – Si te haces llamar el dios de la muerte entonces yo seré el demonio – sentenció alzando su voz, hubiese querido decir en las últimas palabras tu demonio, como si ella sólo fuera exclusiva de Él – Con este nuevo truco podre desafiar al dios de la muerte. Espero estés preparado – No reflejaba miedo, parecía tener todo bajo control, tomada del trapecio impulso su cuerpo, el destino de su vida estaba en manos de Leon oswald.

-Aquí Voy – gritó dejándose llevar por la adrenalina del momento, debía enfrentar su destino, debía salir triunfadora de dicha prueba y además debía demostrarle a Leon Oswald que tan errado estaba cuando juzgaba su talento, un error en su apreciación.

Y lo había logrado, esa chica realmente le había hecho dudar, nunca antes alguien le había retado de aquella manera, desde ese momento se había ganado no sólo su respeto, sino también su admiración. May Wong tenía una habilidad nata para crear nuevas técnicas, definitivamente tenía una percepción errónea de las habilidades de la joven. May tenía talento, tenía su nivel. Sin embargo, en ese entonces le hacía falta algo, aquello con lo que Sora si contaba.

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Había salido sin decirle a su tía a donde iba, sólo asió el obsequio de Leon con la única finalidad de ir a entregárselo. Esperaba que el obsequio que le iba a dar fuera de su agrado, Leon aparentaba ser un joven duro, pero se había dado cuenta que no era así, la mayor parte del tiempo lo pasaba entrenando en el trapecio y leyendo, lo último que le faltaba era que ya tuviera ese libro, aún no entendía por qué había terminado por escoger esa novela, soltó un profundo suspiró, su andar era lento con mucha calma, disfrutaba del paisaje, sin mucha demora llego al lugar donde su ex compañero tenía su departamento. Parecía una zona muy segura, sin duda en ese lugar vivían personas con una situación económica que sobrepasaba al promedio, disfrutaban de una vida que pasaba de lo cómodo. Tuvo que admitir que era un lugar muy bonito, seguramente Leon estaba acostumbrado a los lujos, supuso que Kalos le pagaba más de lo que pudiese ocupar para mantener su estadía en ese lugar.

Recordando que una vez escuchando una conversación entre Sora y Mia, ambas comentaban sobre las direcciones de los chicos del elenco del escenario y por supuesto había puesto especial atención a la dirección de Leon, habían mencionado que vivía en el último piso del edificio, - Departamento 15 – le recordó su conciencia. Entró en al ascensor y oprimiendo el botón empezó a subir, la vista que tenía desde ahí era maravillosa, gran parte de la ciudad, el ascensor se detuvo y salió de éste decida a ir a cumplir con su cometido.

-Buen día Señorita – le saludaron – si busca al joven Oswald lamento decirle que no se encuentra – la voz de un hombre la interrumpió antes de llamar a la puerta.

-Buenos días- regreso el saludo.

- ¿Puedo ayudarle en algo? – preguntó amablemente el portero.

-Pues… - titubeó – si entréguele esto- le mostró el obsequió que llevaba en sus manos - por favor

- No es necesario – la contradijo el joven – usted puede dejárselo en el buzón – le indicó el lugar – cuando llegue le diré que usted vino a visitarle –

May obedeció al portero y dejo el obsequió en el buzón, era lo suficientemente grande como para que pusiera otro obsequio del mismo tamaño al que llevaba.

-Disculpe señorita – le habló el hombre – ¿De parte de quién es el obsequió? – sonrió el portero.

Estuvo tentada a decirle que le dijese que era de parte de una amiga, pero si era así pensaría que quien le había llevado el obsequio era Sora y no Ella. Soltó un débil suspiro – No se preocupe – respondió amablemente - Él sabrá quién lo trajo cuando lo vea, le agradezco su amabilidad –

-De nada señorita, para servirle – dijo el hombre bajando por las escaleras.

Antes de marcharse May dio un último vistazo a la ciudad, la vista que había desde ahí era hermosa, sonrió contenta sintiendo el viento acariciar su rostro, debía regresar a casa, pero antes iría a la pista de hielo, necesitaba patinar un rato, dejar salir los malos recuerdos.

May salía de la recepción del edificio, ahí estaba el portero atendiendo a unas personas, Él con un movimiento de su cabeza le dio la despedida. Ella le sonrió, pero antes de salir se encontró con Yuri quien le saludo sorprendido de verle ahí.

-Buen día May – dijo en voz alta llamando su atención - ¿Cómo estás? – preguntó con una sonrisa en labios.

- Buen día Yuri, muy bien, gracias – regreso el saludo algo ansiosa – ¿Y tú?

- Muy bien, gracias – respondió Yuri una vez que estuvo frente a ella – Te extrañamos ayer en la reunión -

- Me fue imposible ir, una situación familiar – dijo cortante May – debo irme, me dio gusto saludarte – Se despidió sin darle tiempo siquiera de que el rubio le dijese algo más.

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Entró al edificio con calma se daría un relajante baño y después compraría lo necesario para llenar su alacena.

-Bienvenido joven Oswald – le recibió el portero cortésmente. Leon asintió al escuchar al hombre hablarle.

Se dirigió al ascensor, antes de entrar a éste el portero le volvió a llamar – Joven vino una linda señorita a buscarle, traía un paquete para usted –

Leon ni siquiera le miró, esperaba que las puertas del ascensor se abrieran – ¿Con qué nombre se identificó? – preguntó con indiferencia.

-Me dijo que cuando usted viera el paquete sabría de quien se trataba – respondió el hombre.

- Sora – pronunció para sí mismo.

- No joven – le interrumpió justo cuando se abría la puerta del ascensor y Leon volteaba a mirar al portero – El joven Killian la llamo May – finalizó para recordarle que el ascensor estaba listo para ser abordado.

Leon no hizo ningún cambio en su expresión, su mirada se torno más oscura al escuchar que se trataba de May.

-El ascensor está listo joven – le indicó con su mano.

Leon entró sin decir nada más, debía darse prisa con su baño y después iría a buscar a la pelinegra. El ascensor se abrió, salió de éste y se caminó hacía su departamento, abrió el buzón y ahí estaba una caja de prisma rectangular forrada con papel rojo quemado, adornado con listones a lo largo de la caja formando una cruz y un mono dorado al centro. Hasta en este tipo de cosas se ocupaba de los detalles más mínimos, asió el obsequio y clavó su vista en la tarjeta – "Leon: Feliz día del amor y la amistad".

Entró al departamento, caminó hacia su habitación, colocó el obsequio en la cama y se dirigió a tomar un baño, ya después tendría tiempo para enterarse que le había obsequiado la pelinegra.

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-¿Qué ocurre May? – preguntó Meril. Cuando observó a lo lejos a la pelinegra sentada mirando a las personas patinar, su mirada estaba perdida, la castaña supo que algo andaba mal, así que decidida a enterarse caminó hasta donde May se encontraba, lo primero que vino a su mente fue la reunión que la noche anterior había tenido. Seguramente, algo no había salido muy bien con el guapo trapecista y ahora andaba con los ánimos hasta los suelos. -¿Qué tal te fue ayer en tu reunión? – se sentó a un lado de la joven, que si Leon le había hecho un desaire a May por el obsequio, ya sabría quien era Meril Browns. Nadie mejor que Ella sabía lo mucho que May se había esforzado por comprarle un obsequio especial, algo que realmente fuera de su agrado, no había peor martirio para una joven enamorada y no correspondida que estar observando minuciosamente a su amor platónico.

May le miró con una forzada sonrisa – No pude ir – volteó a mirar una vez más a las personas que se encontraban patinando en la pista – Mi tía llego tarde – respondió antes de que su ex entrenadora le preguntará la razón por la que no había ido – Vengo de dejarle su obsequio a Leon – dijo tristemente – no lo encontré, así que tuve que dejar el obsequio en el buzón –

-Y seguro estas aquí meditando – comentó la entrenadora - ¿Qué terminaste comprándole? –

- Un libro – respondió con una sonrisa más real – le obsequie la novela "Drácula"- suspiró.

La castaña no pudo evitar soltar una prolongada risa - ¿Dracula? – Cuestionó – ¿En qué estabas pensando? – miró con burla a May.

-No lo sé – respondió ya más animada – De mil títulos que tenía frente a mi ese fue el libro que escogí – se encogió de hombros – No te burles, suficiente tengo ya con no haber podido asistir a la reunión – dijo algo molesta – Leon debió pensar lo peor de mi –

- No lo creo – dijo Meril.

- Tienes razón, para Él nunca he sido nadie, supongo que jamás reconocerá mi talento – dijo algo más resignada.

- No me refería a eso May – dijo la mujer mirándola con reproche – Yo quise decir que Leon debió entender que algo muy importante se te atravesó, puesto que con lo comprometida que eres no quedarías mal a un evento – toco su hombro dándole confort – Tus amigos debieron justificar tu ausencia y Él seguro entendió-

- Tal vez – dijo la joven reconsiderando el hecho de que Leon había ido a dejarle su obsequio personalmente y hasta su casa – Sabes, estoy empezando a pensar que la vida se burla de mí – miró de reojo a Meril – Leon fue quien me dio obsequio de amistad - sonrió complacida – El me compró un vestido que vi en un aparador, me gusto mucho, también me obsequió las peinetas que me encantaron – dijo mirando a la nada – es como si el supiera que yo deseaba mucho ese vestido o algo más descabellado aún, como si Leon me hubiese leído el pensamiento –

Siguió conversando con la castaña un rato más, en casa ya estaban acostumbrados a los predecibles domingos de la pelinegra, así que no les extrañaría su ausencia. May estuvo meditando con ayuda de Meril y parecía que algunas cosas se iban aclarando, ya se sentía más tranquila, su mente estaba más despejada, ya podría tomar las mejores decisiones.

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-En lugar de estar aquí perdiendo el tiempo – se escuchó la voz de Meril – Deberías de ir a buscarla – Le miraba muy seria.

-No sé de qué me habla- Leon respondió con sequedad e indiferencia.

-Por supuesto – Meril soltó una carcajada – seguramente has venido a contemplar la pista de hielo o mejor aun has venido a observar a los principiantes – se burló – tal vez, aquí encuentres a alguien que este a tu mismo nivel –

Leon clavó su vista en la de la mujer, ¿Quién se creía para hablarle de esa manera?

-Aunque me mires de esa formase encogió de hombros – no me intimidas – se acercó hasta quedar a su lado – May no se merece esto – le miró de reojo, se esperaba esa reacción por parte del trapecista, así que no le sorprendió su actitud – Amo a May como una hija – lo enfrentó – así que espero que hayas recibido su obsequio y ya la dejes olvidarte – sentenció la entrenadora.

Leon no pudo evitar mirarle, le escuchó, la curiosidad que ahora lo embargaba era inmensa. – ¿Por qué esa mujer le pedía tal cosa? – May quería olvidarle, no era ningún tonto, pero, tampoco deseaba que sus emociones le traicionaran pensando y viendo cosas que no eran reales. En definitiva, May y Él tendrían una larga conversación.

-Por favor, libérala de los fantasmas del pasado- dijo tranquilamente – no me agrada verle así, vulnerable – Hizo una pausa -Haz que cesen los susurros del dios de la muerte – sonrió – sólo una vez se honesto contigo y reconoce el talento de May –

Leon le escuchaba atento y Meril lo sabía, estaba segura que May no le era indiferente al trapecista, necesitaba de un empujón. El joven se dirigió a la salida sin decir nada, pero como si la entrenadora pudiese leer los pensamientos, le respondió a su silenciosa pregunta.

-La encontraras en el parque de siempre – gritó la castaña – ya sabes, donde lleva a jugar a sus hermanos – alzó su mano en gesto de despedida – ¡Suerte!-

Leon asintió agradeciendo su cooperación y ayuda, así le costaría menos trabajo encontrarla, le evitó la pérdida de tiempo yendo al escenario o a su casa.

No pudo evitar sonreír, esa mujer era inteligente y sabía, lo más probable, Meril debía haberle visto en varias ocasiones mientras espiaba a la pelinegra en la pista o en el parque. Se prometió así mismo darle las gracias personalmente a la entrenadora la próxima vez que se encontraran.

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Meditaba en las palabras que Meril le había dicho.

-Leon Oswald es un tonto si no se da cuenta de tu talento – había mirado con ternura – Y un idiota si no se da cuenta de la mujer que tiene enfrente y que va a perder - Le abrazó maternalmente – Deja de martirizarte de esa manera. León Oswald sólo es un trapecista con un alto nivel y grandes habilidades-

-Pero…- la castaña no la dejo hablar.

-Pero, nada linda – sonrió – Ya verás que tu obsequio le gustará – le miró – si ya tiene el libro que vea el lado amable – soltó una risa confortándole - tendrá uno para dejarlo en casa y otro para llevar en el bolsillo –

Contagiada May también río – Gracias Meril – se soltó del abrazó – Debo irme, no avise a mi tía que saldría-

-Que te vaya bien – se pusieron de pie – Espero que pronto vengas a entrenar – suspiró – tengo un grupo de niñas que desean conocer al "Hada del hielo" – le guiño un ojo.

- Está bien, un día de estos – dijo May caminando hacia la salida.

- ¿A dónde irás? – preguntó Meril cuando pudo percatarse de la llegada de Leon por la otra entrada.

- Por ahí – respondió antes de salir.

-¿Por qué? – Musitó – se suponía que ya no pensaría más en ti – su mirada era triste, clavada en los niños que jugaban en el parque.

Se acercó a donde se encontraba May, le vio sentada en un columpio observando tranquilamente a los niños que estaban ahí correr tras una pelota. Caminó lentamente hacia Ella, quedó detrás, observando el paisaje por encima de su cabeza.

-Hace un lindo día – habló para llamar la atención de May. No la miró, fijó su vista al paisaje que estaba frente a Ellos.

La pelinegra se sobresaltó al escuchar la voz de Leon. Sin embargo, no hizo movimiento alguno, así que siguió en la misma posición – Gracias por el libro – escuchó decir detrás de Ella – Hacia falta en mi librero – esto último lo dijo muy cerca de la oreja de la joven, lo que provocó que se pusiera de pie. Girando su cuerpo, le enfrentó, clavó su mirada en el rostro masculino.

-De nada – atinó a decir, disimulando la ansiedad que su presencia le provocaba – Gracias a ti por el obsequio - le dijo con mucha seriedad.

Leon no respondió, pasó de lado del columpio para quitar todo obstáculo que les separaba. May estaba dispuesta a irse, se dijo en silencio que tenía muchas cosas por hacer, convenciéndose así misma de que esta sería la última vez que tendría una conversación con Leon. Decidida a irse giró su cuerpo para seguir con su camino, pero, fue en ese momento cuando sintió su muñeca prisionera, Leon alargó su mano y con delicadeza asió la muñeca de May, logrando detener su andar – Espera – La pelinegra se sorprendió de la acción del trapecista sin poder evitarlo recordó la primera vez que Él le había retado, su cuerpo estaba de medio lado se resistía a mirarle.

-Espere. No sé vaya, Joven Leon – le dijo ansiosa cuando le vio dispuesto a salir del gimnasio - ¿Cómo le pareció mi técnica? – Preguntó curiosa – entonces, ¿Puedo ser su compañera? – en ese momento parecía que lo único que le importaba era ganarse ese lugar a lado de Leon.

-No May , fue terrible – le miró de reojo.

May no estuvo satisfecha con la respuesta que le había dado el trapecista, así que le habló pidiendo una explicación.

-¿Puedo saber por qué? – No se encontraba satisfecha con la respuesta del trapecista - Todos vieron que no cometí errores, estuve entrenando todo el día, mi técnica de giros fue superior a la de Sora, no entiendo porque tomo esa decisión – Interrogó imperativamente, su mirada reflejaba determinación. La mirada que Leon le dirigió después de que Ella casi le exigió una explicación, la intimidaron, una mirada fría y dura.

Le vio subir hasta donde Ella estaba, pasó de lado de la pelinegra sin decir nada y subió al trapecio.

-Está loco, él no podrá realizarla a la perfección – pensó al verle dispuesto a llevar a cabo la técnica.

- Es increíble – musitó maravillada al ver la técnica que Leon había realizado a la perfección.

- Dime te sientes superior sólo porque le ganaste a esa niña – dijo su vista en May - Por ese motivo Tú dices que mereces ser mi compañera – caminó hacía la pelinegra intimidándola.

-Entonces muestra el mismo esplendor – asió el mentón de la joven con algo de fuerza logrando que sus miradas se encontrarán, en reflejo sus mejillas se tiñeron de un ligero carmín – ¿Acaso podrás hacerlo? – más que una pregunta, era un reto.

- Sí lo haré – respondió impulsivamente.

- Fue a partir de ese momento que me hice la equivocada idea de que mi misión en el escenario era buscar la aceptación del joven Leon como su única compañera- pensó la pelinegra.

A partir de ese momento dejó de ver al talentoso trapecista como un simple joven con talento. Se dio cuenta que el Francés era un joven apuesto, en ese instante se enamoró de Leon Oswald. Regresó de su ensoñación sintiendo el fuerte agarre. Intentó zafarse pero le fue imposible.

Leon la acercó a Él, logró aprisionar a la pelinegra entre el tubo de acero de los columpios y su cuerpo, no iba permitir que la oportunidad se desaprovechara – Necesitamos hablar sobre la nueva obra – le dijo tratando de lograr que sus ojos se posarán en los de él - seremos los protagonistas –

May seguía sin mirarle. Sin embargo, las palabras de su captor lograron que por unos segundos centrara su atención y mirada en su rostro, pero clavando su mirada en el césped sin pensarlo mucho habló – Yo no quiero ser tu compañera – mintió, en el fondo su corazón había saltado de alegría al escuchar las palabras de Leon.

Leon se sorprendió al escuchar lo que May le había dicho, no podía creer aquello que Ella le decía, - Mientes – le dijo el seriamente forzando su agarre, posó su mano libre delicadamente bajo el mentón de la pelinegra para que Ella le mirara – Mírame y dime que no deseas ser mi compañera – le reto con una mezcla de suplica.

-Sólo Sora puede ser tu compañera – respondió sintiendo un nudo en su garganta, otra vez dejaba que Leon le humillase haciéndole recordar que Ella no era digna de compartir con él el escenario. – Tú me detestas – le dijo clavando por fin su mirada en su rostro, en ese rostro tan bien esculpido, seguía amándolo, era una tonta, se había fijado en el joven equivocado, su mirada se cristalizó, estaba a punto de nublarse, pero, no le daría el gusto, no a Él, de verle indefensa y llorando, contuvo las lágrimas – Tú la elegiste a Ella -

No se esperaba que May le dijese esas palabras, sus ojos se abrieron un poco por la sorpresa que Estas le habían provocado, no era el momento de hablar, lo mejor en esa ocasión era demostrarle que sentía su dolor y sobre todo que no deseaba lastimarla más. La acercó más a su cuerpo y la cobijó con el consuelo de sus brazos. May no pudo aguantar más abandonándose a un silencioso llanto, las lágrimas salieron lentamente al cerrar sus ojos, surcando caminos salinos en sus mejillas.

Así estuvieron un par de minutos hasta que Leon interrumpió al silencio – Tal vez en el fondo deseaba que me demostrarás que eras mejor que Sora – Se alejó un poco de Ella para poder mirar su hermoso rostro, con suma delicadeza asió una vez más el mentón de la joven, la piel era suave y nívea – Tal vez intentaba inconscientemente convencerme de que eras perfecta para ser mi compañera – le dedicó una de esas tiernas y sinceras sonrisas que no le mostraba a cualquiera.

May sintió una corriente eléctrica recorrer su espina dorsal, sintió que sus piernas flaqueaban, esa sonrisa le parecía hipnotizante, tan cerca se encontraban ya sus rostros, que quiso hablar objetando a las palabras del joven de cabellos plateados, pero, Leon no se lo permitió, la rodeo más posesivo con su brazo en la cintura y con su dedo pulgar delineó los labios de la joven, haciéndole soltar un suspiro – Te he escogido a ti – fue un susurró cálido contra sus labios – no como mi compañera de acrobacias – musitó sugestivo – si no como mi compañera de toda la vida – le besó con suavidad, dejándose llevar por la atmosfera y el momento, sin más demora profundizó el beso – a ti mi pequeño demonio – mencionó contra sus labios.

Parecía un sueño, un lindo sueño del cual no quería despertar jamás, sintiendo nuevamente la cálida sensación de los labios de Leon posarse en los suyos, se entregó al momento, quizás era un sueño, uno de aquellos que se experimentaban como reales.

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Notas de autora: Por fin termine, me parecía que este capítulo sería eterno, realmente creo que estoy satisfecha, espero que ustedes también lo estén. Hice todo lo posible por mostrar la evolución de cómo pudo ser que ambos se dieran cuenta de sus sentimientos, en especial de parte de Leon. La verdad me fue algo complicado plasmar la última escena, ya que a quien le tocaba hacer gran parte era a Leon, pero nunca sería un creíble TE AMO MAY de sus labios, no cuando su relación como compañeros de trapecio no fue de mucha comunicación que digamos, así que pensé que el demostrarlo era lo mejor entre ese par. Las palabras sobraban y las que se dijeron fueron más que suficientes.

Dedicado a todas las personas que leyeron y que también se dieron el tiempo de escribir su comentario para que yo mejore. Gracias Escarlatina, Jean-Slytherin, Rika de Hiwatari y Lucy Oraki.por sus lindos comentarios.

En este fin de semana estará en red El Epilogo de esta historia. Ya les estaré avisando.

Pd1. Para quienes esperan la actualización del fic La promesa, les comento que si puedo mañana mismo actualizo.

Pd2. Pasen a leer el fic de Rika de Hiwatari "Beastly", se pondrá interesante se los recomiendo.

Les dice hasta pronto Alis chan.