Esta vez el beso casi no fue beso. Apenas un segundo tardó Olivia en romperlo, separándose de Lee como expelida por un imán.

-Lincoln para -le ordenó.

-¿Qué? -preguntó con el ceño fruncido pero sonriendo-. Vamos Olivia, esto es lo que vienes a buscar. Sólo te estoy ahorrando tiempo y esfuerzo.

Ella no habló. Retrocedió, hundiéndose en el sofá lo más lejos posible de él.

-Este no eres tú -le espetó con rabia al cabo de un rato.

-La gente evoluciona -respondió Lincoln sin abandonar su sonrisa-. Supongo que me he vuelto práctico.

Olivia negó con la cabeza, claramente disgustada. Desvió la vista y miró al vacío, perdida en dudas y preguntas que no iba a verbalizar. Lincoln sonrió aún más. Ahora, con los brazos cruzados como una niña enfurruñada, casi parecía humana y no la mujer capaz de poner el mundo a sus pies con un simple batir de pestañas. Ser el causante de todo aquello era una novedad y un alivio. Significaba que realmente tenía algún poder sobre ella. Su ego estaba hoy de enhorabuena.

El silencio de Olivia pareció durar una eternidad; para Lincoln no tenía mucho sentido tanto suspense. Estaba decidiendo qué hacer ante la nueva actitud de su perro faldero, pero se equivocaba si creía que lo que pasara a partir de entonces iba a ser cosa de ella. Él había cogido las riendas y no pensaba soltarlas. Cama o nada.

-¿Qué harías si llegaras al punto de no retorno? -le soltó Dunham de repente y sin mirarle.

-Seguir trabajando -contestó él automáticamente-, y esperar ordenes del Coronel.

-¿Y a los diez segundos?

Ladeó la cabeza entornando los ojos. Sabía bien a dónde iba aquello.

-Lo mismo.

-Cinco.

-Olivia...

-Dos segundos para tu muerte y seguirías esperando ordenes...

-Sí -dijo con rotundidad.

Olivia, lentamente, se giró hacia él. Sus verdes pupilas parecían tristes. "Sólo lo parecen", pensó Lincoln. No era mala actriz cuando se lo proponía y le entraron unas ganas enormes de reírse; así que esa era la estrategia escogida, recordarle que para él aquello no era sólo sexo. No, recordárselo no, eso no se olvida. Hacérselo confesar en voz alta.

-Yo estaría a tu lado... -susurró ella.

-Siempre lo estás -dijo en el mismo tono. Era cierto.

-Y no me dirías nada -Lincoln no estuvo seguro de si era una pregunta o no.

Tardó en replicar para darse el gusto de hacerle creer que se lo pensaba, pero no necesitaba tiempo alguno para decidir su respuesta. El deber era siempre lo primero, era un buen soldado y lo sería hasta la última milésima de segundo. Pero esta vez la decisión no tenía nada que ver con sus obligaciones.

-Exacto.

Ella no abrió la boca, no le hacia falta, estaba escrito en su cara que no le creía. Lee suspiró, su seguridad en sí misma era irritante a veces.

-¿Para qué iba a desperdiciar esos dos segundos en decirte algo que ya sabes?

La agente pareció tensarse.

-No es lo mismo saberlo que oírlo -dijo muy seria.

"Claro cielo, y ponerte mi corazón en bandeja para que lo pisotees".

-Te vas a quedar con las ganas, Olivia -le soltó con frialdad.

Medio segundo después se arrepintió de tanta dureza y añadió una sonrisa traviesa para intentar suavizar el ambiente. No lo consiguió. No le había hecho ninguna gracia su comentario y no quiso corresponder a su mueca de reconciliación. Realmente estaba seria, mucho para ser ella. Daba incluso miedo y Lincoln supo que pensaba matarlo allí y ahora.

-Es todo un mundo oír algo así -sentenció Olivia.

Efectivamente, quería matarlo. El corazón del hombre hizo huelga unos segundos y cerró los ojos con fuerza, tanta que su cabeza empezó a quejarse. Pero poco le importaba el dolor físico. Se levantó del sofá bajo la atenta mirada de Olivia y paseó sin rumbo por el salón, mesándose el pelo, acorralado en su propia guarida. Esto no estaba pasando. Tenía un maldito plan y ella lo había hecho volar por los aires con una jodida frase. Casi lo había hecho volar.

-No hagas eso. Maldita sea Olivia, no hagas eso -exclamó intentando no subir el tono.

-¿El qué?

-Oh por favor, no te hagas la ingenua.

Los ojos de ella se encendieron con rabia.

-¿Sabes qué? Creo que eres tú quien se hace el ingenuo. Eso o simplemente eres un jodido idiota -le espetó. La mascara de tristeza se había esfumado.

-¿Qué? -preguntó él con voz chillona.

-¿De veras te lo tengo que dar todo mascado?

-¿De qué demonios hablas?

-Por dios Lincoln -bufó visiblemente frustrada-, ¿qué te pasa? Simplemente vuelve a ser tú mismo. Esta actitud chulesca y posesiva no te pega -calló un instante-. Y no me gusta.

-Me da igual que no te guste -dijo entre risas de incredulidad-. Sé que intentas hacer, lo sé muy bien y no va a funcionar.

-No Lincoln, créeme. Está claro que no sabes de qué va todo esto -afirmó bajando el tono.

Lee la estudió. De nuevo se había cruzado de brazos negándose a mirarle a los ojos. ¿Qué demonios se le estaba escapando? ¿Qué es lo que no quería decirle? La Olivia Dunham que conocía no era precisamente tímida con las palabras.

-No vengo sólo a eso, maldita sea -dijo finalmente ella, medio gruñendo, medio suspirando-. También me gusta tu compañía.

-Menuda excusa tonta. Pasamos todo el día juntos.

-Trabajando.

-En tu caso, fingiendo trabajar.

Y Olivia rompió en carcajadas. Tenía un modo especial de reír. Mentira, todo en ella era especial y Lincoln río, contagiado por su repentino cambio de humor.

-Capitán, no confundas reinterpretar tus ordenes con no trabajar -dijo con la más cómplice de sus sonrisas, la que sólo le enseñaba a él, de eso estaba seguro.

Negó con la cabeza sin dejar de sonreír. Hubo de nuevo un silencio, pero era cómodo y dejó escapar una larga bocanada de aire, aliviado. Los ojos de la agente habían perdido la ira, aunque aquella incaracterística tristeza había vuelto. Pero los prefería así, no quería pelear con ella, incluso aunque se lo mereciera. La sonrisa de Lincoln pasó a ser una de derrota.

-Creo que al no resistirme te he chafado parte de la diversión -dijo con absoluta resignación-, y la quieres de vuelta.

Olivia abrió la boca para intentar protestar pero él con la mano le pidió que le dejara terminar. Por una vez le hizo caso.

-Ya no hay desafío para ti y tu interés se ha esfumado. Esto es una cuestión de poder y dominación.

-Te equivocas Lincoln -apenas la oyó decir.

-Te vas a tener que buscar a otro tipo que se deje hacer lo que quieras. Uno al que no le importe que jueguen con su corazón. Por mi parte esto es lo que hay. Estoy cansado. Quieres sexo, pues eso es lo que te ofrezco, ni más ni menos.

Y se sentó a su lado pesadamente. Dios, había sido un día eterno pero sólo ahora se daba cuenta de lo agotado que estaba. La botella de vino le llamaba a gritos. En cuanto estuviera solo la iba a hacer suya, a la porra el papeleo, se merecía una noche loca después de todo esto. La voz de Olivia sonó muy lejana.

-No quiero buscarme a otro. Me gusta que seas tú.

-Te gusta que sea yo porque es inevitable. Sabes que a pesar de las protestas acabo cayendo. Cruzas mi umbral y no puedo negarme, no soy capaz de resistirme y... -Dudó antes de seguir-. Te gusta que sienta algo por ti.

Sonrió mentalmente. El algo estaba bastante definido, pero ya había dejado claro que no lo iba a decir en voz alta para satisfacerla. Sí, estaba a su merced pero había un límite no escrito que jamás cruzaría. Nunca confesaría en voz alta lo jodidamente enamorado que estaba de aquella pelirroja irritante y divina.

-Eso sí es cierto -admitió la mujer-. Me gusta eso de ti.

Lincoln miró al cielo y rió nerviosamente.

-Gracias... -Dios, por fin le daba la razón en algo.

La oyó tragar saliva y se giró en el momento exacto para verla decir:

-Me gusta que me haga el amor alguien que me quiere.

Lincoln deseó haber reaccionado de algún modo porque eso significaría que seguía con vida.

-Es diferente -remató ella con un susurro.

Mantuvo su mirada lo justo para verla sonrojarse. No se puede fingir un sonrojamiento ¿verdad? Sus mejillas hacían juego con su melena. Pero pronto desvió la vista sobrecogido por aquella visión.

-Eso he oído -dijo con amargura.

Así que era eso. ¿Era eso realmente? Había estado equivocado. No venía a por simple sexo, buscaba algo que no tenía en casa. Tardó unos instantes eternos en ser capaz de volver a mirarla. Seguía roja y ahora los ojos de Lincoln hacían juego. Desde luego era algo risible, después de creer llevar el control, resultaba que Olivia Dunham estaba a punto de conseguir su objetivo de la noche. Con diferentes armas pero con mismo resultado. Sólo que estaba vez Lee sabía el porqué.

-Vamos Lincoln, simplemente vuelve a ser tú -le suplicó ella con voz rota.

-Maldita sea, Liv. Maldita sea.

Alargó el brazo tímidamente hasta que sus dedos encontraron las sonrojadas mejillas de Olivia. Ella cerró los ojos, sonrió con dulzura e inclinó la cabeza profundizando la unión. Todos los átomos de Lincoln temblaron al ritmo del pulso de la agente y de sus propias dudas. No podía ser tan buena actriz ¿verdad? Decidió que no y se dispuso a satisfacer su demanda.


-terminará-