Se sentía incómoda. Lo bastante como para apretar sus labios y puños. La mirada de Undyne era intimidante, y Sans era muy bueno ocultando las ganas de atentar hacia su persona y convertirla en nada más que una bolsa de piel.

Eso lo suponía, ya que, ¿de dónde sacaba los huesos para atacar? ¿Los creaba de manera mágica, así como Undyne con sus lanzas?

—¿Por qué estás aquí, Sans? —preguntó Frisk leyendo una revista de Mettaton. Últimamente el robot aparecía hasta en la sopa— Comprendo que Undyne esté acá porque vive con Alphys, pero no veo motivo para que tú te encuentres aquí —comentó mirándolo de reojo.

—alph dijo que iba a mostrarme algo, y decidí aparecer antes por aquí —encogiéndose de hombros, enseñó su permanente sonrisa.

—Y justo en el momento en el que la quisquillosa y yo venimos para su revisión... —susurró entrecerrando los ojos, analizándolo. Chara ignoró olímpicamente el apodo por el cual Frisk se dirigió a ella— Vaya, qué coincidencia, ¿no lo crees?

—... —el esqueleto guardó silencio. El tono despectivo del moreno hacia él provocó que lo hiciera.

La anteriormente mencionada los miraba con nerviosismo. A sabiendas de que tanto la castaña como ella se sentía incómodas, carraspeó.

—U-uhm... Iré c-con Chara a-a d-dar una vuelta... —informó la mujer reptil, llamando la atención de todos, especialmente de Undyne, la cual se puso de pie.

—Te acompaño —más que un ofrecimiento, sus palabras sonaron casi como algo que haría incluso si su novia no quería.

Pero Alphys no quería incomodar a la humana, lo bastante afligida se veía como para dejar que la mujer pez las acompañara. Reuniendo fuerzas de donde no tenía, miró a la pelirroja.

—No, quiero ir sola con ella —sentenció haciendo que la ex capitana de la Guardia Real se sorprendiera y mirara disimuladamente con odio a la de piel pálida, para luego suspirar y volver a sentarse, sintiéndose derrotada.

—Bien, si no quieres que te acompañe, será así —a regañadientes, las vio salir de la casa.

Encontrándose solo el embajador de los monstruos con aquellos dos, dejó la revista en una mesita al lado del sofá con un movimiento algo brusco.

Undyne se cruzó de brazos tratando de no lucir nerviosa, y Sans sudó frío.

Aquello significaba un sermón de parte del humano.

—¿Se puede saber qué demonios les pasa? —cuestionó cruzándose de brazos. Se notaba visiblemente molesto— Les he dicho miles de veces que ella no es un peligro, ¿tú tienes escamas en el cerebro? —mirando a la pareja de la antigua Científica Real, ésta desvió la vista— A ti ni te preguntaré si tienes cerebro, no tienes órgano alguno —comentó ahora refiriéndose al esqueleto, quien sólo trató de imitar vanamente el accionar de su amiga.

—B-bueno... —la de piel azul tartamudeó nerviosa. Sabía que Frisk iba a madurar tarde o temprano, pero ella realmente habría preferido que fuera más tarde que temprano.

El moreno suspiró.

—Escuchen, no quiero sonar antipático, pero al comportarse así no sólo le hacen daño a ella, sino a los que le tienen cariño, algo que Alphys tiene por Chara —dijo algo más relajado.

—lo sabemos, pero...

—Papyrus también la estima, y no le gustan las miradas que le das de vez en cuando, Sans.

Ahora el mencionado quería desaparecer de la faz de la tierra. Frisk tenía razón en todo eso. Además, era la hija adoptiva de Toriel. Debía como mínimo respetarla y no hacerla sentir una basura.

La sala quedó en completo silencio, escuchándose algún suspiro por parte de Undyne, y uno que otro ronquido de Sans, el cual a los pocos minutos se puso a dormir.


—Oye, Alphys... —Chara iba jugando con sus dedos, un poco nerviosa— Quería... Quería darte las gracias por sacarme de ahí, yo...

—N-no te preocupes, e-está bien —respondió sonriendo— E-ellos no tienen p-por qué ser así contigo, t-tú no les haces d-daño y y-ya no eres c-como antes.

La castaña sonrió.

Alphys sabía del pasado que le atormentaba. Como su psicóloga, debía saberlo para así poder ayudarla.

Al principio pensó que ella se asustaría y le tendría miedo, pero... Simplemente sonrió, le puso una mano en el hombro, y compartieron lágrimas.

Ella también había cometido errores de los que se arrepentía. Ambas cometieron errores que las perseguían, tal vez eso era por lo que se llevaban tan bien.

—¿Sabes? Deberíamos salir a dar vueltas más seguido —comentó la de ojos rojizos, ya más tranquila— Incluso podríamos ir al centro comercial que Mettaton inauguró hace unos días.

—N-no suena tan mal —sonrojada por la amabilidad de la princesa del Underground, agradeció por la invitación con un pequeño susurro.

La de orbes rojizos se preguntaba qué sería de ella si no tuviera amigos que se preocuparan por su bienestar. Sin contar a Asgore, Toriel y Frisk, Alphys era lo más cercano a una mejor amiga para ella, con Papyrus siempre llamando para preguntar cómo estaba y si quería jugar juegos de mesa con él.

Sin embargo, por otro lado, estaban Undyne y Sans...

—N-no le t-to-tomes importancia —sobresaltándose al ser sacada de su trance, volteó para mirar a la reptil— U-Undyne s-sólo está celosa, n-nada más —dijo para posteriormente suspirar.

—¿Estás hablando de la ex-capitana de la Guardia Real, o de su gemela tsundere? —lejos de mostrarse sorprendida, decidió soltar algún comentario jocoso para hacer sonreír a la de lentes.

No esperaba que esta riera con ganas.

Luego de su pequeña caminata –en la cual Alphys aún no paraba de reír por lo que su acompañante dijo– decidieron sentarse en una pequeña banca.

La de suéter verduzco tenía una pequeña gota de sudor en su mejilla y lucía levemente nerviosa.

—Ah... —la científica respiró profundamente y se calmó— P-perdón, es que me hizo mucha gracia... —disculpándose por su actuar, se acomodó en su lugar.

—No te preocupes, suele pasar —Chara sonrió feliz. La de piel amarillenta realmente era una buena amiga.

Día a día, la castaña iba viéndole el lado bueno a la vida, todo gracias a Frisk. Si él no la hubiera salvado, quizás jamás habría interactuado con los monstruos.

Un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas al pensar en él. Sentía mucho respeto y admiración por su hermano adoptivo. Tal vez, y sólo tal vez... Si sigue en su camino por forjar un "futuro feliz"... Esperaba que el moreno se encontrara en su futuro.


En casa de Alphys, Frisk tenía sus lentes puestos mientras revisaba su celular, y una sonrisa escapó de sus labios.

Una foto de él y Chara días después de haberla salvado. Yendo a revisar las conversaciones por chat que tiene con ella, su expresión de calma rebozaba mucha más felicidad al leer los mensajes que se mandaban, con él molestándola en cada uno de ellos, y ella quejándose.

—Heh... —cerrando los ojos, se cruzó de piernas, puso su codo izquierdo en el reposabrazos del sofá para luego apoyar su cabeza en su mano y dejar el celular sobre sus piernas, cubriéndolo con su mano disponible.

Undyne levantó la vista levemente de su revista y Sans –estando igual que Frisk, solo que sin sus piernas cruzadas– entreabrió su cuenca derecha, ambos mirándolo fijamente.

No había que ser un genio para saber que el chico estaba pensando en la de orbes rojizos. A la mente de los monstruos llegó la pregunta que comenzó a hacerles pensar: ¿Tanto significaba Chara para el castaño como para sacarle una sonrisa?

Volviendo a leer y cerrando su cuenca, la mujer pez y el esqueleto siguieron con lo que estaban haciendo, esbozando una pequeña sonrisa.