Se sentía tan indefensa, tan vacía. Es decir, ¿Como podía haber sucedido aquello? ¿Acaso su gema había fallado antes de que se quebrara? Zafiro nunca había estado tan asustada antes, no lo había visto venir.
Observo el suelo de la celda, mientras intentaba sin éxito predecir el futuro. Su gema poseía una extensa grieta y su capacidad de mantenerse calma se hundía cada vez más, junto con sus habilidades.
Inevitablemente, un par de lagrimas comenzaron a brotar de su ojo, se sentía tan inútil. Al cabo de un momento, comenzó a oír gruñidos por parte de aquella gema que la había introducido en la celda.
-Ya... por favor, no me lo hagas más difícil- Soltó la gema que, mientras la observaba con un poco de curiosidad, lucía un tanto irritada. Pero Zafiro advirtió que llevaba ese carácter bastante a menudo.
Zafiro levantó la mirada e intentó correr un poco su cabello, que la estorbaba al momento de contemplar a esa gema. Tenía un aspecto lucido, bastante despierto y enérgico, su rostro gesticulaba numerosas veces al observar a Zafiro. Era de tez roja, con cabello esponjado y bastante más corpulenta que ella, sus ojos estaban llenos de expresión y su rostro parecía nunca quedarse quieto.
Inevitablemente,su ojo despidió una lagrima especialmente espesa, que cayo sobre el suelo de la celda, todo parecía congelarse un poco cuando Zafiro lloraba. La expresión de la gema en frente de ella cambió rápidamente, no podía apartar sus ojos de Zafiro, de su rostro.
-Mira, en un par de días iremos a la tierra,sanaran tu gema e iremos a la tierra- Exclamó con suavidad, intentando calmarla. Sin querer, Zafiro soltó otra lagrima espesa, mientras observaba a la gema que estaba situada en frente de ella, separada por un campo de electricidad.
-Soy Zafiro- Soltó rápidamente, sin siquiera meditar lo que iba a decir.- Muchas gracias... - y guardo un leve silencio, mientras observaba cada una de sus facciones.
La otra gema, miraba a Zafiro con curiosidad, quizá un poco de preocupación en la mirada.
-Soy Rubí- De pronto, algo en el aire comenzó a quemar, de a poco, pero eso a Zafiro no le molestó - Por nada- Decidió que Rubí le agradaba, de alguna forma su presencia hacía que se sintiera protegida.
Continuaron regalándose miradas por un momento, inspeccionándose la una a la otra, como si algo no terminara de cuajar. Ninguna de las dos mostraba intención de retomar la conversación, parecía más bien que conversaban con la mirada.
Rubí presionó un pequeño botón que se situaba al costado de la celda de Zafiro y la capa eléctrica que recubría el perímetro comenzó a desvanecerse rápidamente. Zafiro observó con confusión, pero se limito a sonreír ligeramente.
Rubí comenzó a acercarse a paso tímido a Zafiro e intento tomar de de su mano con bastante cuidado, mientras inspeccionaba la mano en donde se encontraba la gema dañada.
-Necesito que me acompañes- Dijo en tono cortante, mientras guiaba a Zafiro fuera de la celda- Iremos a sanar tu gema.
Los pasillos del templo, eran bastante extensos y vacíos. Era sin dudas el templo más grande del Planeta Hogar, puesto que allí alojaban a las gemas que reclutaban para el ejercito.
Comenzaron a caminar lentamente, mientras observaba cada cosa detalladamente, Zafiro comenzó a pensar que nunca había pisado ese lugar; a decir verdad, Zafiro nunca había pisado algún otro lugar que no fuera su pequeña reservación. La civilización era un concepto nuevo para ella, las personas rodeándola constantemente la asfixiaban. Los pasillos eran amplios y limpios, aunque vacíos.
Rubí caminaba en linea recta, con la espalda derecha y con la cabeza llena de pensamientos, mientras que Zafiro simplemente levitaba sin desprender su agarre de ella, no sentía maldad en sus intenciones. Pararon en frente de lo que parecía una amplía puerta de metal, decorada con el símbolo Real y unos cuantos rombos casi fuera de contexto.
Rubí oprimió un pequeño botón ubicado al costado de aquella puerta y esta se abrió de par en par, indicó a Zafiro que entre a la oficina con un gesto en la mano, a lo que ella obedeció.
La "oficina" era bastante amplía, como todo lo que había en ese lugar. Estaba decorada con algunos artefactos electrónicos que ella nunca había visto en la vida y por lo tanto; no sabía como funcionaban. Luego de estar un largo rato observando, contempló una silla en el centro de la oficina.
-Siéntate- Escuchó una voz un tanto fría, pero agradable al oído. Levantó sus ojos hasta encontrarse con una particular gema sentada del otro lado de la mesa.
Mientras Zafiro se encontraba en la Sala de reparaciones, Rubí decidió sentarse al costado de la puerta para relajarse por un momento. Su cabeza estaba a punto de estallar y no era la primera vez en esta semana que estaba por ocurrir aquello, solo faltaban dos días para viajar a la famosa "tierra", dos días para la libertad. Ella solo tenía que escoltar a los nuevos reclutas y llegaría a su destino tan codiciado.
En el transcurso de una hora, sus parpados comenzaron a caer lentamente, solía dormir a veces a pesar de que no lo necesitaba, porque se sentía agradable para sus músculos.
-Rubí- Oyó su propio nombre, pero con una voz mucho más exótica y serena que la suya. La pequeña Zafiro se encontraba frente a ella, con ese típico semblante serio al cual se estaba acostumbrando a pesar de las pocas horas que había pasado vigilandola. -¿Que pasará ahora? - Preguntó detenidamente. Su gema lucía reluciente, aún más azul que la primera vez que la vio.
-Ahora volverás a tu celda- Contestó cortante. La expresión de Zafiro -Para sorpresa de Rubí-pareció no cambiar en absoluto, solo la obedeció.
Esta vez Zafiro no preguntó, solo tomó la mano de Rubí y se dejó guiar por ella. Le agradaba esa sensación de fundir sus manos, su mano era cálida y ordenaba. Rubí estaba algo acostumbrada a ordenarle a las demás. Su mano le ordenaba seguir el camino, le ordenaba no despegarse de ella, nunca.
Llegaron un poco más rápido que antes, debido a que Zafiro había sanado su gema, por lo que había incrementado notoriamente su velocidad. Sus poderes habilidades comenzaban a recomponerse lentamente, al cabo de una hora, volverían a estar acomodadas por completo.
Zafiro se acomodo en la celda nuevamente. Algo que extrañó a Rubí; es decir, ¿Por qué no intentaba escapar? Ella no había escapado cuando se le presentó la oportunidad. Zafiro pudo escapar en diversas ocasiones. De lejos, se veía como una gema bastante poderosa, no entendía porque a estas alturas no había siquiera intentado huir de allí.
Rubí oprimió el botón rojo y el aura del campo eléctrico hizo su presencia en el área. Una pequeña sonrisa dominó sus facciones, pero intentó oprimirla rápidamente. Zafiro llenaba su alma de curiosidad, hacía mucho tiempo que no sentía tanta curiosidad por otra gema.
-Me quedaré aquí- Dijo torpemente, como si fuera lo más obvio del mundo. Se ubicó en frente de la celda, sentada, mirando con fijeza a Zafiro.
Zafiro se volteó a observar la pared, con un poco de timidez, Rubí la hacía sentir algo extraña. Ella podía escaparse cuando quisiera, pero había algo que había visto, algo sobre Rubí, que no le permitía escapar. Volteó la cabeza con lentitud, para observar a la otra gema.
Rubí esquivó efusivamente el lugar donde Zafiro estaba recostada al recibir una mirada curiosa por parte de la gema. Sus mejillas se metieron de rojo y arrugó la nariz.
Las expresiones de Rubí resultaban divertidas a los ojos de Zafiro. Sus gestos parecían apropiarse por completo de su cara, se entregaba por completo a sus emociones.
