Vale, pues les traigo un capítulo más.
Capítulo Dos - Sorpresas de la Vida
La mañana siguiente cuando desperté me sentía completamente diferente. Era como si estuviera flotando en las nubes, en mi estómago había cientos de mariposas revoloteando. Estaba feliz.
"Por fin despiertas, bella durmiente" me dijo Octavia que estaba acurrucada entre mis brazos.
"Hola, guapa." Le dije con una sonrisa estúpida cuando se giró entre mis brazos para verme a la cara.
Octavia rodó los ojos y me dio un beso en la punta de la nariz.
"Qué nerd eres." Dijo con un tono de voz juguetón e hice un puchero. "Creo que tenemos que hablar..." continuó ahora con voz seria.
"Sí, lo sé."
En ese momento me puse muy nerviosa. Presentía que ésta no era una conversación que quisiera tener. ¿Qué pasaría ahora? Hubo una pausa en la que ninguna de las dos se animaba a hablar. No sabíamos cómo iniciar la conversación.
"¿Te arrepientes de lo que pasó?" Me preguntó casi en un susurro.
"No." Le respondí sin siquiera pensarlo.
La verdad es que no me arrepentía de nada. Había sido una experiencia muy bonita. Creo que era afortunada de haber vivido mi primera vez con mi mejor amiga, alguien en quien confío plenamente.
"¿Tú?"
"Tampoco." Me contestó con sinceridad. "Pero no sé qué pasará ahora."
Me enderecé un poco en la cama para verla mejor. Llevé las yemas de mis dedos hacia su cara para hacerle una caricia y ella cerró los ojos, como si quisiera disfrutar del contacto.
"¿Quieres ser mi novia?" Le pregunté con voz suave y tímida.
Octavia abrió los ojos de golpe y se quedó estática. Me estaba viendo como si de repente me hubiera crecido otra cabeza.
"¡No!" Me respondió completamente escandalizada cuando por fin volvió a encontrar su voz.
Ahora fui yo quien se quedó completamente rígida. Me hice para atrás, alejándome de Octavia de manera que no hubiera ninguna parte de mi cuerpo tocando el de ella.
"Clarke, no es lo que…" su voz sonó preocupada cuando notó mi reacción. Me sentía completamente ofendida. Su respuesta me había dolido. "Quiero decir que…"
"No, entiendo perfecto a lo que te refieres." La interrumpí. Mi voz sonó más hostil de lo que esperaba.
"No, no entiendes. A lo que me refiero es que no tienes por qué sentir pena por mí. No quiero que me pidas que sea tu novia sólo por lo que pasó anoche. No es como que ahora tengas alguna obligación conmigo."
"¿Quién dice que sólo es por lo que pasó anoche?" hice una pausa. "¿Dime qué tendría de malo? Eres la persona que mejor me entiende. Nos conocemos prácticamente de toda la vida. ¿Por qué sería tan malo ser mi novia y quizá emparejarnos?"
"¡No!" gritó alarmada. "Basta, Clarke. No vamos a iniciar una relación sólo por lo que pasó anoche y menos vamos a emparejarnos. Eres mi mejor amiga."
"Sí, ¿y eso qué?"
Me levanté de la cama buscando mi ropa. Se estaba volviendo cada vez más incómodo estar desnuda frente a ella cuando lo único que estaba haciendo era rechazarme. Sé que era estúpido reaccionar de esta manera. Estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua pero algo me decía en mi interior que lo que había experimentado la noche anterior no era cualquier cosa.
"De verdad no entiendo qué es lo que te parece tan ofensivo de tener una relación conmigo" continué, el tono de mi voz denotaba más dolor de lo que me hubiera gustado hacerle saber.
Octavia se levantó de la cama para acercarse a mí. Por un segundo me distrajo la desnudez de su cuerpo, la verdad es que sí es preciosa, pero rápidamente reaccioné y aparté la mirada. Finalmente cuando estuvo a centímetros de mí, suspiró y me abrazó. Me quedé rígida, sin corresponder el abrazo pero tampoco la empujé para que me soltara. La calidez de su piel era agradable en el frío de la mañana.
"No me parece ofensivo pensar en una relación contigo pero me parece extraño."
Su voz era calmada y estoy segura de que estaba liberando feromonas relajantes para que me calmara. Estúpidas Omegas con la capacidad de manipular las emociones de los demás, maldije para mis adentros cuando sentí que mi enojo estaba desapareciendo.
"No entiendo por qué te niegas. Cuántas veces me has dicho que tienes miedo de no encontrar a tu Alfa. Que temes no ser atractiva para alguien y justo cuando tienes un Alfa frente a ti rogándote…" Octavia puso una mano sobre mi boca.
"Te voy a callar antes de que digas una tontería más y tenga que partirte la cara."
Noté la molestia en su voz y sólo me quedé quieta. No insistí más.
"El problema aquí, Clarke… es que no estoy segura de que seas tú quien está hablando. Estoy segura de que es tu celo y tus estúpidos instintos por dominar a alguien." Hizo una pausa "No creo que sea inteligente de nuestra parte tomar una decisión ahora cuando tu cabeza está nublada por tus instintos. Sólo tenemos 15 años, Clarke. Definitivamente no es el momento para unirnos a alguien por el resto de nuestras vidas."
En ese momento entendí lo que estaba diciendo, no podía discutir esos argumentos. Había una pequeña posibilidad de que tuviera razón. Quizá sólo era mi Alfa y mi instinto el que estaba hablando y si era así, entonces Octavia tenía razón en detenerme. Por fin me relajé y correspondí al abrazo del que ella no me había soltado en ningún momento.
"¿Lo platicaremos después?" le pregunté empezando a dar besos en su cuello. Mi cuerpo estaba reaccionando nuevamente al suyo.
"Algún día…" Me prometió caminando de espaldas hacia la cama conmigo entre sus brazos.
Cualquier pensamiento lógico dejó de existir en mi cabeza cuando caímos sobre el colchón y percibí el aroma de su excitación.
Cuatro años después sigo esperando que cumpla su promesa. Nunca más volvimos a tocar el tema. Ese fue el primer celo de muchos que hemos compartido juntas; y no sólo los ciclos de apareamiento. También disfrutamos de nuestros cuerpos fuera de nuestros ciclos. Octavia no era mi novia ni nada por el estilo pero tampoco la considero únicamente mi fuck buddy. Es mi mejor amiga, con la que puedo disfrutar de una tarde de películas sabroseando a los actores que salen en la pantalla, una tarde de sexo pasional o una tarde caminando por la calle abrazándonos y robando pequeños besos. Con ella tenía todo lo que necesitaba. ¿Para qué complicar las cosas?
"¿Qué carajos es esto?" Preguntó Wells levantando las bragas que habían caído al pasto sin que me diera cuenta cuando saqué de mi bolso la laptop.
"Es una de las originales formas en que Octavia le informa a Clarke que va a iniciar su celo." Dijo Raven rodando los ojos.
Wells se llevó las bragas a la nariz y aspiró ruidosamente lo que me escandalizó. Me estiré sobre la mesa en que estábamos trabajando y se las arranqué de golpe, mostrando los dientes.
"Mío." Le dije con tono amenazador.
Guardé las braguitas en lo más profundo de mi bolso. Pude notar en mis dedos que estaban un poco húmedas pero hice todo lo posible por ignorarlas.
Wells sólo se burló de mí. Es un buen amigo que conocí en el primer semestre de la universidad y desde ese momento nos habíamos vuelto inseparables. Es dos años mayor que yo, le había tomado más tiempo encontrar su verdadera vocación y por eso apenas estaba iniciando la carrera. A decir verdad, estaba muy agradecida con la vida por su falta de decisión, porque así pude conocerlo, de alguna manera se había convertido en el hermano mayor que nunca tuve por lo que cuando mi Alfa intentaba amedrentar al suyo, él sólo se reía a carcajada limpia de mí.
"De verdad que no logro entenderlas." Dijo Wells cuando había parado de reír.
"¿No puedes entender lo locas y pervertidas que son?" Preguntó Raven. "Yo tampoco y eso que las conozco desde hace muchos años."
"Ja. Ja." Levanté la vista del cuaderno en el que estaba escribiendo y fulminé a Raven con la mirada.
"No, lo que no entiendo es cómo después de cuatro años juntas no se han marcado. ¿A caso no quieres formar el lazo con ella?" Me preguntó Wells con verdadera curiosidad.
"Ella no quiere." Dije encogiéndome de hombros e intentando concentrarme en mis notas.
"¿Y tú?" Preguntó Wells una vez más dejando por completo en el olvido el trabajo que estaba haciendo.
"No lo sé." Contesté con honestidad.
Aunque no hablábamos del tema, cada vez que intentaba morder a Octavia ella empujaba delicadamente mi cabeza alejando mi boca de su cuello. Desde esa primera vez en que me gritó 'ni se te ocurra' nunca volvió a ser tan hostil. Nunca ha vuelto a rechazarme con palabras y nunca me ha alejado con movimientos bruscos. Siempre son caricias delicadas, besos y toques suaves pero al final el resultado es el mismo. Evita que forme el lazo entre nosotras y a decir verdad últimamente me costaba más trabajo contenerme.
"No imagino con nadie más la conexión que tengo con ella. No estoy segura de estar enamorada de Octavia, pero aun así, hay veces en que nos puedo ver envejeciendo juntas. Incluso he llegado a imaginar un bebé con sus ojos y mi cabello. Pero no entiendo por qué nunca podemos hablar del tema."
"Porque cada vez que te armas de valor, es como si ella leyera tu mente, te calla con un beso antes de que puedas articular la primera palabra y eres tan bestia que no te puedes controlar." Dijo Raven.
"¿Quién es una bestia que no se puede controlar?" Preguntó Octavia apareciendo de la nada detrás de mí.
Di un pequeño brinco al escucharla. No estaba segura de qué tanto había escuchado de la conversación y ciertamente eso me angustiaba.
"Clarke." Le respondió Wells.
Arranqué una hoja de mi cuaderno, la apreté en mi puño y la lancé con fuerza contra la cabeza de Wells mientras él y Raven se reían.
"Hey, no la molesten." Los reprendió Octavia. "No les hagas caso." Me dijo al oído cuando se acercó a darme un beso en la mejilla en forma de saludo. En ese momento supe que no había escuchado lo que estábamos hablando.
Mientras el par de lelos de mis amigos reía, Octavia rodeo la mesa para saludar a cada uno con un beso en la mejilla y repartió los contenedores de comida que había traído para cada uno. Todos los días, en el periodo de descanso entre clases, nos reuníamos en la misma mesa del jardín posterior del campus para realizar deberes o para platicar cuando no había nada importante que hacer. Era el momento del día que también Octavia solía aprovechar para obligarnos a desayunar. Decía que éramos como unos niños pequeños que no comían si mamá no les servía en la mesa.
"Gracias." Dijo Raven a Octavia.
"Gracias, O. Ya moría de hambre." Le agradeció Wells.
En parte Octavia tenía razón. Era un poco inmaduro de nuestra parte que a los 19 años (21 en el caso de Wells); esperáramos hasta que Octavia apareciera con comida en vez de ir nosotros mismos a buscarla. En mi defensa, era lindo sentirme consentida por ella de vez en cuando.
"Vaya críos que tengo." Dijo Octavia rodando los ojos.
Se sentó a mi lado, muy cerca de mí. Nuestras piernas rozaban. Posó su mano derecha sobre mi muslo haciendo pequeñas caricias con las puntas de sus dedos. La sensación me provocaba escalofríos que recorrían mi espalda.
"¿Viste la sorpresa que te dejé?" Me preguntó Octavia en tono bajo pero sugerente.
"¡Oh créeme que todos la vimos!" Exclamó Raven.
"¡Clarke!" Completamente ruborizada, Octavia me dio un golpe en el brazo.
"¿Qué?" Contesté en medio de un bocado. "¡No fue mi a propósito!" Me defendí. "Yo no se los mostré. Fue algo accidental."
"Si vemos el lado bueno, Wells se dio cuenta y las rescató porque aquí tu..." Raven hizo una pausa y le dediqué una mirada amenazante para que cuidara sus palabras. "Amiga." Raven enfatizó la palabra. "Ni cuenta que dio que cayeron al pasto."
"¿Es en serio?" La molestia de Octavia era palpable.
"Gracias por la ayuda, Raven." Le dije rodando los ojos. "Lo siento." Le dije sinceramente a Octavia y entrelacé sus dedos con los míos. Le di un apretón cariñoso y le sonreí con la esperanza de que no se enojara tanto.
Ella suspiró y se relajó un poco pero no del todo. Estaba segura de que cuando estuviéramos solas me reclamaría la falta de cuidado. Acaricié su muslo por debajo de la mesa y recargué mi cabeza en su hombro.
"Si sirve de algo... me encantó tu sorpresa." Le dije con tono coqueto y ella sólo se ruborizó.
"¡Agh!" Raven se quejó tirándonos una bolita de papel. "Están arruinando mi comida. Dejen de ser tan empalagosas."
"¿Celos?" Preguntó Octavia acariciando mi rostro, yo aún estaba recargada en su hombro.
"Nah… sólo me parecen repulsivas." Dijo Raven rodando los ojos.
Octavia y yo nos reímos. Sabíamos que Raven no hablaba en serio. Sólo le gustaba molestarnos y nosotras amábamos hacerla sentir incómoda con nuestras demostraciones de afecto.
"Wells, ¿tienes espacio para un polizón en tu dormitorio?" Preguntó Raven. "Ciertamente no pasaré los siguientes 3 días en el mismo departamento que este par."
Cuando entramos a la universidad decidimos buscar un departamento en el que pudiéramos vivir las tres juntas. Claramente no lo pensamos bien en ese momento, pero Raven no tenía ningún problema en dejarnos el lugar para nosotras solas mientras alguna de las dos estuviera en celo. La única condición es que no podíamos tener relaciones en su recámara ni la cocina. Todo lo demás era cancha libre siempre que limpiáramos al finalizar el ciclo.
"Te podemos invitar a participar." Le dije con una sonrisita sugerente y me reí cuando los ojos de Raven se abrieron como platos.
"No gracias." Dijo pasando saliva con dificultad.
Las siguientes horas se pasaron muy lentas. Aunque no compartía ninguna clase con Octavia, puesto que nuestras licenciaturas son muy diferentes –ella estudia Pedagogía y yo Arquitectura–; era consciente del estrés que ella estaba pasando con el inicio de su celo. Moría por que terminara el día para poder estar a solas con ella en casa y para colmo Teorías Urbanas no era la asignatura más divertida que pudiera existir. Mi cerebro estaba volviéndose líquido dentro de mi cráneo.
Cuando el profesor dio por terminada la clase, prácticamente salí corriendo del aula y me dirigí al edificio donde Octavia tomaba clases. Cuando llegué esperé pacientemente fuera de la puerta de su aula hasta que la vi salir y me recibió con la sonrisa más encantadora que alguien pudiera imaginar. Se acercó a mí y me abrazó con fuerza. Su cara se ocultó en la curva de mi cuello, la sentí aspirar profundamente lo que ayudó a relajar ligeramente la tensión de sus hombros.
"Llévame a casa." Me pidió en un susurro.
Tomé su bolso, me lo colgué en el hombro junto con el mío y la abracé por los hombros mientras caminábamos al auto. En el camino al estacionamiento de la universidad constantemente iba olfateándome para buscar consuelo, podía percibir que su estado estaba empeorando rápidamente.
Al llegar, le abrí la puerta del pasajero para que subiera, dejé nuestros bolsos en el maletero del auto y me subí. Arranqué el auto y encendí el aire acondicionado para ayudarle con el subidón de temperatura que estaba experimentando. Le dediqué una sonrisa para animarla y di marcha.
El camino a casa era un trayecto de aproximadamente 45 minutos. 45 minutos de tortura medieval. Octavia no la estaba pasando nada bien, el auto estaba completamente inundado con su aroma lo cual empezaba a afectarme. Con la mano izquierda sostenía el volante y con la derecha me dediqué a acariciarle la pierna que me quedaba más cerca. Octavia gimoteaba levemente y se removía en el asiento, su incomodidad era palpable.
"¿Quieres escuchar música?" Le pregunté en un intento de distraerla.
Octavia no contestó pero la conocía demasiado bien para saber que la música le alegraría. Hice sonar We Are The World, la versión de Haití. Octavia y yo nos podíamos reír por horas intentando imitar la voz de todos los cantantes. Por supuesto que ninguna de las dos era un prodigio de la música, lo hacíamos únicamente por diversión. Cuando la canción llegó a la parte de Wyclef Jean e intenté, sin éxito, imitar su voz; Octavia soltó una carcajada.
"Por este tipo de cosas te adoro."
Me dijo acariciando mi nuca. Sentí un pequeño escalofrío cuando enredó sus dedos en mi cabello, pero intenté mantenerme tranquila. Le sonreí continuando con la imitación de las voces.
"Tu turno."
Le dije justo antes de que iniciara la parte de Celine Dion. A Octavia le gustaba mucho intentar ese estribillo y yo me divertía escuchándola. Por supuesto que lo intentó con una gran sonrisa. Juntas cantamos el coro de la canción, muy metidas en nuestro papel de 'cantantes profesionales'.
La parte del rap generalmente era mi parte favorita por lo que Octavia me dejaba cantarla sola. Cuando iniciamos este juego, me había tomado varios intentos lograr el ritmo y no atorarme con las palabras pero ahora me salía de maravilla.
Cuando la canción terminó pensé que Octavia estaría más tranquila pero no era así. Aunque se distrajo un poco su malestar seguía aumentando. Mi mano se había trasladado de su pierna a la parte baja de su abdomen. Sabía muy bien que trazar pequeños círculos en su vientre le daba cierto consuelo.
"Clarke..." me dijo después de un rato. Su voz era un susurro lleno de súplica.
Ibamos a la mitad del camino y para nuestra mala suerte había más tráfico de lo habitual. Aunque Octavia estaba intentando con todas sus fuerzas mantenerse tranquila, cada vez le costaba más.
"Por favor." Su voz sonaba casi rota y eso me partió el corazón.
Generalmente no me gustaba hacer este tipo de cosas en la calle. Siempre temía que alguien se diera cuenta y pudiéramos meternos en problemas pero tampoco podía dejar que siguiera sufriendo.
Con la mano que no estaba ocupada en el volante del auto, abrí el botón de sus pantalones y bajé la cremallera. Deslicé mi mano al interior, por dentro de las braguitas que llevaba puestas. El calor y la humedad de su cuerpo era impresionante, mis pulmones se quedaron sin oxígeno durante algunos segundos y me costó mucho trabajo volver a respirar.
La posición no era cómoda, mi muñeca se estaba forzando por el ángulo en el que estaba y no tenía mucho espacio dentro de sus pantalones pero los pequeños suspiros que escapaban de su boca eran suficiente recompensa para mí.
La acaricié sólo por fuera, al rededor de sus labios mayores. Por arriba de la separación de los mismos pero sin llevar mis dedos más al fondo. Sabía que la estaba provocando con esas caricias pero ella las disfrutaba. La humedad empezó a expandirse sobre sus labios mayores y los gemidos de Octavia eran cada vez más evidentes.
Deslicé mi dedo medio entre sus labios, rozando levemente el capuchón de su clítoris y ella dio un pequeño salto en el asiento. Acaricié alrededor del ápice, sin tocar directamente la punta. Bajé con mi dedo hacia su entrada, trazando círculos alrededor, sin ingresar en la húmeda cavidad. Recolecté lo más que pude de su humedad, regresé a su clítoris y lo ataqué con caricias constantes y profundas.
Octavia suspiró complacida. Sabía que esto no satisfacería del todo su celo pero al menos la ayudaría a calmarse un poco en lo que llegábamos a casa. Con movimientos poco certeros, Octavia deslizó sus pantalones y la ropa interior hacia abajo hasta la mitad de sus muslos para darme más espacio. Continué con los distraídos círculos sobre su erguido músculo hasta que la sentí tensarse. Estaba cerca de llegar. Aprovechando mejor el espacio que ahora tenía, llevé mis dedos a la apertura de su canal e ingresé dos dedos de un sólo empujón.
La nueva presión dejó a Octavia sin aire y soltó un gemido que recorrió mi cuerpo causando todo tipo de reacciones. Quería sentirla con otras partes de mi cuerpo pero aún no llegábamos a nuestro destino. Nos quedaban un par de kilómetros más así que me concentré en la tarea que podía realizar por ahora. Inicié un ritmo lento pero profundo con cada embestida. Iba tan profundo como mis nudillos me lo permitían. Sabía de sobra que este ritmo le gustaba a mi pequeña Omega.
Pronto sus gemidos se volvieron más constantes y sonoros. Agradecí que las ventanas estuvieran cerradas y la música sonara lo suficientemente fuerte como para que nadie fuera del auto pudiera escucharla. Estos eran sonidos que sólo estaban destinados para mis oídos. Sus paredes de contraían más fuerte con cada embestida. Me costaba trabajo concentrarme en el camino cuando mis dedos estaban siendo apresados de esa manera. Un par de movimientos más y Octavia se deshizo alrededor de mis dedos, jadeando, completamente perdida en las sensaciones.
Retiré mi mano de su cuerpo cuando sentí que finalmente se relajó. Lamí mis dedos para eliminar el líquido transparente que los cubría y ronroneé con el sabor. Vi a Octavia cerrar los ojos en el asiento de al lado y me concentré en el camino para llevarnos a casa.
Desperté con la sensación de unos labios dejando besos húmedos por mi pecho, dando ligeras succiones de vez en vez en su camino hacia el sur. Abrí los ojos y me incorporé encontrándome con la mirada de Octavia. Me veía con esos ojos pícaros que suele poner cuando hará una travesura.
"Buenos días." Le dije con la voz ronca.
Ella sólo me sonrió y siguió con su trabajo. Admirando y besando mi cuerpo. Me dejé caer en la cama y cerré los ojos para disfrutar de sus caricias. Cuando llegó al hueso de mi cadera se detuvo en seco.
"¿Te hiciste un tatuaje?" Me preguntó extremadamente confundida.
"¿Qué?" Le pregunté, abriendo los ojos para ver al techo.
"Un tatuaje..." repitió.
"Octavia, te recuerdo que tengo 3 días encerrada en este departamento contigo."
Me incorporé para verla y ella señalo con sus ojos la dirección que debía seguir. Sobre el hueso de mi cadera había una marca. Algo que ciertamente la noche anterior no estaba ahí. Un pequeño infinito con tres puntos en la parte baja de la curva izquierda. Eso no era algo que yo me hubiera hecho. De hecho ni siquiera era un tatuaje.
"Eso no es un tatuaje." Le dije a Octavia tocando la marca. "Es..."
No era posible que lo fuera. ¿O sí? No, definitivamente no puede ser. No hay manera. Es físicamente imposible. Me estaba devanando los sesos intentando entender lo que pasaba. No era posible que fuera una marca de alma gemela.
"¿Una marca?" Me preguntó Octavia.
"No es posible."
"Lo sé pero ciertamente ahí está."
Octavia pasó los dedos sobre la marca y nos dio un toque eléctrico. Eso confirmaba que era una marca de alma gemela. Se supone que nadie, aparte de tu otra mitad, debe tocarla.
"¿Pero cómo puede ser?" Le pregunté.
Apreté el puente de mi nariz y cerré los ojos. Me estaba sintiendo muy mareada. Nada de esto tenía sentido. Y estaba sintiendo el inicio de lo que sería un épico dolor de cabeza.
"No sé."
Sentí a Octavia incorporarse en la cama y abrí los ojos. Ella se cubrió con las sábanas, como si de repente le diera pena que yo la viera desnuda.
"No sé, Clarke. Pero eso definitivamente es una marca de alma gemela." Su voz sonó fría y sentí una punzada en el corazón cuando la vi salir de la recámara.
Las siguientes semanas fueron extremadamente confusas. Por más que intenté investigar de casos como el mío no encontraba nada. No encontraba nada que me ayudara a entender cómo era posible que me hubiera aparecido una marca de alma gemela prácticamente cinco años más tarde del límite.
"De verdad no tiene sentido, Raven. No logro entender de qué va todo esto."
"Ya te dije que dejes de preocuparte. Vale, ok, es una marca de alma gemela. Te salió de la noche a la mañana, casi cinco años más tarde lo que generalmente suelen aparecer y es un misterio. Sí. ¿Pero qué harás? ¿Vas a andar por la vida preguntando si a alguien más le salió una marca en los últimos días? ¿Planeas pegar carteles por toda la ciudad para ver si alguien reconoce la marca? Lo que quiero decir es que dejes de preocuparte. Si realmente es el destino las cosas se resolverán solas."
Raven tenía un punto pero no estaba en mi naturaleza dejar este tipo de cosas en el olvido. Tenía que encontrar la respuesta. Pegar carteles no era tan loca idea, ¿cierto? ¡Agh! Pero de qué hablo. Por supuesto que no pegaré carteles.
"Creo que deberías dejar eso por la paz y preocuparte por el hecho de que Octavia no te ha dirigido la palabra en más de una semana."
Ese era otro punto que también me tenía alterada. Desde el descubrimiento de la estúpida marca, Octavia había estado muy extraña conmigo y en los últimos diez días de plano había dejado de hablarme. Es decir, no es como que me estuviera aplicando la ley de hielo porque sí me daba los buenos días pero me hablaba lo mínimamente indispensable y evitaba quedarse a solas conmigo.
"¿Y qué hago? Ya intenté hablar con ella pero sólo me dice que no le pasa nada y se va."
"Y como si no la conocieras lo suficiente como para saber que tienes que insistir." Raven suspiró y se apretó el puente de la nariz. "No debería decirte esto porque probablemente me matará si se entera... pero creo que el problema es que no sabe qué pasará con lo que tienen ahora que te salió esa marca."
¡Qué estúpida! ¿Cómo no me di cuenta de lo que esto debe significar para ella? He estado tan metida en mi mundo y en mis propias dudas que no me detuve a pensar en las inseguridades que esto le deben de provocar.
"No lo había pensado. Necesito hablar con ella urgentemente. ¿Sabes dónde está?"
"Es miércoles. Seguramente está en la casa hogar donde hace voluntariado."
"Gracias, Raven. Nos vemos después."
Me levanté y prácticamente corrí al auto para ir a la casa hogar donde debería estar Octavia. No estaba lejos del departamento así que me tomó unos 15 minutos llegar. Los guardias del acceso me conocen de las varias ocasiones en que he venido con Octavia por lo que no fue difícil que me dejaran ingresar.
"Buenas tardes, Taylor." Saludé a la recepcionista que también me conocía.
"¡Ho... hola, Clarke!" Tartamudeó, según Octavia pongo nerviosa a la pobre chica.
"Hola." Repetí, no estaba de humor para platicar con esta mujer. "Estoy buscando a Octavia." Le dije en tono serio. "Es algo importante."
"Umm..." lo dudo un momento. "Está en una clase."
"¿Puedo pasar? De verdad es muy importante."
Taylor lo meditó un momento. Finalmente asintió con la cabeza y me dejó pasar. Me dio las indicaciones de cómo llegar al aula en que se encontraba Octavia. Era una casa hogar de puras niñas. Había pequeñas desde los cuatro años hasta los doce. Octavia venía algunas tardes a realizar actividades con ellas.
Cuando llegué al aula, la puerta estaba abierta. Las niñas estaban sentadas en el piso formando un círculo al rededor de Octavia, quién les estaba explicando las reglas de un juego. Me quedé parada en la puerta observándola. Me gustaba verla cuando estaba cerca de algún niño. Era como si pudiera ver otra parte de ella. Tenía un instinto maternal que le salía natural, les hablaba con gran dulzura y podía decir que las niñas la adoraban de verdad.
"Hola." Una pequeña voz me sacó de mis pensamientos.
Volteé a ver la pequeña niña que estaba detrás de mí y el mundo se paralizó en ese momento. Fue como un flashazo de mil colores ante mis ojos, todo se volvió más brillante, lleno de color, lleno de vida. Era una niña preciosa de cabello castaño claro, ojos verdes y sonrisa deslumbrante. Llevaba el cabello recogido con dos colitas y un vestido blanco. En el pecho de lado izquierdo había una etiqueta con su nombre. Lexa.
Espero con ansias sus comentarios.
Nota aclaratoria, usaré varios saltos de tiempo en esta historia. Aunque Clarke está viendo por primera vez a Lexa siendo una niña de 6 años no quiere decir que habrá algo sentimental. Y así será por muchos años. Clarke no es una pervertida ;)
