Ay!
Gracias, gracias gracias! ^^
No sabia q este fic iba tener tan buena acogida después de q lo haya publicado :3
Veamos en q qdara esta historia :D
2. La plata con el castaño
Sacó la flecha de su bolso de hojas y la miró con detenimiento. El metal de la punta fina y puntiaguda se empapaba de un líquido negruzco que ya empezaba a secarse. La siguió viendo otro par de minutos hasta que pestañeó por el esfuerzo de sus ojos grises. La dejó en el suelo y pensó una buena manera de extraerle lo que quedaba del veneno sin que este se malgastara inútilmente.
Pero no se le ocurría cómo.
Paseó su vista por los árboles, las piedras, las flores y el río y no encontró algo que le pudiese ayudar.
Suspiró, esto le estaba llevando más de la cuenta y no podía darse ese lujo si quería que aquella morena viviera.
Sí, que la pequeña morena viviera para que él ya no estuviese tan triste y tan culpable por ella…
Un vuelco sintió en su pecho cuando esos pensamientos recorrieron en su mente. Se tendió en el suelo y abrió su mano derecha hacia la luna, como si pudiese atrapar su plateado esplendor con los dedos. Sabía que era imposible pero un extraño anhelo le insinuaba que sí era posible.
Rió por lo bajo y se sentó en la hierba, apoyando sus manos en ella. Le era mejor pensar en una forma de ayudar a esa mujer que perderse en cavilaciones que no tenían más base quelas mismas nubes. Sin embargo, algo le insinuaba que estas no eran tan superficiales como creía ella…
Palmeó suavemente su cabeza y se fue al río para mojársela totalmente con sus aguas.
-Veamos si ahora pueda ya pensar con claridad (Dijo al viento)
Escapó una risa nerviosa y agachó su mirada con pesar. Las gotas de su largo y trenzado cabello naranja se deslizaban de a poco hasta caer al suelo, llevándose consigo, unas lágrimas que pronto ella desasió con una mano rápida. Abrazó sus piernas y dejó escapar un suspiró que le arrebató la tranquilidad a su corazón que comenzó a latir como un loco. Se llevó la mano al pecho y susurró:
-Por favor, detente… Sabes que esto no puede ser
Sintió que sus mejillas ardían y un fugaz recuerdo le trajo a aquel hombre del claro.
Un hombre precisamente, un humano que haría una vida con aquella morena…
Cerró sus ojos e intentó tranquilizar sus latidos. Ella no tenía porqué sentirse así por alguien que sólo le cumplía un favor por su valentía, por su fuerza, por su esfuerzo, por su fortaleza, por su aroma, su calidez, sus carcajadas, su voz, su cuerpo…
-¿¡CUERPO!
Se sonrojó tanto que se tapó su cara con ambas manos. ¿Cómo podía pensar eso si sólo le había visto de lejos y lo único que había apreciado de él fue su espalda y sus risas con las bromas de su "amiga"?
Se lanzó totalmente al río y dejó que este enfriase sus extrañas emociones.
-Orihime (Susurró en el agua), ¡Deja de pensar en esas cosas y ponte a trabajar!
Diciendo esto último, sacó del agua la cabeza y la agitó fuertemente. Salió del río y emprendió con renovadas ganas la búsqueda de un antídoto. Entró más en el bosque y regresó de él con una gran variedad de raíces, hojas y flores que fue depositando en el suelo. Luego, extendió los brazos hacia el cielo y rezó feliz un rezo que sólo conocía su raza para la buena suerte.
-¡Ahora empieza el trabajo!
Y tomó la flecha con renovado interés.
ooOoozoeooOoo
Despertó con una gran luna que se iba desplazando lentamente en un camino de estrellas. Se desperezó y caminó pesadamente hasta su hogar. Halló la puerta abierta del patio y la movió con suavidad, provocando un sonido estridente que lo asustó. La detuvo fuertemente y esperó unos segundos por si venía alguien a sermonearlo. Como vino nadie, suspiró aliviado y caminó de puntillas hasta una habitación.
-Rukia… (Susurró)
Una amargura lo trajo de nuevo a la realidad. La guerrilla que casi arrasa al pueblo y una envenenada flecha que estaba matando a su amiga… Eran signos de una desdichada vida que comenzó con la muerte de su madre, las continuas peleas con bárbaros, las altas sumas de impuestos y los desagradables insultos hacia su color de cabello…
Su vida, que digamos, no ha sido tan benevolente con él.
Pero no podía decir lo mismo acerca de su niñez cuando su madre vivía y hacían una feliz familia con su padre y sus hermanitas.
Que feliz era él en ese entonces.
Luego que ella se entregase al sueño eterno, comenzó a ayudar a su padre atendiendo los heridos y enfermos de cada revuelta y guerrilla que la mala suerte los pillaba. Y cuando no estaba haciendo eso, ayudaba en la reconstrucción del pueblo o en alguna tarea de su hogar.
Siempre hacía algo.
Y en una de esas tareas, conoció a Rukia.
La chica era un verdadero remolino que iba de aquí para allá cuando la conoció. Constantemente ocupada en algo, lo tomó de un brazo y lo mandó a arreglar una verja en donde los animales se estaban escapando. Él, muy malhumorado, se zafó de ella y le cuestionó su supuesto liderazgo. Pero ella fue más insistente y le obligó a hacer lo que le pedía, trayéndole todos los materiales que él podría necesitar para repararla.
Desde ahí se hicieron inseparables.
Y ahora ella se iba a alejar permanentemente de su lado si él no hacía algo para retener el poderoso abrazo de la muerte que quería llevarse a su amiga.
Unos murmullos le quitaron de sus pensamientos. Abrió un poco la puerta y vio difusamente una silueta que se inclinaba trabajosamente sobre su amiga con mucho jaleo. Abrió un poco más la puerta y las primeras luces del alba lo cegaron por un momento.
-¡Bien! Ese veneno no te molestará más (Murmuró la silueta)
Abrió otra vez sus ojos castaños y la silueta de antes saltaba de felicidad.
-Ahora podrás estar con…
Ichigo abrió otro tanto más la puerta que provocó un chirrido que interrumpió la felicidad de los murmullos.
La silueta volteó velozmente y unos ojos castaños la paralizaron.
Los segundos pasaron eternos mientras se observaban con una mezcla de miedo, sorpresa y sospecha.
-¡ICHIGO! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO A ESTAS HORAS DE LA MAÑANA?
La voz de su padre lo desconcentró unos momentos. La silueta aprovechó esos momentos para escapar por la ventana.
-¡Espera!
Pero esta ya se había ido con los primeros cantos de los gallos. Su padre, un hombre robusto y moreno, Le tomó de una oreja y le reprendió:
-¿Cómo se te ocurre desaparecer y provocar tantos ruidos en plena madrugada?
Por toda respuesta, su hijo le golpeó en pleno estómago y entró a la habitación de su amiga. Su padre lo siguió y una bella sorpresa le quitó todo el sueño que pesaban sus ojos.
-¡Wow! ¡Los cuidados de Isshin Kurosaki son legendarios por toda la comarca!
Ichigo lo calló con un fuerte golpe en la cabeza entretanto que dirigía su mirada a la ventana.
-¡Que malo eres con tu padre, Ichigo!
Mientras lo decía, Isshin se dirigió contento a su paciente y dio una mirada de reojo a su hijo que estaba apoyado en los marcos de la ventana como si buscase algo. Pero decidió no darle más importancia a aquello y revisó contento la mejoría de la ya no enferma.
Al no encontrar alguna pista de la desaparecida silueta, Ichigo se entró y dejó solo a su padre con su alegría. Se recostó en su cama y miró vagamente el techo de su habitación.
"Qué raro" pensó "Había jurado que tenía alas"
Tapó sus ojos con un brazo y relajó su cuerpo. Se sentía contento porque ahora estaba bien su amiga y ya no iba a morir pero el encuentro de hacía unos momentos lo dejo extrañado. Recordó que tenía un cuerpo curvilíneo y esbelto, con un cabello largo y naranjo que caía en una parte por su espalda y la otra por su hombro, vestía una ropa ligera y menuda del color de las hojas de los árboles y unas alas plateadas de mariposa se alzaban hermosas por su espalda.
Se acomodó más en su cama y silenció sus pensamientos para dormir.
"Y luego vi sus ojos…"
Abrió los suyos con fuerza y la recordó, otra vez… Su mirada gris y asustada que titubeaba ante los suyos… su respiración entrecortada y el miedo que encrespaba en una pequeña mueca sus labios… Ella era…
-Un hada
Sonrió un poco y se tapó su vista con sus manos extendidas. Ahora estaba diciendo tonterías por dormir a la intemperie.
"Duerme, duerme y sueña a tener
Una vida sin la tentación
De delirios, de oro y poder
De juzgar, aunque exista razón"
Unas frases llegaron a su mente adormilada, arropándola de las dudas y tristezas.
"Duerme, duerme y sueña con ser
De tu mejor tesoro el guardián:
El amor que yo en ti he volcado
De eso tienes mucho que dar"
Y una sonrisa de su madre lo durmió profundamente. Soñando, luego con un abrazo rebosante de ternura y una voz que le colmaba luego de tanto llorar.
"-¿Quién eres?"
Su murmullo se perdió en su garganta mientras que el abrazo se deshacía lento y suave antes de alejarse completamente de él. Intentó levantarse y seguirlo, pero sentía el cuerpo muy pesado. Levantó sus ojos y encontró otros grises que se perdían en un mar de luz que lo despertó completamente.
La puerta se abrió con entusiasmo y una niña castaña clara y con una gran sonrisa le dijo:
-Ichi, ¡Ven a comer!
Ichigo sonrió y siguió a su hermana a la mesa.
ooOoozoeooOoo
Respiraba dificultosamente luego de una gran carrera entre los árboles.
Él la había descubierto…
Unos pasos le hicieron dar vuelta con rapidez, viendo con terror un ser de cabello sombrío y de una piel cenicienta y fría. Sus ojos eran dos pozos verdes de una garra negra como pupilas, bajando de estos, un río agrio del verdor de la nada que lagrimeaban sus mejillas. Vestía de blanco y a su paso, las plantas se marchitaban con lentitud.
-Has quebrantado nuestra ley más importante y respetada por todos (Su voz era pausada pero hiriente a lo vez)
Ella sólo atinó a poner sus manos en el pecho, esperando lo peor.
-Tú y ese humano…
-¡NOOO! (Le interrumpió con lágrimas en sus ojos) Haz lo que quieras conmigo, pero a él déjalo en paz
Sus ojos verdes encontraron los grises y tristes de ella, manteniendo un contacto visual incómodo pero penetrante.
Ella no se dejó intimidar.
-Por favor… (Suplicó) Él no logró verme porque huí a tiempo… Reconozco mi osadía y estoy dispuesta a todo. Pero no le hagas daño por mi curiosidad…
El oscuro ser dio un par de pasos, retrocediendo ella otros tantos hasta topar con un alerce que la detuvo. Una mano cenicienta retuvo su cuello y la levantó fuertemente del suelo y la golpeó con la madera.
-Que así sea (Sentenció él), serás juzgada por tu crimen en los brazos que te dio la vida como hada… Hasta que tu alma se marchite en su tronco
Entonces, la empujó al alerce que se abrió ante ella y se la tragó sin que ella opusiese resistencia. Una oscura luz apareció al poco y se llevó al otro que miraba sin saber como una hada era capaz de dar su bella vida por un humano…
