Capítulo II: Realidad

Para llevar tan pocos meses conociéndose, Will podía asegurar que sabía de ella más que muchas personas. Aun así, cuando la chica terminó con Wolfgang no imaginó que ella se sentiría tan mal. Día tras día él acudía al lujoso barrio donde se encontraba el edificio en el que vivía Gretel, subía al piso cinco, caminaba por el corredor de la derecha hasta la puerta de roble que tenía el número 505 frente a él. El chico sacaba la copia de las llaves que tenía, abría la puerta y pasaba al espectral departamento. Todas las cortinas estaban echadas a pesar de ser más de las tres de la tarde, el lujoso departamento lucía abandonado, la combinación de baldosas blancas, muebles negros y adornos rojos perdían su moderno encanto por culpa delas penumbras. Obviamente Gretel no encontraba sentido el abrir y cerrar cortinas cuando ni siquiera le importaba que día era.

No la llamó, pues sabía dónde estaba, avanzó por el primer corredor, dejando las puertas del estudio y el cuarto de entrenamiento atrás, llegó al final, donde la puerta entreabierta daba paso a una gran habitación. Ahí había una colosal cama de doncel y cortinas que dejaba entrever en el interior, a sus lados unos altos veladores de madera oscura y más allá un enorme escritorio con una lujosa computadora. La habitación tenía en el fondo grandes ventanales con sus cortinas cerradas. A los costados había dos puertas, una llevaba al baño y la otra al vestidor de la chica.

En general el departamento era extremadamente lujoso y requería tres visitas de una compañía de limpieza para tener todo en perfecto orden. Curiosamente Gretel no invitaba a casi nadie y se comportaba como si en lugar de que su padre le hubiese mimado con un lugar así, ella viviese en un cuarto de estudiantes en algún barrio simple. La alemana se quejaba de que el lugar le quedaba demasiado grande, pero parecía que en ese momento lo único que reconocía como suyo era la habitación. Ya llevaba tres días sin salir de la misma más que para recoger la comida que llegaba por un repartidor.

Sin contar esos momentos no salía del dormitorio.

Will avanzó a la cama y retiró las oscuras cortinas del dosel. La encontró acurrucada en el centro de la misma, durmiendo como la mayoría del tiempo, en un camisón de tirantes color perla que cubría su cuerpo pero se recogía hasta sus caderas dejando ver las bragas negras y extremadamente reveladoras que llevaba. El pelirrojo negó ligeramente y avanzó a la chica, teniendo que sacarse los zapatos para subirse a la cama y escalar por un sin número de almohadas hasta llegar al fino cuerpo.

- ¿Gretel? –movió suavemente su hombro y la giró boca arriba delicadamente, ella tenía el rostro surcado de lágrimas y sospechaba que había llorado dormida.

La gente asumía que la alemana era una chica dura y de escasos sentimientos. Por ende, sufrir sería algo ridículo. Pero definitivamente no la conocían, pues era apasionada en las cosas que hacía y por la manera en que había trascurrido las cosas, la chica había amado a Wolfgang y ahora sufría la herida de un corazón roto. La chica no se dedicaba siquiera a hablar de su dolor, simplemente lloraba y había llegado a cierto punto en que su cuerpo se agotaba y la hacía dormir largas horas.

- ¿No tienes mejores cosas que hacer que venir a molestarme? –masculló adormilada, abriendo los ojos, luciendo distante y agotada- Tengo sueño…

- Son las tres de la tarde, mi entrenamiento ya terminó y puedo apostar que no has almorzado. –la chica volvió a cerrar los ojos y se giró, dándole la espalda- Gretel…

- ¿No puedes darme un respiro? Quiero estar sola… -ordenó, moviendo su mano avariciosamente hasta tomar un cojín y cubrirse con este el rostro- Ve a ver televisión o algo… -completó, ahogada.

En realidad no quería quedarse sola, lo necesitaba a su alrededor aunque no deseara hablar. La simple idea de volver a la monótona rutina de auto-compadecerse le hacía tener asco de sí misma.

- Los profesores están preguntando por ti, dicen que van a llamar a tu padre. –le advirtió, el chico deslizó sus dedos por el brazo femenino hasta llegar a su hombro y tomarla con firmeza de ahí.

- El Almirante tiene mejores cosas que hacer que enterarse que su hija no asiste a clases. Ustedes los estadounidenses asumen que los padres tienen el control sobre la vida de sus hijos. Desde el jardín de infantes los niños alemanes vamos solos a clases y lidiamos solos con nuestros problemas. Y no somos el único país así. –la chica se recogió en sí misma y abrazó el cojín contra su rostro- Déjame sola. Quiero dormir. No quiero escucharte parlotear.

- Dices eso, pero si me voy al estudio aparecerás ahí y te sentarás a mi lado. Prefiero quedarme aquí y evitarte la caminata. –ella tuvo el deseo de reír, en el fondo de su pecho un ligero cosquilleo le recordó que eso era verdad y que también le resultaba gracioso. Aun así, ningún sonido escapo de sus labios- Gretel… quítate esa almohada del rostro.

- Cojín… -corrigió, retirándola de todos modos y girando para quedar boca arriba- Eres un impertinente.

- Lo se… -acaricio el rostro de la chica suavemente- ¿Qué tal si vamos al cine? Te he traído tu tarea pero seguramente no quieres hacerla.

- Tampoco quiero salir. –cerró los ojos y cubrió con su brazo su rostro- Tampoco quiero que sigas tratándome como si tuviese depresión crónica.

- Entonces sal y demuéstrate que no te vas a desvanecer aquí. –pidió, Will quiso pensar que eran las sábanas negras las que hacían lucir a la rubia más pálida. No quería especular que en tres días había desmejorado tanto, pues temía por su salud- Vamos a la cocina, te prepararé algo.

- No… -su voz sonó lastimera y sus ojos se cubrieron de lágrimas.

Aunque mantuviese una conversación con él, seguía recordando a Wolfgang confesando, sin darse cuenta, que todo lo que había compartido con ella había iniciado por el fantasma de Helga. Lo odiaba con el alma y al mismo tiempo sabía que no era culpa de él, el muy estúpido ni siquiera se había dado cuenta que su interés hacia ella se debió, por lo menos en un inicio, por algún rasgo que encontró en común entre ambas primas. Wolfgang había sido el primer chico que le había dicho que la amaba y estúpidamente ese recuerdo se ensuciaba al saber que tal vez se lo estaba diciendo a Helga y no a ella.

- No quiero comer… -murmuró.

- Gretel… -no pudo evitarlo, la tomó de la cintura y la levantó, atrayéndola a él para abrazarla.

En todos esos días se había contenido de darle una paliza a Wolfgang por lo que le había hecho a su mejor amiga. Peor aún, cuando veía al chico como un zombi que recorría la preparatoria, se daba cuenta que él también estaba sufriendo por el rompimiento. Las únicas veces que lo había visto ligeramente animado era cuando se encontraban, pues Wolfgang inmediatamente le preguntaba sobre Gretel, desesperado por su paradero y siendo capaz de lo que fuese para entender porque había terminado con él para poder arreglarlo. Will, no podía golpear a un sujeto que se notaba profundamente destrozado por la decisión de Gretel y aun cuando quería hacer entrar en razón a la chica, ella se negaba a hablar con su antiguo novio. Así que se quedaba en las mismas, con el deseo frustrado de matar a Wolfgang y sin saber cómo animar a Gretel. En su mente la única sensación que tenía era que le había fallado a la chica terriblemente, que como su amigo, debería saber cómo ayudarla en un momento así.

- Dime qué hacer… dime cómo puedo ayudarte. Necesito que vuelvas a ser tú, haré lo que sea… Pero vuelve a ser tú.

La rubia suavemente se separó del chico, había terminado sentada con cada una de sus piernas a los costados de él, frente a frente. Todo eso le recordaba a esos juegos infantiles donde los niños se mecían en el regazo de alguien hacia adelante y atrás mientras cantaban y se reían, jugando con la gravedad. Ahora, aunque completamente diferente la situación, seguía sintiéndose una pequeña, débil y estúpida criatura.

- ¿Lo que sea? –preguntó, mirándose, notando como su cuerpo temblaba, recordándose todas las horas que llevaba durmiendo y que le parecía lejana la chica que alguna vez había sido capaz de tener al mundo rendido a sus pies.

- Lo que sea… -juró, la abrazaba protectoramente, acariciando su espalda- Dime que debo hacer para traerte de vuelta, para que no llores, -Will le acarició el rostro, retirando otra lágrima silenciosa que caía por el rostro de la alemana cuando ella ni siquiera se lo había propuesto- eres lo más preciado que tengo, sería capaz de… -se quedó callado, sorprendido.

Porque Gretel se había lanzado a su boca repentinamente. No lo había besado con la inocencia de sus juegos infantiles, no había sido un beso ligero, similar al de una niña. No, se trataba de un beso profundo, tomándolo de la nuca para que no se apartara y deslizando su hábil lengua por entre los labios del pelirrojo hasta llegar dentro. Will logró salir de su sorpresa para empujarla ligeramente lejos de él, pero la chica lo rodeaba con sus piernas y brazos, negándose a dar tregua a su invasión. La cálida boca femenina se imponía en un roce insistente y pausado, apoyando su cuerpo contra el torso masculino y separando más sus piernas para descansar sus caderas sobre las de él de manera sugerente. El pelirrojo, sorprendido, logró tomarla de los hombros y alejarla sin hacerla daño.

- ¿Gretel…? –respiraba agitado, sin poder negar que su cuerpo se había acalorado rápidamente por la cercanía- No… -negó, intentando encontrar palabras- Yo no me refería…

- Te equivocas si crees que intento seducirte creyendo que sientes algo por mí más allá de la amistad… -aclaró la chica, inclinando el rostro, su cabello rubio cayó sobre su rostro y su mirada azulada quedó ligeramente en penumbras, mientras una muy ligera sonrisa, la primera en días, aparecía- Pero exactamente porque somos amigos, te lo pido: Cállate. –rogó- Solo cállate, no me recuerdes lo mal que estoy, lo patética que soy. –levantó la mirada, segura de sí misma- Si quieres que me recupere, hazme sentir como antes, amada, deseada, con poder. –pidió.

- Gretel, estás confundida y herida… Tú no quieres esto, créeme.

Él sabía que la alemana era virgen, había sido uno de los primeros descubrimientos que había adquirido. La chica había estado con mujeres anteriormente, pero en cuestiones estrictamente sociales, su cuerpo se mantenía virgen. Además, no podía creer que ella se le insinuara así. Simplemente debía estar demasiado deprimida para darse cuenta del error que estaba cometiendo.

- No, no estoy confundida. Y sí, estoy herida. –corrigió- Por eso te pido esto. Te escojo a ti. A nadie le podría confiar algo así. Solo mírame, estoy cansada de mi misma, de lo que me he convertido pero cada vez que intento salir de esta cama me siento agotada. Solo conozco una forma para llenarme de energía. Solo conozco un método para recordar quien soy. –lo tomó del rostro y apoyó su frente contra la de él- Ayúdame a renacer. No quiero caer más bajo. Te lo pido, como tu amiga… No quiero ser un pájaro más que muere cegado por el sol, quiero ser el fénix, renacer más fuerte de las llamas. Te lo pido.

- No es correcto… -luchó por apartar la mirada, pero Gretel le observaba con unos profundos ojos azules, seguros y a la vez heridos.

Porque ella no podía creer que su mejor amigo no viese que esa era la mejor forma de sanar. Nunca se había sentido más poderosa que en los brazos de una amante. Pero en ese momento no quería algo delicado y suave como el cuerpo femenino. En ese momento necesitaba una cura más grande, más fuerte e imponente. Ella necesitaba a su mejor amigo.

Gretel confiaba en hacerlo comprender.

- Solo puedo descansar en ti. Nadie sería tan cuidadoso y bueno como tú. –le besó lentamente, sintiendo como el chico temblaba contra ella- Hazme el amor. Ayúdame a renacer. –repitió, profundizando el beso.

Y él se rindió, no por deseos oscuros o por la necesidad de su cuerpo. Si no, porque después de tres días, era la primera vez que la escuchaba tan segura de sí misma, tan cercana a la antigua Gretel. Si ese era el coste para traerla de regreso, lo pagaría. Will se había jurado hacer lo que fuese, no debía extrañarle que su épica travesía para salvar a su mejor amiga, fuese tan poco ortodoxa.

La besó profundamente, atrayéndola de la cintura, la chica se relajó de inmediato y suavizó el ritmo con que su lengua se enroscaba entorno a la de él.

- No… -murmuró el pelirrojo, separándose- Vuelve a hacer lo de antes… -pidió.

Gretel sonrió de costado y movió en espiral su lengua contra la de él, atrayéndolo a su boca y dándole una atrevida succión con sus labios. El chico jadeó, abrazándola con más fuerza.

- ¿Te gustó? –murmuró la alemana, lamiendo ligeramente la punta de la lengua masculina.

- Muy erótico. –admitió, rozando el labio inferior de la chica y logrando que se estremeciera.

- Entonces, saca un poco tu lengua, te va a gustar esto. –prometió, tomándolo del rostro, notando como él le hacía caso.

La chica comenzó a lamerlo desde la punta hasta lo largo de la misma, muy despacio, como lo haría un felino al beber, capturó entre sus dientes la punta de la lengua del chico y succionó ligeramente, sin apartar la mirada de él. Poco a poco bajo sus caderas fue obvio como el miembro masculino se endurecía y tomaba vida. Gretel contuvo un ligero gemido y rio suavemente- Algo me dice que no estabas pensando exactamente en mí y tu lengua…

- Imaginé que esa era la idea inicial, creer que tu lengua podía hacer eso en otras partes de mi cuerpo… -el tranquilo chico le observaba con una sonrisa astuta, pero el sonrojo en sus mejillas ligeramente desaparecía las pequeñas pecas que se habían creado en sus pópulos.

- ¿Me estás pidiendo algo? –preguntó Gretel, deslizando sus dedos entre los cabellos del chico para observarlo mejor.

Desde que conocía a Will había luchado y perdido respecto al cabello del chico, quien lo tenía completamente desordenado y sus puntas se disparaban sin control por todos lados, suavizando las facciones de un rostro alargado y masculino como el de él. Pero a Will le gustaba así, solo se hacía el cabello hacia atrás y lo cubría con una gorra en los entrenamientos. El resto del tiempo dejaba que cayera sobre su frente. A la alemana le gusta el efecto que tenía la cabellera roja hacia atrás, Will pasaba de un dulce chico a uno muy serio, su gris mirada se endurecía, similar a la de un depredador y hasta agarraba un aura peligrosa que era realmente la que lo volvía la sensación entre las chicas. Esa facilidad de pasar de bueno a malo con un cambio tan simple de peinado era admirable. Pero en ese momento Gretel disfrutaba las ondulaciones suaves que se hacían en la nuca del chico y le acariciaban los dedos.

- No, por el momento no… -él se inclinó y deslizó su lengua por la garganta femenina, escuchándola suspirar- Por el momento… -le recordó, logrando que riera hasta que volvió a darle una larga lamida y su risa se transformó en un prolongado gemido. El chico ladeó el rostro para llegar al lóbulo de la oreja femenina y lo atrapó entre sus dientes, sintiéndola dar una pequeña sacudida sobre su regazo que lo hizo gruñir- Quieta… -le advirtió, en un jadeo oscuro. La chica lo abrazó con fuerza por el cuello y él comenzó a besar la piel tersa, bajando y subiendo una vez más hasta su boca. Ella volvió a moverse, robándole otro gruñido- Nunca haces caso ¿No? –jadeó.

Ambos se observaron, respirando entrecortadamente, presas de la agitación, sus alientos chocaron entre sí. Gretel no pudo contener el deseo de ondular sus caderas contra las masculinas, frotándose sobre la tosca tela de jean del chico, estimulándose a sí misma hasta gemir contra los labios de él.

Will no logró dominarse y la tomó de las caderas, recostándola con cierta brusquedad sobre el colchón, con una de sus manos apartó los almohadones del alrededor, lanzándolos fuera de la cama sin ver donde caían. La observó tumbada, con sus piernas recogidas a los costados y el camisón enmarañado entre sus caderas dejaba ver sus bragas que apenas cubrían su piel y parecían perderse en un fino hilo al encaminarse por las nalgas de la chica. El impulso pudo más con él, extendió su mano para acariciar el borde de la tela desde la cara interna del muslo femenino, rozando descuidadamente los labios vaginales húmedos pero no se detuvo aunque la observó estremecerse, siguió descendiendo en su recorrido y notó como la chica abría los ojos con sorpresa.

- ¿Qué… haces? –preguntó, con la duda tiñendo su mirada.

Él sonrió de costado, dejándola más en la expectativa, hasta que capturó el hilo de lo que se había vuelto su lencería justo en su trasero y jaló bruscamente hacia atrás. La tela que estaba pegada contra el sexo de Gretel se movió repentinamente, logrando que gimiera con fuerza, élvolvió a jalar la tela y el resultado se intensificó.

- Dios… -la chica enterró sus manos en las oscuras sábanas y levantó sus caderas para darle mayor acceso.

- ¿Tengo permiso para romper esto? –consultó casualmente y sin esperar respuesta volvió a jalar, percatándose como la tela se metía entre los labios vaginales y se empapaba peligrosamente mientras la estimulaba como una suave y tortuosa caricia.

La chica asintió ferozmente, hondeando sus caderas sin censura alguna. El pelirrojo comenzó a mover la tela rápidamente, jalándola con oscuro placer, disfrutando la natural sensualidad que tenía Gretel, levantando sus caderas, dejando ver sin pudor alguno su excitado sexo, presa de un placer que posiblemente no había esperado tan rápido encontrar. Will encontraba fascinante que en todo fuese así la alemana, desbordante de sinceridad y sin tapujos, confiando en su cuerpo, en la sensualidad que este presentaría naturalmente y por ello dándole un aire mucho más atractivo, más femenino y arrasador que cualquier chica que él pudiese imaginar.

Will se inclinó sobre la cama y la soltó para poner su boca sobre la tela húmeda, le invadió un aroma dulce y almizclado que invadió sus sentidos. Sin hacerla esperar, apoyó sus manos sobre los tersos muslos y separó sus labios hasta capturar el endurecido clítoris que sobresalía ligeramente de la tela de las bragas. Lo capturó entre sus labios y comenzó a succionar, percatándose como bajaban las caderas femeninas de golpe, rindiéndose. La chica arqueó su espalda completamente, gritando en un incontrolable placer. El pelirrojo movió su rostro de un lado a otro, para incrementar el estímulo y bajo sus dedos hasta meterlos entre las bragas femeninas y llegar a la entrada de su sexo, dejó que sus dedos jugaran con la suave entrada, cálida y envolvente, la masajeó hasta separar y abrir su interior solo un poco, sintiendo como eso la agitaba hasta el límite, notando como ella también descubría lo sensible que era su cuerpo con apenas ser tocada en la entrada a su vagina. Will no descuidó su atención principal, el dulce sabor en su paladar y la textura de la tela contra su lengua hacía la experiencia abrumadoramente satisfactoria. Él mismo sentía una tortura el solo sentirla a través de la tela, pues tenía el impulsivo deseo de hundirse entre sus muslos y deslizar su lengua por su cálido sexo. Pero debía ser paciente, succionar con precisión su clítoris y moverlo con sus labios lo suficiente. Todo debía ser lentamente ascendente y ¿Para qué negarlo? También lucirse frente a ella, volverse inolvidable. La acarició con sus dedos tentativamente pero le entregó toda su atención con su boca.

Gretel gritó con fuerza, cerrando sus muslos entorno al rostro masculino para detenerlo, se dejó llevar por el incalculable orgasmo, permitiéndose la sensación de renacer. La alemana movió suavemente sus caderas, sintiendo el roce de la tela contra su clítoris y el alimento de Will directamente contra su sexo. La chica lo soltó, dejándose caer en la cama libremente, disfrutando del éxtasis que era mejor que cualquier droga, pues fácilmente podía hacerla olvidar del mundo que pasaba afuera de su habitación.

Eso debía ser un dormitorio, un templo del placer del que no se debía desear salir. Así había sido y planeaba que volviese a serlo.

- ¿Es un buen momento para preguntarte sobre tu tatuaje?

Gretel abrió los ojos adormilada, observando al chico completamente vestido entre sus piernas, quien acariciaba su muslo, siguiendo el perfil del tatuaje y se lamía descuidadamente los labios, luciendo como un muchachito que aprovechaba los deliciosos rastros de un postre húmedo.

- ¿Qué mejor momento que el ahora? –admitió ella, sentándose, estirando sus brazos con felinos gestos, cruzó sus piernas en pose de loto para que él pudiera ver mejor- Se supone que es el Acorazado Bismarck, el primer acorazado de la clase Bismarck. –se encogió de hombros- Es a honor de mi antepasado Otto van Bismarck, soy su descendiente. –habló con neutralidad de quien había sido el fundador de la Alemania moderna y un hombre que despertaba respeto y controversia por partes iguales dado que él había creado la base del poder Alemán pero también había iniciado los cimientos del poder militar invasor que luego se había usado para una de las guerras más terribles de la Historia, sin contar que el acorazado había formado parte de la Segunda Guerra Mundial- Tener el rostro de él hubiese sido poco agradable. –concedió, sonriendo de lado- Y para bien o para mal, tengo su sangre y la sangra de sus descendientes.

Will deslizó sus dedos por el entorno del tatuaje, percatándose que en uno de los cañones, aquel que disparaba, había una cicatriz diminuta, casi imperceptible pero que se podía sentir al tacto. La tinta la ocultaba bien pero notó como la alemana se estremecía bajo su caricia.

- ¿Y esto? –consultó, recorriendo con su dedo índice la forma estrellada de la cicatriz.

- Cuando tenía cuatro años unos niños mayores a mí me atacaron con piedras porque habían escuchado que era culpa de mis antepasados que ahora Alemania fuera una vergüenza para Europa. –no había resentimiento en su voz, ella también miraba la cicatriz- Tengo otras… -admitió, subiéndose el camisón para quitárselo. Sin darle tiempo de poder observar su desnudez, se enderezó para girarse y se sentó, dándole la espalda al chico, recogió su cabello rubio dejando libre su espalda- ¿Los ves?

Will se sorprendió con el descubrimiento, dado que Gretel mantenía sus leotardos como prenda recurrente junto con una chaqueta, su espalda solía estar oculta por la tela, pero en ese momento podía observar completamente la delicada curva de su perfectamente enderezada espalda. En el centro de esta tenía una cicatriz estrellada mucho más grande, de unos tres centímetros de radio, la piel suave de la herida lo llamó a tocarla y acarició el centro de la misma, notando como la chica se estremecía. Sin dudarlo, la abrazó suavemente por la cintura y la inclinó hacia adelante para poder tener una cómoda vista. Gretel apoyó sus manos sobre la cama para sostenerse, ligeramente sorprendida por la curiosidad de él.

- Otro piedrazo, una gran roca… -mencionó y comenzó a reír- Recuerdo que planee un año mi venganza…

- Ya sospechaba yo que no te ibas a quedar con los brazos cruzados…. –susurró, inclinándose para besar el centro de la herida, Gretel contuvo un gemido y él deslizó su lengua por lo largo de la misma haciéndola jadear- ¿Qué hiciste?

- Robé sus bicicletas y con la ayuda de otros niños a quienes también habían molestado… -suspiró al sentir los dientes del chico acariciar la piel suave de su vieja herida de batalla- las quemamos afuera de donde estudiábamos… Pero eso no fue todo… -Will la enderezó, la apoyó contra su pecho y la atrajo más contra sí, logrando que recargara su trasero directo contra sus caderas- Recuperamos los restos… y por semanas les fuimos dejando pequeños recuerdos en sus casilleros. –se rio- Realmente terminaron traumados y estúpidamente no le avisaron a nadie. Así que salimos impunes.

- Y solo tenías cinco años… -recordó, besando lentamente el cuello femenino, dejando que se relajara contra él- ¿Y la historia de esta…? –el pelirrojo deslizó su dedo índice por el costado izquierdo de la chica. En su cintura había una cicatriz alargada de seis centímetros que se curvaba según la forma del cuerpo femenino.

- Entrenando me lanzaron a un lado… -la piel se le erizó, descubriendo lo sensible que era en esas partes de su piel. Usualmente la gente no tocaba sus heridas, asumían que le dolían y que sería mejor no acariciarla. Will, en cambio, se aventuraba con el tacto y al descubrir las reacciones que producía en ella, adquiría mayor seguridad- no frené adecuadamente y me estrellé contra el espejo, se me clavó un pedazo ahí y tuvieron que coser…. No seguí la recuperación y se me abrió un par de veces la herida. Por eso tengo cicatriz. –el chico se rio contra su cuello.

- Eres una muñeca remendada –le susurró contra su boca, seguro de que había más cicatrices e historias que contaron, pero gracias a la oscuridad de la alcoba apenas había podido ver esas.

El chico sonrió de lado al recordar algo, la giró suavemente para que se recostara boca arriba en la cama, pero antes de lograrlo ella se escabulló y se sentó frente a frente a él, forzándolo a mirarla a los ojos.

- No es justo… -Gretel ladeó el rostro y llevó sus manos hacia la camiseta de béisbol que el chico estaba usando en ese momento, comenzó a subirla sin esperar un segundo más, como si abriera un presente de navidad días antes, mordiéndose el labio inferior- Usualmente el primero en desnudarse suele ser el hombre, Will… -le regañó, sacándole la prenda y empujándolo para que se recostara del todo, con ella encima. Lo observó desde su posición y una sonrisa traviesa se formó en sus labios. La chica deslizó sus uñas desde el pecho del chico hasta el marcado vientre del mismo. Gretel ronroneó cuando notó como los músculos formaban una seductora V en sus caderas que se perdía en el pantalón del chico hacia su entrepierna- Creo que debería alardear de tener a uno de los chicos más apuestos de la preparatoria en mi cama… -comentó casualmente, zigzagueando con su dedo índice sobre sus músculos.

- Si no mal recuerdo, eso tienen por asumido la mayoría de las chicas, -la tomó del mentón para jalarla hasta su boca- que vengo todas las noches a dejarte muy… muy… cansada… -antes de que ella pudiese responder, le besó profundamente, devorando su boca en ese gesto, guiando su mano libre hasta el trasero femenino y cerrando su mano entorno a una de las nalgas de la chica, frotándola contra su erección, logrando que ambos dejaran salir un gemido en la boca del otro.

- Hasta el momento has cumplido bien tu leyenda. –le mordió suavemente el labio inferior, rozando su torso sobre el de él- Tengo una curiosidad… -ronroneó, bajando sus labios por el mentón masculino, deslizó su nariz sobre el cuello del chico y llegó a su pecho, le observó desde su posición y con su dedo índice comenzó a hacer círculos sobre la dura piel hasta que casualmente acarició la tetilla del chico, logrando que este jadeara y cerrara los ojos- Gime para mí, Will… -pidió, recorriendo esta vez con su lengua hasta captar la punta más sensible y lograr que él la embistiera sobre la ropa con sus caderas.

Le gustaba ver que el chico se dejaba llevar por las sensaciones, sin temor alguno, era tan sensible como cualquier otro pero a diferencia de sus contemporáneos de género, no se avergonzaba de disfrutar de las atenciones femeninas. Y definitivamente eso se merecía un premio, por lo que la alemana tomó con sus dientes la punta, sin herirlo y succionó suavemente.

- Gretel…

El escucharlo gemir su nombre la estimuló por completo, haciéndola serpentear sobre su cuerpo hasta que las manos masculinas se cerraron, ambas, sobre su trasero y separaron sus nalgas, masajeándola para que creara una mayor conexión entre sus sexos a pesar de las prendas de vestir.

- Por favor… -rogó.

La chica levantó la mirada y notó la súplica en la mirada de Will.

- ¿Quieres pedírmelo ahora? –el asintió y ella se relamió los labios- A tus órdenes… -ronroneó, bajándose de él para tener mayor acceso a su cuerpo.

La joven movió diestramente sus manos sobre el cinturón del chico, lo abrió casualmente, desabotonó el jean y bajó el cierre. Will se bajó el pantalón con rapidez, logrando que ella se riera, pero sin quitar su mirada de su premio. La alemana retiró el ajustado bóxer y contuvo el aliento cuando el miembro del chico saltó hacia afuera, apuntándola.

- Esta… -comenzó Gretel, lamiéndose los dedos uno por uno- va a ser la primera vez que toque uno… -le advirtió, chupándose los dedos para luego bajar su mano- Así que se gentil. –bromeó, capturando el cálido miembro. El pelirrojo gimió alto y ella se rio astutamente al sentirlo palpitar bajo su tacto.

Presa de la curiosidad, Gretel se agazapó entre las piernas del chico, admirando detenidamente la suave piel que cubría el miembro del chico, era muy diferente a lo que había imaginado. En realidad, estaba complacida con su descubrimiento, los miembros palpitaban, eran cálidos pero también suaves, flexibles a pesar de su dureza. Su mano llegó hasta la cúspide, notando como una suave tela cubría el final

- ¿La bajo…? –consultó, atisbando a observar la rosácea punta oculta bajo la piel que la cubría.

- Suavemente. –le recordó él.

Gretel asintió y con ambas manos fue bajándola, descubriendo la sensible punta que parecía palpitar frente a ella.

- Un poco más. –le guio.

Ella asintió y empujó del todo la fina tela del prepucio hasta debajo de la cabeza de pene.

La sonrisa en los labios femeninos se agrandó, en verdad era la primera vez que tocaba uno, que lo tenía tan cerca de su rostro y podía sentir su aroma. La chica no se contuvo y abrió la boca para capturar la punta del duro miembro y succionarla suavemente contra su paladar, logrando captar un gemido profundo del pelirrojo. Ella sintió una cálida sensación en su pecho, el poder que ejercía sobre él a pesar de ser ella quien estaba de rodillas entre sus piernas. Gretel volvió a succionar con más fuerza y usó sus manos para acariciar a lo largo el miembro endurecido. No solo era su curiosidad la que la empujaba a seguir, porque en realidad le gustaba escucharlo estremecerse de placer, disfrutaba de la cálida sensación en su boca y el sabor que se deslizaba sobre su lengua, la cual enroscaba y soltaba a su presa justo antes de volver a hundir su boca.

Pero quería más, necesitaba llevar esa experiencia mucho más lejos que un simple reconocimiento. Lo que necesitaba era darle tanto placer como él había hecho con ella unos minutos atrás. Pero a diferencia de Will, ella no tenía experiencia en ese tipo de… placentero tratamiento. La alemana buscó la mano del chico y la llevó hasta su propia nuca, haciendo que enterrara sus dedos entre su cabello rubio. La chica levantó su mirada para observarlo, aun capturando el miembro del chico y retiró su otra mano del tacto suave, dejando que sean solo sus labios, su ágil lengua y su profunda boca la que se interpusiera en placer que él podía conseguir.

- ¿…segura? –consultó Will, notando que pretendía ella.

La alemana sonrió de costado y abrió su boca más, demostrándole que estaba muy interesada en dejarlo llevar el control. Él no pudo contenerse ante la invitación, con su mano guio el rostro de la chica hasta que la hizo descender del todo por su miembro, robándole un jadeo fuerte cuando la punta de su miembro golpeó hasta el fondo.

- Gretel… -levantó sus caderas, sintiendo como ella succionaba y la punta de su miembro se apretaba en lo más profundo.

Él enredó sus dedos entorno a los cabellos femeninos y la alejó lo suficiente para volverla a bajar. Ambos mantenían contacto visual, estimulándose con lo que observaban, la chica disfrutaba el efecto que ejercía sobre él, mientras que Will se embriagaba por la escena de ver su miembro perderse en la boca femenina que parecía no agotarse a pesar de la velocidad que se incrementaba en cada hundimiento. La chica cerraba su agarre con sus suaves labios y frotaba su lengua contra la sensible punta cuando atentaba con separarla, logrando con eso que volviera a empujarla hasta el fondo, deseando sentirla más.

El pelirrojo no se pudo contener y guio con más fuerza el ritmo que había entre ambos, tanto de la boca femenina como de sus caderas que parecían no darle tregua embistiéndola. Aun así, su prioridad era no lastimarla, pero por la mirada lujuriosa que alcanzaba a notar en la chica, las mejillas sonrojadas, la forma en que se había sentado sobre su rodilla y parecía ondularse sobre él con sus caderas y como gemía impúdicamente… Solo lo provocaba a ir con mayor velocidad.

- Me… gustaría… -admitió, dejándose llevar por la confianza y lo erótico que le resultaba la imagen de la salvaje chica, de poder decirle lo que deseaba.

Esa era la primera vez que sentía que podía ser sincero con lo que deseaba sin escandalizar a su amante de turno. Aunque por supuesto, en esa ocasión tenía a una venenosa mujer que conocía mejor que él sobre el cuerpo femenino. Ella sonrió, leyéndole el pensamiento y se separó, sentándose sobre sus talones. Will se arrodilló y comenzó a masturbarse cerca de los carmesí labios entreabiertos que parecían relamerse.

- ¿Segura…?

- Cumpliste mi fantasía… -admitió ella, sorprendiéndolo.

Pero era verdad, había tenido por años la curiosidad de cómo debía sentirse ser manipulada y guiada por la lujuria de un hombre, dominada por el mismo de la forma más básica. Y tenía que admitirse que había sido realmente erótico, aunque todo se lo debía a su cuidadoso compañero.

- Hora de cumplir la tuya. –ronroneó, relamiéndose los labios- Pero más te vale que todo quede adentro o te castigaré… -le advirtió, separando lentamente sus labios- pervertido americano. –susurró con un perfecto acento ruso.

El chico contuvo un jadeo y apresuró el movimiento, corriéndose rápidamente sobre la boca femenina. La imagen de la orgullosa rubia sacando suavemente su lengua, sintiendo el cálido semen deslizarse dentro de ella y estirándose para lamer su miembro hasta la última gota se le grabó en la mente a fuego vivo.

- ¿Para qué son los amigos –comentó ella, lamiendo sus dedos donde había capturado un poco del blanquecino líquido- si no es para tener libremente sexo? –él se rio mientras respiraba profundamente para recuperar el aliento- ¿Mejor de lo que imaginabas? Porque pareces alucinar.

Will asintió.

- El ruso fue un toque muy bueno. –halagó, notando como ella sonreía de costado.

- Tienes que ser franco ¿Lo hice bien? –consultó, lamiéndose los labios, esperando con emoción el análisis de su primera vez haciendo algo así.

- Excelente… -Will suspiró, acariciando el rostro femenino, aprovechando que ella seguía sentada, mucho más abajo de él.

- ¿Mejor que otras? –aventuró, brillándole la mirada con fuerza.

- ¿Tengo que decirlo…? –aunque le gustaba verla tan animada después de los últimos días.

- Por supuesto. Yo te dije que hiciste algo que nunca me habían hecho y me encantó ¿No?

- No… -le recordó pero sonrió, de lado, con el orgullo a punto de salírsele del pecho- Pero me alegra oírlo.

- Creí que los gritos los habías oído como obvios argumentos -y volvía a lamer su sensible miembro pero él se apartó de su boca.

- Dale un respiro, como a ti, después del placer todo se pone sensible unos segundos. –pidió, logrando que ella se riera con mejor humor.

- He tenido esta idea desde hace unos meses atrás… -comenzó Gretel, recostándose en la cama, lamiéndose los dedos, buscando rastro del sabor masculino.

La chica había escuchado la opinión de muchas chicas sobre el semen de los hombres, pero, aunque fuese la primera vez que lo probaba, no lo encontraba desagradable y tenía un aroma fácilmente conectable al más salvaje sexo. Tal vez solo se tratara de Will y no podía generalizar. Pero entonces estaría encantada de hacer cualquier acto pervertido que él deseara si al final iba a terminar oliendo tan bien, a Will.

- Muchos matrimonios son un infierno…

- ¿Me vas a pedir matrimonio? –consultó él, entre broma y sorpresa, ganándose que ella le lanzara un cojín en la cabeza.

- No… -masculló, estirándose en la cama, sus dedos comenzaron a recorrer su vientre, subiendo hasta sus delicados senos y volviendo a bajar, como una suave caricia sobre si misma- Muchas veces la gente se mantiene en matrimonios infelices por miedo a estar solos… y la idea del matrimonio por amor es relativamente nueva. La gente antes se casaba por sentido práctico, aprendían a amarse o a convivir juntos por costumbre, no por ideas de amor.

Él asintió, aunque su mirada seguía el descuidado recorrido de los largos dedos femeninos por la suave piel, Will tenía el deseo de inclinarse y seguir con su exploración…

Así que no pudo evitarlo, completamente desnudo, se recostó sobre ella, apoyándose sobre sus codos y lamió el ombligo femenino atento a las reacciones de su compañera, robándole una pequeña risa.

- Continua, te escucho. –le invitó el pelirrojo, haciendo suaves círculos con su lengua.

- Bien… -aceptó- Hasta el momento resulta que soy muy enamoradiza y me lanzo sin pensar. Lo que hace que duren poco mis relaciones… -arqueó la espalda cuando notó que la lengua del chico subía hasta ubicarse entre sus senos- Un mes… con suerte tres…

- Te lo he dicho, te ilusionas rápidamente. –comentó casualmente Will, subiendo sus manos para acunar los pequeños senos femeninos, apenas perceptibles y dejar que los rosáceos pezones se levantaran.

Ella también le observó con curiosidad, quería saber a través de los gestos del chico que opinaba de sus delicados atributos pero no podía leerlo del todo.

- Y tú eres un asco en cuestiones de amor, Will. –recalcó, mordiéndose el labio inferior.

- No exageres…

- Sin contar tu familia ¿A quién amas en esta vida? –preguntó ella, sabiendo la respuesta de antemano pero exactamente por eso ayudándose de la información para avanzar en su punto.

- A ti… -enmarcó una ceja, extrañado- ¿Qué tiene? Eres mi mejor amiga ¿Recuerdas? Soy tu espada y tu escudo –recitó el primer trato que había hecho con ella cuando Gretel había descubierto que le tenía el suficiente cariño para llamarlo amigo- y tú eres mi voz y mi elixir de vida. –comentó casual, sin darse cuenta que lo decía directamente sobre el pezón de la chica, logrando que este se endureciera con solo sentir el aliento del chico.

- En todo caso… -murmuró ella, ligeramente distraída por la cercanía que había entre ella y la boca masculina- Es bueno envejecer acompañado… y… No sé, tener un plan de respaldo. Creo que si cuando tengas unos treinta y cinco años no has encontrado a esa persona especial, podríamos casarnos. Nos iría mejor que a la mayoría de matrimonios. –él se enderezó suavemente, extrañado- Y los millones que ganaré podrías usarlos sin que el mundo pensara que pago por tus servicios. –sonrió de lado- Aunque técnicamente podría hacerlo. Te doy dinero y tú me das esto… -le lanzó una mirada logrando que el pelirrojo soltara una larga carcajada.

- ¿Hablas en serio? No, espera, más importante ¿Por qué treinta y cinco? –consultó, dejando a un lado el hecho de que ella planeaba tener sexo con él dentro del matrimonio.

- Por si quieres tener hijos. –comentó burlona, pero jadeó con fuerza cuando él le dio un ligero mordisco en la punta de su seno- Bien… por si quiero tener hijos, no quiero estar anciana cuando sean adolescentes. –rodó los ojos.

Su padre la había tenido ya entrado en años, lo cual había sido un gran problema cuando ella había querido jugar o hacer algo que requería mucha energía. Además, el Almirante ya estaba construido en una dura personalidad de estilo militar y no podía suavizarse, por lo que ella había tenido que endurecerse también para hablar el mismo idioma y entender las muestras de cariño que le daba su padre. Aunque le gustaba el resultado final, recordaba que le hubiese encantado poder jugar con su padre o que este no le diese una larga charla cuando ella creía que había monstruos bajo su cama.

A veces es mejor un héroe que la razón.

- ¿Quieres tener hijos? –preguntó sorprendido y Gretel casi se rio, porque se sentía como si hablara con su prometido sobre un delicado tema, en lugar de con su mejor amigo.

- Dicen que los hijos es la muestra narcisista completa, extender tu persona a través de un nuevo ser. Posiblemente sea verdad, porque estoy segura que podría tener hijos mucho más listos y aptos que los de otras personas. –comentó casualmente- Y alguien deberá cuidar a los hijos de Helga cuando los tenga, porque ella si los va a tener. –admitió, más para sí, recordando que había calculado criar dos hijos para que estos cuidasen a la descendencia de su prima- ¿Qué dices?

- En realidad… -susurró el chico, pensándolo seriamente- Podría ser… Después de todo, con o sin casarnos planeo cuidarte. Alguien debe vigilar que no te pierdas cuando seas mayor y tu prima ya tenga su propia familia ¿No? Una salida a la tienda y podrías terminar en Venezuela. –ella le sacó la lengua ligeramente- Lo que me recuerda… -comentó casualmente, dándole una larga lamida al pezón de la chica- podrías hacerte un piercing aquí, de esos que dejan solo dos bolitas de metan a los costados de la punta del pezón, lucirían muy bien en ti. –atrapó con su boca la sensible zona y succionó, logrando que la chica gimiera de manera alta y tratara de empujarlo.

Aun así, él no lo hizo y siguió estimulándola, rozando con sus dientes, escuchando como ella comenzaba a gemir con más fuerza y sus caderas volvían a moverse contra él, de manera insinuante.

- Will… -rogó, logrando separarlo del todo- Yo… -insistió, levantando su cadera contra él, rozándose contra la erección del chico.

El chico sonrió, guardándose para sí la información de que Gretel era muy sensible en sus senos, simplemente sonrió de lado y asintió, buscó con su mano un par de cojines y los puso bajo las caderas femeninas, logrando así que estas estuvieran más levantadas que el resto de su cuerpo.

- Así estarás más cómoda. Necesito que te quedes boca abajo, a gatas. –le pidió, ella abrió los ojos sorprendida pero asintió, moviéndose para adquirir la posición, con sus piernas suavemente flexionadas y su torso sobre la cama, él se posicionó atrás de ella y rozó con su miembro entre las nalgas de la chica, sintiendo la sedosa tela de las bragas femeninas acariciarlo- ¿Sabes por qué estás así? –preguntó, bajando la punta de su pene hasta presionarlo sobre los hinchados labios vaginales, estimulándola sobre la tela.

- ¿Por qué eres un pervertido? –preguntó casualmente, observándolo sobre su hombro.

El pelirrojo se inclinó ligeramente, hasta recostarse del todo sobre ella, atrapó entre sus dientes la oreja femenina y respiró hondo, creando un movimiento ascendente y descendente contra el sexo femenino, logrando que la chica gimiera de anticipación.

- Tus senos son deliciosos, Gretel. –confesó, sintiendo aún la suave piel contra su boca y el aroma femenino rodeándolo a pesar que solo fuese un recuerdo- Pero son una gran distracción. –ella se estremeció suavemente y cerró sus dedos contra las sábanas, presionando voluntariamente sus caderas contra las de él.

Will gruñó contra ella y en un brusco movimiento tomó de las caderas a la chica y jaló las bragas hacia los costados hasta romper la tela, liberándola del todo. La sostuvo así y guio su miembro contra la entrada femenina, con sus manos separó el trasero de la chica, logrando obtener mayor espacio y se introdujo dentro de ella a un solo ritmo, pasando directamente hasta el fondo, sintiendo solo por un segundo una barrera que pareció desaparecer. Atento, escuchó a la chica pero esta solo gimió profundamente y envió sus caderas hacia atrás, reconociendo la cálida sensación y húmeda interacción que se produjo entre ambos.

- ¿Estas bien? –le preguntó contra su cuello, conteniendo el impulso de moverse.

- Absolutamente… -ella también se escuchaba sorprendida- Se siente bien…. Muy bien… –ronroneó, apretando sus caderas a él, invitándolo a moverse.

Will no necesitó más para comenzar a penetrarla profundamente, estimulándose por los gemidos femeninos que sonaban cada vez con mayor fuerza. El chico la agarró de las caderas para guiarse a sí mismo. Sin contenerse por un momento, movió sus caderas hacia abajo, buscando estimularla y cuando escuchó el gritó de placer, supo que había llegado al punto que deseaba. No apartó su trayectoria, pero comenzó a penetrarla con más fuerza, sintiendo como ella misma seguía el ritmo, buscándolo.

- Oh… esto… -gimió ella, mordiendo las sábanas para no dejar escapar gritos más fuertes- Oh…

Will podía sentir como el sexo femenino se contraía entorno a él, descontrolándolo de placer, comenzó a gemir con mayor fuerza, gruñendo entre dientes cuando ella empujaba hacia atrás sus caderas justo cuando él entraba del todo. Él besó su cuello con profundo placer, Gretel gemía deliciosamente, disfrutando de la sensación inesperada y placentera que él le brindaba.

Aunque la alemana se jactaba de conocer su cuerpo, era completamente nueva la sensación dentro de ella y ese estímulo líquido y cálido que florecía en cada embestida. El pelirrojo sabía lo que estaba haciendo y no paraba de moverse directamente contra ella, guiándose con mayor fuerza, logrando que la cama sonara bajo ellos cuando el dosel golpeaba la pared.

- Will… -gimió, el chico incrementó su movimiento, haciéndola jadear con más gusto.

Gretel podía sentirlo de una manera que no hubiese imaginado que podría. Sí, eso quería, que fuese más rápido, que la estimulara con más fuerza. No sabía lo que podía ocurrirle después, pero únicamente deseaba que continuara. El pelirrojo se detuvo de golpe y antes de que ella pudiese protestar la tomó de las caderas y alejándose lo suficiente la hizo girar quedando boca arriba. Él tomó los muslos femeninos y los guio para que se cerraran entorno a su cintura, ella así lo hizo y volvió a gemir con placer, descubriendo una nueva sensación en esa posición. Él comenzó a moverse una vez más con fuerza, inclinándose para capturar uno de los delicados pezones femeninos y succionándolo con descaro, hundiéndose contra su pecho para disfrutar con todo gusto de su delicado pecho.

Gretel gritó de gusto y arqueó la espalda, admitiendo que era completamente diferente que hacerlo con una chica, aunque tampoco podía comprar ambas cosas. Muy dentro de ella se alegraba de haber comenzado con ese método anticonceptivo que le habían puesto en su brazo, la pequeña cirugía había valido la pena, más ahora que podía sentir su premio entrando en ella y llevándola a un límite que no conocía, haciéndole ver que faltaba mucho para conocer los límites de su cuerpo, poniéndola ansiosa de deseo de conocer qué más podía hacer.

No importaba que se lo hubiese puesto por Wolfgang. Para ella era lo de menos.

No tuvo como avisarle, simplemente levantó más sus caderas, sintiendo como en cada embestida él estimulaba su clítoris sin darse cuenta y el conjunto completo la llevó al orgasmo con fuerza, haciéndola gritar y cerrando sus piernas entorno a la cintura masculina. Will escuchó la victoria completa y la penetró con mucha más fuerza, alargando el placer femenino hasta que se dejó llevar por su propio orgasmo, gimiendo contra el cuello de Gretel, dando un par de estocadas más hasta caer sobre ella, agitado.

- Oh… -la chica cubrió su rostro con su mano, sonriendo con placer.

Estaba orgullosa de su decisión, de lo que había ocurrido. Nadie hubiese hecho mejor ese momento que él. Lo observó a través de sus dedos, él también sonreía, posiblemente por el triunfo que había reclamado sobre ella.

- Oh… necesitaba esto. Muchísimo. –juró, acurrucándose en la cama, frotando su cadera contra él, creando un ligero estímulo que la hizo estremecer.

- Ahí estas.

Ella abrió los ojos, extrañada por el comentario de Will.

- Llevaba días buscándote. –la tomó del rostro y besó suavemente sus labios, en la intimidad de ese momento- Pero aquí estás ¿Quién diría que debía caer al infierno más placentero para hallarte? Y al mismo tiempo…. ¿No tiene completo sentido eso que fuese así?

Ella rio contra sus labios, pues el chico tenía razón, se había perdido ante la depresión, sin querer admitirse que tenía un mundo de posibilidades. Will había tenido que llevar ese mundo a ella y literalmente lo había tenido que meter dentro de su cuerpo para recordarle quien era: Una cazadora, una amante de la vida, una descarada Diosa y poderosa guerrera.

- Eres el mejor. –estaba agradecida con él, lo sintió retirarse y su voz se quebró ligeramente, inmediatamente entre sus piernas corrió un frío líquido que la estremeció- Oh… mis sábanas… -maldijo, logrando que él riera a buen agrado, disfrutando de la escena de ver como el sonrojado sexo femenino mostraba únicamente señales de haber sido poseído por él.

- En realidad tus cojines. –ella se cubrió el rostro, recordándose pedir al servicio de limpieza que cambiara todo- ¿Me prestas la ducha?

La rubia asintió, moviendo su mano con desgano en dirección a él, este capturó su palma y ella entreabrió la mirada a tiempo que notaba como le besaba los nudillos, sonriéndole. Gretel volvió a cerrar los ojos, reconociendo a su amigo en ese gesto, lo sintió moverse y se retiró las manos, mirándolo entrar al cuarto de baño. Lentamente se sentó, curiosa, su mirada azulada buscó alguna mancha rojiza pero no encontró ninguna. La chica había leído de casos así, en donde la fuerte excitación y estímulo podía romper el himen sin sangrado ni dolor.

Obviamente tenía suerte.

- O…. un buen amante. –le agradecía mentalmente a la antigua maestra de Will en el arte del sexo, porque aunque fuese una tonta y descerebrada, le había educado bien.

La chica se estiró con gusto pero su cuerpo le recordó que en realidad podía resistir más de ese nuevo descubrimiento placentero. La alemana se mordió el labio inferior, satisfecha con lo obtenido y diciéndose que no era de vírgenes lanzarse así, directo a un hombre que acaba de llevarse uno de sus premios más grandes.

- Oh… ¿A quién engaño? –se enderezó en la cama y desnuda salió de la misma, abrió las cortinas de su habitación, una a una, sintiendo el sol del atardecer golpear directamente sobre ella y ágilmente se movió hacia la puerta del baño, escuchó el grifo abierto y atentamente esperó al ruido del agua golpeando el cuerpo masculino. Casi pudo ronronear, mientras se escabullía dentro del baño.

La noche era larga y ella tenía mucho tiempo que recuperar.

¡Saludos Manada! Lamento la demora, en serio. Después de sus votaciones y que escogieron a "Rojo y Negro" estuve muy feliz, pero mi computadora se dañó y tardé mucho en arreglarla. Realmente lo lamento. Pero volvemos a las publicaciones regulares.

Gretel en la historia menciona que para ella, el hecho de casarse era algo más bien de negocios o táctico, por lo que ella considera que Will es un buen compañero para esta posición. Ambos se conocen bien, tendrían pocas peleas que los distrajeran del trabajo, entenderían los gustos de ambos, él le permitiría manejar las finanzas y tienen una muy buena química. Para Gretel el amor también se da con la convivencia, así que si se le suma al buen sexo, ella está segura que funcionará un matrimonio entre los dos, es lógico, económico (y no solo por cuestiones de dinero sino de energía) y próspero. Por otro lado, Will está en una etapa de adolescencia normal, que no piensa en relaciones de cuentos de hadas; lo normal, él ve la juventud para divertirse y disfrutar, así que le cuesta hacer planes de su vida en matrimonio con alguien, con quien fuese. Con todo, él ya tenía planteada la seria idea de que pasara lo que pasara, él cuidaría de Gretel cuando fuesen mayores, dado que sabe lo propensa que era a perderse, lo poco que sabe de las tareas de la casa y que cuando está trabajando hasta se olvida de comer, por lo que ya había planeado que lo mejor sería que en la época universitaria y para adelante viviesen juntos. El hecho que Gretel le pida matrimonio en esos términos le parece un medio más fácil para cuidarla. Aunque él aún tiene esperanzas de que su amiga encuentre el amor y pueda formar un lazo perdurable con alguien.

¡Búsqueda! Así es, estoy buscando sugerencias para sumar a las "Reglas de la Manada" ¿Qué frases o ideas creen que sean las mejores? ¿Qué les sugiere que deberíamos unir para nuestra alocada manada y sus curiosas reglas?

Reglas de la Manada: Aunque te lleves por el instinto, la sabiduría es la mejor consejera. No está de más prevenir, aprender y corregir que simplemente lamentar y repetir las desdichas.

¡Nos leemos!

Nocturna4