¡Hola, hola! Subí el capítulo con... ¿dos días de anticipación? Qué va, me ha gustado mucho escribir esta historia. Muchísimas gracias por sus RR del capítulo pasado, he pasado a responder cada uno, o he intentado, pero rayos, Fanfiction no me carga nada bien ): Así que:

Coffee and Milk, Princesa De Rosa, Nya's, mimatoxlove, Rolling Girl, RossMary. ¡Muchísimas gracias por sus comentarios chicas! Me han encantado, me animan a seguir escribiendo :')

Disclaimer: Digimon NO es de mi propiedad. Historia hecha sin fines lucrativos, es decir, jamás tendré dinero extra (;_;).

Aclaraciones: Universo Alterno.


Fruto Prohibido.

~o~

Capítulo dos: Él no es.

Matt se tapó la cara con ambas manos. Estaba recostado hace más de una hora y aún no podía conciliar el sueño. El silencio en el departamento era inminente. La cena había sido agradable, o al menos, eso sintió. La familia Tachikawa era una caja de sorpresas. La madre era la mujer más feliz que pudo haber conocido y deseó ver a su mamá con aquella sonrisa tan enriquecedora. El papá, por otro lado, era el trabajador y el que traía el dinero a casa, también era muy amable y se notaba a leguas el cariño que sentía hacia su mujer y su hija.

Su hija.

La niña de la familia. La única hija y, por ende, la bebé del departamento. Poco había compartido con ella, mas era muy fácil leer su carácter: mimada, caprichosa y no dudaba que fuese sensible y llorona. Y además de todo eso, era enojona. Se le notaba. ¡Menos mal que no tenía una pequeña hermana! Ya veía que era el mismísimo diablillo.

—Me pregunto qué estará haciendo mi hermano… —dijo. Sonrío al recordarle. No quería dejar a Takeru solo, más cuando sabía que su madre se dedicaba cien por ciento al trabajo y el padre… para qué hablar de él, quien los dejó a temprana edad. TK, como solían llamarle todos, estudiaba y era un destacado basquetbolista en el instituto.

El rubio dio media vuelta, dejando totalmente de lado los recuerdos nostálgicos de su familia y cerró los ojos con la única intención de dormir. Su día siguiente era pesado, tenía que ir a la Universidad a hacer trámites, revisar su horario, ver las materias y miles de cosas más.

La mañana llegó a la ciudad de Los Angeles, y con ello:

—¡Mamá! —un grito despertó a Matt. Abrió los ojos rápidamente y se sentó asustado. ¿Qué rayos había sido eso? Miró el reloj de reojo. 6.45 AM.

—Es demasiado temprano —susurró. Él tenía estipulado levantarse a las 8.00 AM, total, tenía toda la mañana para poder hacer los trámites en la Universidad.

—¡Mamá! —volvió a sentir el chillido. Ahora, con sus sentidos más despiertos, reconoció la vocecilla: Mimi Tachikawa. La loca estaba gritando a las seis de la mañana, como si sólo ella viviera en el departamento y prácticamente, en el edificio. Así podía despertar hasta a las personas del primer piso. El rubio suspiró. No iba a poder conciliar más el sueño.

Se levantó, estiró sus brazos, bostezó todo lo que tenía que bostezar y comenzó a caminar hacia el ropero. Sacó su toalla y dio paso hacia la puerta.

Salió de su habitación y se encontró con nadie…

—¡Mamá! ¿Podrías traerme la toalla por favor? —un grito se hizo presente nuevamente en el salón. Matt dirigió la vista hacia la habitación de la feliz pareja, mas nadie salía. No sabía cuánto rato llevaba la chica gritando, y, para aminorar los chillidos decidió "ayudarla". Tocó la puerta tres veces, cuatro veces, cinco veces.

Nadie.

Giró la perilla y abrió lentamente la puerta, se sentía como un completo intruso, espiando en un cuarto el cual es de suma intimidad. Asomó la cabeza y divisó una cama hecha. Nadie estaba ahí. ¿Habían salido tan temprano? Cerró la puerta y se dirigió hacia el salón, la chica seguía gritando cada vez más irritada y cada tanto mencionaba cosas como: ¡Me han dejado sola! Y unos sollozos tras de eso.

—¡Se supone que iría con ellos de compra! —unos cuantos golpes se escucharon dentro del baño. Mimi gritó un gran "auch", tras luego maldecir al jabón —¿Ahora cómo iré a la Universidad? ¡No tengo ropa!

Matt chasqueó la lengua. Se frotó los ojos con ambas manos para despabilarse mucho más. Suspiró ante los comentarios caprichosos de la chica. Se paró en el comienzo del pasillo, apoyándose en la pared, esperando a la chica saliera de ahí.

—¡Necesito una toalla! Aló, fantasma, lindo fantasma, ¿podrías traerme la toalla? Vamos, sé amable y te daré de comer, lo prometo.

Loca. Pensó el rubio. Completamente loca. ¿Cómo era posible que la chica le hablara a un fantasma? Peor aún, ¿cómo rayos ella creía en ellos? Se notaba que era una niña, nada más que eso. Y que le faltaba bastante por madurar. Matt no dudaba de aquello.

Cruzó sus brazos, apretando su toalla consigo. Miró a los alrededores y no vio ninguna toalla rosa, porque concluyó que la toalla de la chica era rosa.

Escuchó el sonido que hacía la cortina del baño al momento de correrla hacia un lado. Tras esto, unos quejidos de Mimi cada dos segundos.

La perilla giró de a poco, la puerta rechinó y abrió de a poco. Matt divisó una cabellera castaña saliendo de ella, y tras eso, el rostro de la chica, quien se asomó hacia el otro lado del pasillo. Totalmente opuesto a él.

Y Mimi salió por completo del baño.

Matt se atragantó.

Mimi lo miró. Y gritó.

—¡¿Qué rayos crees que haces pervertido? —chilló mucho más fuerte, tirándose como comando hacia el baño nuevamente. Se dio un porrazo contra la baldosa, mas el golpe y el dolor no le importaban. Con el brazo cerró la puerta fuertemente. Su rostro estaba enrojecido, pero más que la vergüenza, la rabia la invadió. ¿Quién se creía él?

Mimi se paró como pudo de la baldosa, se apegó a la puerta y comenzó a gritar:

—¡Cómo se te ocurre hacer algo así, pervertido! —golpeó con su mano la puerta. Nadie jamás la había visto desnuda. Y él no tenía porqué hacerlo.

—¡No me llames pervertido! —se defendió el chico, quien se acercó un tanto a la puerta del baño— Yo no soy el que anda saliendo desnudo por la vida —señaló.

Mimi gruñó.

—Pásame tu toalla, ahora —mandó. Su ceño estaba fruncido a más no poder. Le iba a hacer cara.

—Con ella me seco —le contestó.

—¡Pásamela ahora! ¿O quieres que le cuente a mis padres que me has estado espiando en el baño? Dile adiós a tu sueño de ser médico entonces.

El rubio suspiró. Esa chica era odiosa. Para empezar él no tenía la culpa de haberla visto en paños menores, claro que no. Ella había sido la liberal que salía sin cubrirse con nada. Sí, sabía que la chica pedía a gritos una toalla, pero ¿cómo era posible que no tuvieran ninguna, aunque fuese una pequeña? ¡No es baño si no hay toallas!

—Está bien —terminó por aceptar. Si no le pasaba su toalla la chica se iba a quedar hasta quién sabe cuándo encerrada en el baño. Y él tenía que limpiarse y luego salir.

—Bien —respondió Mimi. Algo insegura tomó la perilla de la puerta. No sabía si abrir o no. En detalle, estaba muy asustada. No sabía si el chico se le tiraría como animal en celo, o simplemente le pasaría la toalla. No lo conocía, y si él se atrevió a verla desnuda, no dudaba en que se tiraría como un mono. Mordió su labio inferior. Tal vez era una mejor opción esperar a sus padres.

—La toalla no traspasará la puerta, niña —habló Matt. Tenía la mano tendida con la famosa toalla hacia la puerta, y ella no abría.

—No me digas niña, soy toda una mujer —Mimi suspiró. No podía verse indefensa ante él. Sacando todas sus fuerzas, abrió un poco la puerta, tapando su cuerpo completamente, divisó la mano con la toalla y la arrebató.

Una vez envuelta en ella, salió del baño hecha una furia.

—¡Y bien, pervertido! ¿Qué tienes para defenderte? Que me hayas pasado la toalla no significa que no te acusaré con mis padres —amenazó antes de tiempo. Cualquier cosa que el rubio se atreviese a hacer, ya no podía hacerlo, pues estaba advertido.

Matt arqueó una ceja. ¿Estaba hablando en serio? ¡Él la había ayudado! Qué chica más irritante.

—Te ayudé Mimi Tachikawa, no es mi culpa que seas una paranoica y además, olvidadiza. ¿Qué clase de mujer eres? —pausó. Vio cómo Mimi arrugaba más su rostro. Era divertido verla así, era una chica de múltiples caras. —¿No que todas las mujeres procuran llevar sus neceseres al baño? Te recuerdo que la toalla es lo esencial.

Mimi apretó la toalla pegada a su cuerpo, como abrazándose ella misma.

—A cualquiera se le olvida…

—No, sólo a Mimi Tachikawa —interrumpió el de ojos azules. Sus orbes brillaron ante el gesto que Mimi atinó a hacer: dio media vuelta, refutando, hacia su habitación.

—En qué me he metido… —terminó por decir. ¿Ahora con qué se secaría él? Se dirigió hacia su nueva habitación. Sacó la maleta que, su madre le pidió que llevara, para ver qué había dentro de ella. No sabía cuánto se tardaría la chica vistiéndose, arreglándose, y decirse que era estupendamente bella frente al espejo; así que no le quedaba más que esperar y que le entregase su toalla. Revolvió algunas cosas de la maleta: cepillos de dientes, varios, de diversos colores. Pastas dentales, shampoo's , algunas cremas, perfumes, y por muy debajo de todas esa cosas, encontró una toalla.

Matt sonrió. Su madre había insistido en que llevase esa pequeña maleta, él no quería: "es un peso más, mamá"; le respondió. Mas, ante la mirada suspicaz de ella, no pudo decirle que no. Las madres sabían todo, y él estaba seguro que su madre sabía mucho más que eso. Cada vez lo sorprendía más.

"Es instinto maternal" Solía decirle cada vez que lo pillaba en algo. Desde pequeño su madre intuía cada una de sus acciones y sentimientos. Siempre sabía cuando le iba a faltar algo, o cuando necesitaba de ayuda. Admiraba más que nunca a su mamá. La mujer que le dio la vida y la que luchó por mantenerlo, a él y a su hermano. Y ahora, le tocaba a él luchar por ella.

—Saldremos de ésta mamá.

Mimi se quedó mirándolo en silencio, apoyada en el marco de la puerta. Quiso tocar, mas la escena detuvo todas sus intenciones. Llevaba consigo la toalla del chico. Matt estaba de espaldas hacia la puerta, sin percatarse de la presencia de la chica. Quedó inmóvil viendo las cosas que su madre había empacado para él. Para Mimi no tenía sentido, pero, las últimas palabras del rubio la ayudaron a comprender algo. ¿Qué pasaba con su mamá? Alejó sus pensamientos, creyendo que no era de su incumbencia, al fin y al cabo ella no era unida a esa familia…

La castaña decidió romper con el incómodo escenario. Tocó la puerta tres veces, y se alejó un tanto del marco de la misma. No quería que el chico se enterara que ella llevaba un buen rato viéndolo.

Matt dio media vuelta. Torció sus labios.

—Cuánto rato llevas ahí —¿era una pregunta o una afirmación? Mimi se lo preguntó. Más bien, parecía una orden el cual ella debía "acatar", es decir, contestarle sin excusas.

—Acabo de llegar, toqué recién, ¿no crees? —le respondió de inmediato. Claro que no le iba a decir que se le quedó viendo cual niña embobada. El sereno rostro de Matt se limitó apenas a hacer una afirmación. Mimi suspiró. Ese chico era algo imposible de tratar.

Sabía bien que ella no lo había tratado bien del principio, pero es que tampoco era como si él se hubiese comportado un siete. Ninguno de los estaba dispuesto a ceder, y Mimi lo entendía a la perfección.

"Pero si vamos a vivir juntos, debemos al menos, tener una buena relación. Quizá no estrecha, pero algo que se pueda llevar" Concluyó la chica, luego de toda la parafernalia que se armó por lo del baño.

—Bien, puedes darme la toalla —estiró su mano hacia ella. Mimi depositó la blanca toalla en su mano. Decidió que era momento de arreglar un poco las cosas.

—¿Tienes que ir a hacer trámites a la Universidad, no? —dibujó una leve sonrisa al preguntarle. Así él se podía enterar que no hacía más que tratar de ser amigable.

Matt dudó un poco, su rostro mostró una clara duda al arquear una ceja.

—Sí —le contestó. Mimi emitió un "Hmmmp", y se quedó allí parada. El rubio entendió el gesto a la perfección, y siguió: —¿Por qué? —años viviendo con su madre le habían enseñado las señas de las chicas.

Mimi amplió su sonrisa mucho más. Las cosas iban viento en popa.

—Podría ser tu guía, verás, yo iré a la misma Universidad. Y también debo hacer unos trámites, en realidad los iba a hacer en la tarde porque se suponía que iría con mis padres al Mercado, pero ellos se fueron sin mí —pausó. Entró a la habitación bajo la mirada confundida de Matt. ¿Cuándo él le había dado esa confianza? —Esta habitación necesita luz, las cortinas se pueden abrir, niño —jugó un poco al final. Él ya la había llamado "niña", y ahora ella le devolvía la mano, pero amablemente. —La chica abrió de un golpe las cortinas azules, dejando entrar los rayos del sol.

Mimi dio media vuelta y salió de la habitación del rubio, tarareando una canción. Él no le dijo nada. Sólo suspiró. Tal vez no era mala idea llevarse 'bien' —dentro de lo que cabía—con la chica. Siguió su camino y entró al baño. Sería una larga mañana.

~o~

—¡Ésta es la Universidad SEC! —mencionó con alegría abriendo sus brazos frente a las grandes puertas del establecimiento. —¡Te encantará, es la mejor Universidad en todo el sentido de la palabra! —dijo con orgullo.

Matt la miró un tanto incómodo. Los universitarios que salían y que entraban a la sede les miraban cada tantos segundos. Él dedujo que era por la pose que la chica aún mantenía tras unos largos segundos.

—¿Ya entraste a la Universidad? No me digas que eres más vieja que yo, Mimi Tachikawa —una sonrisa torcida apareció en su rostro. Le gustaba los colores que tomaba la chica cada vez que hacía un comentario fuera de lugar, le gustaba verla enojada. Era divertido.

—Ja, ja, ja —pronunció con sarcasmo Mimi, bajando los brazos. Se sacó los lentes de sol, y lo miró: —No. Lo que sucede, Yamato Ishida, es que yo entré hace un semestre a estudiar aquí por una beca que tiene la Universidad. Estudio Música y Teatro, que sepas —respondió orgullosa.

—Eso no quita que seas mayor que yo

Mimi gruñó.

—No lo soy, quizá por unos meses, pero no lo soy. Voy adelantada porque la Universidad me ofreció la beca y ya está. No necesitaba de base mis notas.

—¡Vaya! Así que no estudias nada de nada… —comenzó a caminar hacia las grandes puertas del recinto, entrando en él.

—¡Hey! —lo siguió —Claro que sí me pasan materia como a todos, sólo que en menor cantidad. Seré una gran actriz y cantante, después me verás en los escenarios más grandes, Yamato Ishida —adelantó camino, dejándolo atrás. La chica estaba claramente enojada, ¿quién se creía él? Tan prepotente, como si estuviese siempre con el ego por delante. No tenía porqué despreciar su carrera, ella amaba lo que hacía y él no tenía porqué venir y cuestionarla.

Detuvo su andar. Miró hacia atrás y le gritó: ¡Arréglatelas como puedas para ubicarte en la U y para regresar a casa!

Y furiosa, partió nuevamente bajo la mirada de la masa de personas que estaban allí.

Matt resopló. ¿Quién necesitaba de su ayuda? Para empezar él nunca la pidió, ella se ofreció. Dobló hacia la derecha, alejándose completamente de ella.

~o~

—¡Lo odio! —anunció, tomando su cabello para poder amarrarlo en una cola hacia atrás —¡Lo odio, no sabes cuánto Sora!

Su amiga, Sora Takenouchi simplemente la miraba. Mimi hablaba con el reflejo de su figura en el espejo y seguía repitiendo una y otra vez que lo odiaba. Ella sólo se dedicaba a mirarla, no tenía sentido interrumpirla, pues seguiría diciendo que lo odiaba. Esperó a que callase.

—No sé porqué le das tanta importancia al chico Mimi —le respondió su amiga— De seguro él sólo viene a estudiar y a nada más. No creo que te arruine la vida, no seas dramática.

—¡¿Yo dramática? —dijo alterada— Él es un aprovechado Sora, viene por hospedaje y nada más. Jamás su familia se ha hecho presente cuando nosotros hemos pasado por crisis; no es justo que mis padres carguen con él.

—¿No paga nada por el hospedaje?

—Sí, pero lo mínimo amiga. Lo mínimo, y sabes que mi padre se rompe el lomo trabajando. Además… debemos compartir baños, ¡por Zeus! —chilló. La pelirroja río. Sabía que no sólo era por la situación de sus padres, si no también por algo de comodidad por ella. Mimi nunca cambiaría.

—Ya Mimi, sólo es un baño, pero tranquila…

—¡Hoy! —gritó interrumpiéndola. Sora bufó. Qué rayos, no se podía hablar con su amiga cuando ésta estaba llena de rabia y enojo. —Me vio desnuda, ¿puedes creerlo?

La aludida se sorprendió. ¿Era cierto lo que estaba diciendo? Mimi era una chica totalmente pura. Para ella su cuerpo era sagrado, no por cómo se veía, si era flaca o gorda; sino por el sentimiento que ésta traía. La mala experiencia de haber sido tocada por un hombre, la atormentaba, su pasado la atormentaba. Y desde entonces, cuidaba como nunca su cuerpo, creando un caparazón.

Sora la miró apenada.

—No me mires así —la castaña desvió su mirada.

—Lo siento Mimi —se disculpó— No le tomes importancia, es tu primo y tienes que aprender a convivir con él. Así que, querida amiga —se acercó hacia ella, tomándole el hombro y mirándola a través del espejo— Comienza a buscar un diccionario, aprende qué significa 'paciencia', ármate de valor, y comienza a hacer uso de ella.

—No puedo tener paciencia con alguien que es completamente frío —infló sus mejillas— ¡Es totalmente inexpresivo! No tiene una fibra sensible, no sonríe a menos que diga un sarcasmo, no conoce otro idioma que no sea ironía. ¡Es completamente opuesto a mí!

Sora suspiró. Sería una mañana larga tanto para ella.

~o~

Matt firmó el papel. El hombre frente a sus ojos, quien estaba detrás del escritorio, le sonrió amablemente. Tomó el papel y terminó por decir: Bienvenido joven.

El rubio sintió sus hombros más livianos. Tenía miedo, debía admitirlo. ¿Qué iba a hacer si no lo recibían en la Universidad? Él necesitaba esa beca, necesitaba entrar a estudiar. Y ahora, por fin estaba todo concretado.

Yamato salió de la oficina contento, son una leve sonrisa adornando su rostro. Lo habían alabado por las buenas notas obtenidas en el instituto, así que todo marchaba a la perfección. Ahora sólo un problema lo aquejaba: Mimi Tachikawa lo había dejado solo.

¿Cómo se iba a regresar a casa ahora? Sabía qué transporte tomar, claro estaba, pero no sabía la dirección ni nada por el estilo. Se sentó en una banca a las afueras de la gran Universidad, esperando a que saliera la irresponsable chica. Tendría que esperarla, así ella se demorase más de cuatro horas allí adentro, él debía esperar si no quería perderse en esa ciudad.

Divisó una cabina telefónica no muy lejos de donde se encontraba. Quería llamar…

—¿Aló, diga? —contestaron del otro lado. Matt sonrió notoriamente al escuchar la voz de su querido hermano Takeru. Había sido difícil separarse de él, y no sólo de él, si no también de su madre.

—¡Hola hermanito! —saludó alegremente. Escuchó cómo TK hacía una especie de gruñido de felicidad al saber que era él quien llamaba.

—¡¿Cómo va todo por allá? ¿Es linda la ciudad? ¿Ya te has encontrado novia? ¿Cómo es el clima? ¿Qué tal tus clases?

El rubio soltó una carcajada ante las preguntas hechas por su hermano. Nunca cambiaría, aún así él estuviese lejos. Takeru no paraba de hacer preguntas, se le notaba más que emocionado. En un momento, Matt pensó que su hermanito jamás lo perdonaría si él se iba lejos, puesto que si situación no era la mejor. La gran sorpresa fue cuando él, se lo tomó de la manera más madura posible y lo apoyó en todo. Inclusive, lo incitó a llevar a cabo todo el plan. Sin duda, Yamato estaba agradecido por todo ese apoyo que recibió por parte de ambos: TK y su madre.

—Ya basta TK, recién llevo un día aquí y ya crees que me he ligado a cien chicas —bromeó. Sintió la sonora risa de su hermano pequeño del otro lado de la línea. —No te rías, no es gracioso.

—Ya va —tomó aire— Es que debes admitir que todas las chicas caen rendidas ante ti; ahora que tú no les des bola es otro asunto. De verdad me estoy replanteando la idea de que eres gay Matt —volvió a soltar una gran carcajada. Matt frunció el ceño. TK tenía la manía de bromear con eso cada vez que podía. Si hubiese estado ahí, con él; hubiese actuado de otra forma, claro está, golpeándolo. Pero esta vez no hizo más que reír. Lo necesitaba en ese momento.

—¿Sabes? —prosiguió su hermano— Me enteré que mandaron a algunos estudiantes del instituto por una beca a tu Universidad.

—Claro, si nuestro instituto tiene un convenio con ésta, ¿no sabías? —le preguntó. Miró por el rabillo del ojo a ver si la castaña hacia acto de presencia, mas nada ocurrió. Devolvió la vista hacia el marcador de minutos del teléfono.

—No sabía que tenía convenio para los deportistas. Han mandado como a cuatro alumnos destacados en fútbol, estoy pensando en…

—Hermano, lo siento, quedan muy pocos minutos. Luego me cuentas —cortó el mensaje de TK— ¿Está mamá por ahí?

—Eh, no, no se encuentra —respondió de inmediato— Es que te quería contar que a lo mejor yo…

—Takeru, hablamos luego, se me van los minutos. Lo siento, te llamo en cuanto cargue mi celular. Te quiero, dale mis saludos a mamá. Cuídate.

Colgó el teléfono. Sabía perfectamente a lo que iba Takeru. Él simplemente no lo iba a permitir, por muy egoísta que sonase… No iba a dejar que TK se fuese del lado de su madre, sólo para seguirle la pista a él. ¡No! Estaba completamente fuera de sus planes. ¿Cómo iba a dejar a su madre sola? ¡Estaba loco! Él tenía que velar por el bien de ella ahora, si él sacrificó casi todo por ella, él debía hacer lo mismo. Le llegaba como patada en los testículos cada vez que TK intentaba desligarse de su mamá. Lo quería, y mucho, pues era su hermano; pero eso no lo soportaba. TK se quedaría con ella, quisiese o no.

Volvió a sentarse a la banca, mirando de frente las grandes puertas de la Uni. Suspiró… ¿de verdad ella tardaría tanto? No quería entrar a buscarla, el establecimiento era muy grande, y no tenía ni idea en qué parte de aquél lugar estaba la facultad de… ¿teatro? Ni sabía cómo se llamaba su facultad.

Tiró la cabeza hacia atrás, apoyando sus brazos en el respaldar dela banca. Cerró los ojos y dejó que la brisa moviera sus cabellos rubios. Quería dormir, tenía mucho sueño. Había costado que conciliara el sueño y una ridícula lo había despertado con sus chillidos. Además de pasar, claramente, por la pequeña discusión que tuvo con la chica. Le dolía la cabeza, quería dormir y quería que las tres semanas largas pasaran rápido.

Tres semanas…

No pensó que sería tanto. En tres semanas comenzarían sus clases formales. ¿Para qué se había ido tan luego? Pensó, que las clases comenzaban de una, se matriculaba, firmaba los papeles y ya. Pero no, sólo era para matricularse, tomar las materias y le quedaban tres semanas para descansar. ¿Qué se suponía que haría en esas tres semanas? ¿Devolverse? ¡Ni loco! Bastante caro le había salido el pasaje en avión. Y vaya que le había costado juntar ese dinero.

Ahora debía conseguir un trabajo. Eso haría. Trabajaría esas tres semanas para juntar dinero, pagarle a los Tachikawa, y tal vez, darse un gustito. Quizá comprarle nuevas cuerdas a su guitarra vieja. Necesitaba de unas nuevas, ya casi no podía afinar su guitarra debido al daño de las cuerdas. Odiaba esa situación. Era lo único que le relajaba: tocar la guitarra. Y era lo que mejor hacía, sin duda.

Una risilla particular y ya conocida, lo sacó de sus cavilaciones. Abrió los ojos enseguida y enderezó su cabeza. Vio cómo Mimi salía de la Universidad, sonriendo, y poniéndose los lentes de sol. Una chica pelirroja la acompañaba, también riendo. Pero, la risa de Mimi se escuchaba, concluyó, como a más de dos cuadras. La chica no tenía noción del espacio en el cual se encontraba. La gente la miraba, su particular risilla llamaba la atención; pero ella, simplemente vivía en su mundo. Matt supuso que la castaña ni enterada estaba que todo el mundo la miraba cuando reía de esa manera, o cuando gritaba o hacía gestos realmente dramáticos.

La chica giró hacia la banca, lo miró, y siguió su camino hacia el otro lado.

Matt frunció el ceño y gruñó. ¡Qué mujer más insoportable! ¿De verdad le haría la desconocida y lo dejaría ahí?

Le entraron unas ganas de dejarla ir, pero él, simplemente no podía quedar a la deriva. Tragó saliva y con eso, el orgullo.

—¡Hey Mimi! —la llamó. Siguiéndola tranquilamente a paso lento.

La castaña seguía su camino como si nada. Hablaba con su amiga como si nadie la hubiese llamado. Sora miró hacia atrás apenas escuchó que llamaban a la chica.

—Meems, te están llamando —articuló.

—No le tomes importancia, es mi "primo". Tuvimos una discusión, no deseo hablar con él. Que regrese a casa solo —pronunció apurando los pasos.

La pelirroja de su lado suspiró. Mimi estaba completamente decidida a dejarlo solo. No sabía si ayudar al chico, que claramente ella no tenía idea de él, más que sólo era el primo de su mejor amiga; o seguirle la corriente a la chica. ¿Hacer o no hacer lo correcto? Cuestionó Sora. Se puso en el lugar del chico: solo en una ciudad que no conocía. En una ciudad grande, donde toda la gente camina rápidamente y poco le importa si estás perdido, muriendo, agonizando, o no. Y se puso en el lugar de su amiga: chica enojada. Y caprichosa.

Sora paró en seco. Mimi giró hacia ella mirándola con confusión. ¿Qué estaba haciendo?

—No puedes dejarlo solo Mimi, por favor, no eres una mala persona. Y sé que te sentirías como una mierda si el chico se pierde en media ciudad —le dijo molesta. No le gustaba la actitud inmadura de la chica. Ella tenía que madurar de una vez por todas. No siempre se podía comportar como la niñita que solía ser. Tenía que ver y pensar en las consecuencias que sus actos traían, no sólo en ella.

—Sora… —llamó apenas. Notó la decisión en la mirada de su amiga, sabía que ella no se iba a mover de ahí hasta que Matt llegara a su lado. Suspiró. Ella tenía razón—¡Te odio! —contestó resistiéndose. Subió los lentes de sol hacia su cabeza y la miró con resignación. —Odio que siempre me hagas entrar en razón, por eso soy tan insegura.

—No. Eres insegura porque sabes cuando haces algo bueno y a algo malo, y yo sé que sabes perfectamente que le causas un daño a él. Vamos Meems, eres una chica muy buena… tarde o temprano ibas a dejar que él te alcanzara; y, aunque no le hubieses dirigido la palabra, lo hubieses llevado igual a tu casa —concluyó con una sonrisa en el rostro. Cruzó sus brazos al pecho y esperó a que el rubio llegara hasta donde se encontraban ellas. Mimi no hizo más que adoptar una pose incómoda, torcer los labios y desviar la mirada hacia otro lado.

Matt llegó hasta su lado, a peso lento, sin mayor esfuerzo. Miró a la pelirroja y luego dirigió su vista hacia la desagradable chica, mas ésta no hizo ni el gesto de querer devolverle la mirada.

—Hola, mucho gusto, soy Sora Takenouchi —se presentó ante el inminente ambiente cargado de tensión entre los dos personajes. Sora se extrañó que el chico fuese rubio y de ojos azules. La familia de Mimi se caracterizaba por ser de una etnia más oscura…

—Yamato Ishida, también es un gusto —le respondió.

El aire se podía cortar con una tijera fácilmente. Mimi no miraba a ninguno de los dos. Harta de la situación, Sora procedió a hablar. Le daría una buena lección a la chica.

—Bien, ya me voy, tengo que ir a cocinar o si no mi madre no podrá comer antes de irse al trabajo. Nos vemos Meems y Yamato.

—¡Un momento, dijiste que me acompañarías! —gritó la castaña ante la huída de Sora.

La pelirroja siguió su andar sin hacerle caso, tarareando una melodía; cosa que más enojó a Mimi. No hizo más que gruñir y seguir caminando por la vereda, enojada. ¡Quería llegar a casa y tirarse en la cama!

~o~

—¿Por qué estás tan molesta? —preguntó. Tampoco le importaba, pero el ambiente estaba tan tenso que él que no lo soportaba. Ahí estaban los dos, Mimi con el control remoto en la mano cambiaba cada dos segundos de canal, sin dirigirle ni la mirada ni la palabra. Y él, al lado de ella, mirando la nada, porque la chica no dejaba ningún canal.

Tras meditarlo unos minutos, la castaña respondió: —No estoy enojada, es sólo el hecho que cada vez que hablamos discutimos. ¿Sabes? —se detuvo, alzó sus piernas al sofá y se acomodó para mirarlo— No nos conocemos nada de nada, y aún así discutimos por cosas totalmente irrelevantes.

—Vaya, me gusta tu actitud madura de ahora —le respondió de inmediato.

—Eres imposible Yamato Ishida, sinceramente —desvió su mirada nuevamente hacia la televisión. ¿Por qué malgastaba su tiempo en tratar de hablarle si él contestaba de esa manera?

Matt la miró confundido. ¿A qué se refería? Para empezar él había comenzado la conversación, ella la había cortado de repente. Miró la televisión para restarle importancia. No quería quebrarse la cabeza pensando en el problema que era únicamente de ella.

Mimi lo miró de reojo. Rayos… ¡Es que ella no podía estar sin hablar! ¡No podía! Esperó unos cinco minutos antes de emitir cualquier palabra; quizá él, le hablaría primero.

No. Jamás habló. La castaña se reprimió por dentro, había sido muy apresudara en cortar la comunicación. Quizá Sora tenía razón, quizá ella, muy en el fondo, quería llevarse bien con él.

Mimi Tachikawa eres totalmente bipolar...

—¿Tienes hermanos? —le preguntó de repente sin despegar la vista del televisor. Sólo esperaba a que él le respondiese y todo iría bien. Esperaba, claro.

—Sí, uno. Takeru, es menor por dos años —respondió también mirando el aparato— Tú no, por lo que puedo ver.

—Pero me hubiese gustado tener una hermana mayor, aunque no lo creas —pausó un momento, dejando el televisor de lado. Dirigió su vista hacia el chico— A veces me siento muy sola —rió levemente.

—Creí que eras feliz siendo la niñita de papá y mamá —sinceró— Digo, no te lo tomes a mal…

—No me lo tomo a mal, tranquilo —respondió con una sonrisa dibujada— Lo sé, a simple vista soy la niña mimada de la casa. Y lo soy, no te lo niego. Estoy orgullosa de ello. —mencionó sin ningún reparo. Matt simplemente asintió con la cabeza. —Pero eso no quita que me sienta sola a veces… Me apego mucho a mis amistades. Sora, la que conociste, es como mi hermana mayor. Siempre ha sido mi cable a tierra.

Y a esas alturas, ambos estaban sorprendidos por la conversación que llevaban. Una conversación seria y hasta un toque sentimental tenía. Pero claro, Mimi era la única que hablaba y hablaba, mientras él sólo la escuchaba, asentía y a veces, intervenía con alguna que otra pregunta.

¡Así no se juega! Pensó la chica.

—¿Cómo es tu mamá? —preguntó inocentemente. El rubio calló ante la pregunta sorpresiva de la castaña. ¿Por qué tenía precisamente que preguntar por ella?

—Mi mamá es…

El fuerte sonido de la puerta abriendo los distrajo. Las figuras de la mujer pelirroja y feliz se hizo presente en el lugar.

—¡Vamos a cocinar todos juntos! —gritó alegremente. El padre siguió a la mujer, lleno de bolsas hasta el tope, casi no viendo por dónde iba. —¡Vamos, vamos, Mimi, Yamato! —alentó a los chicos. La aludida se paró sonriente ante el llamado de su madre —¡A ponerse los delantales de amor para que la comida quede muy rica!

¿Delantales de amor?

¿Delantales de amor?

Oh rayos… En qué se había metido él.

Mimi siguió a sus padres hacia la cocina, sin antes, girarse y mencionarle al chico:

—Tenemos una conversación pendiente.

Le sonrió amablemente y corrió hacia la cocina.

Tal vez, no era tan malo después de todo, llevarse bien con ella.

—Delantales de amor… Dios Santo.