Capítulo 2: Personas comunes, relaciones comunes
-¡Hay un maldito camper!- gritó Erick por el team speak- en el segundo piso, me ha matado-.
-Trae cheto- gritó un sujeto del mismo equipo- yo lo mato-.
PAO PAO! Y el cheto se murió.
-Excelente trabajo- dijo el jigsaw gamer con su voz crepitante, parecía salir de una película de scream- ¿te gustaría ser moderador?
-wow, ¿de verdad puedo?-.
-Te lo haz ganado- respondió Erick- yo te agregare a la lista…-.
De pronto alguien toco a la puerta del departamento (Erick vivía en un departamento de estudiantes y cada quien rentaba su propio cuarto), Landa decidió dejar que alguno de sus compañeros abriera la puerta, odiaba ser interrumpido cuando jugaba counter; sin embargo le tocaron a su ventana haciéndole saber que lo querían a él.
-Erick, necesito tu ayuda- dijo un viejo mientras su silueta aparecía por la ventana.
-¿Qué pasa Don Canta?- respondió Erick disimulando lo molesto que estaba.
-Acabo de hacer un gran descubrimiento y he estado intentando contactar al grupo encargado de esta investigación-.
-¿Y..?-.
-Mi computadora no enciende, ayúdame-.
-Está bien, deje apago la mía y vamos a su casa- Erick cerró sesión en su ordenador, tomo su Nintendo DS y salió para ir con el viejo a quien siempre creía un loco.
Ficha de presentación del personaje
Nombre: Cántaro Spinoza
Edad: 74 años
Profesión: Espiritista, personaje secundario de la novela "Defastores" que nada tiene que ver con esta serie. (Ambas son escritas por su servilleta, ósea por MÍ)
Aficiones: Investiga leyendas de culturas antiguas, tiene preferencias por los pueblos y países extintos y de lenguas muertas; es italiano pero ha viajado a diferentes rincones del mundo
Pasatiempos: Usa disfraces y tiende mucho a colarse en otras historias
Antes de cerrarse, una pantalla del DS reveló una frase: "La historia se escribirá de nuevo".
El señor Cántaro vivía al lado del departamento, su casa parecía una tienda de antigüedades y extravganzas, el hombre traía una máscara kabuki y lo que parecía un traje de samurái. Erick sabía perfectamente donde estaba la computadora del señor, ya le había llamado con anterioridad para "arreglar" problemas con su computadora.
Intento prender el CPU, pero efectivamente no encendía, reviso las conexiones y todo estaba conectado… ¿Qué podría ser?
-Creo que ya vi el problema- dijo Erick, y se agacho para ver debajo del escritorio- creo que apagó el regulador con el pie sin darse cuenta-.
Encendió el regulador y el ordenador se inició por si solo mientras Cántaro hacia una cara de vergüenza por haber pedido ayuda.
-Bueno Señor, esperare aquí a que mande su correo y no tenga ningún problema- dijo Erick.
-Bien, bien, muchas gracias-.
El muchacho se levantó mientras el anciano con ropa de samurái se quitaba la máscara y se acomodaba en la computadora; mientras tanto, Erick sacó su Nintendo DS y apareció el menú titular de "The Legend of Zelda" un emulador de Ocarina of Time.
Cántaro se concentraba en escribir su correo en Hotmail hasta que sus manos se congelaron y presto atención a la melodía que tocaba. El viejo se giró y llamó al joven.
-¿Que estás jugando?-.
-Un juego que baje de internet esta mañana- respondió pensando que no era importante darle el nombre al italiano, a su edad seguro no sabría lo que es.
Cántaro se levantó de la computadora y se dirigió a una habitación oscura, llamando la atención del muchacho.
-Tengo algo que tal vez te interese- le gritó desde la habitación, y entonces saco un pergamino roído y desgastado- lo he encontrado hace cinco días en la excavación- entonces se acercó al chico y le entregó el pergamino en sus manos y se dirigió a otro lugar de donde estaba sacando diferentes cosas como buscando algo.
-¿Qué es esto?- pregunto el muchacho mientras desenrollaba el pergamino, solo vio un extraño símbolo y un montón de puntos acomodados en patrones- ¿Por qué puede interesarme algo así?-.
-Solo espera- y llego a sentarse de nuevo con un teclado acústico con baterías- ¿puedes sostenerlo para que lo lea por favor?-.
-Son notas…- pensó Erick en voz alta, y entonces comenzó el viejo a tocar el tema del menú dejando boquiabierto al muchacho, quería decirle lo increíble que era pero eso solo interrumpiría tan harmoniosa melodía. Una sombra se cruzó por la parte de atrás de la casa, al darse cuenta de lo extraño que era ese lugar, cosas como esa le parecían muy normales a Erick que ya las ignoraba, no era la primera vez.
-¡Es increíble señor!- alagó Erick.
-Es una canción de cuna según tengo entendido- explico el hombre- la escribió un Sheikah el dia en que, según el diario, desaparecio la familia real de este mundo, pues el vínculo entre este mundo y el mundo de las diosas nunca apareció-.
-¿Habla de Link?-.
-Link es una forma de llamarlo, nadie sabía su nombre real así que lo llamaron Link, pues significaba vínculo-.
-Debe ser por eso que en estos juegos…- Erick miraba a la pantalla de su DS, el menú decía "escriba su nombre". Una gran nostalgia se apoderó del muchacho, sintió pena por el niño cuyo nombre nunca recordaran; entonces miro la hora- es casi hora de mi entrenamiento-.
-Espera, ¿quieres ver algo genial?- dijo Cántaro entusiasmado, pero mientras Erick estaba pensando cómo decirle que no, el hombre ya lo había llevado a la habitación de atrás donde tenía un escudo de bronce oxidado.
El óxido le daba al escudo una tonalidad verde, pero aún así era asombroso, tenía un grabado del halcón de Hilian volando hacia el signo de la Tri-fuerza que representaba a las diosas que habían creado Hyrule y todo el universo. Erick colocó sus manos sobre el escudo mostrando su asombro, entonces se giró hacia Cántaro.
-¿Puedo?- solicito para poder tomar el escudo.
-Adelante- respondió el viejo.
Mientras tomaba el escudo para colocarlo como se debe, Erick se preguntaba si podría parecerse un poco a Link… para nada, él se veía bastante mexicano para eso con su tono de piel bronceada y sus ojos cafés, pero no importaba, aquel escudo era genial, solo necesitaba la espada, se preguntaba dónde podría estar; eso perdió importancia cuando vio la hora.
-Ya me tengo que ir- dijo mientras colocó el escudo en su base plegada a la pared; antes de salir miro a Cántaro- Señor, usted es súper- y levantó el pulgar al cerrar la puerta, dejando a aquel hombre con una sonrisa en el rostro.
