Nota de autora: Ohayo minna! ¿Cómo han estado? Espero que bien, yo la verdad estoy relaja pensando en como haceros sufrir un poco (?) okno. Bueno, antes de nada aclarar que los capítulos se van a alternar del punto de vista de cada una, es decir, si este primero es con Kyoko (que es el caso) el siguiente sera con Sayaka, luego Kyoko again y así hasta que el fic finalice (aunque a lo mejor me guardo una sorpresa para el final, I don't know) En fin, solo espero que no os hayan carcomido mucho la curiosidad y que no me matéis después de esto ^-^U Sin más preámbulos, aquí os dejo con el capítulo 1.

Capítulo 1: El Sol

Sentía en mi rostro los cálidos rayos del Sol iluminarme tenuemente y mis ojos comenzando a picar un poco. No sabía que hora era, ni siquiera el día pero poco me importaba pues el cansancio invadía por completo mi cuerpo ahora entumecido. Fue entonces que los recuerdos de la batalla que libré ayer asaltaron mi mente.

"Brujas", mi mayor problema y mi única preocupación en este mundo desde hacia no muchos años. Coloco mi mano sobre mi frente, tapando mis ojos para aliviar el calor en estos y suspirando con dejadez al saber que hoy me esperaba lo mismo de ayer y de todos los días.

A eso que empezaba a sumirme en mis pensamientos y empezar de nuevo a poderme el sueño escucho la puerta de mi habitación abrirse levemente para segundos después sentir una no muy fuerte pero si un poco incómoda presión en mi estómago, y unas pequeñas manitas palmar mi cara con dulzura.

-¡Onee-chan despierta! Mamá ya hizo el desayuno- Sonrío y como si mi cuerpo tuviera un resorte me incorporo de un salto, aunque he de decir que eso me dolió bastante, haciéndole cosquillas a mi querida hermana como "castigo" por levantarme. Verla reír y escucharla hace que todo se me olvide, que todas mis penas se vayan y el dolor desaparezca. Supongo que eso es lo genial de la familia. -¡Kyoko-nee para! ¡Mamá nos va a reñir!- Hago como que no la escucho mientras de mi boca sale una sonora carcajada mas me paro no por sus plegarias, sino porque Papá se asoma por la puerta llamando mi atención, dándome los buenos días con una cálida sonrisa.

-Esta bien enana, pero que sepas que esto no ha terminado- La miro con una sonrisa de oreja a oreja, bajándola con cuidado de mi cama mientras que ella ponía pies en polvorosa entre risas y "asustada". Dirijo mi mirada hacia mi padre, que aún estaba recargado sobre el marco de la puerta con felicidad en su rostro- Buenos días oto-san.

Me devuelve el saludo con un leve gesto de cabeza y se acerca a revolver mi rojo cabello con la mano- Prepárate rápida o llegaras tarde a la escuela dormilona- Se marcha de mi cuarto pausadamente mientras que yo miro el reloj de mi cómoda con una tranquilidad y parsimonia que me duraría poco. Era tarde. MUY tarde.

Me levanto de la cama con unas prisas que ni el mismo Flash en su vida habría corrido con esa velocidad. Cojo mi uniforme y entro al cuarto de baño a prepararme tras una ducha de menos de 5 segundos, no se si literal, pero al menos eso creo que tardé. Mientras bajaba del segundo piso ya entrando a la cocina recogía mi cabello en mi típica cola de caballo con mi cinta negra y el broche de mi padre enganchado a esta y recogiendo mi mochila flechada a por el desayuno en el comedor donde estaba mi familia.

-Buenos días- Cojo una manzana roja de encima de la mesa y antes de irme me despido de todos. Desde luego la escena era memorable pues era la única con prisas. Mi madre se entretenía cortando algunos ingredientes para hacer lo que a primera vista me pareció un guiso, mientras que mi padre, sentado en la mesa leía el periódico con su café de por la mañana. Momo evidentemente estaba desayunando lo que no estaba escrito, como se notaba que lo de comer mucho era parte de la familia. -Hasta luego- Antes de salir corriendo a clases me despedí de ellos, le di un beso a mi madre y a mi padre y le revuelvo el pelo a mi hermana. Mientras que salgo puedo escuchar la voz de mi hermana protestando por el gesto pero de seguro que estaría sonriendo y la voz de mi madre deseándome suerte y que vaya con cuidado. Sin duda era un día normal y corriente como otro en mi vida pero esto, mi forma de ser y comportarme no son para nada como en la academia.

Agacho un poco mi cabeza y continuo caminando a paso acelerado pero dejando atrás la energía de hacía rato. Me sumo en mis pensamientos por completo pues tenía que pensar en que hacer con el tema de las brujas pero, ese tema empezaba ya a hartarme y desquiciarme, es decir, las cazaba por eso pero, ¿de verdad era tan importante? No sé porque pero hace tiempo que lo olvidé por completo. Mi razón para luchar contra algo tan primitivo como el sufrimiento. Es decir, no es como si fuera indispensable y necesario para vivir ¿o si? Aún así algo dentro de mí me gritaba que debía seguir luchando y seguramente le haga caso a esa voz. Odio ser tan impulsiva, maldita sea.

A veces me hubiera gustado ser como Homura, que todo me resbalase y no pensara tanto las cosas, solo hacerlas según me conviniera pero según lo dicho por Mami y Madoka eso era algo bueno en mi, pues era de las únicas que aún actuaba de esta forma, algo "fascinante" según ellas y estúpido según la morena. Y no se lo discuto a esta última.

Siento por un momento que inexplicablemente pierdo el equilibrio, tambaleándome y casi cayendo al suelo pero que me abrazan por la espalda evitando que eso ocurriera. Por completo fui sacada del limbo de mis ensoñaciones devolviéndome bruscamente a la realidad a la que si me dieran a elegir, no quisiera regresar.

Giré un poco mi rostro para ver a quien me había salvado de partirme la cabeza y era Mami Tomoe, mi amiga de la infancia que se había lanzado a abrazarme y que por poco me espachurra de lo fuerte del apretón.

-Buenos días Kyoko-chan- Empieza a frotar incansablemente sus cachetes contra los míos, pasándose por completo de pegajosa. Miré en la dirección de atrás donde Madoka y Homura nos observaban con un sudor frío en sus cabezas. Les dirigí una mirada suplicante pidiéndoles que me liberaran de esa prisión con pechos que me oprimía y que empezaba a hacer que respirara con dificultad. Aún después de mis ojitos de cordero degollado ambas se hicieron las desentendidas, sin ninguna disposición de quitar sus manos entrelazadas a lo que les lancé una mirada asesina de "me las pagaréis malditas". - Mami suelta... me estas ahogando.

Haciendo un largo y tendido puchero finalmente se bajó de mi espalda, haciéndose por completo la víctima, como si le hubiera destrozado el corazón por decirle que necesito aire para vivir. Ante esto solo atiné a suspirar entrecerrando mis ojos y rindiéndome por completo pues ella era así y no tendría remedio, ni aunque se lo buscaras.

Continuamos con nuestro camino a la escuela entre risas y bromas. La mañana transcurrió con tranquilidad y sin muchas novedades salvo las frustraciones sentimentales de nuestra profesora, como siempre. Mi vida es monótona lo sé, no es necesario recordármelo pues soy muy consciente de ello.

Durante el descanso subimos a la azotea donde yo con total tranquilidad me apoyé sobre la barandilla a desayunar una caja de pockys. Observando las nubes pasar me quitaba las preocupaciones y me aliviaba, era como mirar una hoja en blanco pero ver miles de dibujos increíbles en ella. Mi mente se volvía del mismo color, blanco, mas siempre había hermosos colores escondidos que cuando quería notaba. Era en estos momentos en los que esperaba con todas mis fuerzas que algo interesante me sucediera pero sabía que era entre imposible e improbable. Nada ocurre porque si.

Cerré mis ojos una vez más ese día y deje llevar mi alma con la brisa, intentando encontrar una razón a mi existir más allá de la propia vida.

"El Sol brilla porque la Luna lo esta mirando...

el fuego arde para que el agua lo apagué y ser uno...

La luz va hacía la oscuridad para no dejarla sola...

Eso... es el equilibrio perfecto"