Mientras el cartel luminoso del ascensor indica la progresión ascendente de plantas, Beckett piensa en que tener que buscarse su café matinal ella en vez de que se lo lleve Castle a donde quiera que esté es, sin duda, mucho menos satisfactorio. No incluye ese saludo suyo tan característico, tampoco la sonrisa que ilumina la cara de ella cada vez que recibe su vaso por parte del escritor.
Hablando de Castle. No sabe nada de él desde el día anterior, desde que se fue de la comisaría y se despidieron de forma brusca y poco habladora. A decir verdad, lleva dándole vueltas a la discusión desde que vio a Rick marcharse de la comisaría en el ascensor. Mientras observaba la pizarra y revisaba una vez todas las pruebas que tenían a veces se abstraía y se encontraba a sí misma pensando en la conversación que había tenido con Rick. La cena, la llamada de Gina, su reacción y el comentario de Castle sobre que ella también anteponía su trabajo a muchos aspectos de su vida personal.
En la soledad de su dormitorio, por la noche, había comenzando a creer que toda la discusión no había sido solo por tener que cancelar el plan para esa noche, que su reacción había estado condicionada por un interrogatorio totalmente inútil que la había sacado de sus casillas. Cuando había salido de la sala donde había entrevistado al sospechoso, había pensando en lo bien que le habría venido salir a cenar con su pareja y disfrutar un rato de algo de intimidad. Y sin duda, que Richard llegara y le dijera que al final no podía ir con ella a cenar, la había dejado aún más cabreada. Así que, como solía pasar las veces en las que o bien estaba más absorbida de la cuenta por un caso o bien quería tener algo en lo que distraerse de sus preocupaciones personales, Kate se había quedado en la comisaría hasta tarde.
Al día siguiente, cuando las puertas del ascensor se abren, al primero que ve en su escritorio sentado es a Esposito. No debe de llevar mucho rato en la oficina porque ni siquiera lleva su placa colgada del cuello, como es su costumbre.
Javier se da la vuelta en su silla y se queda mirándola fijamente. Hay algo en su mirada que la inquieta, Javi la conoce demasiado bien y llevan suficientes años siendo amigos y trabajando juntos como para que Esposito sea lo suficientemente inteligente para saber cuándo le ha pasado algo. Así que cuando el policía se levanta de su mesa y se acerca hasta ella, Kate es consciente de que va a tener que mantener una conversación que posiblemente no le hubiera gustado tener, al menos no en la comisaría y en horas de trabajo.
—¿Dónde está el chico escritor? —pregunta el hombre mirando hacia la silla vacía junto a la mesa de Kate.
—No tengo ni idea, supongo que o escribiendo o durmiendo después de tirarse toda la noche haciéndolo. No he hablado con él desde que se fue ayer por la tarde —dice Beckett en voz baja y sin mucho ánimo—. No creo que aparezca en todo el día por aquí.
—¿Qué os pasa? —inquiere mientras le hace un gesto con la cabeza indicándole que se vayan a un lugar más separado de la oficina abierta—. A Castle y a ti, lleváis raros desde ayer por la tarde. ¿Castle queriendo saltarse un interrogatorio contigo? Si ni siquiera le estaba prestando atención... Y bueno, luego estás tú. Hace meses que no te quedabas hasta las tantas en la comisaría. ¿A qué hora te fuiste ayer, Beckett?
La detective deja escapar un suspiro y mira hacia los lados. Sin duda, Javi se ha dado cuenta de que algo ha pasado entre ellos, porque si no estuviera completamente seguro lo más probable es que no preguntara por ello. Castle y ella se lo dejaron bien claro a él, Ryan y Lanie cuando uno de ellos (o los tres) descubrieron que ella y el escritor eran pareja: si podían evitar las preguntas personales referentes a su relación sentimental en las horas de trabajo, muchísimo mejor. Intentar dar un rodeo en el caso de Esposito no va a ayudar, eso lo sabe perfectamente, así que decide contarle la verdad. Es más rápido.
—Castle canceló los planes que teníamos anoche porque se tuvo que ir a escribir varios capítulos de su novela que había dejado para última hora, su editora le dio un ultimátum ayer por la tarde. Después del interrogatorio estaba enfadada y no me tomé demasiado bien que cambiara los planes, le dije que acababa anteponiendo las exigencias de Gina a nosotros. Le enfadó mi comentario y me dijo que yo hacía lo mismo con el trabajo. Si no llega a ser por Ryan, que vino a decirme que habías pedido la orden judicial que quería, lo más seguro es que la discusión hubiera ido a más.
—Lo siento. —Javier suena totalmente sincero con su comentario.
—No te preocupes. Ayer estaba tan enfadada por la falta de colaboración de nuestro amigo Jimmy que acabé pagándolo con él sin tener por qué hacerlo. Tampoco debería pillarme por sorpresa que deje las entregas de capítulos para última hora y, al fin y al cabo es su trabajo. Es como si él se enfadara conmigo por quedarme hasta tarde en la comisaría. Pero en vez echármelo en cara, se queda conmigo. —Esboza una media sonrisa—. Creo que le debo una disculpa.
—No te preocupes, seguro que Castle te perdonará. —Esposito le dedica otra sonrisa como muestra de apoyo.
—Bueno, cambiando de tema. ¿Hay novedades en el caso de Ray Dickson? —Kate da por terminada la conversación sobre ella y Rick y acompaña al otro policía hasta la pizarra blanca.
-o-o-o-
Castle comprueba aliviado el mensaje en la pantalla de su portátil: Mensaje enviado. Finalmente, después de dormir más bien poco y estar toda la noche sin despegarse del ordenador, ha conseguido mandar a tiempo los borradores que le había pedido Gina la noche anterior. Aunque es un milagro que consiguiera centrarse y escribir después de la discusión que había tenido con Kate la tarde anterior. Puede que a olvidarse un poco del tema ayudaran las copas de whiskey que le habían acompañado durante la noche y probablemente también esa pequeña cabezada de un par de horas que se había visto obligado a echar después de darse cuenta de que ya no sabía qué estaba escribiendo.
Pero ahora que ya ha enviado los borradores que tenía que escribir, los recuerdos de la discusión regresan a su memoria. Se desplaza con la silla hacia atrás y se deja caer contra el respaldo de la misma. Inclina la cabeza hacia atrás y deja escapar un suspiro.
Desde que ha conseguido dejar de ver letras y documentos en blanco de un procesador de textos por todas partes no es capaz de pensar en otra cosa que no sea la discusión. Da gracias a que ni su madre ni Alexis estén en ese momento en el loft, no le apetece dar explicaciones de nada a nadie. Y también se siente culpable porque, al fin y al cabo, debería haber entregado los dichosos borradores hace semanas y en vez de eso lo ha ido aplazando hasta que su editora le ha tenido que dar un toque de atención. Si, para variar un poco, hubiese hecho su trabajo cuando tenía que haberlo hecho…
Se levanta de la silla y camina hasta su dormitorio, saca del armario unos pantalones normales y una camiseta de manga larga junto a una chaqueta con la que cubrirse cuando caiga la tarde. Que estén aún en octubre no significa que cuando se hace de noche no haga algo de fresco y apetezca tener más de una manga de abrigo.
Reflexionar un rato sobre su problema con Kate le ha hecho tener una idea con la que recompensarla por haber tenido que cancelar la cena de la noche anterior. Justo antes de quitarse la ropa que tenía puesta y meterse bajo el chorro de agua templada de la ducha, Rick piensa en que ojalá su idea sea lo suficiente buena como para que a Beckett se le pase el enfado, aunque sea solo un poco. Con suerte, le perdonará.
-o-o-o-
Kate introduce la llave en la cerradura de la puerta de su casa y empuja la puerta hacia dentro para pasar al interior de la vivienda. La persecución de otro sospechoso del caso del hombre muerto en el callejón del Soho por varias calles medio abandonadas de la ciudad y sorteando obstáculos la ha dejado más cansada de lo normal.
Quiere llamar a Rick para disculparse con él y sabe que debe hacerlo, pero está tan cansada que lo primero que hace cuando cierra la puerta tras de sí es quitarse los tacones y quedarse descalza sobre el suelo de madera. Recoge los zapatos del suelo con la mano que le queda libre, con la otra está sujetando el maletín, y avanza hasta el dormitorio. Deja los tacones junto a todos los demás, el maletín encima de la cama y cuando desengancha la pistola de la trabilla del cinturón para dejarla en su sitio, se da cuenta de que hay un libro justo encima de su mesita de noche.
Es su viejo ejemplar de "Flores para tu tumba", uno de los libros de Castle. Está algo desgastado del uso y las hojas han comenzado a adquirir el característico color amarillento del paso de los años. Sabe perfectamente que no es ella la que ha sacado el libro de su lugar en la librería, así que cuando lo coge para devolverlo a la balda correspondiente de la estantería de su dormitorio, se da cuenta de que hay un pequeño papel pegado a la portada y tapando parte de la ilustración.
Reconoce al instante la letra de Castle y un breve mensaje en la pequeña hoja de papel le indica que mire el interior del libro. Kate obedece las instrucciones y abre la solapa del libro para encontrarse con la primera página de la novela, esa donde usualmente va el título de la obra y el nombre del autor, la misma que los escritores suelen usar a la hora de firmar los libros.
Beckett sabe perfectamente que no es ese el libro que se llevó a la firma de libros a la que fue cuando era más joven, así que se pregunta qué le habrá escrito Rick ahí.
"Siento muchísimo lo de anoche, Kate. Acepta a modo de disculpa lo que he preparado en el baño y cuando termines, sube a la terraza.
Te quiere, RC."
Se dirige al baño para comprobar qué es lo que ha hecho el escritor. Cuando entra por la puerta del mismo, ve que la habitación tiene una intensidad de luz tenue y que la bañera está llena de agua y espuma aromatizada gracias a las bolas de baño que tiene guardadas y que Rick habrá usado para preparar el baño. Mira hacia un lado de la bañera y observa un pequeño montículo formado por varias prendas de ropa: una de las camisetas de manga larga que usa para estar por su apartamento, unos pantalones cómodos, ropa interior y unas zapatillas planas.
Cuando nota el contacto del agua contra su piel desnuda al meterse en la bañera, Kate nota cómo una oleada de tranquilidad y calma invade su cuerpo. Una vez que el agua le llega a la altura de las clavículas, apoya su espalda contra la superficie metálica de la bañera y se relaja.
-o-o-o-
Sube las escaleras despacio y sin hacer mucho ruido.
Empuja la pesada puerta que corona la escalinata de su casa y se da cuenta de que no está cerrada del todo, así que lo único que tiene que hacer es dejarla encajada tal y como estaba cuando cruza finalmente el umbral de ella y llega a la terraza.
Hace un buen rato que ha oscurecido, así que le cuesta distinguir los detalles. Sin embargo, vislumbra las llamas de unas cuantas velas que hay sobre una mesa plegable cubierta por un antiguo mantel que tenía guardado en algún lugar de la cocina. También hay dos sillas, una enfrente de la otra, colocadas a ambos lados de la mesa. Encima de ésta, distingue las siluetas de dos copas de vino medio llenas y también la de la botella de vino en sí.
Después, lo ve a él. El haz de luz que derraman las velas se proyecta sobre su camiseta, lo que le da un toque algo amarillento a esa zona, a pesar de que sabe que la camiseta es color azul marino. Cuando la ve aparecer por la puerta que da a la azotea se le dibuja una sonrisa de alivio en la cara. Al menos ha venido, se dice a sí mismo.
—No estaba seguro de que quisieras hablar conmigo —reconoce cuando se acerca a ella.
—Castle, yo… —empieza a hablar con intención de disculparse, pero Rick la interrumpe.
—Lo siento, Kate, de verdad. Fui un vago al dejar las cosas para última hora y al final fuiste tú quién acabó sufriendo las consecuencias.
—No pasa nada. Iba a llamarte para pedirte perdón yo también. Ayer estaba cabreada por culpa del interrogatorio y acabé pagándolo contigo, no debí haber reaccionado así. A veces se me olvida que tu trabajo es escribir. —Beckett sostiene la mirada.
—Yo tampoco estoy orgulloso de mi comentario —afirma Rick—. ¿Las paces?
—Hecho.
El escritor acorta la distancia que los separa y posa las manos a ambos lados del cuello de Kate. Mientras nota el tacto de las suaves ondas de pelo que tiene la detective, atrae a la cabeza de ella hasta que los labios de ambos se rozan y comienzan a besarse. Avanzan hacia la mesa que ha preparado Castle sin romper el contacto y, cuando llegan al lado de la primera silla, Richard se separa. Indica con gestos exagerados a la policía que se siente y, cuando lo ha hecho, es él mismo quien toma asiento justo enfrente de ella.
—¿Para qué es todo esto? —pregunta mientras observa su copa de vino y las velas que iluminan la mesa.
—No estaba seguro de que el baño fuera suficiente para que me perdonaras —confiesa Richard después de probar su vino—. Este vino está buenísimo… —comenta distraído observando la etiqueta de la botella—. ¿Cómo vais con el caso del hombre apaleado?
—Esposito me consiguió la orden judicial para el ADN que necesitaba pero no coincidía con el que había en la víctima —cuenta Kate moviendo suavemente el líquido del interior de la copa—. Y Ryan encontró a otro de los que estaban involucrados en la pelea. Pero digamos que es bastante escurridizo, he tenido que perseguirle por más de media manzana y por poco no se escapa. Menos mal que se encontró con la valla metálica y me dio tiempo a pillarle.
—¿Quieres decir que vais a dejar a Jimmy libre? —Rick levanta la vista totalmente decepcionado.
—Qué va, sigue en el calabozo. Lo vamos a fichar por agresión, igual que a su otro compañero. Pero por lo que he visto, el otro hombre no tiene pinta de ser nuestro asesino. —Da un sorbo y deja que sus papilas gustativas capten el sabor del vino—. Tienes razón, este vino está muy bueno.
—No he pensado en la comida… Estaba demasiado liado dándole vueltas a cómo iba a organizar todo esto que no se me ha pasado por la cabeza cocinar algo… —Castle se da un golpe con la palma de la mano en la frente.
—No te preocupes, nunca es tarde para pedir algo por teléfono. —Beckett le sonríe y se levanta de su silla. Se acerca al escritor y, desde atrás, le deja caer los brazos entrelazos sobre su pecho. Se inclina un poco y le susurra al oído—: Además, yo no tengo nada de hambre…
Richard comienza a recorrer los brazos de la detective con besos. Comienza en las manos y sigue su camino subiendo por las muñecas, los antebrazos y se detiene cuando llega a los codos. Se yergue de la silla y vuelve a besar a Kate, aunque esta vez todo sucede mucho más rápido y de manera más pasional. Se mueven con torpeza al estar abrazados y con apenas separación de por medio, e incluso están a punto de caer al suelo cuando Castle empuja con el hombro la puerta de la terraza. Bajan la escalera a trompicones mientras que la detective le saca la camiseta a Rick y tiran algún que otro libro en el intento (la mayoría caen a los lavabos de la cocina de Beckett).
Se dejan caer en el sofá y apartan con rapidez los cojines que hay encima de él. El escritor comienza a deslizar las manos por la cintura de Kate hasta dar con el borde de la camiseta, de la que tira hacia arriba y lanza sin muchos miramientos hacia la mesita de café. Ignora el pequeño desastre que han dejado tras de sí y se centra de lleno en desabrochar el cierre del sujetador de Kate.
N/A: Y bueno, imagino que el resto ya os lo imagináis vosotros. Yo solo digo que había que recompensaros de alguna forma por el mal trago del final del capítulo anterior. Ah, eso y que es la primera vez que escribo algo así, espero que no haya quedado demasiado mal. Sobre el resto de la historia, espero que os haya gustado. Muchísimas gracias por cierto a todos los que me han dejado un comentario, followeado esto o a mí o simplemente han leído la historia.
¡Hasta otra!
