Los personajes de Glee no me pertenecen, son propiedad de Murphy.


El tiempo se mueve y los días pasan sin indicio de la señorita Fabray deteniéndose en casa.

Papá la invita para la usual cena de domingo, pero ella declina, siempre diciendo que tiene diligencias.

No la echo de menos, pero sería lindo verla una última vez antes de que empiece mi primer semestre en Brown.

La noche antes de que me vaya a la universidad, me despierto en medio de la noche y encuentro a alguien en mi cama. Una mano cubre mi boca antes de que pueda gritar. Abriendo los ojos, no puedo ver nada en la negrura que me rodea. Mi corazón palpita, no puedo escuchar nada más que el latido en mis oídos.

—Shhh. Soy yo —susurra ella

Mi corazón da un latido. ¡La señorita Fabray! ¡En mi cama!

Gracias, hada del sexo.

Me muevo a tientas en la oscuridad y agarro su cara, posando mis labios sobre los suyos, besándola con un hambre que no sabía que poseía, tomando todo lo que me había perdido. Gracias, joder, porque ella me besa de vuelta. Nuestras lenguas se enredan, probando, saboreando hasta que quiero derretirme como mantequilla. Nuestra respiración es acelerada cuando finalmente apartamos nuestros labios.

Acaricia mi mejilla. —Lo siento. No quería desaparecer de ti. Estaba confundida. Tu papá va a matarme si algún día averigua lo que sucedió... Pero no puedo sacarte de mi mente. Tenía que verte una vez más antes de que te fueras. Sentirte alrededor de mi. Una vez, nena. Déjame tenerlo. —Su voz es tentadora, suave y seductora. Mi centro duele y se vuelve pesado con cada palabra susurrada.

Inhalo. —También estaba esperando verte antes de irme.

La señorita Fabray sonríe y vuelve a posar sus labios sobre los míos, haciendo que mi corazón aletee como una mariposa.

Con los ojos ahora acostumbrados a la oscuridad, miro alrededor de mi habitación. Mi puerta todavía está cerrada desde el interior. ¿Cómo entró?

Debe haber leído mi confusión. Su voz es baja, probablemente así no despertará a mis padres durmiendo en la habitación principal al final del pasillo. —Tu ventana está abierta.

Lo olvidé. La señorita Fabray es una persona bastante inteligente, una mujer que es una experta en entrar a hurtadillas en lugares prohibidos y peligrosos sin ser detectada, o al menos es lo que me da a entender con esto.

Besa mi cuello, sus manos vagando por un momentos antes que se dé cuenta que estoy desnuda bajo mi manta. Me había masturbado con el Sr. Rosa antes de quedarme dormida.

—Dios —Su voz en un susurro ronco.

No dudo en tentarla. —Quítate la ropa y únete a mí. La puerta está cerrada y mis padres tomaron valium antes de que fueran a la cama. No nos escucharán, incluso si hay un terremoto. Pero es mejor que no hagamos mucho ruido. Solo por si acaso —Acaricio su cuello, mis dientes mordisqueando el lóbulo de su oreja.

La señorita Fabray se levanta y se desviste, tirando toda su ropa negra y dejándola caer en la alfombra. Realmente había estado lista para este ataque a hurtadillas. Pronto, se desliza en mi cama conmigo, su cuerpo cálido y desnudo contra el mío. Sin ropa, nada que evite que acaricie su piel lisa. Adoro acariciar sus suaves pero fuertes brazos, sus abdominales. El miembro grueso de la señorita Fabray está duro y completamente listo para mí.

—¿Qué es esto? —Encontró al Sr. Rosa—. ¿Has estado masturbándote mientras yo no estoy?

No soy alguien que se avergüence por ser como soy, pero siento que mis mejillas se sonrojan. —Estaba sola. Y caliente.

—Hmmm —Lleva al Sr. Rosa a su boca y lo lame—. Adoro tu sabor, eres tan deliciosa.

—¿Sí? —Me excito y me recuesto, abriendo mis piernas—. No me molestaría que lo comprobara ahora mismo, señorita Fabray.

Un gruñido felino muy excitante sale de ella. —Más amplio. Dame lo que quiero.

Un segundo después, la señorita Fabray se establece entre mis piernas, su lengua dando golpecitos y tentando, lamiendo mi centro, como si yo fuera el placer más grande que alguna vez ha tenido. Araño las sábanas, agarrándolas, retorciéndome de placer.

Ya he tenido dos orgasmos con el señor Rosa esta noche. Habían sido buenos. Normales y lo suficiente para liberar algo de mi tensión. Pero no habían sido la señorita Fabray. Ella sí que sabe cómo llenar de placer a una mujer hasta que estoy balanceándome al borde del éxtasis. Estoy allí, en la punta del orgasmo, alcanzando y estirándome por ella como si fuera a morir si no me corro. Ella gruñe contra mi sexo, su lengua follándome, lamiendo, dando golpecitos y mordisqueando mi clítoris. Cuando toma algo de carne llena de nervios entre sus labios y chupa, me corro sobre su boca, mi cuerpo tensándose y relajándose en oleadas. Cada nervio está vivo y cantando.

Cuando finalmente vuelvo a ser yo, mi mirada choca con la suya, y ella casi gime haciéndome pensar que está decepcionada porque no chorreara por ella.

—Te necesito dentro de mí —le digo.

—Vamos a intentarlo con esto —Empuja al señor Rosa en mi entrada y lo enciende. Sin preámbulos y directo a la parte buena.

Me sacudo, mi cuerpo tenso, el zumbido familiar de mi juguete aliviándome. Mi vibrador es uno de los caros. No hace ningún ruido que pudiera revelar que alguien secretamente está teniendo algo de diversión por las noches. Pero revolotea en mi interior, entregándome la sensación pecaminosa que siempre anhelo. Me retuerzo mientras me folla con el señor Rosa.

Dios. Esto es bueno. El señor Rosa es un vibrador grande y no puedo tomarlo todo. Incluso cuando lo meto y la punta besa mi cerviz, es solo la mitad de su longitud.

La señorita Fabray trabaja con el vibrador hasta que estoy llena. Está jugando con el interruptor, causándome más vibraciones poderosas que se precipitan a través de mí. Lo frota y lo folla en mi interior de una manera que puedo sentir otro clímax retumbando hacia mí. Éste baila a lo largo de mi columna, rodeándome como si fuera un gato montés listo para saltar. Cada musculo tenso, apretado y a punto de estallar mientras se construye, arrastrándose, corriendo y bailando hacia el final.

Es uno grande. Enorme. No puedo averiguar cómo voy a amortiguar mi grito. La señorita Fabray acaricia mi clítoris con su otra mano, estimulándome, mientras susurra, esa voz profunda barriendo a través de mí.

—Eso es, mi pequeña niñita. Tómalo. Toma este enorme juguete y ruégame por mi pene.

Levanto mis caderas. —Oh, Quinn… —Es demasiado. Me corro al instante, sus palabras colgando en el aire. Prácticamente me doblo a la mitad mientras me corro. Duro. Chorreo mis jugos, probablemente cubriendo su mano con mi placer.

Saca el vibrador de mi interior y jadea ante mis jugos cubriendo el juguete y su mano mientras lucho por mantener mi cordura.

—Mmm —ronronea la señorita Fabray—. Sabes tan bien.

Atrapo mi respiración y ruego. —¿Sabes que quiero? Te quiero a ti dentro de mí, fóllame otra vez como la última vez.

—Oh Dios —Lucha con su posición y se establece detrás de mí, acunándome. Acaricia con su boca detrás de mi oreja mordiendo mi lóbulo mientras levanta mi pierna y la hace descansar sobre su cadera, dejándome abierta, y me penetra con su grueso tronco. En un empujón, está dentro de mí, estirándome y llenándome como recuerdo.

Oh, joder. —Sí —gimo. Me encanta. Amo su miembro. Amo la manera en que estira las paredes apretadas de mi interior. Ella entra y sale, su verga temblando en mis profundidades. Giro mi cabeza, buscando su cara y capturo sus labios, follamos, pero no es como la última vez. Ella parece querer ir lento, saborear el tiempo que tenemos.

Está bien para mí.

Incluso haciéndolo lento, tomándose su tiempo y tentándome, su mano acariciando mis pechos, estómago y pellizcándome el clítoris, se las arregla para hacerme correr dos veces más.

Estoy delirante. Adoro correrme muchas veces, pero eso también me pone soñolienta.

La señorita Fabray todavía no se ha corrido, su aguante me sorprende, su erección aún sigue dura como una roca.

Desliza su miembro fuera de mi sexo y lo reemplaza con un par de suaves y delgados dedos, acariciándome. Juega en mi interior, haciéndolo tan bien y profundo, seguido con una palmada juguetona sobre mi coño.

Libera sus dedos de mi calor, errantes, poniéndolos sobre mi trasero. La señorita Fabray juega sobre mi entrada, una astilla emocionante de lo prohibido corre a través de mí mientras gimo y levanto mis caderas hacia ella. Invitándola a seguir.

Adoro ser follada por atrás. Es sucio. Cachondo. Joder, lo necesito ahora que ha jugado conmigo.

Se detiene, sus labios revoloteando sobre mi oreja. —Dime, pequeña, has…

—¿sido follada en el culo? —Río tranquilamente—. Me encanta.

—Oh —Mantiene la respiración—. Pues lo quiero ahora.

—Por favor.

Posiciona la cabeza de su miembro en mi entrada posterior. A diferencia de mi sexo, el anillo de mi esfínter niega su entrada al principio. Bueno, el Sr. Rosa no encaja en mi culo, y nunca he tenido a un hombre, en este caso mujer, con una polla tan grande follándome allí.

La señorita Fabray suspira, sus dedos recogiendo mis jugos y frotándolos sobre mi entrada fruncida. Es gentil, nada más que frotar por un rato, y me relajo, disfrutando su toque dulce. Un dedo se desliza en mi interior, abriéndome. Luego un segundo, estirándome un poco. Me agito bajo los sentimientos sucios y lascivos del placer que saca de mí. Como si siquiera existiera la palabra.

Lista ahora, presiona la punta de su miembro contra mi trasero, el anillo de mi entrada cede, dejándola entrar. Oh, tan lentamente, se inclina hacia adelante, centímetro a centímetro, hasta que está enterrada en mí. Soy tomada y conquistada por ella en cualquier manera ahora.

Oh, dulce Jesús. No puedo creer lo buena que es. Cuando se mueve, follándome en empujes superficiales, mi centro se humedece, vacío y abandonado. Queriendo de nuevo un poco de atención.

—¿Estás bien, nena? —Su tono es suave y dulce. Preocupada por mí.

—Nunca he estado mejor en mi vida, me encanta.

—Oh, nena —Me besa. Tierna en lugar de la loca pasión que teníamos antes.

— ¿Puedes follar mi coño también? —Soy una persona algo codiciosa. Lo admito.

— ¿Dedos?

—Necesito algo más grande

Agarra al señor Rosa. —¿Este?

Asiento.

—Joder, eres traviesa Rachel, nunca imaginé eso de ti.

—Pero te gusta follarme Quinn, no lo niegues.

—Me encanta.

Empuja al señor Rosa dentro de mí y me toma lentamente mientras está follando mi culo. Muerdo mi labio otra vez así no grito. Adoro la doble penetración. Una tercera polla encajaría en mi boca, dándome todo lo que podría querer. Se me hace agua la boca ante el pensamiento de una verga dura contra mi lengua.

—Rachel…

—¿Hmm?

Me besa con la boca abierta mientras ambos cabalgamos las endorfinas lentamente hacia la terminación. No es follar hasta sacarte los sesos esta vez. No queremos hacer demasiado ruido. Y parece que la señorita Fabray quiere hacerse durar tanto como sea posible. Me corro tres veces más antes de que ella finalmente no pueda retenerlo más y se deje ir.

Abandona al señor Rosa, agarra mis caderas y empuja una docena de veces antes de que se rinda. Se corre dentro de mí, llenando el pasaje de mi espalda con su semen caliente. Su miembro tiene más de siete espasmos antes de que finalmente se detenga. Aprieto su eje con mis músculos anales. Ella jura, luego ríe tranquilamente.

La señorita Fabray se retira así puedo girarme para encararla. Nos besamos dulcemente, nuestros miembros enredados en un abrazo de amantes. Acaricio el lado de su mandíbula. Su piel suave encaja perfecto con la piel lisa de mi palma. Me doy cuenta que nunca me ha importado demasiado ninguna persona como me importa ella. Por supuesto no le diré eso. No quiero asustarla.

La señorita Fabray siempre tendrá un lugar especial en mi corazón. Es la primera mujer con la que alguna vez he fantaseado. Cuando me masturbé por primera vez, me la imaginé tocándome. Cuando mi primer novio tomó mi virginidad, cerré mis ojos e imaginé a la señorita Fabray tomándome.

Siempre ha sido la señorita Lucy Quinn Fabray. Mi mujer de fantasía.

Quiero decirle mil cosas sobre mis sentimientos. Mis emociones. Pero era mejor que no lo hiciera. No quiero arruinar el momento. Y la señorita Fabray parecer ser del tipo de mujer que no comunica sus sentimientos con cualquiera tan fácilmente. Así que solo nos besamos. Y nos tocamos. Y nos besamos hasta que ambos caímos dormidos.

En la mañana despierto y veo que la señorita Fabray se ha ido. Como también el señor Rosa. Me imagino que lo ha tomado como recuerdo y no me importa. En realidad, parece un poco dulce de su parte hacer eso.

Probablemente quería algo que le recordara nuestro encuentro.

Eso o quería usarlo en sí misma.

Río. No. La señorita Fabray tiene todo lo que necesita, no creo que se lo haya llevado para hacer algo como eso.

Más tarde, mis padres me llevaron a Rhode Island y soy dirigida al mundo real, viviéndolo por mi cuenta por primera vez.

Y no puedo esperar.

Cuando llego a la escuela me entero que tengo una compañera de cuarto que le encanta el sexo, adora la experiencia… y lo hacemos… juntas, Santana era su nombre. No me toma mucho darme cuenta que la vida universitaria es divertida. Trabajo duro y juego duro.

No salgo en citas. Odio tener novios, porque siempre se ponen celosos y machos cuando coqueteo con otros hombres.

Soy una coqueta y no me disculpo por ello.

He intentado follarme a muchos chicos, pero no puedo, ellos no son especiales para mí, como lo era la señorita Fabray.

Y no he escuchado nada de ella desde esa noche especial. Honestamente, estoy un poco decepcionada. Imagino que al menos podría coger el teléfono y decir hola. Entonces otra vez, probablemente no quiere hacerlo y no debería esperar demasiado. Había sido una cosa física. Eso era. Aún así, me pregunto sobre ella.

Llamo a mamá el fin de semana y le pregunto por la señorita Fabray.

—Oh, Lucy ha renunciado hija, lo hizo no mucho después de que te fueras, dijo que era algo personal, se disculpó pero no nos comentó nada más.

¿Qué? — ¿Sabes algo de ella? ¿sabes si está bien? —No podía evitar que un rastro de preocupación se filtrara en mi tono. ¿Por qué se iría?

—Supongo que está bien. Pero creo que te estás preocupando mucho por ella ¿Por qué? ¿Pasa algo? —Mi mamá suena sospechosa y yo doy marcha atrás.

—Nada. Solo curiosidad. Leí que han estado despidiendo asistentes en todas partes del mundo, ya no las necesitan, me pregunto solamente si tiene con qué mantenerse.

—Oh, sí, sé lo que quieres decir. No te preocupes, cariño. Ella está bien.

Lamo mis labios, rezando porque ella tenga razón. —Eso espero, realmente me preocupa no saber a ciencia cierta si le va bien.

Dos meses pasan y hago lo mejor que puedo para sacarla de mi mente.

Pero más tarde finalmente escucho sobre la señorita Fabray.

En realidad, ella simplemente apareció en el campus. Estoy hablando con mis amigos después de clases cuando levanto la mirada y veo a una hermosa mujer con blusa blanca y vaqueros descoloridos, subida en un sedán genérico. La miro fijamente, mi corazón latiendo rápidamente. Lucy Quinn Fabray. De carne y hueso. Aquí.

No pienso, simplemente corro hacia ella y salto hacia sus brazos, la beso antes de que pueda decir algo. No me importa si alguien está viendo. O si ella tiene ocho años más que yo. No se ve lo suficientemente vieja para ser mi mamá.

—Te extrañé —confieso—. Realmente lo hice.

—También te extrañé —Mira alrededor—. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar?

—¿Te estás quedando en un hotel?

—Holiday Inn

Lamo mis labios, doliendo por probarlo de nuevo. —Vamos allí.

Manejamos a su hotel y subimos a su habitación. Apenas cierra la puerta antes de que salte sobre ella. ¿Qué puedo decir? Realmente la extrañé. Nos desvestimos la una a la otra, tirando la ropa. Estoy en la cama cuando me abandona para hurgar en su bolso, sacando algo y sosteniendo en alto en triunfo.

Es el señor Rosa envuelto en plástico.

Robaste al señor Rosa —Río al tiempo que acuso.

—Quería recordar tu olor y tu sabor —Se sube a la cama a mi lado y se estira para acariciar mi cabello—. No sé si quieres escucharlo, pero he estado pensando en ti todo el tiempo.

—Infiernos, yo pienso en ti todo el tiempo —Sonrío.

—De ninguna manera.

—Honor de scout —Pongo dos dedos juntos y toco mi frente.

Su mirada permanece fija en mí. —Rach, no quiero entrometerme en tu vida personal, pero me preguntaba si podíamos seguir viéndonos de vez en cuando.

Sonrío. Me gusta a donde va esto. — ¿Cómo novias?

—Tu papá me matará si se llega a…

La beso para callarla. —Él no tiene que saberlo, realmente mi familia no tiene que saber lo que estamos haciendo. Somos adultas. Es nuestro propio asunto si nos estamos viendo. Sería nuestro pequeño secreto.

La señorita Fabray asiente y se une a mi sonrisa. —Que sea nuestro pequeños secreto entonces –dice y me besa con ternura.


Bueno, la otra parte de esta pequeña historia. Muchas gracias a todos los que agregaron a alertas y favoritos. Espero que les haya gustado la pequeña historia. Y pues ya, fin.

Gracias a los siguientes por comentar :D

MCLF: Gracias! C:

taetae: Me alegra que te haya gustado y pues esté fue el último capítulo.

Cinthya338: Pues no es un oneshot en si, pero ya esté es el último capítulo.

Alracsoi: Un poco haha gracias por dejar review.

Alice: Bueno, pues como pudiste leer, no hubo drama y hubo otro sexy time. Pero en lo personal me gustó más el primero.

mariviagron: Sí, bueno, lo prohibido es muy deseable ¿no crees? Pues no la vio los primeros meses pero luego Quinn no pudo resistir y finalmente aceptó tener una relación secreta.

Guest: Que bueno que te gustó. Y sólo este y fin.

shunreibell: No, ya no sigue, bueno hasta aquí.

05Dagron: bueno, me alegra que te gustara más esta.

ikuga: Yo también la necesitaba, lástima que alguien la ocupaba en ese momento hahaha

Rosa: Y pues si te soy honesta a mí tampoco me gustó que fuera así, pero no sabía como adaptarla sin que la protagonista fuera tan zorra. Digo, aclaro, por si lo llegas a ver.

F: me imagino, realmente me ha pasado algo parecido una que otra vez, hasta llegaron a decirme algo como esto: "¿Qué estás leyendo? ¡Tus mejillas están rojas!" haha y bueno, sólo reí y huí a leer a otro lado xD

SoDamnBeautiful1: Que bueno que te gustó y a mí tampoco me gustó eso, realmente a ninguna de las dos me las imagino actuando de esa manera pero para que funcionara la historia tenía que comportarse de esa manera :c

CG: Pues aquí está cómo sigue :) espero que te guste.

charlieDi: Pues fue como un twoshot haha

Guest: Gracias (:

Biankita87: Siento decirlo pero sí es tan corta :c sucia sí, zorra no mucho.

ampamja: No ya no :c esté fue el último.

Bueno ahora sí. Fin.