Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.

Notas de la autora: Sigo viva.


Los amigos que perdí

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Parte II

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Ya no tenía fuerzas. No tenía la fuerza suficiente para sacarlo de ese triste agujero. Ni tampoco para seguir avanzando sin él. Se rendía. Oficialmente, se daba por vencida. Se dejaría arrastrar por esa fastuosa corriente de destrucción, en donde ambos habían tenido su lucha desde su tierna juventud y desgraciadamente, Ichigo no aprendió a controlar. Ella había tenido suerte… o quizás no. Durante un tiempo, creyó que podría callar esas voces malditas de su interior y realmente, ser feliz. Sin embargo, jamás lo había olvidado. Sólo era una actriz, que jugaba a ser una persona.

Un miembro útil de la sociedad, que en sus tiempos libres fantaseaba con la idea de colocarse.

Abrió la puerta de ese repugnante lugar. Todo estaba más revuelto y asqueroso, ahora que lo había abandonado completamente. Ni siquiera las luces funcionaban. Subió por las escaleras a tientas, intentando no tropezarse. Como de costumbre, rezó por él. Para que siguiera aferrándose a la vida.

Si es que a eso podía llamársele vida…

La luz de la luna le confería un aspecto fantasmagórico a la habitación. Desdibujaba los límites entre la realidad y la ficción. De pie, logró observar que sus ojos tenían un brillo inusual. Como si algo refulgiera dentro de él, aunque el resto de su cuerpo continuara congelado. Avanzó lentamente, como si estuviera dirigiéndose hacia la horca y a su verdugo.

Con esa paz y resignación, con ese sentimiento de dulce fatalidad.

Se acomodó en su maloliente lecho y le abrazó por detrás, hundiendo el rostro en su espalda. En un inesperado movimiento, saliendo de su lechosa impasibilidad, él le tomó las manos y se echó a llorar como un niño.

Rukia se abandonó a sí misma.

A su lado, ya nada importaba más.

Juntos vivirían en su propio jardín prohibido y serían desterrados del paraíso.