Camila, la esposa de Fabricio se encargó se ir a buscar a su hijo Esteban quien seguramente estaría con su primo Patricio. Ambos estaban con los pies en el estanque y los pantalones arremangados a las rodillas hablando.

-Chicos vengan que ya está la cena. -los llamó y ambos se sobresaltaron, Esteban dejo con cuidado su buzo a un lado mientras Patricio contestaba.

-Ya vamos tía. -los dos comenzaron a ir camino a la casa y Camila los paró

-Esteban, dame el buzo. -este se giró.

-¿Qué? -pregunto haciéndose el desentendido

-El buzo Esteban. -dijo extendiendo su mano, el muchacho se volvió y le entrego la prenda sabía que cuando su madre pedía algo era mejor dárselo que verla enojada, Patricio se llevó una mano a la frente.

-Toma.

-Gracias. -desenvolvió el bollo de tela- Esteban ¿Esto lo trajo Berenice?

-Si ma, pero lo tenía escondido y nosotros lo encontramos casualmente.

-Bien, creo que irá a parar a las manos de su dueña. -mientras Camila se llevaba la botella de vodka casi descongelado, Patricio le daba un empujoncito a Esteban que con las manos en los bolsillos emprendieron camino a la casa.

-¿Y cómo vas a empezar? -empezó Patricio

-Preguntando, ¡Ma! -al llamarla la mujer se detuvo antes de entrar.

-¿Qué pasa?

-¿Sabes dónde vive la tía Berenice? -la mujer frunció el ceño.

-No, ni idea quién puede saber es ella, Elián o quizás Guillermo ¿Por qué?

-Por nada, queríamos saber. -una vez que entraron se acomodaron en la mesa esperando la comida.

-Oye, tía Be -dijo Patricio a la mujer que la tenía enfrente- un día podríamos cenar en tu casa ¿O no? -ella se quedó sorprendida.

-Sí, algún día. -resolvió decir

-¿Y dónde vivís? Por qué nadie sabe. -pregunto Esteban.

-En mi casa, y pásame ese jugo.

-Claro, ¿y dónde queda tu casa?

-¿Por qué tanta intriga? Vivo en la casa del general Samuel Rond y su fantasma deambula por ahí... -su madre y alguno de los más grandes se quedaron mirándola mientras que ella junto a la mayoría de sus sobrinos se reían de los detalles que conto del supuesto fantasma- ¿Qué? Era una broma no me miren así.

-Era de esperarse que una muerta de hambre como vos quiera conseguir una casa barata donde criar a niño de vaya a saber quién es el padre. -escupió esas palabras su hermana Penélope y el ambiente se llenó de tensión.

-Mira banshee con sobrepeso y te desmayarías de saber dónde vivo seguro te infartas de saber quién es el padre pero como por algún extraño motivo aun te quieren en esta familia te voy a ahorrar pagar un doble cajón. -más de uno se estaba aguantando la risa cuando Juan interrumpió.

-Berenice, Penélope ya basta. Ahora van a dejar de pelear y vamos a disfrutar una cena familiar ¿Estamos? -nadie dijo más nada con respecto a eso.

-Mejor no insistas Pato, mira si tu madre enrabieta y se quiere ir. -le susurró Esteban a su primo.

-Bueno pero preguntémosle a Eli ¿Dale?

-¿Le pregunto yo?

-Sí. -Esperaron a que termine la hora del postre para salir.

-Eli ¿Nos acompañas afuera?

-Sí, dale. -dejo de hablar con su prima Daria y fue con sus primos al jardín, se sentaron junto al estanque.

-¿Qué tanto arrumaco con Daria vos, eh? –preguntó Esteban

-Cállate, es nuestra prima ¿Qué decís?

-Lo que vimos… -continuo Patricio

-Y no te hagas.

-Córtenla ¿Qué quieren? –finalizo Elián sabiendo que algo se traían entre manos desde esa tarde, Esteban y Patricio eran como uña y mugre, cual era cual dependía a quien le preguntes, Elián se quiso unir a ellos en un principio pero después se dio cuenta que ellos eran como gemelos que nacieron por separado, siempre lo tuvieron en cuenta en cada una de sus travesuras pero no era lo mismo y ya los conocía suficiente para saber que algo se traían.

-Miren lo que conseguí –dijo Patricio. Si, algo se traía y era la botella de vodka que su tía le había quitado.

-¿Cómo la conseguiste? – le pregunto Esteban sorprendido

-Todos los magos tienen sus secretos. Toma Eli. –se la tendió a su primo y este se tomaba un trago y se la devolvió– queremos saber dónde vivís.

-¡Patricio! –le dijo Esteban por decírselo así como así.

-¿Qué? –respondió mirando por un segundo a Esteban y volviendo a mirar a Elián- si nosotros queremos saber, en realidad siempre lo quisimos saber pero la pereza nos ganaba y preferíamos hacer otras cosas como practicar esgrima con las espadas que teníamos en el colegio o al quidditch.

-¿Y por qué quieren saberlo? Si nosotros los visitamos cuando podemos y siempre nos vimos en el colegio. –contesto a la defensiva mientras Patricio le daba la botella a Esteban y este le daba un trago largo.

-Pero no te pongas así Eli, es que queremos saber, queremos ir a visitarlos…

-Yo no les voy a decir nada primero lo voy a hablar con mi madre. –levanto y emprendió el camino a dentro de la casa, le iban a reclamar pero la voz de primo Simón los interrumpió.

-¡Eh, ustedes dos! ¡Guarden algo! –este iba a su encuentro junto con Lucía, Nidia, Ezequiel, Daria y Bianca.

-Aún queda la mitad. –canturreo Esteban tendiéndole la botella. Daria vio cómo su primo Elián entraba a la casa y fue detrás de él.

-Eli ¿Qué te pasa? –le pregunto dándole alcance, él la miro y suspiro.

-Nada, es que Patri y Esteban quisieron saber a donde vivo pero no puedo decirles porque mi madre no quiere… -ella lo abrazo por la espalda y le sonrió.

-¿Me llevas? –él se la quedó mirando y ella deshizo su abrazo.

-¿A dónde? –le pregunto sin querer entender.

-A tu casa… -él se alejó un poco.

-No creo que sea buena idea.

-Vamos Eli… - le sonreía de lado y él miro que su madre no esté a la vista.

-Está bien pero donde digas la clave de la chimenea te la veras con mi madre y eso créeme que no se lo deseo a nadie. –rápidamente la llevo a la chimenea tomando un puñado de polvos floo- ¿lista?

-Sí. –dijo cuando entraron los dos la chimenea ella se tapó los oídos y él la abrazo por lo que no escucho las palabras que su primo dijo. Daria se esperaba una casa muy pequeña, según lo que había escuchado de su tia Berenice pero se quedó asombrada. Estaban en una habitación bastante amplia totalmente alfombrada con dos sillones de un cuerpo y uno de dos cuerpos marrones oscuros del mismo juego una mesa ratona con un enorme florero, en una pared estaba la chimenea con dos ventanales a los costados, las otras dos paredes tenían una puerta cada una, una tenia libros de arriba abajo y la otra tenia cuadros de los más variados.

-Esta es mi casa, ¿Un tour madame? –le tendió la mano y ella la acepto poniendo la suya arriba.

-Por supuesto. –contestó con una sonrisa.

-Bueno, este es el living y por acá vamos al comedor. –pasaron a la siguiente habitación la cual estaba pintada de blanco con un enorme ventanal con cortinas verdes en una de las paredes, el piso era de madera oscura, a diferencia de la otra habitación esta solo tenía tres cuadros y dos muebles de madera algo más clara que el piso y estaban cerrados, había una mesa redonda con cuatro sillas y más en un rincón una rectangular con tres sillas, Daria lo miro sin entender.

-¿Por qué hay dos mesas?

-Porque en esa –señalo Elián la rectangular- mi madre trabaja y una amiga la ayuda y yo también a veces.

-Ah, es muy grande yo me la imaginaba más pequeñas.

-¿A que si? –Tiro de ella llevándola a otra puerta– Ven, esta es la cocina.

-Vaya… - la cocina era más pequeña se veía una cocina, una heladera varios muebles, una ventana que también serviría como puerta y una mesada con cuatro banquetas- es muy…

-¿Muggle? La amiga de mi madre es mestiza y créeme que estos artefactos muggles son muy útiles. Vamos para el otro lado –le dijo sacándola de allí y la llevo de vuelta al living pero esta vez cruzaron la otra puerta, no había escaleras la primera puerta le mostro Elián era un baño para invitados, la puerta de al lado no se la mostro, la siguiente era un baño más grande que era el privado, y las dos siguientes le dijo que era la habitación de su madre y la de la amiga y una última puerta la abrió- esta es mi habitación.

-Es enorme. –contesto entrando y observándolo todo. Era la típica habitación de un post adolescente, una cama de una plaza y media con sabana azules, las paredes de fondo eran blancas pero estaban empapeladas con posters de bandas de música, de deportes como equipos de quidditch y algunos sobre esgrima, tenía una gran biblioteca, una estantería arriba de su escritorio donde estaban sus trofeos y su espada de esgrima con los que había ganado la mitad de ellos, la otra mitad era del club de duelos y de ajedrez; su mesa de luz tenía una gran lámpara, también tenía alfombras y una escoba polvorienta que casi no la uso dado su miedo a la alturas, también tenía una ventana enorme con cortinas blancas. –todas las ventanas son enormes.

-Es que a mi madre le gusta aprovechar la luz del día, es una persona muy enérgica.

-Y alegre…

-También, ¿quieres ver porque no hay escaleras? –le pregunto con una sonrisa.

-Sí, muéstrame. –el la tomo de la mano y la llevo a la puerta que no le había mostrado, resulto que era una escalera que conducía a una terraza con miles de plantas- Elián, esto es mágico…

-Si, en realidad lo mantenemos entre los tres. –Daria miro más allá y vio que estaban en medio de la ciudad.

-¿Por dónde estamos exactamente? –Elian se le acerco y abrazándola desde atrás le dijo:

-Bueno la calle que cruza justo de este lado es el diagonal 52, si vivimos en pleno centro. Es que el trabajo me mi madre lo amerita.

-¿No es muy ruidoso vivir acá? –él se rio

-Para nada, una vez que estas un tiempo te acostumbras.

-Eli, es muy lindo ¿Por qué no hacen una cena familiar? –el suspiro apenas audible y se apoyó en su hombro.

-Mi madre está bastante resentida con algunos de mis tíos y la abuela, aun y no quiere que vengan a ver y criticar la manera en que vive, no recibimos muchas visitas pero no me molesta. Guillermo, tu padre vino algunas veces y el abuelo Juan también…

-¿Cómo que mi papá sabe dónde viven y nunca me trajo? –pregunto cruzándose de brazos, él la hizo dar media vuelta y se los descruzo.

-En ningún momento pidió permiso, creo. También vino el tío Fabricio y la tía María pero solo una vez, después vos.

-Vaya, en verdad me encanto venir. -él se sonrojo hasta las orejas- Te sonrojaste.

-Mentira, ven volvamos creo que mi madre estará peleando con la tía Penélope…otra vez.

-Bien pero que conste te sonrojaste aunque pareces súper tierno. –le decía mientras bajaban las escaleras.

-Jamás, yo macho de pelo en el pecho, nunca me sonrojo. –comentó con burla.

-Tontito. –le dijo dándole un corto beso antes de entrar a la chimenea.

Ambos volvieron y al llegar vieron a sus primos y hermanos de Daria todos en la puerta entre el comedor y la cocina, la abuela Mary ventilándose con un abanico con la cara aun roja y una fuerte discusión entre Berenice y Penélope, Elián entró rápidamente haciendo a todos a un lado se puso entre las hermanas.

-Ma, nos vamos. –dijo a Berenice que al verlo como que volvió en sí.

-Tienes razón es lo mejor. –empezaron a caminar a la puerta y Penélope soltó.

-Eso no significa que seas buena madre, sigues siendo una bruta, una cualquiera. –ahí Elián se giró y le contestó por primera vez.

-Mi madre no es bruta ni una cualquiera, de hecho es mejor madre que vos y estoy seguro que no le llegas a los talones. –miró a los demás que se habían quedado boquiabiertos- Con permiso, que pasen buena noche. –Sin decir más nada junto con su madre se fueron lejos de los hechizos anti aparición y reapareciendo fuera de su casa rodante- mamá…

-¿Qué pasa Eli?- pregunto ya entrando.

-¿Estuve mal contestándole así a la tía Penélope? –Berenice entraba junto con Elián y cerraba la puerta.

-No lo sé ¿a vos que te parece?

-Que la hubiese puesto en su lugar pero de otra forma…

-Creo que otra forma seria dándole una buena tunda, pero estuviste bien no te preocupes –le contesto acariciando su mejilla con cariño- quisiste defender a tu madre y te entiendo, tu tía solo es un poco estúpida no por eso voy a dejar de estar orgullosa de vos.

-Gracias mamá. Creo que mejor me voy a dormir. –le dio un abrazo.

-Que descanses. –Berenice vio cómo su pequeño grandote caminaba a su habitación va a seguir siendo mi orgullo siempre, por más que haya traído a Daria sin permiso o por más que le guste, solo espero que Guille no arme lio… pensó yendo a su cuarto.

Había pasado una semana del cumpleaños de Bianca y eran las cinco de la tarde cuando Berenice llegaba de trabajar junto con su amiga Carolina, al poner un pie en el living esta última pregunto:

-¿Qué paso? –allí estaban esperando Juan, Guillermo, Fabricio y María.

-Hola. –saludó Berenice muy alegre ni bien los vio- ¿a qué se debe esta linda visita?

-Tenemos que pedirte un favor… -empezó a hablar Juan.

-Más bien una súplica. –siguió María.

-No me asusten. –dijo Berenice.

-Es que Esteban y Patricio nos están volviendo locos. –contó Fabricio soltando un suspiro de cansancio.

-¿Por qué? –en eso llegaba Elián con café para los cuatro.

-Quieren venir a acá, a tu casa. –contesto Guillermo, Berenice abrió los ojos como platos junto con Carolina.

-¿Qué? –Fabricio, el más impaciente resoplo y contesto

-Que quieren saber dónde vivís, Bere por favor, están inaguantables no los soporto más muéstrales esta bendita casa de una vez, los tengo casi todos los días taladrándome los oídos.

-¿Y por qué esperaron tanto? Mientras vengan ellos dos no hay problema. –en ese momento sintió como si le echaran un crucio con la mirada, en especial Fabricio que le titilaba el ojo, Berenice miro a Elián y después a los demás- y traigan a Daria también.-Voy a preparar más café. –acoto el muchachito saliendo lo más rápido que pudo sonrojado hasta las orejas.

-Yo te acompaño. -le dijo Carolina.

-Está bien Bere, prepara algo para cenar que esta noche los traemos. –dijo Juan.

-¿Ustedes se quedan también? –pregunto ella.

-Yo no puedo. –contesto Guillermo.

-¿Hace cuánto que sos elfo domestico? –le pregunto Berenice haciéndole burla.

-Ja, ja, ja. Que graciosa, creo que fue en el momento que dije acepto. –Juan y María negaban con la cabeza mientras que los otros tres reían.

-Pero los demás si venimos.- le cortó Fabricio.

-Listo, entonces me tendré que poner a cocinar. –después de que se despidieron Berenice se metió de lleno en la cocina y los demás volvían a sus quehaceres, además de encargarse de darle cierta noticia a Esteban y Patricio que seguro estarían en lo de Fabricio. Por otro lado, Juan volvió junto a su mujer y mientras la veía preparar una tarta pensaba en cuanto se parecía a Berenice y no tan solo físicamente, se lamentaba mucho que aun siguieran distanciadas por ese enorme orgullo que tenían, ambas estaban esperando unas disculpas que no llegarían para nada pronto.