Buenas tardes, aquí les habla Ann Parthenopaeus. Por cuestiones de tiempo y cálculos la actualización del fic serán los lunes, a inicio de semana. Sin nada más que agregar, les dejo con el capítulo para hoy.

Aclaratoria antes de leer: Esta entre un rating "T" a un futuro rating "M". Estará ubicada en Londres durante la fecha de 1800. Tiene un leve reciclaje de los OC's que se ven en otra historia. Es un Universo Alterno como se podrá notar.

PoT no me pertenece (obviamente), en cambio me gusta usar sus personajes para crear buenas historias… o intentarlo.

PLOT: La vida de una debutante no es fácil, hermosos vestidos, cuidar de tu popularidad, coquetear con hombres guapos y bailar toda la noche... Todo con el brillante fin de encontrar un marido. Lamentablemente no todas las jóvenes debutantes consiguen su meta, o si lo consiguen eso pasa luego de varios años de espera para ser cortejada (ó aceptada, póngalo como quiera) por un hombre decente.

Sakuno Ryuzaki es exactamente así: una "no tan joven" debutante que tras su desastroso primer día en la sociedad londinense se vio relegada a convertirse en una afamada "florero", esas señoritas en las que nadie se interesa y viven de las sombras de los rincones y los canapés con crema.

Pero tras el regreso del famoso Ryoma Echizen, ese joven que se aventuró a huir a América años atrás, su vida se verá completamente de cabeza ante los oscuros y extraños encantos de él… sumados a los intentos casamenteros de la hermana de este.

Capítulo II

Para las diez de la mañana, Ryoma Echizen ya se encontraba en la entrada de la casa de su familia en Mayfair. Tal como recordaba, la enorme casona se alzaba imponente frente a los ojos de cualquiera que se acercara; desde el lado de afuera se podía ver el sin fin de ventanales que reflejaba la cantidad tal vez exagerada de habitaciones que poseían.

Era vieja, pero el interés de su madre y su padre por mantenerla siempre imponente y hermosa, era lo que hacía a Night's fly manor, tan famosa entre los aristócratas y ricos de Londres. Recordaba que cuando era niño, había oído más de una propuesta de compra por parte de los acaudalados amigos de su padre, pero su familia siempre se había negado a vender la casa principal… era de valor simbólico para todos y en donde su padre, él mismo y sus hermanos habían dado sus primeros pasos, aprendido a hablar y vivido momentos hermosos que eran para atesorar.

Aunque la forma de llamarla era un poco rara, era el nombre que recibía desde que tenía memoria y había sido así desde su construcción muchos años atrás. Si no se equivocaba, ya debía estar por cumplir los cien años.

Mientras pasaban el portón de la entrada con el escudo e inicial de apellido Echizen plasmado en el mismo, el carruaje se balanceaba de un lado a otro por el camino de tierra y Tezuka observaba con fijeza por la ventana. Sin saber como lo había logrado, Ryoma lo había convencido de acompañarlo en esa primera visita a su familia.

No se sentía listo para encararlos a todos él solo.

—Es una casa muy grande —Lo oyó comentar casi en un susurro. Ryoma estaba de acuerdo, no era una mentira y comparando a Night's fly manor con la casa que tenía en América, parecía una vulgar locura. Asomándose por la ventana y respirando el fresco aire de Londres por la mañana, Ryoma cerró los ojos.

—Y eso que aun no la conoces.

Los jardines que rodeaban la casa estaban en plena forma por el verano. Ablandó la expresión a recordar a su madre, era una mujer curiosa a la que no le molestaba ensuciarse las manos para encargarse ella misma de que todas sus flores y plantas estuvieran en perfectas condiciones… por supuesto que jamás había dicho algo así delante de sus amigas de la alta sociedad, si no sería inmediatamente juzgada; pero no era un secreto que los jardines de Night's fly manor eran la envidia de todas las mujeres con buen gusto para sus casas.

—También tenemos una biblioteca bien extensa, estoy seguro que te gustará —Soltó Ryoma luego de unos instantes.

—Sabes que no estoy pensando en quedarme aquí.

—Yo tampoco —Respondió rápidamente con seriedad mientras el carruaje parqueaba.

Cuando ambos bajaron del vehículo, los recibió la ama de llaves: una señora ya mayor que siempre había estado trabajando para ellos desde que tenía memoria. La mujer, al verlo, enseguida se llevó las manos a los labios y se le llenaron los ojos de lágrimas mientras lo abrazaba. Ryoma río por tal bienvenida, la recordaba siempre, por aquellos tiempos en que era niño y ella le daba galletas a escondidas de su madre antes de la cena.

—¡Pero qué enorme estas, joven Ryoma! ¡Enseguida llamaré a sus padres y a su hermana!

—Jaja, por favor no corra, Señora Popps.

La mujer ni lo escuchó. Rápidamente lo hizo pasar al interior de la casa y corrió escaleras arriba. Aun era relativamente temprano, así que suponía que todos en esa casa debían estar durmiendo… Solían servir el desayuno a las once porque todos se despertaban a eso de las diez y se demoraban en arreglarse para salir de sus habitaciones. Por su propia cuenta, Ryoma guió a Tezuka a través de los largos pasillos hasta la sala de invitados, mientras iba rememorando sobre aquellos días en que todavía vivía en esa casa.

Todavía tenían ese reloj abuelo raro de madera costosa que su padre había traído de uno de sus viajes. Era raro porque en lugar de que salieran los típicos "cucús" de él cuando marcaba las doce, eran un par de adorables hadas las que hacían acto de presencia.

Su hermana menor había quedado inmediatamente encantada con el reloj, pero Rinko no la dejó meterlo en su habitación… ni siquiera por hacerle ojitos a Nanjiro.

—¿estás recordando algo divertido? —Oyó preguntar a Tezuka.

No fue hasta ese momento que se dio cuenta de que sonreía ampliamente.

—Recordaba lo mucho que mi hermana adora ese reloj —Susurró señalando al gran reloj abuelo junto a la chimenea. Tezuka dejó de mirar hacia él y pasó a mirar al mismo lugar que Ryoma.

—Mm… Tiene un acabado bastante hermoso.

—Lo trajo mi padre de Escocia hace mucho tiempo.

En aquellos tiempos donde Ryoma había estado conforme con su vida y todavía no sabía que a futuro cometería la gran locura de huir de casa.

No dio suficiente tiempo a que ambos intercambiaran más palabras ya que instantes después, ruidosos pasos se oyeron en trote hacia la salita de invitados. Cuando se abrió la puerta de madera de roble antigua, esta golpeó con fuerza contra la pared y en la entrada apareció la figura de su hermana menor.

Tsukiko estaba más alta de lo que Ryoma podía recordar… Y estaba vestida con un delgado y simple camisón; el cabello negro azabache caía por sus hombros hasta la cintura, y por el aspecto que tenía, se había lavado la cara y los dientes a la velocidad de la luz.

"Hay cosas que nunca cambian". Pensó Ryoma mientras se decía a sí mismo que su hermana podría haber hecho el esfuerzo de vestirse antes de ir a verlo directamente.

—¡Hermano! ¡Hermano! —Con lágrimas en los ojos a pesar de una enorme expresión de felicidad, Tsukiko corrió directamente hacia él. Poniéndose de pie desde el sillón en donde había estado sentado hasta ese momento, Ryoma la recibió en brazos y la alzó en un profundo abrazo.

Había sentido tantos nervios de encontrarse con ella de nuevo, su hermana menor a la que solo le llevaba unos cuantos años y con quién había compartido una infancia muy unida aun después de haberse ido a estudiar lejos. Haberla dejado sola sin decirle nada más y sin dirigirle la palabra durante meses, creo en él un temor sorprendente a verla de nuevo y encontrarse con su odio… pero sin embargo, la sensación de fraternidad seguía allí para cuando le regresó el abrazo.

La oía reír mientras lo abrazaba con fuerza y Tsukiko rápidamente se removió para que él la bajara y poder apoyar ambos pies en el suelo. Ya desde abajo lo miraba fijamente con los ojos brillantes por la emoción.

—¡Pensaba que no volvería a verte! ¡Tienes que contarme todo! ¿Cómo es América? ¿Cómo te fue en el viaje? ¿Tienes novia? ¡Quiero saberlo todo! —Hablaba con tanta rapidez que apenas pudo entender siquiera una parte de lo que dijo, y sin poder resistirlo se echó a reír.

—Está bien, cálmate. Te contaré todo, lo prometo.

—¡Oh dios mío, Ryoma!

A diferencia de su hermana, desde la puerta y tal cual la recordaba, estaba su madre vestida elegantemente y con el cabello castaño claro recogido en lo alto de la cabeza. Con dos manos sobre los labios y los ojos color marrón oscuro lleno de lágrimas.

—Hola, mamá —saludó gentilmente, alejándose lentamente de Tsukiko y acercándose a ella. Con algo de temor a lastimarla, estiro ambas manos y la envolvió con cariño entre sus brazos… por alguna razón, le parecía que Rinko Echizen era más pequeña y frágil de lo que recordaba. Y seguía teniendo ese aroma tan particular que lo consolaba desde que era un niño.

—Mi Ryoma… dios santo… qué bueno que estas aquí… de nuevo con nosotros —Tomándole el rostro entre ambas manos, Rinko sonrió felizmente aunque sus ojos todavía se encontraban repletos de lágrimas.

—Estoy en casa, mamá —Por lo menos durante un corto período de tiempo, así sería.

Por supuesto que la felicidad y la emotividad del encuentro solo duraron unos minutos, hasta que Rinko Echizen notó la presencia del segundo caballero en la sala de estar y el hecho de que su única hija estaba indignantemente vestida con una simple pijama.

—¡Tsukiko Echizen! —El grito de su madre regañando a alguno de sus hijos con nombre y apellido incluido, lo hizo sentir que definitivamente había regresado a su hogar.

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Las mañanas en la mansión Ryuzaki siempre eran tranquilas y calladas. Tanto la madre de Sakuno como su abuela tomaban el desayuno en el comedor, leían el periódico que los repartidores entregaban al servicio a primera hora, y ambas se retiraban lentamente a pasar el día con sus amigas… lo que la dejaba completamente sola desde el momento en que se levantaba de la cama hasta horas de la cena.

Por supuesto, no toda su vida había sido así, de hecho cuando era una niña había sido consentida y bien cuidada por las dos mujeres mayores de la familia Ryuzaki; pero apenas entró en la etapa en que tenían que prepararla en todo sentido para cazar un buen marido en las temporadas de fiestas en Londres, Sakuno se vio dejada en mano de varios tutores.

Y aunque ya era una mujer adulta, su abuela creía prudente que no dejara de aprender cosas… Lo que Sakuno apreciaba desde lo más profundo de su corazón.

Entonces, a eso de las diez de la mañana, su doncella y una de sus mejores amigas: Tomoka Osakada, entraba a su habitación y abría las cortinas para que el sol fuera quien le diera los buenos días. La ayudaba a escoger un vestido decente, así como también era gracias a ella que podía apretar correctamente el corsé alrededor de su cintura, y peinarse como dictaba los libros de etiqueta… sin dejar ni un solo mechón por fuera.

—El día de hoy hay croissants con huevos y chocolate, te digo que pasé por la cocina y me vi tentada a robar algo de la comida… pero por supuesto me cacharon antes de tiempo —Cacareaba Tomoka con su brillante sonrisa y su cabello recogido en un moño alto. Era una chica bonita y con un interesante lunar bajo uno de sus ojos… Sakuno incluso recordaba que desde siempre había sido popular entre el género masculino.

Por supuesto, a diferencia de ella que en lugar de ganarse la popularidad los ahuyentaba con una sola mirada.

—No entiendo porque intentas tomar comida a escondidas si todas las mañanas desayunas conmigo —Susurró Sakuno mientras tomaba aire y sentía sus costillas casi quebrarse por la presión del corsé. Era triste la tortura que tenía que pasar diariamente, pero a diferencia de Tsukiko Echizen quien para mayor escándalo, andaba siempre por allí sin un corsé bajo su vestido; si Sakuno no llevara uno, sería igual que dispararle sin piedad a su madre.

—Tenía hambre, no me puedes culpar… siempre tengo que esperar hasta las diez de la mañana por ti —Oírla mascullar mientras la ayudaba a vestir era divertido y una buena forma de empezar sus solitarias mañanas.

Tomoka y ella se habían criado juntas después de todo era hija de la ama de llaves que siempre había estado con su familia. Para felicidad de ambas, la habían dejado tomar clases junto con Sakuno y siempre jugaban en el jardín de la mansión cuando el momento lo ameritaba… Su única amiga.

Claro, que para la mayoría de los sirvientes no resultaba una amistad del todo buena, después de todo Tomoka siempre la había tratado de "tú" que era mal visto por los demás. Pero así la quería, Sakuno jamás le cambiaría ni un solo cabello… Bueno, quizás el gusto en hombres.

Hacía tres años había llegado a la mansión un nuevo mayordomo: Kaoru Kaidoh. Se suponía que desde que se conocieron, Tomoka y el Sr. Kaidoh se llevaron tan mal que cada uno de los miembros de la servidumbre se mantenían con prudencia lejos de ellos cada vez que se encontraban por los pasillos. Nadie creería que con una relación tan poco amigable, ambos podrían sentir algún tipo de atracción… Pues allí todos se equivocaban.

Para sorpresa de Sakuno —Y quizás de todos aquellos que los habían visto convivir—, Tomoka y Kaidoh se comprometieron.

¡Sí! ¡Se comprometieron! ¡Se iban a casar! Esos dos que parecía que se iban a arrancar la cabeza el uno al otro.

Sin darse cuenta, había comenzado a mirar con el ceño fruncido hacia Tomoka a través del espejo mientras esta le arreglaba el cabello con las pequeñas horquillas en forma de flores.

—¿Por qué me miras así? —Preguntó Tomoka mirándola de reojo —. Siento, que si las miradas pudieran hacer daño, ya yo habría muerto y tú hubieses sido condenada por asesinato.

—Es que sigo sin entender… Siempre has dicho que te casarías con un hombre guapo y rico —Y allí entre nos, Kaidoh no era ni guapo ni rico… sin querer herir por sus palabras: su mirada daba miedo, era demasiado serio y hablaba cortadamente solo lo necesario. Quizás de no ser por esas características, él seguramente sería un hombre bastante atractivo, pero simplemente no lo era —. ¿En qué momento? ¿Cómo fue que te comprometiste con alguien así?

La risa de Tomoka llenó la habitación.

—Simplemente me enamoré —Contestó sonriendo y mirando el reflejo de Sakuno por el espejo —. Hay más en él de lo que los demás ven… Y por mí está bien ser la única que conozca como es en realidad. Se llama amor y posesividad, Saku, quizás algún día comprendas a que me refiero.

"Amor… y posesividad". Como iban las cosas, Sakuno creía que nunca experimentaría ni uno ni lo otro. De hecho, era seguro que ni siquiera por conveniencia se casaría… No siendo una florero a la que nadie prestaba atención. Sin darse cuenta, de nuevo se sentía deprimida.

Era mentira decir que no deseaba una vida tranquila con un esposo e hijos de los que cuidar; pero mientras no fuera capaz de hablar normalmente con los caballeros y superar su horrible primer día en la sociedad londinense, Sakuno veía ese sueño como lo que era… un simple sueño que jamás alcanzaría el panorama real.

Mientras Tomoka terminaba de arreglarla y ayudarle a ajustar el suave vestido de seda color azul cielo, Sakuno no volvió a abrir la boca para soltar un solo comentario. Estaba tan concentrada en sus propios pensamientos que ni siquiera se percató del momento en que bajó las escaleras desde su habitación, y se sentó en la mesa del comedor junto a Tomoka.

Como había prometido su amiga, la mesa estaba servida con comida caliente bastante variada; pero ella no podía despertar su propio apetito. Pidió amablemente a uno de los sirvientes por algo de té helado mientras observaba a Tomoka devorar con avidez lo que se había servido de huevos y croissant en el plato.

Esperando por su té en silencio, Kaidoh entró por la puerta y se acercó a Sakuno con su típica expresión seria. Era un hombre alto y se mantenía recto y firme. Llevaba el cabello oscuro plenamente peinado, y sus ojos rasgados no expresaban mucho de él. En el momento que lo conoció, Sakuno había sentido un inmediato miedo de él… Y ¿Por qué mentir? Aun le daba miedo.

De allí que no comprendiera el por qué su mejor amiga había terminado enamorándose de alguien así.

—Señorita, ha llegado esta nota de parte de la familia Echizen —Tendiéndole un sobre sellado con un símbolo dorado del escudo de la familia, Kaidoh pasó a mirar de reojo hacia Tomoka y ablandó su expresión. En los únicos instantes en que él mostraba una expresión distinta a la terrorífica habitual, era en aquellos momentos en que Tomoka estaba presente en la misma sala que él.

Sakuno estiró ambas manos y aceptó la carta con suavidad, casi con temor a dañarla de alguna forma.

—M-m-muchas… g-gracias —Tratando de controlar el habitual tartamudeo que enseguida hacia presencia como mecanismo de defensa contra extraños, Sakuno tomó aire profundamente. Debía ser de Tsukiko, pero le parecía raro que mandara una nota en lugar de venir a visitar.

Abriendo el sobre con cuidado, a sus ojos los recibió la delicada caligrafía de las cartas de Tsukiko Echizen.

"Vamos a cabalgar a Hyde Park a la 1 pm. Yo me encargo de los bocadillos; le he enviado una nota a Natsuki también.

Con cariño,

Tsukiko E.".

Ahogando una suave sonrisa, Sakuno negó rápidamente. Era gracioso el contraste tan efusivo de la nota con el "con cariño". Bajando rápidamente el papel con la expresión iluminada por completo ante la idea de una tarde agradable en compañía de sus amigas —Esas dos que por suerte no estaban comprometidas ni enamoradas como ella—, pasó a mirar a Tomoka.

—Saldré a eso de las dos a cabalgar, ¿Me ayudarás a ponerme mi vestido para montar?

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Aunque era una idea interesante la de salir al viejo Hyde Park para montar a caballo, Ryoma no se explicaba la emoción tan grande de su hermana por la idea. Pero aún así aprovechó… Después de un desayuno compartido con su familia, en la que cómo era de esperarse su padre no se molestó en asomar la cara por el comedor y más bien solicitó a la servidumbre que subieran la comida a la habitación, Ryoma aceptó la solidaria invitación a recorrer Mayfair en caballo junto a su hermana menor.

Su madre había insistido en que ambos se quedaran en Night's fly manor y para deleite de Ryoma, ni siquiera el estoico Tezuka Kunimitsu fue capaz de negarse al poder que ejercía Rinko Echizen. Ambos desempacaron en cómodas habitaciones y Ryoma descubrió que su habitación de antaño seguía exactamente igual, aunque los sirvientes se ocupaban de mantenerla limpia y sin polvo.

Fue algo conmovedor a la vez que incomodo ver sus cosas tal cual las había dejado y el resto de su ropa sin tocar.

"En momentos así, es inevitable no sentirse culpable, de nuevo". Haber preocupada a su madre y hermana durante meses… y haber desaparecido de sus vidas. Aún así lo habían recibido con brazos abiertos como si nunca les hubiese hecho daño.

Era incomprensible.

Logró cambiarse luego de desempacar sus cosas, y luego de ir a buscar a Tezuka ambos se dirigieron a los establos.

—En realidad, no quiero hacer esto —Se quejó Tezuka mientras observaba con cuidado los caballos agrupados en los establos.

—Será bueno para ti que te familiarices un poco con Londres —Por lo menos en Mayfair que era donde se mantendrían la mayor parte del tiempo. En el tiempo que lo conocía, Tezuka nunca había demostrado ser un hombre mundano o de vicios, así que no creía que fuera lo suyo visitar clubes de apuestas o burdeles.

El mayor vicio que tenía según la perspectiva de Ryoma, era tomarse una copa durante las reuniones de negocios… Era prácticamente religioso, pero aun así nunca viajaba a los extremos.

Ryoma se ocupó de equipar los tres caballos, mientras esperaban la aparición de Tsukiko. El cimarrón que su padre le había regalado para su decimo noveno cumpleaños seguía allí… Lo había llamado Rayo porque era tan veloz que Ryoma disfrutaba de disputar carreras con él. El caballo al verlo, enseguida se arrimó junto a él y se dejó acariciar como forma de saludo.

Saber que todavía lo recordaba logró que se le escapara una sonrisa.

—Yo lo he sacado a pasear de cuando en cuando, pero hace mucho no corre en carreras —La voz de Tsukiko lo hizo alzar la vista.

Llevando una canasta con lo que seguramente eran bocadillos, Tsukiko se aproximó a ellos llevando un vestido para montar de color blanco y un delicado sombrero a juego para protegerse del sol. Rápidamente, Ryoma pasó a mirarle las manos… no todo podía ser perfecto, así que además de no llevar corsé para afinar la cintura, las manos de su hermana no llevaban guantes.

—Casi pensé que eras una dama —Comentó arqueando una ceja y acercando la yegua de Tsukiko hasta ella —. Casi.

Frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos, Tsukiko tomó las riendas de la yegua color café. Tezuka se movió para intentar ayudarla a subir a la silla de montar, pero enseguida Tsukiko alzó una mano negando.

—Muchas gracias, Señor Tezuka —Habló mientras se enderezaba con expresión solemne en su rostro —. Pero yo puedo sola.

La expresión de Tezuka no tenía descripción alguna al ver como Tsukiko se subía al caballo con una habilidad impresionante… a pesar de su delicado vestido blanco.

Sin poder evitarlo Ryoma río, y pasando por su lado le palmeó el hombro. —Vamos.

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N.A: Oficialmente, Ryoma llegó a Londres y se encontró con su familia luego de años de haber huido de casa. Espero hayan disfrutado este capítulo tanto como yo lo disfruté al escribirlo.

Quisiera agradecer a las personas que fueron tan amables al enviarme R&R: Hillary (no pongo tu nombre completo porque la última vez Fanfiction me lo borró del documento), Jesica R. H. H. , Sibreka y Mumi Evans Elric.

Saben que si ven algún error ó quieren dejar un comentario ó tienen un pregunta, con gusto los leeré y los responderé por MP.

Hasta el próximo lunes,

Ann Parthenopaeus.