¡No estaba muerta, andaba de parranda!
Ok no :3. Lamento haberme demorado tanto en continuar con esta historia. Últimamente no tengo mucho tiempo libre, pero les traigo una buena noticia:3
¡Aquí tienen el capítulo 2 de Las 4 Gemas ~ЯǝᴌᵒᾱÐ~! *aplausos*
Espero que les agrade la manera en la que edité este capítulo para que lentamente la historia original comience a darse forma. Estoy intentando eliminar todos esos huecos en la historia y encadenar todos los acontecimientos, disculpen si me vuelvo a tardar en subir la continuación.
Tomen esta entrega como un pequeño obsequio de Santa :3
Gracias de antemano por leer mi historia.
Declaración: Las PPG no me pertenecen (Si fuera así cursarían el bachillerato en una escuela estilo británico carísima, en la que no hay demasiadas reglas ni normas para vestir o usar el cabello, con muchísimos estudiantes y enormes instalaciones.), le pertenecen a Cartoon Network y a su autor Craig McCracken. Las utilizo sin fines de lucro, mero entretenimiento.
Advertencias: Universo Alterno, Out of Character, Original Characters, Personajes de 17-18 años, historia un poco futurista, incoherencias en algunas cosas, sangre, histeria y poco amor.
Las 4 Gemas ~ЯǝᴌᵒᾱÐ~
Capítulo 2: Típico.
Cubrió lentamente su boca cuando ese largo bostezo se escapó de sus labios, mismo que contagió de a poco a su hermana menor, mientras se estiraba perezosamente, viendo con esos ojos verdes brillantes su desayuno sin muchos ánimos. Cerró perezosamente sus ojos, tomando con su mano derecha la cuchara que tenía al lado de su tazón con cereal achocolatado y suspiró por lo bajo.
− Que fastidio…− Musitó para sí misma y sin la necesidad de abrir los ojos introdujo la cuchara en el tazón para tomar un poco de cereal y llevarlo a su boca, apoyando el cubierto en esos finos labios, levemente fruncidos por el cansancio. Tragó luego de un momento lo que había masticado y volvió a suspirar. − ¿Por qué tenemos que ir a la escuela? − Y volvió a expulsar el aire por sus labios, aún más desanimada.
Su hermana rubia -más dormida que despierta- solo atinó a asentir con la cabeza, ambas estaban igual de cansadas. Y la mayor riendo por lo bajo le dio un pequeño golpe en la frente, cariñosa, ganándose la atención de su hermana morena, quien volvía a introducir nuevamente una cucharada con cereal a su boca.
− Porque tú tienes que prepararte, para algún día dejar de ser una carga para el profesor, Butter…− Respondió la pelirroja sonriendo de una manera tranquila y apacible, antes de levantarse de su sitio y lavar su tazón en el fregadero, dándole la espalda a sus hermanas.− Lo prometimos, Butter, así que no te quejes. − Le susurró por lo bajo, sin deshacerse de la atención de la morena, que seguía desayunando.
− Hmp. − Resopló el cabello que por un segundo cubría uno de sus ojos, para volver a ver el tazón donde flotaban, simpáticas, algunas de las figuras de colores representativas de la marca del cereal en la leche achocolatada, antes de comenzar a comerlas, sin mucha prisa. No tenía ganas de ir a la escuela.
No pudo contener su risa. Era imposible hacerlo. Frunció sus labios y retrocedió un paso, para intentar atenuar el volumen de su voz. Su hermano sólo se movió en su propia cama, para volver a quedarse apaciblemente dormido. Sonrió de medio lado, volvió a acercarse al oído del moreno y, luego de reprimir de vuelta su risa, tomó una gran bocanada de aire.
− ¡Levántate holgazán! − Soltó en un estridente grito. El moreno saltó de la impresión y con ello estuvo a punto de caer de la cama, escuchando sólo las risas de su hermano mayor. Buscó encolerizado al causante de su exalto y lo encontró muriéndose de la risa a unos pasos de él.
− ¡¿Qué te pasa, estúpido?! − Exclamó al fin, cuando pudo reaccionar. No obstante el pelirrojo ya se había alejado. Él se levantó energético del suelo, acercándose rápidamente a su hermano, que aún reía burlonamente.
− Es tarde. Tenía que despertarte de alguna manera. − Y volvió soltar una risotada un poco más alto, ganándose un fuerte golpe en un hombro por parte de su hermano.
− Un simple: "Ya es hora, Butch, levántate" habría bastado. − Renegó molesto, dándose la vuelta y caminando de vuelta hacía su cama sin dejar de oír la risa de su hermano mayor.
− Ya es hora, Butch, levántate.− Citó, sonriendo ampliamente y, sin inmutarse del golpe que le había proporcionado su hermano menor, dio media vuelta por encima de sus talones, saliendo de la habitación tarareando una canción.
La gran masa de jóvenes que se reunían en el muro de la escuela comenzaba a dispersarse conforme la hora de entrada se acercaba. Sin embargo, ellas aún seguían allí, sin acostumbrarse a la idea de encontrarse en diferentes listas cada una.
Todas en el apartado de 5° semestre de preparatoria. Todas rondando en los números 40's de cada lista, pero cada una en una hoja de papel distinta. Durante los 4 semestres anteriores habían coincidido en algunas clases de tronco común, no obstante, ese semestre cada una de las listas era diferente para las tres. Tres especialidades completamente distintas.
Y seguirían allí por otros segundos, viendo cada una su nombre en diferentes hojas, con la mirada perdida en ese "Utonium" que preferirían ver junto. Sin embargo, la menor de las tres sonrió con amplitud, intentando superar el repentino shock al que había entrado.
− Parece ser que no vamos a estar juntas en esta ocasión, chicas. − Dijo con simpleza, restándole importancia al hecho o queriendo aparentar que así era.
− Sí, eso parece…− Apoyó la morena intentando ocultar su emoción en una mueca de disgusto, que no pudo fingir completamente. Al fin no tendría a su hermana mayor presionándola para hacer su tarea todos los días.
− ¡Qué mal! − Exclamó por lo bajo la mayor, lamentándose internamente por sus hermanas despistadas. No quería pensar en la baja de sus respectivos promedios a causa de ello. La idea de entrar a ese semestre comenzaba a disgustarle.
− ¡Lo sé! Pero al menos podremos vernos en el receso. − Comentó la rubia ajustando uno de los listones azules de sus coletas. − No se preocupen, nos vemos en el descanso. − Y comenzó a caminar en dirección a uno de los tantos edificios que conformaban el rústico plantel con instalaciones del estilo británicas.
− ¡Claro! ¡Nos vemos! − Soltó la mediana dándose vuelta y dirigiéndose a su propia clase, ahora un tanto más animada. La última solo sonrió suavemente, antes de caminar lentamente a su aula, rogando internamente que sus hermanas tuvieran un buen inicio de clases.
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Ahora, ya el muro de la escuela se encontraba completamente vacío, todos se habían ido a sus respectivas aulas, con el único fin de tomar la primer clase a la que deberían asistir en ese curso. Sin embargo, ellos apenas llegaban, sin prisa alguna y tranquilamente cada uno comenzó a buscar su nombre en las listas que estaban pegadas en la pared.
La reacción fue instantánea, al ver como el Him era único en cada una de las listas y los tres sonrieron ampliamente. Al fin podrían estar solos sin esa competencia rígida en ser los chicos más codiciados de cada clase.
El cambio de ciudad les había sentado bien. Ahora concluían en que tal vez Megaville no era un sitio tan malo para vivir, y que tal vez, de todas las antiguas ciudades en las que habían estado, podría ser la más emocionante. Los cambios comenzaban a ser un tanto excitantes.
Los tres se miraron mutuamente, cruzando esas miradas de distintos colores y sonrieron socarronamente cómo sí hubiesen comenzado un reto sin decirlo. Ninguno habló, no era necesario. Sólo se giraron respectivamente y comenzaron a caminar en distintas direcciones.
Se sentía un tanto ansiosa. Sus dedos índice y corazón oprimían el bolígrafo con una insana fuerza, pero lo hacían oscilar con un veloz movimiento en sus manos. Estaba nerviosa y hasta desesperada. A duras penas podía escuchar lo que el profesor decía. Y eso le había orillado a la obligada conclusión:
La próxima vez que tuviera clase de Cálculo Avanzado, se aseguraría de sentarse en el primer lugar.
Había sido una mala idea de querer comenzar el año en la quinta silla de la última fila. Todo por querer quedar al lado de la ventana. Pero ella no tenía la culpa… ¿Cómo iba a saber que su profesor tendría una especie de deficiencia en las cuerdas vocales que le hiciera hablar así de bajo?
T. Wallas. Tenía el presentimiento que ese nombre sería el primero en firmar su boleta reprobada de calificaciones. Su primera materia sin aprobar en toda su vida. La primera vez en que su nombre, Blossom Utonium, se vería expuesto en una lista para aplicar exámenes extraordinarios.
Bueno, no había que ser tan pesimistas. Tal vez sí conseguía uno de esos aparatos milagrosos que hacían a las personas de la tercera edad escuchar normalmente, podría al menos pasar…
Toc toc toc
¡Sí! ¡Eso era! Tendría que conseguir uno de esos aparatos para poder pasar esa materia sin muchos problemas. Así su padre no se decepcionaría que su "Hija Genio" tuviera una materia reprobada por primera vez en su existencia.
− Adelante. − Tan sumida estaba en sus pensamientos, que no notó el suave sonido que la puerta desprendió al ser abierta. Pero esa firme voz que rompió el silencio del aula la llamó espontáneamente.
− Lamento la tardanza, profesor. − Palabras tan nítidas, audibles, nada comparadas con las de su profesor, la atrajeron inmediatamente. Pudo notar ese extraño color en los ojos del muchacho. Carmesí. Tan diferentes a los suyos propios. Tan incompatibles con ese patético rosa que había tomado como gen dominante.
− Es el primer día de escuela, sin embargo, debe saber que tenemos una importante regla con la puntualidad. − La voz del profesor se escuchaba clara. Tal vez en los regaños se animaba un poco y era por eso que subía los tonos unos cuantos decibeles. − Señor… − Dio una marcada pausa, para darle tiempo a que dijera su nombre.
− Him, Brick Him. − Se sintió por un momento un tanto nerviosa. Ese largo cabello rojo obscuro no era natural en una escuela cómo esa, incluso para ella, que tenía casi el mismo tono. Frunció el entrecejo al notar la chamarra negra que llevaba sobre esa camisa roja. ¿A quién se le ocurría llevar manga larga en pleno verano… y, además, de color negro?
− Bien, Señor Him, tiene que saber que no se le permitirá la entrada la próxima clase que llegue tarde. Tendré una tolerancia de 5 minutos, no más.− Sí, en definitiva, podía presentir que a ese profesor le gustaba regañar. Pero ese chico cada vez le llamaba más la atención, tenía el presentimiento de haberlo visto antes.
¿Por qué llevaría pantalón negro también? ¿No tendría calor? Sí ella, con ese simple vestido rosa de costuras blancas, sentía que pronto se pudriría por el aumento de temperatura ¿Qué estaba pensando él al vestir así?
Cadenas. Llevaba cadenas colgando a los lados de la pelvis. Tal vez sería una especie de punk.
− De acuerdo, profesor, lo siento. − Y terminó de adentrarse en el aula. Los guantes negros en sus manos le parecieron aún más peculiares. Los ojos rosas de ella se clavaron pesadamente en él. Ese rostro… estaba segura de que lo había visto en otro lugar… no recordaba exactamente en dónde, pero estaba segurísima de que ya antes lo había visto.
− Está bien, señor Him, por favor, pase y tome asiento. − Observó a detalle cada uno de los movimientos que hacía. Cómo se escabullía entre las bancas, hasta llegar a la butaca vacía, justo a dos bancas de la suya propia. Ojos escarlata. Tan brillantes como la sangre. Tenía apariencia incluso de un motociclista rebelde, con aquella coleta baja y despeinada.
Lo observó un segundo más.
¡El chico de la librería! ¿Cómo pudo haberlo olvidado? Con el estrés del inicio de cursos, tal vez lo había pasado por alto. Pensó en saludarlo luego. Sería bueno hacerse amistades, aunque no le gustara mucho su manera de vestir, pero antes se portó muy cortés. Tendría que conocerlo.
Esto comenzaba a gustarle.
Los pasillos de la escuela estaban completamente desiertos, eran anchos, y estaban llenos de ventanas hacia las explanadas. La vista era sorprendente con ese cielo de claro azul, lleno de tiernas nubes blancas.
"Buscaba" la sala número 127, donde se supondría tendría la clase de Dibujo Técnico, sin embargo, desde hacía unos 15 minutos, estaba perdido. ¿Por qué? Tal vez, giró unos pasillos antes o después.
Pero, esa escuela particular que su madre había escogido para ellos no estaba tan mal. El reglamento era sencillo, tendrían que llevar el uniforme escolar "obligatoriamente" luego de 2 semanas de su ingreso al plantel cómo único plazo, y no tendrían que hacer absolutamente nada que comprometiera su seguridad, o la de sus compañeros.
No decía nada acerca del corte obligatorio de cabello, o la disciplina en clase. Por eso es por lo que más amaba a su madre: Siempre veía la manera en la que le gustara pasar el tiempo obligatorio de la escuela.
Nivel medio superior. Venga, que, para él, era más que sencillo pasar en la carrera que había escogido: Técnico en Electrónica.
Estaba feliz. Era la primera ciudad en la que estaría en una clase separado de sus hermanos. Y lo mejor, es que había conseguido revalidar todas las materias que cursó en otras ciudades, por lo que había entrado directamente a 5° semestre de bachillerato.
Sonrió para sí mismo. A este paso se enamoraría de Megaville.
Miró a su alrededor, encontrándose con un reloj de manecillas en la pared blanca. 7:16 AM. Había errado sólo por un minuto en sus cálculos. Suspiró un poco, tal vez era hora de entrar a su clase.
Tenía que tener un inicio perfecto: El chico rebelde, alto, moreno y de ojos verdes que llega tarde a la primer clase del año, llamando la atención de la mayoría de las muchachas lindas de su grupo. Sí, lo tenía todo planeado.
Retomó el paso, mirando el número en cada una de las puertas del corredor y sonrió al encontrarse rápidamente con la que buscaba. Aclaró su garganta, se acercó a la puerta y tocó tres veces.
Respiró hondo y fingió su cara de arrepentimiento, agradeciendo internamente por no tener ninguna marca de su pleito del día anterior. Escuchó una voz detrás de la puerta y obedeció la orden, abriendo la entrada para la sala.
Su mirada verde se encontró con la obscura del profesor. Se sintió un tanto intimidado. Tragó saliva e intentó hablar lo más claro que sus cuerdas vocales le permitieron, fingiendo una de sus típicas sonrisas seductoras, seguro todas las muchachas lo estaban observando.
− Disculpe la demora, profesor. − Notó como ese maestro bajaba un poco el libro del que estaba leyendo y le sonrió. Una de esas sonrisas tan atemorizantes que te congelan el alma. Titubeó un poco.
− ¿Cuál es su nombre, joven? − Preguntó sin borrar esa sonrisa. Él, por su parte, retrocedió un paso. Esos cabellos negros desalineados, los vellos que crecían en su barbilla casualmente, la mirada tan profunda. Todo en ese sujeto le daba un poco de miedo.
− B-Butch Him. − Susurró dudoso. Tenía el pequeño presentimiento de que, al darle su nombre, terminaría asesinándolo. Notó que él se bajó del escritorio en el que estaba sentado cómodamente y caminó hacia él. Alto, delgado, pero musculoso. Cualquiera que lo viera, pensaría que se trataría de una especie de modelo o visual guy.
− Buenos días, joven Butch. Mi nombre es Al Lee y le impartiré la clase de Dibujo Técnico. Por favor, pase y tome asiento, que el tiempo apremia.− Conforme se acercaba, hablaba más bajo y pudo notar un mínimo rastro de amenaza en su voz.
− Sí. Con permiso.− Habló rápido. Ese sujeto le desagradaba. Se abrió paso hacia el salón y le echó una mirada rápida a su alrededor. Entreabrió un poco sus labios. Se había encontrado con el paraíso… para los homosexuales.
A duras penas se encontró con unas 6 mujeres, nada comparado con los, posibles, 50 hombres. Tal vez, había escogido una especialidad errónea para sus intenciones.
Caminó hasta las bancas de atrás. Allí se sentiría más cómodo. Lejos de ese sujeto y estar tranquilo con su soledad, sin embargo, algo… no, alguien llamó su atención.
Ese libro perfectamente acomodado a manera de que pareciera que está leyendo, esos cabellos cortos de negro azabache, esos auriculares blancos con verde, la nívea tez de su rostro, los ojos cerrados. Era ella.
Posó una de sus manos en su pupitre y lo golpeó suavemente en ese momento. Ella, a causa del movimiento abrió los ojos. Él sonrió. Ella, entrecerró los ojos, frunció el entrecejo y... arremetió en su contra con un puñetazo en el estómago. Reacción inmediata. Justicia divina. Venganza perfecta.
Bufó para sí misma, mirando nuevamente la pantalla de su teléfono móvil. 7:17 AM. El primer día de clases, y a su primer profesor se le ocurre llegar casi 20 minutos tarde. Comenzaba a desesperarse.
Decidió entretenerse en algo, después de todo, si su profesor no llegaba para la primera hora no estaría dispuesta a desperdiciar su tiempo sin hacer nada. Presionó el único botón de su celular táctil y tocó la pantalla hasta llegar a la plantilla para escribir un mensaje de texto.
Escribió unas cuantas palabras, y confirmó que el destinatario sería ese joven de nombre "Charlie" que conocía desde hacía ya algún tiempo. Tal vez él ahora mismo estuviese en su propia clase, ayudando a su profesor entrenador que le habían asignado como servicio social para su facultad.
Dejó descansar el aparato de color azul celeste en su pupitre y apoyó en su puño cerrado su mejilla, cerrando los ojos perezosa. Tenía sueño, su hermana morena se lo había compartido y el que su profesor no llegara la tenía completamente aburrida.
Tenía ganas de dormir un poco más. Y es que el síndrome Post-vacacional era, tal vez, la etapa más grave de todas, pues el no despertar temprano cada mañana desde hacía mes y medio la había matado este día. Las sábanas la llamaban y la almohada le rogaba que se quedara un poco más.
Sintió un golpecito en la cabeza, lo que la obligó a abrir sus ojos de azul claro, encontrándose directamente con esa sonrisa que ya antes había visto. Sonrió un poco al notar esos ojos de azul obscuro mirándola y giró su cabeza un poco más para decir un audible:
− Hola, Charles. − A manera de saludo. Se levantó de la silla y se acercó un poco más a él para saludarlo normalmente con un beso en la mejilla, mientras él se agachaba un poco para dejarla alcanzarlo.− Pensé que estarías en clases. − Afirmó, sonriendo todavía, y acomodando tímidamente su flequillo dorado.
− Sí, debería, pero acompañé a mi hermana a su salón. Es una verdadera casualidad que ambas hayan quedado en esto de Gericultura. − Ese moreno sonreía de manera natural. Su expresión era siempre tan relajada. Eso le encantaba.
− ¿Tu hermana está también en esta especialidad?− Preguntó curiosa. Se acababa de dar cuenta de que él tenía una hermana de su edad.− No me lo habría imaginado de ti.− Sonrió. El joven alto correspondió el gesto y negó con la cabeza.
− No es de mí, es de mi hermana. No sé porque le gustaría cuidar ancianos. − Y ambos soltaron una risita cómplice. Notó como una joven morena de cabello rizado su acercó lentamente. Se le antojó tímida, pero el parecido con él era sorprendente: El mismo tono de cabello, igual de ojos, la forma de la cara también y el color de la piel era idéntico. Si no fuera por la diferencia de 4 años que tenían entre la edad, podría haber jurado que eran hermanos gemelos.
− Charles, ella es tu hermana, ¿No? − Miró nuevamente a la muchacha. Un largo y ondulado cabello negro. Unos perfectos ojos de azul obscuro y tez clara. Las manos sujetando el maletín negro de la escuela y la mirada gacha la delataron. Estaba nerviosa.
− Sí, ella es Christina. Hace poco llegó de Inglaterra, no está muy acostumbrada a Megaville. ¿Te la puedo encargar? − Vio cómo él la rodeaba por encima de su hombro y la acercaba a ella. Tal vez, podría crear una buena amistad.
− ¡Claro, Charles!− Y sonrió animada por la idea, acercándose un poco más a la joven. − Mi nombre es Bubbles Utonium, es un placer conocerte. Mis hermanas y yo podremos ser tus amigas si te parece bien. − Hizo un pequeño vaivén a manera de reverencia. No podía dejar de lado sus modales. La morena sonrió y asintió con la cabeza. Aún estaba nerviosa.
− Me llamo Christina, me encantaría que nos llevemos bien.− E hizo una suave reverencia. Ambas se miraron a los ojos un momento y rieron suavemente. Se llevarían bien, después de todo.
Se había perdido.
Caminaba sin rumbo fijo, sólo intentando encontrar el maldito salón en el que debería tomar clases, pero, no importaba cuantas vueltas diera, no tenía ni idea de donde estaba. Se había perdido en el edificio C de su nueva escuela, en la busca del salón número 253.
Se detuvo en seco. Levantó sus manos. Y cómo impulso… desordenó completamente su cabello rubio. Se había hartado. ¿Cómo era posible, para él, no poder encontrar un maldito salón en un edificio? Ni que en tres pisos se pudiese perder completamente.
Gruñó, y se tironeó un poco el rebelde cabello. Estaba desesperado. Tenía que haber escogido una de las especialidades con salones más recónditos para entrar al bachillerato. Informática. Malditas computadoras. Ahora mismo, se odiaba por haber escogido eso.
Tal vez debería intentar preguntarle a alguien… pero ¿A quién? Sí todos en la escuela estaban en sus propias clases. Todos sabían dónde eran sus respectivos salones y no estaban absurdamente perdidos como él.
− Bah.− soltó de una. Se acercó a la amplia ventana del corredor por el que iba y apoyó en ella su espalda. Sacó de su bolsillo un par de auriculares y su celular de pantalla deslizable. Conectó los audífonos al aparato y encendió el reproductor de música.
Cerró sus ojos un momento. 7:22 AM. Se había cansado de buscar y había decidido quedarse allí hasta que la campana sonara y tuviese que ir a otra sala. Total, sólo era la primera clase del año, no es como si fuera a ser la clase más pesada de todas. Respiró hondo y decidió relajarse por los próximos 48 minutos escuchando su grupo preferido: Muse.
La campana sonó por quinta vez en el día. Al fin el añorado primer receso del ciclo escolar. Los pasillos de la escuela se llenaron lentamente de jóvenes hambrientos, cansados o, en contraste, animados con el cambio.
El sol alumbraba, esplendoroso, los corredores de los patios. Algunos alumnos descansaban plácidamente en las bancas de la escuela y una masa se aglomeraba a las puertas de la gran cafetería.
Sin embargo, ella en específico prefirió esperar afuera. Tenía aproximadamente 15 minutos más para encontrarse con sus hermanas, y conociéndolas, estarían fuera de la cafetería en unos minutos.
Acomodó su playera verde suelta y se cruzó de brazos para apoyarse en el muro de la cafetería, cerrando los ojos plácidamente. Quería descansar lo poco que aún pudiera. Y tenía hambre.
Sus intenciones eran relajarse, más un pequeño golpecito en su frente la interrumpió. Abrió uno de sus ojos, sólo para poder ver los ojos de verde más obscuro de él y volver a cerrarlos luego.
− ¿Qué quieres aquí? ¿A caso estás acosándome, pervertido? − Preguntó, nombrándolo con la mención que decidió sería más correcta para él, girando un poco la cabeza.
− No soy un pervertido.− Le dijo suavemente, picándole un brazo con su índice derecho. Notó su sonrisa de medio lado. No parecía molesto y eso a ella le irritaba.− Pero me debes algo. − Soltó de una, sonriendo pícaramente.
− ¿Disculpa? − Preguntó molesta, frunciendo el entrecejo, aún con los ojos entrecerrados y sintió sus labios apretarse un poco. Su simple presencia la estaba molestando. Quería descansar y él no parecía tener intenciones de permitírselo.
− En la primera clase casi me haces vomitar. Tu golpe me dolió. Tienes que comprarme algo para recompensarlo y como que me está dando sed. − Contestó cruzándose de brazos, dirigiéndole una mirada autoritaria, con una pequeña chispa de burla. Ella solo sonrió, ladina y sarcástica.
− Espera un momento, chico listo. − Rio llena de sorna, moviéndose un poco para verlo directamente. − Yo no te compraré nada, en cambio, deberías ser tú el que me comprara algo para compensarme a mi.− Habló claro y alto. Le encantaba usar ese tono cuando retaba a alguien y él era el típico tipo de persona al que le encantaba retar.
− ¿Por qué debería compensarte, niñata? – Susurró él, entre dientes. Tenía la intención de arreglar las cosas, pero parecía cómo que ella no quería hablar correctamente. Su tono de voz no le agradaba.
− ¡Y aún lo preguntas! Eres un sinvergüenza. − Afirmó ella, viéndolo firmemente. Era lo más obvio el mundo y él pretendía no recordarlo. Apretó sus manos, sin descruzarlas.
− No soy un sinvergüenza, verdecita.− Dijo con un tono marcado de sarcasmo. No sabía porque ella, que había conocido el día anterior como una persona amable que ayuda a otros, ahora le hablaba como sí él fuese la peor persona que conociera. ¿Dónde había quedado la muchacha atractiva y amigable que lo había ayudado antes?
− ¡Sí que lo eres! − Reafirmó ella. Sintió un pequeño temblor en su ceja derecha, siempre le pasaba cuando se molestaba de más. Su ceño se fruncía notablemente y sus labios se apretaban con fuerza. Su cuerpo se tensaba entero.
− ¡No lo soy! − Alzó la voz, pero no tenía por qué contenerse cuando él, queriendo hablar bien con ella, terminaba siendo insultado sin ninguna razón justificada. Negó con la cabeza. Ella no era la misma persona que ayer.
− ¡Sí lo eres! Entrando de esa manera a mi habitación.− Bufó, girando su rostro, sin verle sentido alguno a seguir discutiendo con él. Respiró hondo, no quería que nada arruinara –más– su día, y menos por alguien tan tonto.
− ¿Qué? − Pensó no haber escuchado bien. ¿Era decir que ella estaba molesta con él porque la llevó a su casa? No era posible.− ¡¿Por eso crees que soy un acosador?! ¡Te desmayaste! ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejarte allí?
− ¡Al menos pudiste haberme dejado en la entrada, con mis hermanas! ¡Pero no! − Su tono de voz se volvía cada vez más sarcástico. − ¡El señorito tenía que entrar a mi cuarto!
− Yo no sabía quién estaba en tu casa y me pareció más fácil entrar por la ventana.− Se desesperó por la terquedad de la muchacha. Pasó una de sus manos por toda su cara y la miró con esos ojos de obscuro jade. No quería discutir con una chica el primer día en el que estaría en esta escuela.− Perdón. − Susurró a secas.
− ¿Eh? − Se confundió un poco. No esperaba esa respuesta por parte del joven. Se sintió incómoda y agachó la mirada. Él se había tragado su orgullo en un instante. Parecía como si él tampoco quisiese seguir discutiendo. Decidió dejar el tema. No pensaba aceptar ninguna disculpa y menos dispensarse ella misma. Cambio de tema como medida rápida para dejar eso de lado.− ¿Cómo dijiste que te llamabas?
− Butch Him. − Sonrió un poco ante la cara de duda que había puesto la morena por un momento. Le gustó como había evitado inmediatamente el tema de conversación. Recordó la tarde anterior. Ensanchó su sonrisa. − Buttercup. − Y la llamó por primera vez por su nombre. Vio como ella lo miró instantáneamente y sonrió para él. Iba a decir algo, pero una persona se acercó a ellos desde su espalda, interrumpiéndola con un suave grito.
− ¡Butter! − Ambos se dirigieron hacia la voz un tanto aguda que la había llamado a ella, encontrándose con esa mirada azul claro y una sonrisa pizpireta. Por un momento pensó haber visto a su hermano rubio, pero negó al ver el largo cabello de la joven. A menos de que su hermano se hubiese dejado crecer el cabello al salir del closet(?), era casi imposible que lo tuviera de ese largo.
− Bubbles, hola. − Saludó la morena de manera casual, dando un paso para ponerse delante de su hermana menor. Notó esa sonrisa y suspiró un poco, estaba comenzando a formar ideas locas en su cabeza. Tan típico en la menor.
− ¿Cómo te ha ido, hermanita? − Preguntó cómo requisito necesario para poder abrir el tema de sus amigos, lo sabía. La mediana sonrió y negó con la cabeza, ya sabía lo siguiente.− ¿Viste a Violetta y Juliet? ¿Has hecho amigos? − La pregunta del millón.
− Ah… Bubbles, no deberías hacer esa clase de pregunt…− Intentó hacer razonar a su hermana. Ya no eran niñas después de todo. Sin embargo, él la interrumpió con una voz firme, confiable.
− ¡Hola! ¡Mucho gusto! Me llamo Butch, soy amigo de Buttercup.− Esa sonrisa infantil que surcó los labios del moreno molestó a la portadora de los ojos de verde claro. Vio como él le tendió la mano a su hermana y ambos se dieron un apretón en un gesto de cortesía.
− ¡Ah! ¡Mucho gusto! Soy la hermana menor de Buttercup, mi nombre es Bubbles. − Y la pequeña rubia hizo una reverencia corta. Ella sonrió, se lo había tragado completo. Tendría que agradecerle al moreno después. Al menos le habría librado de la molestia de tener a su hermana hostigándola a diario con el hecho de no tener "buenas amistades".
− ¿Son hermanas? − Preguntó curioso, queriendo desviar el tema. Comprendía a la morena en cierto modo. Socializar era algo trivial, al menos para alguien tan despreocupada como podía sentir a la chica. Para él, era sencillo eso de conseguir "amigas" así que no se preocupaba mucho. Sonrió un tanto más y negó con la cabeza, regresó al mundo luego de un momento de desviarse.− No se parecen en nada. − Afirmó, comparándolas visualmente.
− Sí, somos hermanas. − Agregó una tercera voz femenina. Él dirigió su mirada verde hacia el lugar de donde provenía esa melodiosa voz, sin embargo, se detuvo en el momento al encontrarse con ese par de ojos escarlata, cubiertos por algunos desordenados cabellos rojizos.
− ¡Brick! − Nombró a su hermano mayor, que caminaba junto a esa joven de largo cabello rojizo también. Se sorprendió un tanto por el color rosado de los ojos de la muchacha pero le pareció que contrastaban con los rojos de su hermano, a pesar de algunas cuantas similitudes que podía encontrar entre ambos.
− ¡Butch! ¿Qué haces aquí? − Preguntó a su hermano. Los dos se quedaron viendo un momento y rieron mutuamente. − Olvídalo, sé que no tienes ningún porqué.
− ¡Oye! Lo haces sonar cómo sí no tuviera un porqué para seguir viviendo. − Habló sarcástico, viendo al mayor a través de esos ojos de jade brillante, intentando aparentar un semblante serio, tal vez fingir que eso le había afectado, pero no le funcionó por mucho. Soltó una suave risita.
− ¿Lo tienes, acaso? − Cuestionó el pelirrojo, sonriendo de medio lado, un tanto altanero, como lo acostumbraba normalmente. El moreno negó con la cabeza y ambos rieron nuevamente. Eran tan raros. No podían estar mucho tiempo juntos, pero al encontrarse después de un rato alejados, podrían ser los mejores amigos.
− ¿Se conocen? − Preguntó curiosa la pelirroja, parándose al lado de sus hermanas. Ambos la miraron un momento y negaron con la cabeza, riendo cómplices. Ella se confundió un poco. − ¿Cómo es eso posible?
− No lo conozco, sólo vinimos de la misma madre. − Contestó el moreno, esbozando una sonrisa y abrazando confianzudamente al mayor por encima de los hombros. Ambos vieron a sus tres nuevas compañeras de escuela y sonrieron.
− ¡Hey! ¡Hey! ¡Hey! Están haciendo una escena familiar y me excluyen, desgraciados.− Una sexta voz se unió a la plática con esa afirmación. Se paró al lado de su hermano pelirrojo y lo abrazó igualmente por encima de los hombros, con ese brillo pícaro surcando sus ojos azules.
− ¡Boomer!− Nombró la rubia al verlo, un tanto sorprendida, sin alejarse de sus respectivas hermanas. Ambos menores cruzaron sus miradas y sonrieron.
− ¡Bubbles! No pensé encontrarte aquí. − La sonrisa que surcaba sus labios se hizo más notable. A pesar de que había conocido a esa chica el día anterior, le hacía feliz ver sus ojos de azul celeste.
− Lo mismo digo, Boomer.− Correspondió la rubia ladeando levemente su cabeza y cerrando los ojos para sonreírle en gran manera. Ver caras conocidas en una siempre iba a ser bueno.
El ambiente se sentía raro. El suave bullicio que provocaban el resto de las voces de los estudiantes era, en parte, relajante. El primer día de clases y los chicos ya podrían decir que no estaban solos en esos nuevos panoramas.
Risas, conversaciones, incluso gritos amigables. Todo producía un suave eco en el corredor camino a la puerta de la cafetería. Muchas personas pasaban a sus lados, todas concentradas en sus propios asuntos. Las grandes y consecutivas ventanas del corredor permitían ver los patios de la escuela, abarrotados también de jóvenes estudiantes, junto al cielo azul. Todo era tranquilo, o eso aparentaba.
¡…!
Un ruido ensordecedor inundó sus oídos. Una explosión, junto con el eco sordo de los escombros caer. Algunos gritos. Histeria. Todos comenzaron a correr, huyendo y alejándose de la cafetería. Confusión. Los seis giraron sus rostros para ver en la dirección de la que todos huían. Había polvo nublando sus vistas, pero aun así lograron distinguir dos siluetas delante de ellos y detrás, una figura extraña, indefinible. Los invadió la incredulidad.
− ¿Qué es eso? − Un hilo de voz se escapó de sus labios, mientras sus manos se pegaban a su pecho y retrocedía un paso, con los ojos de azul celeste titilantes, temerosos, viendo esa extraña criatura que alcanzaba a verse un poco mejor con forme el polvo comenzaba a dispersarse.
Pronto notaron los grandes y agudos ojos rojos de ese ente extraño. El pelaje grueso y blanco que cubría a la bestia. Y, al final, notaron esos largos colmillos que sobresalían de su babeante quijada. Parecía ser una mutación de un tigre dientes de sable –ya extinto– y una especie de dragón o criatura mitológica de gran tamaño. Una quimera.
− ¿B-Bell? − Soltó titubeante la mayor de las hermanas, tragando un poco de saliva luego y, al contrario de la menor, adelantándose un paso con las falsas esperanzas de observar con más detenimiento las siluetas que estaban escondidas detrás de esa nube de polvo.
Ese largo cabello blanco, suelto, lacio, que caía por su espalda siendo desordenado por la corriente fuerte de aire que la rodeaba. Sus vestiduras blancas, igual que sus ojos. La piel de tez morena clara. Y esa sonrisa que surcaba sus labios. Todo lo indicaba… era ella.
− ¿Qué está pasando aquí? − Preguntó para sí misma la morena. No podía creer lo que estaba viendo. Esa muchacha que se mantenía parada delante de la bestia, esa mirada. Definitivamente, era ella. Escuchó un sollozo. Seguro su hermana menor estaba alterada. Ninguna de las tres se lo esperaba. Tomó el borde de su blusa y lo apretó entre sus dedos.
− Cálmate, Bubbles. − El rubio notó como las lágrimas caían, desesperadas, de esos ojos celestes. Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, interponiéndose a su vista directa a las personas que tenían delante. Él también se sentía alterado. Si sus ojos no lo engañaban, la otra silueta pertenecía a ese joven de ojos grises. Aquel que había llegado a pensar no volvería a ver nunca más en su vida. Sentía sus brazos temblorosos y el pulso acelerado, pero el impulso de proteger a la rubia lo controlaba un poco.
− Boomer…− Escuchó la voz de su hermano moreno hablarle claramente. No necesitó girar su rostro para saber la expresión que tendría en este momento. Ojos verdes de semblante serio, rostro sumamente frustrado, tal vez; y seguro la adrenalina ya estaba comenzando con ese efecto acelerador y nocivo en su hermano: Tenía que golpear algo.− Llévatela, y saca a todos los que estén en la escuela. − No acostumbraba a seguir las órdenes de sus hermanos, pero ahora tenía razón. Estaba tan alterado que no podría servir de nada en ese lugar, igual que la rubia.
Cerró los ojos y buscó a tientas una de las manos de la muchacha a la que segundos antes tenía abrazada, para tomarla con su propia mano derecha, misma en la que la piedra circular azul comenzaba a tener ese característico brillo azul. No necesitó hablar para activar la cuenta regresiva de 100, pues automáticamente había comenzado. Abrió los ojos y fijó su vista en el camino que debía de seguir para llegar a las explanadas y dispersar a toda la gente que aún permaneciera en la escuela.
− Cuídense. − Murmuró, antes de alejarse de allí corriendo, llevando a la pasmada rubia consigo, guiando sus pasos. Los dos jóvenes restantes asintieron con la cabeza, sin girar los rostros ni un momento.
Mientras tanto, el dueño de esa potente mirada verde fijó la vista en la silueta masculina que se alcanzaba a distinguir entre los escombros y corrientes de arena. Notó que el característico conjunto negro de él ya estaba cubriendo su cuerpo. Una camisa negra de manga larga, bordes blancos y estampados gemelos con forma de tigres blancos queriendo devorar un símbolo al centro de su pecho, haciendo juego con un pantalón negro con cadenas colgantes. Frunció el entrecejo y negó con la cabeza. Se haría cargo de todo antes de que se saliera de control.
− Ishi. − Susurró, sin recibir más respuesta que un brillo proveniente de su guante y una secuencia de números brillando desde él. Comenzaba a emocionarse.
La pelirroja respiró un tanto aliviada al ver que su hermana menor ya se había ido, sin embargo, miró por encima de sus hombros a la mediana, viendo como ella tenía el ceño fruncido, tal vez lo mejor era alejar a todos. Tenía que lograr quedarse sola.
− Butter…− la llamó bajo, pero la morena no le dirigió la mirada. Solo se limitó a negar con la cabeza y llevar su mano hacía el collar que colgaba de su cuello, tocando levemente esa piedra de brillante esmeralda con la punta de sus dedos.
− No pienso irme, Blossom. Ahórrate tus palabras.− Musitó por lo bajo, mientras desde su piedra se asomaba un claro brillo verde. Cerró los ojos un momento, respiró hondo y sólo necesito decir un corto:− Esmeralda.− Para que un fuerte brillo verde cubriera su cuerpo.
La mayor sintió un nudo apretar la boca de su estómago después de ver como el brillo verde que habría cubierto a su hermana menor unos segundos atrás comenzaba a desvanecerse y de él, salía ella con rapidez, dirigiéndose directamente a la silueta escondida entre esa nube de polvo.
− ¡Buttercup!− alcanzó a decir mientras extendía una de sus manos hacía ella e intentaba detenerla, pero fue inútil. Otra mano la estaba deteniendo, impidiéndole buscar la mano de su hermana. Giró su vista en un intento desesperado por liberarse e ir por la morena, pero se topó de lleno con esos desesperados y suplicantes ojos rojos.
− Blossom, ¿Por qué no me dijiste que ustedes eran Las Damas de las Gemas? − Preguntó en un instante, mientras su mano derecha apretaba un poco más la mano de ella. Un brillo rojo resplandecía espléndidamente desde su guante negro. Ella negó con la cabeza, e intento separarse un poco de él, no le gustaba estar de esa manera. Era terriblemente escalofriante ver algo como eso. Ver esos ojos escarlata cargados con confusión era como una tortura.
− B-Brick, lo siento. − Su voz sonaba tan suplicante, tan arrepentida de haber ocultado algo tan importante como eso y negó sumamente nerviosa.− Te lo explicaré todo luego. Por favor, perdóname.− Tironeó su brazo y logró con ello liberarse del agarre del joven de larga cabellera roja. Escuchó unos fuertes pasos al otro lado del corredor, y giró su mirada.
− Ustedes hagan su escenita de telenovela si quieren, pero yo pienso ayudar a Buttercup.− Esa voz prepotente hizo un notable eco en el corredor, mientras seguía caminando y se chasqueaba los dedos de las manos. Su guante marcaba un 53 y eso le parecía bastante tiempo. A ese paso, Buttercup terminaría herida.
El moreno aceleró el paso, tenía que hacer cualquier cosa para poder ayudarla, al menos hasta que la cuenta regresiva terminase, entonces, él pelearía en su lugar. Entrecerró los ojos y vio entre la dispersa nube de polvo que las siluetas ya no podían percibirse, en cambio, sólo estaba ese ente extraño, atacando a la morena.
Le sorprendió como ella parecía cansada, aún más por los pocos momentos que llevaba de pelea. Notó como la respiración de ella parecía forzada, pero la nube de polvo que apenas se despejaba no le permitía ver con claridad lo que sucedía. Forzó la mirada, y justo cuando una corriente de aire se hizo más fuerte alrededor de ella logró percibir esa salida brusca de sangre en el costado de su pecho. Parecía algo serio. Notó, también, la sangre que escurría de sus labios… tal vez habían perforado su estómago o una parte conectada con el esófago. Apretó sus puños con fuerza, tenía que hacer algo o sino terminaría mal.
Miró por el rabillo de ojo su guate. El número 47 brillaba en la gema verde. Examinó rápidamente su alrededor, estaba vacío. La cafetería estaba desordenada y con escombros en la zona adyacente a los intrusos. El techo del edificio parecía firme, y no tenía señales de haberse dañado mucho por la pérdida parcial de una de las paredes laterales. 41. Percibió en uno de los largos colmillos de esa bestia un rastro chorreante de sangre. De inmediato supuso que esa había sido la causa por la que la joven sangraba tan abundantemente. Negó con la cabeza y apretó la quijada. Esa cosa se arrepentiría por lo que acababa de hacer. 34. Notó como la morena se erguía cabalmente. ¿Estaba pensando continuar en esas condiciones?. Dio un paso hacia enfrente, acortando la distancia entre ellos. Abrió los labios en un vago intento por hablar, y apenas pudo soltar una pequeñísima y casi nula bocanada de aire para cuando la voz socarrona de ella lo interrumpió.
− ¿Qué te pasa, Bell? ¿Te has vuelto aún más miedosa? ¿Dejarás que tu gatito te defienda antes de sacar tus propias uñas? − Escuchó sus provocaciones. Definitivamente… ella estaba loca. Incitar a alguien a pelear cuando estás herida no es más que buscar un suicidio. 23. Ya se estaba hartando. Apoyó con fuerza su pie izquierdo y tronó sus dedos.
− No, Butter… − Por primera vez, escuchó la voz ajena de aquella joven de largos cabellos blancos. Prestó atención y se detuvo un momento. Se dio cuenta de que ella se ocultaba detrás de esa creatura mezclada, junto al joven de alborotado cabello blanco. −… No eres tú por lo que vengo.− 19. Notó como una sonrisa retorcida se formaba en los labios de la intrusa y el resto de su rostro se escondía detrás de la sombra de su despeinado fleco. 16. Tragó saliva, algo no le estaba cuadrando bien. No despegó su mirada de ella en ningún momento, pero, de un segundo a otro, la perdió de vista. 12.
Giró su rostro en un movimiento rápido, buscando con la mirada a esa joven que acabase de ver un segundo atrás, y sintió como sus ojos se abrían de par en par al ver como esa muchacha se posicionaba detrás de la morena. Ahogó un gritó con su nombre, y extendió su mano en dirección a ella por inercia. 07.
− ¡Buttercup! − Logró soltar al fin, luego de un corto espasmo. Sus piernas reaccionaron tarde. Vio unas delgadas franjas de sangre caer al suelo. Sus labios se entreabrieron y sus ojos comenzaron a temblar nerviosamente. 03. Observó como el cabello rojizo de su hermano mayor se deslizaba lentamente por su espalda ancha espalda.− Brick…− Musitó a penas, al ver como el pelirrojo sostenía entre su mano izquierda, sangrante y herida, la lanza improvisada de piedra cristalina que la chica de ojos blancos sostenía entre sus manos. 01. El verde lo envolvió por un momento.
− Supongo que, sí no es por ella por quien vienes… es por nosotros, ¿Me equivoco? − Habló bajo, pero firme, casi con un tono amenazante, mientras sus ojos rojos se clavaban en esos blancos sorprendidos. La sonrisa retorcida de ella regresó a sus labios, y afirmó con la cabeza. Él, por su parte, se limitó a apretar con más fuerza la lanza, haciendo que su mano desprendiera un poco más de sangre. La morena giró a penas su cuerpo, clavando sus ojos verdes confundidos en la chaqueta negra de él. − En ese caso… ¡Deja de joderlos a ellos! − Él movió su mano, empujando la lanza malformada de ella, para hacerla caer al suelo.
− Bell... − La mayor de las hermanas se acercó lentamente, con su ropa cambiada a una igual a la de su hermana morena, pero la suya en rojo. Suspiró y cerró los orbes rosas por un segundo, con sus labios entre abiertos, apenas para hablar despacio y sin ganas de hacerlo. − No quiero hacer esto…− Susurró suavemente, mientras movía una de sus manos, dejando una estela de luz roja detrás del movimiento y al final cerró su puño. − Pero me estás obligando. − De alguna extraña manera, la franja de luz se cristalizó, convirtiéndose en una espada de gema roja.
La morena vio cómo su hermana blandió su espada en contra de la joven de cabellos blancos, acorralada por el pelirrojo que la había salvado unos segundos antes y que aún conservaba sus vestiduras intactas. Por un momento se preguntó sí él también poseía un guante, pero la pregunta se dispersó de su mente en cuanto percibió a alguien detrás de la pelirroja. El segundo intruso. Tomó aire y entró en pánico. ¡Su hermana!
− ¡Blossom! − Alcanzó a gritar, pero ya era demasiado tarde. La espada de cristal roja de su hermana cayó al suelo, junto a unos hilos de sangre que se colaron desde una herida en su brazo derecho. Intentó acercarse a Blossom, pero unos brazos la detuvieron, recordándole el punzante dolor en su abdomen lateral. Giró a penas su cabeza y se encontró con esos ojos verdes profundos. No alcanzó a articular palabra alguna, sólo sintió esos brazos rodeándola con fuerza, sin permitirle moverse.
− ¡No puedes ir! Estás muy herida. Serás un estorbo para tu hermana.− Sentenció el moreno, sujetándola con fuerza. Ella negó con la cabeza, comenzaba a desesperarse.
− ¡Pero ella también está herida! ¡Tengo que ayudarla! − Habló alto, intentando soltarse del agarre de él, que comenzaba a llenar su ropa obscura con su sangre, pero le fue imposible, era demasiado fuerte para su condición actual. − ¡Butch! Déjame ir con ella. − Su voz sonó suplicante y notó un brillo de confusión en la mirada verde de él, pero negó con la cabeza y le impidió de nuevo el movimiento.
− Buttercup…− Escuchó la voz de su hermana, ambos la miraron. Una sonrisa plasmada en sus labios rosas y una mirada tranquila.− No te preocupes, estaré bien.− Susurró.− Pero… ¿Te encargo a su mascota? No quiero que nadie se meta justo ahora.− Pudo observar como su hermana mayor se giraba un poco para ver al joven de cabello desordenado y blanco que tenía a la espalda. − Y eso incluye al novio desubicado de ciertas personas…
− De eso no te preocupes, Blossom…− La voz seria del pelirrojo retumbó en un suave eco, mientras caminaba dejando a un lado a la muchacha de largo cabello blanco.− Yo me encargaré de él…− Murmuró posándose a un lado de la pelirroja y levantando su espada de cristal con su mano derecha, dejando ver marcado en la piedra roja de su guante el número 31.− Tomaré prestado esto por un momento.− La pelirroja asintió, igual que él, y ambos, caminaron en sentidos contrarios, dirigiéndose a sus diferentes oponentes.
Rojo contra Blanco.
[End of Chapter 2: Típico]
Aquí termina el capítulo 2 de Las 4 Gemas ~ЯǝᴌᵒᾱÐ~
La historia está teniendo pequeñas modificaciones, sin embargo, les prometo que la trama original no se verá afectada. Se desarrollara de una manera un tanto distinta, pero conservaré la esencia de la historia.
Muchas gracias por haber leído.
Sin más, les dejo los…
Perfiles de Las 4 Gemas
Brick
Nombre completo: Brick Him
Nickname: -Ninguno-
Edad: 18 años
Fecha de nacimiento: 7 de Julio de 1997
Poseedor/Habilidad: Guante Hi (Fuego)
Altura: 180 cm
Peso: 79 kg
Signo zodiacal: Cáncer
Canción favorita: The Animal I Have Become – Three Days Grace
Personalidad: Serio, de semblante calculador, analista de naturaleza, intelectual, y hasta cierto punto maduro. Muchas veces se le puede ver cayendo en la desesperación, por algunas situaciones en específico; no obstante, busca controlarse al máximo. Es el más maduro de los tres hermanos en algunas ocasiones; toma con mucha seriedad el papel de hermano mayor y líder.
Características: Cabello rojizo y ojos escarlata, piel pálida. Le gusta vestir con pantalones y camisas oscuras. Acostumbra llevar gorras, de la misma manera en la que aparenta un estilo un tanto rebelde, por las cadenas y picos que acostumbra usar.
Pasatiempos: Principalmente, le apasiona leer. Prefiere permanecer gran parte de su día leyendo cómodamente en casa y tomar bebidas calientes. Sin embargo, practica algunas artes marciales y sale ocasionalmente de su casa en las mañanas para despistar sus pensamientos.
Especialidad: Tácticas de pelea. Analista de naturaleza.
Debilidad: Agua. Como las habilidades de su Guante son de Fuego en esencia, algunas de sus técnicas se pueden aplacar fácilmente si se utiliza agua, por ello ha tenido que desarrollar algunas otras.
Forma de pelea: Análisis elemental. Antes de atacar prefiere analizar a su contrincante, formular un plan coherente y buscar todas las posibilidades. Solo cuando cae en la desesperación se olvida de su análisis.
¡Felices Fiestas!
Hasta luego
