Note: No es una secuela de la entrada de capítulo 1. You should listening to "Edo no komori uta". Para RivaMika Week, día 4, Strength / "From within her comes the strength that will triumph over all."
Summary: Después de la muerte de su madre está asustado y solo, y quizá ella pertenece a sus fantasías, pero su calor y consuelo no parecen irreales. ¿Podría ser real?
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Canción de cuna
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Las luces estaban apagadas y su pequeña mano trataba de con fuerza de despertar a su madre. Él trataba, pero sabía. Su corazón dolía por primera vez en su vida y pronto iba a comprender que el dolor nunca habría de acabarse. Cansado y asustado se acurrucó junto a ella, pero el cuerpo estaba frío. Una repentina necesidad de calentarla se apoderó del pequeño niño y la arropó con sus brazos, olvidando su propio frío. La abrazaba tan fuerte que los dedos le dolían, pero no quería dejarla ir, no aún… jamás.
¿Qué más podía hacer? Ella parecía en paz, como si estuviera soñando con el bosque encantado de las historias que le contaba antes de dormir; la idea reconfortaba a su corazón.
A medidas que pasaba el tiempo, lágrimas de desolación rodaban por sus pálidas mejillas. Su mundo entero se redujo a recuerdos y él era demasiado chico para comprenderlo; aún así, imploraba por un momento más a su lado, por sus dedos acariciándole el cabello y su voz contándole su historia favorita. Nunca más. Un temblor incontrolable recorrió su cuerpo. La noche calló y su llanto ahogado hacía eco en la habitación.
¿Alguien escuchó su llanto?
¿Alguien le daría consuelo a su corazón?
Él se durmió una vez más, preguntándose si ésta vez se reuniría con su madre. Pero como presagio de su vida futura, el sueño duró un instante, sin importar que tan fuerte cerraba los ojos.
Una luz entró en la habitación y se movió a su alrededor. Él abrió los ojos siguiendo el movimiento. Las luciérnagas era más pequeñas y este brillo se volvía más grande y resplandeciente. Dudó un instante, pero el pequeño se bajó de la cama y se acercó a la luz.
"No estás solo."
La voz lo tomó por sorpresa y por poco saltó del susto. ¿Estaba soñando? Se frotó los ojos para estar seguro que era ella. Él había soñado con ella muchas veces; el mismo cabello largo y sedoso, negro era demasiado simple para describirlo, pero él no conocía una mejor palabra; ojos grandes y más oscuros que la noche, y como la noche llenos de chispas. Él extendió la mano, pero se arrepintió y agarró su vieja camisa.
Ella se arrodilló, acariciándole la mejilla y peinándolo con los dedos. "Está bien, puedes tocarme. No voy a desvanecerme."
Después de un momento de silencio, él finalmente habló.
"Mi mamá…" Enormes lágrimas cayeron, estaba desconsolado.
"Yo sé."
El niño la abrazó y se aferró a ella, llorando. La cálida sensación que provenía de ella era reconfortante y lo envolvió con sus brazos. Sus ojos se sentían pesados, pero él luchaba contra su necesidad de dormir, demasiado asustado y ella percibió su lucha.
"No quiero dormir."
"Voy aquí cuando despiertes."
"Pero…"
"Anda, se un niño bueno y descansa…"
"Lo puedo intentar."
Ella le tarareó una melodía, sintiendo como caía sus lágrimas. Él sintió una punzada de vergüenza, pero ella desechó sus pensamientos. "Está bien, puedes llorar."
El niño levantó el rostro y ella le sonrió, cantándole una vez más.
Nennen korori yo, Okorori yo. Bōya wa yoi ko da, Nenne shina~. Su voz era susurrante y lo acunó entre sus brazos. Él nunca había escuchado palabras como esas, pero como un bálsamo, su canción le aliviaba el corazón; así fuera por un rato. Bōya no omori wa, Doko e itta? Ano yama koete, Sato e itta…
Sus ojos se fueron cerrando, pero la canción lo acompañó en sus sueños, viajando con él al bosque encantado. Nennen korori yo, Okorori yo. Bōya wa yoi ko da, Nenne shina~…
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-x-
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Cuando despertó, ella aún estaba a su lado.
Tenía tantas preguntas y le pedía y pedía más historias encantadas. Ella contesto a todas y le contó todo lo que quiso, además, cantó para él una vez más.
Su mamá siempre decía que las hadas tenían poderes curativos y quería decirle que tenía razón…
"¿Mi mamá está en el bosque encantado?
"No." Ella tomó su mano. "Tu mamá está en un lugar mejor; pero no te preocupes. Ella no está sola, mi mamá está ahí también."
"¿Tu mamá… también?
"Sí."
Él la abrazó, consolando la tristeza en su voz. "Somos iguales."
"Si, lo somos."
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-x-
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El niño sabía que algo pasaba cuando ella le pidió que se sentara a su lado. El resplandor que la envolvía estaba disminuyendo y él recordó la historia, las hadas no podían permanecer lejos por mucho tiempo.
"Me tengo que ir."
"No." Rogaba con los ojos llenos de lágrimas.
"Desearía poder quedarme." Él entendía la pena en sus ojos y quería ser fuerte y decirle que estaba bien, pero no encontraba las palabras adecuadas. Sus ojos lo leían y sintió una ola de confianza. "Alguien va a venir y va a ayudarte. En este mundo él es nuestra mejor opción."
"Yo quiero estar contigo." Sin importar cuanto lo intentaba, sus palabras lo traicionaban.
"Y vas a estar conmigo, pero tienes que esperar." Lo besó en la frente y se sintió como una brisa. "Un día vamos a volver a vernos. Entonces, tu va a salvarme."
"Pero soy muy pequeño."
"¿Quién dice que los pequeños no pueden ser héroes? Tu siempre vas a ser mi héroe, en ésta y en cualquier otra vida."
"¿Yo puedo ser un héroe?" Habló en murmullos y con palabras apresuradas y ella acarició su rostro.
"Vas a ser un cazador de gigantes y muchos van a admirarte."
"… y tu vas a estar ahí."
Era una promesa y ella asintió. Con sus manos le enjugó las lágrimas y lo abrazó una última vez.
"Tú tienes que ser valiente… más valiente." Ella no habló, pero él escuchó sus palabras.
Y así nada más se desvaneció y él se acurrucó en el suelo. La opresión en su pecho era menor pero seguía ahí.
Recordaba las palabras que le había dicho, él tenía que ser más valiente.
No pasó mucho tiempo cuando alguien abrió la puerta. Un hombre alto caminó hasta la cama y el chiquillo seguía sus acciones. El extraño no se había percatado de él, y el niño esperaba. Cuando el hombre dijo el nombre de su madre, se aventuró a hablar.
"Está muerta."
Un profundo escrutinio siguió a sus palabras; una mirada afilada se fijó en su cuerpo flacucho y mirada hambrienta, preguntando pero conociendo las respuestas.
"¿Tú quién eres? ¿Estás vivo, no? El niño no contestó, pero sus ojos se clavaron en su rostro. "Vamos, que no tengo todo el día. ¿Me entiendes? ¿Cuál es tu nombre?
No estás solo…
"Levi… solo… Levi."
Tal vez ya no estaba tan solo. Si eso era verdad, quizá volvería a verla.
