¡Aquí está el segundo capítulos de este fic! Esta ve lo hice más extenso ^^ Espero que lo disfruten, y muchas gracias por los review!

Disclaimer: Bakugan Battle Brawlers no me pertenece, sino a su respectivo creador.


Los pasillos del instituto estaban repletos de estudiantes. Algunos se reunían en grupos a contar historias sobre lo que hicieron en sus vacaciones, otros simplemente buscaban sus casilleros para dejar sus cosas y así se distribuían en diferentes labores. Entre la multitud se encontraba Keith junto a su hermanita, quien la ayudaba a encontrar su casillero.

— El 210 debería estar por aquí — dice el chico con el papel que contenía las indicaciones sobre la localización de su objetivo.

— ¿Estás seguro, hermano? — pregunta Mira algo dudosa, puesto que sentía que estaban caminando en círculos por los corredores. Ante la pregunta de la menor, el chico no pudo evitar responder con cierta molestia.

— ¡Claro que estoy seguro! — exclamó — Conozco estos pasillos como la palma de mi mano — dijo con cierta arrogancia en su tono de voz. La chica optó por guardar silencio.

No pasaron ni dos minutos cuando el chico cesó su caminar, provocando que la chica, que se encontraba distraída, chocara contra él. Antes de que la joven pudiera preguntar la razón por tan abrupta reacción, Keith exclamó un ¡Ya llegamos! Y como ya había logrado su objetivo decidió dejar a su hermanita para que pudiera ordenar sus cosas, no sin antes entregarle el mismo papel que tenía la dirección del casillero que además indicaba la ubicación de su salón de clases.

— Que tengas un buen día, Mira — dijo para luego perderse entre la multitud.

— Gracias — dijo a la vez que volteaba a ver al chico para percatarse que éste ya se había ido. Suspiró, desvió su mirada hacia el suelo y luego retomó lo que estaba haciendo. Echó un vistazo al papel que tenía en sus manos y luego al casillero. Con sus delicadas manos movió el seguro del candado siguiendo la combinación escrita en las indicaciones abriendo el casillero y, para su sorpresa, se encontró con una nota en su interior. Desafortunadamente la chica no pudo descifrar el mensaje de ésta debido a que quien la haya escrito no se caracterizaba por tener una buena caligrafía.

Una vez que terminó de ordenar sus pertenencias, tomó lo necesario y emprendió su camino hacia su salón de clases. Como tenía la mirada enfocada en el suelo no notó que un grupo de personas se aproximaban hacia ella hasta que colapsó con uno de sus integrantes.

— ¡Ah! ¡Fíjate por dónde caminas, engendro! — exclamó una chica aparentemente mayor que ella.

— ¡L-lo siento! No fue mi intención — dijo Mira algo avergonzada por su torpeza, pero eso no la libraría del incidente tan fácilmente.

Se había topado con uno de los grupos más populares del instituto, conocidos también como "Los Vexos" y para su mala suerte, la menor se había topado con Mylene Farrow, una joven de tez blanca, cabello de un extravagante color turquesa que además se encontraba perfectamente peinado manteniendo cada mechón en su lugar. Sus ojos eran del mismo color que su cabello. Su vestimenta constaba de una blusa blanca con unos finos detalles en negro, sus dos primeros botones estaban deshechos para exponer parte de su piel pálida junto a un pendiente con la forma de una lágrima. También llevaba un cinturón grueso de color negro alrededor de su cintura para destacar su figura y unos pantalones del mismo color que el accesorio para hacer juego y, como un toque final, estaban sus botas blancas para acentuar su monocromático estilo.

— ¡Vaya, Mylene, te topaste con un polluelo! — decía uno de sus acompañantes a la vez en que estallaba de risa. La susodicha miró con enfado al chico lo que hizo que éste dejara de reír y le tendiera una mano.

— No le veo la gracia, Shadow, la estupidez se está volviendo cada vez más común entre estos mocosos.

No era nada más ni nada menos que Shadow Prove, uno de los más molestos y escandalosos del grupo, o al menos eso era lo que se decía de ellos. Su cabello alborotado le recordaba un poco al peinado de Keith, sólo que éste era de color plateado. Sus ojos eran intimidantes, no sólo por su tonalidad similar a la sangre, sino porque reflejaban un aire de intranquilidad, una inquietud perturbadora. Su vestimenta destacaba por su abuso del color negro dejando algunos detalles para abrirle paso al color morado. Llevaba una chaqueta de cuero negro, pantalones ajustados y botas del mismo color, excepto por la suela de éstas que eran moradas.

— Será mejor que no nos distraigamos, ya es hora de ir a clases — dice Mylene ignorando por completo a la chica con quien había chocado que, por cierto, observaba la situación desde el suelo. Sin nada más que agregar, siguió su camino, puesto que el resto del grupo no se había molestado en detener su paso cuando ocurrió el incidente, excepto claro, por Shadow.

— ¡Anda, muévete, Shadow! — exclamó al ver que su compañero no reaccionaba.

— En seguida, preciosa — respondió el chico.

Mira se quedó en el suelo, observando como los dos se alejaban perdiéndolos de vista una vez que doblaron hacia otro pasillo. Le sorprendió como el corredor ahora se encontraba completamente vacío y todo por su mala percepción del tiempo. Sin perder ni un segundo más, se incorporó para luego correr hacia su salón asignado.

Tuvo un par de problemas para encontrar la sala de clases, pero finalmente la halló. Como la puerta estaba cerrada, dedujo que la clase ya había comenzado y para confirmarlo, se acercó un poco más a ésta, poniendo su oreja contra la superficie. Sus ojos se abrieron con asombro al notar todo el ruido que provenía de esta al pensar que estaba equivocada. Iba a entrar al lugar cuando vio una mujer mayor corriendo a toda prisa con lo que parecía ser un libro enorme. La mujer se detuvo frente a Mira y le preguntó, con la voz entrecortada por lo agitada que estaba, si acaso ella era la chica nueva que había sido designada a éste salón. Mira asintió aun con la misma expresión de estupefacción de hace un rato y con ello, aprovechó de echar un vistazo a la apariencia de su profesora.

Una mujer de tez blanca, de cabellos castaños que, por cierto, los traía desordenados cuyo único soporte era una traba de plástico. Sus ojos compartían la misma gama que su pelo, y se encontraban aislados detrás de un par de gafas. Llevaba puesto un delantal blanco, parecido a las batas que se usan en los laboratorios pero, como estaba desabrochada, se podía apreciar su vestimenta, que consistía en una blusa blanca y sencilla junto a una falda color beige que le llegaba un par de dedos más arriba de la rodilla, unas pantis del mismo tono de su piel y unos zapatos de tacón negros.

La profesora le dijo a Mira que la esperara un par de minutos fuera de la sala para que ella pudiera introducirla al resto de la clase. La chica asintió y vio como la maestra desaparecía tras adentrarse en el salón. Notó que el ruido cesó al instante y la voz imperante de la mujer resonó en la habitación.

— Buenos días, queridos alumnos — dijo la profesora.

— Buenos días, maestra — respondieron al unísono, algunos con más ánimo que otros. La profesora no le dio importancia y continuó con el discurso a tratar.

— Como algunos ya deben saber, tenemos una nueva alumna que se integrará en el curso — hizo una pausa para escribir el nombre de la joven el a pizarra, luego se aproximó a la puerta abriéndola levemente y susurrando a la chica que ya podía entrar. La profesora paso para que Mira entrara y se presentara a sus compañeros. — Por favor, denle la bienvenida a la señorita Mira Clay.

Los susurros de sus demás compañeros se hicieron presentes. Se escuchaban cosas como "Vaya, es bastante linda" "Su peinado se parece al de ese chico Lync ¿Serán parientes?" "Parece buena chica" "¿Clay? ¿Estará relacionada con Keith Clay?" y así entre un sin fin de comentarios, el resto se centraban más en la apariencia física de la chica.

La profesora le indicó que tomara el asiento que se encontraba desocupado en la segunda fila, justo al lado de la ventana. Caminó hacia su lugar entre los murmullos y tomó asiento sin darle importancia a su entorno. Echó un vistazo por la ventana que daba hacia uno de los jardines del instituto, notando que había algo que no encajaba en ese segmento de pasto y flores. Juraría que vio a un joven cuyo cabello era de un pálido azul verdoso y tez morena. Vestía una camisa morada cuyos costados y mangas tenían una gruesa línea negra cubierta por una chaqueta negra Sus pantalones eran de un tono gris claro y sus botas hacían juego con la camisa.

Lo observó por lo que parecieron horas, hasta que la profesora tuvo que llamar su atención recordándole que la clase ya había comenzado. Pidió disculpas y sacó su cuaderno para copiar lo que se estaba escrito en la pizarra. Ya cuando echó un segundo vistazo por la ventana se halló con la sorpresa de que el chico había dejado el jardín.


Una vez acabada la clase, dos compañeras de curso se acercaron al puesto de Mira para darle una bienvenida un poco más personal. Las chicas esperaron a que la nueva terminara de anotar unos apuntes para presentarse.

La primera en acercarse parecía ser menor que la chica nueva. También era de tez blanca pero su cabello era de color celeste, además de que era bastante largo. Éste estaba amarrado en un par de coletas que caían a los costados de su rostro, dejando los mechones más cortos, como su chasquilla, revolotear en torno a su rostro. Sus ojos eran verde esmeralda, combinando perfectamente con el color de su cabello. Su vestimenta consistía en una camiseta amarilla cuyas mangas reposaban en sus brazos dejando sus hombros expuestos, una falda blanca junto a lo que parecía ser un pequeño bolso naranja atado a su cintura.

La otra chica era de tez morena, su cabello plateado estaba amarrado en una coleta y en caso de que alguno de sus mechones no quisieran mantenerse en su lugar, tenía una traba en forma de corazón adornando su peinado. Llevaba una camiseta sin mangas con una mezcla colores psicodélicos, un par de shorts rosados y zapatillas blancas.

Cuando ya tenía puesta su atención en las invasoras de su espacio personal, no alcanzó ni siquiera a preguntar si es que quería algo cuando una de ellas habló.

— ¡Bienvenida, Mira! Mi nombre es Runo Misaki y ella — dijo señalando a su compañera — es mi amiga Julie— concluyó con una sonrisa.

— Julie, Julie Makimoto ¡Encantada de conocerte, Mira Clay! — dijo con entusiasmo a la vez en que se inclinaba un poco hacia la pelirroja como si tuviera la intención de preguntarle algo en específico. — Por esas casualidades tú… ¿Eres pariente de Keith Clay? — preguntó ansiosa.

Mira la miró incrédula pero sonrió instantáneamente. Por alguna razón se emocionaba cada vez que hablaba de su hermano.

— Sí, Keith es mi hermano mayor, aunq-

— ¡Ay que daría yo por tener a alguien tan guapo como él así de cerca! Eres una chica con suerte — exclamó Julie interrumpiendo lo que Mira iba a decir, pero ésta no le dio importancia.

Ante la actitud de Julie, Runo le dio un codazo a su amiga diciendo que se comportara frente a la nueva, básicamente para no espantarla. Además, aprovechó de recordarle lo celoso que se pondría su novio Billy si supiera las cosas que anda diciendo su novia de otros chicos.

Ambas iniciaron una pequeña discusión olvidando que Mira estaba frente a ellas, hasta que la escucharon reír. Primero intentó reprimir una carcajada, luego comenzó a reír por lo bajo hasta que ya no pudo contenerse, contagiando su risa a las otras dos, olvidando completamente por lo que discutían.


La campana volvió a sonar y esta vez era para anunciar que la hora de almuerzo había llegado. Todos los estudiantes se reunían en el comedor del colegio sentándose en diferentes mesas, organizadas por los grupos –o más bien, estereotipos- definidos. Por un lado se encontraba el grupo de Los Vexos, que eran los que más destacaban, ya fuera por su estilo de vestir, popularidad, lo respetado o temidos que eran por los demás.

El resto del lugar tenía a grupos como los estudiosos, los antisociales, los de gustos poco comunes, etc. Todos repartidos por orden jerárquico.

Desafortunadamente Mira no estaba al tanto de esta organización, por lo que se dirigió con su bandeja hacia el territorio de los Vexos.

Llamó la atención de todos, ya fuera por su ignorancia o su osadía de sentarse a almorzar tranquilamente donde nadie se atrevía a hacerlo, pero nadie se atrevió a advertírselo y cuando sus nuevas amigas, Runo y Julie, se percataron de su error, fueron inmediatamente a decirle que dejara la mesa, pero Los Vexos fueron más rápidos.

Los primeros en llegar fueron Mylene, Shadow, Lync Volan y Volt Luster lo que significaba que serían muy malas noticias para Mira. El silencio reinó en el comedor, todos dejaron de conversar y/o almorzar para ver qué ocurriría con la nueva.

— ¿Tú otra vez! — Exclamó Mylene con irritación.

— Parece que alguien estará en serios problemas — Dijo Shadow en tono burlesco.

Mira arqueó una ceja como si no entendiera lo que estaba sucediendo, lo cual hizo enfadar aun más a la chica de cabello turquesa, mientras los otros dos, Lync y Volt, rodeaban a la chica.

Observó detenidamente a los dos desconocidos. Lo primero que notó de Lync fue que su peinado era similar al de ella, excepto por su color rosa pálido. Sus ojos eran color turquesa al igual que el cabello de Mylene. Vestía una camisa verde escocesa y unos pantalones negros.

El otro miembro del grupo le pareció más intimidante. Era alto, de tez morena. Su cabello rojizo osaba desafiar la gravedad por su formación en punta. Sus ojos eran de una tonalidad morada pálida que en ese momento reflejaban molestia y a la vez superioridad frente a la pelirroja. Vestía una musculosa negra con una chaqueta sin mangas color blanca encima. Llevaba unos pantalones blancos con detalles que simulaban ser llamas naranajas.

— ¿No conoces las reglas? Esta mesa es sólo para Los Vexos — dijo Lync con un tono tajante.

— Perdón… No sabía… — responde Mira mostrándose pasiva frente a la situación.

— Ahora ya sabes, así que lárgate, niña — dice Mylene mientras Shadow comenzaba a reír. Al parecer la maldad de su compañera le causaba gracia.

Sin querer buscar más problemas, Mira tomó su bandeja y se dispuso a alejase lo más rápido posible, sin embargo, Mylene no había terminado con la pelirroja: en su intento por alejarse, la mayor le hizo una zancadilla a la pobre chica, haciendo que esta cayera con bandeja y todo al suelo, ensuciando parte de su rostro y vestimenta con su propio almuerzo.

Las risas no tardaron en romper el silencio que se había generado, dejando a la chica en completa humillación.

Abandonó su bandeja en el suelo y se incorporó rápidamente para huir del lugar, pero no podría huir de tan bochornoso recuerdo. Dejó un rastro de lágrimas a su paso e ignoró los gritos de sus amigas que la llamaban consternadas.


Corrió por los pasillos sin ver por donde iba. Dobló hacia uno de los corredores cuando por segunda vez en el día, chocó con alguien haciendo que ambos cayeran al suelo.

— ¡Oye, hazle un favor a la humanidad y fíjate por donde caminas! — exclamó el chico sin siquiera ver a la persona que se encontraba frente a él. Reaccionó solamente cuando escuchó lo que pareció ser un sollozo reprimido. — ¿Eh? ¿Y ahora qué te pasa? — Preguntó incrédulo, como si la razón de su llanto hubiese sido causado por el impacto.

Mira no quiso responder. Se incorporó nuevamente y se preparaba para huir cuando sintió la mano del chico sujetando su brazo.

— ¡Espera! — ordenó. — Ni creas que te dejaré escapar sin saber cual es tu maldito problema.

— Suéltame… — dijo la chica en un susurro. Obviamente no tenía ni la más mínima intención de establecer un diálogo con este extraño.

— No hasta que me digas qué te sucede ¡Es sólo el primer día! ¡No es para ponerse a llorar por las vacaciones, maldición! — estaba más que claro que a este chico le desesperaba esta situación.

Fue en ese momento en que Mira se atrevió a alzar la mirada para encontrarse con un par de ojos grisáceos que la miraban con una intensidad que inhibía su capacidad para hablar. Se asombró al ver que era el mismo chico que había visto en el jardín. Una reacción similar ocurrió en el chico, la diferencia fue que el sentimiento que se apoderó de él fue la compasión. La figura que se encontraba frente a él se veía tan frágil e indefensa, le molestaba sentir debilidad ante lo que veía, pero quería conseguir respuestas aún cuando no estuviera relacionado con lo ocurrido.

Se fijó también en la vestimenta de la chica: en el cuello llevaba un amarrado pañuelo rojo, vestía una camiseta blanca de escote cuadrado con magas aglobadas, una falda floreada cuyos colores que más destacaban eran rojo, verde, celeste y amarillo y en sus pies llevaba unas sandalias romanas color café. Notó que en el diseño de sus prendas había rastros de comida al igual que en su rostro.

— ¿Fueron Los Vexos, no? — preguntó el chico con cierto rencor en su voz. La chica sólo asintió. — Ya lo sospechaba — agregó empuñando su mano libre con aún más enfado, desviando la mirada para que la chica no notara su cambio de actitud.

— Será mejor que limpies eso, te llevaré hasta donde está el baño, luego hablaremos con el director para que te autorice ir a casa temprano.

Mira sólo asintió y se dejó guiar por el chico, más que nada porque no conocía bien la infraestructura y aun no sabía dónde se hallaba el baño de mujeres, aunque antes quería conocer el nombre del chico, pero él se adelantó a los hechos.

— Por cierto, mi nombre es Ace ¿Y el tuyo, extraña? — preguntó sin dirigirle la mirada.

— Mira… — respondió con timidez. Luego de eso guardaron silencio hasta llegar al baño de mujeres.