La Última Rosa Azul
Capítulo 2: "Verdad, Encuentro y Reacción"
Los personajes de Shaman King NO me pertenecen son de propiedad del GRAN Hiroyuki Takei.
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"Me encontraba caminando sobre los jardines de aquella casa, su manto verde cubierto de rosas daban un aspecto increíblemente hermoso y tranquilizador el cual podría calmar hasta la criatura más feroz de la tierra.
Me dirigí por aquella superficie verde durante un buen rato deleitándome con aquellas bondades de la naturaleza, hasta que una figura diminuta de color azul llamo mi atención.
Me incliné levemente era una rosa, pero no cualquier rosa, era una rosa de un color azul, tan rara pero tan hermosa, que tan solo el hecho de ser única, la hacía más especial.
No me contuve y la arranqué entre los arbustos mientras cerraba mis ojos al instante sólo para luego deleitarme en todos los sentidos, su olor, su textura y su forma.
Abrí mis ojos al sentir como gotas caían sobre mí, un escalofrió lleno mi cuerpo, estas gotas estaban más espesas de lo normal, miré la rosa azul que tenía en mi mano para percatarme de que estaba manchada.
Mi rostro se horrorizó notablemente mientras palidecía, estaña lloviendo… ¡ESTABA LLOVIENDO SANGRE!"
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En las profundidades del sótano de la "Cazada", se encontraban tres hombres, los cuales dos estaban vestidos con ropas negras rodeando a uno de ellos.
-Al principio no lo creí, pero es cierto, este maldito resulto ser un Pura Sangre- Comentó un joven de cabellos azulados mientras rodeaba al individuo.
-Yo tampoco, me espere algo más… como decirlo ¿algo menos patético?- añadió el de ojos grises de forma burlona.
El chico que estaba siendo rodeado sonrió con ironía, tal parecía que tenían razón, ¿Cómo un vampiro tan poderoso como él se dejo capturar por esos dos simples chupa sangres?
"Ren… ¿Por qué me mentiste? Yo te amaba, merecía la verdad, ahora mírate, eres algo que no debería de existir, un monstruo.
Aquel chico cerró sus ojos con pesar, esa mujer, la cual decía amarlo lo estaba lastimando profundamente con aquellas palabras.
-Sayuri…- mencionó su nombre en un mal intento de hacerla recapacitar.
-¡NO!, vete, quiero que te vayas, te odio Ren Tao, ¿entiendes? TE ODIO, no sé cómo pude enamórame de un monstruo como tú- gritó la mujer aterrada.
Esas palabras habían sido suficientes para herirlo, sintió como todo su mundo se estaba despedazando mientras una pequeña lágrima resbalaba por su mejilla.
Ella se había enterado de su peor secreto. Y lo odiaba por ello.
-¿Qué pasa? ¿No piensas hablar? Ó ¿Es que te comieron la lengua los murciélagos?- Volvió a intervenir el de ojos grises de forma burlona.
Esta vez frunció el seño, estaba molesto, muy molesto, por culpa de esos seres Sayuri lo había odiado.
-Ya me cansé de ustedes dos- No aguantó más y con tan sólo su mano derecha agarró el cuello de aquel sujeto con fuerza levantándolo mientras lo chocaba contra la pared- ¿Qué pasa? Yo esperaba algo más… como decirlo ¿menos patético?- Sonrió con malicia mientras su mano derecha la cual se encontraba contra el cuello del chico de ojos grises, sacaba sus garras.
El peliazul quien miraba toda la escena atónico no sabía qué hacer, habían subestimado aquel chico, y ahora éste estaba furioso, y obvio, poseía una ventaja considerable siendo este un Pura Sangre.
Molesto, esa era la forma en que el de ojos grises miraba al sujeto, estaba comenzando a sentirse débil a causa de las garras de éste quien estaba desangrando el cuello del muchacho. Trató con sus manos de detenerlo pero era inútil.
-Si quieres matarlo hazlo, pero no te recomiendo que sea aquí, podrías provocar una tragedia si el olor a sangre se esparce por todo el lugar- Se escuchó una voz tranquila.
Horo-Horo al igual que los demás parecían más calmados, la presencia del chico de rostro angelical parecía tranquilizar la situación.
El purasangre pareció reaccionar y soltó al instante al chico de ojos grises quien cayó rápidamente al suelo tosiendo una cantidad considerable de sangre. Miró directamente al nuevo vampiro de ojos verdes, lo más seguro es que habría puesto una especie de encanto, para serenar la situación.
-Lyserg, que bueno que llegas, como veras la situación se nos escapó de las manos- admitió el azulado mientras reía nerviosamente y rascaba su cabeza con el dedo índice.
-Gracias Horokeu… tal parece que nuestro invitado es un poco… violento con los suyos. Lo mejor es que te lleves a Nicrhome, su sangre comenzará a llamar la atención de los otros, será mejor que lo escondas mientras sanan sus heridas.
-¿¡Pero y tú ¡?
-Estaremos bien no te preocupes, ahora vete antes que alguien detecte la sangre.
No tardo en obedecer para luego ayudar al castaño a ponerse de pie y ambos irse inmediatamente.
-¿Y bien? – Preguntó -¿Quién diablos eres y porqué no pareces como ellos?
El chico de rostro angelical sonrió de manera tranquila, parecía divertido.
-Ren Tao, ¡vaya, al fin tenemos un Pura Sangre entre nosotros!
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-Mari quiere saber qué está pasando por la cabeza de la señorita Tamao-
Dejé de mirar el libro que tenía entre mis manos para posar mis ojos de color rosa en ella, Mari tenía un extraño modo de comunicarse con la gente…
Ya habían pasado tres días desde mi llegada a la "Cazada", aunque todavía me rehusaba aceptar mi cruel realidad, estaba mucho más tranquila.
A lo largo de estos días conocí a dos compañeras, Mari y Matti, aunque ambas dijeran tener 17 y ésta última 18 años, me rehusaba a creerles pues eran más altas que yo y estaban más desarrolladas. Sus compañías me sirvieron de mucho, ya que podía entender ciertas cosas del lugar.
Tenía por entendido que éste sitio era conocido como la "Cazada" un lugar donde habitaban las personas perdidas de Tokyo aunque la verdad las pocas que he conocido son igual de de pálidas, altas y he de admitir de una hermosura poco vista entre la gente común.
Por los días que la conocía pude percatarme de que Mari era una joven tímida, casi o más de lo que yo era, siempre se encontraba cantando una melodía que sólo ella conocía y solía llevar dos coletas en el cabello, físicamente era delgada, rubia y de unos ojos color verdes muy llamativos, y no faltaba decir que era igual de pálida que todos…
-Estaba pensando, ¿Por qué todos los que habitan en éste lugar son de piel tan pálida?, también lo digo porque pareciera que nunca salen.
Mari me miró por largo rato mientras jugaba con unas de sus dos coletas.
Silencio.
-¿Y no me dirás nada?- insistí.
-Sí, Mari le gusta salir, aunque pocas veces lo hace, al igual que todos en esta casa… pero si lo hacemos, sobretodo de noche, nos gusta mucho…
Parpadeé varias veces sin comprender y ella pareció darse cuenta.
-Estamos todo el tiempo tan ocupados ¡hay tantas cosas que hacer! ¡Tanta gente a quien cuidar! Que solo nos queda tiempo para salir, y es de noche.
La única explicación lógica que se me ocurrió era que esa gente no salía de día, por eso eran tan pálidos y lo más extraño era, ¿en qué estaría ocupando su tiempo?
Me puse de pie parecía que Mari no hablaría, lo siguiente que hiso fue empezar a cantar su melodía fúnebre.
Estábamos en aquel estudio donde me había llevado la señorita Anna, ciertamente era un lugar tranquilo sin contar que habían un montón de libros, todos de historias mitológicas.
Observé el reloj que se encontraba en la pared indicaba que ya eran las 6 pm. Pronto anochecería.
-Bueno me iré a dar una vuelta, nos vemos en la cena Mari.
-Mari la esperará a la hora de la comida- sonrió.
Salí de aquel lugar para caminar por los pasillos, definitivamente ésta no era una casa, era un palacio, si por fuera se veía grande, sólo bastaba con adentrarse para darse cuenta de que si no sabes a donde te diriges te puedes perder.
Aún seguía pensando en aquellos hombres, el de cabellos azulados, el de los ojos grises y el del rostro angelical.
Me ruboricé al recordar la escena de la semana pasada donde creí que el chico de rostro angelical me estaba susurrando cosas al oído… solo para darme cuenta de que no era él, sino el chico de ojos grises.
Nunca terminé de comprender aquella escena, ¿habría sido una especie de transformación? No creo, sólo sé que desde ese momento, he tenido sueños, una voz melodiosa masculina que me llama, una voz que hace revivir todos mis deseos más oscuros.
"-Usted… está siendo muy atrevido- murmure muy sonrojada.
-Tal vez…sólo tal vez, digamos que quiero descubrir por qué el líder está tan interesado en tí- Su voz resonaba suavemente en mis oídos mientras rozaba su nariz levemente por mi rostro y parte de mi cuello, debía hacer algo y rápido."
Sacudí mi cabeza tratando de dispersar todos aquellos pensamientos.
Miré al frente aturdida y pronto me concentre en un ruido, al parecer alguien tenía una discusión muy fuerte.
Dirigí mis pasos por aquel largo pasillo, para acercarme a la habitación donde provenía aquel ruido.
Asomé mi cabeza con cautela sólo para darme cuenta de que la puerta estaba entreabierta, en el interior se podían ver dos figuras, una parecía la de un hombre, pues era mucho más alto que la otra figura…
Me acerqué un poco mas tratando de no ser vista, sólo intentaba escuchar aquella pelea.
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-¡No puedo creer lo que has hecho! Te pasas, esto duele mucho- exclamó una voz femenina adolorida.
Una joven de cabellos naranjas y ojos violetas lo miró con furia, mientras pasaba una de sus blancas manos en su cuello ensangrentado.
Aquel individuo sonrió descaradamente mientras pasaba su lengua por sus labios, deleitándose con el sabor de sangre que estos poseían.
-Tuviste suerte pequeña, de haber sido otro de nosotros hubieras muerto…aunque dentro de poco no estarás muy lejos de ello.
La chica de de cabellos naranjas lo miro con más furia, mientras el chico se acercaba lentamente a su rostro para susurrarle unas cuantas cosas al oído, lo cual provocó un escalofrió en todo el cuerpo de la chica.
-Alégrate, no es tan malo, muy pronto serás una de los nuestro-
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Ciertamente aquella escena era confusa, tal parecía que aquellas dos personas eran parejas, o algo por el estilo.
-¿Está buena la función?-
Aquella voz me tomó por sorpresa, por lo cual no pude evitar que un gritico escapara de mis labios.
Giré mi rostro levemente hacia donde provenía aquella voz, era la chica de cabellos rubios, con la cual me había topado hace tres días.
Observé su rostro un poco cohibida, era una mujer muy hermosa indudablemente, y sus andares siempre eran elegantes. Más alta que yo claro, al parecer yo era la criatura más baja y frágil del lugar.
-Yo… solo vine a caminar un poco- Dije apenada aquellos ojos oscuros me miraban de una forma penetrante, esa mujer tenía una mirada intimidante.
-Claro… solo te digo que es de mal gusto husmear en habitaciones ajenas, ¿quién sabe?, ¡podrías encontrarte con una sorpresa un tanto vergonzosa! En fin, te estaba buscando, tal parece que nuestro último encuentro no fue tan agradable que digamos… hay varias cosas que tienes que hacer…
Estaba apenada, si era cierto que me había dejado llevar por la furia, pero aun así no debí perder los estribos de esa manera.
Quería preguntarle tantas cosas que sentí que mi cabeza explotaría, ella pareció ver la duda en mi rostro por lo que añadió.
-Soy Anna Kyuyama, la Dama especial de la Cazada, en español, soy una casamentera, pero no cualquiera, la más prestigiosa de todo Japón. No hay tiempo, él no tarda en llegar, ven sígueme…
"¿Él?"
No me dio tiempo de preguntar pues la rubia me jaló firmemente de la muñeca llevándome quien sabe dónde.
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-Bien, eh terminado por hoy- escuché finalmente aquel doctor mientras dejaba de alúmbrame mi ojo derecho con la luz de aquel aparato médico.
-¿Cuál es el resultado?- Preguntó la rubia mientras tocaba unos instrumentos médicos sin importancia.
Yo me encontraba cabizbaja mirando aquella camilla en donde me encontraba sentada, dando un aspecto de distraída aunque en el fondo me sentía muy mareada aquellos exámenes los cuales me habían sometido por parte de Anna fueron muy agotadores.
-Ella es la indicada para emparejarla, pero, lo mejor será que pase por lo menos un año, ya que su cuerpo aun no se desarrolla completamente y temo que no soporte tener una relación íntima… ya me entiende.
Un suspiro se dejo escapar en los labios de la rubia.
-Comprendo, pero ¿existe alguna posibilidad de que la situación se adelante y ella no salga lastimada por él?-
-Mm sí existe, pero eso ya depende del autocontrol por parte del chico, digamos que hay un gran porcentaje de mujeres lastimadas y hasta muertas por no soportar el "emparejamiento"-
Aquella rubia lo miró seriamente para luego cerrar sus ojos con cierta pereza.
-Muchas gracias Fauston-
El doctor asintió y realizó una reverencia para luego marcharse de la habitación.
-¿Cómo te sientes?- preguntó al después de un largo silencio.
- Un poco mareada- Contesté nerviosa mientras juntaba mis dedos índices apenada.
-Bien… Tamao quiero que asistas a mis clases a partir de mañana, no te preocupes no estarás sola, también estarán tus amigas Matti y ¿cómo se llamaba la otra? ¿Mari? Si Mari también estará.
-¿Clases de que señorita Anna?
-De baile, comportamiento social, vestimenta, educación, cosas que tengan que ver con el desarrollo de una mujer y su entorno.
- No entiendo ¿para qué?-
-Tamao, al parecer tu objetivo en la Cazada está más cerca de lo que todos pensamos, lo principal es que te prepares en todos los aspectos, queremos que le agrades a tú futuro cónyugue…
Mi mente se bloqueó completamente ¿A quién?
La joven rubia se dio la vuelta para responder con un simple…
- A Ren Tao…- Respondió seriamente como si me hubiera leído la mente.
Han pasado algunos quince minutos desde que la joven rubia de mirada penetrante se fue, me levanté de aquella camilla para dirigirme al espejo que se encontraba en alguna parte de la habitación, me asusté al ver mi aspecto.
-¡Qué espantosa estoy!-
Tenía puesta una bata azul de esas que usan los pacientes cuando los van a operar, mis cabellos rosas estaban desordenados y sin contar que mi rostro estaba más pálido y tenía unas ojeras increíblemente notorias en mi cara.
Miré por el reflejo del espejo y para ver una puerta que parecía indicar el baño, no tarde en pensármelo dos veces y me dirigí hacia ella, quería ducharme.
Al final de una hora estaba lista, me miré nuevamente al espejo, portaba un vestido de tiranes color crema que dejaban al descubierto mis hombros y la falda la cual me llegaban un poco más arriba de mis rodillas.
Al parecer la señorita Anna lo había dejado en la habitación intencionalmente.
Observé mis cabellos rosas húmedos a través del espejo, para luego comenzar a peinarlos, definitivamente mi cabello le hacía falta un corte, me llegaba casi a la cintura.
De repente un dolor agudo comenzó atacar mi cabeza.
El cepillo cayó al suelo, trate de recogerlo y cuando lo tomé vi nuevamente el espejo, la imagen que se reflejaba allí no era la mía, era un hombre alto, sus ojos, jamás había visto esos ojos, era de un color dorado intensamente, que algunos mechones de cabellos color violáceos oscuros los tapaban.
Pude haberme asustado pero no lo hice, sentí ese deseo de curiosidad nuevamente, quería tocarlo, aquel rostro masculino que parecía perfecto, estiré mi mano hacia el espejo solo para tratar de hacer lo imposible, pero apenas mis dedos rozaron el cristal, la figura desapareció y junto a ella mi dolor de cabeza.
Decidí que lo mejor era salir de la habitación.
Me encontraba en lo que parecía una recepción, no me acordaba de haber estado por aquí antes. Seguí caminando para encontrarme con una puerta la cual al abrirla te conducía a unas escaleras las cual no tarde en bajar.
"Tamao"
Seguí bajando.
"Tamao… ayúdame"
Aquella voz seguía hablando en mi cabeza a la medida que bajaba los escalones. Seguí así por largo rato hasta que por fin parecieron terminar, las paredes del lugar eran rocosas y al frente parecía haber una puerta la cual abrí.
Contemplé mí alrededor, era un lugar siniestro donde la luz era muy escaza, ya que sólo había una antorcha en la entrada la cuál tomé. Parecía de esos lugares donde metían a los presos en épocas antiguas.
"Estás muy cerca…"
Un ligero escalofrío recorrió todo mi cuerpo, el lugar era horrible sin contar la poca luz que había, sólo la antorcha que tenía en mis manos me permitía ver un poco el terreno donde estaba pisando.
Claro que sentía miedo, pero aún así mis pies parecían moverse por su cuenta hacia el interior del cuarto.
"Aquí estoy…"
Me reprendí mentalmente, esto era una mala idea, una muy mala idea y fue así cuando tropecé con algo, y no tarde en caer el suelo.
Levanté mi vista para ver con lo que me había tropezado y aunque la antorcha estuviera en el suelo pude percatarme de que era un pie.
Subí poco a poco la mirada, ese pie tenía pierna, esa pierna tenía un cuerpo, ¡ese cuerpo era el de un hombre!
Abrí mis ojos como platos de la sorpresa, ese pobre hombre estaba sentado en el suelo en posición de indio, parecía inconsciente pues su cabeza se encontraba mirando el suelo.
Me arrastré como pude por el suelo para alcanzarlo, parece que me había torcido el tobillo.
Al estar frente a él traté de ver indicios de que estuviera con vida, su rostro estaba completamente inmóvil, parecía haber perdido el conocimiento, coloqué una mano en su pecho tratando de sentir su corazón, pero nada… estaba frío.
-Éste joven está muerto…- Me dije preocupada.
Lo miré por última vez, era la primera vez que veía a un muerto, y aún así no me había alterado del todo.
Tomé su rostro entre mis manos, ese hombre tenía una piel suave, parecía ser contemporáneo a mi edad, me esforcé por tratar de analizar sus facciones ya que la poca luz no ayudaba mucho, eran hermosas, indudablemente éste chico se veía atractivo.
Mis ojos rosas se dirigieron a sus labios, esos labios… otra curiosidad amenazó con atormentar mi mente si no los probaba.
"No lo hagas… no sabes de lo qué es capaz"
Me sonrojé.
¿Qué tenía de malo besarlo? ¿Estaba muerto no?
Cerré mis párpados y acerqué mi rostro lentamente… estaba tan cerca…
Hasta que los abrí y vi algo altamente aterrador.
¡Sus ojos se abrieron de golpe como si sólo hubiera estado dormido!
Grité lo más fuerte que pude tratando de ponerme de pie más era inútil, mi tobillo estaba realmente lastimado y una mano tomó mi muñeca con fuerza jalándome hacía aquel individuo casi salvajemente.
Nuestros rostros se cruzaron, nuestras narices parecían juntas, nuestra frente, todo, incluso sus labios estaban muy cerca de los míos podía sentir su respiración en mi rostro.
Todo aquel encanto era roto al mirar fijamente aquella expresión.
Sus ojos ardieron en rabia con una furia indescriptible y aterrorizante, aquellas par de gemas eran de color doradas, como las que había visto en el reflejo del espejo…
-¡No me haga nada malo!-
CONTINUARÁ…
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CHAN CHAN CHAN! Muajaja lo dejo hasta aquí pss porque si soy mala xD
Bueno primeramente quiero agradecer a las personas que me escribieron de verdad me motivan un montón! UN MILLÓN DE GRACIAS X3!
Bueno pasando a algunos datos interesantes:
1 No abandonaré este fic por nada del mundo JUM -.-¡
2Les advierto que el fic contendrá lemon, sip señor!
3 Pss no se o.o me gusta el número 3 XD
Éste capi se lo dedico a mi hermanito Pepe x) espero q te guste y también a mi Hijaa Hikari (aki tienes tu sangre -.-U)
Eso es todo por ahora, que les vaya bien! Nos vemos la próxima semana xau LOS KIERO by Missu!
