En el centro de Fuuka, yacía un gato blanco gigante que movía su patita augurando buena suerte a los transeúntes mientras con la otra pata sostenía un gran tazón de ramen sobre el techo de un restaurante popular. Justo bajo el ornamento, se encontraba la dueña del recinto, una mujer de cabellos rojos, ojos grandes y sonrisa cálida, quien hablaba con su mejor amiga de años como si el tiempo fuera una cosa que solo contaban los tontos.
-¿Puedo pedir otro tazón?
-Pero tú pagas
-¿Por qué eres tan tacaña después de todo este tiempo? Mira que un restaurante… y uno aquí dizque educando niños mimados
-Bueno, bueno, ya pedimos otro. Quién diría que Europa te abriría el apetito, ya hasta pareces Mikoto.
-No es mi culpa. Ha sido un día largo.
-Bueno, pero cuenta qué pasó después…
Miss María, la directora de la institución, la había convocado la tarde de aquel primer día para explicarle el funcionamiento del instituto. No era una tarea compleja para ella que había vivido sus buenos años en el recinto. Sin embargo, había mucho papeleo. Saeko había dejado todo cuidadosamente planeado pero al parecer el día a día debía ser reportado con novedades sobre la asistencia, la participación, el comportamiento y un sinfín de cosas sobre el desarrollo de los estudiantes. Sí, definitivamente ella estaba muy joven para esto.
-Puede parecer algo extenso, Kuga-san- Dijo la mayor observándola con una paciencia ensayada.-Mas le aseguro que con el tiempo irá acostumbrándose. Aquí tiene el manual de procesos y formatos así como el código de comportamiento de la institución.-Ante los pequeños libritos, Natsuki atisbó un suspiro.-Poco ha cambiado desde su partida. De cualquier manera, si llega a necesitar ayuda, puede disponer de Kikukawa-san para asistirla.
-Kikukawa…-La curiosidad bañó el nombre pronunciado como si un niño descubriera que la luna lo sigue.
-Salón A113, ya debió haberse marchado. En una semana tendremos una pequeña reunión para planear la exposición de talentos. Es probable que vea más de una cara conocida.
Ante dicha afirmación, la menor sintió una emoción extraña. Fuera de lo que había imaginado, volver a Fuuka había sido bastante conmovedor. Incluso reunirse con Miss María le había sacado una sonrisa. Los años no parecían afectarle a la señora, seguía manteniendo un perfil impoluto con su mirada de lector de mentes que tantos planes macabros le había descubiertos en sus años mozos. Oh sí, porque ella podría haber sido de lo mejor de su promoción pero tenía el record al mayor número de reportes disciplinarios desde la apertura del colegio. La única razón por la que no la expulsaban es que Saeko era excepcional y bueno… ella también. Todos esperaban que algún día llegase a ser tan brillante como su madre. Ella misma se preguntaba si eso ocurriría aunque si algo había aprendido en Alemania era que lo mejor sería buscar su propio camino. Era gracioso, haber tenido que cruzar medio planeta para entender uno de los top ten paradigmas de películas Disney pero ya qué… Llenando sus pulmones del aire húmedo de la noche, se llevó la lata de cerveza a los labios para enfrentarse a la desencantadora sensación de que la lata estaba vacía. Agitó violentamente el recipiente de un lado al otro y cuando asomó su ojo por el agujero de éste solo encontró una gotita resistente que decidió aterrizar en su iris verde esmeralda causándole un gritillo que la hizo darse cuenta que había bebido lo suficiente.
El segundo día fue tan ocupado que no tuvo tiempo ni para buscar café. Decidió que no era buena idea beber entre semana y le pidió a papá Darwin que le diera energía para acabar el día. Ese día había conocido a todos los grupos que no había visto el día anterior y que estarían bajo su cargo hasta que Saeko decidiera que era suficiente. Solo esperaba que su madre se apiadara de ella pues esperar que se aburriera de hacer ciencia era como esperar que lloviera mayonesa del cielo. Había cosas que simplemente no pasarían pronto y hacía años lo había aceptado.
Al tercer día se dio cuenta que ya conocía los nombres de los buenos, de los "estudiantes con dificultades" y de los creativos. Sí, ya tenía un nombre eufemístico para los que eran más fastidiosos que fila para pagar impuestos. Había un grupo en particular que estaba lleno de niños creativos que si bien eran brillantes, a veces quería ponerles una cinta en la boca ¿Será que Saeko quería vengarse por haberle dicho que nunca sería abuela y por eso la había puesto a criar mocosos ajenos?
Decidió respirar hondo y entrar al salón "I, se pasan de creativos, C." Dictó su clase, hicieron un juego sobre variables genéticas y les entregó el taller que estaba en la lista de material. No sabía si el enseñar era algo que le corriera en las venas pero le alegraba de cierto modo ver que los monstruitos estaban entendiendo el tema. Se sentó en el escritorio a adelantar el reporte de la clase cuando escuchó una voz femenina al fondo del aula.
-Kuga-sensei, tengo una duda.-Cabellos cortos de color rubí, ojos lima, pañoleta amarilla en lugar del corbatín verde y un tono de voz travieso que Natsuki no alcanzó a oír cuando se levantó con marcador en mano dispuesta a explicar el tema.
-Cuénteme, Zhang.
-Verá, en el punto número seis dice que para obtener un cigoto con las características "ser verde" y "poseer hojas divididas" debo cruzar los genes de los individuos "h" y "j"-La chica hizo una pausa cerciorándose de tener la atención de su maestra y al ver sus ojos de total interés, continuó.-Sin embargo, en el caso hipotético de que quisiera obtener un individuo con las características de ser "de baja estatura" y "muy sexy"…¿Qué debería hacer?
-Verá, Zhang, para eso deberíamos saber…
-Caerá en cuenta en 3, 2…
-¡Zhang!-El salón estalló en carcajadas haciendo enrojecer a la sensei que no sabía si sentir pena o cólera.
-Sensei, es para una tarea.
-Zhang, no hay tarea del tema.
-¿Lo promete?
-Por supuesto que…- Natsuki entrecerró los ojos y suspiró largo.- ¡Solo por eso, van a tener tarea doble!-La inconformidad popular resonó para ser callada por la mirada más seria que habían visto de la joven hasta el momento.
-Kuga-sensei no valora la curiosidad científica, muy mal.
-Zhang…-
¡Ay los creativos! Eran toda una caja de sorpresas. Ya le había dicho su madre en la carta de instrucciones que había curso con el que se llevaría bastante bien. Cosas que no extrañaba y el retorcido sentido de humor de Saeko. Al menos eran buenos estudiantes. Suspiró. La verdad era que empezaba a temer por aquellos momentos en los que sus estudiantes tuvieran una duda real y no pudiera hacerlos entender. Quizás una cerveza no estaría tan mal después de todo.
El jueves llegó con la noticia de que tendría que supervisar las actividades del club de botánica ¡Botánica! De todos los clubes que su madre había podido supervisar, había escogido botánica. En el manualito decía que tenían club de mecánica, de natación, de artes marciales desde la "a" de "aikido" hasta la "z" de "zui quan" y aun así, Saeko en su mala costumbre de entregarse a los bichos móviles e inmóviles se había comprometido con el que probablemente sería el club más aburrido después del club de limpieza del muro. Quiso golpearse la frente pero decidió que lo mejor sería asistir un par de clases y ver si podía hablar con la vieja para que la cambiara. Ella también había parecido feliz de verla después de todo. Aunque tenía su look inflexible, su vínculo siempre se había basado en mutuo respeto. Quizás le daría un sermón sobre la importancia de la integralidad y después de recordarle cómo el que hubiera matado un cactus en tercer año había sido un evento desafortunado que nada tenía que ver con su falta de mano verde, quizás, tan solo quizás, la dejaría irse a supervisar un club que no reviviera sus traumas de la niñez.
-Espera, espera, espera que no puedo.-La amable joven que hasta hacía unos minutos escuchaba atentamente, inundó el recinto de risas atrayendo un par de miradas curiosas que la siguieron a coro con la contagiosa muestra de humor.
-Ay, no te cuento para que te rías…-La peliverde trató de fingir seriedad pero ciertamente no sabía cómo actuar ante la situación. Realmente su vida se estaba tornando en una comedia. Ya luego se la cobraría a Mai por burlarse, había oído cosas muy interesantes en su tiempo de Alemania y no había podido burlarse como era debido.
-¿Entonces te toca regar plantitas con los creativos?-Sonrió Mai, previniendo otro ataque de risa. Había extrañado mucho a la peliazul y su temperamento camaleónico.
-Espero que no. Mañana es el primer día.-Natsuki miró hacia el techo un instante para decir sonriente.- ¿Y cómo ha estado Mikoto?- Ante esto, la piel blanca se tornó roja y las amigas continuaron su conversación entre burlas, recuerdos y charlas hasta que fue hora de partir. Qué bueno que aquel terrible martes, Yukino la había encontrado merodeando el campus durante el almuerzo y la había invitado a comer en el dichoso saloncito donde le terminó contando sobre Mai y su restaurante.
La verdad era que Yukino y ella no eran tan cercanas. En general, no eran el tipo de personas que la gente esperaría ver juntas pues poco hablaban y no parecían tener similitud alguna. Pero tenían algo en común que jamás podría compartir con Mai y eso eran los videojuegos, sí. La razón principal por la cual se había pasado los descansos y la hora de almuerzo fuera del aula de profesores y alejada del café era esa, los videojuegos. Jugar la mantenía enérgica, era una de esas cosas mágicas que la devolvía en el tiempo sin nostalgias ni pesares. Tenía emoción, mundos ajenos, una compañía con la que no tenía que hablar para entenderse, tenía todo lo que necesitaba para refrescarse. Incluso si Yukino le ganaba ocho de cada diez partidas. Sabía que practicando un poco más en casa seguro la vencería.
Pensando en eso se fue al salón A113, mejor conocido como el laboratorio de informática dispuesta a quedar siete de diez pero al llegar la recibió un cartelito con un computador que tenía una carita triste en el monitor, un termómetro en lo que vendría siendo la boca y una bolsa de quién sabe qué en la cabeza.
-"Cerrado por reparaciones."- Ya no le quedaba más que irse a comer por ahí. Recordaba bien un pastizal detrás de la capilla donde crecían unas flores que le gustaban en secreto. Así que allí fue.
Antes de llegar, en uno de los costados de la majestuosa estructura que el colegio tenía por capilla, escuchó un llanto incesante y sintió la fuerte tentación de irse por donde vino pero algo en ella le dijo que no era lo correcto ahora que era la responsable de que todo estuviera bien, o al menos tan bien como era posible. Se acercó cuidadosamente y tocó el hombro de la sollozante criatura que estaba de espaldas y temblando con las puntas del corto cabello húmedas por el lloriqueo. Tenía el uniforme arrugado de tanto apretar los puños sobre la falda y el saco tenía un aroma a tristeza que le provocó a Natsuki un suspiro de agotamiento emocional incluso antes de dirigirle la palabra a la pequeña. Habría de tener más de 12 años pero lloraba con la voz de una niña mucho menor.
-Zuru-sama…- Trataba de limpiarse las lágrimas sin mucho éxito hasta que Nat decidió hablar.
-Oye…
Pero la muchachita solo lloró más fuerte.
-No llores, mira…
Era como si no la escuchara.
-Okay, vamos a ver quién llora más.-Entonces, la peliazul empezó a fingir que lloraba, llamando al fin la atención de la pequeña.
-¿Qué te… sucede?-Sonándose los mocos que se le habían resbalado, la niña miró a la mayor con un asombro infinito y una preocupación genuina.
-Nada. Llorar está bien de vez en cuando pero no soluciona nada.-"Cool." Pensó la niña sin entender qué hacía la mayor del todo.- ¿Por qué llorabas?
-Hay una persona que…- Ante la vergüenza de la niña, la peliazul respiró tratando de sacar paciencia de donde no la tenía y decidió empezar a comer su ya muy demorada lonchera.- Hay una persona que me gusta mucho pero no puedo confesármele porque me da miedo que me rechace.
Así fue como Natsuki Kuga, en la primavera de sus veintiún años, casi se atraganta con un sándwich de mayonesa con atún. Pensar que se había preocupado tanto por una mocosa enamorada… y ahora debía decirle algo porque se suponía que eso era lo que los adultos hacían ¿No? Tras respirar velozmente cinco veces, decidió que lo mejor sería incluir la cerveza como parte de su canasta familiar y mantenerse tan alejada de los niños mimados que tenía como estudiantes en futuras ocasiones.
-Yo no sé mucho de esas cosas pero… Zuru-sama dices… si no eres honesta con Zuru-sama y te guardas tus sentimientos, entonces puede que esa persona se ponga triste porque no tendrá nada lindo para pensar cuando tenga días difíciles. Así que si quieres a Zuru-sama, deberías decirle y esperar lo que venga.- Ay pero si ya empezaba a creer que tenía talento con eso de las palabras y todo. Cuánto agradecía que Mai fuera como era y tuviera sus dramas con Mikoto. Esas eran las experiencias que la habían dejado con discursos para cada ocasión. Después de las pijamadas con maratón de Disney, qué más podía pedirle a la vida. Solo esperaba que la niña no se hubiera visto la película.
-¡Tiene razón, sensei! Muchas gracias. Le diré mis sentimientos a Shizuru-sama. Adiós.
Rápido se fue y rápido se acabó el sándwich de mayonesa con atún de Natsuki. Qué colegio tan raro. Cuando ella había estado allí, todo era muy distinto pero bueno, trataría de no pensar ello antes de que le diera un ataque de vejez prematuro. Ya luego le contaría a Mai que sus charlas habían ayudado por fin a alguien. Por lo pronto debía ir al club de botánica a fingir que trabajaba porque la verdad era que si tocaba una planta temía revivir la tragedia de Katu el cactus. Así que sin afán ni demora llegó al club que aparentemente se desarrollaba en el invernadero. El lugar era nuevo, definitivamente nuevo. Ya se le había hecho raro que hubiera tantos clubes cuando hacía cinco años a duras penas había un par de deportes, cocina, informática y algunas artes. Ahora parecía que había club hasta para respirar, ojalá algún día encontrará el taller de mecánica. Fuuka siempre se había caracterizado por superar los límites de lo razonable. Si tan solo pudiera hablar con un estudiante que no fuera creativo ni magdalenoso…
El invernadero no era grande, era enorme. Al entrar podía fácilmente reconocer las manos de Saeko en la estricta clasificación de los ambientes para las flores y demás plantas que crecían allí. Eso sin contar que los estudiantes se encontraban trabajando individualmente como si ya supieran qué hacer sin necesidad de vigilancia alguna. Parecía que ella podía perfectamente sentarse junto a las macetas sin problemas pero quiso saludar porque nuevamente recordó que Saeko había insistido en que actuara como gente grande. Se dirigió a una chica que iba de aquí a allá con unos guantes y un delantal presentándose.
-Soy Kuga-san y estaré a cargo en el tiempo que vuelve… Kuga-san.- La chica la miró por un largo rato y le ofreció una pequeña sonrisa.
-Mi nombre es Nina Wong, me encargo de ayudar a Kuga-san y ahora a usted. Mi compañera Arika Yumemiya le mostrará las instalaciones.- Bueno, parecía que no todos los mocosos eran unos malcriados. Esa chica le parecía agradable, casi le recordaba a sí misma antes de la universidad. Qué bueno que su madre había escogido a alguien competente para salvar al invernadero de ella.
Los aromas danzaban entre coloridas hojas de tonos indescriptibles donde uno que otro bicho se dedicaba a cantar. Un montón de jóvenes paseaban en todas las direcciones atendiendo los lotecitos de plantas con líquidos y aparatos medidores, incluso con música que parecía transformar el lugar en un hotel para criaturas. Ciertamente no parecía que su ayuda fuera necesaria. Después de todo, el conjunto de minions de su madre, era realmente eficiente. La única que parecía no hallarse en el sitio era aquella chica Arika Yumemiya que la tenía esperando desde hacía rato.
-¡IAAAA, Shiruzu-sama!- Dando brinquitos llegó una chica de ojos zafiros con el cabello trenzado, brinquito, brinquito, gritito, gritito. Hasta que aterrizó de lleno en la fastidiada Kuga. Sí, había sido muy temprano para decir que los niños no eran tan mimados.
-Otra con eso de Shizuru-sama… Y yo que creí que Chie tenía un problema con las idols.
-¡Me disculpo, mi nombre es Arika Yumemiya y le mostraré las instalaciones!- Con una vergüenza palpable, la chica se presentó ante la mirada aburrida de Natsuki que empezaba a preguntarse si esa tal Shizuru era una persona del colegio o algún famoso. A decir verdad, no recordaba ningún nombre similar a ese, Shizuru… era como si el viento apenas si acariciara las sílabas. Seguramente había sido producto del marketing de la temporada. Ya se imaginaba a la pequeña del almuerzo enviando alguna carta fangirleando a lo máximo sobre casarse. Pero bueno, qué se le iba a hacer. Eran tiempos donde todos podían ser y hacer lo que quisieran. Era normal que terminaran siendo barbie girl.
-Okay.
-El invernadero cuenta con cinco áreas. Tres están divididas de acuerdo a las clases de planta y su hábitat…- Natsuki imaginaba que algún día tendría un lugar con minions tipo Nina para investigar sobre mecánica. Definitivamente, sería algo impresionante. Minions que clasificaran sus máquinas y estudiaran las partes y los circuitos, sería hermoso.- Por eso se llama taller. Finalmente, tenemos el área común. Allí reposan los ejemplares que van a ser llevados como decoración a las distintas áreas de la Academia. Además funciona como área de receso para los miembros del club y es donde se encuentra el club de ceremonia del té.
-¿Qué? ¿Por qué habría gente que se la pasa tomando té en medio de un área de cuidado de plantas?
-Ara, Ara, por motivos de inspiración, por supuesto.- Una voz aterciopelada sonó a la par de unas sandalias tradicionales y una mujer de kimono lila con flores blancas emergió entre las macetas colgantes de dalias.
-¿Inspiración?- Escéptica, Natsuki miró fijamente los ojos carmines de aquella mujer que lucía una sonrisa indescifrable y en aras de romper el hechizo que parecía aislarla del mundo, musitó.- ¿Qué podría hacer el vapor del té por las plantas? ¿Qué no hay un salón del té o algo parecido?
-Para ser una flor tan joven, me sorprende que hables con tanta determinación pero con gusto te mostraré las artes del club.- Entre los murmullos y los gemidos de sorpresa de los estudiantes alrededor, Natsuki empezó a sentir que algo se escurría bajo su piel como un voltio inalcanzable.
-¡Shizuru-sama, enséñame a mí!
-¡Shizuru-sama va a mostrar todo su esplendor!
-Ven a buscarme cuando se acabe la hora del club.-Y sin más, la mujer se fue dejando a Natsuki con una palabrota más grande que ella misma. Así que ella era la dichosa, Shizuru. Ahora sí quería tomarse un sixpack. Pinches niños de ahora con sus gustos exagerados. O sea, no era que la tipa estuviera fea pero estaba más tostada que los granos del café que se servía al desayuno ¿Por qué Saeko había permitido que esa loca se instalara en el invernadero?
-Mai no me la va a creer…
