¡Sí! La inspiración vino a mí. Este es el segundo capítulo de mi segundo fic, oh, por favor, espero que os guste porque estoy muy ilusionada con esta historia :D y perdón si las escenas de pelea son algo confusas, trato de hacerlas lo más simple posible. A pesar de que el primer capítulo no tuvo demasiado éxito, no importa. Lo siguiente que subiré será la traducción de 'Let Me Be Your Bad Boy' que se quedó bastante interesante ¿no creéis? :) En fin, os dejo con la historia: disfrutadla 3


¿Qué no podía dejarla escapar? Este tío tan arrogante se lo tiene muy creído... ¿y qué es eso de gatita? ¿En serio? Estos eran los pensamientos que corrían por la cabeza de Hinata, mucho más que escapar o la sensación de alerta.

-Así que... Kurama ¿no?- preguntó con acidez.

-Así es, gatita, Kurama, presidente en la sombras de la empresa de Akatsuki, pero como te acabo de decir... no escaparás de aquí para poder divulgarlo- la voz de aquel hombre hacía que a Hinata le recorriera un escalofrío por todo su cuerpo. Era una voz profunda y grave, pero con un toque... algo extraño, que no sabría definir muy bien; pero aún así, era una voz preciosa, suave.

-Eso es lo que tú piensas, no me subestimes- dijo reforzando su postura de pelea.

-Oh... ¿en serio vamos a pelear?- respondió Kurama con un toque de burla, cosa que estaba mosqueando a Hinata.

-Por supuesto, pienso pelear- sentenció decidida. No iba a dejar que nadie la menospreciara o por ser mujer o por su estilo de pelea.


El Jūken que utilizaba Hinata se había transmitido en su familia por generaciones, también conocido como el puño suave, era gentil exteriormente, pero internamente era letal. De pequeña fue entrenada por los mejores usuarios de este estilo: su padre, el líder indiscutible de los Hyūga, su tío y su hermano, proclamado merecidamante como el genio de los Hyūga. Sí... Hinata podría parecer una pequeña muñequita de porcelana, delicada y dulce, la típica señorita y niña buena; pero no, esta chica era letal, era mortífera y Kurama estaba a punto de probarlo en carne propia.

-Esto va a ser tan interesante como divertido- dijo Kurama aún en las sombras, quitándose la chaqueta de su impoluto traje caro- bien, luego no llores ni supliques clemencia- se acercó a la luz de la ventana con parsimonia.

Poco a poco la luz iba revelando la figura que tenía Hinata delante; primero se veían sus preciosos zapatos italianos, brillantes, limpios, hechos a medida, la luz abría paso a un hombre que vestía un traje de color negro con una camisa blanca que parecía que se había cosido única y exclusivamente para él. Mientras se arremangaba, Hinata pudo apreciar una mano derecha vendada, que parecía cubrir todo el brazo.

Por fin la luz pudo reflejar la cara de aquel sujeto, pero maldita sea, no pudo verla. Ese idiota llevaba una máscara de un zorro naranja, cosa que disgustó a Hinata. Sólo pudo apreciar un pelo rubio, corto y despeinado. Aquel hombre tenía un fantástico físico, no estaba nada mal, aunque no le hubiera visto la cara, producía en ella un cosquilleo por todo el cuerpo y, no sabía si era por la emoción de la pelea o de enfrentarse a aquella persona, pero su corazón latía desenfrenado. Oh, sí, ambos iban a disfrutar esta pelea, y nadie sabía cuánto.

El hombre adoptó una postura de ataque, con una pierna ligeramente delante de la otra y ambos brazos a la altura del pecho dispuestos a lanzar un ataque a la mínima oportunidad. Entonces, en un movimiento rápido, que Hinata no pudo casi ver, Kurama empezó a soltar golpes, que esquivaba con asombrosa habilidad. En un momento, el presidente de Akatsuki trastabilló, cosa que aprovechó Hinata para lanzarle una patada giratoria, que casi consigue darle, pero esquivó al último momento. Hinata empezó a golpear con las palmas de sus manos el aire, pues él esquivaba con maestría aquellos gentiles movimientos, cosa que le estaba cabreando, pues debajo de esa extraña máscara de zorro, parecía que podía ver una sonrisa.

Se separaron, jadeando por el esfuerzo que habían hecho; no había pasado ni media hora de la pelea, pero dieron todo con fuerza. Entonces, algo inesperado pasó, el hombre soltó una pequeña risa, sí, pequeña, pero perceptible para los oídos de ella, que la catalogaban como la más sensual de todas las risas que había escuchado, haciendo que sus piernas empezaran a mutar en algo parecido a la gelatina.

-Vaya, gatita, eres buena. Eres muy buena, quizás demasiado- dijo de manera coqueta- quizás debería ponerme serio de una vez por todas.

-Ya te lo he dicho, no me subestimes- contraatacó al borde del verdadero enfado.

-Bien, hace una noche preciosa para bailar... bailemos hasta caer muertos, gatita- dijo haciendo una elegante reverencia.


A Hinata no le gustaba ni un pelo la actitud de su contrincante, ¿quién se creía que era? No la estaba tomando en serio, ni un poco, y eso le molestaba a tal grado que se empezó a cabrear en serio, y cuando ella se enfadaba de verdad, era un arma humana. Debido a su enfado, empezó a lanzarle golpes a diestro y siniestro, que el esquivaba con una habilidad asombrosa, ¿en dónde narices había aprendido este hombre a pelear de esa manera? Eso no importaba ahora, lo que importaba era darle un buen golpe para quitarle esa cara de capullo engreído que tenía, seguro, debajo de la máscara. En cuanto fue a darle con la palma de la mano al pecho, él le sujeto la muñeca, y en un ágil movimiento, la empujó hasta su pecho, sujetándole la otra muñeca en el proceso. Poco a poco su cara empezó a bajar, cosa que a Hinata le puso muy nerviosa... ¿Qué diablos pretende este tío? ¿En serio estaba ligando en una situación como esa?

-Muy mal, gatita, te dejas llevar demasiado por tus emociones. Piensa en frío- le dijo de manera sensual al oído, rozando levemente con la punta de la nariz la oreja.

¿Que pensara en frío? ¿Lo estaba diciendo en serio? ¡Ese cerdo le estaba dando lecciones de pelea! ¡En toda su cara! Bien, esto era el colmo, ese tío iba a probar una buena ración de puños al estilo Hinata Hyūga.

Se soltó de ese incómodo agarre, y tras la máscara, le dedicó una mirada llena de odio. Le atacó, con las manos, a punto de darle, pero él giró, esquivando sus golpes, en una vuelta y se colocó detrás de ella, sujetándola por la cintura, y hundiendo la nariz en su pelo.

-Hmmmm...- entonces, le soltó la coleta alta que llevaba la chica, dejando que su precioso pelo negro-azulado cayera por la espalda, llegando poco más de la mitad de su cintura. Un pelo precioso- pensó Kurama.

Cuando ella iba a darle un codazo, el se agachó y guardó las distancias, quedando en frente de una cabreada, pero aún así extrañada Hinata, que daba gracias por su máscara, pues así el idiota de su oponente no vería lo sonrojada que estaba por ese atrevimiento por parte de él.

Volvió otra vez a atacarle, lanzándole varias patadas. En cuanto iba a dar su famosa patada Hakkeshō Kaiten, él le agarró del tobillo, dejando a Hinata en una posición difícil para controlar el equilibrio. Antes de darse cuenta, Kurama le había dado una patada dejándola en el suelo y el encima sujetándole las muñecas con una mano. Ella forcejeaba tratando de liberarse, pero él parecía bastante cómodo en esa posición.

-Oh, gatita, no sabes lo mucho que me estoy divirtiendo. En verdad, estoy disfrutando con esta pelea, eres guerrera y bastante persistente- empezó Kurama a decir- pero ya se me acaba el tiempo y tengo cosas importantes que hacer, así que, sintiéndolo desde el fondo de mi corazón, esto se tiene que acabar aquí- con la mano libre, le sujetaba un mechón de pelo y se lo llevaba a la nariz- hmmm... qué bien hueles, gatita.

-S-Suéltame ahora mismo- trató de decir con la voz más seria posible, pero el tener a ese hombre encima suyo, le daba una sensación de nerviosismo e impotencia enormes. Su cuerpo era tan grande en comparación con el de ella, que era bajita y llena de curvas, mientras que él era todo recto, e imponente.

-¿Qué pasa gatita? ¿Te pongo nerviosa?- dijo bajando lentamente la mano tocando el perfil de su cara. Hinata adivinó sus intenciones desde el principio, el truco era ponerla nerviosa para poder descubrir quién era y poder sonsacarla información, así que decidió poner en marcha el plan de emergencia.

-¿Sabes que hacen las gatitas como yo cuando no pueden usar las zarpas para arañar?- preguntó tratando de sonar lo más graciosa y misteriosa posible- ¡Muerden!- Dijo lanzándose a la mano del rubio, quién apartó la mano enseguida, bajando la guardia, dándole ventaja a Hinata para liberarse del agarra y así atacar a los ojos que había debajo de su máscara, de aquellos que no pudo distinguir. Como bien se sabe, Hinata tiene una vista felina, quizás sí que tenía algo de gato, o más bien de leona, una leona guerrera que protege a quienes quiere con uñas y dientes. Aprovechando la ceguera temporal de Kurama, Hinata consiguió coger el pen-drive y escapar de allí, encontrándose con Lee por el camino.


Ya en el jet, Hinata daba informe de toda la situación, incluyendo la pelea con Kurama, guardándose para ella los detalles tan vergonzosos, como por ejemplo, cómo aquel hombre parecía excitado con la pelea.

-Buen trabajo, chicos, lo importante es que estéis a salvo- había dicho Kakashi, pero ella sentía que había fracasado. Volvió a la mente aquella niña interior de 12 años que trataba de esforzarse y no lo lograba, aquella chica de 16 que daba lo máximo. Ahora que tenía 19, camino de los 20, sentía que todo seguía igual, que su fachada había crecido, pero que nada había cambiado. Lo que más necesitaba ahora era ir a la base y seguirse entrenando.


Kurama miraba la ventana, quitándose la máscara. En su cara aparecía una sonrisa ladina y llena de maldad, mezclada con algo de intriga.

-Volveremos a bailar, gatita- dijo mirando a la enorme luna que se asomaba tras los edificios- Muy pronto... ya lo verás.