DEL AMOR AL RECUERDO
II
.~*~.
Isabella ha regresado del baño… la he visto. Es una mujer hermosa, no estaría a su lado si así no fuera. No es que sea el mismo de antes que se deja arrastrar por apariencias, no… es solo que ella no me gusta más allá del plano físico. ¡Como si alguna vez alguna mujer me hubiera gustado de otra manera!...
Mi boca se ha llenado de la amargura del expresso… del dolor del recuerdo… ¿Quieres saberlo?... Candy me gusto porque se volvió una mujer deslumbrante… increíble, etérea… proyecta una fuerza sensual tan inocente que me sigue intrigando si le doy espacio al recuerdo…
Ella… ella era diferente… era una mujer fuerte, tierna, honesta, sincera… era divertida… era intensa… Era maravillosa… ¡Ah! Tontos recuerdos… ahora entiendo tantas cosas… de la vida, de Candy…
No sé, de verdad, no sé si me enamoré de ella… yo quería pensar que si… y pienso que sí, cada vez que su recuerdo se clava como una espina… no sé si fue amor… pero es un recuerdo tan intenso, que me provoca al tiempo que llanto, el deseo de poder ser feliz…
Aquella reunión era un completo aburrimiento. Parte de su grupo de viaje había asistido y bajo la encomienda de ser un encuentro de americanos, alguna de las chicas lo había arrastrado literalmente al lugar. Los anfitriones eran una familia italiana con parientes en los Estados Unidos, estaban ahí varios chicos más o menos de su edad realizando justamente el gran tour, al igual que él. Sólo que él prefería siempre mantener distancia del grupo, y explorar por si mismo Europa. Le desconcertó cuando al llegar al muelle en España, el peso de la guerra podía aún mucho en las personas. Todos vivían apurados, pendientes de cambios en un mundo que a cada minuto variaba y se movía al ritmo de una amenaza constante de revivir la pasada pesadilla.
Las escenas no eran agradables, máxime cuando él no buscaba precisamente los lugares más sofisticados… se dejaba llevar por sus pies y su instinto hacía aquellos lugares en donde la hipocresía no reinara como de donde él venía. Era un absurdo, después de todo en Europa no lo conocía nadie, pero aún así, de ir a los lugares selectos, de seguro hubiera coincidido con algún compatriota que inevitablemente lo reconocería y de alguna manera revivirían los recuerdos de la humillación de la que huía.
Esa tarde todo fue diferente, Cathy Saint George le había hecho llegar la invitación desde muy temprano; pasó a su departamento y él saludó de manera fría, eso no fue suficiente para que ella resistiera la tentación de echar un vistazo al departamento donde vivía. Esa chica era de las americanas que viajaban en grupo con otras amigas, se la pasaban haciendo compras y tertulias, coqueteando escandalosamente a los europeos que conocían y preguntándole inevitablemente cada que lo veían por su hermana Eliza. Era bonita, pero demasiado pequeña para intentar algo con ella, además su familia era de las más conservadoras en Boston, mejor no intentar nada o ahí sí terminaría atrapado forzadamente.
Ella al fin se despidió, recordándole que su presencia era muy importante y se consideraría una falta de respeto el no asistir. Casi al salir le pedía comportarse adecuadamente… ¡Aquello era el colmo!... Lo convidaban forzadamente a un lugar que no deseaba y lo advertían como si fuera un delincuente al que tenían que controlar… Respiró profundo. Iría. Sin duda. Y se encargaría de hacer de esa velada una pesadilla para los demás.
.~*~.
Los Rosellini eran una familia con lazos en las Américas; eran unos antiguos marqueses de los desposeídos luego de la invasión napoleónica y que conservaban casi intacto el orgullo por la patria bella y perdida… Uno de sus herederos estaba casado con una socialité americana. Neal recordaba bien que Eliza se había puesto verde cuando supo de aquella unión… El marqués era todo lo que ella hubiera querido por marido…
Los anfitriones eran excelentes… las damas tocaron y cantaron de acuerdo a la costumbre, luciéndose ante solteros italianos presentes… y ante los americanos también. No eran el objetivo a seguir en Europa, pero siempre había que mantener encendida una esperanza. Neal estaba cierto de algo: ¡Muchas ideas de libertad e igualdad!... ¡Mucha democracia!... Los americanos resultaban seducidos de manera casi asquerosa por los antiguos títulos europeos… Y aquellas chicas se sentían en el paraíso rodeadas de varios de ellos… algunos de los cuales no tenían un centavo y estaban ávidos de lograr la conquiste de fondos americanos. Alianzas ventajosas y convenientes, "de ensueño" solían decir su madre y la Tía abuela. Visto desde ese punto comenzó a ver lo nauseabundo de una unión dispuesta.
Él permaneció en silencio tanto como pudo; hablo con unos cuantos chicos a los que conocía desde América… algunos inclusive eran socios de su padre… o de Albert… conocían su vergüenza, pero tenían la delicadeza de no decir nada. Frente a él. A sus espaldas estaba seguro que lo devoraban… por eso rehuía de la compañía de toda esa borda de hipócritas… por eso se mantenía alejado… siempre con el pretexto del tabaco estaba en las salas de caballeros, en los balcones… en los jardines… ¿Qué si eso era una grosería?... Si no era de su agrado deberían dejar de invitarlo… Por eso esa noche no la vio llegar… No supo de los rumores desde antes que apareciera… No se preparo para evitar lo que sucedió…
La cena llegó y él tomo su asiento… aquello parecía escena del renacimiento, los italianos estaban luciéndose creando una atmósfera barroca impresionante, los enormes candelabros colocados estratégicamente, se mezclaban con fruteros casi igual de altos… resultaba difícil ver quien se encontraba del otro lado de la mesa. Por otro lado no le interesaba ver a esas mujeres aburridas. La cena en sí, lo envolvió en su ambiente. Detrás de las cortinas un violín ejecutaba tranquilos adagios… Los platos desfilaron uno a uno y Neal estuvo a punto de sentirse en casa… El chef de esa mansión era casi tan bueno como el que tenían en la propia…
Llegó el café… y haciendo gala de lo que había dicho, no espero a que las damas cortésmente se retiraran al salón dejando a los caballeros… Encendió su puro ante la mirada atónita de Cathy… quien le tiró un puntapié por debajo de la mesa… Él se guardo el respingo, pero la miró con ojos destellantes de rabia… ¡Él quería fumar!... ¿Cómo se atrevía a impedírselo?… Ella utilizó su abanico…
-¿No te has dado cuenta que la Srita. Birmanick está aquí?... ¡Nadie fuma en su presencia! –dijo por lo bajo, casi asustada de que fuera a ignorar sus palabras…
-¿Y?... nadie muere por un poco de tabaco…
-¡Neal! – dijo escandalizada de su respuesta… - ¡Te lo ruego! ¡Ella…!...
Cathy no completó la frase… aún cuando sujetaba la mano en la que Neal sostenía el encendedor… el puro estaba ya colocado en su boca… Un ataque de tos interrumpió la charla de los presentes… La doncella de la chica apareció como por arte de magia y se la llevó… la acompañante se disculpó mientras con la mirada intentó atravesar a Leegan…
Todos quedaron en silencio… reprochándole con la mirada lo acontecido. Él no se inmutó… sabía que lo sucedido no había sido su culpa… El cigarrillo estaba sin encender… así que alergia al humo no había sido… Y se los restregó a todos encendiendo el puro, degustando el tabaco fuerte penetrando su lengua y entrando a sus pulmones, para salir casi de inmediato en forma de gran bocanada… Era libre para fumar ahora… la chica alérgica se había ido…
La paz se restableció en la mesa… aparentemente… en su interior Neal se preguntaba quién era aquella chica de piel de alabastro y cabellos de miel… enfundada en un traje de seda color vino y con peinetas de diamantes y rubíes en su elaborado peinado… Era bonita, se dio cuenta apenas la vio pasar alterada por la tos… y era una lástima no haberla visto mejor… ya habría oportunidad…
- ¿Quién era?- le pregunto a Cathy, quien ante la tentación de darle información, perdonaría lo que había hecho…
- Wendolyn Thalía Birmanick, la heredera de la bolsa en New York…
Neal dio otro sorbo a su puro… Mañana tendría unas flores que enviar…
Y las envió. A su estilo. Después de todo no estaba en América buscando a quien convencer, ni conquistar. No le gustaba encargar flores a las tiendas, sabía, porque le constaba que Eliza lo hacía, del soborno que hacían a las empleadas, señoritas deseosas de información y chismes frescos. Suspiró. Aquí no estaba en Chicago y nadie lo conocía… Ni siquiera la halagada con el ramo de rosas color durazno que llevaba.
Había conseguido su dirección. Toda una quinta era el lugar de reposo de la Srita. Birmanick, un lugar tranquilo y hermoso y cercano al centro de Venecia.
Tocó a la puerta, sin previa cita, sin anunció, sin presentaciones que mediaran entre ambos. Un sirviente salió y lo vio con sorpresa… y con la misma sorpresa tomó el ramo de flores.
La nota era sencilla. Pedía conocerla y disculparse por el incidente de la otra noche donde los Rosellini. Dejó sus datos en ella para que enviaran la respuesta… y espero el día de volver a verla.
.~*~.
CONTINUARA
