Harry Potter pertenece a la ingeniosa, increíble y talentosa J. . Yo solo tomo prestado los apasionados personajes Draco Malfoy y Hermione Granger, para hacerles pasar situaciones.
Ojos que no ven, Hermione que no siente.
2. El que juega con fuego, se quema
Hermione caminaba aceleradamente por los enormes pasillos de piedra de Hogwarts, haciendo oír sus pisadas seguras y apresuradas. Acababan de finalizar la clase de Historia de la Magia, y tenían dos horas de descanso para la próxima clase, por lo que ella siendo tan organizada, no desperdició aquellos minutos para ir a la Biblioteca y repasar algunos apuntes que llevaba atrasados. Necesitaba aprobar con máxima nota los EXTASIS y otorgarse un capricho personal.
-¡Hermione, espera! No vayas tan deprisa, tengo que decirte algo- jadeó Ron mientras corría en su dirección, con el uniforme mal puesto y la cara de dormido, después de haberse pegado una buena siesta gracias al profesor Binns.
-Ahora no puedo Ronald- exclamó a la vez que intentaba caminar lo más rápido posible. Pero se lo pensó mejor y decidió parar y esperarle. A fin de cuentas, un amigo debe de estar cuando se le necesite, aunque esté apurado.- Esta bien, cuéntame.
Hermione observó con una sonrisa todo el trayecto hasta que su pelirrojo amigo llegó a su altura. Notó como una vez que consiguió controlar la respiración, la observaba fijamente durante un par de segundos sin hablar, hasta que poco a poco, las mejillas de Ron se fueron tiñendo de rojo.
La chica frunció el ceño incómoda, mientras la sonrisa se ampliaba y no pudo contener la risa: -¿Pero qué te pasa? Ay Morgana, dime que no tengo tinta o marcas de dormir en la cara.
Hermione se apresuró a frotarse las manos en la cara, borrando una mancha de tinta imaginaria, mientras la risa se esfumaba poco a poco, dejando ver lo claramente ridículo del momento.
Ron quiso cogerla de la mano y detenerla, pero pareció pensárselo mejor y bajó la mano avergonzado, enrojeciendo el rostro aun más.
-No, no. Quería decirte…quería decirte una cosa- balbuceó Ron mientras se tocaba el pelo con su mano derecha y miraba al suelo.- Hoy,…hoy, últimamente me he fijado, Hermione, y estás muy guapa.
La Gryffindor alzó las cejas asombradas. ¿Desde cuando Ronald Weasley le decía esas cosas? Se acordó de lo despeinada que se veía siempre, del mínimo maquillaje que traía puesto y del enorme jersey que llevaba y que ocultaba su figura. Seguro que quiere que le ayude en algún ejercicio de Encantamientos y no sabe como pedírmelo, pensó Hermione esbozando una sonrisa con ternura.
-Gracias Ron, pero no hace falta que me digas eso- comentó con despreocupación y amabilidad, tocándole el hombro con cariño.- Si quieres que te ayude en cualquier asignatura puedes decírmelo.
-No, yo,…yo. Quiero decir, yo, me gustaría preguntarte si este fin de semana estabas libre- murmuró silenciosamente, todavía sonrojado y pendiente de mi mano que yacía en su hombro.- Hay una salida a Hogsmeade, y quizá podríamos…
Ronald Weasley iba a seguir farfullando nerviosamente hasta que unas pisadas potentes al principio del pasillo le detuvieron. Giraron las cabezas los dos Gryffindors hasta divisar con la alta y fibrosa figura que se acercaba hacia ellos, con el pelo particularmente rubio, y la corbata de Slytherin luciendo desecha en su cuello.
-Vaya, vaya. Me estoy empezando a hartar estar encontrando siempre mugre por los pasillos del colegio.- siseó burlonamente Malfoy, mientras se inclinaba en la pared y los observaba- Pero no te detengas, Comadreja, sigue con tu discurso romántico.
-Cállate Malfoy.- amenazó Ron más que colorado, intentando sacar su varita del bolsillo derecho de su túnica- Aquí la única mugre que veo, es tu asquerosa presencia.
Hermione advirtió como su amigo alzaba la varita hacia el Slytherin, después de su forzoso intento por sacarla, mientras articulaba el comienzo de un conjuro. Llegó a entrever la impasibilidad en el rostro de Malfoy, como si supiera que fallaría hechizo como muchas otras veces había pasado, antes de que sus propios pies corrieran hasta ponerse delante de Ron.
-¿Pero que te crees que haces, Ron? No puedes agredir a un alumno, por muy petulante y cínico que sea. Guarda tu varita.- advirtió Hermione cruzándose de brazos con un tonto de enfado tan autoritario, que haría que cualquier persona agachase la cabeza asustado.
-Nos acaba de insultar, y yo…-
-Me da igual.- cortó la Gryffindor con evidente enfado.- Si el es tan infantil, para ello, allá el. No lo demuestres tú también, Ronald.
-Haz caso a la Sabelotodo, Pobretón.- comentó una voz fría y grave detrás de la figura de Hermione.
Draco Malfoy no apartaba la mirada del Gryffindor, le miraba con inexpresividad, demostrando su claro odio hacia el Pelirrojo. Seguía apoyado en la pared, inalterable, con la mandíbula marcada, y sin haber dirigido ni una sola vez la mirada a Hermione.
La chica aspiró profundamente un par de veces intentando relajarse, para acto seguido preguntarle no muy cortésmente, que qué hacía allí, incordiándoles. Ronald había sacado de nuevo su varita, dirigiendo una mirada amenazante al rubio. Éste se limitó a contestar pausada y fríamente la pregunta de la chica, aún ignorándola y mirando fijamente a Weasley.
-McGonagall me ha dicho que tiene que hablar con los premios anuales, nosotros Comelibros, y organizar un plan de rondas para los Prefectos- arrastró las palabras, como si no quisiera dirigirle la palabra.
-¿Ahora? Pero…- suspiró resignada Hermione, llevándose la mano a la maraña de pelo castaño, desordenándoselo aún más.- Esta bien. Ron, hablaremos más tarde,¿sí?
Volteó y le dirigió una sonrisa de disculpa, garantizándole que por la tarde hablarían tranquilamente. Ronald titubeó un momento en el pasillo, hasta que decidió que la situación estaba calmada, para después depositar un beso suave en la mejilla de Hermione, y salir del pasillo corriendo y de nuevo sonrojado.
-¿Pero que le pasa hoy?- murmuró preocupada Hermione, con la vista fija en el pasillo donde hacía unos momentos, Ron desaparecía. Había notado que este último año se había comportado de forma bastante más extraña con ella, tartamudeando más de lo normal, incluso estando los tres juntos, Harry, él y ella. Era como si ella tuviera constantemente algo pegado al rostro, y el no se atreviera a decírselo. Tal vez se estaba hartando de su contante presencia y el no sabía como comunicárselo.
Suspirando e ignorando descaradamente la presencia de Malfoy, continuó su camino hacia delante, pero esta vez girando a la derecha, dirigiéndose hacia el despacho de McGonagall.
-¿Hacia donde vas?- preguntó divertido Malfoy desde el fondo del pasillo.
Había cerrado los ojos y apoyado tranquilamente la cabeza en la pared de piedra. Su altiva figura no pasaba desapercibida. Era muy alto, le sacaba casi dos cabezas y media a Hermione. Su esbelta figura, moldeada por el Quidditch, siempre estaba enfundada con colores oscuros, y la corbata desabocada, dándole aspecto de chico descuidado. Contraste extraño con su cabello claro, siempre bien peinado y domado.
-¿Cómo que hacia dónde voy? Al despacho de McGonaall, cosa que tú también deberías de hacer- Hermione asomó la enmarañada cabellera por la esquina del pasillo, bufando molesta. Vio como Malfoy seguía estoico, como si no le importase nada que McGonagall pudiera castigarle.
-Rata de biblioteca, no reconoces una broma, ni aunque ésta estuviera delante de tus narices.- respondió Malfoy, todavía con los ojos cerrados- esa chiflada no nos ha llamado.
-¿Entonces por que mientes en esos temas, Serpiente, tanto te aburres?- sintió la rabia bailar por sus venas. ¿Es que no tenía nada mejor que hacer, sino desperdiciar su valioso tiempo? Tiempo que podría estar dedicando para estudiar, por supuesto.
-Puede- se limitó a contestar en un silbante susurro.
-Pues aprende a distribuir tu tiempo para no aburrirte, porque por tu culpa ni he podido ir antes a la Biblioteca, ni he conseguido saber lo que quería decirme Ron.- decía frunciendo el ceño ligeramente y tamborileando sus dedos en la cartera.
-No hace falta muchas palabras para explicar lo que un intento de hombre como el pobretón querría hacer a una chica, estando completamente solos en Hogsmeade.
-Venga ya- rió Hermione mirando al suelo y negando con la cabeza- Ron no sería capaz. Además no iba con esas intenciones Malfoy.
En ese momento Malfoy abrió los ojos y la observó. Fijamente, con esos iris metálicos, normalmente tan fríos. Pero no como ahora. Los tenía oscuros, como si guardara algo dentro de ellos. Hermione sintió un escalofrío recorrerla toda la columna vertebral, sintiéndose de pronto desnuda e indefensa ante su mirada penetrante.
La Gryffindor noto su propia respiración acelerarse. El instinto la decía que se alejara de ese pasillo cuanto antes, y se encerrase en la Biblioteca. Malfoy no le causaba temor, sino desconfianza. Siempre desconocía cual sería el siguiente paso que tomaría el Slytherin, jamás podía saber con certeza lo que estaba pensando, o cuales eran sus intenciones.
Malvadas y prohibidas, seguro.
-No me mires así- advirtió Hermione todavía aguantándole la mirada, sin parpadear. Alzó la barbilla, demostrando que no le tenía miedo y que la situación le parecía ridícula.
-¿Cómo se supone que te miro?- susurró.
-No…no sé. Pero me incomoda- titubeó Hermione acercándose al platino y levantando su dedo amenazante.- Así que deja de hacerlo.
Malfoy la observó desvergonzado y la recorrió con la mirada. No era una chica particularmente atractiva, llevaba siempre el pelo revuelto y la falda demasiado larga. Pero su mirada castaña le retaba cada vez que le veía, como ahora. Tenía el rostro levantado, las mejillas un poco sonrojadas, y echaba destellos dorados por los ojos.
-Además, como vuelvas a dejarme otra notita, o a decirme Sangresucia de nuevo con tus insultos racistas…- dijo Hermione acercándoselo aún más y comenzando a darle golpecitos con el dedo en el pecho- te las verás conmigo Serpiente.
De improvisto Hermione notó como Malfoy se movía en su dirección rápidamente, sin ella poder hacer nada. Como movido por un resorte, el chico agarró la mano acusadora que le apuntaba en el pecho y empujó el pequeño cuerpo de la chica fuertemente contra la pared.
Hermione sintió como le faltaba el aire, y aspirando fuertemente inundó sin querer todo el aroma masculino de Malfoy en sus pulmones. Se sintió mareada, y como un animal acorralado, peleó contra la fuerte musculatura masculina, intentando inútilmente escapar dando patadas.
Malfoy simplemente soltó una especie de bufido divertido a la vez que la agarraba de las muñecas fuertemente contra el muro, y apoyaba todo su cuerpo y peso contra ella para evitar que se moviera. Inmediatamente notó como dejaba de moverse, se paralizaba y un ligero sonrojo acudía a su moreno rostro.
Que asquerosamente inocente.
-¿Estás loco o qué? Suéltame inmediatamente- masculló Hermione intentando sonar furiosa, aunque solo la salió un murmullo inseguro.- O…o verás lo que…
-¿Qué?- la cortó abruptamente, acercando sus labios despacio, muy lentamente, a la pequeña oreja de la chica y susurrándole delicadamente-¿Que me harás asquerosa sangresucia?
Hermione se tensó al instante y alejándose lo más posible de su rostro le miró con rabia. Intentó por todo lo posible no derramar ninguna lágrima de impotencia. Malfoy era cruel, un malvado estudiante de séptimo año, que pronto se convertiría en Mortífago.
Percibió una fuert presión en el interior de su pecho. Como si hubiera tragado cemento. Algo pesado y fuerte dentro de ella, un nudo en el estómago al pensar en lo que se convertiría al terminar Hogwarts.
Se mordió el labio y clavó directamente sus ojos castaños en aquellos fríos, pero a la vez tan llenos de energía que la observaba.
-Me das pena Malfoy- susurró con la voz cortada- No te vuelvas a acercar a mí. Aléjate.
Y acto seguido miró al suelo, procurando evitar su penetrante mirada, que jamás se aparto de sus ojos.
Este se limitó a soltarla de las muñecas, dejando sus movimientos libres, por lo que Hermione se disponía ya a empujarle y salir deprisa de aquel pasillo maldito de su presencia, pero otra vez unas manos largas y frías se lo impidieron, pero esta vez, en sus mandíbulas.
Malfoy agarró fuerte pero delicadamente el rostro de la Gryffindor, acariciando sus mejillas, tan suaves como se las había imaginado, y acercó sus labios finos y fríos a los de la chica, calientes y gruesos.
Todavía la miraba fijamente.
Hermione se puso de puntillas al notar como Malfoy agarraba su rostro, para que la presión no fuera tan notoria y molesta, aproximándose así inevitablemente al rubio.
Al verle acercar su atractivo rostro al de ella, sintió como sus rodillas la fallaban, temblando como una hoja al viento, y cerró fuertemente los ojos, esperando asqueada el beso que seguro vendría de parte de él.
No, no, no.
Pero Mafloy no tenía esa intención. O al menos ella sospechó eso, al notar el aliento fresco del platino rozar su cuello, hasta llegar lentamente a su lóbulo, como una pequeña gota que se ha derramado de un vaso muy lleno y acaricia todo el dorso del vidrio.
Le sintió, allí, cerca, muy cerca. Como el frio invierno que te congela todas las entrañas. Y despacio, tortuosamente despacio la susurró:
-Eres mía, Granger. Mía. No de Weasley, ni de Potter. De ninguno. Acuérdate.
Y se fue. Se apartó velozmente de ella, alejándose del pasillo, tan tranquilo y despreocupado como había venido. Como si no la hubiera acorralado contra la pared. Como si jamás la hubiera dicho absolutamente nada.
Hermione le observó todavía absorta y paralizada mientras se alejaba, y se apoyó después de un rato contra la pared donde hacía unos instantes la había intimidado. Sintió repentino frío a pesar de que estaban en Mayo, y se abrazó a si misma.
¿Pero que acababa de ocurrir?, se preguntó.
Espero que os haya gustado, para cualquier cosa, quejas, comentarios, criticas o preguntas, tomates, limones o peras, no dudéis en dejármelo saber.
Para tener a un Draco Malfoy que te acorrale y te susurre que eres suya, déjame un Review.
Os quiere, Hypatiia.
