Peri la scout.

Capítulo arco: Una flecha.


Me quedé unos segundos en mi cama, escuchando a Tink de fondo, en la cocina, imaginando que vivía conmigo. Me senté y miré los libros que tenía en la mesa sin demasiadas ganas de ponerme a leer.

Fui a por ella, volando con suavidad para pasar desapercibida. Me quedé medio escondida tras el marco de la puerta como si estuviera haciendo algo malo, espiándola, observándola desde el anonimato. No parecía aclararse mucho con el libro de recetas.

Traté de ponerme detrás de ella sin que se diera cuenta, pero me pilló a medio camino.

—¡Ah! Qué susto maldita, ¿no te he dicho que descansaras?

—Ya lo he hecho, ahora estoy lle~ena de energía. Quiero ayudar.

—Si hombre, deja que haga algo por ti venga, tú ya has hecho suficiente.

—Bueno, vale.— Me senté encima de la encimera balanceando los pies, mirando lo que hacía, sin querer salir de la cocina.

No me dejó hacer nada, pero la ayudé señalándole dónde estaban las cosas. Al final, entre risas, terminó saliendo una buena comida, y la disfruté con la mejor compañía que podía tener.

Mientras estábamos en la mesa, alguien tocó la puerta.

—Voy yo, no te levantes.— Tink se apresuró en ir a abrir.

—¿Periwinkle?— al abrir la puerta, entreví unos duendes de ropaje verde.

—Anda chicos, ¿qué hacéis aquí?— eran sus compañeros.

—¿Que qué hacemos aquí? Hemos oído que por poco te atrapa un halcón y no te encontrábamos por ninguna parte.

—Pensábamos que no te volveríamos a ver.

—Ah… sí, por poco no lo cuento, suerte que estaba ahí mi hermana para salvarme, arriesgó su vida por mí sin dudarlo. Es muy valiente y siempre le estaré agradecida.

—Vaya…— me sonrojé un poco al escuchar eso.

—El halcón le dio un zarpazo de lo cerca que estuvo, así que tengo que cuidar de ella, no creo que me pase esta tarde.

—Oh, ya, claro, entonces avisaremos a hada Mary, no te preocupes.

—Gracias chicos~ hasta mañana…— cerró la puerta casi con prisas.

—¿No vas a volver al trabajo?

—Tengo que cuidar de ti ¿no? No puedes hacer esfuerzos.— Volvió hacia mí con una sonrisa.

—Sólo tengo un rasguño, no es para tanto.

—Deja de hacerte la dura y acepta mis mimos~— y me abrazó restregando su mejilla contra la mía ronroneando. Imposible no negarme a su dulzura. —¿Quieres que te dé de comer también?

—No hace falta…— lo hizo igualmente, movió su silla a mi lado y se puso a darme de comer como si no pudiera mover un dedo. Se lo pasaba bien, nos reímos haciendo el tonto con la comida hasta terminarla.

Recibí otro inesperado beso por no dejar nada en el plato y se puso a recoger la mesa más feliz que una perdiz. No sé qué hice para merecer tener una hermana así.

La seguí hasta la cocina a pesar de que me había dicho que no me moviera de allí.

—¿Es que nunca me vas a hacer caso?

—No quiero estar sola…— interpretó las palabras demasiado al pie de la letra, y se preocupó.

—¿Te… sientes sola normalmente?

—N-no… pero ya que estás aquí… quiero estar contigo…— no pude decirlo mirándola a los ojos.

—Ah ya sé, ¿quieres que me quede a dormir contigo esta noche? No creo que nos digan nada.

—Pero si a penas cabemos en la cama.

—Pues una encima de la otra, qué más da, ¿quieres o no?

—No… me importaría.

—No eres nada honesta eh Peri, estoy segura de que te mueres de ganas— me pilló de lleno. Me dirigí hacia la habitación para escapar de aquella conversación, me resultó imposible seguir.

—B-bueno, tengo que leer un montón así que…

—Hm… es verdad…— se decepcionó un poco, momentáneamente. —Muy bien.

Fui a mi habitación y me senté en la cama para estar más cómoda, apoyando el cojín en la pared. Necesitaba desconectar un rato con los libros, sentía que Tink me ponía cada vez más nerviosa y no sabía por qué.

Volvió al cabo de un rato, bostezando. La miré un instante.

—No te preocupes, tú ve a lo tuyo…— no le dije nada.

Ella se puso a curiosear la habitación, mirando en todos los rincones y cajones hasta que se cansó. Entonces se sentó en la cama, se tumbó hacia mí y apoyó su cabeza en mi falda, acomodándose.

—¿Te importa que me eche una siesta?— preguntó alzando los ojos, volviéndome a poner nerviosa.

—N-no, está bien…

—Hm.

Pensé en dejarle la cama para ella y ponerme en la mesa, pero no quise decirle nada, quería tenerla cerca.

Así que leí, echándole la vista de vez en cuando. Al cabo de unos minutos sentí que se quedaba dormida y me puse a leer con una mano para acariciarle la cabeza con la otra, suavemente, sintiendo su fino cabello recogido.

Pasó algo más de una hora antes de que me empezara a molestar la espalda, necesitaba cambiar de posición y ya de paso ir al baño pero no quería romper con su delicado sueño. Dejé el libro encima de la cama con cuidado y me dispuse a escapar.

Cogí muy lentamente su cabeza para moverla con cuidado, como si fuera a romperse. Estaba bien dormida. Sustituí mi falda por el cojín con habilidad y respiré al poder ponerme en pie.

Estaba acurrucada, con las piernas recogidas y sus manos frente a sus labios. Pensé que podría tener algo de frío con ese vestido tan corto así que fui a por una manta y la arropé con cuidado. Me agaché al tenerla tan cerca, para verla sin ser vista, y de golpe mi corazón se puso a correr, sintiendo que estaba demasiado cerca de ella. Sólo la estaba mirando, apreciando, ¿a qué venían esos nervios?

Le acaricié su flequillo y me puse aún más tensa cuando se me pasó una tonta idea por la cabeza. Quería darle un beso, como el que me dio ella un par de veces. No iba a pasar nada, tampoco creía que se despertaría y me auto convencí de que no era una mala idea así que me humedecí los labios y le di un leve beso en la mejilla como si fuera un susurro, haciéndome sonreír.

No se despertó, no se dio cuenta de ello, era el primer beso que le daba y era sólo para mí. Lo atesoré con cariño y fui al baño para ya de paso refrescarme un poco la cara. Tenía las mejillas enrojecidas.

Entonces recordé que íbamos a dormir juntas y me puse aún más tonta. Ella era mi hermana, mi media naranja y mi mejor amiga, era normal que sintiera ese afecto, o eso pensé.

Volví a la habitación para seguir leyendo en el escritorio, sin prestar mucha atención a los párrafos.

Tras unos minutos, el sonido de la puerta me hizo pegar un bote en la silla. Miré inmediatamente a Tink, empezaba a moverse. Chasqueé la lengua yendo a por el responsable de haberla despertado.

Cuando abrí la puerta de la entrada me sorprendió ver a mi arquero favorito.

—A-ah… hola Chase.

—Buenas, venía a ver qué tal estabas. ¿Puedo pasar?

—Sí, claro.— Fuimos hacia la mesa del comedor, y se apoyó en ella.

—He estado hablando con las compañeras sobre lo ocurrido y… bueno, todos coinciden en que estuviste genial, no creo que nadie tuviera el valor de hacer algo así a los dos días, y además eres rápida como un hada de vuelo veloz.

—G-gracias…

—Por ello… me gustaría que esta noche vinieras conmigo, para conocer tu especialidad.

—Oh… pensaba que no podía tocar ni una flecha antes de aprobar el examen.

—Sí, bueno, eso dice la teoría, pero no puedo esperar a verte en acción, así que… si no te molesta saltarte un poco las reglas… como quieras.

Me lo pensé unos segundos, porque por una parte me moría por empezar a desarrollar mi talento, pero por otra quería pasar toda la noche con Tink.

—¿A qué hora y cuánto tiempo estaremos?— sonrió.

—A media noche, iremos a una zona donde no nos molestará nadie, y no sé cuánto estaremos, podrás irte cuando te apetezca, no te sientas obligada a nada. Yo sólo…

—Vale.

—Ah, hola Tinkerbell, no sabía que aún estabas aquí— giré la cabeza de golpe, estaba medio dormida, frotándose un ojo apoyada en el marco de la puerta.

—¿Qué estáis tramando?

—¿Puede venir ella también?

—Hm… mejor no, puede ser peligroso y no quiero involucrar a más hadas, si nos pillan nos echarán un poco la bronca.

Me extrañó que dijera que no, y no terminó de convencerme su razonamiento.

—Vale, me estáis empezando a preocupar, ¿el qué puede ser peligroso? ¿qué vais a hacer?

—Chase me llevará a entrenar esta noche, la verdad es que tengo muchas ganas.

—Ah… bueno…— no le hizo mucha ilusión y pude entender por qué. Se generó un silencio que no supe cómo arreglar.

—En fin, te pasaré a buscar a media noche ¿de acuerdo? Sin compromiso— empezó a dirigirse hacia la puerta.

—Vale, sí. Quedamos así…— le imité la sonrisa y se fue, dejándome con una extraña sensación dentro de mí. Tink parecía decaída, algo desanimada.

—¿Aún quieres que me quede a dormir?

—Sí, claro, ¿por qué dices eso?

—No lo sé… sólo… quería asegurarme.

Me acerqué a ella hasta ponerme en frente. Bajé la cabeza para poder encontrarme con sus ojos.

—¿Has dormido bien?

—Sí, ¿has leído mucho?

—Un montón. ¿Te parece si vamos a jugar? Con… esa tal ¿Fawn se llamaba?

—Vale… a ver si la encontramos.

Su humor cambió, volvió a ser la Tink animada que tenía la cabeza llena de ideas locas. Volamos y dimos un buen aleteo por el bosque de Otoño, descubriendo senderos sin explorar y desviándonos del plan. No nos dedicamos mucho a buscarla, fue más una excusa para salir a dar una vuelta las dos solas.

Encontramos muchos animales, eso sí, y nos quedamos maravilladas con un estanco de mariposas que salieron volando de golpe, rodeándonos, coloreando el ambiente casi como si fuera magia.

Luego seguimos llevadas por la curiosidad hasta Verano, donde descansamos nuestras alas para dar un paseo por la playa, descalzas. Como vimos a unos duendes bañándose en el agua, decidimos probar a remojarnos los pies. Demasiado fría.

No aguantamos ni diez segundos, pero lo que sí aguantó fueron nuestras risas. Todo lo que hacíamos se volvía más emocionante y divertido porque estaba ella, era genial.

Nos tumbamos en la arena viendo el cielo atardecer lentamente, charlando sobre cosas sin importancia y escuchando el tranquilo oleaje de fondo. No se podía estar más a gusto.

Pasamos sin prisas por su casa para recoger su pijama antes de volver para preparar la cena. Íbamos a vivir juntas, al menos por un día, y estaba muy contenta por ello.

El tiempo voló a su lado, cenamos entre tonterías, riéndonos por cualquier cosa y en un parpadeo llegó el momento irme con Chase. No me lo pude creer, quería seguir estando con Tink pero tenía muchas ganas de probar mis habilidades.

—Si me pides que no vaya me quedaré— le dije antes de abrir la puerta. Sonrió, mordiéndose el labio inferior.

—Vete anda, no me hagas sentir culpable.

—Vale… gracias Tink.— Le di un rápido beso que la sorprendió, y abrí la puerta con toda la ilusión del mundo, con la sensación de que iba a hacerlo genial.

—¿Lista?

—Lista. Nos vemos en un rato~

Y salimos con la emoción de hacer algo que no debíamos. Atravesamos las montañas para adentrarnos en un frondoso bosque medio abandonado. Allí sin duda nadie nos descubriría.

—Es aquí.

Me quedé boquiabierta, había todo un arsenal de armas, muñecos de entrenamientos, dianas, vallas, barras para hacer ejercicios y demás. Era como un campo de entrenamiento oculto.

—¡E-es genial!

—¿Verdad? Vamos, empezaremos por lo básico. El tipo de arma. Es lo más importante y debes saber que cada scout tiene una favorita, con la que se especializan. ¿Con qué te apetece empezar?

Fui de cabeza hacia los arcos, había unos diez de diferentes.

—Me lo temía… Tienes manos de arquero, y siempre tienes los ojos pegados a mi arco— se rió.

Me enseñó qué diferencias tenía cada uno, aunque la mayoría de cosas ya las había leído en uno de los libros, de hecho, me había leído todo lo que tenía que ver con los arqueros, desde la forma de los arcos hasta las fórmulas matemáticas que habían detrás de cada disparo. Me puse nerviosa al saber que iba a lanzar mi primera flecha.

—Bien, empecemos por algo simple, ¿ves esa diana de allí?— lo único que nos iluminaba era el cielo estrellado y la luna, pero podía verlo perfectamente dada la poca distancia que había. —Empezaremos con este, está a unos quince pasos y no hace viento así que prácticamente la flecha no va a desviarse de tu punto de mira.

—Unos… dos centímetros como mucho ¿no?

—Sí, sí, muy bien, ¿lo has calculado?

—Hm, usando la fórmula del disparo y eso.

—Perfecto, pues empecemos. Ponte en la misma postura que yo. Eso es. Ahora sólo, déjate llevar y prueba a lanzar como lo hago yo.— Su disparo dio en el mismísimo centro, digno de la mejor arquero.

—Vale… a ver…— me posicioné, respirando hondo para relajar los brazos.

—No te preocupes si fallas, es tu primer tiro después de todo— asentí.

Tensé la cuerda despacio, sintiendo la madera, la tensión, mi pulso en los dedos y la punta de la flecha apuntando en el punto exacto. Entrecerré los ojos justo antes del disparo y entonces pude sentir la flecha cortando el viento, directa hacia la diana.

En ese momento supe que iba a chocar contra la suya, y efectivamente, lo hizo. Quedó justo al lado, habiéndola rasgado por el lado izquierdo, seguramente por el ligero viento.

—¿Qué…? T-tiene que haber sido la suerte del principiante, ha sido un tiro muy bueno.

—Gracias.

No podía sentirme más orgullosa, lo hice perfecto a la primera.

—¿Te atreves con algo más lejos?— señaló la siguiente, unas tres coma quince veces más lejos, a unos cuarenta y siete pasos.

—Claro.— No dudé en coger otra flecha y apuntar hacia allí sin más. No estábamos colocadas en línea recta pero no me molesté en moverme, me sentía capaz de darle, quería hacerlo, demostrarle que podía hacerlo.

Calculé rápidamente la altura a la que debía lanzar, y dejé ir la flecha segura de mí misma, dando en el centro perfecto.

—Imposible… P-pero si a penas se ve nada, nunca habías lanzado aquí, ¿cómo lo has hecho?

—Pues… calculándolo, no sé, está a unos cuarenta y siete pasos y el arco responde bien. Lo he lanzado a treinta y dos centímetros arriba y uno a la derecha para compensar el viento.

—Exacto…— se quedó congelada, sin palabras. Me reí por lo fácil que me pareció. —Prueba con ese ahora— dijo cambiando su tono de voz.

Fijé mi mirada en aquél, estaba ocho veces más lejos, ni siquiera formaba parte de aquella zona de entrenamiento pero aún así me dispuse a disparar. Tenía que hacerlo con fuerza y puse todo mi empeño en lograr que mi flecha diera en ese pequeño punto en medio de la noche.

Nada más disparar, Chase me azotó brutalmente la muñeca con su arco.

—¡AH!— me hizo caer al suelo incluso del dolor que me provocó, perdí la sensibilidad de mi mano, me aterró. —¿¡Q-qué haces!?— entré en shock, no entendía por qué acababa de hacer algo así.

—Mira imbécil, te lo dejaré claro antes de que la cosa vaya a más. Aquí la mejor arquero soy yo, y ¡nadie es capaz de superarme! ¿queda claro? Así que la próxima vez que te pases de lista ten por seguro que te romperé la mano, y como le cuentes esto a alguien te romperé las dos. ¿Lo has entendido?— Tuve que retroceder en el suelo por puro miedo, me estaba apuntando a la cabeza con una flecha. —¡Responde!

—S-sí, sí sí…— cerré los ojos cuando la soltó, me pasó rozando el pelo, clavándose con fuerza en el suelo, haciéndome temblar entera.

—¡Pues piérdete! Y la próxima vez que vayas a coger un arco te lo piensas dos veces. ¿Qué te has creído? tsk.

Salí de allí volando como si tuviera una de sus flechas persiguiéndome, con mis ojos inundados de lágrimas, con mi corazón a punto de estallar. Me dolía la mano una barbaridad pero al menos empezaba a recuperar el tacto, aún así seguía sin poder moverla.

Me empezó a doler la cabeza y todo de lo chocante que fue esa experiencia tan traumática, nunca imaginé que Chase fuera así en realidad, pasó de ser mi ídolo a alguien a quien odiar. No pude pensar mucho en ello antes de llegar a casa.

Cerré la puerta con fuerza, y apoyé mi espalda en ella tratando de recuperar el aliento, asustada.

—¿Peri? ¿Ya has vuel… ¡Peri! ¿Qué ha pasado?— quise articular palabra, pero no pude, mis lágrimas me colapsaron y rompí a llorar como si me acabaran de despojar de mi talento.

Tink me cogió del rostro tratando de recomponerme, y me agarré a su pijama con fuerza, como si ella fuera lo único que me quedara.

—No… no llores Peri… odio verte así, ¿qué ha pasado?— me abrazó usando su cariño para sanar mi herida, meciendo mi cabeza en su hombro. —Todos cometemos errores al principio ¿recuerdas? Dime, ¿qué ocurre? Sea lo que sea seguro que no es tan malo como parece.

Me separé de ella queriéndoselo contar todo, pero me frené al recordar su advertencia, si alguien se enteraba de lo ocurrido… Terminé mirándome la mano, me temblaba, me abrasaba el dolor.

—Dios mío, ¿qué te has hecho en la mano?— no se atrevió ni a tocármela, se me estaba hinchando mucho. —T-tenemos que ir al centro de hadas sanadoras ahora mismo.

—N-no es nada.

—Claro que sí, apuesto a que te duele un montón, vamos.— No tuve más remedio que seguir su aleteo, no podría separarme de ella sin hacerme pedazos.

Al llegar me preguntaron cómo me lo había hecho, les dije que me había pillado la mano con el armario tratando de moverlo. Se lo creyeron sin más a pesar de la hora que era.

Una vez vendado y con algo menos de dolor, volvimos hacia casa.

—Puedes contármelo, de hecho puedes contarme lo que sea, quiero ayudarte en todo lo que pueda… Confía en mí…

—Lo siento… no puedo decírtelo…

—¿Por qué?— me sequé una lágrima al recordar ese horrible momento, no iba a poder mirarle a la cara de nuevo sin repetirme aquella imagen, apuntándome con su arco. —Dios mío… eso te lo ha hecho Chase… ¿Te ha hecho daño a propósito?— me sorprendí, no supe cómo lo había adivinado, fue como si me hubiera leído la mente.

—No quiero hablar de ello.

—Tenemos que decírselo a los demás, no puede hacerte daño y salirse con la suya… Dime al menos por qué lo hizo…

Ya no tenía sentido seguir ocultándoselo, tenía que decírselo, ella era la única a la que podría contárselo.

—Soy… demasiado buena Tink, y no quiere que sea mejor que ella. Me amenazó diciendo que no me pasara de lista, que si volvía a coger un arco…

—¡¿Qué?! ¿Es una broma? Será retrasada, pensaba que me habías dicho que era un hada ejemplar.

—Y eso creía yo pero… al parecer no… no se lo digas a nadie por favor.

—No, tranquila… pero joder… en serio, tienes que decírselo a las demás, tienen que saber lo que ha hecho.

—Hm…— llegamos a casa de lo más deprimidas.

Me sentía hecha una mierda, desde que llegué sólo me habían pasado desgracias, podía ser muy buena con el arco pero no tenía nada de suerte, era una desgraciada.

Me tumbé en la cama sin ganas de despertar nunca más, pero Tink consiguió mantenerme despierta.

—No te preocupes ¿vale? Todo saldrá bien, estaré contigo pase lo que pase.

—Gracias…— se acercó a mí hasta tocar su frente contra la mía, haciéndome inspirar su tranquilizante aroma.

—Oye Peri. Me alegro que seas la mejor arquero de Pixie Hollow, estoy orgullosa de ti. —Y en ese ambiente desolador, me hizo sonreír. —La próxima vez que te haga daño, le partiré su arco por la mitad y se lo meteré por donde le quepa, ¿qué se ha creído?

—Ya… Creo que tienes razón Tink, tenemos que decírselo a los demás. Pero ¿cómo lo hacemos para que Chase no se entere y venga a por mí?

—¿Sabes qué se me ocurre? Decírselo directamente a la reina, sin pasar por tus superiores. ¿No decía que este era un lugar maravilloso? Pues que lo demuestre imponiendo justicia.

—Cierto.

—Claro que sí, mañana… bueno, mañana tendré que trabajar, pero cuando termine lo solucionaremos juntas ¿vale?

—Vale.

—Ahora descansa, lo necesitas.— Cerré los ojos cuando me acarició el rostro, sentí su tacto como si fuera capaz de sanar mis heridas más profundas.

—Hm…— me acerqué aún más a ella, abrazándola, queriendo que nunca se separara de mí. Ella entrelazó sus piernas con las mías, haciéndome ligeras cosquillas con el roce.

—No te puedo dejar sola ni un momento eh…

—Mira quién habla, la que quiere hacerse amigo de los halcones.

—Vale, dejémoslo en un empate— me dio un beso en la punta de la nariz, provocándome tirabuzones en mi barriga. —Buenas noches Peri— y posó sus manos encima de las mías.

—B-buenas noches…— fue en ese momento, en el que un sentimiento de acero nació dentro de mí, uno de un rosa intenso, uno que iba a perdurar hasta el fin de mis días.

Caí en sueño con el dulce más dulce de los sueños, sintiéndola tan cerca de mí como de mi alma, queriendo estar tanto con ella que jamás querría otra cosa.


*es amor*