¿Aceptas?
¿Harry? – Hermione abrió la puerta de su casa – Ya llegué – La castaña dejó sus llaves en la mesa del recibidor y comenzó a sacarse su abrigo. Luego de colgarlo, Hermione frunció el ceño al ver un trozo de pergamino flotando en medio de su comedor - ¿Qué… - Al llegar al pergamino, la medimaga lo tomó y comenzó a leerlo.
"Hoy es un gran día, espero que jamás lo olvides. Sigue el resto de mis mensajes y averiguarás porqué…"
Hermione sonrió y acarició el trozo de pergamino. Con un leve suspiro, avanzó hasta el siguiente mensaje.
"Dependiendo de tu respuesta, en este día tan especial cambiarán muchas cosas entre nosotros…"
La castaña frunció el ceño ligeramente, pero siguió hasta el siguiente mensaje justo al pie de las escaleras.
"Pero lo que jamás cambiará es todo el amor que siento por ti, Hermione. Eres la mujer más increíble que existe y eso nunca podrá ser de otra manera…"
La sonrisa volvió al rostro de la ojimiel y junto el tercer pergamino con el resto.
"Podría decírtelo una y mil veces… eres perfecta, siempre lo has sido y siempre lo serás…"
Hermione negó ligeramente con su cabeza, pero pudo sentir la emoción embargarla en cada parte de su cuerpo. La castaña relamió sus labios al darse cuenta que solo quedaba el pergamino frente a la puerta de su habitación. Con un poco de nerviosismo, la medimaga tomó el último mensaje.
"Lo único que me queda es preguntar…"
Hermione tragó saliva y, con una gran bocanada de aire, tomó el pomo y abrió la puerta.
Harry observó a Hermione frente a sí mismo y le sonrío. Al ver la sonrisa de la mujer que amaba, pudo sentir como los nervios abandonaban su cuerpo. Finalmente Harry se acercó un poco más a Hermione y comenzó a arrodillarse.
Hermione reparó en la romántica atmósfera de su habitación y las velas flotando dándole una tenue iluminación al lugar. Pero sus ojos dejaron de advertir la decoración cuando la rodilla de Harry tocó el suelo.
¿Harry… - El ojiverde silenció sus palabras al tomar su mano.
Hermione Granger, jamás podría imaginar mi vida sin ti y estoy definitivamente seguro que no quiero pasar ningún momento más sin que seas oficialmente mi mujer. Así que… - Harry sacó una pequeña cajita negra de su bolsillo y la abrió revelando un brillante anillo - ¿Quieres casarte conmigo? – La castaña abrió y cerró su boca un par de veces y finalmente sonrió ampliamente. Tratando de contener sus lágrimas, Hermione se arrodilló frente a su novio y tomó su rostro con ambas manos.
Sí – Harry se sorprendió ante la brevedad de su novia, pero los pensamientos se olvidaron cuando los labios de Hermione hicieron contacto con los suyos. Luego de unos minutos, la castaña se separó de él y lo abrazó – Por supuesto que sí, lo único que quiero es casarme contigo – Harry suspiró y la abrazó fuertemente.
¿Entonces… te gustó esto? – Hermione se separó del abrazo y le sonrió.
Es perfecto, Harry. Tú eres perfecto – El ojiverde volvió a besarla – Por eso estabas tan raro ayer y toda la semana –
¿Raro? – Harry comenzó a levantarse y ayudó a Hermione a hacer lo mismo.
Sí, como ocultando algo. Al principio pensaba que era algo que tenía que ver con Ron, pero jamás pensé que era esto… espera cuando le diga a mis papás – Harry sonrió – ¿Qué? –
Ehm… creo que ya saben – Hermione alzó una ceja.
¿Crees? –
Sí, bueno… es que quería hacer esto bien. Ayer los fui a visitar y les pedí su autorización para casarme contigo. ¿No estás enojada, verdad? – Hermione se cruzó de brazos y frunció el ceño – Hermione… -
Por supuesto que no estoy enojada, Harry – La castaña sonrió y llevó sus brazos hasta el cuello de su prometido – No sabía que eras tan conservador – El ojiverde sonrió y llevó sus manos hasta la cintura de Hermione.
Solo quería que sintieran que su opinión es importante para nosotros –
¿Y si te hubieran dicho que no? – Harry apoyó su frente en la de Hermione, la castaña sonrió y cerró sus ojos.
Entonces te hubiera raptado y nos hubiéramos casado de todos modos… ¿Las Vegas o algo así? – Ambos sonrieron y volvieron a besarse.
Que rebelde – Hermione murmuró contra los labios del ojiverde.
Te encanta – Se volvieron a besar y Harry comenzó a llevarla hasta la cama – Déjame mostrarte cuán rebelde soy, mi hermosa prometida – Hermione sintió una ola de adrenalina ante las palabras del ojiverde y cuestión de segundos comenzó a desabrochar la camisa del moreno… ambos tenían mucho que celebrar.
FIN
Notas de la Autora: Lo prometido es deuda. Aquí está la segunda parte y final del mejor día de Harry Potter, espero que les guste y me lo hagan saber.
Muchos saludos
Cata.
