¡Hola de nuevo! ¿Qué tal están? Lamento muchísimo la demora… Pero no los entretengo…
He aquí el capítulo 2…
En el puerto de Konoha
- Capitán, nos hemos dado prisa. Hemos llegado con un par de días de antelación -dijo el sub capitán con orgullo.
Sasuke Uchiha asintió con la cabeza.
-Teníamos el viento a favor. -Contempló el océano mirando la amplia ensenada del puerto. Tendría el tiempo justo para visitar a su madre. Tenía ganas de verla, aunque sólo fuera por unas pocas horas - En cuanto hayamos desembarcado la carga, iré a tierra.
-A ver a mamá, ¿eh? -bromeó Asuma-. Dale recuerdos de mi parte, ¿lo harás?
- Bien. Y que los hombres estén en el barco al anochecer Si zarpamos con las primeras luces, quizá podamos llegar a Port Charlotte en dos días y recoger el resto del cargamento.
-¿Al anochecer? -Asuma parpadeó - ¡Pero si les llevará como seis horas más descargar los barriles! No tendrán tiempo de nada.
-No tenemos elección; nos espera un cargamento, y cuanto antes lleguemos allí, más provecho sacaremos del viaje. - Sasuke recorrió su barco con una mirada crítica. El Sharingan era lo único que poseía, pero le iba a hacer rico. Observó a sus hombres descargar los pesados barriles de vino francés y los cajones donde se hallaba el té, cuidadosamente embalado. Era un negocio provechoso - Si conseguimos llegar antes de que acabe la semana, les doblaré su parte a los marineros como recompensa.
-Eres muy generoso, capitán. -Asuma se animó-. Esa es una de las razones por las que los hombres están deseosos de firmar para navegar contigo. Conocen tu reputación.
-No la merezco -respondió Sasuke secamente-. Exijo mucho más a mis hombres que la mayoría de los otros capitanes.
-Así es, pero les pagas justamente y los tratas con respeto. Un marinero soportará cien tormentas por un capitán que hace eso.
Sasuke no quiso hacer caso del cumplido.
- Odio pedirles tanto, pero no les fallaré, Asuma. No puedo permitírmelo.
- Lo sé, capitán -afirmó el segundo de a bordo. La doble papada se le bamboleó al mover la cabeza-. Lo lograremos. Ya verás cómo lo conseguimos.
Sasuke no respondió. El viento se levantó, portando el penetrante olor del océano. Sasuke alzó el rostro hacia el sol para sentir su calor. Amaba el océano, y nunca se sentía tan en casa y seguro como cuando estaba navegando. La mayoría de los hombres se embarcaban en busca de fortuna. Sasuke Uchiha se había hecho a la mar para librarse de la suya. Su madre provenía de una familia parecida a los Haruno, y aunque se había casado con un hombre de mar, decidió que su hijo nunca pondría un pie en un barco a no ser que fuera para viajar como pasajero.
El padre de Sasuke había estado de acuerdo, pues conocía de primera mano las penalidades que se sufrían en el mar. Aunque Uchiha padre era un respetado capitán, acusaciones escandalosas enturbiaron su inmaculada reputación.
Así que a Sasuke lo enviaron a estudiar a un internado. Esperaban que se convirtiera en un caballero y que se dedicara a la banca, las leyes o cualquiera de esas tonterías.
Pero Sasuke había heredado el amor de su padre por el mar, y batalló para que le permitieran regresar a su hogar. Sus padres se negaron, y confiaban en que finalmente se acostumbraría al internado. No fue así; Sasuke se escapó de la escuela y se enroló en el primer barco que accedió a contratarlo como grumete. El barco arpó hacia la India antes de que sus padres descubrieran su marcha.
La vida en el mar era tal como su padre había pronosticado: difícil y peligrosa. Una y otra vez, Sasuke engañó a la muerte por pura suerte y determinación; sobrevivió a tormentas y epidemias, e incluso a un ataque pirata. Cualquier otro chico hubiera tirado la toalla y regresado a casa, pero Sasuke no. Era demasiado orgulloso para darse por vencido, demasiado obstinado para reconocer que se había equivocado. En vez de eso, se obligó a endurecerse y a preocuparse menos por las cosas.
Ni una sola vez miró hacia atrás, mientras sobrevivía a todas las dificultades, aunque el precio fuera alto, muy alto en realidad. Finalmente, Sasuke llegó a olvidar quién era y se dejó llevar por la atracción de la riqueza rápida. Capitaneó un barco pirata que acechaba la costa de las Carolinas, y con él aligeró a muchos ricos barcos mercantes de su cargamento. Sasuke lo encontró muy estimulante durante un corto tiempo, pero no había pensado en absoluto en las consecuencias.
La vida de pirata perdió su atractivo y pronto descubrió que habían puesto precio a su cabeza y que era un hombre buscado, que no podía ni siquiera desembarcar para ir a visitar a sus padres.
No había tenido un lugar al que volver. Al menos eso era lo que pensaba hasta que Naruto Haruno apareció.
Naruto era bastante mayor que Sasuke, casi ocho años. Estaba bien establecido entre la sociedad bostoniana y era muy rico. Siempre había respetado al padre de Sasuke y nunca había dudado de su inocencia, por lo que elevó una petición al gobierno para que otorgara el perdón a su hijo.
Sasuke nunca había olvidado lo mucho que le debía a Naruto. Varios años los separaban en edad y su condición social era muy diferente, pero compartían el amor por el mar y un agudo sentido del humor. Cuando Naruto contrató a Sasuke, el día en que su perdón se hizo oficial, su amistad quedó sellada.
Sasuke se contempló las manos, curtidas por el mar, que reposaban sobre el pasamanos de madera.
-Después de este viaje, dejaré que la tripulación se vaya.
- ¿Para qué? -preguntó Asuma, tragando saliva- Nunca encontrarás una tripulación mejor que ésta.
-No voy a transportar más cargamentos hasta que encuentre al hombre responsable de la deshonra de mi padre. Ha llegado el momento.
Asuma colocó su mano sobre el hombro de Sasuke y le dio un apretón.
- La tripulación no te abandonará. La mayoría de estos hombres navegaron junto a tu padre; querrán ir contigo.
- No habrá ningún dinero que ganar.
- Ellos no lo pedirán. Y yo tampoco.
Sasuke contempló el extenso océano.
-Voy a encontrar a ese diablo. Ya lo verás.
-No fracasarás, muchacho. No estás hecho para fracasar, como tampoco lo estaba tu padre.
Durante unos instantes permanecieron en silencio, después Sasuke miró a Asuma con una expresión seria.
-Mi padre era un buen capitán, ¿verdad?
-El mejor con el que he navegado nunca – respondió Asuma - Excepto uno. Tú tienes su mismo don y un poco más.
-No soy nada, comparado con mi padre.
-No es cierto. Nunca he visto a nadie capitanear un barco como lo haces tú. Tu padre habría estado orgulloso de ti.
Sasuke apretó los dientes.
-Mi padre no podría haber estado orgulloso de mí. Yo nunca debería haber...
- Cometiste algunos errores, muchacho –repuso Asuma casi con severidad - Te juntaste con quien no debías. Tu padre sabía que volverías al buen camino en cuanto te hartaras de aquello.
Sasuke apretó el pasamanos con más fuerza.
-Desearía que hubiese vivido lo suficiente para ver que tenía razón.
- Él lo sabe, muchacho. Tu padre era un hombre muy especial. Los ángeles siempre estuvieron con él. Yo diría que incluso ahora te los envía.
-No necesito ángeles. Lo único que necesito es una pistola y suerte para encontrar a Madara.
Madara, sin ayuda de nadie, había conseguido manchar el buen nombre del viejo capitán Uchiha. Claro que nadie habría estado dispuesto a creerse lo peor del capitán Fugaku Uchiha tan fácilmente si su hijo no hubiera ya manchado el nombre de la familia con sus propias deshonrosas actividades.
Sasuke se frotó los ojos, intentando alejar aquellos dolorosos recuerdos. Se había equivocado y había causado un gran pesar a sus padres, pero al darse cuenta de sus errores tuvo la fuerza de corregirlos. Seguramente eso debía de tener algún valor. Pero para ponerlo todo en orden, necesitaba limpiar el nombre de su padre. Cuadrando los hombros, Sasuke volvió la mirada hacia el océano y esperó que el buen tiempo siguiera favoreciendo su viaje. Bajo él, la cubierta bullía de actividad mientras los marineros, los pasajeros y los mercaderes se mezclaban. Los estibadores colocaban los barriles y los cajones de madera en altas y ordenadas pilas, mientras la fresca brisa del océano llevaba el olor del mar más allá de la estrecha hilera de edificios que bordeaban el puerto de Konoha. A pesar de que el país estaba en guerra, el puerto de era un hervidero de vida. Aunque mucho menos barcos se hacían a la mar debido a la presencia de los buques británicos que patrullaban las aguas, el transporte de mercancías seguía siendo un negocio provechoso. Desde el comienzo de la guerra era incluso mejor negocio, ya que la gente estaba dispuesta a pagar más por las escasas mercancías que llegaban de ultramar.
Sasuke consiguió esbozar una ligera sonrisa ante esa idea. El transporte marítimo siempre había sido una empresa de riesgo, debido a la incertidumbre del tiempo, las traidoras corrientes del Atlántico, los numerosos piratas que amenazaban a los barcos lejos de la costa y las dificultades para conseguir mercancías provechosas y buenos marineros. Para alguien con la experiencia de Sasuke, la nueva amenaza británica no era más que un inconveniente añadido a una tarea ya de por sí difícil.
De repente estalló un alboroto y se oyeron gritos de -¡Al ladrón!- Sasuke se inclinó sobre el pasamanos y observó a un hombre gordo saliendo a toda prisa de una de las pequeñas tabernas, pisándole los talones a un delgado chiquillo que no debía de tener más de catorce años.
A pesar de su volumen, el hombre era rápido, pero el chiquillo lo era más, y se escabullía fácilmente entre el gentío que andaba por el muelle.
-Es rápido -dijo Asuma, que seguía al lado de Sasuke. El rechoncho segundo se quedó observando mientras el chiquillo saltaba por encima de un gran tonel, para consternación de su perseguidor-. Parece que el chaval se le va a escapar.
Sasuke asintió con la cabeza. El tabernero se iba quedando cada vez más atrás.
- Seguro que sí.
Pero en cuanto acabó la frase, el tabernero gritó algo a dos hombretones, que inmediatamente dejaron caer los barriles que estaban descargando y se unieron a la persecución.
- ¡Oh, oh! -exclamó Asuma, inclinándose sobre el pasamanos. Movió la cabeza de un lado a otro- Se le ha acabado la suerte. Sasuke no podía menos que estar de acuerdo mientras observaba a los dos fornidos estibadores correr, sobrepasar al tabernero, rodear una pila de barriles y acortar la distancia con respecto al chico. Finalmente lo acorralaron contra la pared de una cervecería. El tabernero llegó y los tres hombres se fueron acercando lentamente al muchacho. Incluso desde una cierta distancia Sasuke podía oírles burlarse del joven.
Frunció el ceño. La vida en los muelles era dura, y aún más para un chico que estuviera solo.
-Es una pena, capitán -afirmó Asuma con un triste suspiro - pero los muelles tienden a atraer la escoria de la humanidad.
- Cierto -repuso Sasuke sin prestar realmente atención.
-Aventureros, jugadores y cosas peores. Lo más probable es que el muchacho sea en verdad un ladrón.
A Sasuke no le importaba lo que fuera el chico; no le gustaba aquella desigualdad: tres hombres enormes contra un flacucho joven. No era justo. El chico se agazapó aún más. El sombrero le ocultaba el rostro y todo su cuerpo estaba tenso como si se preparara para lo peor.
Asuma se frotó la barbilla con la mano.
-Diría que el chico está acabado. Me pregunto si... Una peluda mancha blanca y rojiza saltó por entre los hombres y se plantó ante el muchacho.
- ¡Por los huesos de san Pedro! -juró Asuma, con los ojos como platos - ¿Qué es eso? Parece un caballo, en serio. Pero no tiene crines.
Los hombres tampoco parecían saber lo que veían el animal, porque retrocedieron con los ojos clavados en la enorme bestia. Sasuke entornó los ojos para ver en la brillante luz.
Solo pudo distinguir la enorme cabeza y los gigantescos hombros del animal.
«De hecho -pensó - , eso se parece mucho al perro de...»
-No puede ser -murmuró. Frunció el ceño, observó al harapiento muchacho, que se encogía contra la pared del edificio. Era delgaducho y no podía tener más de catorce años... ¿o quizá sí?
Sasuke se fijó detenidamente en lo que podía ver del chico: hombros estrechos bajo un abrigo largo y holgado, largas y finas piernas metidas en unos gastados calzones de lana, manos y pies delicadamente delgados.
Había algo poco o nada masculino en la forma de las piernas y en la esbelta curva de aquellas caderas.
Si no fuera porque era imposible, Sasuke hubiera jurado que estaba viendo a una muchacha. Una muchacha delgada, de altura mediana y unas piernas largas, largas como las de...
¡Sakura Haruno!
- ¡No puede ser!
Sasuke se apartó de la barandilla. Sakura era callada, bien educada y recatada; no creía haberla oído pronunciar más de diez palabras desde que la conocía.
Pero seguramente no... Sakura Haruno no pertenecía a la clase de mujeres desvergonzadas capaces de pasearse por los muelles enfundadas en ropas de muchacho.
El chico que tenía delante debía de ser sólo un chico y nada más. Como si quisiera aclarar tales dudas, el «muchacho» se volvió hacia el perro y un mechón de cabello asomó por debajo del sombrero. El largo tirabuzón rosa cayó sobre su hombro, brillando bajo la luz de la mañana.
Aunque no podía ver más que la curva de la barbilla,
Sasuke supo exactamente lo que vería si el «muchacho» estuviera frente a él: un rostro ovalado, unos grandes ojos verdes y unos labios carnosos y suaves.
Sasuke maldijo en voz alta. ¿Qué diablos estaba haciendo aquella maldita muchacha?
- Capitán, ¿qué pasa? Te has puesto pálido. ¿Te encuentras mal? Debe de haber sido el pastel de patatas...
-No me encuentro mal -repuso Sasuke secamente.
Se alejó del pasamanos y atravesó el puente a ese ladrón.
Asuma trotó tras él; sus acuosos ojos azules brillaban de curiosidad.
- ¿El chaval? ¿Lo conoces?
-Por desgracia, sí. Quédate aquí. Vuelvo enseguida. Sasuke gritó llamando a Shikamaru. Su grumete le alcanzó mientras cruzaba la plancha de cuatro furiosas zancadas y se dirigía hacia la pila de barriles donde el perrazo mantenía a raya a los marineros.
- ¿Qué ocurre, capitán? -preguntó Shikamaru sin aliento, intentando no quedarse atrás. Se oía el sonido de sus botas al pisar los adoquines mientras se apresuraba para mantenerse al lado de Sasuke.
-Problemas -contestó Sasuke escuetamente - .
Cuando distraiga a los hombres, agarra al chico y llévalo a bordo del Sharingan. No te pares por nada ni por nadie. ¿Me oyes?
-Sí, capitán. Correremos como el viento.
Sasuke le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. No era un gran plan, pero era el único que se le había ocurrido en tan poco tiempo.
Cruzó la calle lo más rápido que pudo, y frenó el piso al acercarse a la pila de barriles; lanzando una severa mirada a Shikamaru, Sasuke se adentró en el callejón donde tenían atrapada a Sakura. La chica miró hacia allí y al reconocerlo la joven abrió los ojos con una expresión de alivio. Sasuke le hizo un gesto tranquilizador, aunque lo que realmente le apetecía era chillarle. ¿En qué diablos estaba pensando? ¿No se daba cuenta del peligro que corría paseándose por los muelles sin protección? Claro, probablemente pensaba que gracias al disfraz estaría a salvo, si bien Sasuke había sido capaz de notar, desde el otro lado del muelle, que se trataba de una chica.
La verdad era que el disfraz no era muy creíble. El amplio blusón y la chaqueta podían ocultar sus formas, pero los calzones ajustados remarcaban sus esbeltas y femeninas piernas.
Se fijó en ella: estaba pálida, apretaba los dientes y sus ojos mostraban claros signos de cansancio, haciéndole sentir un impulso protector. Por lo general, Sakura le recordaba al ángel de azúcar blanco que su madre colocaba en lo alto del árbol de Navidad: perfectamente vestida con un caro traje de seda, el cabello peinado a tirabuzones y los delicados pies calzados con los más costosos zapatos.
-Y bien -dijo uno de los forzudos cuyo cabello rojo iba a juego con su sucia y rota camisa- ¿Y tú quién eres?
-Sasuke Uchiha, capitán del Sharingan. He venido a por el chico.
-No os lo podéis llevar -resopló el tabernero - .
El chico es un ladrón y no va a ninguna parte hasta que me pague su comida.
-He venido a por el chico -insistió Sasuke, frunciendo el ceño - y no me iré sin él.
Shikamaru le tiró de la manga.
-Capitán, ¿voy corriendo al barco y traigo a los hombres?
-Tú no vas a ninguna parte. -El otro hombre se apartó el pelo, castaño y lacio, de los ojos y escupió sobre los adoquines. Luego le dijo a Sasuke-: Puede que seas capitán en tu barco, pero aquí no eres nada.
Sakura miró a Sasuke con los verdes ojos como platos. Pronunció su nombre casi en silencio, y él alcanzó a oír el leve sonido.
Sasuke se obligó a mirarla sin responder, aunque sintió tensión en el pecho. Había temor en los ojos de la muchacha, junto con alivio por su presencia. Sakura le dedicó una trémula sonrisa, luego se apartó los mechones de cabello que habían escapado del informe sombrero.
Sasuke conocía ese cabello, conocía su radiante color: un hermoso rosa pálido, como el de la flor que le otorgaba su nombre; incluso en ese momento los sedosos mechones se le asomaban alrededor de las sienes y colgaban hasta el cuello del abrigo. Le recordaron la última vez que la había visto. Naruto había invitado a Sasuke a su casa para las Navidades. Como su madre estaba en casa de unos parientes en el campo, Sasuke no había tenido más remedio que aceptar.
Lo que Naruto no le había mencionado era que durante las festividades se celebraría un baile. Sasuke se había visto obligado a asistir, e incluso había bailado con algunas de las jóvenes presentes, o al menos lo había hecho hasta que comenzaron los rumores y la gente se percató de quién era.
Miró a Sakura de nuevo y recordó lo espléndida que estaba aquella noche, vestida de seda rosa, con el cabello recogido en lo alto de la cabeza. Por primera vez, se dio cuenta de que la hermana pequeña de su mejor amigo se estaba convirtiendo rápidamente en una hermosa mujer.
Sasuke hizo una mueca. No debía recordar el aspecto de Sakura con el vestido rosa. Por su propia tranquilidad mental, Sasuke no debía recordar nada de Sakura.
«Ella no es para ti», se dijo con severidad. Era la hermana de Naruto y un miembro de la familia más adinerada de Konoha. Un día se casaría con un hombre con dinero y tierras. Un hombre que no fuera el hijo de un supuesto traidor.
La atención de Sakura pasó de Sasuke al tabernero y regresó a Sasuke. Abrió la boca como si fuera a decir algo, pero él la detuvo con un rápido gesto de la mano.
-Así que aquí estás, Naruto -dijo Sasuke en un tono cuidadosamente controlado-. Te he estado buscando por todas partes. Los dos hombres que habían perseguido a Sakura miraron a Sasuke con suspicacia.
-¿Y tú qué tienes que ver con el chico? – preguntó el más corpulento.
-Es mi hermano pequeño, Naruto -contestó Sasuke suavemente. '
-Tu hermano, ¿no? -El hombre lanzó una mirada a Sakura - . No se te parece mucho, con ese pelo claro y todo.
- En cierto modo, es mi medio hermano –repuso Sasuke, encogiéndose de hombros.
- ¿En cierto modo? -preguntó el hombre, con una medio sonrisa-. Nacido en el lado malo de la cama, ¿no?
Sakura se puso tensa. Sasuke se apresuró a responder.
- Sí, pero no nos gusta hablar de eso.
El otro hombre asintió con la cabeza. Era tan enorme como un roble; su cuello era tan ancho como el muslo de Sasuke.
-Hermano o no hermano, el chico es un ladrón -dijo, y como para dar mayor énfasis a sus palabras, dio un amenazador paso hacia delante.
George, alterado por el sonido de las botas del hombre sobre los adoquines, se volvió inmediatamente y alzó las orejas con curiosidad. El hombre se detuvo de golpe, con una mirada de cautela en el rostro.
- Eh, tranquilo. No me gusta el aspecto de ese animal. No muerde, ¿verdad?
Sasuke lanzó una mirada al enorme perro. Un verdadero perro en estado de alerta habría mostrado los dientes e inclinado las orejas hacia atrás para rechaza a cualquier atacante, pero George no era un verdadero perro, era un animal gigantesco y sobrealimentado, más parecido a una almohada con patas que a un perro protector.
Pero los dos hombres que intentaban atraparla no lo sabían. Lo único que veían era un animal monstruoso con una enorme cabeza y grande mandíbula llena de brillantes dientes.
Sasuke contuvo una sonrisa mientras contestaba al hombre. - Yo que tú no haría movimientos bruscos.
Al oír la voz de Sasuke, George se volvió hacia él. El perro lo reconoció al instante y trotó a su encuentro, meneando la cola perezosamente. El tabernero miró al perro con desconfianza. -Eh, llámalo.-
Sasuke abrió la boca para contestar, pero antes de pudiera hablar, George se acercó tranquilamente hasta él y se tumbó formando un gran charco peludo sobre las botas de Sasuke, haciéndole casi perder el equilibrio.
-Mira eso -resopló el hombre pelirrojo -. Ese perro no le ladraría ni a una sombra.
-Perro estúpido -murmuró Sasuke para sí mismo.
Levantando la punta de las botas, intentó que George se moviera, pero sólo consiguió que el perro gruñera.
¿Por qué no podía tener Sakura un perro de verdad?, uno que la protegiera? Miró a George y se le ocurrió una idea.
- Hagas lo que hagas, no te muevas -dijo en voz baja mirando al tabernero.
- ¿Por qué no? -preguntó éste frunciendo el ceño.
-Porque siempre se tumba antes de atacar.
No puedo imaginarme que...
George alzó la cabeza y miró al tabernero. La lengua se le salió de la boca y pequeñas burbujas blancas de saliva cayeron de la punta y formaron un charquito. El sonido de su jadeo resonaba en el aire.
El pelirrojo se movió y lanzó una inquieta mirada a Sasuke.
- Oye, amigo, ¿crees que este perro está rabioso?
-Dios nos ayude, espero que no -respondió el otro hombre, retrocediendo temeroso.
-No lo sé -dijo Sasuke pensativo - . Nunca lo había visto sacar espuma por la boca hasta ahora.
Sasuke captó la mirada de Sakura. Esta intentaba aguantarse la risa. Él frunció el ceño en señal de advertencia.
- ¿Capitán? -dijo Shikamaru en voz baja, con los ojos pegados al perro - ¿Voy corriendo a buscar las pistolas?
- Sí, sí -repuso el tabernero, animándose considerablemente-. Con eso acabaríamos con este...
- ¡Espera! -ordenó Sasuke, mientras George inclinaba la cabeza, y lanzaba un somnoliento bostezo. Una larga baba le caía lentamente desde el labio inferior.
- ¿Qué? - preguntó el hombre que tenía más cerca-. ¿Qué pasa?
George movió la cola y se puso en pie; luego empezó a mirar a un hombre tras otro.
- Creo que está intentando decidir si te quiere a ti o a uno de nosotros -susurró el hombre menos fornido-. Espero que te prefiera a ti y no a mí.
El otro hombre tragó saliva a ruidosamente. -Po... podríamos correr. Quizá si nos alejamos muy, muy despacio, la bestia no nos perseguiría.
George creyó que el hombre lo llamaba, por lo que trotó hacia él moviendo la cola. Claro que el concepto de trote de George se parecía más a un jorobado arrastrando los pies. El hombre lanzó un grito, que George interpretó como una clara invitación a jugar, así que convirtió sus últimos pasos en un gran salto peludo. El hombre se volvió para echar a correr, pero George le siguió,y consiguió lamerle una mano.
- ¡Quieto! -ordenó Sasuke.
El hombre se detuvo al instante, con un pie en el aire. George le lanzó una mirada confundida, aunque no paró de menear la cola. La frente del hombre se cubrió de sudor. Miró a Sasuke suplicante.
- Me ha lamido la mano. ¿Crees que está decidiendo si le gusta mi sabor?
A su espalda, Sasuke oyó a Sakura ahogar la risa.
-Mortimer-susurró el tabernero - No muevas ni un músculo. Shikamaru miró desde detrás de Sasuke hacia donde George, sentado pesadamente sobre los pies del hombre, tenía inmovilizado a Mortimer.
-Nuca he visto nada igual -exclamó el grumete, maravillado-. Su boca es lo suficientemente grande para quepa toda mi cabeza.
El otro forzudo empezó a retroceder.
Jenkins -susurró Mortimer-. ¡No me dejes! Volveré -mintió Jenkins, pálido como la nieve-
Me tengo que ir a ver a mi pobre y anciana madre.
Tu madre está muerta -intervino el tabernero de mal humor-. En vez de correr como un tonto, ¿porqué no vas a buscarme un garrote a la taberna para que al menos podamos salvar al pobre Mortimer?
- ¡Vale! -Jenkins se alejó un poco más rápido, tropezando con un adoquín de la calle.
George volvió la cabeza al oír el ruido y Jenkins se quedó inmóvil, con una expresión de pánico en el rostro.
- ¡Ahora va a por ti! -informó el tabernero, apartándose el grasiento cabello del rostro con una mano que tampoco estaba muy limpia - No me gusta nada su mirada.
A Sasuke le parecía que la única «mirada» que George tenía en su peluda cara era la de un perro cabeza hueca. Pero si mantenía a raya a aquellos matones mientras él ponía a salvo a Sakura, no se iba a quejar. Miró a la joven y le hizo una señal con la cabeza para que acudiese a su lado.
Ella lo hizo y, de nuevo, él se preguntó cómo alguien podía haber pensado que era un muchacho: todos sus movimientos eran inconscientemente femeninos. Por suerte, los hombretones estaban demasiado ocupados mirando aterrados al perro «rabioso» para darse cuenta de lo que hacía Sakura.
-Al barco –le ordenó Sasuke en voz baja a ella y a Shikamaru.
Shikamaru apartó la mirada de donde George tenía prisionero a Mortimer.
-Sí, capitán. Por aquí. -Agarró a Sakura del brazo y la llevó hacia el barco.
-Espera -exclamó Sakura, soltándose -. Yo no me voy sin George.
-Yo te lo llevaré -gruñó Sasuke-. ¡Marchaos ya!
- ¡Qué Dios me ayude! -gimió Mortimer, con la mirada pegada al perro que tenía sentado sobre las bolas, babeándolas -. No tengo mucho en este mundo, pero aprecio la vida tal y como es.
-No te muevas -le dijo Sasuke-. ¡Id! –ordenó volviéndose hacia Sakura y Shikamaru.
A Sakura no le gustó eso, Sasuke lo notó en el gesto de sus labios y en la feroz mirada que le lanzó, pero eso no le importaba. Lo principal era que se pusiera a salvo.
-No. -Sakura se cruzó de brazos y lo miró fijamente-. No. No sin George.
Sasuke cerró los ojos; la exasperación le tensaba la mandíbula.
- Si tienes que llevarte a esa bestia, llámala.
Sakura se llevó los dedos a la boca y lanzó un agudo silbido.
George alzó la cabeza desde su asiento sobre las bolas de Mortimer y miró esperanzado a su dueña.
- Quiere más comida -explicó Sakura en voz baja-. Eso es lo que estaba haciendo en la taberna.
-Sí -intervino el tabernero- y entonces fue cuando me robaste.
-No robé nada. Pedí un plato de estofado y dejé el dinero en la mesa.
- Eso dices ahora, pero yo no vi ninguna moneda en la mesa.
-¿No es posible que alguien se llevara el dinero? preguntó Sasuke.
El tabernero frunció el ceño como si la idea no se le hubiera ocurrido.
Supongo que es posible. Pero eso no importa. Cualquier tonto sabe que no debe dejar dinero en la mesa y marcharse.
Sakura se sonrojó, pero no dijo nada. Silbó de nuevo, esta vez más fuerte, y George respondió por fin, caminando hacia ella con pesada gracia.
-Alabado sea san Pedro -suspiró Mortimer, derrumbándose contra la pila de barriles - Mi vida entera me ha pasado ante los ojos cuando esa bestia me miró.
- Shikamaru -llamó Sasuke-. Escolta a mi hermano y su perro hasta el barco.
-Sí, capitán. -Shikamaru se colocó junto a Sakura, asegurándose de que el perro estuviera al otro lado, tan lejos de sí como fuera posible.
Sakura parecía tener intención de protestar, pero le bastó una mirada al rostro de Sasuke para cerrar la boca y seguir a Shikamaru, con George pegado a sus talones.
Sasuke contempló aliviado cómo los tres desaparecían entre el enjambre de mercaderes y marineros que atestaban los muelles. El tabernero comenzó a quejarse enérgicamente por su dinero perdido y Sasuke le dio varias monedas para que, finalmente, se marchara. Mortimer marchó tras él, mirando nerviosamente por encima del hombro, como si temiera que George fuera a regresar.
- ¡Menudo lío! -murmuró Sasuke mientras regresaba hacia el Sharingan. ¿Qué diablos estaría haciendo Sakura Haruno allí, en los muelles, vestida de chico?
Fuera cual fuese la razón, Sasuke tenía la sensación de que no iba a gustarle. Conseguiría algo de ropa decente para Sakura y la enviaría de vuelta a su casa lo más pronto posible. Naruto se moriría de preocupación si descubría que su hermana no estaba a salvo en su hogar.
Sasuke se preguntó cuánto tiempo habría estado de esa manera Sakura. Empezó a caminar más despacio... Halla algo que no cuadraba. Fuera lo que fuese, lo descubriría en cuanto llegara al Sharingan.
Conteniendo un suspiro, Sasuke se mezcló entre a multitud y se dirigió hacia su barco.
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