Para Rei, mi Rei
para que puedas entender
que yo en verdad nací para conocerte
y que no importando cuantas veces antes
llegué a defraudarte
en otros ojos,
en otras manos,
en otra alma,
en otra piel,
esta vez definitivamente,
te hare feliz.

2

El juicio de un ángel

Pareciera que fue ayer que los Lilim aparecieron sobre la faz de la tierra.

Para ellos, jóvenes, imprudentes y abrumadoramente narcisistas, el mundo se ha vuelto viejo bajo sus pies y el cielo se ha doblado sobre sus cabezas como haciéndoles reverencia.

Pero no son la más hermosa de las creaturas sobre la faz de la tierra ni tampoco la más astuta.

Han tenido que inventar conceptos, palabras e ideas, rubros que les permitan resaltar, sobresalir y destacar de manera que puedan valorar sus vidas e imaginar con esperanza vana que al morir y desaparecer, dejan una huella indeleble en el universo.

¿Son malvados? ¿Están podridos? ¿Merecen extinguirse?

No. Solo son lilim y esa es su naturaleza.

Ser así, creerse así, buscar eso, es tan solo lo que ellos saben ser y hacer. Todo aquello son invenciones que ellos mismos se han hecho para pensarse importantes, para sentirse valiosos, para imaginarse transcendentes. Ellos se han convencido de que su tiempo está cerca y eligieron marcar los días en que desean morir y la manera en que quieren desaparecer como si pensaran que pueden, como especie, marcar su salida triunfal del mapa de la existencia con un dramático espectáculo de extinción masiva.

Desean morir, desean desaparecer y quemar el mundo a su salida.

Eso fue lo que noté cuando pude verme cara a cara con el rey de los lilim.

Su rostro era imperturbable, velado siempre por un par de gafas humeadas como si quisiera mantener fuera del alcance del público los secretos insondables de su alma hipotecada.

Estaban ahí, delante de mí, tomando forma corpórea de carne, hueso y sangre los ideales egoístas, mezquinos e inalcanzables de toda su raza, materializados en la forma tangible de Gendo Ikari.

Sus ojos me miraban ansiosos, como queriendo leer en mi los secos y estériles rollos del Mar Muerto, como queriendo descifrar los misterios de su destino en aquellas escrituras antiguas que los lilim en un intento desesperado habían puesto por su guía ciego.

Yo solo sonreí y devolví una mirada llena de misericordia.

No hubo palabra que mediara entre nosotros. El rey de los lilim se había quedado mudo. Tan mudo como las tumbas frías y desquebrajadas de sus Siete Consiervos. Ninguna voz sonaría nunca más sobre el hombro del rey de los lilim. Ninguna palabra envenenada saldría nunca más de los sellados labios de Seele.

El contrato se había roto, y con ello, los sueños de eternidad, grandeza e inmortalidad de una raza se habían evaporado como alcohol puesto al fuego.

El único destino restante para el rey de los lilim y el consejo de siete, seria salir por la puerta trasera, sin honores, sin dramatismo, sin espejos ni humo, para devolver el tiempo y la materia que les fue prestada y desaparecer perpetuamente en el océano negro del olvido.

Nadie los recordaría, nadie guardaría la memoria. El universo necesitaba olvidarlos y ese olvido sería el remedio exacto para curar su soberbia.

La extinción y el olvido pueden ser la fórmula perfecta para generar humildad.

Me di vuelta y me aparté, esta vez para siempre. Estaba seguro que no vería nunca más ese rostro y me di cuenta que eso estaba bien.

Ese destrozado remedo de hombre no necesitaba saber que no cumpliría el propósito con él me había invocado. Que fuera capaz de echar mano de Lilith y encerrarla en un cruel e infinito ciclo de artificiales reencarnaciones no quería decir que pudiera dominarme a mí también.

Pero ella y yo somos distintos. Lilith siempre fue demasiado blanda con sus hijos.

Yo se bien que todos ellos tiemblan ante la sola mención de mi otro nombre. Se bien que todos los lilim tiemblan siquiera al pensar e imaginar el horror que desató mi fuerza un día, hace ya más de catorce años sobre esta tierra.

Porque todos los lilim también nacieron para temer a Adán.

Caminé por estos pasillos por primera vez. De ser capaz, como los lilim, de perder la cuenta, ya habría perdido la cuenta de cuantas veces ha ocurrido esta primera vez. Pero esta vez me he jurado que no será igual.

De nuevo, tengo este nombre, y este cuerpo y tendré un EVA.

Lo que sé que no tendré esta vez, es el corazón de Shinji-kun.

En parte, lamento que así sea. Pasamos momentos realmente hermosos en compañía uno del otro. Admito que comencé a sentir cierta alegría sencilla al descubrir cuantos matices podía tomar su rostro cada vez que nos presentábamos por primera vez.

No se me puede culpar por creer que estábamos destinados si en cada instancia, si a cada vez, nos llevábamos tan bien y la amistad volvía a nacer en nuestros corazones tan inmediatamente que parecía que la retomábamos de nuestra vida anterior.

Pero no era así. Cada una era única y repetible y atesoro cada una en mi alma con especial cariño y nostalgia.

Es triste, porque tendré que aprender a extrañarte, Shinji-kun. Será para mi algo nuevo, y algo conocido, pues aun cuando gozaba nuevamente de tu compañía, te extrañaba a ti, a cada una de las infinitas iteraciones anteriores de nuestras infinitas vidas.

Pero esta vez, será distinto. Te lo he jurado.

Te prometí que reescribiría mi propia historia y no rompería jamás una promesa que he hecho por amor.

Además, se bien que esta ves eres capaz de encontrar y luchar por tu felicidad.

Sé que la encontraste en ella, quien es, en tantos sentidos distintos, tu madre y amante. ¿Cuántas trágicas vidas pasaron el uno apartado del otro? Hoy se que lucharas con fiereza por tenerla de nuevo en tus brazos, haz elegido seguir el mismo camino de tu padre a tu manera y eso es justo, es necesario. Eso es amor.

Es una tristeza que deba ser yo quien termine con su bella historia y les confine a ambos al olvido.

El nuevo Edén solo puede crecer de un par de semillas y la que yo he elegido tiene los ojos más vivos y el alma más ardiente que yo jamás vi en un lilim, hijo de hombre.

Tú mismo pudiste haberla amado, porque ella posee tal encanto que, de no haber estado tu corazón alienado en los dominios de Lilith, su vivacidad te hubiera atrapado con las irrompibles cadenas del deseo.

Ya es tiempo. Yo y mi pareja daremos nuestro primer baile hoy. Ella no lo sabe pero en este momento comenzaré mi cruzada por ganar su corazón.

Pobre flor silvestre, pobre ave indómita, pobre acorde fugaz, pobre estrella sin rumbo. No sabe que sellará su destino como madre de una nueva humanidad al aceptar impaciente el beso de un ángel.

Ya es tiempo, Shinji-kun, el reloj está corriendo. Tan pronto descienda sobre nuestras cabezas el Doceavo Verdugo sabrás que el momento de los lilim se ha acabado y si deseas tener una oportunidad de amar a tu elegida, ésta vez tendrán que ser tus propias manos las que terminen con mi vida.

Pero tendrás que ser valiente y tenaz, porque esta vez no pienso ofrecértela voluntariamente.

Ahí está el temblor. Sus pasos resuenan en el mundo entero. Puedo escuchar ya las almas de los siete que, arrancadas por sus propias manos maldicen su suerte y al rey de los lilim que no pudo cumplir con su parte del arreglo. Nuestro último enemigo está en la puerta y las alarmas comenzarán a sonar marcando el comienzo de nuestro baile nupcial.

Dos audaces novios, dos preciosas novias. Dos relucientes ángeles, dos inocentes lilim.

Nuestros plugsuits están ya listos para las bodas.

No sueñes nunca que el haber despertado el corazón de tu EVA te será de ventaja en nuestro encuentro. Siempre hemos sabido que mi propio EVA es una pieza única, armado para una batalla digna de un apocalipsis.

Es hora. Me da tristeza que no podre mirar de frente tus ojos ni contemplar nunca más tu sonrisa.

¿Sabes? Ella me recuerda mucho a ti, y eso es un alivio, así no tendré que extrañarte eternamente.

¿Puedes oírlo? Han confirmado el código azul. Nuestro último invitado ha llegado.

Pesados han sido en balanza los corazones de todos los lilim y han sido hallados faltos. Reprobados son y con la autoridad que poseo como el Primero y el Décimo Tercero, les condeno a volver a empezar, a desaparecer y volver comenzar, en un nuevo paraíso, con un nuevo corazón, con unos nuevos padres y una nueva pasión.

Este es mi regalo para ustedes, hijos de Lilith, esta será su nueva maldición.

Creados de tierra, purificados en agua, batidos por viento y quemados a fuego, hasta que en la eternidad recuerden que no son sino polvo.

Estoy listo. Vamos a bailar.

Hasta siempre, Shinji-kun, hasta nunca, amigo mío. Tu recuerdo palidecerá hasta desaparecer cuando cubra en mi abrazo a mi elegida.

Makinami-san… que dulce nombre. Ahora pienso enseñarte como se baila en un EVA.

Acabo de escuchar mi entrada, es mi hora de salir.

¡EVA 06, lanzamiento!...