Hola una vez más :D Les dije que estaba especialmente motivada con este fic y quería escribir otro capítulo antes de empezar las clases, así que hoy he pasado unas bonitas horas escribiendo esto, haha.
Muchas gracias a Yuuki Kuchiki, DoliInTheSkyWithDiamonds, Darkhearts14, Annie Darcy, sammR y memoriesofkagome por mandar esas fantásticas reviews ;)
En el capítulo anterior les dije que me siguieran en Twitter y… luego me di cuenta de que en el Twitter lo estaba poniendo todo en inglés -.-" Así que he decidido que lo que ponga estará en el idioma al que sea dirigida la noticia… cosa que debería haber sido obvia para mí desde un principio :/
En cualquier caso, síganme si quieren saber cómo voy xD
Al escribir este capítulo se me plantearon dos dudas.
La primera es: ¿vosotros o ustedes? ¿Cuál es más neutral? Yo vivo en España pero soy de una zona en la que decir vosotros nos suena raro y decimos ustedes. Y sé que en Latinoamérica se utiliza más el ustedes también. ¿Pero cuál es el correcto para usar que sea neutral? Me he decantado por el ustedes pero me gustaría saber qué opinan x)
La otra es: ¿Mr. y Mrs. o Sr. y Sra.? Estoy acostumbrada a las abreviaciones inglesas y las españolas me suenan raro :/
Gracias por su atención y ¡disfrutad este capítulo!
Capítulo dos: Ten a tus enemigos más cerca aún
Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
-Baltasar Gracián.
No podía ser. Y aun así, sus ojos insistían en llevarle la contraria. ¿Podía ser? ¿Estaba viendo su nombre escrito al lado del de Lord Voldemort en una lista que decidía con quién pasaría gran parte de su vida diaria de ahora en adelante por un tiempo indefinido?
No. Simplemente no podía ser.
Miró a Dumbledore esperando encontrar en él una sonrisa y una solución. Pero no las halló. Los ojos del director reflejaban tristeza… pero también un brillo calculador. Él sabía que esto iba a pasar, por eso la detuvo. Hermione sintió un brote de indignación recorrerla… ¿No pretendía defenderla? ¿Iba a abandonarla en la boca del lobo?
"Me alegra que hayas sido capaz de encontrar una pareja satisfactoria, Tom."
"Oh, no te haces idea… Creo que he encontrado a la pareja perfecta," dijo y se giró para mirar a Hermione, que frunció el ceño. Esto no le gustaba: Voldemort parecía demasiado contento. "¿No lo crees así, Miss Granger?"
"Sí, claro," respondió, sarcasmo presente en su tono de voz y en la sonrisa que le dedicó al mago.
Voldemort pareció percatarse de esto y le devolvió una sonrisa igual de sarcástica.
"Me gustaría quedarme a charlar más con ambos pero tengo que atender ciertos asuntos," interrumpió de repente Dumbledore. "Tom," le tendió una mano que este estrechó, "Miss Granger," le guiño un ojo, cogió el pergamino de la mesa y se dirigió a la chimenea por la que desapareció.
Hermione tragó saliva. ¿Y ahora qué? Estaba sola en una habitación con la puerta cerrada en la que se encontraba el mago más peligroso de todos los tiempos. Mago que parecía no tener intención de marcharse ni de dejarla marchar.
"Los rumores han llegado hasta mí, Miss Granger," comenzó, "¿Quién iba a saber que el cerebro del Trío Dorado era una heredera de Merlín?"
Mierda. La noticia se había extendido rápido. Pero era cierto: el Ministro de Magia en persona había aparecido una mañana en casa de sus padres donde estaba pasando las primeras semanas de sus vacaciones para contárselo. Al parecer, un investigador decidió, ante la carencia de ningún informe en el que se relatara donde había terminado la magia de Merlín, comenzar a estudiar el árbol genealógico de dicho mago y, tras muchas horas encerrado en un estudio, había por fin llegado a la última rama de este árbol: la de Hermione.
Ante la imposibilidad de que una nacida de muggles como ella pudiera tener relación con tal poderosa herencia, la siguiente leyenda había salido de los labios del Ministro, tan natural como si fuera la fábula de los tres hermanos:
Merlín era, ante todo, un gran mago que respetaba tanto el poder como la inteligencia. Vivió su vida siguiendo estas creencias pero cuando se casó y su mujer dio a luz a dos hijos tan arrogantes como insensatos, decidió que no era prudente ni eran dignos de tener tal poder en su sangre. Así pues, decidió sellar su propia magia, convirtiendo a su propia familia en squibs. Su magia permaneció dormida, a la espera de que, tras generaciones y generaciones, naciera un mago o una bruja que se ajustara a los valores que Merlín consideraba imprescindibles en alguien a quien se le otorgara su poder.
Y esa bruja había resultado ser Hermione. De la noche a la mañana había pasado de ser una nacida de muggles a la heredera de una ancestral familia. Y ahora Lord Voldemort era consciente de esto.
"Sí, una auténtica sorpresa para todos," respondió Hermione.
"Sí, sin duda." Sus ojos parecieron oscurecerse por un instante y dio un paso adelante, haciendo que Hermione diese otro hacia atrás y así hasta que Hermione quedó atrapada contra la mesa. El mago colocó sus brazos a ambos lados de la joven, atrapándola. "Me pregunto cuánto potencial hay oculto bajo esa apariencia inofensiva."
"No soy inofensiva, Mr. Riddle," contradijo, indignación recorriéndole el cuerpo, "y le agradecería que me dejara ir, ahora mismo. Puede que deba pasar con usted todo el día pero no es necesario mientras estemos aquí."
Voldemort enarcó una ceja. "Eso nos lleva a la siguiente cuestión," tomó uno de los rubios mechones de Hermione y se lo colocó detrás de la oreja, haciendo que sintiera un escalofrío y sonrió, "¿dónde vamos a dormir?"
La pregunta heló a Hermione que abrió la boca varias intentando formular una respuesta. Dormir con Voldemort. Dormir con Voldemort. ¡Dormir con Voldemort!
El susodicho rio entre dientes mientras veía a la bruja forcejear con su mente para formar un pensamiento coherente. "Podemos quedarnos aquí si te resulta… incómodo salir de aquí para venir conmigo a… mi hogar," explicó. "Hablaré con Dumbledore para que nos ceda una de las habitaciones, si así lo deseas."
Ante esto, Hermione frunció el ceño. No podía dejar que Voldemort se quedara aquí. ¿Y si hacía daño a alguno de sus amigos? Pero la otra opción tampoco era muy deseable: ir con él a donde quiera que se ocultaban los mortífagos y arriesgarse a que la mataran o torturaran. ¿Qué debía hacer?
"Si te preocupa la seguridad de tus amigos, Dumbledore y yo hicimos un juramento inquebrantable: ninguno de los dos puede hacer daño a miembros de la otra facción."
"¿Y qué hay de sus mortífagos, Mr. Riddle? ¿Tampoco pueden hacernos daño?"
Voldemort sonrió de medio lado. "Veo que eres rápida. Sí, mis mortífagos sí pueden. Pero ustedes no. Ese pergamino que firmaron antes… tenía un juramento en él."
"¿Así que ustedes si pueden hacernos daño pero nosotros no?" La incredulidad que sentía le daba ganas de reír.
"Solo es algo temporal, hasta que reúna a todos mis seguidores y les haga firmar lo mismo," levantó las manos como si en gesto de defensa. "No te preocupes, no tengo intención de romper esta alianza, aún."
"Eso no me tranquiliza demasiado," esta vez fue Hermione la que enarcó una ceja.
El mago rio. "No tenía la intención de hacerlo."
Hermione suspiró. "M-muy bien. Nos quedaremos aquí. Podemos dormir en mi habitación, está en el segundo piso a la izquierda, pero hay que adaptarla y yo no puedo usar magia fuera de Hogwarts…" Las palabras no parecían parar de salir de su boca, tal era el nerviosismo que sentía.
"Perfecto. La prepararé yo." Tomó la mano de Hermione y le besó en el dorso. La chica apartó la mano rápidamente como si se hubiera quemado y el hombre sonrió una vez más.
Y con eso, salió de la habitación dejando a una confusa Hermione detrás.
-O-O-O-
"¡No puede ser cierto!" Los gritos de Molly Weasley podían ser oídos en toda la casa y, si algún muggle la hubiera oído, seguramente se habría ido a la cama preguntándose qué era aquello que no podía ser cierto. "¡¿Cómo puede ser que Dumbledore haya aceptado esto?! ¡Dejar a una pobre e inocente niña como tú con esa… criatura!"
"Vamos, vamos, cariño, tranquilízate. Estoy seguro de que Albus tiene una buena razón para esto," Arthur Weasley intentó relajar a su mujer que había perdido los nervios tras escuchar de boca de Hermione quién sería su compañero de ahora en adelante.
"¿Qué buena razón puede haber para esto? Es un una desfachatez, un…" La voz de Mrs. Weasley se siguió oyendo de fondo mientras Harry se acercaba al sillón donde se encontraba sentada Hermione con una taza de té en sus manos.
"Lo siento, Mione. Que tengas que aguantar a ese monstruo solo por esta estúpida alianza… Luego hablaré con Dumbledore, le convenceré de que te deje quedar conmigo y Ron." Harry estaba entre aquellos que consideraban que esta alianza era inútil. Hermione era de la opinión de que cualquier ayuda era bien recibida y que no podían vigilar bien sus espaldas si tenían que enfrentarse a dos enemigos al mismo tiempo.
"Eso, Mione," dijo Ron por el otro lado. "Yo- nosotros te protegeremos." Las orejas se le pusieron rojas en su intento por parecer confiable.
"No es necesario," dijo ella, que estaba harta de que todos la vieran como algo débil que debía ser guardado celosamente, "ni necesito que me protejan ni que me cambien de pareja."
"¡Pero, Mione!" protestó Harry.
"No, Harry, esta alianza es importante. Y Dumbledore tiene razón: el hecho de ver a su líder protegiendo a un miembro del enemigo hará a los mortífagos menos reacios a cooperar."
"No les necesitamos, nosotros-"
"Harry, sí les necesitamos. No podemos pelear si tenemos que estar mirando detrás de nosotros."
"Es peor que creamos que estamos a salvo teniendo al enemigo entre nuestras filas," respondió él.
Hermione suspiró. A veces era realmente difícil hacerle razonar. "Mira, Harry, es mi decisión, ¿vale? Yo creo que es necesario y Dumbledore también."
"Tal vez Dumbledore se equivoque," murmuró Ron como si fuera un pensamiento oculto que llevaba tiempo queriendo sacar a la luz.
Hermione le mandó una mirada de reproche y tomó la mano de Harry con la que no sujetaba el té. "Confía en mí, ¿vale? Estaré bien. Además hizo ese juramento con Dumbledore; no puede hacerme daño." Harry la miró por unos segundos antes de asentir con la cabeza y Hermione sonrió y le dio un beso en la mejilla. "Me voy a acostar," dijo, sorbiendo el último trago de la taza y dejándola en la pequeña mesa que tenían enfrente. "Buenas noches."
Los chicos le devolvieron la despedida mientras la joven bruja salía de la habitación sin que nadie más se diese cuenta. Pero una vez en el pasillo, se percató de lo que implicaba ir a su habitación. Lord Voldemort estaría ahí. Se acercó a las escaleras y miró con cierto recelo hacia el segundo piso.
Se armó de valor y empezó a subirlas, un escalón detrás de otro, contando sus pasos. Al llegar arriba giró a la izquierda y continuó caminando hasta el final del corto pasillo. Su habitación era la única situada a la izquierda en este pasillo. Colocó la mano en el pomo de la puerta y lo giró con cuidado hasta abrirla.
Siempre recordaría la absurdez de la imagen que vio cuando la puerta se abrió para dejar ver su interior.
