You wanted to get lost in the woods

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Serie de Drabbles

《 I found you, and it was magical.

Then you wandered off into the woods and never come back.

I tried yo find you again, but you didn't want to be found.

I looked everywhere, but you walked away and

I lost you. 》

Kayden Lomahan


Disclaimer: La serie de Merlin BBC ni sus personajes me pertenecen. Simplemente los he tomado prestados por el simple placer de torturarme al no dejar morir mi amor por esta serie. No recibo mayor pago ni recompensa que sus reviews y favs.

¡Gracias por leer!


02

La imagen que recibía Arthur a través de las aguas del lago era pálida y difusa. Los colores que él sabía eran cálidos se presentaban fríos y apagados, como la imagen de un fantasma deambulando en la neblina.

Con un suspiro, Arthur se preguntó si acaso él daría la misma impresión, de poder ser visto.

Observándose las manos, las notaba más pálidas que en vida. No importaba cuanto intentara frotárselas— nunca ganaban calor ni color. En algún momento, curioso ante la falta de incomodidad que debería haber tenido después de llevar tanto tiempo usando su armadura, descubrió que toda sensación era mínima: una presión contra su cuerpo, la textura de los objetos y un ligero frío que jamás variaba en intensidad. El metal que cubría su cuerpo, la capa sobre sus hombros o la arena debajo de él, sólo sus recuerdos eran de verdadera ayuda identificándolos.

No podía sentir exhalar su aliento.

Tampoco podía escuchar el latido de su corazón.

Arthur intentó no darle muchas vueltas a eso. No sabía cuanto tiempo llevaba ahí o cuánto le faltaba por esperar.

Lógicamente sabía que estaba muerto. O que había muerto, en algún punto, incluso si en esos momentos no lo estaba. En cualquier caso, debía encontrarse en algún estado de inconsciencia, lo que alteraba sus sentidos, porque ahí... ahí no anochecía, y Arthur tampoco dormía. Así que en lugar de pasarse los días (¿las horas?) rumiando sobre su situación, Arthur había decidido continuar observando la delgada figura de su sirviente pasear en la distancia.

Era algo doloroso, pero preferible.

— Es un amigo muy leal —escuchó una voz hablar tras sus espaldas.

Arthur se sobresaltó, tensando cada uno de sus músculos, pero no se dio la vuelta.

— Es inútil, ¿sabes? —dijo la misma voz de mujer— Antes deberás demostrar tu valor una vez más, Arthur Pendragon.

Al escuchar su nombre, Arthur se dio la vuelta de inmediato, encontrándose con una mujer joven— casi una chica, excepto que la expresión de sus ojos hablaban de años de sabiduría y dolor. Llevaba puesto un vestido que parecía hecho de jirones, de un color que a momentos parecía rojo y a otros café. Sus largos cabellos oscuros estaban adornados con diamantes. Era más pequeña que Arthur y con facciones delicadas, pero se sostenía con la confianza de una cortesana.

— ¿Quién eres?

Los ojos de la chica, que habían estado observando a Merlín justo como Arthur momentos antes, se posaron en él.

De repente, Arthur por fin sintió algo: una ligera ventisca, seguida de rocío. Arthur le dio la espalda a la mujer sin pensar, observando a las aguas del lago agitarse y la imagen al otro lado hacerse cada vez más clara, hasta que pudo ver a Merlín. Se encontraba de pie cara al lago, ambas manos estiradas, una expresión de absoluta concentración en su rostro. Sus ojos brillaban de color dorado. Estaba entonando algo—

— ¿Qué intenta hacer?

— Invocarte. Llamarte de regreso.

De repente un resonó a través de la playa, cruzando las agua y rompiendo por un momento con las neblinas. Bien pudo haber sido del mismo Arthur, quien lo sintió en su pecho, en su estómago, casi como si quisiera arrancarle los intestinos— era profundo y salvaje, el de una bestia herida. El mundo se quedó congelado por unos momentos después de eso, antes de regresar lentamente a su estado anterior, borroso y turbio. Arthur quería llorar, encorvado sobre sí mismo.

Se conformó con dejarse caer de rodillas sobre la arena, sintiendo el agua acariciar la punta de sus dedos. Era casi como la caricia de una tela, porque no le humedecía.

— ¿Por qué no puedo ir con él?

Ahora, incluso más que la primera vez que abrió los ojos, este mundo se le hacía sofocante. Un cielo cubierto perpetuamente de nubes, un horizonte cegado por las brumas y los cadáveres de millones de árboles rodeando su pequeño pedazo de arena.

Una prisión en medio de la nada.

— ¿Qué tengo que hacer para volver?

— Esperar.

Arthur se giró, furioso, pero perdió toda intención cuando cruzó miradas de nuevo con la chica. Había algo muy familiar en ella, algo que le hacía sentir incómodo. Intentando encontrar algo más que decir, se fijó de nuevo en lo que antes creyó eran diamantes colgando entre los cabellos de la chica. Ahora que les prestaba verdadera atención podía ver que en realidad eran pequeñas gotas de agua cristalina que se habían quedado suspendidas entre sus rizos, como por arte de...

— Magia.

Ella le sonrió de manera tímida.

— Por favor recuerda mis palabras, Arthur Pendragon: el destino no es una vieja leyenda tallada en una piedra. Es el camino que nosotros elegimos, y el de Álbion aún descansa sobre tus hombros, siempre y cuando decidas aceptarlo.

Con eso dicho, finalmente se dio media vuelta, al parecer habiendo acabado.

— Espera— le pidió extendiendo una mano, sin atreverse a tocarla. Ella le miró con curiosidad por sobre su hombro—, ¿nos conocemos de algún lado?

La chica le dirigió una sonrisa triste.

— Tal vez en otra vida, o de habernos encontrado en otras circunstancias, podríamos habernos podido conocer.

Arthur no lo entendía, pero necesitaba saber.

— ¿Cuál es tu nombre?

— Freya.

Y con eso desapareció entre los árboles.


Notas Finales:

¡Segundo capítulo finalizado!

¿Se sienten tristes por Arthur? Tengo una curiosa fascinación por Ávalon, y es la principal razón por la que empecé este fic, así que me también gustaría saber que opinan de mi visión en este fic para la mítica Tierra de las Hadas. No es lo único que verán de ella, ¡hasta el siguiente capítulo!

Muchas gracias—