Capitulo 2
-Ya llegué.
En casa tenemos un dojo, mi papá era maestro de artes marciales y tuvo la oportunidad de entrenarme hasta que nos abandonó cuando apenas tenía once años. Pero al marcharse, lo había dejado todo abandonado. Por lo menos era reconfortante saber que se acordaba de nosotras donde quiera que estuviese y nos mandaba dinero.
Yo sabía practicar todas las noches, manteniéndolo limpio y usándolo para que no se sienta tan frio y vacío como el resto de la casa. Todo era silencio, hasta que la melodiosa voz de Kasumi resonó en el pasillo.
-Bienvenida, hermanita – su sonrisa era brillante. Como la del doctor Tofu - ¿Cómo te fue hoy?
-Hola, Kasumi – dije sonriendo –Todo estuvo bien.
Me sentía mal. Era triste saber que Kasumi pasaba la mayor parte del tiempo sola en casa, con las memorias de mamá y papá. Yo no podía soportarlo a veces y escapaba, con la excusa de que tenía que estudiar en la biblioteca, quedándome hasta tarde en casa de Ryoga, yendo al cine. Pero al mismo tiempo me sentía la peor escoria al dejar a mi hermana sola. Así que había decidido cambiar un poco y quedarme en casa por ella. Kasumi era quien le daba vida al hogar, era la única luz que brillaba aquí.
-Qué bueno. Ven, preparé galletas, de las que te gustan.
No pude evitar sonreír, mi corazón se estrechaba cada vez que Kasumi sonreía. Ella parecía tan fuerte, pero en secreto sabía que lloraba en las noches, se derrumbaba. Ella siempre ha querido ser un puente que nos sostenga a Nabiki y a mí desde que perdimos a nuestros padres. Nabiki siempre se la ha puesto difícil, sabía que eso le afectaba. No quiero que pase lo mismo conmigo. Quiero compensarle todo lo bueno que ha hecho por mi hasta ahora.
Después de comer galletas y ver la televisión, le conté a Kasumi que el doctor Tofu había ido a trabajar a la escuela. Ella parecía contenta, ella también lo conocía. Ella…
-¿Quieres pedir comida para la cena? ¿Qué tal unos tallarines?
-Me parece bien. Hace mucho que tengo ganas de comer tallarines.
-Bien, pediré dos – dijo con su singular sonrisa.
-Kasumi ¿Nabiki no piensa venir hoy tampoco?
Mi hermana paró su paso, no quería darme la cara. Sabía que este era un tema que no le gustaba tocar. Apreté mis puños, la insensible de Nabiki era así. Se había vuelto tan fría con nosotras, que parecía que nos odiaba. Ella solo iba a la escuela y de la escuela ninguna sabia a donde iba. A veces venía a casa, cenaba y se encerraba en su habitación. Sentía pena por Kasumi, ella sufría por nosotras.
-Llamó y dijo que se quedaría en casa de Sakura-chan – dicho esto salió de la habitación.
Miré el reloj. Eran las seis de la tarde. Solo éramos las dos en casa. Una casa tan grande y tan vacía.
Comimos, hablando de su día y del mío. Vimos una película y me recosté en su regazo. Me sentía tan cómoda, era como estar con mamá. Era tan triste y tan hermoso a la vez. Kasumi era todo lo que me quedaba, sin ella, mi vida no tendría sentido. Sin ella, sin el doctor Tofu…
Aun cuando sabía que ellos se amaban en silencio.
…
-Clase, hoy quiero presentarles a un nuevo alumno que estará con nosotros el resto del año. Espero que sean amables con él.
Ranma Saotome. Estaba de pie junto a la profesora, sus manos en los bolsillos, la mirada desinteresada. Era la misma mirada que tenía cuando lo había visto en la azotea. Cuando se presentó pude escuchar suspiro de algunas chicas.
Mi teléfono vibró. Era un mensaje de Ryoga. Teníamos la costumbre de mandarnos mensajes en clases cuando alguno de los dos estaba aburrido. Él estaba en el 2-B, pero siempre que teníamos oportunidad, nos veíamos y salíamos a conversar –a menos que tuviera reunión con el consejo estudiantil-. Lo conocía desde que éramos niños, siempre fue la persona que me apoyó en todo, me ayudo a entrenar, incluso una vez fui con él a las montañas y me enseño trucos. Era una persona importante en mi vida. Mi único amigo.
"nos vemos en el lugar de siempre para almorzar"
"okey ;)"
-…Mucho gusto…-
Ranma había terminado de presentarse. Sus ojos se encontraron con los míos, apenas pude ver un pequeño gesto de sonrisa, claro, ya nos conocíamos.
Mientras la maestra le daba algunos consejos para acoplarse a la clase, yo miré hacia la ventana. Entreteniéndome con el exterior.
Escuche a la maestra decirle a Ranma que se sentara en el asiento vacío de tras de mí. No puedo negar que me sentí un poco incomoda.
Vi que una compañera me miraba con un puchero. Apuesto que mataría por sentarse en mi puesto.
Mi celular vibro de nuevo.
"¿Un chico nuevo? El rumor ya llegó mi salón"
De verdad, los rumores volaban rápidamente.
De nuevo vibró.
Esta vez venía con una foto.
"Enserio ¿Qué pasa con las chicas de tu clase?" abrí los ojos con sorpresa.
Al parecer alguien le había tomado una foto a Ranma cuando se estaba presentando. No podía negar que era fotogénico, de hecho, la foto había salido de lo más de bien. Tenía un gesto como si no tuviera miedo de ser nuevo, tan seguro. Se veía muy bien. Seguramente Ukyo ya sabe que está aquí ¿Cómo lo tomaría?
-¿Debería asustarme? – la voz de Ranma sonó cerca de mi oído.
Mi piel se erizó. No pude evitar soltar un grito de sorpresa. Todos voltearon a verme.
-Eh… ¿Akane-san? ¿No se siente bien? Esta roja ¿Tiene fiebre?
-¡No! ¡Estoy bien! ¡Lo siento! – me incliné en disculpa. Quería que la tierra me tragara.
La profesora rio nerviosamente y continuó con la clase. Me giré rápidamente para ver a Ranma. Este tenía el mentón apoyado en su mano, mirándome de manera divertida.
-¡Yo no la tomé! Alguien me la envió preguntando si era cierto que había un chico nuevo – dije molesta.
-Oh, ¿entonces debo de creer que no fuiste tú la que me tomó la foto porque estas enamorada de mí en secreto y si lo descubro sería muy vergonzoso para ti? – dijo burlón.
-Si la miras bien, es un ángulo diferente – le mostré el teléfono.
-Sí, claro.
-Yo no estoy enamorada de ti, yo quiero a…
Me puse complemente roja. Mi enojo por poco hace que diga más de la cuenta. Me volteé rápidamente.
Me sentía acalorada, nadie sabía que estaba enamorada del doctor Tofu. Ni siquiera Ryoga ¿Qué pensaría la gente? ¿Qué pensaría mi hermana? No quería que supiera que sentía esto por el hombre que ella amaba en secreto.
-Vaya, parece que Akane está enamorada… - dijo tarareando.
No le hice caso.
-Anda, dime. Ayer te dije quién me gustaba, es justo que me lo digas tu – insistió picándome con un lápiz
Este sería un año largo…
Después de unas largas horas de clases, después de que Ranma siguiera molestándome; picándome, jalándome el cabello, pretender que rayaba mi camisa. Por fin era hora de almorzar. Para mi sorpresa, Ranma salió del salón prácticamente corriendo, de seguro fue a encontrarse con Ukyo. Tomé mis cosas y me encaminé a buscar a Ryoga.
-Hola – dije en cuanto lo vi, sentado en la banca con su comida.
Ryoga era apuesto, tenía los ojos castaños, el cabello claro y una bandada que lo hacía ver bastante cool. Su piel era un poco bronceada, y tenía un excelente estado físico. Sabía que algunas chicas estaban enamoradas de él, pero él nunca se ha aprovechado de ninguna. Por eso lo admiraba, Ryoga era muy caballeroso. Hasta ahora nunca le había conocido una novia. Supe que una vez salió con una chica, pero ella se mudó lejos.
-En mi clase están todas locas. Incluso Ukyo, por poco se desmaya cuando vio la foto.
No pude evitar sonreír.
-¿Enserio? Supongo que se puso muy feliz.
Me senté a su lado y ambos abrimos nuestros almuerzos.
-Mmm... Yo no diría que contenta – dijo pensativo con los palillos sobre su boca –Pero, bueno ¿Quién entiende a las chicas?
-¿Cómo están tus padres? –cambié de tema.
Ryoga empezó a contarme del viaje que habían hecho sus padres, la mayoría del tiempo la pasaba solo en casa. Pero, cuando estaban en casa trataban de hacer demasiadas actividades con su hijo. El tampoco salía mucho ya que le era fácil perderse, en ocasiones se había perdido camino a mi casa, apareciendo después de horas. Era muy despistado.
Mi mirada recorrió las ventanas de los pasillos. Entonces lo vi, caminando despreocupadamente con una sonrisa en sus labios. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, mi cuerpo dejo de moverse y solo podía verlo a él.
-¿Akane?
Volví la mirada a mi obento. Ryoga no sabía nada de sobre el doctor Tofu, no me atrevía a contarle que estaba enamorada de él ¿Qué pensaría de mí? ¿Enamorarme de alguien mayor? No quería que Ryoga me juzgara, el no.
-Estoy bien, solo que estoy un poco distraída.
-¿Segura? Puedes contarme lo que sea – me empujo amigablemente con su hombro.
-¡Ryoga! – Ukyo venia corriendo hacia nosotros.
No me gustaba mucho la presencia de Ukyo, siempre le hablaba a Ryoga de forma melosa y no me miraba de manera agradable. Siempre me miraba como si fuera su rival. Seguí comiendo cuando se acercaba hacia nosotros. De tras de ella venía Ranma, caminaba sin prisa, con las manos en los bolsillos. Nuestras miradas se encontraron por unos segundos.
Aferré mi almuerzo a mí.
-Quiero presentarte a un amigo. Él es Ranma Saotome, lo conozco desde que éramos pequeños – lo presentó alegremente.
-¿Qué tal?
-Hola.
-Ella es amiga de Ryoga. A…Aki…
-Akane y ya lo conozco, gracias – dije sin mirarla.
-¿Ah, sí? ¿De dónde? – su voz sonaba filosa.
-Estamos en el mismo salón, es lógico– dijo Ranma.
Torció el gesto y agitó su mano como queriendo desviar el tema.
Ukyo como siempre comenzó hablar sobre su vida, queriendo que todos estuvieran prestándole atención. Ranma la miraba atento, pero me alegraba que Ryoga no le prestara tanta atención. Me hablaba en voz baja preguntándome como estaba mi hermana, o me robaba salchichas de mi almuerzo, reíamos en voz baja. Y yo me burlaba de Ukyo y su vano intento de llamar la atención. Sabía que Ukyo sentía cierta atracción por Ryoga, pensé que al estar Ranma aquí, eso desaparecería. Pero me doy cuenta de que no.
Me sentía un poco mal por Ranma.
-Ryoga ¿Te gustaría ir a comer un helado a la salida? – preguntó Ukyo.
Note como Ranma volteaba la mirada. Sabía que no le gustaba lo que estaba pasando.
Lo entendía completamente…
-Ryoga quedó en entrenarme –dije rápidamente. De inmediato me puse roja ¿Por qué dije eso? ¿Acaso por sentir empatía con Ranma?
-Oh, cierto, habíamos quedado en eso – apoyó mi amigo, aunque era mentira.
Ukyo como siempre, me miro mal.
-¿Entrenar? – pregunto Ranma curioso.
-Practico artes marciales.
-Es buena, creo que es la única chica aquí que las practica –dijo Ryoga con orgullo.
-Bueno, es una lástima que cerraran el club de artes marciales femeninas – dijo Ukyo con voz molesta - ¿Crees que algún día las mujeres puedan entrenar con los hombres?
-Humm… el consejo dijo que era algo muy rudo y peligroso para las chicas, además, como son solo hombres y casi ninguna mujer quiere entrar, dictaron que solo serían hombres.
-No puedo creer que te gusten ¿Siempre fue así de ruda? – dijo Ukyo.
-Puedo darte una paliza para demostrártelo. Además, las artes marciales no es solo ser rudo, es saber mantener en equilibrio tu cuerpo y tu espíritu, aquí todas son tan delicadas que fácilmente pueden estar en peligro.
Ranma alzó la ceja impresionado. No era algo que iba presumiendo por ahí, de hecho, a las chicas no les gustaba hablar de ese tema ya que no era nada femenino. Creo que por esa razón tampoco tenía muchas amigas, las chicas solo querían ir de compras, hablar de chicos, pintarse las uñas. Yo no era así, no me sentía bien en su mundo.
-Yo te apoyo, Akane – dijo Ryoga abrazándome por los hombros – además, creo que te prometí que te llevaría a ver un combate. Solo espero que tu idol reaparezca de nuevo.
-¿idol? –pregunto Ranma, al parecer muy curioso.
-Si, Akane cuando era niña era fan de un combatiente que se hacía llamar "caballo salvaje" – Ryoga soltó una risa –Pero eso fue hace mucho tiempo, creo que se retiró de las canchas, ¿Qué clase de persona se pondría un apodo así?
Ranma y yo lo miramos molestos, mientras Ukyo se reía con él.
La campana sonó y todos volvimos a clases.
En el pasillo volví a verlo. Por poco pierdo el sentido de las piernas.
El doctor Tofu me miro con una gran sonrisa. Ryoga lo saludo amistosamente y Ukyo también. Yo sonreí tanto que mis mejillas dolían.
-Hola, chicos ¿Qué tal todo?
-¿Cómo está doctor? – pregunte un poco ansiosa.
-Un poco preocupado, dicen que atrasaran una semana la remodelación del consultorio. Quise ir pero tu hermana Kasumi amablemente fue hablar con el arquitecto por mí.
Kasumi…
Podía notarlo, cualquiera podía hacerlo. Cada vez que el doctor Tofu pronunciaba su nombre su mirada cambiaba. El vacío en mi pecho, la vergüenza, el dolor… siempre se apoderaba de mí. Él la amaba, eso lo sabía ¿Por qué? ¿Por qué nadie me ama a mí?
-Quiero ir después de clases, para llevarle algún presente ¿Me acompañas a comprarle algo?
Tenía un nudo en la garganta ¿Salir con él? ¿Estar a solas con él? Era algo que siempre anhelaba. Pero no así, salir con él para escoger algo para mi hermana. La mujer que él amaba. De repente tenía tantas ganas de llorar. Pero a pesar de todo, mis sentimientos nunca cambiaran.
-Akane entrenará con Ryoga.
Miré a Ranma con sorpresa. Él no me miraba. Tenía los brazos de tras de su cabeza, tenía la misma mirada desinteresada. No supe que decir, no podía soltar ninguna palabra.
-Oh, es una pena. Bueno trataré de comprarle algo lindo. Nos vemos chicos ¡Esfuércense en los estudios!
-¡Tenemos que irnos a clase! – Ukyo tomó la mano de Ryoga.
Antes de irse, me miro muy preocupado, parecía triste. Pero yo no pude decir nada.
-Es una pena que tengas que entrenar – dijo en tono desinteresado –Tengo muchas ganas de comer okonomiyakis y no conozco lugares por aquí.
..
Hola! Y gracias por la aceptación, espero que les guste la historia que estoy creando. Saludos a todos!
