Tal como eres
ArokuRaita
Disclaimer: 'Haikyuu!' pertenece a Haruichi Furudate y este fanfic fue escrito sin fines de lucro.
¡Muchas gracias por sus reviews! :D
2. De cristal y caramelo
Las cosas no habían cambiado mucho. Yamaguchi seguía maravillado ante el gran cambio en la personalidad de Kageyama y la irritación de Tsukishima aumentaba. En todo caso, no habría sido tan terrible, pero el pecoso no paraba de hablar del moreno: "Kageyama, aquí, Kageyama acá, ¡qué amable, qué simpático!".
- Oh, veo que lo admiras mucho. ¿No prefieres juntarte más con él?- espetó el rubio, molesto. Tadashi calló.
- N-No, Tsukki... No es para tanto. Es sólo que me sorprende...
- ¡Tch!- masculló el otro.
Luego de un rato de silencio, Yamaguchi volvió a la carga.
- Tsukki, creo que deberías darle una oportunidad a Kageyama. Estoy seguro de que te caerá bien. Incluso podríamos... ¡podríamos juntarnos con él y Hinata! ¡Creo que lo pasaríamos muy bien!
La cara del alto y rubio bloqueador se crispó en una mueca de disgusto.
- Francamente, Yamaguchi, no sé de dónde sacas esas ideas sobre cómo pasarlo bien. Prefiero juntarme con personas que piensan, ¿sabes?
- Yo, eh... Lo siento, Tsukki. Era sólo una idea.
- Una muy mala, en realidad. Volvamos a la cancha, ¿quieres?
- Está bien, Tsukki.
Tsukishima no quería ser tan desagradable, pero la insistencia y emoción de su amigo de infancia le irritaron de manera inexplicable. Era una especie de malestar en el pecho y la boca del estómago. ¿Tendría relación con las náuseas del otro día? ¿Debería ir al doctor?
En realidad, intuía lo que le pasaba -su gran intelecto no podía dejar pasar algo tan obvio-, pero jamás lo admitiría. Ni siquiera a sí mismo.
"No estoy celoso", se dijo.
El rubio no podía evitar que su mejor amigo conversara con Kageyama de cuando en cuando, pero al menos ya no hablaba con devota admiración sobre el setter. Era un gran avance.
Con indiferencia, miró a Hinata. ¿Cómo reaccionaría ese enano, ahora que su mejor amigo y rival era más dulce que una chica? No le sorprendió ver que el número 10 miraba al 9 con cara rara. Era como si le gustara el cambio y le repeliera a la vez. "Debe ser normal: está tan acostumbrado a pelear con ese idiota, que ahora no sabe cómo reaccionar. Ojalá no afecte ese lanzamiento raro que tienen. Podría irnos mal", reflexionó.
- Kageyama, ¡lánzame un pase!- gritó el colorín en ese momento.
- Como quieras, Hinata- respondió el moreno, sonriendo. Su pase fue perfecto, tanto o más que antes de recibir el saque en la cabeza. Además, Hinata pudo dirigir la pelota sin problemas al otro lado de la red. Tuvo una sensación extraña: como si, en vez de ser él quien confiaba 100% en Kageyama, fuera éste quien le diera toda su confianza al colorín. La idea le hizo sonrojarse.
- ¿Qué te pareció el pase, Hinata?- preguntó Tobio, serio pero relajado. "Es extraño verlo sin el ceño fruncido. Y tan solícito", se dijo el pequeño.
- Este... Muy bueno. Fue genial- respondió. Los ojos del número 9 se iluminaron.
- ¿De verdad? ¡Me alegro!
Al otro lado de la cancha, Tsukishima no pudo evitar sonreír al ver la tonta expresión facial de Hinata. Era lo más divertido de todo este asunto.
- Kageyama, ¿qué tal si practicas tiros para los demás miembros del equipo?- aconsejó Sugawara, cuando quedó claro que el setter de primer año estaba recuperado (al menos, físicamente).
Tobio asintió y comenzó a hacer pases a todos. Muchos sonreían cuando lanzaban su tiro, pues era como si lo hubiesen pensado para ellos. Incluso Tsukishima estuvo a punto de esbozar una, pero alcanzó a reprimirla. Yamaguchi se emocionó al verlo: "¡Quizás ahora sí desee aceptar a Kageyama!".
Asimismo, Asahi estaba mucho más feliz con esos pases. Daba la sensación de que no podrían detenerlo ni siquiera tres clones de Aone.
- ¿Qué tal estuvo ese tiro, Asahi-san?- consultó el setter más joven, con timidez.
- Eh, este... ¡Excelente! Fue tal como lo necesitaba: alto y algo lejos de la red- sonrió el muchachote. La forma de ser de Kageyama solía asustarle, pues era muy brusco e intenso al decir o preguntar cosas. Además, como siempre parecía estar enojado, le preocupaba hablarle. No obstante, ahora era tan dulce y agradable que deseaba compartir más con él. Este muchacho jamás se reiría de su corazón de cristal. Asahi lo miró a los ojos y sonrió.
Para Kageyama, los sentimientos de los demás (y los propios) siempre habían sido un misterio. No lo sabía y había vivido bien con su ignorancia. Sin embargo, cuando despertó en el hospital con la cabeza adolorida y descubrió que no podía recordar qué había pasado antes, estuvo a punto de echarse a llorar. Sabía quién era, qué hacía, quiénes eran sus compañeros y todo, pero algo no estaba bien en él. Ese 'algo' había desaparecido o cambiado en su pecho. Era como despertar en la vida de otra persona. Confundido, decidió dormir.
Fue durante su sueño más profundo cuando una mano apretó la suya. Era suave y cálida y le transmitió una gran paz. Se sentía como si el dueño o dueña de esa mano lo amara tanto que no pudiera contenerse, aunque la mente del joven hospitalizado lo tradujo como 'una pelota de vóleibol que se infla hasta reventar y llenar la habitación con más pelotas de vóleibol' . "Quiero conocer a esa persona", se dijo en el sueño.
Al despertar, los sentimientos ajenos y propios seguían siendo desconocidos para Tobio, y él continuaba ignorando aquello. Pero ese 'algo' que le atormentaba se había vuelto agradable. El setter pensaba que era como una pelota de vóleibol rosa, hecha de algodón de azúcar. Si hubiese tenido un mínimo de inteligencia intrapersonal, habría dicho que era el deseo de devolver, cuadriplicado, el amor que había recibido en el sueño a la persona de las manos. Su ayuda había llegado en el momento justo.
Tobio observó al as de Karasuno y su sonrisa le hizo sentir cómodo ("¿Será él la persona de las manos?"), por lo que le respondió de la misma forma. El joven de tercer año se puso colorado hasta las orejas, mas Kageyama no se percató ni se dio cuenta de lo que eso podía significar. Sin embargo, dos personas que estaban a una cierta distancia sí lo notaron.
- ¡Hey, Asahi-san! ¡Buen spike!- exclamó Nishinoya, alegremente. Azumane lo miró, aun sonriendo, pero quedó paralizado: los ojos del libero no compartían esa alegría.
- Em, ¡gra-gracias, Noya-san!- tartamudeó.
Por otro lado, Hinata observaba todo con seriedad. Como su intelecto no era muy despierto para este tipo de situaciones, se apoyaba en su instinto. Y éste le estaba enviando señales de alarma. ¿Por qué?
Hinata y Nishinoya tuvieron que quedarse en el gimnasio para ordenar. "Si quieres, te espero", le había dicho Kageyama al colorín, pero éste le respondió que partiera sin él: "No sé cuánto tardaré, así que no te molestes por mí". Se sentía un poco arrepentido, mas era para mejor. Así, el setter podría descansar.
Lo que le preocupaba era la expresión de su senpai. El delgado libero parecía más pálido que de costumbre y ordenaba con una rapidez increíble. Cada uno de sus poros exudaba ansiedad y deseos de salir corriendo. Shouyou tragó saliva.
- Noya-san, si necesitas irte, puedes hacerlo. Yo me quedaré acá.
Los ojos del libero se iluminaron por un momento y luego se apagaron.
- No, como senpai, no puedo dejarte toda la responsabilidad. Además, falta poco.
Unos minutos después, estaban listos. Entregaron la llave del gimnasio al encargado de la escuela y Hinata fue a buscar su bicicleta.
- Hinata, debo adelantarme, ¡nos vemos mañana! ¡Gracias por todo!- gritó Yuu, corriendo hacia la salida. Shouyou le hizo adiós con la mano y caminó lentamente. ¿Por qué tendría tanta prisa?
"Quizás necesitaba ir al baño. Pero habría pasado al del gimnasio. O tal vez es de esas personas que no pueden hacer del 'número dos' en otro lugar que no sea su casa", pensó, riendo.
Cuando llevaba un trecho avanzado, cerca de un parque, vio a lo lejos a dos muchachos que usaban la chaqueta negra del club de vóleibol de Karasuno. Los dos eran altos, pero el mayor llevaba el pelo largo y suelto. El otro tenía el pelo corto y de color azabache. Frunció el ceño y decidió seguirlos.
Ignoraba que otra persona había tenido la misma idea.
- Espero que no te moleste que te haya pedido acompañarte a tu casa, Kageyama. Pensé que tal vez podía pasarte algo... Ya sabes, como estuviste hospitalizado... Entonces, eh... Eso- titubeó Asahi.
- No hay problema, Asahi-san. Creo que eres muy buena compañía- respondió el joven.
Aunque el setter era menor que él y tenía una personalidad mucho más dulce que antes, Azumane aún se sentía nervioso. ¿O en realidad sentía culpa? Siempre se iba a casa con Nishinoya, pero esta vez lo traicionó... "¡No, no es traición! Por una vez que acompañe a casa a otra persona, no pasa nada", se retó.
La energía de Yuu solía encandilarlo. El pequeño libero era una criatura tan salvaje y brillante que iluminaba todos los defectos del tímido gigante. Daichi lo encontraba gracioso, pero Asahi no. La personalidad del chico no era un golpe a la autoestima, sino a la entrepierna. "Y es literal. A veces, al lado de Noya-san, siento que soy menos hombre. Como si no fuera capaz de proteger a nadie", reflexionó el as. Valía la pena tomar distancia de vez en vez.
- ¿Pasa algo, Asahi-san? Pareces molesto por algo- murmuró Kageyama, con preocupación.
- ¡Ah, no! No es nada. Sólo estaba pensando algunas cosas...
- Estoy seguro de que todo irá bien, sea lo que sea, Asahi-san. No le des tantas vueltas.
- Ojalá sea así.
Siguieron caminando en silencio por un rato. De pronto, Asahi tuvo la molesta sensación de que lo observaban fijamente. Se volteó: no había nadie detrás ni a los lados. Aunque podía ver que estaba a solas con Kageyama (se sonrojó al recordarlo), seguía sintiendo que dos ojos enormes le horadaban el cráneo.
- Asahi-san, en el próximo semáforo nos separamos, ¿verdad? ¡Me alegró mucho que me acompañaras! Aunque no hayamos podido conversar mucho...- comentó Tobio, sacándolo de sus ideas paranoides.
"¡ARGH! ¡Fui un estúpido! Me puse a pensar en tantas estupideces que no disfruté la caminata... Ahora quizás me encuentra un idiota", se lamentó el as. El semáforo se veía más y más cercano. Sabía que quería decirle algo a su acompañante, pero no sabía qué.
Sin pensar, levantó una mano y tocó una de las mejillas de Kageyama. Los ojos azul oscuro del moreno se abrieron al sentir el contacto.
- Yo... Me he sentido muy bien contigo. Realmente me gusta tu forma de ser actual, Kageyama. Y me gustaría conocerte más- murmuró.
El setter se mantuvo en silencio, aunque un ligero rubor tiñó su rostro.
- Lamento haber sido tan brusco, pero necesitaba decirlo- se disculpó el mayor, alejándose con torpeza. – Hasta mañana.
Mientras veía a Asahi caminar hacia su casa, Kageyama tocó levemente la mejilla que éste había acariciado.
No era la mano del sueño.
- Maldito Asahi-san- masculló Nishinoya, sentado en un pasaje a pocos metros del semáforo donde había ocurrido todo. Aunque no había escuchado nada, sabía que el as de Karasuno había quedado encantado con la nueva personalidad de Kageyama. "Es tan dulce, tan amable, tan parecido a él... y tan distinto a mí..."
Las lágrimas asomaron a sus ojos y las secó con rabia.
Sintió el ruido de una bicicleta a través de la calle principal. Hinata se estaba acercando a él, como si nada.
- No seas idiota, te verán- siseó, levantándose.
- Ya se han ido, Noya-san- respondió el colorín.
Luego de una pausa, el libero preguntó:
- ¿Me estabas siguiendo?
Hinata titubeó.
- Vi a Kageyama y a Asahi-san caminando juntos y decidí seguirlos. Luego, vi que ibas un poco más adelante que yo. Lo siento.
- No te disculpes. Eso debe hacerlo otra persona- respondió Nishinoya con acritud.
El número 10 nunca había visto a su compañero tan furioso. No quería saber cómo era este joven tan salvaje cuando se enojaba. Sintió pena por Asahi-san, pero más le preocupaba la integridad física de Kageyama.
- Este... ¿Noya-san?- el libero lo miró. Sus ojos enrojecidos daban miedo de verdad- Sólo quiero decirte que Kageyama no tiene la culpa. Está raro y eso fue por mi saque...
Yuu lo miró en silencio. Con su uniforme negro y su camiseta roja, parecía un cuervo con el pecho lleno de sangre.
- No importa, Shouyou. Nos vemos mañana.
Pasó por su lado y se alejó hacia su hogar. Hinata subió a su bicicleta y pedaleó hacia su casa. Todavía sentía las alarmas sonando en lo más profundo de su corazón.
Continuará.
(Y yo que quería hacer una comedia... :( )
