HYLLA.

Hylla doble baja, la reina inmortal de las amazonas, hija de Bellona y asesina dos veces de su antecesora Otrera sentía una emoción que hace varios siglos no sentía.

Miedo.

Sintió miedo de su alocado padre, sintió miedo de Barba Negra y sus piratas, sintió miedo te Otrera y sintió miedo del gigante Orión, pero ni todos esos miedos juntos se comparaban con el miedo que sentía ahora

Todo había comenzado como un día normal. Junto a sus compañeras analizaba datos de mercado y comercio para que las Amazonas controlarán por completo la economía total de Europa, lo que las llevaría un paso más cerca de dominar el mundo, pero en un instante todo se vino abajo.

Un hombre con casco, cola, tres ojos y vestido como motociclista entró a su almacén montado en una motocicleta. Ella sabia de vehículos dado que controlaba casi todas las fábricas de vehículos del mundo, pero la moto del sujeto era extraña.

Los escapes parecían estar hechos de piel, era alargada y parecía estar viva, pues en cuanto el sujeto se bajo de ella la moto seguía funcionando y parecía un león a punto de atacar a sus prezas.

Luego de que el hombre hubiera irrumpido en su almacén, 100 Amazonas, incluyéndose ella, se pusieron sus armaduras y tomaron sus lanzas y espadas y fueron a su encuentro.

Flashback:

-Sin duda alguna debes ser el hombre mas idiota o el mas valiente que ha existido en la Tierra si tienes las suficientes agallas como para irrumpir en mi casa- Dijo Hylla apuntando al extraño con su espada.

- No soy ningún idiota, simplemente soy alguien que tiene un propósito, y para lograr ese propósito el primer paso es aquí, en la guarida de las amazonas- Dijo él extraño.

-Parece que tienes valor, seria una pena no saber el nombre de tan valiente hombre a quien estoy a punto de asesinar, así que dime tu nombre y puede que te de una muerte más rápida e indolora.

- Mi nombre hace mucho lo abandoné, pero me puedes llamar Belcebú, y soy el campeón de Erebus y mensajero del Consejo Primordial.

Luego de esas palabras a Hylla se le heló la sangre y más de una amazona soltó un suspiro de terror.

- No importa quién seas ni a quien le lamas las botas, te destruiremos por irrumpir de manera tan descortés en nuestro hogar.

-Okay, pero antes de que empiece la matanza debo informarles que no mataré a ningún descendiente de mis patrones, pero la estirpe de Gea y Urano está condenada.

Después de esas palabras el hombre se abalanzó contra las amazonas.

En un principio las guerreras pensaron que iba a pelear con las manos desnudas, pero tarde se dieron cuenta que en las manos tenía cuchillas que funcionaban como garras, con las cuales empezó a degollar y apuñalar a las amazonas.

Las chicas lo intentaban rodear para apuñalarlo con las lanzas y espadas, pero el hombre era demasiado veloz, además de que también pateaba a las amazonas, y en las botas tenía unas cuchillas en extremo filosas.

Una de las amazonas trato de atacarlo por detrás , pero la cola se movió como látigo y la pobre amazona recibió un corte desde su hombro derecho a su cadera izquierda, partiéndola a la mitad y matándola en el acto.

Lo extraño era que el hombre dejaba noqueadas a algunas amazonas, Hylla reconoció que las que eran noqueadas o eran hijas o legados de dioses como Morfeo, Hypnos, Némesis, Eris y demás dioses parecidos. Se dio cuenta de que el hombre no mentía al decir que no mataría a ningún descendiente de sus maestros.

Después de que las cien amazonas fueran reducidas a diez Amazonas muy heridas y casi sin fuerzas, las amazonas de combate a largo alcance aparecieron.

Armadas con arcos, ballestas y flechas las amazonas empezaron a disparar, pero antes de que cualquier flecha le llegara al extraño, el sacó unas metralletas desde su espalda y su pierna derecha y empezó a disparar, cada una de las balas eran negras con anillos dorados. Cada una de las balas destruyó una flecha y luego siguió su rumbo hacia las amazonas que dispararon. La mayoría de ellas eran hijas o legados de Apolo, así que tenían una puntería innata, pero aún así ninguna dio en el blanco y ninguna sobrevivió.

-Dime Hylla, ¿Eso es todo lo que las futuras gobernadores del mundo pueden hacer?

-Maldito,sufrirás mil veces lo que le has hecho a mis hermanas.

Después de eso Hylla chasquea sus dedos y el suelo se empieza a dividir en dos. Dese abajo empiezan a surgir cientos de monstruos. Perros infernales, lestrigones, empusai, cíclopes, arpías, etc.

- Este es el pequeño ejército de las Amazonas, ante ti tienes a dos mil monstruos total y completamente bajo mi control.

- ¿Se supone que debo estar asustado?

-No, se supone que debes estar muerto.

Después de eso sucedió una de las cosas mas extrañas que Hylla ha visto en su vida. La moto se lanzó en contra de los monstruos. La motocicleta aplastó, envistió y golpeó a cada monstruo. En pocos minutos no había ninguno vivo.

Hylla estaba con la boca abierta al igual que el resto de las Amazonas, una máquina mató a dos mil monstruos en unos minutos.

Luego de la pelea, la moto empezó a ser cubierta por una sombra negra y al instante fue reparada de cualquier daño que hubiera sufrido en la pelea.

-Veo que les sorprendió lo que mi moto, Behemoth, puede hacer. Behemoth es la más fiel de todas las monturas, además de que solo yo la puedo domar.

-¿Do...donde conseguiste tal monstruosidad?- Dijo Hylla totalmente sorprendida.

-Mi maestro Erebus la creo con algo de ayuda de Lord Tártaro, ni siquiera Tifón puede crear tanta destrucción como Behemoth.

Después de eso Belcebú levantó la mano con la palma abierta. En su mano se empezó a crear una pequeña esfera de oscuridad que luego saltó de su mano y fue directamente en contra las amazonas.

Las pocas súbditas que quedaban de Hylla fueron atravesadas por esa esfera, justo en el pecho. Ahora sólo quedaba Hylla.

FIN DEL FLASHBACK.

No lo podía creer. El extraño había acabado con las Amazonas sin siquiera sudar.

Y lo peor, ahora ella estaba sola con ese demente.

No había nadie a quien pudiera recurrir.

La alarma para contactar al Campamento Olimpo o a las Cazadoras estaba en su oficina y estaba segura de que el extraño no le permitiría llegar hasta ahí. Ares, su patrono, estaba en el Olimpo en una junta de consejo Olímpico y era imposible contactarlo.

Su madre Bellona estaba en el Olimpo también y tampoco podría llamarla en búsqueda de ayuda.

Hylla lo sabía, estaba sola en esta batalla.

Hylla sabía que hoy moriría.

Pero moriría luchando, como una amazona, como una hija de una diosa de guerra, como una inmortal.

Como una semidiosa.

Hylla corrió en dirección de su enemigo, evitando pisar los cuerpos y la sangre de sus hermanas caídas.

Espada en mano iba a partir a ese desgraciado en dos.

Pero antes de que pudiera darle una estocada al hombre este agarro la muñeca del brazo en el cual Hylla sostenía la espada. Antes de que se diera cuenta la otra mano del extrapole sujetaba el cuello. El hombre había levantado a Hylla treinta centímetros por encima del suelo.

Después de eso el hombre formó una sarcástica sonrisa y empezó a hablar.

-¿No crees que es curioso?

Hylla no entendía la pregunta, así que se quedó callada. Esto hizo enfurecer al sujeto, el cual sujeto con aún más fuera a Hylla.

-Te hice una pregunta, sería de buena educación que respondieras.

Hylla temerosa de lo que este hombre podría hacerle, le contestó.

-¿Qué se supone que es curioso?

-Es curioso el hecho de que al parecer estoy destinado a destruir todos los lugares que consideres un hogar, bueno, al menos esta vez no hay piratas.

Las palabras del extraño le cayeron como agua helada. Solo otra persona había destruido su hogar usando piratas, y esa persona desapareció hace cinco siglos.

-¿Tú... Tú eres...?

Hylla no pudo continuar hablando por un repentino dolor que sintió en el vientre.

El extraño le había clavado sus garras en el vientre.

-Tranquila, no voy a matarte, aún tienes utilidad para mí, después de todo debes llevar un mensaje a ese estúpido campamento- dijo el extraño pasando delicadamente una de sus garras por la mejilla derecha de Hylla, dejando una herida sangrante a su paso.

-Te enviaré a ese patético Campamento Olimpo y les contaras lo que viste aquí. Aunque es probable que mueras o que quedes inconsciente antes de llegar ahí, pero podrían pedirle a un hijo de Hypnos que examine tus recuerdos y que ellos mismos vean lo que ha pasado aquí. No, creo que eso sería mejor.

Después de eso el extraño le dio un golpe a Hylla en la nuca, dejándola inconsciente. El extraño luego se fue adentrando al almacén de las amazonas hasta que encontró lo que buscaba.

El establo.

El establo contenía todo tipo de monturas y carruajes, desde caballos purasangre hasta pegasos y unicornios.

Pegasos, que lindo recuerdo.

Belcebú sacó de su establo a un Pegaso de color marrón con alas negras. Al instante el corcel empezó a patalear en contra del singular personaje que tenía enfrente.

-¡SILENCIO!- Dijo Belcebú y en ese instante el caballo se tranquilizó, como si entendiera lo je el hombre decía.

El hombre tomó una silla de montar y se la puso al Pegaso. Luego amarró a la inconsciente y sangrante Hylla a la silla.

-Llevaras a la semidiosa al campamento Olimpo para antes de mañana y más te vale que llegue viva, porque si ella muere antes de llegar sufrirás mil veces lo que han sufrido las protegidas de Ares hoy, ¿Entendido?

El caballo solo movió la cabeza en señal afirmativa.

-Okay, ya lárgate.

Después de eso el Pegaso emprendió el vuelo y salió del almacén por las puertas rotas que había dejado Belcebú al entrar.

Después de que el Pegaso se fue, Belcebú volvió al lugar en donde se había enfrentado a las amazonas.

Varios cuerpos estaban regados por el suelo, llenos de heridas sangrantes. Todas las amazonas habían perdido el brillo de vida de su mirada.

Estaban muertas. Él las había matado. Estaba un paso más cerca de su venganza y un paso más cerca de cumplir la tarea que le dieron sus maestros.

Además de los cadaveres, en el suelo había amazonas inconscientes. Todas descendientes de alguno de sus amos.

Belcebú chasqueó los dedos y de repente un vapor negro cubrió a las sobrevivientes.

Un segundo después el vapor se esfumó, al igual que las amazonas vivas.

-Espero que las Cazadoras me den aún más batalla que ustedes, montón de inútiles.

Después de eso la moto Behemoth se acercó a su amo.

-Buen trabajo mi amada Behemoth, hoy le hemos dado buenos sacrificios a nuestros maestros, pero aun faltan las cazadoras, así que debemos partir ya.

Y luego de esas palabras Belcebú se montó en su vehículo y apretó el acelerador.

Belcebú partió de la guarida de las Amazonas, dejando una estela de muerte a su paso.

Mientras conducía, susurró algo para sí mismo.

- Voy por ti, Cara de Piña