Capitulo 2 de 3.
Llevaba tres días en los que el trabajo se había convertido en un infierno.
Su mayor estrella, Kagome Higurashi, había faltado a cinco ruedas de prensa y la firma de dos contratos con lugares por donde pasaría en su gira. Los acuerdos debían cumplirse y ya no sabían que excusa inventarse. A ese paso, las compañías les denunciarían. Es decir, la chica llevaba dos días completamente encerrada en su hotel, después de que...
Cogió su coche, un lujoso Ferrari color negro y se dirigió a su casa, bueno, mas que "casa" aquello era una mansión. Al fin y al cabo, él era rico.
Aparco, dejando aquel coche al lado del Lange Rover. Y se dirigió a su habitación, los sirvientes, al verle con esa cara de tensión, se hacían a un lado y comenzaban a inclinarse.
Sesshômaru Tashio atravesó el pasillo principal y se iba a desviar a el que llevaba a su cuarto cuando, de repente, Rin salio de uno de los baños poco más adelante. El se paro en seco y ella lo miro.
La niña se quedo de piedra, pero Sesshômaru se horrorizo. Rin apenas llevaba un corto camisón muy deteriorado que se ataba con finas cuerdas en los lados, de manera que dejaba bastante a la vista su pequeña espalda, llena de cicatrices.
Ella echo a correr rápidamente a su cuarto y Sesshômaru, maldiciéndose entre dientes, la siguió. Apenas atravesó la puerta, se percato de que la niña estaba en la cama llorando.
-Rin.
Ella volteo a verla sorprendida. Parecía no poder creerse que él estuviera ahí, que la hubiera seguido. Un leve brillo de esperanza chispeo en sus ojos, pero se extinguió al momento siguiente.
-¿Si, padre?
-Muéstrame tu espalda.
Ella se asusto muchísimo y se cubrió con las mantas de su cama.
-No quiero, vete.
La niña no parecía en absoluto dispuesta a enseñarle nada, así que él espero pacientemente a que cediera. Se sentó en los límites de la cama y observo el cuarto de la pequeña.
Era demasiado sencillo. No había juguetes en ningún sitio, ni libros. Abrió los cajones y se encontró con tres o cuatro camisas y dos pantalones. De pronto, se fijo que a excepción de la ropa que había allí, en la habitación solo había un pequeño reproductor de cd, tres discos, un álbum de fotos y un póster colgado en la pared, un póster de...Kagome Higurashi.
Se aproximo a la mesita donde estaban el resto de "pertenencias" de la niña. Miro el álbum de fotos y descubrió que era una colección de recortes de la cantante. Luego, los tres discos eran; "Sengoku Jidai", "La flecha de la sacerdotisa" y "Joya Rota", los singels de Kagome.
-Rin, ¿de donde has sacado esto?
La niña contesto sin salir de las sabanas.
-Me lo regalo Kag...Una amiga.
-¿Te lo regalo Kagome? Rin, ¿no tienes nada más?
-No, mama siempre dijo que no valía la pena.
-Rin, sal de las sabanas.
-No quiero.
La niña seguía sin permitir que el la viera.
-Rin...¿Me odias?
-No...Eres mi papa.
Kagome tenía razón, era despreciable. Y su hija era... Recordo cuando nació, lo mucho que la quería, estaba con ella todo el tiempo. Solo se caso con Kagura por Rin. Pero después...La había ignorado totalmente desde los cuatro años, tras su divorcio con Kagura cuando ella tenía siete, se concentro en su negocio y Rin llevaba sola un año y no tenía nada.
Maldita sea, él era rico y su hija ¡No tenía nada! ¡Excepto un cuerpo pequeño y delicado lleno de cicatrices que eran culpa de él! ¡Y no le odiaba! Que idiota había sido.
-Rin...Perdóname. Perdóname por haberte dejado sola.
La pequeña no contesto. Sesshômaru tomo las sabanas y dejo al descubierto a una niña abrazada a si misma mientras lloraba. Y él por fin vio el "recuerdo de Kagura". La pequeña espalda de su hija estaba cubierta de cicatrices, todas cerradas, unas profundas y otras no tanto.
Él la cogió y la obligo a mirarlo.
--Rin...Lo siento.
-Yo...yo...
La pequeña se echo a llorar de nuevo, mientras que su padre la tomo en brazos y la estrecho contra el, para sentir como su diminuto corazón iba a cien por hora.
-¡Tenia miedo, papa! ¡Te llamaba, pero no venías! El suelo estaba rojo y yo...
Dios, a Sesshômaru se le partía el alma. Con todo lo que la quería y no le había echo el más mínimo caso y ella lo había pasado tan mal...
-Shh...Tranquila Rin, Ya no volverá a pasar, no volverá a pasar.
-Papa...papa...
Poco a poco, los parpados de la peque se iban cerrando. Sesshômaru tomo de nuevo las sabanas, se quito los zapatos y se metió con ella en la cama.
-¿Vas a dormir conmigo, papa?
-Si, hoy dormiré contigo, ¿quieres?
La carita de Rin, a pesar del sueño, brillo de la ilusión y la alegría mientras gritaba "¡Si!". Pronto se quedo profundamente dormida, en los brazos de su padre.
Mientras acariciaba la pequeña cabecita, algunas lágrimas rodaron por las mejillas del empresario. Tal vez por haber mantenido durante tanto tiempo sus emociones a raya, las sentía ahora tan fuertes. Y no solo lloraba por Rin.
Niaro
Kagome se levanto aquel día con muchos ánimos. Había tomado la decisión de ir a la Factoría. Desde allí, le habían dicho que podía estar un mes de vacaciones, y que retrasarían la gira tres meses.
Llevaba ya unas tres semanas sin pasarse por allí y, a pesar de estar de vacaciones, debía mantenerse informada de la "corriente musical". Le había pedido a Inu que le acompañase, pero este tenía dos entrevistas y no podía faltar.
Apenas llego, se puso a hablar con su manager, Bankotsu Hira, un muchacho del que se rumoreaba estaba saliendo con otro chico de la empresa llamado Jakotsu Shindo. Este le informo de que todo marchaba perfectamente, su singel seguía el primero en las listas nacionales, primero en las europeas y segundo en las norteamericanas.
Aquello era excelente. También le informaron que el presidente quería verla en su despacho, para lo cual Kagome tuvo que reunir la mayor confianza de su vida y eso solo para pulsar el botón que llevaba el ascensor al último piso.
Mientras el ascensor subía, el olor de la única mujer a parte de ella le llamo la atención y la observo disimuladamente. Llevaba un traje caro, un moño alto recogido con... ¿una pluma? Y estaba exageradamente maquillada, aunque debía admitir que era muy bella.
Lo raro fue, que cuando llegaron al penúltimo piso antes del jefe, ella no bajo. ¿Sería de alguna empresa importante?
Llegaron a la cumbre y lo primero que vio Kagome, fue a Rin. Vestía una camiseta nueva y unos vaqueros. Y parecía más feliz que nunca. Esta, al verla, grito de alegría y se dirigía hacia ella, cuando de pronto, se paro en seco y miro aterrorizada a la bella mujer que había junto a Kagome.
-Ma...mama...
-Hola, Rin, cariño, mama ha vuelto por ti.
La mujer miraba a la niña maliciosamente y en sus ojos había un claro destello de asco hacia la criatura. Rin echo a correr hacia el despacho de Sesshômaru, aterrorizada.
Abrió la puerta de golpe y sin avisar, lo cual alerto al empresario, que evoco sin poder evitarlo la imagen de una morena de mirada dulce gritándole que no tenía educación, aunque al ver a Rin en pleno ataque de pánico, dejo de un lado sus ensoñaciones y se preocupo por ella.
-Rin, ¿que pasa?
-Papa, ma...ma...ma...
-¿Rin?
-¡¡Mama esta fuera!!
-¡¿Que?!
Sesshômaru estaba dispuesto a echar a correr fuera del despacho, cuando Kagura entro por la puerta del mismo.
-Vaya, querido, cuanto tiempo.
Ninguno lo noto, pero Kagome se escabullo dentro del despacho poco antes de que la altiva Kagura cerrase la puerta de un portazo, dejando con un palmo de narices a todos los que trabajaban en la última planta.
Sesshômaru le echo una mirada de frialdad absoluta a la recién llegada, mientras Rin se agarraba a los pantalones de su padre por detrás.
No había vuelto a ver a su ex-esposa desde hacía un año, cuando se divorciaron y ella, a cambio de una interesante suma de dinero, juro no volver nunca más, dejando a Rin tras ella. Y ahora, tan de repente, la tenían allí.
-Kagura, ¿que haces aquí?
-Veras, mi querido Sesshômaru. Hay momentos en que una mujer desea satisfacer su vena maternal...
-Tu no puedes satisfacerla, por que careces de ella.
-Ummm...No seas malo, mira esto y veras...
La mujer le entrego una carta a Sesshômaru, certificada, aquello era...
-Esto es...
-Así es, una cita en los tribunales, por la custodia de Rin.
-¡¡Que?!
Sesshômaru estaba indignado, ¡Pero como se atrevía después de todo lo que había echo! No iba a entregarle a Rin, no ahora que apenas comenzaba a recompensarla por los años de abandono y soledad. No ahora que la quería más que nunca.
Esas tres semanas habían sido para Rin como un sueño. Su padre la apunto a un colegio y la había llevado a comprar ropa y material para el cole. Después, le compro un montón de películas y una TV de plasma, en la que habían estado viendo las películas por la noche, antes de irse a dormir.
Más tarde, la llevo al medico varias veces y comenzaron a aplicar sistemas de hierbas medicinales a sus cicatrices, que cada vez eran más pequeñas. Y por ultimo, habían estado hablando muchas veces, comían juntos, salían a pasear...Y la había llevado a su empresa, para que viera a Kagome.
¡Y ahora aparecía su madre y quería apartarla de su padre! ¡¿Por que?!
-Kagura, nos se como puedes tener la vergüenza de hacer esto, a ti Rin nunca te importo.
-Veras, querido, ando mal de fondos y si me quedara con Rin, tu deberías pasarme una asignación mensual.
Sesshômaru hacía enormes esfuerzos por controlarse y no golpear a Kagura. Jamás había golpeado a una mujer y no pensaba hacerlo, aunque Kagura sin duda lo merecía.
-Te hundiré en la miseria. No te vas a quedar con Rin, ningún tribunal en su sano juicio te la entregaría.
-Te equivocas, querido, yo tengo algo que tu no puedes darle a la chiquilla y por eso me la darán a mí.
-¿Si? ¿Y que es eso? Yo tengo todo cuanto pueda desear.
-Una familia. Estabilidad emocional, crecer en el ambiente adecuado.
-¡¿Que?!
-Lo que oyes, amor, estoy casada con un tipo llamado Naraku, y ambos creemos que tu dinero nos hará mucho bien.
Kagome, desde su escondite, que no era ningún escondite, simplemente se había quedado junto a la puerta y nadie le prestaba atención, pego un respingo. Naraku...El nombre del tipo que se acostaba con Kikyô, curiosa coincidencia...
-Maldita Kagura, no dejare que te la lleves.
Ella se dio la vuelta y comenzó a retirarse.
-Por supuesto que no, cariño, me la llevaré dentro de dos meses, cuando gane ese juicio. Besos.
Y se marcho dando un ligero portazo y dejando la sala impregnada de ese aroma dulzón a perfume caro.
Sesshômaru se sentó en el sillón, con los codos apoyados en la mesa y la cabeza hundida entre las manos. Rin parecía no reaccionar, hasta que se percato de que Kagome estaba allí y corrió a refugiarse en sus brazos, como si allí estuviese a salvo de cualquier peligro.
Kagome le devolvió el abrazo con mucha ternura.
Los pensamientos de Sesshômaru iban a toda velocidad. Kagura tenía razón, solo con aquellos atributos le podían conceder la custodia, en cuanto a las marcas de Rin, no servían de prueba, pues fueron echas hace mucho tiempo y no se denunciaron.
Kagura lo tenía contra las cuerdas, pero él no cedería. ¿Como diablos podía ganar ese juicio?
Levanto la cabeza para mirar a su hija y se encontró una escena que le paro el corazón. Rin se encontraba sonriendo, mientras Kagome le acariciaba el pelo y le decía palabras que infundaban tranquilidad. Sin duda alguna, la cantante era preciosa, tranquila y cariñosa. Y parecía querer mucho a Rin. Y había confesado amarle, aunque luego él no..."Se había comportado"
Se acerco a ella. Los ojos de la chica se abrieron un poco al ver que se aproximaba. Rin, se separo de ella y se fue a "buscar chocolatinas" en la maquinita que había en la planta.
Cuando la niña cerró la puerta tras ella, Sesshômaru se quedo unos minutos mirando en silencio a la cantante. Esta al principio lo soporto muy bien, pero al cabo de poco empezó a ponerse nerviosa y minutos más tarde estaba colorada.
-¡Quieres dejar de mirarme! ¡Me pones nerviosa!
Él solo sonrió. Después se levanto y se aproximo a ella todo lo que pudo, al punto de quedar a tres centímetros el uno del otro.
-Sesshômaru, ¿que pretendes...?
Sin poder continuar, la tomo por la cintura y la abrazo, hundiéndola en su fuerte pecho.
-Lo siento...
El sonrojo de Kagome iba en aumento.
-¿Qu...?
-Siento mucho lo que te hice la otra vez, tú venías preocupada por Rin y yo solo pensé en mí, lo siento. Tenías razón, me he comportado como un desgraciado.
Kagome no dijo nada, pero poso sus manos sobre el pecho de él y dejo caer suavemente la cabeza, de forma que quedaron allí, de pie, abrazados.
-Rin parece muy feliz, jefe.
-No me llames jefe. Cuando me di cuenta de lo que hacía, me jure que no volvería a ocurrir y ahora trato de recompensarla por todo el daño que le hice.
Ella cerró los ojos placidamente, para disfrutar más del momento, Sesshômaru la tenía en sus brazos, aquello lo había deseado más que cualquier otra cosa.
-¿Sabes? Estoy segura de que eres un buen padre.
-Te equivocas, soy el peor de los padres, pero voy a cambiar.
-Me alegro.
Él la miro de nuevo. Era tan dulce...Tan calida...Deseaba tenerla así para siempre.
-Kagome...
-¿Ummm?
-¿Me sigues queriendo?
-Si...
-¿Quieres casarte conmigo?
-Claro, yo...¡¡ ¿EHHHH?!
