Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la trama a Stephie Davis.
Sumary: Yo estaría completamente enloquecida por las pruebas de fútbol para entrar al equipo universitario, si no fuera por el nuevo estudiante, Edward, quién me está ayudando a practicar.
Capítulo 2
Dejó de driblar y con un movimiento rápido levantó un de los balones con su pie, luego la rebotó en la rodilla y tiró su pie hacia atrás para atrapar el balón con su talón, practicaba con una hackey sack (*) para jugadores de fútbol, y era bueno.
Hizo rebotar el balón con su muslo, dejándolo caer en su frente, lo cabeceó al aire para atraparlo de nuevo y luego volverlo a hacerlo, estiró los brazos para mantener el equilibrio, y movió rápidamente los pies para recuperarlo, está bien, el era realmente bueno y lo demostraba.
Típico chico, ¿por qué los chicos no podían ser sólo normales? Puse los ojos en blanco y empecé a alejarme, pero entonces vi que cabeceaba el balón hacia mí, reaccionando instintivamente, me volteé hacia él y bloqueé el balón con el pie.
Sonrió y me lanzó la segunda bola, se la devolví y la atrapó con su pie derecho, me pasó la bola con el empeine mientras caminaba.
—Buenas reacciones —dijo.
¿No hay comentarios sobre de mi pelo o mi aspecto? Eso solo de por sí era casi lo suficiente para perdonarlo por presumir sus movimientos con la Hackey Sack.
—Gracias — sonreí.
— ¿Y qué hay? —alzó las cejas, y noté sus ojos, marrón verdoso, Intensos, no como los de Emmett, que siempre cambiaban y me chequeaban. Este tipo simplemente esperaba una respuesta, cómo si realmente quisiera saber lo que tenía que decir.
Me relajé un poco. —Fútbol — cómo si algo más importara, ¿no? Él estaba practicando aquí, tal vez realmente entendía por qué yo estaba aquí.
Él asintió. —Yo también, soy Edward Cullen, acabo de transferirme aquí hace un par de semanas, ¿Tú eres...? —Le escurrían gotas de sudor a los lados de su rostro, no olía mal, solo tenía el olor a deportes, de atleta, era real, no como la colonia de Emmett o lo que sea que usara.
Me gustó, quiero decir, no me gustaba él, sino eso.
Simplemente me hacía sentir cómoda, así que sonreí. —Bella
El usó la punta del pie para sacar el balón que estaba debajo de mi pie y lo dejé. —Así que, ¿qué estás haciendo en la cancha a esta hora? —preguntó.
—Intento encontrar un lugar para practicar ¿y tú? — Comenzó nuevamente con la Hackey Sack, y esta vez me di cuenta que estaba prestándole más atención a la pelota que a mí, tal vez no estaba luciéndose, tal vez solo lo hacía porque le gustaba hacerlo.
Uh, Si yo pudiera hacer eso, probablemente también lo haría a menudo.
—Igual yo —dijo—. Necesito sacar a Alec Volturi del centro delantero, así que estoy haciendo un poco de práctica extra —balanceó la pelota de su rodilla derecha a la izquierda, luego a la derecha, luego a la izquierda de nuevo. — ¿Eres buena en esto?
—No puedo hacer eso —solté.
Sonrió, mostrando un hoyuelo, su mirada fija se posó brevemente en mí antes de volverse a concentrar en el balón. — ¿Es por eso que estas practicando? ¿Por qué eres terrible?
No pude evitar reírme. —No, no soy terrible. ¿Por qué? ¿Eres terrible?
—Nunca —atrapó la pelota y me miró—. ¿Te quedarás aquí más tiempo?
—Hasta que oscurezca — dije.
— ¿Quieres driblar o qué? — pregunto.
Un destello de nerviosismo se apoderó de mí, tragué saliva, de repente muy consciente de que era un chico ¿Este era su modo de coquetearme?
Sí, no estoy interesada. —Um, iba…iba a hacer algo por mi cuenta.‖
Se encogió de hombros. —Haz lo que quieras.
Entonces se dio la vuelta, dejó caer el balón, y dribleó lejos.
Al instante, sentí una punzada de arrepentimiento cuando lo vi maniobrar en los conos, había sido totalmente normal conmigo, y era mucho mejor que yo, hubiera sido genial driblar con él.
Genial, ya que esto me ayudaría en el juego, y es por eso que estaba aquí.
Me miró detenidamente por encima del hombro. — ¿Vienes?
Dudé.
— ¿Me tienes miedo? —se detuvo y comenzó a jugar con la Hackey Sack nuevamente.
Sonreí. —De ninguna manera.
—No te creo — se burlo.
Pensé en las chicas del universitario que estaban practicando a la vuelta de la esquina y en Rose y Alice con Emmett, dejándome atrás.
Esta clase de prácticas era exactamente lo que necesitaba, y él hasta no parecía darse cuenta de que yo era una chica.
— ¿Entonces? — pregunto.
Puedo manejarlo. —Está bien —Dejé caer mi balón en el campo, entonces, driblee hacia él. — Estoy dentro.
Me dedicó una sonrisa y luego giró hacia los conos. —Sígueme.
Cinco minutos más tarde, había puesto los conos en dos líneas, una tenía el doble de los conos que la otra, pero tenía el mismo sistema.
Señaló el que tenía más conos. —Esa es mi fila, comenzaremos al mismo tiempo, vamos y regresamos. El perdedor tiene que correr una vuelta.
Me tragué una queja sobre el hecho de que él tenía más conos que yo, si quería quedar en desventaja, se lo haría pagar. —Bien.
—Si derribas un cono, harás diez planchas — apunto.
Reí en silencio.
Mi adrenalina estaba alta. —Prepárate para correr una vuelta.
Se rió de vuelta. —Más te vale que ganes, tienes la mitad de conos que yo.
—Oh sí, lo haré — dije.
—Lo veremos entonces —tomó su balón y fue a la línea de partida que había establecido.
Me moví a su lado, mis músculos se relajaron y me concentré.
Le iba a ganar, los chicos no tomaban muy seriamente a las chicas en el campo de deportes y él iba a aprender que se había equivocado.
—Da la voz —dijo.
Asentí y tomé posición. —A sus marcas.
Él posó su mirada en los conos. —Listos.
Nos pusimos tensos. — ¡Ya!
Salí corriendo a través de los conos, escuchando su pesada respiración a mi lado. Aceleré más, decidida a dejarlo atrás, pero no desapareció.
¡Vamos, Bella!
Los conos pasaron borrosamente a mis pies, y llegué al final, giré alrededor del cono y regresé tan rápido como podía, aún sabiendo que él estaba ahí.
Mis cuádriceps gritaban, pero aceleré aún más a través de los últimos seis conos, dando un grito al cruzar la línea de meta.
Él ya estaba ahí, su pecho jadeaba y tenía una gran sonrisa en su rostro. —No está mal —dijo.
—Me ganaste. —Me incliné, tratando de recuperar el aliento.
Dio un entretenido resoplido. — Si te molesta, gáname la próxima vez.
—Oh, lo haré, sólo dame un segundo. —Estaba bastante segura de que nunca antes había corrido tan fuerte en mi vida y fue genial.
Él no me había subestimado, y me encantó.
Y tan pronto como la tierra dejara de girar, le patearía el trasero. Entonces, me acordé de chequear mis conos, todos estaban parados, pero dos de los suyos no lo estaban.
Le lancé una mirada a su fila y él le echó un vistazo, un destello de sorpresa cruzó su rostro, y sentí una sensación ufana de satisfacción.
Había estado tan concentrado en darme una paliza que lo había estropeado, tenía la sensación de que no lo había hecho tan mal. —Dame veinte planchas, chico grande.
—Todavía me debes una vuelta —se quejó, aun cuando se dejó caer al césped y comenzó a hacerlo. —Cuéntalas.
Por un segundo olvidé contar, mientras veía sus brazos flexionados con cada plancha. Sus tríceps brillaban de sudor y los músculos por debajo de su piel.
Me lanzó una mirada. —Seis —dijo.
—Está bien, lo siento. Estaba deleitándome con la victoria. —Entonces comprendí lo que había dicho—. Buen intento, Edward, van dos.
Rió entre dientes. —No tienes piedad. —Pero había un respeto en su voz que me hizo sentir bien.
—Como si fueras a dejarme saltar mi vuelta — dije.
Me alegré cuando gruñó su negativa. —No hay posibilidad.
—No lo pensé —Me senté de nuevo sobre mis talones y conté sus planchas, mientras trabajaba en una estrategia para mi segunda carrera a través de los conos.
Edward me presionaba, y yo lo desafiaba, y era increíble.
Él era intenso, divertido, y me tomaba en serio. Me trataba como si fuera uno de los chicos, y era el mejor sentimiento.
No era eso de chico/chica, solo sudor, deporte y competencia.
Exactamente lo que quería.
Una hora y media después, estaba tan oscuro que apenas podía ver el balón.
Pero no me importaba.
Tampoco a Edward.
Nunca había practicado con alguien que fuese tan intenso como yo, y eso me hizo intentarlo aún más.
Él incluso había establecido los ejercicios así que no importaba que fuera un mejor jugador, todavía trabajaba tan duro como yo.
Yo había hecho más vueltas que él, pero él había tenido que hacer tres y ambos hicimos tantos saltos que estaba bastante segura de que no sería capaz de levantar mi cepillo de dientes en el momento en que llegara a casa.
Incluso mis piernas temblaban, pero no estaba dispuesta a admitirlo, no con Edward tratándome como una verdadera atleta en vez de una bonita cabeza hueca o algo.
Lo miré mientras me acercaba para un pequeño uno a uno, me deslice por la izquierda y luego a la derecha, entonces tropecé.
Estaba demasiado oscuro para ver, grité cuando aterricé en la bola, el cuero me golpeó como una perforadora visceral.
Gemí y rodé sobre mi espalda, dejando que mis brazos cayeran a mis costados. — ¡Ay!
Edward se inclinó sobre mí. — ¿Estás bien?
—Sí —Luché para sentarme, no quería ser una cobarde, pero estaba tan cansada, todo lo que quería hacer era estirarme en la hierba.
— ¿Necesitas una mano? —me tendió la mano, y por un momento dudé.
¿Intentaba hacer un movimiento?
—Vamos, torpe. Levanta tu trasero — dijo.
Sonreí y agarré la mano extendida de Edward y lo dejé levantarme. —Gracias.
—No hay problema —pasó el balón de sus manos a su pie. — ¿Lo dejamos por esta noche?
No quería, pero sabía que estaba demasiado oscuro y estaba totalmente derrotada.
Suspiré. —Sí, creo que deberíamos.
— ¿No estás cansada? —recogió otra pelota y me la lanzó.
—No mucho. —Mentí—. ¿Y tú? —Apoyé la pelota en mi cadera y caminamos hacia el cobertizo del equipo.
Sólo nosotros. En la oscuridad. Sola. Con un chico.
Me aclaré la garganta y lo mire, pero estaba rebotando el balón en sus rodillas con cada paso.
Sacudí mi cabeza, como si tuviera de que preocuparme con él.
Era tan decidido como yo cuando se trataba de fútbol.
—No estoy cansado —dijo Edward, todavía no me estaba mirando — ¿Siempre te quedas hasta tarde? Nunca te he visto aquí antes.
—Realmente, es la primera vez. La entrenadora me dijo que estaba considerando trasladarme al universitario en dos semanas, así que decidí quedarme hasta tarde y hacer práctica adicional — admití.
— ¿De verdad? —cogió el balón y empezó a pasárselo de una mano a otra mientras caminaba. — Genial.
Sentí una oleada de orgullo en su tono, lo entendió. —Sí, estaría feliz de estar en el equipo universitario. Voy a practicar todos los días hasta que ella escoja—
Hombre, me encantaría practicar con Edward de nuevo, nunca había sido tan presionada como lo había estado esta noche, y me dio algunos buenos consejos.
Unas sesiones más con él, y sería mejor que Sara. Bueno, al menos, tan buena como ella.
Nos acercamos al edificio, el pequeño foco iluminaba su rostro, las sombras hacían ver sus pómulos prominentes y su mandíbula parecía ser realmente angulosa.
Tipo fuerte, de repente me sentí intimidada y comprendí que de ninguna manera le pediría practicar de nuevo.
Él estaba en el equipo de los chicos universitarios.
Un millón de veces mejor que yo, de ninguna manera iba a ser tan tonta como para invitarme a sus sesiones de práctica. —Así que, pues, gracias por esta noche. Fue… — ¿Qué fue? ¿Impresionante? ¿Tan duro como el infierno y la mejor noche de mi vida?—divertido.‖—Sí, Bella la estúpida.
—Sí, estuvo bien. Está bien tener un poco de competencia— Cogió el balón y me dio una mirada pensativa, sin revisarme, ni planear algo, sólo normal. — ¿Vendrás nuevamente aquí?
Lo miré, tratando de averiguar lo que estaba preguntando. —No me interpondré en tu camino.
Se rió suavemente. —Quiero decir, ¿quieres practicar otra vez? Me ayuda tener a alguien que me presione.
Oh, wow ¿Quería practicar otra vez? ¿Conmigo? Casi grité de entusiasmo y luego pensé en lo maníaca que era Rose alrededor de los chicos. No quería ser como ella, no quería hacer que de repente Edward empezara a pensar en mí como una chica, así que di un encogimiento de hombros casual. —Sí, estaría bien.
Abrió la puerta y la sostuvo para mí. — ¿A la misma hora, entonces?
—Perfecto para mí. —Me puse delante de él, y lancé el balón a la esquina.
Edward agregó el suyo al montón, y salimos.
Cerró la puerta, y nos dirigimos al gimnasio.
Estábamos a medio camino del gimnasio cuando Edward habló. —Así que, ¿por qué no estás en Pop's? Pensé que ahí es donde van todos después de la escuela.
—No todos. —Pensé en Rose y Alice sin mí, y fruncí el ceño.
Él asintió. —Sí, ya sé lo que quieres decir. Los chicos del equipo van ahí para ver a las chicas. Yo prefiero jugar al fútbol.
— ¿De verdad? — Mire fijamente su rostro para ver si se estaba burlando de mí, parecía totalmente serio, y mi corazón se disparó—. ¡Así es cómo me siento! Mis amigas sólo van a pasar el rato con los chicos, y todos actúan como estúpidos, así que prefiero estar por aquí.
Edward se rió de nuevo, un sonido bajo que recorrió mis huesos. —No pueden ser más estúpidos que mis compañeros de equipo, es como si perdieran sus cerebros alrededor de una chica.
— ¿Qué les pasa? —Fue un gran alivio hablar con alguien que pensaba igual que yo.
Llegué primera a la puerta del gimnasio y la abrí.
Él la alcanzó por encima de mi cabeza y agarró el borde. — ¿Quién sabe? No puedo imaginarme escogiendo una chica por encima de los deportes.
— ¡Sé lo que quieres decir! — Esquivé su brazo y cogí otra bocanada de su olor.
Olía a chico, con un trasfondo de jabón o algo así.
Me gustó. No es que me gustara… bien, bien, en cierto modo me gustó, ¿Y qué? Eso no quería decir que iba a convertirme en Rose.
Lo apreciaba como atleta, y como a un chico que me trataba como a un igual, Eso era.
Tomé otra rápida inhalada antes de que me moviera fuera del rango de olfateo—. Escogería el fútbol por encima del panorama de Pop's cualquier día.
—Te escucho —dejó la puerta cerrada—. Así que, ¿adivino que eso significa que te veré mañana?
Saqué mi flequillo sudoroso de mi cara y le sonreí. —Oh, no lo sé. Estoy pensando en podría ir a Pop's en su lugar…
Se rió. —Sí, claro —saltó los cuatro pasos que conducen al vestuario de los chicos, entonces me saludó—. Nos veremos por ahí, Bella. —Luego abrió la puerta de los vestuarios y desapareció.
Corrí hasta el fondo del pasillo, bailando con entusiasmo. No sólo tenía un compañero de entrenamiento, sino que él se sentía de la misma manera respecto a nuestros amigos y las citas.
Edward Cullen era justo como yo.
Olvidando Pop's, olvidando las citas. Con él, no tenía que preocuparme de ningún intimidante asunto sobre chicos/chicas. Podría incluso burlarme de eso y él no creería que era rara, además, iba seriamente a mejorar mi fútbol si seguía practicando con él, y eso era lo que realmente importaba.
Iba a llamar a mi padre esta noche para decirle sobre mi oportunidad en el universitario, y que estaba dedicando tiempo extra para practicar.
Empujé con la cadera la puerta del vestuario y la abrí, sintiéndome verdaderamente feliz por primera vez en meses.
Hackey Sack: Son pequeños balones rellenos. Son utilizadas para mejorar la flexibilidad y técnica en el juego de fútbol.
