Disclaimer: La trama es mía; los personajes no me pertenecen sino a nuestra querida Steph, excepto Edward, él es mío.
Pd: Si se acercan a él las mato... Se donde viven.
Un papá (casi) perfecto
Summary: Cuidado con lo que deseas, se puede hacer realidad. Él solo quería volver a verla, se pasó años pidiendo por esa oportunidad. Y cuando por fin se lo conceden, ella no está sola. Está con... ¿sus hijos? Ahora no solo tendrá que conquistar a la mujer de sus oraciones, sino también aprender a ser padre. ¿Podrá lograrlo?
Gracias enormes a Yanina Barboza por corregir y ayudarme con esta locura. Yan, eres como mi ángel personal, créeme.
Capítulo 2
POV Edward.
Esperen, esperen, rebobinemos todo, por favor. ¿Cómo que estos niños son de Bella? Serás estúpido, cabrón. ¿Acaso se casó? Edward, el niño es idéntico a ti. Y yo de estúpido emocionándome por encontrar a Bella de nuevo. ¡Imbécil, date cuenta! Este par es tuyo y de Bella, si hasta la niña tiene tus mismos ojos. Pero mi mamá dice que mis ojos son únicos. Pff, las madres mienten.
—¡Papi, por fin apareciste! ¿Terminaste de salvar el mundo? —me preguntó el niño con una gran sonrisa, achicando sus ojos. ¿Te das cuenta? Igual que tú.
—Serás menso, papá no es un superhéroe, el es un príncipe —exclamó la niña frunciendo el ceño y haciendo un puchero. Tú te enojabas de esa forma tan homosexual también.
—Emma, ¿qué te dije acerca de decir groserías? —le reprendió Bella a la niña. Se llama Emma… Como la actriz. Los niños se empezaron a separar de mis piernas.
—Lo siento, mamá, pero no tengo un dólar ahorita. —Emma se encogió de hombros.
—Me lo darás de tu mesada. —Bella entrecerró los ojos.
La rubia carraspeó para llamar la atención.
—Bells, creo que tienes que arreglar algo más importante primero —dijo levantando sus cejas y, disimuladamente, volteándose a verme.
—Edward —dijo Bella en voz baja—, ¿podríamos ir afuera y hablar? Tengo mucho que explicarte.
—Por supuesto. —Asentí en estado de shock aún y fui directo a la puerta sin esperar a que Bella me siguiera. Alguien me retuvo por la manga de mi chaqueta. Era el niño, del cual aún no sabía su nombre.
—Papi, ¿volverás con nosotros? —me preguntó.
No sé por qué, pero sentí un nudo asfixiándome la garganta. Marica.
—Sí, lo haré. —Asentí repetidamente antes de salir por la puerta.
Caminé un par de metros para ocultarme de la vista de los niños y me giré bruscamente para encarar a Bella. Ella estaba ahí, mordiéndose los labios y con mirada angustiada.
—Estoy esperando a que me des una gran excusa —le dije, levantando las cejas.
—No tenía tu número de celular —murmuró con la mirada gacha.
—Esa es la peor excusa que he escuchado, Isabella. Pensé que tenías más imaginación.
—¡No puedes culparme por no saberlo! —Ella levantó la mirada cabreada. Cuidado, las mujeres enojadas son las peores.
—Vamos al auto antes de que me enoje más, ahí hablaremos más tranquilos —le sugerí.
—No. —Ella negó con su cabeza muchas veces—. Me quedaré aquí donde la gente pueda ver e interrumpir si decides matarme. —La miré de forma incrédula y ella suspiró—. Sé que tengo merecido tu odio, te oculté a tus hijos, pero debes de creerme cuando te digo que te he buscado por años. Yo solo sé que te llamas Edward, y que eres de Chicago, que solo estabas en Queens por negocios. ¿Cómo iba a buscarte con tan solo esa información? Era imposible, pero lo intenté, créeme que lo hice. Viajé hasta Chicago para ver si te encontraba, pero era como buscar una aguja en un pajar. Después fui al hotel para buscar tu nombre y que la fecha coincidiera, pero me dijeron que los reportes los borraban cada mes, y yo fui tarde.
—Cullen —dije—. Mi apellido es Cullen.
—¿Es lo único que dirás? ¿En serio? —Me encogí de hombros—. Agh, sigues siendo igual de estúpido que antes. Yo estoy tratando de darte una respuesta concreta por todo lo que pasó, y tú solo me dices tu apellido. ¿Sabes qué? A mí tampoco me importa. —Ella se encogió de hombros falsamente.
—Entiendo por qué no pudiste decírmelo, pero lo que no entiendo y te pido que me expliques, es por qué huiste del hotel sin más.
—No tengo por qué explicarte eso.
—Por supuesto que sí —le presioné.
—No, tú y yo solo tenemos que hablar de los niños.
—Entonces hablemos —le reté.
—No tienes por qué hacerte cargo de ellos. Créeme, yo entenderé que no los quieres tener en tu vida. Te agradezco que hayas venido aquí por lo que sea, yo les prometí a ellos que te conocerían antes de que tuvieran los ocho años, pero en serio, si no quieres tener ninguna responsabilidad, por favor te pido que te marches y que nunca más vuelvas a aparecer. Ellos no merecen sufrir así… Y si sufren por tu culpa, yo me encargaré de cortarte las bolas. —Me miró amenazadoramente. Tragué fuerte.
—¿Acaso crees que puedo marcharme y no dar reversa? No me conoces, Bella.
—Exacto, por eso te lo digo. Porque no te conozco es que te doy la opción de que desaparezcas de aquí.
—No me iré —le dije dudoso. Se lo prometiste al niño, ¿recuerdas?—. Pero debes de darme tiempo para que lo asimile, no todos los días me encuentro a una mujer que desaparece de las camas y me dice que tengo dos hijos, que por cierto yo no sé…
—Ni te atrevas a decir que no son tuyos porque me largo y no los vuelves a ver jamás. —Me pinchó con su dedo índice en el pecho—. Y no desaparezco de las camas, imbécil.
—Oye, tranquila —le dije frunciendo el ceño—. Yo iba a decir que por cierto no sé los nombres de los niños. Aunque dudara que fueran míos, las pruebas los delatan.
—Sus nombres son Emma y Ethan —me dijo Bella—. Creo que hasta tú te das cuenta que son idénticos a ti… lamentablemente —eso último lo dijo tan bajo que hasta dudé que lo haya dicho.
Asentí.
—Lindos nombres —dije escuetamente.
Bella resopló.
—Mira, te daré mi número de celular para que me llames por si quieres o no darte la oportunidad de ser su padre.
—Ya te dije que sí.
Bella sacó un bloc de notas y una pluma para escribir.
—Te veo muy confundido, Edward. Llámame si quieres serlo, sino, ni siquiera te molestes, por favor. —Me entregó el papelito. Iba a darse media vuelta para regresar a su trabajo, pero se detuvo—. Ah, y no llames mañana que será tarde.
Me quedé parado en la acera alrededor de toda la gente que transitaba de un lugar a otro, mirando como la castaña de caderas grandes desaparecía por la multitud.
Me subí a mi auto y le mandé un mensaje a Emmett pidiéndole que por favor fuera para mi apartamento. En el camino a este, iba con la mente totalmente en blanco, ni siquiera tenía idea de qué iba a hacer. Si le decía a Bella que sí, tenía que decirle también adiós a mi soltería porque tendría que dedicarme a ellos por lo menos un 75% de mi tiempo, el resto se dividiría entre mi trabajo y los muy pocos amigos y familiares que tengo. Si le decía que no, tenía asegurado el odio total por parte de ella y los corazones rotos de esos niños… Tal vez también conseguiría algún hueso roto. Las madres solteras enojadas son aun peores que una mujer enojada. Exacto, mi conciencia tenía razón y yo apreciaba mi grata salud.
Llegué a mi dulce hogar y me tiré en el sofá para observar el techo blanco. Después de quince minutos, el timbre sonó. Le grité a Emmett que pasara y me vi sumergido dentro de la charla inmensa de mi amigo.
—Eres un cabrón, hombre, ¿cómo se te ocurre colgarme así como si nada? Y todavía me pides que venga a verte, jodido estúpido. Por cierto, traje comida china. —Eso era lo que me gustaba de Emmett: él no podía estar enojado contigo por más de un minuto. Puso los platos de comida en la mesita enfrente del sofá y se sentó en el otro sillón aparte del mío.
—Emmett, necesito decirte algo —murmuré, sentándome bien.
Él empezó a comer directo de la caja mientras yo pensaba cómo contarle lo sucedido.
—No te preocupes, siempre lo supe —dijo poniéndose de pie y yendo directo a mi cocina.
—¿En serio?
—Por supuesto, hombre —gritó desde dentro del refrigerador—. Pero como te dije, no te preocupes, no soy homofóbico ni nada por el estilo. —Él regresó con un par de cervezas y me entregó una, sentándose enseguida de mí—. En serio, siempre lo supe, me dabas demasiadas pistas, carajo. ¿Qué otro hombre además de ti se cuida tanto el cabello y las manos? Solo un gay haría eso, pero tú sabes disimular muy bien. Yo te quiero aunque te guste la banana.
—Emmett, ¡no soy gay! —le grité, empujándolo por el hombro—. Y no me cuido mi cabello, así es natural. —Hice un puchero. Qué masculino eres.
—¿Y las manos qué? —me preguntó.
—Solo me gustan que estén suavecitas para jugar al ginecólogo con una mujer —le expliqué.
Emmett frunció el ceño.
—Ningún macho alfa que se respete dice "suavecitas". —Se rio—. Y mucho menos decimos "jugar al ginecólogo", eso es para adolescentes. Nosotros decimos follar y ya.
—Como sea —le dije rodando los ojos.
—¿Qué era lo que en verdad querías decirme? —Emmett le dio un trago largo a su cerveza.
—Tengo dos hijos —dije. No pasaron ni dos segundos cuando sentí toda la cerveza escupida en mi rostro. Emmett y su maldita costumbre de tirar todo por la boca… Directo a mi rostro.
—¿¡Que!? —Abrió sus ojos desmesuradamente junto con su boca.
—Lo que oíste, estúpido sordo tirador de bebidas. —Me sequé el rostro con la manga de mi chaqueta. Agh, qué asco.
—¿Cómo es que tienes un hijo?
—Dos hijos —le corregí—. Y bueno, no sé si sepas eso de la reproducción sexual…
—Yo falté ese día al colegio, ¿recuerdas? —me preguntó.
A veces me preguntaba si la estupidez de Emmett era de verdad o solo estaba fingiendo. Le salía muy real al cabrón.
—Emm, no me interesan tus problemas educativos. En estos momentos no.
—Lo que yo quería decir es que cómo tienes dos hijos y yo nunca lo supe. —Dejó su cerveza sobre la mesita.
—No te preocupes, yo tampoco lo sabía. Hoy lo descubrí.
—¿Fue cuando me colgaste? ¿Quién es la mamá? ¿La viste dos veces y por eso tienes dos hijos? ¿O son de mamás diferentes?
—Una pregunta a la vez, por favor —le pedí—. Sí, fue cuando te colgué. La mamá es Bella, ¿la recuerdas? No, no la vi dos veces, ellos son mellizos.
—¿Bella? —preguntó Emmett— ,¿la castaña que tenía más caderas que pechos, de la que estuviste enamorado muchos años? ¿Esa Bella?
—Sí, esa misma Bella. Ahora sus pechos están proporcionales a sus caderas, y nunca estuve enamorada de ella —resoplé molesto. Era la misma discusión sin fin de siempre.
—Tal vez fue la maternidad que hizo crecer sus pechos… Tú sabes, la leche —dijo con una expresión intelectual. Quise reírme en su cara—. ¿Nunca estuviste enamorado de ella? Ja, yo era quien te sacaba ebrio de los bares y te escuchaba lamentarte porque ella se había ido. Por cierto, ¿te dijo por qué se fue?
—No, no lo dijo. Me dio su número de teléfono para que le llame por si quiero hacerme cargo de los niños, pero aún no sé qué hacer, por eso te llamé.
—¿Hablas en serio, Edward Cullen? —Emmett frunció su ceño—. Incluso si no fueran tus hijos, ¿no te harías cargo de ellos con tal de estar cerca de la mujer de tus sueños?
—¡Por supuesto que no! ¿Quién crees que soy? ¿Algún idiota desesperado o qué? Puedo conseguirme mujeres mucho más hermosas —le dije. Tú sabes que no, estás muy coladito por Bella. Cierra la puta boca. Ah, verdad.
—Pero ese no es el problema, Edward, y lo sabes.
—Por supuesto que lo sé —dije desesperado—. Es por eso que tú, como mi mejor amigo, debes de ayudarme.
—Pues yo pienso que deberías decirle a Bella que entrarás a la milicia y no puedes hacerte cargo de ellos. Quiero decir, si a Drake Parker le funcionó, ¿por qué a ti no?
—¿Quién mierda es Drake Parker? —le pregunté confundido—. ¿Sabes? No me importa. Tengo cosas mucho más importantes en las que pensar.
—La respuesta está en tu corazón, Edward. —Emmett puso su mano en mi hombro y le dio un apretón—. O en Jesucristo, como prefieras.
—Querido Jesús, ¿qué debo hacer? —pregunté viendo hacia arriba.
—No seas estúpido y llama a esa mujer —vociferó Emmett con una voz gruesa.
—Jesús, ¿por qué eres tan grosero? —me burlé.
—Porque hombres como tú entienden con malas palabras, cabrón.
—Siento que es mi responsabilidad como hombre hacerme cargo de ellos, debería convertirme en el padre de Elida y Ethan, mi madre me educó bien. Pero también aprecio mi jodida vida y sé que a partir de ahora tendré que estar con esos niños para siempre. No es que sea malo, pero no pueden culparme por no quererlos y así, yo no sabía de ellos.
—Para empezar, la niña no se llama Elida —dijo Emmett muy dentro de su papel de Dios.
—¿Cómo diablos puedes saber eso? —le pregunté frunciendo el ceño.
Él me dio un golpe en el brazo.
—No menciones a Satanás aquí, por favor —me reprendió—. Nadie en su sano juicio llamaría a una niña Elida.
—Bueno pues, como se llame. —Me encogí de hombros.
—Yo creo que estás siendo un tonto por cuestionarte esto y darle tantas vueltas al asunto. —Emm empezó a hablar normal—. ¿En serio te arriesgarías a decirles que no y olvidarte de ellos? ¿No aprovechar todos los años perdidos y estar juntos? ¿No tener una familia de verdad? ¿No poder estar con ellos en todos sus logros a partir de ahora? ¿Te perderás la oportunidad de correr a los pretendientes de tu hija cuando vengan a buscarla? ¿No le darás "la plática" a tu hijo? Serías el hombre más idiota en la faz de la Tierra por perder todo eso.
Era medianoche y yo aún seguía dándole vueltas a las palabras de Emmett. Sin pensarlo más, me estiré por el buró para tomar el celular y le mandé un mensaje a Bella.
Yo acepto.
Dos minutos después, recibí su contestación.
Te espero mañana en el ala izquierda de Central Park a las 11:00 a.m. Buenas noches.
*se esconde debajo de las cobijas* Sisi, ya se que no tengo perdón de Dios, tardé mucho sin actualizar, pero creo que las que escriben por aqui pueden comprender que cuando no hay imaginación pues las palabras no salen:c
No tengo idea de porque no había escrito este capítulo antes, ya lo tenía todo planeado, pero estoy un poco angustiada por LMIDSV y su final. El próximo capítulo es el ultimo y quiero que sea algo muy bonito pero que aun siga sin exagerar como en toda la historia que pasaba algo bien y algo mal tambien jaja Pensé en la muerte de un personaje, pero me dolerá mucho. Pensé también en que dos personajes hicieran las paces, pero eso es muy cliché y no va conmigo, so...
Espero que les haya gustado mucho este capítulo; me mata de risa Emmett y sus tontadas, esperen nomas a conocer a Alice y Rosalie mas a fondo jaja. ¿Qué opinan de la reacción de Edwad? No pueden culparlo, el no sabia nada jaja, pero las sabias palabras de Emm lo hicieron cambiar de opinion:´)
¿Y si dejan un review? Creo que se lo merece
Besos infinitos,
Lullaby SH
