CAPÍTULO 4 : mi amor es mi tortura

Severus alzó a Noa del suelo y la metió dentro de la casa. La recostó en el sofá del salón, sacó su negra varita y comenzó a murmurar el hechizo sanador para cerrar las heridas de Noa provocadas por el Sectumsempra.

Severus no había hecho más que comenzar cuando Lupin llegó a toda prisa interrumpiendo el silencio del salón:

¿Y Noa? ¿dónde está? -dijo Lupin un tanto acelerado- ¿Cómo se encuentra?

¡Ssh! -dijo Tonks para que guardar silencio- Severus está tratando de sanarla.

Severus estaba inclinado sobre lecho de Noa, se levantó lentamente y dijo con furia:

¿Quién le ha hecho esto? -su voz sonó aterradora.

No creo que eso importe ahora Severus, más bien ocúpate…

¿Quién? -insistió Severus.

Lucius Malfoy. Quería arrebatarle el anillo a Noa y como ésta estaba desarmada aprovechó y le lanzó un Sectumsempra.

Malfoy -murmuró Severus con gesto duro. "Maldita sea" se dijo Severus para sus adentros, "en mala hora le enseñe a Malfoy a usar el Sectumsempra".

Severus se agachó y siguió con sus hechizos sanadores, no podía resistirlo más, no soportaba ver a la única persona que le importaba postrada allí, debatiéndose entre la vida y la muerte.

Dumbledore -intervino Lupin- debemos irnos de aquí, este lugar ya no es seguro.

Sí, tienes razón -coincidió Dumbledore- Pero no podemos arriesgarnos a mover a Noa, podría empeorar.

No nos queda otra elección –concluyó Severus- deberíamos usar la red flu.

Está bien. Lupin y Tonks os quedáis conmigo -ordenó Dumbledore- Tú, Severus, lleva a Noa a tu casa y cuida de ella, me reuniré más tarde con vosotros, cuando halla curado las heridas a Tonks y Lupin.

¿Por qué con él? -Protestó Lupin enojado mirando a Dumbledore.

Porque soy el único que puede salvarla -contestó Severus fríamente- ¿Te parece esa razón suficiente?

Lupin se mordió la lengua para no discutir, pero no le agradaba nada dejar a Noa en compañía de Severus Snape.

Inmediatamente Severus se introdujo con Noa en la chimenea. Unas fogosas llamas verdes los envolvieron por completo y desaparecieron.

A los pocos minutos irrumpieron en la habitación Bellatrix y Lucius.

¿Cómo han encontrado éste lugar? -exclamó Tonks.

Jajaja -rió Bellatrix- Muy fácil, sólo había que seguir los rastros de sangre que había esparcidos por toda la calle.

Pues me temo… -la voz de Dumbledore surgió de detrás de ellos- … que ya no tenéis nada que hacer aquí. Lo que andáis buscando esta ya muy lejos de este lugar.

Malfoy se sobresaltó al escuchar aquella voz:

Dumbledore -murmuró. Se volvió muy lentamente y vio ante él al alto anciano. Su puso pálido al ver la dura mirada de Dumbledore. Sin esperar ni un segundo Malfoy giró sobre sí mismo y desapareció, no sin antes agarrar a Bellatrix por el brazo y llevársela con él.

Acto seguido, Dumbledore se dispuso a curar las heridas de Lupin y Tonks.

Mientras, Severus apareció en la chimenea de su casa con Noa en sus brazos. La llevó a su habitación y la recostó en su lecho. No asimilaba que ella estuviera en su cama, en esa cama donde había pasado tantas noches en soledad. Ahora la tenía allí, tan cerca. Sentía el impulso de besarla, de acariciarla, de poseerla en ese mismo instante. Ardía en deseo, en deseo de estrecharla en sus brazos y hacerle el amor hasta quedarse sin fuerzas. Pero no podía ser, él sabía que sentía un amor tan prohibido como tormentoso.

Mi amor, es mi tortura. –dijo Severus pensando en voz alta.

Tan absorto estaba en sus pensamientos que no se percató que algunas heridas de Noa estaban volviendo a sangrar. Inmediatamente se puso a sanarlas.

Se empleó a fondo y logró que las heridas sanaran sin cicatriz excepto una, la herida del vientre era muy grande y necesitaba más terapia, probablemente quedaría marca.

En ese momento, en casa de Noa, Dumbledore se disponía a ir a casa de Severus, pero cuando se estaba acercando a la chimenea, Lupin lo interrumpió:

Dumbledore, antes de que se marchara quisiera comentarle algo que me parece un tanto extraño.

Dime Lupin, ¿de qué se trata?

Pues verá, cuando Noa se puso el anillo en la casa de Sorvolo, éste comenzó a despedir un resplandor verdoso. Lo que me pareció tan extraño fue que ése mismo resplandor emanaba también de la gargantilla de Griffindor que Noa llevaba en su cuello.

Hum, sí, es algo sumamente extraño -dijo Dumbledore pensativo entornando los ojos- Esa gargantilla debe encerrar algún secreto, quizá más adelante sabremos de qué se trata. Pero por ahora será mejor que no le demos mayor importancia.

Seguidamente Dumbledore se despidió de Tonks y Lupin y se marchó por la chimenea hacia la casa de Severus. Una vez allí, Dumbledore subió hasta la habitación de Severus:

¿Cómo se encuentra Severus?

Se pondrá bien. Pero hay una herida que no se cura bien. A partir de aquí debemos dejar trabajar a la naturaleza -dijo Severus- A propósito, ¿qué hacemos con el anillo?, yo aún no se lo he quitado por temor a que tuviera una mala reacción.

No creo que suceda nada -contestó Dumbledore- Trae, yo mismo se lo quitaré.

Dumbledore le quitó el anillo y se lo metió en el bolsillo y añadió:

Éste anillo aún tiene encerrada el alma de Voldemort y tarde o temprano hallaré el modo de destruirla.

Otro asunto que quería consultarle; dentro de unas semanas comenzarán el nuevo curso en Howarts (el tercero para Harry) y yo deberé mudarme cuanto antes al castillo para preparar mis clases, ¿qué hacemos con Noa para ese entonces?

Creo que lo mejor será que ella se vaya contigo, la instalaremos en un cuarto junto al tuyo, allá en las mazmorras, así podrás vigilarla mejor.

¿No cree que se opondrá?

No lo creo -contestó Dumbledore- en parte porque le agradará estar cerca de su sobrino Harry.

Severus puso cara de fastidio al oír ese nombre.

Muy bien Severus, he de irme, mantenme informado de cualquier novedad. –Dumbledore se dio media vuelta, se disponía a salir por la puerta cuando dijo: ¡Cuida de ella Severus! Te la encargo mucho.

No se preocupe. –dijo Severus y una pícara sonrisa se dibujó en sus labios, sabiendo que Dumbledore no podía verlo porque estaba de espaldas.

Acto seguido Dumbledore se fue.

Severus volvió su mirada hacia la cama donde Noa descansaba. Se sentó a su lado y le cogió la mano. Era tan hermosa, tan atractiva, tenía un rostro muy dulce cuando dormía. Parecía que los años no habían pasado por ella. Sus dorados cabellos se enroscaban lánguidos sobre la almohada. "¿Se habrá sentido tan sola como yo durante todos estos años?" Se decía Severus mientras acariciaba inconcientemente la mano de Noa. En ese momento la joven comenzó a despertar. Abrió lentamente los ojos. La primera imagen que vio ante sí fue la silueta borrosa de Severus. Poco a poco puedo ver con mayor nitidez de quien se trataba.

Cuánto tiempo ¿eh Noa?, dichosos los ojos -dijo Severus con rostro impasible- ¿Cómo te encuentras?

Severus, eres tú, no era ningún sueño -dijo Noa tratando de incorporarse pero una punzada de dolor en el vientre se lo impidió.

No te levantes o tu herida volverá a sangrar. Has estado muy grave ¿sabes?

A propósito, ¿Dónde estoy? ¿y Lupin?¿Y Tonks? ¿Y Dumbledore? -dijo alterada la chica.

Cálmate. Estas en mi casa, por orden de Dumbledore. Hace poco que se ha marchado y se ha llevado el anillo. Lupin y Tonks se encuentran bien, el mismo Dumbledore les curó.

Pero no lo entiendo. ¿Porqué tengo que quedarme contigo?, precisamente contigo.

Verás, no se si me corresponde a mí contártelo, pero Dumbledore te ha prohibido que sigas con la búsqueda de Horrocruxes y para ello te ha dejado a mi cargo. Solo te pido que no me culpes, no ha sido idea mía. Cuando Dumbledore regrese, si tienes algo que objetar habla con él.

¿Pero porqué? ¿Acaso no hago bien mi trabajo?

No es eso, es simplemente que Dumbledore se preocupa por ti, no quiere que te suceda nada mal y te ha concedido unas vacaciones. Según él, tus reacciones a hacia las maldiciones de los Horrocruxes cada vez son más violentas y peligrosas.

Bueno, supongo que no vendrá mal descansar una temporada. –dijo Noa con resignación.- Me gustaría levantarme, quiere tomar un poco de aire, me siento un poco mareada.

Esta bien -dijo Severus- Te ayudo.

Severus se inclinó y le pasó a Noa una mano por la cintura y ésta le paso le pasó a Severus el brazo por el hombro para poder sujetarse.

Así, entrelazados, Severus condujo a Noa con cuidado hacia el balcón de su habitación. Corrió las cortinas y la brisa matutina recorrió la habitación.

Noa se asomó al balcón, que daba a la parte trasera de la casa. Había un gran jardín y un gran estanque de agua cristalina.

Es precioso -exclamó Noa asombrada.

¿Te gusta? -dijo Severus. Todavía seguían entrelazados.- En este jardín tengo todas las plantas que se puedan necesitar para preparar cualquier tipo de poción.

Es magnífico -Noa no salía de su asombro.

Se hizo un profundo silencio, solo se escuchaba el arrullo de los pájaros hasta que Severus lo interrumpió:

Dime Noa -dijo Severus susurrándole al oído- ¿has pensado en mí alguna vez durante todo este tiempo?

Severus había vuelto a Noa hacia el y le sujetaba el mentón para obligarla a mirarlo a los ojos:

Yo no he dejado de pensar en ti ni un instante.

Severus, ya no hay tiempo para el pasado. –dijo Noa poniendo sus manos sobre el pecho de Severus para tratar de apartarlo. No pensaba reconocer lo mucho que lo había añorado, lo mucho que se había arrepentido de haber hecho caso a su hermano y casarse con Sirius.

Siempre habrá tiempo para el pasado si todavía sentimos lo mismo. –dijo Severus acercándose aún más.

A Noa se le aceleró la respiración, su corazón latía con fuerza, tanto, que comenzó a temblar. Sentía que un caballo desbocado galopaba en su interior. Un calor intenso la invadía.

¿Qué te sucede Noa? Estas temblando.

Esto… …nada… …es solo que tu cercanía me inquieta. –dijo Noa sofocada. Se puso roja y agachó la cabeza.

Eso significa que no te soy tan indiferente al fin y al cabo. –Severus esbozó media sonrisa. Se estaba acercando lentamente al rostro de la muchacha. Con una mano la agarraba firmemente de la cintura y con la otra le sostenía el mentón

Severus… …no debemos, esto no… …no es correc…

Pero Noa un pudo acabar su frase. Severus se acercó y la besó en los labios. Fue un beso tímido, ella trató de rechazarlo, pero comenzó a sentir un león rugiendo en sus entrañas, un fuego ardiendo en su interior. Sus piernas comenzaron a flaquear, creía que estaba a punto de desmayar. Su mente lo rechazaba pero su cuerpo lo deseaba.

Poco a poco lo que había comenzado como un beso inocente, se convirtió en algo apasionado y lujurioso.

Noa ya no lo rechazó, entrelazó sus brazos al cuello de Severus. Este la agarraba firmemente de la cintura y el cuello. Lentamente comenzó a conducirla hacia la cama, tenía muy claras sus intenciones, quería poseerla.

Pero Noa se percató de lo que pretendía, se apartó de él con un esfuerzo sobrehumano y gritó furiosa:

¿Qué pretendías, eh?

Solo lo que tú me estabas permitiendo hacer -dijo Severus con una sonrisa burlona.

Maldito seas, cuando Dumbledore regrese le contaré todo. –gritó Noa, giró sobre sus talones y salió de la habitación dando un portazo.

Cuando Dumbledore regrese ya no querrás marcharte de aquí -murmuró Severus con una pícara sonrisa en sus labios. Se había quedado solo en la habitación.