Bueno, vuelvo de nuevo con el capítulo dos de este long fic que no sé donde me va a llevar, la verdad. El lunes empiezo de nuevo el instituto, pero juro que subiré cada semana mínimo un capítulo , porque si no se va a quedar esto más abandoando... Lo que digo siempre: espero que lo disfrutéis.
Aclaro:Todo lo que podáis reconocer es obra de la gran J.K. Rowling.
Capítulo dos
Más decidida de lo que había estado nunca, Hermione se levantó, miró a la señora Weasley para darle a entender lo que pretendía hacer y la mujer le sonrió, asintiendo con la cabeza, como si se conocieran tanto que no les hacían falta las palabras, algo que en realidad era así, aunque ellas aún no se habían dado cuenta de lo unidas que estaban.
-Tenemos que hablar –la voz de Hermione no sonó temblorosa, ni fría como cuando se enfadaba con él por cualquier tontería. Era una voz segura.
Ron se la quedó mirando un poco perplejo. Dirigió su mirada de la castaña a su madre, de su madre a la castaña, con cierto nerviosismo difícil de disimular dibujado en su rostro. Su madre y Hermione habían estado hablando, eso era algo obvio para él, que las conocía desde hacía tantos años. Y sinceramente, a Ron le preocupaba lo que Hermione le podía haber contado a su madre. No le importaba que supiera lo del beso, es más, toda la familia ya lo sabía y también sabía que eran momentos tensos lo que se vivía entre ellos esos días. A Ron le preocupaba que su madre supiera que abandonó a Hermione y a Harry en la búsqueda de los Horrocruxes. Ya era un pensamiento que le traía malos recuerdos, algo de lo que se arrepentía, y no le apetecía nada que su madre se lo recordara.
-Está bien, hablemos –intentó sonar seguro, pero había algo en su voz que le traicionó. El pequeño temblor, quizás. Ese que sólo había notado Hermione y que sabía que estaba ahí siempre que Ron tenía que enfrentarse con lo que más miedo da en esta vida, a parte de las arañas: la verdad.
La señora Weasley hizo ademán de levantarse para dejar a los dos chicos solos, pero Hermione se lo impidió diciendo:
-No, no se moleste. Mejor iremos fuera, así damos una vuelta.
Dicho esto, emprendieron camino hacia el jardín. El sol ya había salido, pero aún hacia frío, ese que sólo está en las madrugadas. Hermione se abrazó a sí misma para protegerse de las bajas temperaturas y Ron la observó, dudoso de empezar o no la conversación. Él quería, pero después de todo seguía siendo el orgulloso Ronald Weasley, y como no le apetecía mostrar ningún signo de debilidad, aunque Hermione bien sabía que Ron lo estaba pasando muy mal, cosa por lo que no era débil, ni mucho menos, Ron decidió estarse callado, esperando a que la castaña dijera algo. Como no dejaba de abrazarse, no pudo soportar más el hecho de que estuviera pasando frío y se quitó su chaqueta para ofrecérsela a ella.
-Toma, tú la necesitas más que yo.
Hermione la rechazó con una tierna sonrisa, diciéndole que no era justo que porque ella tuviera frío él tuviera que congelarse.
-Insisto.
-Gracias.
Y cuando se la puso estuvo agradecida de verdad, pero le sentó mal que ahora fuera él el que tubiera frío. No sabía muy bien por qué había dicho de ir fuera, seguramente quería intimidad con él y además, no quería causarle molestias a la señora Weasley.
-Bueno, te he traído aquí para hablar y hablaremos, aunque entiendo perfectamente que no quieras hablar pero me gustaría aclarar las cosas.
-Lo cierto es que yo también quiero hablar –respiró profundamente y continuó-. No dejo de pensar en… Bueno, ya sabes, el beso… Y lo cierto es que me estaba preguntando si… Bueno, si me besaste sólo porque fue un impulso o yo que sé que fue –la verdad es que Ron se preguntaba por qué le había besado, cosa que aún no entendía, ya que para él que Hermione le besara había sido el mayor regalo de su vida, algo que esperaba desde no sabía ya cuanto tiempo.
Hermione no se pensó mucho la respuesta.
-No fue un impulso, no sé lo que fue. Lo único que sé es que quería hacer eso desde no sé cuanto tiempo, y que lo hice por fin, en medio de una guerra pero lo hice –le miró a los ojos, sin miedo a decirle la verdad porque ya no le importaba mucho lo que pudiera pensar. Había llegado hasta ese punto, se lo iba a confesar-. Lo cierto es que te diría que lo siento, pero no es el caso. No me arrepiento en absoluto y lo volvería a hacer si pudiera.
Mierda, pensó Ron. Se le había vuelto a adelantar. Él quería haber dado el primer paso: en el baile de Navidad, quería haberla invitado a salir y no lo hizo; en la boda de Bill y Fleur tendría que haberle dicho lo que sentía, haberla besado por lo menos. Se arrepentía, ese día estaba increíblemente guapa… Como ahora, como siempre.
Y no supo que más decirle, se quedó en blanco, igual que todas esas veces en las que tendría que haber sido caballeroso con ella, haberle dicho lo guapa que estaba y no lo hizo. Callado, con la vista fija en un solo lugar: sus ojos. No le costó mucho hacer lo que hizo, quería hacerlo. Y con todo el valor del mundo se acercó a ella, acortando la distancia que les separaba. Puso las manos en sus mejillas, sintiendo el calor que desprendían y la besó. Lo que más necesitaba en ese momento, sus labios cálidos.
No fue un beso inesperado como el de la guerra, que les había cogido a los dos por sorpresa. Ese beso fue deseado, con ganas de devorarse y que no quedara nada más que ellos, un momento inolvidable que marcó sus vidas para siempre. Y cuando los dos ganaron la batalla, porque ya habían dicho con eso lo mucho que se amaban, se separaron. Era el momento de las formalidades, de decir lo que dicen los enamorados antes de empezar a salir.
-Yo tampoco me arrepiento, y ya viste que lo volví a hacer… Y lo volvería a hacer pero...
Ron habló con tono serio, cosa que hizo que Hermione se preocupara pensando que el beso no había significado tanto para él como lo había significado para ella.
-¿Pero qué?
-Pero quiero que la próxima vez que te bese sea siendo tu novio, oficialmente.
Hermione rió. Que tierno podía llegar a ser Ron. Ron… El idiota que tenía sucia la nariz la primera vez que le vio, aquel al que no aguantaba hasta que un trol estuvo apunto de matarla y él la salvó. Ese por chico por el que había sufrido tanto, tantas noches en vela pensando en la pelea a la hora de comer y en lo que le diría al día siguiente. Y ahora estaba ahí, a un sí de tener lo que quería desde hacía no sabía ya ni cuanto tiempo.
-Oye, sí te lo quieres pensar no hay prisa, tranquila. –Era Ron, que hablaba para quitarle tensión a la pregunta que le acababa de hacer.
-¿De verdad crees que me pensaría la respuesta a esa pregunta, Ronald Weasley? Eres un bobo.
Ron puso cara de niño bobo enamorado, todavía sin una respuesta a su pregunta.
-Oh, quita esa cara, ¿quieres? –Hermione rió- Sabes perfectamente que te voy a decir que sí, que sí quiero ser tu novia. Te cuesta pillar las señales. ¿Nunca has notado que te amo?
Estallaron los dos a carcajadas. Pensándolo bien, Ron había notado ciertas cosas que le hacían intuir que Hermione sentía algo más que amistad, aunque supuso que solo sería imaginaciones suyas. Por ejemplo, cuando Hermione le dijo eso de que 'la próxima vez que haya un baile pídemelo antes de que lo haga otro y no como último recurso'. Lo cierto es que Hermione había notado que estaba muerto de celos, aunque eso era una cosa que nunca se había dignado a reconocer. Después se acordaba de la vez esa en la que Hermione le había sugerido ir juntos a la fiesta de Navidad de Slughorn, aunque al final no fueron ya que él cometió el tonto error de meter la lengua dentro de la boca de Lavender. Y había más, muchos más. Cosas que dijo, cosas que hizo, que le hicieron presentir algo más que una amistad. Pero Hermione, ¿se habría dado cuenta de las señales de Ron?
-Hermione, ¿tú sabías que yo te quería?
La castaña no se esperaba esa pregunta y le miró sorprendida.
-Bueno, las chicas de mi habitación siempre me decían que estaba loca por ti y tú por mi pero… Nunca me lo planteé hasta que no me di cuenta que de verdad te quería.
-¿Y cuando te diste cuenta? –Ron no podía parar de sonreír. Esa conversación le ponía feliz, ya que sabía que Hermione era suya y que se amaban, y le hacía gracia descubrir cosas que nunca imaginó saber.
-Cuando… Cuando Dumbledore dijo que habría un baile en Navidad, en cuarto curso. Lo supe porque deseaba haber ido contigo.
Un recuerdo para Ron que le hacía querer desgarrarse el pecho para arrancarse el corazón.
-Supongo que no lo pasaste tan mal, ya que después te besaste con Vicky. No tendrías tantas ganas de ir conmigo cuando acabaste con él –le recordó el otro.
Hermione parecía muy ofendida. ¿Cómo era posible que le hablase así cuando iban a ir juntos a la cena y le encontró con la lengua dentro de la boca de Lavender?
-Tú… ¡Te atreves a restregármelo por la cara! ¿No te da vergüenza? Después de todo lo de Lavender…
Primera pelea como novios.
-¡No! Hermione, espera.
La castaña había echado a correr por el jardín de la Madriguera, dispuesta a meterse en la casa, pero Ron la atrapó antes de que abriera la puerta, la rodeo por detrás con los brazos y le susurró al oído:
-Lo siento… Lo siento por todo el daño que te he podido hacer, por haber discutido tantas veces contigo y… Joder, me siento fatal, Hermione. No te merezco.
-En tú vida vuelvas a decir eso, Ronald –dijo para después juntar sus labios con los de él.
Este me ha quedado un poquito más largo que el otro:3
REVIEWS!
