CAPITULO 2

Llegué a la cafetería y allí estaban Rose y Alice, perfectas como siempre, y eso que íbamos luego a arreglarnos!

Bella, por fin llegas – dijo Rose mientras me abrazaba.

Qué, pensabas que no llegaría eh?

Bellita! – gritó Alice saltando encima mío.

Hola enana.

¿Qué te ha pasado? ¿estás toda manchada? – dijo Alice

Ah, esto. Iba pensando en mis cosas, ya sabes, tengo costumbre de abstraerme, y me he chocado con un chico, con la mala suerte de que me he caído de culo y su café me ha caído encima!

Oh Bella – y empezaron a reírse las 2 al mismo tiempo – siempre te pasan estas cosas – dijo Rose.

No tiene gracia, mirad mi camiseta, es la que compramos las 3 en nuestro viaje a España! – estaba empezando a hacer un puchero.

Vaya, que pena, te encanta esa camiseta, además te queda muy bien.

Venga Alice, anímame un poco más – le dije poniendo mala cara

No te enfades, seguro que se quita, luego pasamos por la tintorería y ya está – dijo quitando hierro al asunto

Bueno, por lo menos el café huele genial. Es de Tony's y dicen que sirve el mejor café de la ciudad.

¿De donde? ¿y quien te ha dicho eso? – saltó Rosalie con cara extrañada – sabes perfectamente que el mejor café es el de esta cafetería, por que te crees que venimos siempre!

Pues el chico con el que me choqué dice que es el mejor y que él siempre que puede se escapa hasta allí, y por lo visto no le debe quedar muy cerca – entonces me acordé se sus ojos y de su sonrisa y se me quedó cara de boba.

Bella, ¿por qué pones esa cara? – me dijo Rose con una sonrisa – ¿es que acaso era guapo?

Bueno, no, normal, aunque tenía una sonrisa muy bonita, y cuando se quitó las gafas, vaya ojos, de un color verde intenso.

Ah, vale, y eso no es ser guapo no? Venga Bells, que te conocemos – dijo Alice mirándome fijamente – y cuando pones esa cara es porque te ha gustado, a qué sí – y empezó a dar saltitos en su asiento - ¿Cuánto hace que no sales con nadie? Ya es hora de que te eches novio ¿Cómo se llama? ¿vais a quedar?

Alice para! No, no voy a quedar con él, ni siquiera sé cómo se llama por Dios, sólo hemos hablado 5 minutos, y sólo porque me he chocado con él.

Pero tenías que haber aprovechado – siguió diciendo – venga Bella seguro que echas de menos un poco de emoción. ¿Hace cuanto que no te lías con ninguno, desde Jacob verdad? – y se puso a contar mentalmente.

No me lo nombres, por favor, no quiero volver a oír su nombre – le dije poniendo cara de pocos amigos.

Sí Alice, no queremos volver a oír el nombre de ese pulgoso – dijo Rose sacando la lengua con cara de asco.

Jacob había sido mi pareja durante los últimos 3 años, pero resultó no ser como yo pensaba. Al principio todo iba genial, le conocí el último año de universidad. El era el típico chico algo macarra, alto moreno, y muy guapo. Tenía a la mayoría de chicas locas por él, pero la verdad es que no salía seriamente con ninguna.

Nos habíamos visto muchas veces por la universidad, pero nunca habíamos hablado. Un día salí de fiesta con Alice y Rose, estábamos bailando en un bar y apareció él de repente y me sonrió, me dijo que era Jacob y que me había visto muchas veces. Me quedé impresionada, me deslumbró que alguien con tanto carisma y con tantas posibilidades quisiera conocerme a mí. Y así empezamos a quedar, cada vez más, hasta que empecé a sentirme dependiente de él. Me hacía sentir importante.

Pero siempre era lo que Jacob quería, y al principio lo discutía, pero al final dejé de hacerlo y simplemente me amoldaba a sus gustos, a lo que a él le apetecía. Sin contar que siempre andaba rodeado de chicas, y aunque no me fue infiel, eso me molestaba porque les daba juego, las dejaba pensar que tenían posibilidades.

Rose estaba furiosa, no entendía por qué me dejaba anular. Y Alice, bueno, ella no era tan directa como Rosalie, pero intentaba hacerme ver que mi opinión también contaba.

Fue duro darme cuenta que eso no era lo que yo quería. Y cuando él empezó a trabajar y ya no tenía tanto tiempo para mí, empecé otra vez a hacer todos mis planes, a ver que realmente no dependía de él y que no pasaba nada por estar sola. Y entonces poco a poco dejé de sentir esa atracción insustancial que me había cegado.

Y un buen día, sin más, me di cuenta que ya no le quería, que no era buena persona. Me armé de valor y le dejé. Entonces fue cuando él me suplicó que no lo hiciera, que cambiaría, que lo haría. Pero ya no me interesaba. Y la verdad es que lo intentó. Me llamaba y me proponía planes, ir al cine, a cenar, a cualquier sitio, cuando antes siempre quería estar metido en su casa, viendo pelis y pidiendo lcomida para llevar. Pero ya no me interesaba.

Un día insistió en quedar para tomar una cerveza, y acepté. Quería quedar como amigos, al fin y al cabo habíamos estado juntos casi 3 años. Todo iba bien hasta que empezó a acercarse, arrimarse e intentar besarme. Y claro está que le dije que no. Y entonces saltó como un loco, que si era una falsa, una zorra, que para qué quedaba entonces con él. No me lo podía creer, me estaba montando una escena en mitad de un bar. Y entonces vino lo mejor, me acusó de haberle sido infiel, que sabía perfectamente que me había acostado con otros, que amigos suyos me habían visto pero que él quiso confiar en mí. Pero qué morro, que desfachatez. Después de soportar sus ligoteos, sus tonterías con las demás chicas y hacer siempre lo que a él le apetecía!

Y eso fue lo último que le soporté, le miré, le sonreí y le dije "hasta nunca Jacob". Y me marché. No era necesario dar explicaciones, ni intentar que creyera que todo eso era mentira, me daba exactamente igual.

Así que desde hace seis meses estoy soltera y perfectamente, aunque mis amigas se empeñen en buscarme ligues.

Bueno chicas – dijo Alice cortándome mis pensamientos – hora de ponerse guapas! – y empezó a aplaudir como si fuera una niña pequeña.

Oh por favor, tanto entusiasmo me irrita – le dije mirándola con mala cara.

Venga Bellita, no seas perezosa, te van a dejar impresionante, vas a deslumbrar esta noche.

Sí claro, a menos que me ponga un vestido verde fosforito dudo que brille mucho – me reí imaginándome embutida en una tela verde chillona brillando en el centro de la pista.

Bueno, vamos, y deja de quejarte – cortó Rose. Ella era la más seria y la que ponía orden entre la locura de Alice y mi reticencia por seguir sus locas ideas.

Y así pasamos toda la mañana, peeling por aquí, masajito hidratante por allá. Y para rematar maquillaje y peluquería. No sé como lo hice o por qué estuvieron de acuerdo conmigo, pero no me peinaron el pelo recogido, me dejaron el pelo suelto, algo hacia atrás poro sin moño! Ambas estuvieron de acuerdo que con el vestido que llevaba quedaría mejor así. Eso sí, el vestido me lo habían elegido ellas, las muy…, en fin, era impresionante pero no me pegaba mucho. Era azul noche, de seda salvaje, con escote en V y largo hasta los pies. No me quedaba mal, pero me parecía un poco exagerado.

Rose iba con un vestido verde oscuro, cerrado en el escote pero con toda la espalda descubierta. Con su pelo rubio le quedaba genial. Y Alice había optado por un vestido por debajo de la rodilla, todo entallado en color negro.

Salimos del Spa, y preferí ir a casa andando, hacía un día precioso y necesitaba tomar algo de aire, había pasado demasiado tiempo entre potingues.

Iba buscando mi móvil en el bolso, y sin saber como acabé en el suelo, alguien acababa de chocarse conmigo, pero sólo caí yo, qué raro.

Mierda! – solté al ver que todo lo que llevaba en bolso había quedado esparcido por la calle.

Lo siento, de verdad, no te he visto –

Ten más cuidado, joder, me has arrollado, vas cómo un loco- dije sin mirar mientras intentaba recoger todo lo que se había caído.

Lo sé y lo siento, deja que te ayude a recoger. ¿Te has hecho daño?.

Y cuando le miré a la cara me quedé de piedra. No podía creérmelo, era el mismo chico con el que me había chocado por la mañana. Me miró sorprendido y sonrió.

Veo que no puedes evitar tirarte a mis pies – dijo con ironía.

¿Te parece divertido? – gruñí – porque a mi no me hace ninguna gracia.

Vale tienes razón. Lo siento – se disculpó de nuevo – en serio ¿estás bien?

Perfectamente – dije levantándome con toda la dignidad de la que fui capaz.

Eh, creo que esto tuyo - dijo entregándome un pequeño vibrador. Dios, todavía lo llevaba en el bolso!

Gracias – y se lo quité de mala forma y lo guardé a toda velocidad mientras notaba que comenzaba a ponerme roja como un tomate.

Ni siquiera me acordaba que estaba ahí. Alice me lo regaló hace ya un par de semanas, decía que lo probara, que no era bueno que llevara ya tantos meses sin sexo. Le dije que se lo podía meter ella por dónde quisiera, que no lo necesitaba. Pero en una de sus grandiosas actuaciones se hizo la indignada, me llamó desagradecida, y por no escucharla lo metí en el bolso, y luego lo olvidé.

Y allí estaba el muy cretino mirándome divertido, con esa sonrisita de superioridad. Le miré con mala cara, y empezó a reírse. Tenía las manos metidas en los bolsillos, cómo si estuviera contemplando un espectáculo o algo parecido.

No te avergüences, me parece de lo más normal – dijo como si nada.

No me avergüenzo! –grité toda indignada – además no es mío, bueno sí, pero me lo regaló una amiga y yo no lo quería, pero me obligó – no sabía dónde meterme y encima no podía parar de decir tonterías.

Me miraba fijamente y no dejaba de sonreír mientras veía como yo seguía poniéndome roja, o berenjena o seguro que ya había llegado al morado. Y entonces se fijó en la camiseta, que todavía estaba manchada.

Veo que no te has cambiado. Sí que te debe gustar esa camiseta, incluso con esa pedazo mancha la sigues llevando – y volvió a mirarme.

Increíble! – exclamé mirando al cielo –me quemas con el café, me estropeas mi camiseta favorita, me tiras al suelo, y encima tienes la desfachatez de reírte en mi cara!

No te pongas así, no me estoy riendo de ti, sólo es que me resulta gracioso. Nunca había visto a una mujer caerse de culo delante mío, y hoy lo he visto 2 veces ni más ni menos!

Pues disfruta del show porque no creo que lo vuelvas a ver.

Cogí el bolso y decidí que era el momento de largarse. Qué impresentable. Le resultaba gracioso. Si hubiese sido él quien hubiera acabado por el suelo seguro que no le hacía tanta gracia.

Espera, no te vayas así. No quería ofenderte – me dijo mientras yo me iba.

No sé si sería tú intención, pero desde luego no me ha hecho gracia.

Vale, es verdad. Pero reconoce que la primera vez ha sido culpa tuya, y ahora he sido yo quien no iba mirando por dónde iba. Creo que eso es un empate.

Empate! Empate sería si hubieses sido tú quien hubiera acabado con su culo en el suelo – le dije mientras me recolocaba. Entonces me di cuenta, mi pelo, mi peinado, ¿Cómo estaría? – mierda mi pelo! Para eso he ido a la peluquería! – dije sin acordarme que estaba delante.

Yo te veo muy bien, te han dejado muy guapa – y me miró - ¿tienes una cita esta noche? No te preocupes que estás perfecta, seguro que le gusta el peinado. Y el maquillaje ni se ha movido.

¿Una cita?.Ah sí, por su puesto, tengo una gran cita, con alguien espectacular – empecé a decir, pero ¿por qué mentía?

Tranquila, sólo era un comentario. Eso sí, yo me cambiaría de camiseta. Y no lo digo porque no te quede bien, que te queda fenomenal, pero está un poco .. – y se quedó mirándome sin acabar la frase.

Está perfectamente, y aunque no tenga por qué darte explicaciones, no he tenido tiempo de ir a cambiarme – dije.

Lo supongo – entonces miró el reloj – Mierda! Voy a llegar tarde – Ha sido un placer – me sonrió y siguió su camino – Por cierto – dijo dándose la vuelta – de verdad que lo siento, tengo mucha prisa por eso no te vi – y se marchó.

Sí, sí, ya – dije mientras le veía marcharse.

Era algo surrealista. Chocarte 2 veces con la misma persona en el mismo día y acabar discutiendo por una mancha, un vibrador, y no sé que tonterías más. Así que seguí andando hacia casa pensando en el día tan extraño que estaba teniendo. Y todavía me quedaba lo peor. La fiesta. Mierda, tengo que ir a terminar de arreglarme, y Rose y Emmett me pasan a recoger en un par de horas.

Emmett era novio de Rosalie desde hacía ya 2 años, era enorme, medía 1.90 metros, moreno, musculoso y sobre todo loco. Era un amor, era un poco bruto, pero era el más cariñoso del mundo y adoraba a Rose. Él decía que era su alma gemela, y por supuesto la mujer más bella que jamás había conocido. Le queríamos con locura, tanto Alice como yo caímos rendidas a sus pies el día que le conocimos, no nos dio tiempo ni a presentarnos y ya nos estaba abrazando y llamándonos por nuestros nombres, decía que Rose le había hablado tanto de nosotras que parecía que nos conocía de toda la vida. Era un niño grande, encantador.

Guau Mon Amour, estás impresionante!

Hola Emmett, gracias, tú también estás muy guapo con ese smoking.

Lo sé, lo sé, ya sabes que a mi me sienta todo como un guante – dijo sonriendo – Tendrías que verme desnudo, gano muchísimo – y se colocó bien la chaqueta.

Por Dios Em no gracias, si te veo desnudo seguro que te ataco, y no me gustaría vérmelas con Rose – y le di un beso en la mejilla.

Por mi no hay problema, mientras solo mires y no toques! – dijo con tono despreocupado.

Rosalie estás espectacular.

Gracias Bells, tú también lo estás.

Bueno, bueno, dejemos los cumplidos, tengo ganas de fiesta! - dijo Emmett levantando el puño como si estuviese en un concierto.

Por cierto, ¿dónde están Alice y Jasper? – pregunté.

Iban algo retrasados por lo que ellos iban directos – me explicó Rose – así que en marcha.

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