Bueno, sí, volvemos. Pero no con buenas noticias precisamente. Resulta que éste es el último capítulo que hay escrito, y hasta dentro de... un tiempo indefinido (no llegará a un año jajaja intentaremos colgar alguno/s de aquí a Navidad, pero no prometemos nada. Es que no estamos sobradas de tiempo precisamente, así que nos perdonaréis, ¿no? ^^
Ahora disfrutad de la lectura. Poco a poco se van viendo cosas nuevas, y aunque este curso parezca aburrido al principio... es uno de los más decisivos para la continuación (vamos, que es demasiado importante como para que os lo saltéis XD).
Un abrazo.
bss^^
Capítulo 2: La familia, qué complicada palabra
El profesor siguió inspeccionando a los miembros de su nuevo "Club de la Eminencias" y decidió dejar lo mejor para el final. Así que se concentró en un alumno de cuarto curso de la casa Ravenclaw que tenía los ojos levemente rasgados.
—¿Tú eras...? —le preguntó al chico.
—Bruce, Bruce Brown —le contestó un poco cohibido. Estaba sentado al lado de Roxanne, quien iba a su mismo curso, pero aún así se sentía fuera de lugar.
—¡Ah! Ya me acuerdo. Te he visto esta mañana preparar una poción excelente en mi clase —dijo Pucey más para sí mismo que para los demás—. Cuéntame, ¿quiénes son tus padres?
—Emm, pues mi padre es Roger Brown y trabaja en una comisaría de Londres. —Miró a su alrededor un poco nervioso y continuó—. Y mi madre es Cho Brown y trabaja en San Mungo. Ella es bruja y estudió aquí.
Hubo un silencio un tanto incómodo, donde se pudo apreciar que el profesor habría preferido escuchar algo más interesante. Bruce también se dio cuenta, así que añadió:
—Mi madre formó parte del Ejército de Dumbledore que presidió Harry Potter y también luchó en la primera y en la segunda guerra contra Tom Riddle.
Aquellas palabras soltadas a toda velocidad causaron otro efecto en el profesor Pucey. Una sonrisa apareció en su rostro y asintió con la cabeza, pero no dijo nada más. Acto seguido desvió su mirada hacia una chica de pelo castaño y grandes ojos azules que se sentaba al otro lado de Bruce. Ella iba a tercer curso y estaba en la casa Hufflepuff. Pucey decidió aceptarla en su club después de ver una pequeña pelea sucedida en un pasillo del segundo piso, donde ella se había enfrentado verbalmente a tres chicos de cuarto curso. Le impresionó bastante.
—Cuéntame...
—Angelina.
—Cuéntame Angelina, ¿quiénes son tus padres? —le preguntó el profesor.
—Mi padre es Zacharias Smith, editor de El Profeta. —Su voz sorprendió a Alan. Por su apariencia creía que sonaría más grabe y con un tono de marimandona, como Rose. Pero era muy aguda y se parecía más al de marisabidilla—. En Hogwarts, formó parte del ED y era bueno en Pociones y en Herbología.
No añadió nada de su madre porque sabía que al profesor no le interesaría saber nada de una muggle florista. Recibió una sonrisa satisfecha del profesor y cambió su cara de alegría a una indiferente cuando buscó a otra persona para interrogar.
—Roxanne Weasley, ¿verdad? —La chica de piel morena asintió—. Bueno, de ti sé bastantes cosas. Es obvio que eres una más de la familia Weasley, pero también sé que eres muy buena en Defensa Contra las Artes Oscuras, según me ha dicho el profesor Weaver.
Roxanne asintió sin mucha alegría. Decía saber muchas cosas de ella, pero lo único que había dicho eran obviedades.
—Dime, cuéntanos algo más.
Realmente, todo lo que dijera, la mayoría de los allí presentes lo sabrían ya, pero el profesor parecía muy interesado.
—Pues... mi padre es George Weasley —dijo con un tono de obviedad, rozando la burla— y tiene una tienda en el Callejón Diagon, y mi madre es Angelina Weasley, ahora no está trabajando, pero formó parte del equipo de quidditch femenino de Inglaterra.
Alzó los hombros, haciéndose la desinteresada, pero a la vez dejando en sus palabras un tono de orgullo familiar, porque se sentía orgullosa de sus padres. Y mucho. Era en esos momentos cuando se mostraba su lado Slytherin, su lado más altanero y frívolo a la vez.
—Muy bien, muy bien. —Paseó la mirada de nuevo entre los más jóvenes y sólo le quedó que preguntarle a la pequeña Lily—. Lily Potter —dijo y solo le faltó enmarcar su nombre—. Qué alegría verte aquí. La pequeña de los Potter.
Tanto Albus como Rose, Alan, Scorpius y James se dieron cuenta del sutil cambio que ocasionaron aquellas últimas palabras en la "pequeña" Lily. No soportaba que la llamaran así. No era pequeña. Voy a tercero, pensaba ella con rabia.
—Lily Luna Potter, hija del gran Harry Potter, nieta de los famosos aurores muertos a manos de Tom Riddle, James y Lily Potter. Un honor que te pusieran el nombre de tu abuela —le dijo con sentimiento. Ella sonreía a la fuerza—. Pero, Luna ¿a qué se debe?
Había escuchado aquella pregunta centenares de veces y había visto las reacciones de la gente cientos de veces, pero no se avergonzaría jamás del motivo de su segundo nombre.
—Me lo pusieron en honor a Luna Scamander, directora de El Quisquilloso y mi madrina —dijo con demasiado entusiasmo, demostrándole que no le importaba si se reía de ella por llevar el nombre de la "famosa" amiga "lunática" de Harry Potter.
Adrian Pucey le sonrió forzosamente, claramente impresionado por la actitud de la chica, pero no comentó nada. Decidió dejarlo pasar y se concentró en el siguiente Potter.
—Albus Severus Potter, otra extraña combinación de nombres. —Lo observó con demasiado interés durante unos segundos sin decir nada—. Claramente, el mejor director que ha pasado por esta escuela. Albus Dumbledore. —Suspiró, como si todavía se sintiera triste por su muerte—. Y Severus Snape, un hombre complicado. Tu padre sigue defendiéndolo como hace veinte años. —Estaba claro que no se acordaba del año de la muerte del antiguo profesor de Pociones—. Muchos piensan, aún en nuestro tiempo, que era culpable. Yo no soy de ninguno de los lados, aunque me decanto más por la versión del señor Potter, claro está — aclaró con una sonrisa en dirección a los tres Potter. Se fijó entonces en James—. El primogénito de los Potter. James Sirius Potter. Hubo un tiempo en que todo el mundo creyó que Sirius Black era un asesino. Hasta que tu padre, de nuevo como había pasado con Severus Snape, lo defendió ante el mundo mágico. El ministro estaba de su parte, claro, así que quedó impune a los ojos de la gente. Muerto ya no se podía hacer nada, ¿no? —se rió, pero no fue reculado por muchos más—. Y bueno, James, en honor a James Potter —miró de nuevo a Lily—, los abuelos.
Suspiró. Parecía que no iba a añadir nada más, que ya lo había dicho todo, y así era, pero vagando la vista por entre los demás miembros se dio cuenta de que habían más personas a las que preguntar. Rose, por ejemplo.
—Rose Weasley. Me sorprendí al verte la primera vez. No coincidí con tu madre en los pasillos del colegio, pero siempre había escuchado su nombre. Hermione Granger, aunque ahora sea Weasley. Se decía que era muy inteligente, además de la mejor amiga de Harry Potter. Y bueno, tu padre, Ron Weasley, mejor amigo de Harry Potter y...
—Disculpe, pero ¿a dónde quiere ir a parar? Porque llevamos aquí casi media hora y...
—Scorpius Malfoy, ¿no? —lo interrumpió.
—Sí —le contestó tras cambiar su gesto de incertidumbre.
—Una historia complicada la de los Malfoy —empezó como si no hubiera sido interrumpido anteriormente. Lo miraba de arriba abajo, escrutándolo—. Eres muy parecido a tu padre, físicamente, claro —añadió con una sonrisa—. Me sorprende el potencial que tienes. Veo que vas a hacer grandes cosas, porque siento que eres muy poderoso, aunque todavía no lo hayas descubierto. —Aquello inquietaba, incluso al propio Scorpius.
El rubio miró de reojo a sus amigos, comprobando que ellos también estuvieran como él; y así era. El profesor suspiró y vagó de nuevo la mirada por la mesa. Se detuvo a inspeccionar a un alumno más.
—Sally Zabini —dijo simplemente—. A tu padre sí lo conozco; íbamos a la misma casa. Te pareces a él y tu actitud me dice que es un parecido más que físico. —Hizo una pausa en la que se escuchó una tos, que lo sobresaltó levemente y pareció devolverlo al presente—. Vaya, lo siento, a veces se me va la cabeza a otra parte —dijo con una sonrisa esperando ver un gesto similar en los alumnos, pero sólo Angelina Smith dio indicios de imitarlo—. Bueno, creo que todos nos hemos dado cuenta de que tan sólo queda una presentación.
Los jóvenes se miraron unos a otros, exceptuando a Al, Rose y Scorpius que miraban al profesor porque ya sabían que se refería a Alan, el cual tenía el ceño fruncido, intentando descubrir el significado del tono utilizado por el profesor Adrian Pucey. Parecía realmente emocionado y sabía que lo había dejado a él para el final por alguna razón. Pucey le sonreía sólo a él.
—Vlair, Alan Vlair, hijo de Will y Christine. Tu padre era bastante bueno en pociones, todo lo contrario a tu madre. De ella heredaste los rasgos de su familia. —Volvió a dejar silencio tras sus palabras. Aquello empezaba a irritar a algunos, sobretodo a James—. No la conocí muy bien, ¿en qué casa estaba?
—En Ravenclaw —contestó simplemente el chico que no le gustaba que indagaran en su familia.
—Mmm, no lo sabía. Sí sé que tu padre fue Gryffindor, pero no me imaginaba que una Black acabara en Ravenclaw. Aunque viendo dónde acabó uno de los hijos de Walburga Black... no me extraña. Con el pasar de los años ya da lo mismo Gryffindor que Ravenclaw, Slytherin o Hufflepuff. Pero antes, por ejemplo para los Black, que alguien de su familia no acabara en Slytherin era una vergüenza —dijo mirando al moreno de ojos negros. Él no cambiaba su expresión—. Pocos sabían en Hogwarts que en aquellos años había una Black en Ravenclaw. Ni yo mismo lo sabía —añadió con una sonrisa que el chico devolvió sin convicción.
Alan estaba llegando a un límite y parecía que el profesor no se daba cuenta; todo el mundo debería saber que a nadie le gusta que hablen de sus familiares fallecidos.
—Me gustaría saber de qué Black desciende tu familia; aún no he logrado averiguarlo —dijo, preguntándole implícitamente.
—No lo sé, señor —contestó.
Sí lo sabía. Conocía la historia de su familia, había conocido a sus abuelos y ellos le habían contado cientos de veces qué rama de la gran familia Black eran. Al menos, aquella corta respuesta le había dado la pista al profesor de que no quería hablar más de aquello.
—Mmm, pero lo importante es que tú estás aquí —siguió tras una pausa también larga—. Tengo buenas referencias sobre ti. Nuestro director me ha hablado mucho de ti y asegura que tienes un don para las pociones. —Mientras decía aquello le brillaban los ojos y no dejaba de sonreír—. He visto algunas de tus pociones y son... realmente buenas.
Alan sonrió de lado; por eso quería que él estuviera allí. No pudo evitar, como buen Gryffindor que era, sentir orgullo al escuchar las palabras del profesor de pociones. Sabía que tenía una facilidad para hacer pociones nada común, hasta inventaba las suyas propias, pero siempre se sentía bien escuchar halagos por parte de magos más experimentados en la materia.
El profesor continuó con su palabrería, dirigida mayormente a él, aunque también se entretuviera bastante en los Potter, hasta que decidió que ya era muy tarde para estar fuera de sus salas comunes. Se despidió de todos y cada uno de aquellos brillantes alumnos, ordenándoles sutilmente volver a la siguiente reunión.
Alan se marchaba con una pequeña sonrisa en la boca; aquello podía significar el comienzo de algo grande para él, porque había quedado claro que era el "elegido" del profesor, con lo que tendría más oportunidades de dar a conocer su gran manejo de las pociones. Pero pudo comprobar que sus amigos no opinaban igual.
—Pues yo lo veo una tontería —decía Scorpius caminando con las manos en los bolsillos y con una mueca de indiferencia, de camino a la sala común de Gryffindor.
—Ha sido aburridísimo. Además, está loco —lo apoyaba Rose, más para mantener una conversación normal con él que para decir lo que pensaba.
—No, busca trabar amistad con supuestos futuros magos famosos, como hacía el profesor Slughorn según mi padre —siguió Albus caminando igual que el rubio.
—Pues a mí me parece de lo más práctico —los interrumpió una delicada voz que provenía de la Hufflepuff castaña, Angelina Smith—. Es una buena forma de conocernos entre los mejores de Hogwarts.
La chica le dedicó una sonrisa, que pareció coqueta, a Alan antes de adelantarlos por el pasillo, meciendo su melena de una lado a otro. Los chicos no pudieron evitar mirar cómo se iba con ese paso ligero, algo que molestó bastante a Rose.
—Black, ese era el apellido del padrino de mi padre —le comentó de pasada Albus a Alan al acordarse de golpe.
A lo largo de la semana siguiente, se estuvo comentando aquella reunión secreta que había celebrado el profesor de pociones, y con ello empezaron los cabreos por parte de aquellos que se consideraban "de los mejores alumnos de Hogwarts" y que no habían sido invitados. Logan fue uno de ellos, así que Scorpius tuvo que aguantar varios días sus incesantes insultos hacia el profesor. El rubio le había asegurado que fue un rollo y que no iría más, pero a Logan no le importaba eso: él quería ser invitado al menos, aunque luego no fuera. Gracias a esas "disputas" entre ellos, el rubio se planteó por primera vez en un año qué cojones hacía con un idiota como Logan.
Por otro lado, Alan escuchaba los comentarios contradictorios de su amiga, que en un principio había creído que el profesor Pucey estaba "loco", citándola. Pero ahora...
—Mi madre también estuvo en el Club de las Eminencias. —La chica parecía realmente emocionada y desde hacía unos minutos no se le borraba la sonrisa de la cara—. Eso significa que seremos importantes en el mundo mágico, como el tío Harry —decía con un brillo en los ojos.
Alan no creía que fuera a existir nadie tan importante como Harry Potter, pero no dijo nada. Iban de camino a los terrenos de Hogwarts, para aprovechar los pocos días soleados que quedaban. Rose llevaba, como siempre, los libros en las manos, apretados contra su pecho. Alan era más práctico y los llevaba en la mochila, y como había hecho durante toda la semana le preguntó a la chica:
—¿Te llevo los libros?
Rose, como cada vez que se lo decía, hacía una mueca y se los daba. Pero ahora estaba tan metida en sus pensamientos, tan ilusionada, que ni siquiera protestó.
Se sentaron a orillas del Lago Negro y Alan no pudo evitar suspirar al volver a escucharla hablar sobre el club del profesor Pucey. Entendía por qué había dicho lo contrario sobre el profesor nada más salir de la reunión: por Scor. Estaba comenzando a ser hipócrita por culpa de lo que sentía por su amigo, estaba dejando de ser ella misma. Eso inquietó a Alan, pero no le dio más vueltas: sólo había pasado una vez, no era todavía un problema.
Un poco más alejados de allí, ocultos de las miradas de la gente, apoyados en una de las paredes del invernadero que daban a los terrenos de Hogwarts y sentados en el césped, se encontraban dos personas de casas diferentes pero que a pesar de ello no tenían problemas en mantener una amistad. Albus apuntaba distraídamente con su varita hacia una planta que tenían delante a un par de metros, volviéndola de colores a cada segundo. Escuchaba con una sonrisa lo que le contaba la chica que se sentaba a su lado.
—Cuando me vieron hacer el hechizo por "primera" vez sin dificultad —hizo una pausa para reírse— se quedaron de piedra.
Helen desvió la mirada de la planta cambiante para mirar al chico y esperó que también la mirara. Cuando lo hizo, ella sonrió.
—Gracias por ayudarme —dijo muy agradecida.
Albus le sonrió en respuesta y después, presa de la vergüenza, volvió a desviar la mirada hacia la planta. La rubia sonrió ante la evidente muestra de vergüenza de su amigo y sacó su varita para apuntar ella también hacia la planta.
De repente creció una de sus hojas, a lo que ella se llevó la otra mano a la boca sofocando una exclamación. Miró de nuevo a Albus que la mirada aguantando una carcajada y empezaron a reírse los dos. Después de eso, se pasaron unos minutos más para que Helen aprendiera a conjurar bien el hechizo engorgio, además del que provocaba el cambio de color en la planta.
A Albus todavía le parecía extraño ver a la chica sonreír tanto, después de haber estado insistiendo durante meses que le dirigiera al menos la palabra, hasta que, a principios del curso pasado, ella solita se plantó delante suyo y le dedicó una pequeña sonrisa, la primera que él pudo ver. Después de aquello, fueron quedando para conocerse, a escondidas de Scorpius, porque unos días antes ya había demostrado lo sobreprotector que era con su hermana. Un pobre chico llamado John Summerby le estaba susurrando al oído a su hermana en medio de un pasillo un tanto alejado de las posibles miradas de los alumnos, pero justo en ese momento apareció Scorpius, que lo echó de allí casi a patadas.
Helen había insistido en que era un compañero, sólo eso, que le pedía ayuda, pero el rubio no le hacía ni caso. En realidad, ese chico le había pedido que le hablara a Lily, su amiga de Gryffindor, sobre él. Aquello la puso en un compromiso porque su mejor amiga Jennifer estaba colada por él. Al final no hizo nada al respecto, por si acaso.
La tercera semana de septiembre se presentó con una buena noticia para los leones: ese mismo sábado se harían las pruebas para el equipo de quidditch. El equipo del año pasado había sido un acierto excelente, así que Fred competía con la capitana del curso pasado, su novia. El nuevo capitán sentía más presión que cuando cursó los TIMOs, pero no se daría por vencido; le demostraría a su Clary que él era mejor.
En otras casas también habían grandes cambios, como en Slytherin, cuyo capitán también había acabado sus estudios allí. Mark McLaggen, el odioso Slytherin que traía de cabeza a la capitana del equipo de Hufflepuff, había sido substituido por uno de sus cazadores.
Pero lo sorprendente fue que ese año se presentó más gente que nunca a las pruebas de Gryffindor. Fred sonreía orgulloso de tanta atención, porque seguramente era por él por lo que venía tanta gente; se lo tendría que decir a Clary, se reiría de él, pero también se pondría celosa.
Alan y Hugo eran los únicos de sus amigos que no se habían presentado; tanto Albus como Rose, Scor, Logan y Lily estaban sobre el terreno, esperando las órdenes de Fred.
Tras las pruebas, Fred se reunió a parte con James para decidir los puestos. James era el buscador, estaba claro, por eso era el único que podía opinar.
—Tengo algunos sitios ocupados por los mismos que el año pasado —decía el capitán a su primo—. Logan se queda como guardián y Rose y Scorpius como cazadores. —Ante esto, James hizo una mueca—. Admite que Malfoy es muy bueno en su puesto.
Tras ver cómo su primo le daba la razón, continuó.
—El segundo golpeador creo que... Phoebe Bell tiene más posibilidades de ocuparlo. —James hizo un gesto de conformidad y siguió escuchando—. Ahora, el problema está en el tercer cazador. El año pasado lo ocupaba Gina —James hizo una mueca desagradable— pero dejó mucho que desear.
—Si tienes a otra persona para ese puesto... seguro que la prefiero —le dijo James.
Fred sonrió de lado, pensando en que los hermanos Wood no eran bien recibidos entre ellos; él no podía ver a Francis por haber salido con Clary y James no soportaba a Gina. Desde que habían roto en pascua del curso pasado no había buena relación entre ellos. La chica lo había acusado de haberle puesto los cuernos, pero no era cierto, simplemente se había enamorado de otra chica. Más concretamente, de una chica en especial, una serpiente. Qué bajo he caído, pensaba el Potter.
—También había pensado en Lily. Me ha sorprendido mucho verla jugar. No sabía que mi prima fuera tan buena.
—Pues... ¿a qué estás esperando? ¡Elíjela a ella! —se apresuró a decir James. Si había posibilidades de que la pequeña de los Wood no estuviera en el equipo, lo aprovecharía.
—Pero, si hacemos recuento... de siete jugadores, cuatro somos familia, pensarán que los he elegido por...
—¡¿Qué mas da? Le demostraremos a todo el mundo que somos los mejores, que lo llevamos en la sangre —insistía el chico—. Y si se atreven a decirnos algo, que lo digan, pero en mis narices —amenazó con una sonrisa, prediciendo un curso bastante movidito, pero divertido.
—Tienes razón —lo apoyó su primo.
Ambos se dirigieron de nuevo a los que habían competido aquella tarde de sábado por hacerse un hueco en el equipo de Gryffindor. Muchos temblaban, otros sonreían puesto que sabían que estaban dentro, otros tragaban con fuerza esperando la decisión del capitán Weasley.
—Bien, ya está decidido —empezó diciendo el chico de piel oscura—. Ha sido complicado, pero al final he conseguido formar un buen equipo, con el que machacaremos a las demás casas. —Tenía a James detrás a un lado y lo miró de reojo antes de dictar su decisión—. La persona que ocupará el segundo puesto de golpeador a mi lado, será Phoebe Bell.
La chica morena que estaba junto a Lily daba saltitos de alegría en su sitio y cogía del brazo a su amiga, quien también sonreía.
—Me ha sorprendido la fuerza que tienes —expuso Fred con una sonrisa dirigida a la chica que seguía emocionada—. El guardián seguirá siendo Logan, como el buscador James —añadió de pasada—. Y los cazadores serán Scorpius —el rubio sonrió a Rose con suficiencia—, Rose —la chica le devolvió la sonrisa— y Lily.
Unos segundos después de nombrar a la pequeña de los Potter, Gina Wood soltó una exclamación de indignación y se acercó al capitán, mirando detenidamente a James que estaba un metro por detrás de su primo. Los que no fueron elegidos iban saliendo poco a poco, excepto algunos que se quedaron esperando junto a los nuevos jugadores a ver lo que hacía Gina. Aquella se la veía más enfadada que nunca, por eso Rose se acercó un poco, por si acaso debía intervenir.
—¡No me lo puedo creer! Llevo dos años en el equipo, no me merezco esto —le gritó a Fred gesticulando a cada palabra—. Sabes que soy muy buena, pero prefieres...
—El año pasado dejaste mucho que desear —la cortó después de retroceder un poco ante la efusividad de sus palabras.
—Aún así, hoy he demostrado que puedo dar más. Pero prefieres darle el puesto a tu prima antes que a mi. —Se calló un momento antes de mirar a James y fulminarlo con la mirada—. Sé que tú has tenido que ver en esto.
Acto seguido, se dio la vuelta y pasó entre el grupo que se había congregado a sus espaldas golpeando con los hombros. Rose la siguió después de mirar a su primo a modo de disculpa y salió fuera del campo de quidditch.
El primer partido era Slytherin contra Ravenclaw, ambos equipos buenos contrincantes hasta el curso pasado; aquel año estaba lleno de cambios, así que Fred estaría atento a las jugadas de los dos. Unas semanas después les tocaría jugar contra Hufflepuff, el equipo capitaneado por su prima Lucy.
Ese equipo podía sufrir cambios debido a la capitana; Lucy había sufrido un trastorno psicológico o algo así, porque ni James ni Clary ni él mismo se podían explicar qué pasó el curso pasado. Que él recordara, era una chica de carácter, que no se dejaba humillar, que desafiaba a todo aquel que daba indicios de querer pelea, sobretodo si se trataba del ex-capitán del equipo de quidditch de Slytherin. Mark McLaggen y Lucy Weasley no se podían ver sin acabar insultándose o incluso llegando a las manos. Muchas veces les habían restado puntos a sus casas por batirse en duelo. Era inevitable una pelea entre ellos.
Pero algo pasó en el último año del Slytherin en Hogwarts que causó el cese de esta interminable batalla. Al principio, se aliviaron de no tener que mediar entre ellos cada dos por tres, pero conforme pasaban las semanas y los meses... esa situación empezó a ser incómoda. Primero se les vio conversar por los pasillos sin insultarse, después pasaron a las risas y a las citas en Hogsmeade y finalmente aparecieron en público agarrados de la mano y morreándose por cada rincón. Le preguntaron docenas de veces el motivo de aquella relación, pero sólo sonreía tontamente -algo nunca visto en Lucy Weasley, la repele-tíos legendaria de la escuela- y se largaba. Ante aquella visión, Clary siempre susurraba que era el amor.
Pero Fred, siempre que se concentraba en hallar una respuesta lógica a tal cambio -que no fuera el "amor"- acababa con dolor de cabeza y pensando que era problema de familia, porque ambas hermanas, Lucy y Molly, eran raras, siempre lo habían sido. Después alzaba los hombros y seguía como si nada.
—Ahora que recuerdo, ¿descubristeis quiénes eran esos magos vestidos de negro que llegaron al colegio al final del tercer curso?
Caminaban los cuatro de camino al campo de quidditch, atravesando la ladera que pasaba junto al sauce boxeador. Era una de las pocas veces en la que estaban ellos cuatro solos, sin Logan, y con Scorpius. Alan se había dado cuenta que de vez en cuando su amigo dejaba descansar a Rose y no la insultaba; al menos podían tener paz por un breve lapso de tiempo.
—Pues la verdad es que no —le contestó Albus llevándose una mano a la barbilla, recordando—. Mi padre no sabe nada, dice que es cosa de Hogwarts y su director.
Se volvieron a quedar callados, llegando ya a las puertas de los vestuarios, y se detuvieron ante ellas. Escucharon que Albus resoplaba, por décima vez desde que un par de días antes lo dejaron fuera del equipo.
—Al, no pasa nada. Siempre nos puedes apoyar desde las gradas, como hace Alan. —A Rose le daba mucha pena su primo; estaba tan convencido de que entraría que se llevó un gran disgusto cuando Fred no lo nombró—. Así no lo dejarás solo.
Alan le devolvió la sonrisa a la chica y alentó a Albus a que lo acompañara a las gradas para verlos entrenar. Lo siguió a regañadientes y caminó un poco por detrás. Se fijó en que Lily y Hugo llegaban por donde minutos antes ellos habían pasado; vio a su hermana entrar y a Hugo acercarse a ellos.
—Hola chicos —los saludó el pelirrojo, que ya sobrepasaba por unos centímetros al de ojos negros.
—Hola, Hugo, ¿qué cuentas?
Aquellos dos se enfrascaron en sus típicas conversaciones que solo ellos entendían del todo; no le interesaba a Albus escucharlos. El mediano de los Potter tenía la mente en otra parte, en otra persona concretamente. Aunque sólo llevaba desde el viernes sin verla, ya la echaba de menos. Lo tenía cautivado, porque a cada segundo pensaba en ella y por mucho que lo intentara no podía sacarla de su cabeza. Cada vez que recordaba su pelo rubio, sus ojos verdes con toques azules o su sonrisa sentía como si descargas eléctricas subieran hasta su corazón y lo aceleraran. Era inevitable y sabía que aquello no era bueno. Era Helen, la hermana sobreprotegida de Scorpius, uno de sus mejores amigos. Y sabía que si él lo descubría, si descubría que sentía aquello por su hermana pequeña... era capaz de hechizarlo.
Buscaron un sitio en las gradas y se sentaron a contemplar el primer entrenamiento del equipo aquel año. Albus miraba casi siempre a su hermana y otro rato a Scor, intercambiando la envidia por el miedo. Hasta que sintió que alguien se sentaba a su otro lado, donde no estaba Alan. Alzó la vista para verla pasar los pies sobre el banco y coger sitio a su lado, delante de todo el mundo, delante de su hermano.
—Hola —lo saludó con una sonrisa. Él sólo pudo que devolverle el gesto, pero no habló.
—Hola, Helen —escucharon la voz de Hugo, compañero de clase de la chica.
Aquella alzó la mano y le dedicó una media sonrisa. Pero antes de dirigir sus ojos al campo interceptó una mirada oscura, una mirada que ya le llamó la atención hacía dos años por todo lo que ocultaba. Alan la miraba escrutándola, intentando descubrir el motivo de su gélida mirada y sus gestos secos. Pero ninguno descubrió nada del otro y en unos segundos continuaron como si no hubiera pasado nada. Hugo y Alan siguieron con su charla, mientras Albus y Helen comentaban algo de vez en cuando. Después del entrenamiento, la Slytherin se marchó tras despedirse escuetamente del Potter, antes de que su hermano saliera de los vestuarios.
Albus cada vez estaba más confuso y atacado de los nervios; al tiempo que esperaba alguna señal por parte de Helen que le dijera que sentía algo parecido a lo que él sentía -cosa que casi veía imposible-, estaba pendiente de que su amigo el rubio no sospechara lo más mínimo de su amistad con su hermana pequeña. Ese año sería muy largo para Albus.
