Hola gente linda!! Hoy de nuevo actualizando un poco el fic.
Recomendaciones: el chap de hoy es clasificación super M así que están avisados, lean bajo su propio riesgo jaja.
Los personajes no me pertenecen bueno salvo algunos, después todo es obra maestra de Hiromu Arakawa.
CAPITULO II: Pasión inesperada
Llevábamos casi un mes como una familia feliz, sin más de esas noches de desvelo ni encuentros provocadores en el baño. Todo parecía marchar de maravillas, yo trabajaba durante todo el día, por las mañanas Riza asistía al colegio en el que conseguimos inscribirla y Casey trabaja medio día en el hospital de modo de quedarse con ella por las tardes.
Por las noches cenábamos juntos y ya solos en la cama Casey me relataba los avances de Riza. Por lo que me contó a Riza parecía encantarle el colegio, ya tenía unas cuantas amigas, y no pude evitar preguntarme si también tendría "amigos". No estaba muy contento con la idea pero era su vida y no la mía como a veces solía pensar. Ella no me pertenecía.
Con los meses noté como el comportamiento de Riza cambiaba, es decir no se convirtió en un monstruo adolescente sediento de alcohol como en un principio creí, pero su actitud cambió por lo menos hacia mí. La notaba acechante como una fiera en busca de una presa, por la mañanas me miraba fijamente como a un pastelillo a punto de comérselo. La notaba inquieta, ansiosa por conseguir algo.
Algunas ocasiones cuando caminaba por la casa Riza parecía desfilar sobre una pasarela, moviendo esas hermosas caderas por los pasillos, y me estaba volviendo loco. Quedaba muy poco de esa inocente joven que llegó hace tan solo unos meses.
Cuando Casey nos pedía hacer algo juntos, era Riza la que siempre "accidentalmente" tocaba mi piel de forma insinuante, ya sea al pasarme un vaso o entregarme un bolígrafo. Esa "niña" provocaba mis más bajos instintos. Sería muy iluso de su parte pensar que podría conseguirlo en unos días, no se lo dejaría tan fácil. Roy Mustang no era cualquiera de los tíos de su colegio. Yo soy todo un hombre que no se dejará doblegar por una mocosa malcriada con pretensiones de mujer sensual.
El arte de la seducción era una tarea en equipo y estaba dispuesto a colaborar. Así la competencia empezó. Riza pareció entender que este juego se puede jugar de a dos por lo que intensificó sus acciones. Ahora se paseaba por la casa en shorts y camisetas muy provocativas. Cómo disfrutaba verla molesta cuando no le prestaba atención o por lo menos cuando ella así lo creía.
Avanzado el juego, me arriesgaba más. Una noche mientras Casey cocinaba, la vi sentada en el escritorio de la biblioteca, me acerqué por detrás y la acorralé entre mis brazos. Riza dio un respingo y noté como su respiración se agitaba.
-¿Necesitas ayuda Riza?-susurré contra el lóbulo de su oído. Aún sin poder responder sólo movió su cabeza negando-De acuerdo cualquier cosa me avisas-le dije y me aleje de ella victorioso. Ahora esa niña sabía con quien se enfrentaba y quien tenía el control de la situación.
Quince minutos después estaba sólo sentado en el sofá pensando en mi victoria, cerré mis ojos y recosté mi cabeza. Sonreí de nuevo al recordar como se sonrojo y su respiración se agitó en un segundo. Entonces sentí unas suaves manos en mis hombros, resultaban agradables esos largos dedos que masajeaban los cansados músculos de mi espalda y hombros, tocaba mi cuerpo con suave fuerza y ritmo natural.
-Casey ¿ya esta lista la cena?-pregunte muy relajado.
-Si quieres puedo preguntarle…tío Roy-esa dulce vos me sorprendió, abrí los ojos y me giré para contemplarla. En su hermoso rostro se dibujaba una sonrisa arrogante mientras sus manos permanecían masajeando mi espalda-Creo que mis masajes son casi tan buenos como los de tía Casey ¿verdad? El otro día me enseño como hacerlos.
Sólo pude asentir sin dejar de mirarla, esa mocosa sabía jugar sucio. La tensión se cortó cuando la voz de Casey nos llamó desde la cocina, suspiré. Estaba salvado por la campana, de lo contrario quien sabe que le hubiera hecho en ese sofá a la "pequeña" Riza.
Las semanas siguientes las pasé en casa disfrutando de mis merecidas vacaciones. Lamentablemente mi suegra cayó enferma de una especie de gripe muy contagiosa por lo que Casey se ofreció a cuidar de ella, pasaría las dos semanas siguientes allí y como prevención no vendría a casa hasta que su madre estuviera recuperada.
Tenía la casa solo para mí. Bueno no completamente, todavía estaba el pequeño inconveniente rubio de arriba, pero no me importó. De cualquier forma ella tenía sus semanas arregladas entre el colegio y sus amigas. Durante los días de escuela vi a Riza muy poco, dejaba la casa por las mañanas muy temprano y regresaba por las tardes, se perdía en su habitación y no cenaba conmigo porque "había comido algo con sus amigas". A veces me pregunto si tengo el letrero de Idiota en la frente.
La noche del viernes, sin nada más interesante que hacer me senté frente a la tv dispuesto a pasarla bien. Y "divertido" como estaba con los programas del Discovery channel pude ver a Riza entrar y salir del baño decenas de veces. La imaginaba bañándose, peinándose y maquillándose. El ritual de toda adolescente.
Casey me llamó la noche anterior para avisarme que había autorizado a nuestra "niña" a salir con sus amigas esa noche. Así que disfruté verla caminar por la casa con esa corta y sexy falda negra que llevaba puesta que con ese top a tono que resaltaban su hermosa piel. Su cabello recogido dejaba toda la exquisitez de su espalda a la vista. Sinceramente Riza era una muchacha muy bella, demasiado bella para estar con cualquier crío.
Tan abatido como estaba en esos momentos una idea pareció emerger de aquella confusión. Riza era una joven muy inocente, prácticamente una niña a los ojos de cualquier persona. Yo era responsable por ella, no podía dejarla salir sin explicarle como funcionaban las cosas. Me levanté del sofá y camine hacia el baño donde la vi entrar. Al acercarme mis pensamientos cambiaron de rumbo, y me pareció que lo justo sería primero vengarme por los desplantes de la semana antes de la lección.
Pude ver la puerta abierta por lo que me tomé la libertad de entrar, Riza se estaba maquillando.
-Hola Riza-dije tranquilo con una sonrisa.
-Hola…tío Roy-me respondió tratando de esbozar una sonrisa, que no me convenció. Noté como al principio se sorprendió de verme y trató de disimularlo volviendo a lo suyo.
Fingí que no darme cuenta de su sobresalto y seguí caminando, buscando algo inexistente en el armario a su espalda. La atrapé observándome a través del espejo. Sonreí, era tiempo de la venganza. Nunca juegues con un Mustang niña.
Nunca.
-¿Sucede algo pequeña?-pregunte divertido-¿Por qué me mirabas?
-No, nada…yo no estaba mirando nada-respondió un tanto nerviosa observando algún punto distante.
Creí que la broma acabaría allí con ella avergonzada, pero mi cuerpo no lo entendió de la misma manera. Sin pensarlo demasiado me coloque detrás de ella, con una distancia prudente como para no tocarnos. Nos mirábamos fijamente a través del espejo, podía ver su pecho elevarse con cada inspiración y fue en ese momento que toda cordura de la que tanto me mofaba desapareció.
-¿Vas a bailar?-pregunte con mis ojos fijos en sus hermosos ojos ámbar.
-Si…tío-respondió aún nerviosa. Me encantaba tener el control de la situación pero había algo que no me agradaba...
-Riza…-si antes estaba nerviosa pude ver como su cuerpo se tensó al escuchar su nombre salir de mis labios-Se que crees que debes respeto en esta casa pero no quiero que me llames tío. Mientras no este Casey puedes llamarme simplemente Roy ¿de acuerdo?
Mi pequeña rubia asintió.
-Si…Roy- ¡increíble! La forma en que pronunció solo mi nombre me fascinó.
La dulzura e inocencia que irradiaba por los poros de su cremosa piel me enloquecieron. Sin notarlo me acerqué mas a ella, quizás demasiado. Tenía mi cuerpo pegado al suyo y mi mirada clavada en sus ojos. Mi ingle se apoyaba sin descaro sobre su firme trasero. Riza no dijo nada, tan sólo se quedo quieta observándome. Por unos segundos esperé que gritara que era un pervertido o algo por el estilo pero…no lo hizo.
Tomé su silencio como una aceptación, y empecé a mover en círculos nuestras caderas sin perder de vista sus bellísimos ojos. Un movimiento muy suave, muy sutil como ella se merecía. Pero…¡diablos! era algo muy excitante y placentero. La sangre parecía hervir en mis venas y concentrarse en esa zona. Perdí la razón.
-¿Te gusta lo que hago?-le pregunté suavemente a su oído fuera de mis cabales, Riza cerró los ojos e inclinó su cabeza hacia atrás.
-Si…Roy- consiguió responder en un susurro-Me gusta mucho.
-¿Quieres continuar?-mi voz había perdido toda melodía, ahora sonaba ronca y profunda. El caballero que todos conocían desapareció dejando sólo a este animal hambriento de piel, de su piel. En unos instantes mi voracidad parecía no tener límites.
-Si quiero-susurró de nuevo-Por favor Roy.
Entendí su deseo, para mi era una necesidad. Me detuve y separé de ella unos centímetros. A través del espejo ví su mirada de reproche por haberlo hecho, pero no dije nada. Cautivado por sus ojos ámbar me agaché hasta la altura de sus caderas y sonreí triunfante al ver como se mordía los labios. Riza estaba nerviosa y eso me encantaba. Deslicé mis dedos por sus tersas piernas, y mis manos acariciaron el interior cálido de sus muslos. Mi pequeña cerró los ojos disfrutando mis caricias y los volvió a abrir súbitamente sorprendida cuando sintió que le bajé sus panties mojadas. Luego levanto una pierna y luego la otra para que se las quitara.
Me paré de nuevo y la miré divertido a través de su reflejo, con una mano acerqué su ropa interior a mi rostro y aspiré hondo, Riza se sonrojo.
-Tienes un aroma delicioso Riza- sin embargo no respondió nada sólo siguió contemplándome.
Sin más palabras apoye mi cuerpo contra el suyo de nuevo. Al ver como se sorprendió cuando sintió mi gran erección rozándole sus glúteos, mi sonrisa se ensanchó. Esa niña podía provocarme como ninguna otra lo había hecho. Entonces comencé a frotar nuestras caderas en unos movimientos rítmicos y más intensos; tanto su respiración como la mía se agitaron. La situación se estaba saliendo de mi control. Una de mis manos se coló por debajo de su top y encerró uno de sus redondeados y suaves pechos, Riza gimió ante mi contacto. Reconocí su inexperiencia en el campo y eso me excitó aún más.
Empecé a empujar mi erección más duro contra su trasero y mi hermosa niña se agitó un poco más.
-¿Estas lista mi niña?-pregunté con una voz que no reconocí como mía.
-Tengo miedo Roy-jadeo Riza tratando de respirar.
-Esta bien pequeña, no te voy a hacer daño. Sólo abre el espejo-con una mano temblorosa logró hacerlo-bien detrás de mi loción hay una caja de condones, pásamela-Riza siguió mis órdenes muy obediente. Bajé mis pantalones, mi erección no podía resistir su prisión por mucho más. Tomé uno y me lo coloqué. Me acomodé un poco, levanté la minúscula falda de Riza y cuando estaba por entrar…
-Espera- por un momento me asusté, creí que se estaba arrepintiendo. Yo no podría hacerlo. Pero me tranquilicé al ver que acomodaba su manos sobre el lavabo buscando estabilidad- estoy lista.
Sin mas interrupciones puse mi miembro en su húmeda entrada y lentamente lo introduje. Resultaba bastante difícil, Riza era muy estrecha y parecía que a ella también le costaba. La oí contener un grito y sus ojos tenían un brillo especial ¿acaso eran lágrimas? Algo me dijo en mi interior que tenía que ser dulce con ella. Podía pretender ser una mujer experimentada y lo que quiera pero yo sabía que en el fondo era una niña curiosa con muchos miedos..
-Shhh…tranquila, pasará pequeña-susurré a su oído mientras besaba su delicioso cuello y ella se acostumbraba a mi invasión. Cuando sentí a Riza más relajada empecé a moverme lento, despacio. No duraría mucho. Escucharla gemir de esa forma suave y suplicante enloquecería a cualquiera, y yo no era la excepción. Luego de unos minutos de delicadeza pude apreciar cuando su cuerpo ya estaba acostumbrado a nuestro vaivén.
Suficiente dulzura para esta niña.
Comencé a profundizar las embestidas y entonces sus gemidos se hicieron fuertes e imposibles de obviar. Mi pequeña apoyó sus brazos en el lavabo incapaz de soportar ni intensidad; era una delicia sentir ese frágil cuerpo estremecerse bajo el mío. Mis manos viajaron a través de su vientre plano y masajeé ferozmente sus pechos mientras mi boca devoraba su blanquecino cuello en un vano intento de ocultar mis gruñidos.
La imagen de Riza era una obra de arte, con su rostro sonrojado y sus ojos fuertemente cerrados. Completamente apetecible. A pesar de saber que ella me estaba prohibida no podía dejar de desearla. Al contrario sólo aumentaba el hambre en mí, ella era mi pecado, mi perdición. Escuchar la agitación en su respiración rayaba en lo insoportable. Era yo el que le quitaba el aire, el que la hacía temblar de aquella forma, el que la poseía. En esos momentos Riza era mía, sólo mía. Ella me pertenecía en cuerpo y si lo quisiera también en alma.
De pronto la sentí tensarse entre mis brazos y soltar un grito salvaje. No había duda Riza tuvo un orgasmo. Mi orgullo creció, mi niña acaba de llegar al cielo gracias a mí. El animal en mí interior no estaba satisfecho con ello, no todavía. Mi hembra merecía un poco más y yo estaba gustoso de dárselo. Deje sus pechos y sujeté sus caderas, aún jadeando Riza me miró confundida y sin decir nada aumente la velocidad de las estocadas. Definitivamente velocidad y fuerza son las palabras más correctas para describir a Roy Mustang.
Unos minutos después la expresión de su inocente rostro expresaba que pronto alcanzaría el paraíso de nuevo. Y por mi parte, estaba llegando al límite. Me dejé caer sobre ella y aceleré si es posible un poco más la embestidas. Inmediatamente lo sentí, alcancé el máximo éxtasis al correrme en su interior, me estremecí y sentí que ella también lo hizo al gritar de aquella manera.
No salí de su interior. Todavía no quería. Pero el pobre cuerpo de Riza no podía seguir de pie, sus rodillas le temblaban y estuvo a punto de caer al suelo cuando la sostuve entre mis brazos. El sudor bañaba nuestros cuerpos, y verla así de frágil me tentó a tomarla de nuevo pero me contuve. No era el momento adecuado.
Giré a mi pequeña y la cargué con dirección a su habitación, la deposité suavemente en su cama y la besé. Fue un dulce y casto beso sin embargo me gustó mucho más que otros.
-Después terminaremos esto-La arropé con su edredón y salí de su habitación. Mañana tendría que hablar con mi pequeña sobre las relaciones con muchachos.
Por hoy había aprendido demasiado.
Bueno hasta aquí por hoy. Espero que les haya gustado.
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Nos leemos!!!
Sol-chan
