Warning: Los personajes empleados en esta historia no son de mi propiedad, pertenecen a el maestro Hidekaz :3


Segundo capítulo: capturada por un malhumorado alemán

Habían pasado unos pocos días desde mi captura, y la verdad, no me podía quejar del trato que estaba recibiendo. El fornido alemán me alimentaba, me dejaba tomar mis siestas sin ninguna interrupción, a veces intentaba entablar una conversación con él pero normalmente me ignoraba, y caminaba con mucha libertad por el pequeño refugio. Por supuesto, no recibía noticias de la situación de fratello en el frente, sin embargo, las caras de los soldados que entraban y salían con noticias para el rubio lo decían todo. La guerra pronto llegaría a su fin, y aunque se negaban a rendirse, tenían todas las de perder. En ocasiones, Alemania se sentaría a mi lado, observando cada gesto que hacía fijamente, tan callado que mis nervios afloraban y temblaba de expectación y miedo. Luego, me preguntaría cosas para sacarme algo de información, y yo las evadiría con éxito. Era un hombre noble de expresión reacia y dura, y bajo toda aquella máscara sabía que jamás se atrevería a provocarme ningún daño. Me aliviaba, pero por otro lado…maldecía que no me tomaran en serio por mi sexo. Es decir, hermana España era mujer, y en el pasado tuvo lo que todos quisieron poseer: tierras, fama, dinero…medio mundo a sus pies. ¿Acaso que hubiera caído de una forma tan desgraciada significaba que no estaba cualificada para tomar decisiones? ¿Ella, que sola se ocupó de aquellos territorios más allá del océano? ¿Ella, quién había combatido a Arthur y sus piratas mejor que cualquier hombre? Preguntas que para nadie tenían importancia ya.

Con pereza, cojo la sabana y la estiro por encima de mi cabeza, cubriéndome con su calidez, y dejo escapar un relajado suspiro. Por alguna razón, hoy me encontraba sola en ese lugar, con las puertas abiertas de par en par. Ve…él no parecía la clase de persona que olvidaba esa clase de cosas, más aún cuando un prisionero de guerra potencial puede escaparse en menos de lo que canta un gallo. En fin, pero ese no es mi problema. Hacía mucho frío fuera, así que me levanté acercándome a la puerta determinada, aún tapada. E hice lo que llevaba bastante rato hacer desde que la vi de aquella forma: la cerré. Asintiendo, me giré para encontrarme con unos hermosos y penetrantes ojos azul cielo mirándome con mucha confusión y ceño fruncido. Me sobresalté por la sorpresa.

"… ¿Por qué?" pregunta, su fuerte acento enviando escalofríos a mi piel.

"Emmm…¿Por qué el qué?" contesté apurada.

"No puedo comprenderte…"se frota la sien, como si le doliera la cabeza de haber estado repasando una cosa mil y una veces y aun así no encontrar la respuesta a sus cuestiones "Te dejo la puerta abierta, la nevera disponible para que te aprovisiones, una sábana para las noches frías e incluso en la mesa un mapa. Y tú haces todo lo contrario a mis esquemas, ¡No te escapas!" grita, derrumbándose en una silla "se supones que te tengo prisionera… ¿Por qué no actúas como un cautivo hace en estos casos? Por primera vez, me resulta imposible predecir los movimientos de una persona."

"Ahhh ¿eso? Aquí tengo todo lo que necesito: comida, siesta y tranquilidad, no merece la pena escaparse"

Su cara se torna roja entre la vergüenza y la furia. Agarra mi mano arrastrándome hacia la salida y me ordena que huya. Yo, sin muchos ánimos, camino haciéndole caso. Sin embargo, a unos pocos pasos, no muy lejos, hallo un grupo de hombres con cara de malas pulgas y sin dudarlo, corro de vuelta para la casa. Alemania sacude la cabeza agotado y empieza a preparar la comida. La gastronomía alemana era buena, no tanto como la italiana claro está, pero si rica. Me dediqué a observarle con detalle y noté que, cuando se trataba se realizar cosas del hogar o tan simples como hacer la comida, su expresión adquiría unos matices más suaves, incluso diría que tiernos y felices. En verdad, él era una persona fascinante, y desde el primer momento había decidido hacerme su amiga aunque no estuviéramos en buenos términos ahora mismo con la guerra. Pertenecía al tipo de gente que sobresalía por sus propios logros y el aspecto fiero ganado de batalla, pero que en el fondo, debía de estar muy solitario. En cierto modo, me recordaba al Sacro Imperio Romano…su parecido rozaba casi lo anormal, y muchas veces me había encontrado pensando que ambos podía llegar a ser la misma persona. Quizás, esa es una de las razones por las que sigo aquí, oculta a su lado, cuando mi hermano me esperaba no muy lejos luchando, deseando el final de esta "mierda embrollo" como la llama él para volver a ver a la española que había capturado su corazón. Porque si algo sabíamos los italianos, era distinguir el amor. Vee, ¿y qué mejor unión que el país del romance con el país de la pasión? Una combinación explosiva y maravillosa.

"¿En qué piensas, italiana?" oí una voz que me saca de mi ensoñación. Alemania coloca mi plato delante de mí y se posiciona no muy lejos, ya acostumbrado a tener un acompañante en la mesa. Sonrío y bebo un poco de agua.

"En nada en particular…" contesto con una voz misteriosa a propósito, y como pensé, despierta su curiosidad.

"hm… ¿seguro hada de los tomates?" responde divertido, y dándose cuenta de lo dicho se sonroja y aparta la mirada para seguir comiendo.

"Oww ¡Alemania sonrojado es muy mono!" me fijo en como el color rosado de sus mejillas se intensifica y no puedo sino admirar que le queda bastante bien. Le quita los rasgos endurecidos de su cara…en cierto modo, se veía incluso mucho más atractivo.

"C-calla y come"

Me encantaría que al terminar la guerra, yo pudiera ser amiga de esta persona, con todo mi corazón. Bajo todo ese caparazón había visto a alguien dulce y sereno que no era sino producto de su propia soledad y de la vida. No era tonta, conocía cuanto había tenido que luchar este hombre para llegar a donde está. Apareció de la nada apoyado por Prusia y se hizo un hueco en el mundo. Lo admiraba, porque al contrario de la creencia popular que nos tomaba a los italianos siempre por cobardes (no niego que en ciertas ocasiones no huyéramos, pero no siempre como acostumbran a afirmar), fratello y yo también nos habíamos esforzado por hacer de nosotros un país grande, a reconstruirlo, y por eso estábamos aquí.

Cuando menos nos lo esperábamos, la Gran Guerra terminó, y yo fui capaz de volver a casa donde mi fratello, muerto de preocupación, me dio un capón en la cabeza y maldijo no haberme tenido más controlada permitiendo que un "macho patatas" me capturase. Me disculpé hasta que se quedó satisfecho. Pasamos un largo periodo de pobreza debido a los gastos de las batallas, las pérdidas humanas y la caída de la bolsa de América. Cuando fratello se encontraba muy ocupado, escapaba para reunirme con Alemania y, con la excusa de buscar un trabajo, cooperar haciendo billetes. Con el tempo todos fuimos saliendo de ese pozo sin fondo, sin embargo, no pensábamos que los problemas apenas acababan de comenzar.

La Guerra Civil Española estalló, y cada país firmó un pacto de no intervención propuesto por Inglaterra. Pero otros, dirigidos por sus jefes, lo ignoraron por completo. Rusia se manifestó a favor del lado republicano, mientras que Alemania al bando sublevado. Por ende, y con el apoyo del duce, yo le seguí con el propósito de defender el régimen fascista del hombre bajito. Mi fratello montó en cólera, negándose a participar en toda aquella barbarie, acompañando a la mujer que amaba en todo momento. Gracias a esto, hubo un acercamiento entre el jefe de Alemania y el mío.

Y aquí nos hallábamos ambos, en una misma habitación mientras ellos discutían en la continua sobre los beneficios de una alianza ítalo-alemana. Alemania, algo tenso, mantenía la compostura como un buen soldado, listo para acatar cualquier decisión que se tomara en segundos. Yo sonreí, sosteniendo mi cabeza con ambas manos sin dejar de mirarlo.

"Ey…Alemania" llamé con una voz suave. Él en seguidas me prestó atención.

"¿Qué ocurre, Italia?"

"Sé que vamos a aliarnos y tal pero…me gustaría que fuéramos amigos, y no que todo se remita a un simple pacto político entre nuestros países" soné algo seria, pero en verdad quería que él no pensara en nuestra relación como la de dos aliados unidos por intereses comunes…yo buscaba algo más. Él pestañeó, confundido, para luego asentir y dar una ligera sonrisa, casi imperceptible…pero bonita.

El Pacto de Hierro de había formado, y solo era cuestión de tiempo que Europa conociera las consecuencias de ello.


Autora: Cómo habréis podido observar, no explico con mucho detalle algunos apartados específicos de la historia del mundo, porque veo irrelevante tener que hacerlo dos veces xDD Ya será explicada, por ejemplo, la guerra civil, en "Algo Diferente" así que no hay necesidad de hacerlo dos veces. La Segunda Guerra Mundial sí que es posible que la explique desde dos puntos de vista diferentes: Italia del Norte e Italia del Sur. Espero que os haya gustado, tal y como prometí, he actualizado lo antes posible xDD como estaba historia es corta, me puedo permitir hacerlo. A penas tendrá 4 o 5 capítulos si me salen bien las cuentas jajaja. X3 Podéis dejar algún review eh? Que no muerdo xDD si os pasáis a leerla y os gusta es un detalle muy bonito hacérselo constar a la autora jajaja. En fin, muchas gracias y Adiós!