Capítulo 2: Familia Zoldyck.
Gon frunció ligeramente el ceño, molesto por la luz del amanecer que se estaba filtrando bajo sus párpados cerrados. Trató de volver a conciliar el sueño, pero la incómoda postura en la que se encontraba, sentado y la cabeza recostada contra un frío y duro cristal no ayudaba. Finalmente se rindió, bostezando y estirando los brazos para desperezarse a la vez que abría ligeramente sus ojos aún somnolientos y analizaba sus alrededores.
Se encontraba a bordo de un dirigible. Killua estaba en el asiento justo en frente de él, al parecer todavía dormido. Ambos se estaban dirigiendo a la Torre Celestial para entrenar y conseguir algo de dinero, después de haber ido a buscar a Killua y este hubiera obtenido permiso de salir de casa, librándose de las garras de su familia.
Gon bostezó sonoramente, y mientras se deshacía de los restos del sueño se quedó mirando a su amigo. Ahora que lo pensaba, esta era la primera vez que le veía dormir. Mientras habían estado encerrados juntos en el examen de cazador durante 50 horas sabía que él no había llegado a dormir, y si lo había hecho en algún otro momento no había sido donde él pudiera verle. Lo cual había sido normal, dada su naturaleza desconfiada y la tensión que se había respirado en el examen.
Ahora que podía verle… la verdad era que Killua parecía más joven mientras dormía. El carácter maduro que su amigo solía mantener le hacía parecer más adulto de lo que era, pero ahora que le veía tranquilo y con sus facciones relajadas parecía el niño que realmente era.
Inevitablemente, los ojos de Gon se terminaron deteniendo en las diferentes marcas de golpes y contusiones que resaltaban sobre la piel marfileña de su amigo y no pudo evitar fruncir el ceño. No le había llegado a preguntar a Killua por ellas, al igual que él tampoco lo había hecho sobre las que el mismo Gon portaba. Con solo una mirada parecían haber llegado a un acuerdo tácito y simplemente habían bromeado al respecto. Pero en realidad tampoco necesitaban hablar para saber las respuestas a sus preguntas no dichas, ambos lo sabían.
Killua había recibido esas heridas a manos de su propia familia, mientras trataban de aleccionarle a su retorcida manera, y Gon mientras todos trataban de impedir que se encontrara con su amigo.
El ceño fruncido de Gon se profundizó por la contrariedad que sentía, porque las cosas no deberían ser así. Los miembros de una familia no deberían herirse entre sí, y si alguien quería ver a un amigo no deberían impedírselo.
Pero la realidad era como era. La familia es la que te toca, no puedes elegirla. Además, Gon tampoco podía decir que su situación familiar fuera normal: siendo criado por su tía, con un padre en paradero desconocido que le había dejado atrás y una madre de la que ni siquiera sabía nada. Cada uno tenía sus propios asuntos con los que lidiar. Seguro que todas las familias tienen sus problemas, pero la familia de Killua ya era…
—Disculpe, señor —le habló una voz femenina, y Gon no pudo evitar sobresaltarse ligeramente por lo metido que había estado en sus pensamientos mientras miraba fijamente a su amigo. Se giró y comprobó que la que le había hablado era una de las azafatas que le sonreía cordialmente—. ¿Desea que le sirva ya el desayuno? —siguió hablando al ver que tenía su atención.
Gon dudó un segundo, pensando que le gustaría comer con Killua pero tampoco quería despertarle porque era obvio que había estado cansado. Sin embargo se sorprendió cuando escuchó la voz de su amigo respondiendo por él:
—Claro. Me muero de hambre. Quiero chocolate —solicitó Killua animadamente.
Gon se giró a mirarle, aún con un gesto de sorpresa, comprobando que efectivamente su amigo estaba despierto y pareciendo totalmente despejado y sin rastro de somnolencia. Viéndole ahora nadie diría que unos segundos antes había estado dormitando.
Era obvio que la azafata también se sorprendió por su inesperada intervención, pero fue más rápida en recuperarse y siguió hablando tranquilamente como si nada.
—Muy bien, algo con chocolate para usted —accedió solícita, para luego volver a centrar su atención en Gon y preguntarle—: ¿Usted tiene alguna solicitud en especial señor?
—Lo mismo que Killua estará bien —le respondió Gon, ya recuperándose también del leve sobresalto.
La mujer asintió y se fue a por lo que habían solicitado. Killua por su parte, siguiendo con el buen humor con el que parecía haberse despertado, comenzó a hablar animadamente de diversos temas triviales. Gon había descubierto que con su amigo era divertido hablar de cualquier cosa, y pronto estuvo totalmente atrapado por la conversación y riéndose por tonterías.
Ambos estaban hechos un desastre, aún llenos de heridas y contusiones. Pero ahora ambos estaban juntos y felices. Killua libre del yugo se su familia y Gon con un nuevo objetivo a cumplir. Todo estaba bien.
En medio de sus juegos ambos terminaron desperdigando el chocolate más que comérselo; y mientras Gon veía a Killua riendo a carcajadas con el rostro ahora más lleno de manchas de chocolate que de contusiones, pensó que no le importaría volver a cruzar todas las Puertas de la Prueba necesarias solo para poder seguir compartiendo momentos así con su amigo.
Si podía seguir viendo la brillante y sincera sonrisa de Killua sentía que bien merecía la pena. No cambiaría este instante por nada del mundo.
Si la familia Zoldyck trataba de volver a arrebatarle a su amigo, no se lo permitiría.
