Hola a todos y todas! Gracias por seguir mi historia me encanta que les haya agradado. Supongo que habrá tiempo después para todo esto, así que les dejo el cap, espero lo disfruten!

Libro abierto

Miré una vez más aquellos extraños y espeluznantes ojos negros pertenecientes a la mujer más bella que he visto en diecisiete años antes de dirigirme, algo inseguro, al asiento de al lado.

Casi tan rápido como yo me ubiqué en mi asiento ella se movió hacia la otra punta, lo más alejada de mí posible como el lugar se lo permitía.

¿Qué le sucedía? Decidí no mirarla, sea lo que sea que le pasara sería mejor no involucrarme.

Tal vez era así siempre, tal vez a esto se refería Angela con lo de reservada, y tal vez esto era a lo que Lauren llamó raro. Por mucho que me pese admitirlo, había un setenta y cinco por ciento de verosimilitud en aquel punto.

O quizá sólo era por hoy, quizá había tenido un mal día y no tenía ganas de compadecerse con el chico nuevo. No podía juzgarla, en su lugar, yo hubiese hecho lo mismo; aunque tal vez no si era una chica, mi madre me había educado lo bastante bien como para mostrarme hostil con una mujer.

Y allí estaba yo ignorándola por completo. Y yo que me hacía llamar caballero, ¡ni siquiera la saludé! Con suerte me respondería, pero no importaba. No estaba bien ignorar a nadie.

-Hola- dije suavemente, intentando descifrar el por qué de su hostilidad.

Su posición se mantuvo igual, sólo que esta vez hubo un asentimiento de cabeza a modo de saludo por su parte tan diminuto que incluso creí que era producto de mi imaginación.

Opté por mantenerme al margen el resto de la hora, y ella decidió quedarse en la misma posición rígida lo que duró la clase. Presté muy poca atención a lo que el profesor decía, ya que en Chicago había acudido a un curso avanzado de biología, en donde lo más básico y simple era el tema que estaba exponiendo mi nuevo docente. En cambio había estado atento a los movimientos de mi acompañante, que eran completamente nulos. La espié de reojo unas veces, y me encontré con que ella, en algunas ocasiones, también me estaba observando. Pude notar que se veía muy incómoda, como si algo la estuviera molestando. Incluso olí mi cabello y mi ropa para cerciorarme de que no era yo. Pero no encontré nada malo, mi cabello olía a mi habitual champú y mi ropa tenía la fragancia de mi colonia. No entendía qué podía estar mal.

Ni siquiera había asimilado el sonido del timbre que indicaba el fin de la clase cuando mi compañera ya pasaba a mi lado con sus libros en sus finos brazos.

Tomé mis cosas y me dirigí hacia fuera, donde Tyler me alcanzó unos pocos pasos después.

-Oye, ¿tú también te le insinuaste a Cullen?- preguntó sonriendo con diversión.

-Claro que no- le dije frunciendo el ceño, algo indignado- ¿por qué?- pregunté.

-¿En serio?- parecía escéptico- es que parecía como si quisiera matarte amigo- dijo caminando a mi lado.

-No tengo idea- dije ausente.

Así que no era así todos los días, fue sólo hoy, sólo conmigo. ¿Qué rayos le sucedía? ¡Ni siquiera me conocía! ¿Cuánto tiempo habíamos compartido juntos antes de que decidiera odiarme? ¿Dos segundos? ¿Uno? No entendía el por qué de su hostilidad hacia mí, pero definitivamente era algo que me irritaba.

El camino hasta mi casa fue inquietante, me pasé todo el viaje devanándome la cabeza para encontrar la causa de la hostilidad de Bella Cullen, y por muchas vueltas que le diera, no encontraba respuesta. Al menos no una lógica.

Al llegar a casa me encontré con una nota de mi madre diciendo que había salido a hacer las compras, y ya que mi padre estaba trabajando decidí ir al estudio del segundo piso para reencontrarme con mi piano.

Desde unos días antes de la mudanza no tocaba, y era confortante escuchar las notas salir del instrumento después de algún tiempo. Incluso relajante, ya que logré olvidar mi irritación por Bella Cullen.

Pero el efecto no duró mucho. Un tiempo después de que mi concentración disminuyera notablemente decidí darme por vencido y comenzar a hacer la tarea de Trigonometría que me había quedado pendiente.

Cuando acabé me dirigí al piso de abajo y me encontré a mi madre preparando la cena.

-¿Cómo te fue cariño?- dijo aun revolviendo algo en una olla sobre la hornilla de la cocina.

-Pudo haber sido peor- dije avanzando hacia su lado y besarla en la mejilla- ¿cómo ha ido tu día?

-Bueno, tu padre no regresó desde esta mañana por lo que nuestros muebles y el jardín fueron víctimas de mi aburrimiento- dijo riendo- y mejor ni hablar del mercado del señor Scott- agregó en el mismo tono.

Me di la vuelta para observar la sala de estar y notar que cada mueble allí presente estaba reluciente e incluso algunos, como los sillones individuales color crema, habían sido movidos de su original lugar y todas las bolsas de comestibles que estaban sobre la barra.

-Ya lo creo- dije riendo un poco- ¿hace mucho que estás aquí?

-Sólo lo suficiente como para darme cuenta de que algo está frustrándote cariño- dijo con una mirada cómplice.

Fruncí mi ceño.

-¿Es que debo entender a qué te refieres?- cuestioné con una ceja en alto.

-Edward, soy tu madre- dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo.

-Oh- dije pretendiendo sonar sorprendido- gracias por decirlo, puedo jurarte que si no hacías tal aclaración jamás lo hubiese notado- dije con falso agradecimiento. Ella rodó los ojos sonriendo antes de hablar:

-He llegado a casa un rato antes de que las notas de tu piano insulten a cualquier tipo de músico- dijo con una sonrisa- te desconcentraste y eso se debe a algo- agregó un poco inquieta.

Yo rodé los ojos. Mi madre y sus ocurrencias. Aunque tenía razón, quizás demasiado. Me conocía perfectamente bien como para que le mintiera.

Ella malinterpretó mi silencio.

-¿Es algo por lo que deba preocuparme?- dijo con su pálido ceño fruncido y entornando sus verdes ojos.

Pestañeé varias veces por su repentina preocupación, sonriendo para tranquilizarla.

-No mamá, es sólo que…

-¿Es una chica?- quiso adivinar.

Touche.

¿Pero qué le decía? "Verás mamá, en realidad sí. Su nombre es Bella Cullen, básicamente no la conozco, pero creo que me odia y eso me irrita de una manera estúpida, retorcida e irracional. En fin, esa chica me trae enfermizamente loco desde hace cuánto, ¿menos de tres horas?

Oh, ¿y ya mencioné que es malditamente hermosa? Bueno, lo es. Y me odia.

Seguro, qué buena forma de explicárselo a mi madre. Nótese el sarcasmo. Como primer punto, hubiese hecho de mi vida un infierno si de mi boca hubiese salido una maldición. Y como segundo punto, no por eso menos importante, hubiera creído que su hijo- su único hijo- era un obsesivo compulsivo con tendencias de acosador.

Hice a mi cabeza trabajar el doble de lo habitual.

-Bueno…- dudé un poco ante su mirada inquisitiva- he tenido algunos problemas de comunicación con mi compañera de laboratorio- aquello no era nada lejano a la verdad, y era una buena forma de resumirlo.

Instantáneamente, luego de oír mi para nada retorcida explicación, su rostro cambió a uno algo enfurecido. Su ceño se arrugó, dejó de hacer lo que estaba haciendo y se acercó aún más a mi lado, puso una mano en su cintura y con la otra, incluso con la cuchara llena de salsa de tomate en ella, comenzó a señalarme.

¿Por qué se preparaba para regañarme? Porque tengo bien sabido en mis diecisiete años de vida que esa era su posición habitual para regañarme o sermonearme. Y con una mano en el corazón y otra en la bandera de los Estados Unidos, esta vez no me lo merecía.

-¿Qué…- pero no me dejó terminar.

-Edward Anthony Masen- dijo lento y pausado.

-Elizabeth Adams* de Masen- dije mientras me ponía derecho y sacaba pecho, igual que en la armada. Ella rodó los ojos y en sus labios rosados pude vislumbrar una tenue sonrisa, pero que disimuló demasiado bien.

Ella puede conocerme todo lo que quiera, pero yo también la conocía a la mar de bien a ella. Puede que sea mi madre, pero yo soy su hijo también. Y vale remarcar que ella no tiene ventajas, porque si hablamos de títulos en cuánto a madre e hijo, los dos nos recibimos el mismo día, en el mismo lugar, al mismo tiempo.

Sabía muy bien que habían vuelto a su mente las razones (que sinceramente creo que no existen) por las cuáles iba a regañarme.

-¿Qué hiciste?- dijo apuntándome con su "peligrosa" cuchara.

-¿Qué quieres decir?- le cuestioné.

-¡¿Con tu pobre compañera?! ¿Has estado alardeando? ¿No has dejado que participe? ¿Hiciste tú solo el trabajo? ¿La has hecho sentir mal por alardear acerca de tu trabajo? ¿No tuviste en cuenta sus opinion…

¿El aroma la habría afectado a nivel neuronal? Aún así, era gracioso.

-¡Oye!- dije fingiendo ofensa- ¿qué clase de hijo crees que tienes?- agregué con un tono de falsa indignación.

Su ceño se alivió un poco, o al menos la mitad de éste, ya que la otra mitad seguía igual, dejándole una clara ceja enarcada, haciéndola ver escéptica. Bien, eso sí que era ofensivo. Pero se lo hubiese dejado pasar si no se le hubiese ocurrido agregar:

-¿En serio vas a hacerme responder eso?

-¡Oye! Eso sí no te lo permito- dije, ahora sí, indignado mientras pasaba el dedo por la punta de su cuchara y dejaba salsa por toda su mejilla derecha.

Mi madre comenzó a reír a carcajadas durante unos minutos y no pude hacer más que unirme a ella.

-Tú no acabas de hacer eso cariño- dijo recuperada, mientras se acercaba más hacia mí, dejándome entre la barra y ella.

-Sí recuerdas que soy tu hijo favorito y que me amas demasiado como para dañarme ¿verdad mamá?- dije casi rogándole.

Ella fingió sorpresa y luego entendimiento. Y digo fingió porque cada vez que mentía se tocaba el cabello, como ahora.

-Oh cariño, gracias al cielo que has hecho esa aclaración, puedo jurar que si no lo hacías jamás lo hubiera notado- dijo citando y acomodando mi anterior broma a la situación.

-Creo que necesitó patentar mis frases- dije fingiendo enojo.

-Lo que necesitas es un baño cariño- dijo con comprensión.

¿Un baño? ¿Por qué? Si me había duchado esta mañana, ¿es que apestaba a algo? ¿Era eso lo que había irritado a Bella Cullen?

Mis pensamientos obsesivos cesaron un segundo después, ya que mi querida madre estaba pasando la cuchara por todo mi rostro y parte de mi cuello, ensuciando el cuello de mi camisa.

No pude más que reír, y mi risa aumentó cuando escuché la de mi madre. Había pasado por tanto en el último mes que si tenía que embarrarme la cara de salsa yo mismo y admitir que estaba siendo obsesivo con Bella Cullen para ella lo haría sin dudarlo.

Nuestras carcajadas fueron interrumpidas por el ruido del cerrojo de la puerta principal siendo destrabado, dejándonos saber que papá ya estaba en casa.

Mamá y yo nos giramos al mismo tiempo, aún sonriendo. Pero mi padre no se nos unió, en cambio, dejó su maletín, ni siquiera se molestó en colgar su arma, y su mirada parecía indicar que tenía intención de usarla. ¿Qué rayos le pasaba? ¿Tanto le molesta vernos riendo?

-¿Qué ha pasado?- dijo corriendo hacia nosotros para examinarnos.

¿Qué demo…

Qué estúpido soy. Él entró a su hogar y vio a su esposa e hijo, luego de que la primera casi es asesinada por su trabajo, cubiertos de un líquido rojo. Él sólo estaba preocupado.

-Tranquilo papá- le dije tomando una servilleta de la barra y acercándome a él- es la desabrida salsa de mamá- dije divertido, esperando que se relaje. Cosa que no ocurrió.

-¿Disculpa?- dijo mi madre picándome una costilla con un dedo.

-Oye- me quejé.

-Ya cariño, era un juego, relájate que ese ceño fruncido me hace sentir como si estuviera casada con alguien que me duplica en edad- dijo mi madre mientras le manchaba la cara a mi papá con salsa.

Él finalmente cedió y comenzó a reír. Mi madre le dio un rápido beso en los labios mientras yo terminaba, o intentaba, quitarme la salsa del rostro.

-Lo siento Edward, cuando los vi así me imaginé lo peor- comenzó a decirme.

-Está bien papá, entiendo- dije sonriéndole un poco- aunque no creo que haya peor cosa que esta salsa- añadí mirando a mi mamá de reojo, que había comenzado a poner la mesa.

Mi padre pasó un dedo por la mancha que mi madre había dejado y la probó.

-No está desabrida, algo fría quizás, pero sigue deliciosa- dijo mirando a mi madre.

-Traidor- le dije.

-Él es un verdadero caballero- dijo mi madre entrecerrándome los ojos.

-¿Qué acaso nuestro hijo no?- preguntó mi padre extrañado.

-¡Al fin alguien que pone un voto de confianza en mí!- dije dramático, haciendo que mi madre riera.

-Él sigue intentándolo- rió- lamento hacerte esperar para cenar cielo, me distraje regañando a tu perfecto hijo- agregó a su oración.

-¿Por qué deberías hacerlo?- contempló mi progenitor.

-Antes de que tu adorada esposa comience su equivocado pensamiento, déjame aclararte que nada de lo que pasó fue mi culpa. Ni siquiera sé si algo pasó.

- Déjame ver- me instó con una sonrisa cómplice.

-Tengo una compañera de laboratorio algo rara- dije sin pensar.

-¡Edward!- me regañaron mis padres al unísono.

-Bien, sé que no la conozco y no puedo juzgarla, pero cuando entré al salón ella ya estaba algo...- busqué las palabras adecuadas- rígida, y creo que ni siquiera contestó cuando la saludé. No me habló en toda la clase, y lo único que he pensado es que algo hice. Pero no sé exactamente qué- expliqué algo rápido.

-Ya veo- dijo mi padre- entonces sólo pregúntale mañana si hiciste algo que puso haberla ofendido. Y si lo hiciste, le pides disculpas- dijo con sensatez.

-¡Pero es que no he hecho nada!

- Hijo, todo aquello de lo que estés seguro requiere una segunda mirada de alguien que no seas tú mismo- dijo con voz suave- sólo pídele disculpas, te aseguro que todo mejorará luego de eso- agregó guiñándome un ojo.

¿Qué creía?

-Pero…

-Edward, las mujeres siempre tienen la razón- dijo suspirando, ganándose un beso en la mejilla limpia por parte de mi madre.

-Tu padre es sabio, escúchalo- dijo riendo, burlándose de mí.

-Cómo no- dije rodándole los ojos mientras sonreía.

Esta vez comencé a sentir olor en serio, ya no eran mis obsesivos pensamientos por mi nueva y misteriosa compañera, era un olor físico y real. Muy real.

Pude ver en mi vista periférica que el cuello de mi camisa estaba teñido de rojo, casi naranja.

-¡Mira lo que le has hecho a mi camisa!- dije pretendiendo estar ofendido.

-Como si tú la lavaras- dijo riendo- ve a bañarte que ya empiezo a sentir tu suciedad, tal vez eso le molestó a… ¿cómo dices que se llama?- preguntó con sus dos cejas en alto.

-No dije- dije sonriendo con maldad, demasiado había dicho ya como para darle otra razón de burlarse.

-Vete sucio- dijo riendo mi madre.

Adoraba a mi madre, adoraba nuestros juegos, nuestras charlas y nuestra relación. Sinceramente pienso que es la mejor mujer del mundo. Es todo para mí, y aún más desde aquel día, incluso la relación con mi padre ha mejorado. Jamás podría hacer nada que hiciera infeliz a mi madre, absolutamente nada.

Siempre tuvimos la mejor de las relaciones, y ahora mi padre estaba más presente en ella. Siempre le contaba todo a ella, aunque no era necesario ya que o no tenía mucho para contar, o lo poco que tenía lo adivinaba sin preguntar.

Muchas veces se quejaba de que pasaba tiempo solo, o de que no sea tan sociable como ella, pero aún sigo queriendo hacerle entender que disfruto mi tiempo así. Y cada vez que le señalaba mi punto ella siempre repetía lo mismo:

Nadie merece estar solo.

Bajé a cenar después de bañarme, y papá nos contó cómo le había ido en su primer día. Señaló que todo era muy tranquilo por aquí, y dijo que sería una exageración decir que mañana llegaría tarde a casa.

Mi madre estaba muy emocionada por la idea de tener a mi padre en casa, así que comenzó a decirle que debía llevarla a Port Angels para hacer algunas compras. Mi padre aceptó encantado, y la cena transcurrió entre insinuaciones de mi madre por mi compañera y elogios de mi padre por la cena.

La mañana siguiente decidí aprovechar el consejo de mi padre, y me preparé para preguntarle a Bella Cullen si había hecho algo para que ella reaccionara así, o si tenía algún problema conmigo.

Decidido y preparado me dirigí al instituto, y esperé hasta la hora de biología para encontrármela, cosa que no sucedió.

Toda la semana fue lo mismo: despertarme por el ruido de la lluvia, saludar a mi madre y desayunar con ella, conducir hasta el instituto, encontrarme con Tyler, Eric y Ben, evitar los comentarios de Jessica, Lauren o Mike y esperar encontrarme a la misma persona para luego decepcionarme al ver sólo al resto de su familia, que me observaba como si fuera culpable de algo.

El fin de semana llegó y fue el peor de todos.

Mis padres habían salido a recorrer Port Angels, no sin antes invitarme, pero decidí quedarme en casa.

Error. No había nada más aburrido que un fin de semana en Forks. Al menos la lluvia no era tan fuerte ni molesta como para impedirme a dar una vuelta.

Después de encender la alarma y salir del molesto garaje quise recorrer los alrededores del pueblo, en busca de, por fin, algo interesante.

Poco a poco, vuelta a vuelta, la lluvia cesó, y yo terminé en una ruta que estaba cortada.

A un lado de ésta había una senda, y del otro lado sólo árboles. La senda parecía aburrida, aun era muy temprano, así que no me quedaría sin luz antes de volver por el camino de árboles, ¿verdad?

Empujé ramas grandes, esquivé árboles caídos y vi mucho, mucho verde, pero todo eso valió la pena cuando vi lo que estaba oculto detrás de las ramas de dos sauces enfrentados.

No era un prado, era un paraíso. Tenía todo igual que uno. Desde los rayos de sol colándose por las ramas de los altos árboles, hasta el suelo verde poblado por pequeñas flores de colores que variaban e amarillo, el violeta y el azul.

Era hermoso y relajante. Perfecto.

Pasé un poco más de media hora en aquel lugar, sólo mirando la hierba.

Mientras estaba allí olvidé todo.

Olvidé el incidente de mi madre, olvidé la mudanza y el soso asunto con Bella Cullen. Era sólo yo en aquel lugar.

Cuando comenzó a incomodarme la húmeda superficie decidí volver.

El camino de vuelta no se me hizo tan difícil como me imaginé, así que logré llegar a casa antes que mis padres.

Me duché con agua caliente para relajarme y para eliminar todo el frío de mi cuerpo y me disculpé con mis padres para saltarme la cena, no estaba hambriento, más que nada cansado, así que ni bien apoyé mi cabeza contra la almohada el sueño me golpeó como nunca antes.

El domingo lo dediqué a mis tareas y mi piano, así que no se hizo tan complicado o aburrido.

El Lunes… El Lunes fue diferente.

Nada se salió de lo habitual, excepto que lo que más esperaba que pase me sorprendió.

Era algo estúpido que aquello que esperara me sorprendiera, pero tal vez es que estaba tan resignado a que eso pase que ya no lo creía posible.

Hasta que se hizo posible, y me sorprendió.

Allí, en el mismo normal y ordinario banco del Lunes pasado se encontraba sentada la hermosa protagonista de mis pensamientos: Bella Cullen.

Estaba leyendo unos apuntes cuando me senté a su lado así que sólo murmuré un buenos días nada entendible antes de sacar mis libros.

-Hola- dijo una suave voz musical que hizo que uno de mis libros cayera al piso.

No podía ser cierto, ¿Era ella quién me estaba hablando?

Rápidamente levanté el libro del piso y me giré hacia ella.

Aún seguía alejada de mí y parecía rígida pero al menos había hablado.

-Soy Isabella Cullen. Aunque sólo Bella sería mejor- continuó al ver que no contestaba, algo realmente embarazoso- y tú debes ser Edward, ¿verdad?- dijo con una sonrisa que podría haberme hecho odiar a cualquiera que la remplazara por una mueca triste.

-S-sí- tartamudeé estúpidamente. Me aclaré la garganta y proseguí- Edward Masen, es bueno conocerte Bella- dije sonriendo también, aunque ni de lejos tan hermosamente como ella.

Ni siquiera sabía por qué estaba sonriendo tan abiertamente, jamás fui tan social.

-El gusto es mío Edward- dijo esta vez con una pequeña sonrisa, incluso más dulce que la anterior.

-No tuvimos la oportunidad de presentarnos la semana pasada, y dado que luego debí irme lo que restó por…- pareció meditarlo, aunque no estoy muy seguro, fueron sólo unos segundos- problemas personales no pudimos presentarnos decentemente- añadió con una pequeña risita que me hizo pensar que era un ángel.

-No te preocupes- logré decir- lo entiendo. Espero que todo se haya solucionado- dije sonriendo.

-Gracias Edward, eres muy amable- dijo ella con apreciación. ¿Cómo podía no serlo con alguien tan bella como ella?

Antes de que pudiera agregar nada el profesor entró y comenzó a explicar la actividad. Era fácil, al menos para mí.

Delante de nosotros teníamos un microscopio y algunas diapositivas con muestras de células de cebolla.

El profesor continuó explicando que aquellos que lograran hacerlo bien y rápido obtendrían un premio. Era algo infantil, pero al menos le ponía ganas a la clase.

-¿Quieres empezar Edward?- me preguntó Bella con su delicada voz. Mi nombre saliendo de sus labios era una sensación rara, pero única.

-Claro que no, las damas primero- dije sonriendo.

Ella me observó unos segundos de más, y sonrió abiertamente al volver su mirada al microscopio con la primera diapositiva a revisar.

-¿Qué?- cuestioné aún sonriendo. Se sentía como si su sonrisa fuera contagiosa.

-Es sólo que no oía eso en mucho tiempo- dijo con su sonrisa en el rostro- anafase- añadió entregándome la próxima diapositiva.

Sus ojos chocolate se toparon con los míos varios segundos, haciéndome perder el hilo de mis pensamientos. Aunque no duró mucho.

Podía jurar que el Lunes pasado eran color negro. Tal vez me había confundido.

-¿Te importa si hecho un vistazo?- dije para cerciorarme de su afirmación.

-Oh, entonces- dijo entrecerrando sus ojos y frunciendo un poco sus rojos labios- labios que jamás me había detenido a mirar- - ¿la caballerosidad de damas primero era sólo un embuste?- dijo seria, pero podía ver la comisura de su labio inclinarse un poco, haciéndome saber que estaba bromeando.

Quise seguirle el juego.

-Claro que no señorita, pero no me gustaría que su imagen se viera afectada si por alguna casualidad, que creo un poco descabellada, se equivoca, por lo que no veo mis ansias de cerciorarme como ofensa alguna- dije mitad serio mitad sonriendo.

Lo que pasó a continuación me dejo helado. Helado de la hermosura.

La risa más bella que he podido escuchar retumbó en todo el salón. Era ella, Bella estaba riendo algo fuerte por mi comentario.

Mi acto reflejo fue reír con ella también, era imposible no hacerlo.

-Lo lamento- dijo un poco más calmada- sonó muy real- apreció.

-¿Real como "con una vez ya bastó? ¿O como: "no me molestaría volver a escucharlo?- dije sonriendo.

-Definitivamente no me molestaría volver a escucharlo- dijo sonriendo de tal manera que hacía que sus ojos se vieran completamente dulces- y sólo por eso te dejaré echar un vistazo- añadió.

-Muy bien- dije mirando por el microscopio. Ella tenía razón, era la anafase- anafase- dije en alto.

-Lo que dije- dijo orgullosa.

-Mis disculpas- dije sonriendo de lado.

-Podré vivir con eso- dijo mordiéndose el labio.

Okay, eso fue demasiado. Ya había aguantado todas sus sonrisas, sus perfectos labios rojos, sus ojos hipnotizantes, todo, menos esto.

No podía dejar de mirar cómo sus dientes mordían su relleno y delicado labio inferior. Y ella lo notó.

-¿Sigues conmigo?- preguntó un poco bajo.

-Claro- dije volviendo en mí.

Luego de terminar el trabajo, que obviamente fue muy fácil, para ambos, comenzamos a hablar.

-Entonces- dijo con su hermosa voz- te gusta el frío- no era una pregunta.

-¿Si me gusta el frío?- ella asintió luego de rodar sus ojos, sonreí por su trivial tema de conversación- no me molesta para nada, pero el frío no entra en mi lista de cosas favoritas- expliqué- ¿qué hay de ti?

-Tampoco la encabeza- dijo sonriendo- pero me he acostumbrado. Prefiero el sol- pude notar melancolía en sus ojos- por eso mi familia y yo aprovechamos cada día soleado en un campamento- retomó con seguridad.

-Suena genial- la animé.

-Sí, lo es- no sé por qué me dio la sensación de que sólo lo decía por compromiso.

-¿Eres de Chicago verdad?- preguntó.

-Sí, hasta hace unos días lo era- dije.

-¿Puedo saber qué te hizo atravesar todo el país?- dijo divertida.

Por mucho que deseara no pensar en eso los recuerdos me azotaron. El llanto de mi madre se alojó en mi cabeza atormentándome.

Mi rostro debió haber cambiado notablemente porque pude ver a Bella sentirse culpable.

-Yo lo lamento Edward, si fue muy personal mi pregunta yo…- comenzó pero la interrumpí.

-Está bien Bella, no es tu culpa- le animé- en realidad vimos Forks cmo una nueva oportunidad- le resumí- ¿te es eso suficiente?- le pregunté sonriendo.

-Claro que sí- repuso con amabilidad.

Luego de ganarnos la "Cebolla Dorada" (el gran premio del profesor) y de explicarle a este último que Bella sí me había dejado participar – se ve que ella es realmente buena, y que el profesor creía que ella había hecho todo el trabajo, ya podía juntarse con mi madre- salimos al corredor.

Mientras íbamos caminando la conversación continuó sobre cosas triviales. Cuando llegamos a su casillero decidí preguntarle lo que tenía en mente.

-Eh, ¿Bella?- dije algo inseguro.

-¿Sí?- contestó atenta.

-Sobre el Lunes pasado, no te ofendas, pero te noté algo tensa y quería preguntarte si fue respecto a algo que yo hice. Si es así l lamento, no fue mi intención molestarte de ninguna manera…

-No te preocupes Edward- dijo tranquilizándome- fue sólo mi culpa, no fue el mejor de mis días- agregó sonriendo por algo que no entendí.

-Ah- dije más aliviado. Aunque en realidad no era para aliviarse. ¿Qué rayos le pasaba entonces?- espero que estés mejor.

-He mejorado, sí- dijo pensando- es muy lindo que te preocupes Edward, gracias- me sonrió incluso más hermosa que antes.

Decidí hacer algo antes de comenzar a babear.

-Toma Bella- le dije entregándole el "gran" premio.

-No lo necesito- cuestionó.

-Sucede que el año pasado tomé un curso de Genética avanzada en mi anterior escuela, y si vuelvo con uno de estos a casa mi madre me hará un escándalo por engreído- le expliqué sonriendo. Ella volvió a reír casi tan fuerte como en el salón, atrayendo la vista de algunos estudiantes.

-Bien, te cubriré esta vez- dijo aún riendo.

-Muy amable- dije sonriendo mientras le entregaba el premio.

Cuando Bella quiso sostener el premio yo intenté alcanzárselo, por lo que su mano se chocó con mi brazo.

Por Dios, ¡estaba helada! Y no exagero, en verdad estaba fría. Pero lo que más me impresionó fue la descarga eléctrica placentera que se alojó allí donde su piel había rozado la mía.

Ella me miró fijamente y luego tomó el premio diciendo un simple y bajo gracias.

- Estás fría Bella- dije preocupado- no sabías que tenías frío, yo podría…

Ella sonrió con tristeza, aunque parecía un poco aireada.

-Tranquilo Edward- miró al piso unos segundos- creo que no entro en tu lista de cosas favoritas, ¿verdad?- volvió a sonreís con tristeza, aunque esta vez fue con más amargura- y créeme que es mejor así.

Cerró su casillero y se fue.

¿Es que no podía dejarme un día tranquilo?

Ahora tenía más cosas que pensar y descubrir de Bella Cullen.

Definitivamente mi obsesión estaba creciendo.

*N. d. A: En realidad ni siquiera se tiene ninguna pista acerca del verdadero apellido de Elizabeth, como soltera quiero decir, ya que en ningún libro se hace alusión a algo semejante, así que sólo lo inventé porque se me cruzó por la mente en ese momento

Hola! Lamento la tardanza, pero es fin de año y los profesores quieren tomar venganza por todo el años haciendo estúpidos finales (que aprobé, hay que aclarar) exprimiendo mi tiempo libre.

Qué les pareció? Espero que les haya gustado.

Hice a Bella un poco más relajada de lo que Edward estuvo en esa clase de biología, pero es que nadie puede ser mala con Edward (L

Espero sus opiniones, nos leemos pronto, A simple human.