Hello! sé que tardé mucho pero es que dudé muchísimo con este capítulo. Espero que les esté gustando la historia y nada. A LEER!
Disclaimer: los personajes no me pertenecen, así como la frase que le da título al capítulo.
DOS
We're the best partners this world's ever seen
El miedo desapareció en cuanto vio su cara. Era joven, seguramente de su misma edad. Sus rasgos todavía no se habían convertido en maduros, pero sus ojos portaban tal amargura que era imposible verlos en alguien adolescente. El pelo rubio, le caía sobre la frente de una manera que podría definirse como andrógina; vestía apretadas ropas de cuero que le provocaron escalofríos al recordar brevemente a la tendencia sadomasoquista.
Sayu se dividía entre la incomodidad y el alivio. Incomodidad porque aunque ya parecía haberlo olvidado, seguía siendo una rehén, y alivio, porque él no era un hombre panzón, cuarentón y depravado. Por alguna extraña razón estaba contenta de que él fuera alguien atractivo.
Se sonrojó, la idea era ridícula, pero prefería que si iba a estar sola y atada en una celda, al menos podría ser con alguien... apuesto. Se detuvo en ese pensamiento para notar que estaba considerando atractivo a su secuestrador. Si bien lo era, era de una manera muy extraña y particular, al fin y al cabo su atractivo residía en lo exótico en su cara, obviamente occidental y en lo atrapante que era su mirada torva. Lo cierto es que había querido odiarlo desde el comienzo, pero entre el miedo y la desesperación, como si hubiese olvidado de hacerlo. Se sentía estúpida, por sentir simpatía por él, por no poder odiarlo y gritarle, y escupirle, y patearlo para intentar escapar. Todos los sentimientos relacionados con él parecían ridículos, pero él parecía tan diferente... y tan igual a ella.
En medio de la confusión, había naturalizado algo que sería catalogado como repulsivo o desubicado. Nada tenía sentido, pero algo le impedía actuar normalmente, la necesidad de ser "una buena rehén"
- No voy a comerte si es lo que crees, hay cosas más ricas que una japonesita sudada.
Su frase la tomó por sorpresa, había algo de confianza y compañerismo. Como una burla a la compañera de banco.
- Yo no dije nada
- A juzgar por tu expresión yo diría que sí. De aquí veo el chocolate, extiéndete así lo tomas y puedo volver a atarte.
Sayu obedeció. La tableta era enorme, a pesar de que su hambre era voraz no iba a ser capaz de devorar tan cantidad.
- ¿Por qué te gusta tanto el chocolate?
- No te metas en lo que no te incumbe, ya te lo dije, que te esté ayudando no significa que me agrades o que soy amable.
- Tú si me agradas.
Lamentablemente no estoy programado para sentir agrado por alguien.
-Cuando era chica me encantaba el chocolate, una vez me robé una tableta del negocio de un viejito de mi barrio. Cuando mi madre se dio cuenta me obligó a devolverlo y a pedir disculpas. Pero no me sentía culpable, además ya me había comido el chocolate y estaba tan delicioso que hasta me habían dado ganas de robar otro más, como si lo hubiese hecho más rico. ¿Te sientes culpable luego de hacer algo malo?
-Depende de que se trate. Secuestrarte me revuelve el estómago. Come que se va a derretir.
-Estoy tiritando de frío. Comentó alzando las cejas.
-No exageres y aliméntate o tu padre se pondrá a llorar si te ve más flaca de lo que ya te ves.
Sayu comenzó a sentirse observada, eso había sonado extrañamente a un elogio.
- ¿Habías secuestrado a alguien antes?
- ¿Si te respondo te callarás?
- Sí. ¿Contenta? Nos vemos mañana.
-¡Eso no cuenta como respuesta!
- Como quiero irme de aquí lo más pronto posible te voy a decir algo: de toda la gente que secuestré, eres a lo lejos, la que más me habló. ¡Dios santo! ¡Eres una maldita máquina de hablar! ¿Seguro que no te tragaste una grabadora o algo así? Soy tu secuestrador, your kidnapper, ton ravisseur, il tuo sequestratore.
Sayu se quedó en silencio, observando con Mello comenzaba a soltarse. Me parece que no soy la única a la que le gusta hablar. Él la impresionaba, el hecho de que le estuviese hablando en japonés pero era capaz de citar palabras en tres idiomas más, sus frases ingeniosas y su mirada despreocupada. Las ropas de cuero negras que vestía, lejos de intimidarla habían hecho que empezara a sentirse... cómoda, y la cruz que cargaba en su pecho le parecía algo tan irónico como aliviante. Casi como si la presencia del rosario pudiera salvarla.
- Aunque... realmente valoro que no me hayas lloriqueado para que te libere... Es decir, ¿Realmente se creen que porque lloren voy a decir: "Uhm, que pena, la hija del presidente no quiere ser secuestrada, yo creí que sí. ¡Mierda! Ahora tendremos que conseguir nuestros millones reciclando papel. Mejor liberémosla haber si no se pone a llorar"...?
¡Carajos! ¿Es que nadie entiendo que no se puede algo por el estilo? ¿Que no sirve creer en cosas que no van a suceder y pedir porque así sea? Algunas cosas simplemente no van a suceder, supéralo.
Mello había cambiado su expresión elocuente por una que parecía una mezcla entre dolor y confusión. Ira y bronca, como un mal recuerdo.
-Em, ¿Estás bien?
El joven pestañeó, la frase le parecía extraña y casi desconocida, no podía recordar su significado. Trató de rememorar las veces que le habían preguntado aquello. Tres. Cuando sus padres se marcharon una tarde y lo único que le quedó fue vagar hasta que Watari lo encontró y se lo inquirió, cuando cayó por las escaleras en Wammy's y un niño se lo preguntó y cuando se marchó de allí y Matt se lo dijo preocupado.
Mello formó una mueca de disgusto, como si no valiera la pena contestar.
-Me gusta mucho el chocolate. Es uno de los pocos recuerdos felices que tengo de mi infancia y blah blah blah, toda esa putada de la niñez. Además la glucosa que posee hace que se produzca una sinapsis más veloz y efectiva. Si tengo que elegir... el mejor es el semiamargo: el que tiene leche pierde el sabor original del cacao y el amargo, siento que le falta algo. Un bloque sólido de cacao puro amargo... le falta algo.
Sayu comenzó a comerse el chocolate y ella también recordó su niñez,
-Cuando tenía unos cinco años me disfrazaba de geisha todos los días, corría en kimono por la casa y cuando me caía... ¡Por las enormes sandalias! No es que soy tan torpe... Mi mamá me preparaba leche con chocolate, pero de barra, no en polvo. Mi papá me vendaba la herida o me traía hielo y Light me hacía algo en origami, en esa época se pasaba todos los días llenando la casa de gruyas como si fuera una planta de reciclado.
-Yagami Light... Mello se quedó pensativo, flotando en cada letra hasta que su voz lo despertó.
-Sep, ese es mi hermano... Es genial ¿Sabías? Es el más inteligente del país, se graduó con honores en el secundario y dio el discurso de bienvenida a la Universidad. Aunque para serte sincera, desde que tengo quince años que no hablo más de cinco minutos con él. Esto hace que las funciones cuadráticas se vean mejor.
-Eran mis favoritas cuando era estudiante. "Sonriente" y "Triste" Obviamente el muy hombre-topo de Near seguro las llamaba "Que posee una expresión que denota felicidad" y "Que posee una expresión que denota tristeza"
Sayu estalló en risas:
-Dios, ¡No puedes hablar en serio! Nadie habla así... Vamos, sé que eres un criminal, pero mentirme en algo tan tonto...
-¡Mujer! Tu lo has dicho, ¿Qué sentido tendría mentirte en algo tan tonto? Y cuando una función lineal era creciente decía: "función que asciende oblicuamente en un porcentaje de crecimiento del 100%, o tal vez del 99,9999999999999999%"
Mello contestó hablando con una voz especialmente aguda aún cuando distaba de la del Near original, provocando que Sayu se ahogara con el chocolate y las lágrimas de risa comenzaran a aflorar.
-Re..cién –Apenas podía hablar, se atragantaba con su propia saliva- sonas..te impresionantemente, afeminado para decirlo de una manera amable; aunque supongo que esos pantalones de cuero no ayudan. Apuesto a que eras la dominatrix de ese tal Near.
Por un momento Mello pensó en realmente matarla por tan osado comentario, pero se veía tan inocente, tan ingenua y confiada, haciendo bromas con él.
-No te pases de viva, Yo soy el Sr Captor y tu la Srta Cautiva.
-Me llamo Srta Rehén para que conste.
-Claro, ¡Cómo pude olvidarlo! Sayu Rehén Yagami, un gusto conocerla, mi nombre es Mello Captor Chocolatero.
-Ya, dime tu nombre verdadero.
-¿Realmente crees que te lo voy a decir?
-No. Pero no perdía nada intentándolo ¿No?
El sótano se llenó de silencio y Sayu se lamentó por haber arruinado el momento... Miró el chocolate y descubrió que se lo había comido casi todo, se lo acercó a Mello.
-No. Cómetelo tú, para algo te lo traje.
Acto seguido se levantó y comenzó a caminar. Había bajado la guardia... había estado a punto de revelarle su nombre a la hermana de Kira.
-¡Por favor! ¡No te vayas!
-Nos vemos, Yagami Sayu.
-¡Te lo suplico! ¡Me portaré bien! Sácame de aquí, no lo soporto más. Por favor... Mello.
El joven se dio la vuelta y aún en la penumbra, pudo ver su llanto desesperado, se acercó y abrió la celda, moviendo la pistola en su mano:
-Si haces algo estúpido, tengo otras cosas que podría hacerte además de matarte.
Sayu suspiró, desde aquel último suspiro antes de que la secuestraran no había sentido los pulmones tan libres, tan llenos de aire listos para respirar.
-Gracias, de verdad.
-No. No quiero más gracias ni por favor. Estás secuestrada, no me hables, no comentes ni seas amable conmigo.
Sayu no respondió y se limitó a caminar delante de él, con la pistola haciendo sonidos en el aire y los dientes de Mello rompiendo un chocolate. Al terminar un estrecho pasillo, comenzaban unas escaleras de concreto que le hicieron creer que pronto vería la luz.
Pero subiendo las escaleras quiso inventar una excusa para que él la volviera a tocar. Se había sacado los guantes y ahora tenía la piel de sus manos desnuda; y Sayu moría por saber si su textura era áspera, suave, si le impregnarían olor a chocolate o era todo confabulaciones suyas. Fantaseó con una caída en la que Mello caía sobre ella y sus alientos se mezclaban sin pudor y sus manos se cernían en su cuerpo. Deseaba el contacto humano más que nada porque ya se había olvidado lo que era el calor de una persona. Quería convencerse de que era la soledad lo que la impulsaba a desear sus manos y no una extraña nueva simpatía hacia su secuestrador... en cuanto se tocaran se daría cuenta de lo que era ser humana nuevamente y lo aborrecería por privarle de esa sensación.
¿O desearía más? ¿Y se le gustaba demasiado su tacto? ¿Y si quería más de alguien que nada más puede ofrecer porque nada más tiene? La sola idea de necesitarlo la ponía frenética, pero no entendía si de buena o mala manera. Los escalones estaban por acabar y lo decidió: aflojó sus piernas y se arriesgó a una caída sólo por la chance de obtener contacto. Pero nunca llegó al suelo ya que el brazo rápido de Mello le abrazó la cintura sin demasiados miramientos y la levantó unos centímetros del escalón.
Su mano le ardía, quería que la soltara inmediatamente, era ya insoportable. Quemaba hasta los huesos y se sentía como si le tocara la piel desnuda a pesar de tener muchas capas de ropa. Un escalofrío la recorrió su cuerpo y deseó que la soltara para despertar de su ensoñación y volver a la cruda realidad en la que él tenía un revolver y manejaba su vida y ella era la rehén maniatada en el fondo de una celda.
-Hey, si te mueres la culpa caerá sobre mí, así que si piensas suicidarte hazlo cuando te liberemos. Comentó casi en risas. Esto es una mala idea, estoy haciendo migas con la REHÉN. Yo mismo le pedí que dejara de hacerlo y vuelvo a caer como un estudiante bonachón.
Sayu sonrió, aliviada por la intervención de él y siguió haciéndolo durante todo el resto del trayecto.
Gracias por leer y espero sus comentarios con ansias!
Saludos :)
