Segundo capítulo, aunque avanza lento espero que no pierdan el entusiasmo, pretendo seguirlo. Muchas gracias desde ya y todas las criticas son bien recibidas.


"PET ISSUES"

Cuando su padre, Henry Watson, fue llamado a servicio y tuvo que dejarlo por una larga temporada solo con su madre y hermana, John se había sentido triste. Aunque no habían sido especialmente cariñosos, el y su papá eran bastante unidos por aquel entonces. Su ausencia lo había vuelto un niño retraído y apático, y su preocupada madre había tenido que intervenir.

Pese a que llevaba años pidiéndolo (tanto él como Harry), nunca habían tenido una mascota. Por esto cuando su madre volvió de la tienda de mascotas, John casi abandono aquel pequeño duelo personal ante la emocionante idea de tener finalmente el perro que siempre había soñado. Sin embargo el nuevo miembro de los Watson no fue aquel canino esperado, en cambio un crecido gato himalayo llegó esa tarde con su madre. Harry era la que siempre había querido un gato, no era justo.

El gato, cuyo nombre con los años había olvidado (de todas formas Harry se lo cambiaba según su propio humor) era ya demasiado viejo, demasiado orgulloso y malcriado cuando llegó a casa. Y John era su persona menos favorita.

Con los días se las había arreglado para orinar y romper muchas de sus revistas favoritas (su primera playboy totalmente desgarrada), sus historietas, libros, incluso sus sábanas. Había tomado posesión de su cama, de su jumper favorito (raído y hecho una pelota en la caja del gato), y una larga lista de cosas. El odio era mutuo. Y por muchos años habían permanecido así, el gato abusando de su cómoda inmunidad (mamá y Harry le creían un santo, pues nunca se metía con sus cosas -gato endemoniadamente listo-) y John odiándolo tanto como era posible, alternando momentos de gritos con indiferencia.

Pero en el fondo John siempre fue un blandengue, y era el más centrado en esa casa. Mamá trabajaba demasiado, para cuando Harry y el se volvieron adolescentes ella tenía tantos turnos extras como le era posible. Su hermana con los años se había vuelto más fanática de las salidas nocturnas y la intensa vida social. En consecuencia, el único en estar ahí para el gato había sido John. John siendo el único que recordaba que debía comer. John cambiando la caja de arena. John pasando sus sábados en la noche, solo en su sala, mirando maratones de Dr. Who en la televisión. John, el que prefería quedarse leyendo un buen libro de biología y comiendo un sándwich de mermelada encerrado en su habitación.

Con el tiempo, el gato y el habían encontrado un extraño equilibrio. Ya no le molestaba tan seguido y hasta, si el animal consideraba que John estaba siendo lo suficientemente aceptable, se acurrucaba junto a él en el sofá o la cama. John por su parte, cuando consideraba que el gato se estaba portando especialmente bien, pasaba sus dedos por el pelaje acariciándolo. Aquello, descubrió, era algo que los relajaba a ambos, aunque ninguno lo llegara a admitir. El gato y John no se agradaban, pero cuando el felino falleció y su madre lo llamó a la universidad para contárselo, John sintió un pequeño malestar que no le permitió prestar atención total a su clase de química orgánica.

- Fue la madre, tuvo que ser la madre.

- Excepto que no fue la madre, Sherlock.- murmuró John detrás de los documentos de su caso más reciente. Aquello les tenía ocupado desde hacía varios días, no habían dormido, apenas si habían comido. No era realista la forma en que Sherlock parecía tener la energía suficiente como para caminar por toda la sala de manera tan hiperactiva. Sus dedos hiperquinéticos tamborileaban sobre su muslo, por encima de la tela de su pantalón de pijama, en su barbilla y hasta se alternaban para jalar el cabello oscuro y rizado.

- TUVO que serlo. - Espetó alzando la voz y dramáticamente los brazos.

- Posible, si no llevara quince años muerta. - Sherlock lanzó un gemido gutural de profunda frustración. Aquello lo estaba matando, realmente. Sus ojos se movían intranquilos, los pensamientos parecían atormentarlo y por un minuto John realmente se preocupo por su amigo, parecía estar a punto de hacer ebullición. Su cuerpo temblaba, su rostro estaba más pálido y aquellas ojeras no habían estado tan pronunciadas en algún tiempo.

- Sherlock.

El detective consultor no le respondió, continuaba consumido por su estado de manía.

- Sherlock. - levantó más la voz, arrojando los archivos sobre la mesita de café frente al sofá en el que se encontraba sentado.

Sin respuesta.

- ¡Sherlock!

- ¡John! - le gritó, girándose para verlo. El médico suspiró derrotado y con un gesto de su mano le indicó que se sentara en el sofá.

Inesperadamente lo hizo, Sherlock caminó hacia él con pasos lentos y pesados, y a continuación se echó a lo largo en el sofá, desparramando sus largos miembros sobre el mueble y descansando su cabeza sobre el regazo de John.

- Quizás necesites dejar de pensar, un minuto. Vamos a ver un poco de tele basura o algo. - Sherlock no objetaba, pero permanecía todavía tenso y su pierna moviéndose en un tic nervioso.

Uno de esos tantos programas de competencia musical estaba en el aire, una adorable presentadora a la que John reconocía como una antigua cantante con un par de éxitos allá en los noventa, le sonreía a la cámara y anunciaba uno tras otro los participantes. Tras reconocer dos canciones seguidas, John comprendió que esa noche todos los temas formaban parte de un tributo a un grupo musical de los años setenta.

La pierna de Sherlock dejó de temblar y con curiosidad el doctor se fijó en el rostro de su amigo. Sus ojos entrecerrados permanecían ausentes, sin embargo no abandonaban la pantalla. Unos rizos rebeldes le obstruían la visión y sin pensarlo demasiado John los apartó con su mano. Aquel contacto, tan poco familiar, no pareció importante a Sherlock, tampoco cuando John mantuvo su mano sobre su cabello.

- Mummy solía escuchar esta música.- susurró el detective, tan bajo que John apenas había podido oírle. Una risita se escapó de sus labios y se echó para atrás, relajándose completamente en el sofá y enterrando más profundo su mano en el cabello de Sherlock. Era inesperadamente suave y despedía un aroma a acondicionador frutal que le sedaron sus sentidos.

El pulgar fue el primero, movimientos lentos y circulares en la sien imprimiendo una cadencia especial, presionando gentil pero la firmeza suficiente como para sentir bajo su piel el cuero cabelludo y cada hebra de cabello. Luego le siguieron los demás, tanteando el resto de su cabeza con pequeños toques que inconscientemente tamborileaban al mismo ritmo que la música, alternando con dibujos circulares. John había olvidado lo relajante que aquello era, no había acariciado a alguien se esa forma en años. Y esta vez perdió la noción del tiempo mientras lo hacía. De pronto volvían a su cabeza las memorias de aquel viejo gato problemático y con una sonrisa en sus labios, no pudo evitar compararlo con su compañero de aventuras.

Sherlock.

Volvió la mirada hacia su regazo donde el rostro de su compañero le devolvía una expresión indescifrable. Ya no estaba pensando en el caso, John estaba seguro de eso. Pero no pudo determinar que nuevos pensamientos ocupaban la mente de su amigo. Aquellos ojos rasgados, semiabiertos, esa noche la luz de la televisión se reflejaban otorgándole una tonalidad verde. Otros días eran grises, incluso azules. Esa noche más que nunca pensó que se veían felinos. Aquel tonto gato hermoso y orgulloso. Dios, si que era hermoso.

De repente Sherlock cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, buscando mayor contacto con la mano de John. Y este no se hizo de rogar, continuo imprimiendo dibujos imaginarios en el cabello de Sherlock. Un suspiro imperceptible abandonó los labios apenas entreabiertos del detective. La melodía de fondo dictaba el ritmo de los movimientos. Era una vieja canción, John la había escuchado mucho tiempo atrás, y aunque nunca le había prestado atención a la letra, sabía que en algún momento del estribillo la hermosa voz cantaba sobre como el ganador lo tomaba todo.

Sus labios se relajaron en una sonrisa, había empezado a disfrutar bastante aquel momento incluso antes de notar como los labios de Sherlock se movían. Había pensado por unos segundos que estaba hablando, pero no, solo movía los labios articulando palabras pero sin emitir sonido. Aquellas palabras no eran azarosas, no, Sherlock estaba cantando - pero sin cantar- la letra de aquella canción que John recordaba vagamente. Si que se encontraba sorprendido, Sherlock siempre lograba eso, John ni siquiera quería parpadear para no perderse un segundo de aquel momento tan extraño. Se sentía especial, estaba seguro de ser la única persona en el mundo que había tenido el privilegio de ver al único detective consultor en aquel estado de relajación tan... íntimo.

Las pupilas del doctor Watson no se despegaron de sus labios, las palabras brotaban una tras otra y el las seguía sin perder detalle.

"...side the victory, that's her destiny.

I was in your arms

Thinking I belonged there

I figured it made sense

Building me a fence

Building me a home

Thinking I'd be strong there

But I was a fool

Playing by the rules..."

Una sonrisa se dibujó en los labios de Sherlock cuando escucho la suave risa que John dejo escapar. Las mejillas del ex militar se sentían algo caliente y sabia que se había sonrojado, aquello era vergonzoso pero se sentía extrañamente feliz. Con el pulgar de su mano libre delineo el borde el mentón de Sherlock, tanteando la piel y percibiendo la forma del hueso. Bajó hasta la barbilla y allí presionó suavemente, dirigiendo el pulpejo en forma ascendente, de pronto se hallaba delineando el borde del labio inferior. Las palabras continuaban naciendo y algunas sílabas ocasionaban que el labio acariciara involuntariamente el dedo de John. Un cosquilleo le seguía, subiendo desde la punta por su brazo hasta su columna.

En algún momento aquellas palabras ya no eran palabras, y aquel tanteo tímido se aventuró a más. La música llegaba a su final pero los labios de Sherlock continuaban moviéndose, capturando el pulgar de John y acariciándolo. Pequeños besos, es lo que eran, se repartían en los distintos sectores de la piel que cubría el dedo. Era tan suave y mínimo el contacto que no alertaron al doctor. Tampoco cuando empezó a sentir la presión y el calor de su lengua. Tímidamente la punta de su lengua delineaba los patrones dactilares en su pulgar. Y pronto no fue el único, la boca de Sherlock repartió generosamente su atención en los otros dedos de esa misma mano. Atrapándolos entre sus labios, dando pequeñas lamidas, presionando con sus dientes tan sutilmente que John no estaba seguro de si considerarlo una mordida.

Era extraordinario. Tener a Sherlock en su regazo, completamente estirado y relajado con una languidez felina, los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, exponiendo su cuello totalmente pálido, tocándole el cabello siguiendo el mismo ritmo que el detective había impuesto para acariciar los dedos de John con su boca. Todo ese cuadro, ese preciso momento, era lo más erótico que había visto en su vida. Un calor intenso se coló por debajo de su piel, estaba ardiendo, su pulso se disparó y sus pupilas se dilataron.

Sherlock no lo podía ver así de excitado, pero sus labios migraron hasta la muñeca de John. Justo ahí donde la arteria radial golpeteaba con mayor fuerza y a mayor frecuencia. Palpó apenas con sus labios la zona exacta unos segundos antes de presionar su boca en un beso. Una sonrisa confiada, juguetona y John se sonrojó aun más, ahora lo había notado. No hacía falta mirarlo para percatarse de lo alterado que su cuerpo de encontraba. No cuando eres Sherlock Holmes.

La música cesó y la voz de la presentadora inundó la sala, demasiado brusca, demasiado chillona los sacó de su ensoñación. Abba, así se llamaba aquel antiguo grupo, sin perder la sonrisa y pero con una voz tan mecánica que hacia obvio el hecho de que estaba leyendo un tablero por detrás de la cámara. La mujer dio una ligera biografía del grupo musical nacido a principio de la década del setenta, repasando títulos de sus canciones más populares y una pequeña referencia a sus integrantes, quienes antes casados, tras su divorcio y el cansancio mutuo, había resultado en un conflicto irreconciliable que lograra la disolución del conjunto.

Sherlock abrió los ojos de repente, se apartó de las manos de John y saltó del sofá. Quedando completamente de pie frente al buen doctor.

- Ex esposo. - pronunció. John se revolvió incomodo en su asiento, aclarando su garganta y tratando de recomponerse para comprender lo que sucedía.- ¿No es obvio? ¡John! Tuvo que ser la esposa pero no lo fue, ella estaba muerta, pero no sus intensiones. Sibbyl Renton tenía un ex esposo, el tuvo que saberlo todo... oh dioss es brillante. ¡John! Esto es perfecto.

El júbilo repentino descolocó a John. ¿Ex- esposo? Oh claro, lo había leído en algún lugar de los archivos. Se estiró para tomar la pila de papeles que había dejado sobre la mesita de café, pero Sherlock se interpuso entre el y su propósito. El detective se había arrodillado frente a su compañero, una alegría vigorizante palpitaba en todo su cuerpo y su expresión suavizada le dio una apariencia aun más juvenil.

- John, ¿alguna vez he halagado sus capacidades como conductor de la genialidad? Eso por si mismo es brillante.- Su tono de voz fue grave y profundo, generando una sensación incómoda pero placentera en el centro de sus entrañas.

Estuvo a punto de decir algo pero el detective se las arregló para sorprenderlo otra vez, tomando sus manos entre las propias y rápidamente llevándola hacia sus labios, depositando un beso en cada una de ellas.

- Mi teléfono, tengo que avisarle a Lestrade. - murmuró apartándose tan rápido como llegó. Dejando a su buen compañero, el ex militar y doctor John Watson con la sensación de que el alguien había removido el piso bajo sus pies y el vértigo lo abrumaba.


Nota 1: La canción de Abba es "The winner takes it all"

Nota 2: la razón por la que se desintegró la banda no fue puramente los divorcios de ambas parejas, se sumaron otras cosas pero las omití para que sirviera en este caso.

Nota 3: cortito XD pero espero que les haya gustado. RR bien recibidos :) gracias desde ya.