Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

BswanMD, creo que Edward está a punto de hacer su aparición estelar.

Meriyou, gracias preciosa por estar por aqui también. Bienvenida.

Cristina Manzanares, espero poder resolver todas tus dudas.

Anaidam, a ti querida Di que te voy a decir si eres la primera responsable de que me haya lanzado al vacio publicando por aquí. Gracias por el empujón.

AudreyBaldacci, para mí si es un honor tenerte por aquí, en esta historia que tan buenos momentos y tantas discusiones-debates nos hizo tener. Una gozada.

Supattinsondecullen, bienvenida y espero que la disfrutes cómo lo hizo quien te la recomendó.

Gracias por leer este primer capítulo. Por el apoyo demostrado. Y ahora sí, veremos si el Doctor Cullen hace su aparición estelar por esta historia…

Las actus a partir de ahora serán lunes y viernes o sábado. Dos actus semanales.

Capitulo 2. Cruce de caminos.

Jacob, no podía creer lo que Bella le había dicho, la conocía desde que tenían 6 años, y ahora, le daba un ultimátum, paseo por la costa, sin olvidar en ningún momento la imagen de ella, hacía tanto tiempo que Bella no parecía ser ella misma, aquella chica alegre de pelo castaño y ojos marrones, que disfrutaba pareciendo una adolescente, con sus trenzas y sus coletas. Alocada en su forma de ser, aún podía recordar con nitidez aquel 19 de septiembre habían pasado 20 años y lo recordaba como si hubiese sido ayer, era el primer día de colegio para ambos, tenían cinco años, él la descubrió en el patio, ella, con sus eternas coletas y su agridulce sonrisa, lloraba desconsolada y el no entendía por qué lo hacía. Se detuvo frente a ella, con su seguridad de siempre y le preguntó que le pasaba, ella sin levantar la vista le dijo que no quería ir al cole, que quería quedarse en casa jugando con su hermana, a lo que el repuso que a partir de ese momento, el jugaría con ella y la cuidaría siempre, luego le tendió la mano y pasaron juntos el primer día de colegio, recuerdo que le hizo sonreír.

Una ola que se estrelló en sus piernas le hizo volver a la realidad, desechó aquellos pensamientos de su cabeza y decidió que era hora de volver a casa. Siguió paseando por la orilla, sumergiéndose de nuevo en sus pensamientos, luchando por comprender la actitud de Bella, pero a su modo de ver era incomprensible, ¿cómo podía disfrutar alguien sintiéndose sometido o dominado?, ¿Cómo era capaz alguien de soportar ese dolor físico y mental?, se preguntó. Ella lo hacía, ¿pero de verdad disfrutaba haciendo aquello?, aquel pensamiento le enfureció, alguien había hecho cambiar a Bella, y aquello no le gustaba, se sentía mal, se sentía celoso de que alguien le hubiera robado a su amiga de aquel modo.

Cabizbajo, retomo el camino a casa con rapidez, empezaba a hacer frío por la brisa del mar, estaba absorto en sus pensamientos cuando escuchó a alguien que llamaba a sus espaldas, era la voz de Bella, se giró y la miró, venía corriendo, llevaba unos pantalones cortos, y una camiseta de manga larga, el pelo como siempre recogido en dos trenzas que le llegaban a la cintura.

- ¡Jacob espera!- exclamó, sintiendo como se le salía el estomago por la boca a causa de la carrera. Se detuvo un momento y tomó aire fresco, continuo caminando, con calma.

- ¿Qué quieres Bella?- preguntó distante.

- Lo siento Jacob, no quise ofenderte- se disculpó- simplemente no estaba muy bien esta mañana, y no me apetecía hablar. – se justificó mientras le tendía la mano.

Él, con mirada comprensiva se acercó a ella y le tomo la mano, con ternura, la acarició y la apretó demostrándola en aquel simple gesto, que la apoyaría siempre, que como aquel primer día de escuela estaría con ella en todo momento, sin abandonarla nunca, cosa que ella agradeció con una tierna mirada, dejando derramar dos lágrimas de consuelo y agradecimiento, se acercó a él y apoyó su cuerpo sobre su costado, una palabra, apenas un susurro se escapó de los trémulos labios de ella.

- Gracias.
- Estaré ahí siempre Bella, ¿lo sabes?.- murmuró él a su oído.

- Lo sé- y mientras caminaban se dejó vencer por los recuerdos.

Se vio a si misma agarrada a Jacob el primer día de colegio, el no se había separado de ella un solo momento, y nunca más lo haría desde entonces, se veía con un peto rojo, y una camiseta, unas coletas recogían su pelo y las lágrimas abandonaban sus ojos cuando él la tomo la mano, el hizo una promesa entonces y no la había fallado, siempre la había cumplido, y esperaba que siguiera haciéndolo.

-
Cuando él se despertó la primera imagen que le vino fue la de Bella, había pasado tanto tiempo, y no era capaz de olvidarla, de olvidar al fin. Su imagen seguía persiguiéndolo, veía su fantasma en todas partes.

Bella, Bella, Bella, su nombre no abandonaba su memoria, sus recuerdos, y ella estaba ahí, lo miraba con sus cálidos y enormes ojos, siempre en duda, dibujándose en ellos la incertidumbre, del que será, del después, siempre asustada, la conoció en un local, y desde aquel momento no podría olvidarla jamás. Con su vestido azul que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, su pelo suelto y su mirada ingenua, decidió entonces que tenía que poseerla que debía ser suya y de nadie más.

Ella reía mientras alguien, que luego descubriría que era Jacob, le susurraba en su oído, la cara más bella que había visto jamás pertenecía a aquella chica que no debía contar más de 20 años, la siguió con la mirada toda la noche, observó cómo se desenvolvía en aquel ambiente, la miró mientras ella con su silueta perfecta bailaba salsa, como nunca había visto a nadie, con una soltura extraordinaria.

Pero tenía que apartar aquellos recuerdos de él, Bella ya no existía, al menos, ya no formaba parte de su vida, aunque él desease que volviera, que nunca más se alejara de él, pero ahora no había marcha atrás, la había dejado marchar, no podía pedirle que volviera.

Se incorporó y se dio una ducha fría tratando de calmar los nervios que se hacían presa de él cada vez que la recordaba, consiguió relajarse, se secó con fruición y salió del baño, se acercó al teléfono, debía hacer unas llamadas y la imagen de Bella volvió. Junto al teléfono observo una nota, con caligrafía casi perfecta la leyó:

Este es mi número de teléfono: 555- 3445654

Bella

Ella le había dado aquella nota la primera noche en el pub, estaba escrita en una servilleta, y no podía comprender como había llegado hasta allí, posiblemente se hubiese caído de algún libro que hubiese estado ojeando la noche anterior, pero allí estaba. Descolgó el auricular, y comenzó a marcar, que tomaran un café para hablar no tendría importancia, un tono, dos, tres, al cuarto salto el contestador. Era ella y su dulce voz, "En este momento no estoy en casa, llama mas tarde o deja tú mensaje". Colgó. Tal vez lo intentaría más tarde, sólo tal vez.

-
Bella, terminó de recoger sus cosas, el apartamento con vistas al mar estaba totalmente desordenado, aquello necesitaba una limpieza general pero no encontraba tiempo para hacerlo, entró en el baño y se despojó de la ropa, dejándola en el cesto que había junto a la bañera, abrió el grifo y dejó que la bañera comenzara a llenarse, un baño caliente la ayudaría a relajarse y olvidarse de todo. Al menos por un rato.

Oyó como el teléfono sonaba en la estancia contigua, pero no fue a cogerlo, lo que menos necesitaba en aquellos momentos era una llamada inoportuna, posiblemente, se dijo a sí misma, sería Jacob, para comentarla cualquier tontería, cerró la puerta y se introdujo en el baño, el agua estaba justo en su punto.

Se metió totalmente bajo el agua, y aguanto unos segundos, dejándose llevar por la templanza del agua, sacó la cabeza y cogió el gel que se hallaba a su lado, dejo caer parte del blanco liquido en la esponja y acarició su cuerpo con ella, sintiéndola por cada milímetro de su piel, lavó sus cabellos con delicadeza y se entretuvo durante largo rato entre la espuma.

Cuando termino salió de la bañera, y cubrió su cuerpo con una toalla, peinó su pelo y lo recogió en una coleta alta. Se miró en el espejo con detenimiento, las ojeras apenas eran perceptibles en su rostro, se vistió con rapidez y salió corriendo, hacía ya media hora que debía haber empezado su turno en urgencias, era residente de quinto, y está vez le caería una buena bronca, cogió el coche.

Agradeció casi la ausencia de tráfico, tardó diez minutos en llegar al hospital. Recogió sus cosas del asiento del copiloto y entró a toda velocidad, apenas había avanzado dos metros cuando se topó con su supervisor en la rotación de urgencias.

- ¡Dios mío lo siento!- se disculpó ella apurada- no pude llegar antes Dr. Cullen.

- Creo que me debe una explicación Bella, hace ya media hora que debía haber empezado su turno.- le recriminó él con dureza.

- Lo siento de veras- se disculpó ella nuevamente- no volverá a ocurrir.- aseguró.

- Espero que así sea- concluyó el médico con cara de pocos amigos.

Bella, se dio la vuelta y suspiró, se encaminó con seguridad a la salita de médicos y se puso una bata blanca, cogió el estetoscopio y se lo colocó alrededor del cuello, tenía el vago presentimiento de que aquella iba a ser una tarde larga y abrumadora.

Cuando por fin pudo tomarse un descanso después de tres horas de duro trabajo, salió a respirar el aire. Estaba agotada, pero el nivel de actividad de su cuerpo no le hacía darse cuenta de ello, se sentó en un banco y prendió un cigarrillo, necesitaba pensar con detenimiento, asimilar los hechos que habían transcurrido en las últimas veinticuatro horas, pero su cabeza, su cerebro, se negaba en pensar en otra cosa que no fuera el trabajo, notó como alguien se acercaba y se sentaba a su lado.

- Hola Bella. ¿Descansando?.- le preguntó.

- Si, estoy muy cansada Rosalie- confesó ella a su amiga y compañera de trabajo, la había conocido en el hospital, Rosalie ya era enfermera en él cuando Bella entró a formar parte de la plantilla, desde entonces se habían hecho buenas amigas. Tenía 26 años y los ojos más azules que ella hubiese visto nunca, su cuerpo era menudo, y su pelo rubio y liso enmarcaba su rostro en el cual siempre se hallaba una sonrisa.

- ¿Qué pasa?- quiso saber.

- Problemas, demasiados problemas- confesó Bella- no sé si podré aguantar mucho más todo esto- y Rosalie sabía que no mentía.

- Venga Bella, ¿crees que merece la pena?- trató de animarla.

- No lo sé- prosiguió- si lo supiera, sería mucho más fácil Ros.- concluyó mientras se levantaba y se alejaba de ella.

Trató de mantenerse ocupada durante todo su turno, olvidándose de todas aquellas cosas que invadían su cerebro, a media tarde recibió una llamada, después de que Rosalie la avisara, recorrió el angosto y largo pasillo con decisión, dejando escuchar el ruido hueco que producían sus zapatos golpeando el linóleo del suelo. Entró en la sala, cerrando la puerta tras de sí, se sentó en la mesa y descolgó el auricular.

- Dígame- dijo a modo de saludo - Hola Alice- contestó a su hermana- Sí, claro que estoy bien, como siempre, sí, sí- asintió repetidamente- a las once en tu casa, de acuerdo, hasta luego- concluyó mientras colgaba.

Alice colgó el teléfono con un gesto de eterna preocupación por su hermana, aunque no quería creerlo, sabía que era lo que esta se traía entre manos, y su charla con Jacob se lo había confirmado.

Alguien entró en la estancia, Alice se dio la vuelta , encontrándose con los brazos de Jasper, su pareja.

- Alice ¿Sigues preocupada?

- ¿Es posible no estarlo por Bella?- preguntó resignada.

- Tú hermana- replicó él- tiene veinticinco años. Debo suponer que a estas alturas de su vida podrá cuidarse sólita.- trató de convencerla.

- Estamos hablando de Bella- replicó ella- no ha sido responsable en su vida, no va a empezar a serlo ahora- argumentó.

- Pareces cansada, porque no tratas de dormir un rato- sugirió él mientras acariciaba su rostro.

- Tienes razón- admitió- descansaré un rato- musitó saliendo de la habitación.

Bella llegó a casa a las diez de la noche, estaba cansada, y tenía que ir a casa de Alice, se lo había prometido, dejo las cosas sobré el sillón y puso el contestador automático, había un mensaje de Jacob que decía que la vería el día siguiente que no se olvidara. Dos mensajes de Alice, un mensaje de una persona que había colgado, y un último mensaje que la hizo ponerse en guardia, escuchó con detenimiento.

- Bella, olvídate de todo lo que tengas planeado esta noche, te espero a las once en mi apartamento, ya sabes cómo debes venir vestida- ordenó la voz. Y aquellos ojos verdes volvieron a ocupar toda su mente, veinticuatro horas después. No, ni siquiera Riley tenía aquella mirada profunda. Se sacudió aquel pensamiento de un plumazo antes de dirigirse a la ducha para refrescarse.

Nos leemos el viernes