Nota: La descripción de la "verdadera" apariencia de Suzumebachi no es en base al anime Bleach, menos aún al manga ya que no se ha visto cual es su verdadera apariencia *las materializaciones de la saga de relleno, como saben, son diferentes a como los shinigamis ven a sus zanpakuto en su mundo interno*. La descripción dla hice tomando de base a Shirona-sama de pokemon (Cynthia en español latino si bien recuerdo y si es que se escribe asi) y de cierta manera tambien es basado en un pokemon llamado Vespiqueen. Además con la idea del mundo interno he jugado con lo que he viso mencionado y que no es copia sino que me parece algo razonablemente tierno: la idea de que sea el bosque de cerezos que toda yorusoica conoce.


~En la tarde de ese 1 de Enero~

Después de ganar el juego de Karuta, entre la Asociación de Mujeres Shinigami y unos cuantos hombres shinigamis, destruyendo el establecimiento donde se encontraba provocando una gran explosión con su Jakuho Raikoben; Soi Fong se fue feliz de la vida dando saltitos por los techos de la Soul Society mientras miraba embelesada la carta del juego que acababa de conseguir en donde aparecía una Yoruichi dibujada en su forma de gato haciendo referencia al signo zodiacal chino mientras que los demás animales del zodiaco quedaban detrás de ella en segundo plano.

Soi Fong: De seguro hoy es mi día de suerte *dijo cerrando los ojos y abrazando su carta con cuidado para que no se dañe* Es tan hermosa y elegante hasta en su forma de neko~ *suspiraba*

Ni los adoloridos quejidos de los shinigami que se salvaron por los pelos de morir por el impacto de su bankai, ni los gritos del capitán Hitsugaya y de la teniente Ise exclamando lo imprudente que había sido, ni los gritillos agudos de felicidad de la Presidenta Yachiru mientras correteaba y saltaba alrededor de ella de forma molestosa, le habían podido quitar la felicidad de haber conseguido por fin una carta de su querida Yoruichi-sama Pero de repente comenzó a disminuir el paso de sus brinquillos de alegría y paró en el centro de un alto tejado mirando hacia abajo

Soi Fong: Aún así… me hubiera gustado más una que hubiera venido de usted, Yoruichi-sama… *dijo mientras observaba, cabizbaja, la tarjeta pero inmediatamente comenzó a usar el shunpo tratándose de animar a si misma mientras corría a gran velocidad* D-demo no debo ponerme así… de seguro estuvo muy ocupada… después de todo el primer día del nuevo año tambien fue el primer día de su cumpleaños… ¡Eso es!... no se olvido de mi, solo estuvo ocupada… ¡Tal vez hasta puede que cuando se desocupe venga a entregarme la tarjeta personalmente!.. ¡Si! Y allí le daré mi regalo por su cumpleaños! *dijo en tono decidido con una leve sonrisa mientras tocaba el bolsillo de su kimono con la mano que no tenía la tarjeta* Todo saldrá bien, este será un buen día y estaré con ella…

"Sigues siendo una niña, Shaolin, tanta inocencia de tu parte no es buena"

De repente una voz familiar la interrumpió y viro su cabeza sorprendida para encontrar a su lado a una figura muy conocida. Su Zanpakuto Suzumebachi.

Aunque la conociese de sobra le había impresionado verla a su lado. No, no estaba materializada, esa etapa de la historia de la sociedad de almas ya había pasado así que no tenía aquella forma de hada brillante con la que se había manifestado en aquel entonces y que también le había tomado por sorpresa al ver la tremenda diferencia de su materialización al como se manifiesta en su mundo interno.

Manifestarse, eso había hecho ahora; con esta eran 3 veces que lo hacía de forma externa sin necesidad del Jinzen: La primera fue cuando se fue Yoruichi sin previo aviso hace más de un siglo, la segunda fue cuando volvió Yoruichi, la noche después de la pelea que mantuvieron en aquel bosque y que fue apabullada por el gran manejo del Shunko de su maestra, y ahora esta ultima vez…

Siempre que veía a su Zanpakuto, ya fuera en su mundo interno o en el exterior, quedaba impresionada ante su belleza y elegancia: Era una mujer alada como toda una avispa, alta, esbelta y con una larga cabellera lacia y rubia brillante como los rayos del sol, adornada una corona que tenía incrustada una gema roja hexagonal en la parte del frente y con dos aguijones a cada lado atravesados por una línea tan dorada como su cabello. Sus ojos rojos y brillantes, al igual que la gema de su corona, contrastaban con el blanco de su piel y su vestimenta consistía en un vestido negro de tablones, que caía hasta dejar completamente ocultos los pies, cubierto por una gabardina un poco más pequeña pero también negra, abierta de manera sutil en el escote, cuyo cuello y extremos de las mangas estaban adornados con un terso y abultado algodón de un negro escarchado. Como ultimo aditamento tenía un anillo en forma de avispa en el dedo corazón de la mano derecha… aparentaba tanto en imagen como en actitud ser como toda una dama de sociedad… incluso estaba rodeada de un enjambre de súbditos avispas… ella era en definitiva la abeja reina de la colmena, muy contraria a la enojona, gritona y vulgar hada que fue su materialización… de seguro al materializarse en aquel tiempo había salido una parte de Suzumebachi que estaba recóndita en su interior… y por lo tanto en el interior de Soi Fong también

Soi Fong: *espabila* ¡Suzumebachi! ¿Qué haces aquí?

Suzumebachi: Viniendo a ponerte los pies en la tierra como en aquellas ocasiones. No creas que quiero la tristeza para ti, siendo tu zanpakuto tu felicidad es mi felicidad, pero las falsas esperanzas solo traerán nuevas y profundas decepciones que ni tu ni yo podremos soportar más… *explicaba con tono tranquilo la manifiesta zanpakuto mientras levitaba al frente de su maestra viéndola de forma inexpresiva*

Soi Fong: *p: yo se que a ella no le cae muy bien Yoruichi-sama, pero quitando ese hecho… lo que me dice es muy cierto*

Suzumebachi: *adivinando los pensamientos de Soi Fong* Mi desagrado por esa mujer sabes muy bien porque es, no solo te traiciono a ti aquella vez; yo también fui herida y mi mundo… tu alma… que antes era inestable quizás por tu juventud y que justamente el día anterior por fin se había solidificado y convertido en un hermoso bosque con cerezos floreciendo y una explanada para descansar y con un clima nocturno agradable y una gran luna llena iluminándolo todo… Cambio por una noche oscura casi en su totalidad con una lluvia infinitamente torrencial que hacía ver tenebroso aquel lugar una vez hermoso… Cuando hable contigo el mundo cambio y se estabilizo… si bien seguía haciendo frío por los vientos gélidos provocados por la pérdida y que congelaban los árboles , por lo menos ya no llovía, ya no estaba empapada de aquel malestar… mi vestimenta me mantendría bien… todo estaba aparentemente en paz.
Después del reencuentro con esa mujer los campos de cerezos salieron de su eterno invierno, por fin florecían de a poco aunque no con el esplendor de aquel primer y único día… como recordarás hable contigo para saber si la decisión que habías tomado de perdonarla había sido la correcta. Con una firmeza venida del fondo de tu corazón dijiste que si…

Soi Fong: Y lo sostengo, y no me arrepiento de ello… *dijo Soi Fong mirando decidida y con un tono que denotaba seguridad en su voz*

Suzumebachi: Respete y respeto tu decisión pero ahora me atrevo a intervenir por tus pensamientos y sentimientos que vuelan sin base alguna viviendo en fantasías inocentes de un amor incondicional que no es manifiesto. Ten cuidado… No quiero otro eterno invierno, no quiero otra lluvia torrencial…*dijo mirándola a los ojos de una forma un poco triste y preocupada por su ama*

Soi Fong: Lo se… Suzumebachi… gracias por tu preocupación…

*las dos se abrazaron de forma cariñosa, y en el contacto Suzumebachi se desvaneció entrando en el cuerpo de su shinigami*

Soi Fong: Arigato… no dejare que pase nada así otra vez…pero confía en mi… pueden parecer fantasías…. Pero es algo que siento en mi corazón…*en un solo shunpo llego a la orilla de un arrollo, y recostándose en un árbol se quedo dormida mientras abrazaba a su carta y a su zanpakuto enfundada*

~Mientras Soi Fong Dormia~

Suzumebachi: El ambiente está tranquil... ¿Nani...?...Shaolin...*sentada en una rama de un árbol de cerezo mientras observaba pensativa la gota de lluvia que había caído en su mano a la luz de una luna en cuarto menguante*