Capitulo 2

Cinco años después…

-¡Lily!

Una adolescente de dieciséis años se le arrojó encima a una pelirroja quien, de pie junto a una gran locomotora escarlata, hablaba tranquilamente con sus padres.

-¡Hola, Emily! -respondió Lily, devolviéndole el abrazo mientras su madre reía por lo bajo.

Las futuras estudiantes de sexto año del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería habían cambiado mucho y a la vez nada en aquellos años. Estaban más maduras, más altas, más desarrolladas, pero en el fondo seguían igual que siempre.

Lily Evans seguía teniendo su cabello lacio, recto hasta la mitad de la espalda, de un llamativo pelirrojo, siempre bien peinado y prolijo. Sus ojos, verde esmeralda, contemplaron a su amiga de arriba abajo mientras sus labios rosados se curvaban hacia arriba en una perfecta sonrisa que mostraba sus dientes blancos.

Emily Lewis tampoco había cambiado.

Emily tenía su cabello castaño oscuro más corto que a los once años, justo por debajo de los hombros con pequeñas ondas bien definidas. Había crecido bastante hasta convertirse en la más alta de su grupo de amigas, sólo un par de centímetros más alta que Lily, a quien observaba con sus ojos castaños verdosos ocultos bajo sus anteojos rectangulares de marco rojo.

-¿Te trajo tu papá? -preguntó Lily, mientras su amigas saludaba a sus padres.

-Claro. Tenía que traer a Ryan, comienza su segundo año.

-Sexto año -sonrió Marc, el padre de Lily. -¿Está listas?

-No mucho... Pero supongo que así será más emocionante -se encogió de hombros Emily.

-Cielo, debemos ir -se lamentó Andrea, la madre de Lily. -Debemos llevar a Petunia.

Emily puso los ojos en blanco, mientras Marc asentía.

-¿Necesitas algo más, Lily?

-No, papá -sonrió la pelirroja. -Todo está perfecto. Vayan, antes de que Petunia se enfade -murmuró, encogiéndose de hombros.

-Escríbenos cuando llegues, hija -sonrió Andrea, abrazándola con fuerza.

-Que tengas un buen año -Marc le besó la frente. -Te queremos, Lily… Tú también, Emily.

Los señores Evans se alejaron, mientras Emily reía por lo bajo.

-Ya imagino a tu hermana… "¡Papá! ¿Por qué tardan tanto con Lily? ¡Tengo que llegar a tiempo a ver a Verny!" -puso el mismo tono chillón que usaba Kim siempre que quería burlarse de la hermana de Lily.

Lyly frunció el ceño con desagrado.

-Ni me recuerdes a Verny -imitó el tono -, que Vernon pasó en casa todo el verano.

-Lils, quiero dejar mi baúl en el tren -sonrió Emily, alzando su varita y haciendo que el baúl suba las escalinatas del vagón. -¿Me esperas un minuto?

-Claro, voy a esperar a Chloe o a Kim aquí… -comenzó Lily. -Luego tenemos que hablar, ya sabes... ¡El verano!

-Ay, el verano, el verano…

Ambas se giraron, mientras James Potter avanzaba hacia la puerta del tren, seguido de Sirius quien llevaba su baúl alzando su varita.

James seguía teniendo el mismo cabello azabache indomable, revuelto y despeinado, para todos los lados, y su mirada chocolate seguía teniendo el mismo brillo de picardía y diversión que siempre, oculta bajo sus anteojos redondos. Bajó su camiseta blanca se notaban los músculos desarrollados por tantas horas de entrenamiento de Quidditch a la semana.

Sirius afirmaba que con los años, él mejoraba, y gran parte de la población femenina de Hogwarts podría respaldarlo. Su cabello negro azulado, siempre tan lacio, caía con una natural elegancia hasta por la mitad de su cuello. Sus ojos plateados resaltaban en su rostro de facciones finas y aristocráticas y sonreía divertido mostrando una sonrisa perfecta.

-Lucen bien, señoritas… Es increíble como el verano…

-¿El verano… qué? -dijo Lily, cruzándose de brazos sobre su pecho.

-El verano, Evans… Hace lo imposible: las hace ver cada vez mejor -guiñó un ojo. -En especial a ti.

-Cornamenta, ni lo intentes -resopló Sirius, con media sonrisa mientras subía su equipaje al tren. -Ya sabes que Evans está fuera de tu alcance.

-Yo no podía haberlo dicho mejor -bufó Lily. -Por primera y única vez, gracias, Black.

-¿Vamos a empezar con las agresiones, pelirroja? -sonrió James. -Mira a Emily -pasó un brazo alrededor de su cuello. -Ella no me trata mal.

Emily se deshizo del abrazo de James, sonriendo incómoda.

-¿Vamos a empezar con las estupideces de nuevo, Potter? ¿Nunca paras?

-Si "nunca" representa el día en que me digas que si, Evans… pues, si. Eventualmente pararé.

-¿Sabes, Potter? Tienes una inmensa suerte de que en esta sociedad, el ser hombre e idiota te haga valioso -bufó. -Porque sino, estarías perdido.

-Ya -sollozó falsamente James. -¡No me quieren! ¡Evans, tú quieres a todo el mundo menos a mí! ¿Por qué?

-Por algo será. Si lo que buscas es afecto, Potter, búscalo en otro lado. A mí no me mires.

La pelirroja frunció los labios mientras James se arrojaba exageradamente a los pies de Emily, fingiendo sollozar.

-¡Oh, Emily! ¡Lily no me da afecto! ¿Qué haré?

Ella soltó una carcajada, mientras negaba con la cabeza y su amiga la tomaba por el antebrazo, arrastrándola dentro del vagón.

-Vamos, Lils... Hay que admitir que a veces James puede ser d...

-No digas la palabra "divertido". Porque James Potter no es divertido.

-Bien… Tú sabrás…

Lily se cubrió el rostro con las manos, negando con la cabeza.

-Tengo que ir al compartimiento de prefectos. Te busco más tarde, ¿si?

Kim arrastraba su baúl por el corredor de uno de los vagones, buscando a alguna de sus amigas. Su cabello castaño claro caía sobre sus hombros, liso y hasta la altura del busto, mientras observaba todo con sus grandes ojos, castaños en el centro y avellana hacia los bordes.

-Déjame adivinar… -oyó una voz detrás de ella. -¿Varita en el fondo del baúl y pocas ganas de buscarla? A veces eres bastante predecible, Kim.

La joven se giró y vio parado en el umbral de un compartimiento a Remus, observándola con sus grandes ojos dorados, sobre sus siempre presentes ojeras, con una mirada divertida. Su cabello seguía rubio oscuro, lacio y sonreía mostrando sus dientes blancos y regulares.

-Kimberly -saludó con un gesto de la cabeza.

-¡Remus! -Kim sonrió, acercándose a él y poniéndose en puntas de pie para alcanzar una fracción de su altura y abrazarlo con fuerza. -¡Gran… pedazo de bodoque! -se separó, golpeándolo en el hombro repetidamente. -¡No te he visto en semanas, gran tonto!

Volvió a abrazarlo, dejando escapar un suspiro inaudible, y le dio un corto beso en la mejilla.

-¿Por qué me golpeas? Yo no fui quien se fue del país -Remus le pasó una mano por el cabello, despeinándola.

-¡Da igual, te extrañé! ¡Podías haberme escrito más seguido!

-Podías haberme tú escrito más seguido -contrarrestó Remus, sin perder su sonrisa.

-¿Por qué siempre tienes que hacer eso? -Kim intentó verse seria pero no pudo contener una sonrisa.

-¿Hacer qué?

-¡Eso que tú haces siempre! -reprochó Kim.

-Se nota que volvimos a la rutina -Remus le acomodó el cabello revuelto, divertido.

-¡Ay, detesto cuando haces eso! -Kim alzó sus manos, tomando las de Remus y haciendo que soltara su cabello.

-Yo detesto cuando dices eso porque no sé qué me reprochas -sonrió Remus.

-¡Vamos! Si sonríes, quiere decir que sabes exactamente qué es eso que tú haces.

-¿Y vamos a comenzar nuevamente, Kimberly?

-Bueno, me callo -murmuró, bajando la mirada mientras Remus sonreía.

-Sigo preguntándome cuántas veces al día hacen eso -ambos se giraron para ver a Sirius, quien entraba su baúl en el compartimiento que había ocupado Remus.

-Hola, Canuto.

-Pero si a ti te vi ayer -bufó Sirius. -¿Tanta necesidad tienes de mí, Lunático? -se mofó. -Hola, O'Connor. A ti no te vi en un buen tiempo -Kim le dio un corto abrazo, mientras Remus sacaba su varita y hacía entrar el baúl de la muchacha.

-¿Qué tal tu verano, Sirius? Veo que no has cambiado en nada… Sigues tan directo como siempre.

-Cuando lo necesites, O'Connor… ¿Pero qué quieres que te diga? -bufó, sentándose y desperezándose con tranquilidad. -¡Se pasan la vida discutiendo eso!

-¡Bueno, bueno! -se defendió Kim mientras Remus sonreía y se sentaba. -No puedes entendernos. Es un tema entre mejores amigos. -hizo una mueca de incredulidad mientras Sirius bufaba.

-James y yo somos mejores amigos y no nos pasamos la vida discutiendo como una pareja al borde del divorcio -se mofó Sirius.

-¡No parecemos una…!

-"¡Te dije que hiciera esto!" "¡Pero lo hice!" "¡Que no!" "¡Que sí!" -James entró en aquel momento poniendo voz aguda imitando el tono de Kim cuando se enfadaba.

-¿Se supone que yo soy el que reprocha o el que se defiende? -preguntó Remus con media sonrisa.

-Pero ni somos una pareja -bufó Kim, cruzándose de brazos y dejándose caer sobre el asiento, junto a Remus, borrando su sonrisa.

-Es que Canuto no cree en el tipo de amistad entre el hombre y la mujer que tienen ustedes -sonrió James, sin apartar la mirada del rostro ahora serio de la muchacha.

-¿Tipo de amistad? -se extrañó Kim, alzando una ceja.

-Pues… está la amistad -sonrió James, señalándolos -y está "la amistad" -amplió su sonrisa pícaramente.

Kim se estremeció, antes de hacer una mueca de incomodidad.

-No quiero ser este tipo de amiga de Sirius -murmuró, mirando para otro lado.

-No te preocupes, yo tampoco -resopló Sirius. -Te lo puedo decir de todo corazón.

-Auch -murmuró James, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.

-A veces me pregunto cómo es que tienes a tantas mujeres detrás siendo el insensible que eres, Sirius.

-No bastan las palabras, O'Connor. Solo las acciones -sonrió pícaramente Sirius.

-Oigan, yo tengo hambre. ¿Tienen algo de comer? -interrumpió James mientras intercambiaba una mirada divertida con su amigo.

-De regreso de la reunión de prefectos te traigo algo -Remus negó con la cabeza, mientras se guardaba la varita en el bolsillo y salía.

Kim cruzó sus piernas sobre el asiento, mirando por la ventana, cuando sintió la mirada penetrante de James sobre ella.

-¿Qué? -preguntó, viendo como la miraba.

-Solos al fin, Kimberly… -dijo James con voz grave, mirándola fijamente y sonriendo con malicia, uniendo las yemas de sus dedos y dejando escapar una suave risa demoníaca.

-Eh… no -Kim contuvo una sonrisa. -Deja de mirarme así. James -advirtió. -Te ves patético -James amplió su sonrisa. -¡Basta! -rió Kim, negando con la cabeza mientras se ponía de pie y salía del compartimiento.

-Solos al fin, Can…

-Ah, no -interrumpió Sirius. -Conmigo ni se te ocurra, Cornamenta.

-¡Esto es horrible! ¡Pobre de mí! Nadie me comprende -James bajó la vista, fingiendo sentirse apenado.

-¡Clo-Clo!

Kim se arrojó sobre su amiga, tumbándola en el asiento mientras ambas comenzaban a reír. Chloe se enderezó, sin borrar su sonrisa, mientras Kim se acomodaba el cabello. Chloe se había cortado mucho el cabello, ya no lo tenía largo, ahora lo tenia bastante corto, justo por encima de los hombros, del mismo color rubio ceniza.

-Hola, Kim. ¿Cuántas veces tengo que decirte...? No me gusta que me llames Clo-Cl...

-¿Qué tal tu verano? -Kim la interrumpió con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

-Bien... Aburrido... Volví hace unos días a Inglaterra, al fin.

-Genial, ¡ya se te extrañaba!

-Kim... -Chloe hizo un silencio, mirándola fijamente. -No me llames Clo-Clo... ¿Si?

-¿Y...Cloclis?

-Kim.

-Bueno, bueno... -Kim sonrió, pero apenas abrió la boca para continuar hablando, la puerta del compartimiento se abrió y vio como la mirada de su amiga se desviaba por completo hacia un alto muchacho de diecisiete años, de cabello castaño oscuro ligeramente alborotado y ojos castaños, mucho más alto que ambas chicas. El muchacho ya usaba su túnica de Hogwarts y en su pecho se veía una insignia con las letras "P.A.". Se quedó congelado una milésima de segundo, antes de que Kim notara la falta de atención de su amiga hacia ella y se girara.

-No quise interrumpirlas...

-¿Qué? ¿Interrumpir? -sonrió Kim, pisando disimuladamente a Chloe. -¡Nah!

Bernard Lewis alzó sus cejas, incrédulo, y sonrió débilmente.

-Sólo estaba buscando a Emily, no quise molestarlas.

-¿Pero qué…? -sonrió Kim. -¡Wow, Bernie! ¡Eres Premio Asnal! Es decir, Premio Anual, lo siento... Ehm... Yo... ¿Sabes? Yo justo… me...iba al b-baño, o por ahi... así que… ¿Por qué no te sientas? ¡Así Chloe no se quedará sola! Emily llegará en un rato.

-Kim… -murmuró su amiga, cruzándose de brazos sobre el pecho y tapándose la boca con la mano, entrecerrando los ojos.

-¡Ya regreso!

La castaña sonrió, saliendo del compartimiento no sin antes golpearse contra la puerta. Chloe puso los ojos en blanco al oír un débil "¡Ay!" y negó con la cabeza mientras Bernard cerraba la puerta. La joven se apoyó contra la ventana, sin tener la más mínima idea de que decir, sólo pensando en cuál sería la mejor forma de asesinar a su amiga por haberle hecho aquello.

Bernard se sentó en el otro extremo del asiento frente a ella y se encogió de hombros, sonriendo débilmente.

-Pues...

-Lamento el...Premio Asnal -murmuró Chloe, sintiendo como si su rostro le ardía mientras sus mejillas adoptaban un tono rosado. -Es lo que le dice a Lily para enfadarla...

-No te preocupes, Chloe. Creo que ya la conocemos...¿no? -le sonrió débilmente, metiendo las manos en los bolsillos de su túnica.

-Bueno, te felicito.

-Gracias...

Se hizo un silencio incómodo. La joven giró el rostro, fingiendo contemplar el paisaje de las afueras de Londres.

-¿Y...tus vacaciones? ¿Qué tal?

Chloe giró el rostro al oír aquella pregunta y se encogió de hombros, acomodándose el corto cabello detrás de la oreja, pensando cómo responder a esa pregunta.

-Normales... Visité a mi madre. Vive en Egipto, rompiendo maldiciones en las pirámides para Gringotts.

-Oh...no la ves muy seguido, entonces.

-No, tampoco a mi padre.

-¿Qué hace tu padre?

-Es...muggle. Es profesor de ciencias físicas en una secundaria muggle, en Londres.

Ante aquel comentario, Bernard no pudo evitar reír por lo bajo, haciendo ruborizar a Chloe, quien se revolvió incómoda en su asiento.

-Lo siento, ¿dije algo gracioso?

-No, no es eso. Es sólo que debe de haber sido un enorme impacto para tu padre tener una hija bruja. Tomo clases de Estudios Muggle. Creo que las ciencias y la magia se oponen por completo, ¿verdad?

Chloe comprendió a qué se refería y sonrió débilmente, bajando la mirada y asintiendo. Bernard se puso de pie, encogiéndose de hombros.

-Bueno… yo debo irme. Dile a Emily que la buscaba. Tengo que darle algo de parte de mi padre.

-Claro, se lo diré...

Bernard dio media vuelta y salió. La joven suspiró, tapándose el rostro con las manos y dejándose caer en el asiento.

-Estúpida...

-Hola, linda.

Sirius frunció el ceño y se giró tras oír la voz que salía del compartimiento por el cual estaba pasando. Un grupo de Slytherins estaban allí, y dos muchachos altos y delgados estaban de pie en el umbral de la puerta.

-¿Qué dijiste? -dijo severamente, taladrándolos con la mirada.

-Es increíble -sonrió con malicia uno de los dos muchachos, de rizos negros. -Cada verano te pones más femenino, Black. De atrás, se te confunde con una mujer.

-Mira qué casualidad -dijo con amargura Sirius. -A ti de adelante, porque cuando se te ve, es inevitable darse cuenta que no tienes bolas. Tal vez estés hecho para las faldas, a fin de cuentas -ante el silencio de los Slytherins, Sirius amplió su sonrisa. -Lo siento, ¡qué maleducado soy! Olvidaba que para que comprendieras, hay que hablarte despacio…

-¿Te crees muy listo, Black? -saltó el otro, sacando su varita.

-Á decir verdad, sí. Soy más listo que tú o que los otros estúpidos de tus amigos.

-Dinos estúpidos una vez más, Black, y… -Clark Zell sacó su varita, al igual que Sirius.

-Estúpidos, estúpidos, estúpidos… -los desafió Sirius, contando con los dedos. -¡Wow, tres veces! ¿Esto significa que moriré de risa tres veces?

-¡Vas a…! -Zell alzó su varita.

-¿Qué sucede aquí?

Sirius se giró para ver a Emily a su lado, con los ojos bien abiertos y observando la escena incrédula.

-¿Por qué no te buscas una vida, Lewis? -masculló Sirius, frunciendo los labios y taladrándola con la mirada.

-¿Problemas maritales, Black? -rió Victoria Jewell, una de los Slytherins que observaba todo.

-¡El día que los Slytherins digan algo inteligente, el mundo será un lugar mejor!

-Te estás metiendo con la persona equivocada, Black.

-Aprende a deletrear "equivocada", Mulciber -sonrió fríamente Emily.

-¿Por qué no llamas a tu papi, Lewis? ¿Para que te enseñe trucos nuevos?

-¿Por qué no le pides a tu amo que te consiga un gira tiempos? ¿Así podrás recuperar todas las neuronas que perdiste, Avery?

-Lewis, no te metas -advirtió Sirius apretando tanto los dientes que sintió dolor. -Desaparece.

-Qué romántico… -se burló Avery. -¿No es adorable el modo en que Black protege a su amada?

-Madura, imbécil -murmuró Emily, frunciendo el ceño y dándose vuelta, alejándose.

-Qué pena que tenga tan mal gusto -Mulciber se apoyó en el umbral de la puerta. -Porque de atrás se ve mejor que tú, Black -se oyó la carcajada de los Slytherins.

Sirius puso los ojos en blanco, girándose para volver a su compartimiento.

-Vas a pasarla bien el día siguiente de tu graduación, Black. ¿Ese día es la boda, no? -Sirius se detuvo en seco, cerrando los ojos e inspirando profundamente. -¿Tocamos un área sensible? ¿Se nos vienen las lagrimitas?

Sirius se giró nuevamente, antes de golpear con fuerza a Avery en el rostro.

-Si, las lagrimitas de tus bonitos ojitos -ironizó, sacudiendo la mano y viendo a Avery tendido en el suelo tapándose la nariz mientras la sangre se asomaba entre sus dedos. -Estúpido.

Sirius se alejó hacia el otro lado, cuando algo lo hizo detenerse súbitamente.

-¡Expelliarmus!

Detrás de él, se encontraba Emily con la varita en alto y Mulciber en el suelo, incorporándose adolorido.

-¿Pero qué haces? -Sirius se apresuró a llegar a su lado y tomándola por el antebrazo la arrastró con él, alejándola del grupo de Slytherins.

-¡Ay! -Emily se soltó de Sirius con cuidado. -¡Acabo de salvarte, Black!

-¿Salvarme? -rió forzadamente Sirius. -No te metas en mis asuntos, Lewis -la miró con una mueca de asco.

-Mulciber iba a echarte un maleficio cuando le diste la espalda. Y tus asuntos, son mis asuntos.

-No necesito tu ayuda -masculló Sirius, guardándose la varita en el bolsillo y alejándose a paso rápido. -Y no tenemos nada en común.

-¡Cuando lo necesites, amor! "¡Gracias, Emily!"

-No me hables.

-¡Ay, vamos fiancé! -sonrió burlonamente Emily.

-Lewis, cierra la boca.

-¿Qué modales son esos? -Emily alzó sus cejas, tomándolo de la mejilla. Sirius retrocedió, frotándose la piel. -Voy a tener que enseñarte, amor…

-Dime "amor" otra vez -susurró Sirius, frunciendo los labios.

-¿Por qué te molesta, cielo?

-Si no fueras mujer, juro que te rompería la cara -se asqueó Sirius, alejándose rápidamente sin darle más tiempo a Emily de responder.

-¿Ahora qué lees? -Lily entró al compartimiento, mientras se agachaba para ver la tapa del libro que Emily sostenía entre sus manos. -Sueño de una noche de verano, por William Shakespeare…

-¿Cómo te fue?

-Bien -se encogió de hombros la pelirroja. -Me crucé a Bernie, te estaba buscando.

-Ya me encontrará -se encogió de hombros Emily. -Nos vimos casi todo el verano, sobrevivirá una tarde sin mi.

-¿Qué sucede?

-¿A mí? Nada, Lily. ¿Por qué lo dices?

-Porque cuando no estás bien, se te ve en la cara -dijo Lily. -¿Qué pasó, mi vida? -Lily se sentó a su lado, acomodándole un mechón de cabello. -¿Te encontraste a Black?

-Si, pero… no me afecta en lo más mínimo.

-Claro, ¿y cómo podría ser? -ironizó Lily. -Estar comprometida desde los ocho años con alguien que no puede ni verte… Se debe de sentir genial.

-¿Cuál es el punto, Lily?

-Que no está mal que te afecte, Emily -murmuró con voz dulce Lily, rodeándola con su brazo. -Todos tenemos sentimientos y a todos nos pasan cosas, y no es sano que lo escondas.

-Fácil es decirlo -murmuró Emily. -Pero ya está, Lily. En serio. Mi relación con Sirius Black es… es así. Ya está.

-No, no está -suspiró Lily. -Y no creo que si cada vez que se enfada comienzas a molestarlo la cosa mejore, cielo.

-Ay, Lily…

Emily suspiró, hundiendo el rostro en el hombro de su amiga.

-Todo saldrá bien, al final.

-¿Cómo?

-Nadie sabe, es un misterio -Emily alzó el rostro y Lily se giró mientras Kim y Chloe entraban. -¿Merodeador número dos? -preguntó Kim, mientras Lily asentía disimuladamente.

-Emily... -Chloe se sentó del otro lado de la castaña, mirándola fijamente. -¿Otra vez? ¿Qué pasó?

-No, estoy bien -Emily se enderezó, mientras Kim se arrodillaba a su lado cruzándose de brazos sobre sus rodillas y apoyando su mentón, mirándola fijamente. -¡Estoy bien! -sonrió Emily. -¡En serio!

-¿Sonrisa? -Kim estiró sus manos hacia arriba, colocando sus índices en la comisura de los labios de Emily y empujándolos suavemente hacia arriba.

-¡Chicas, estoy bien! -aseguró Emily. -Estoy sonriendo, Kim.

-¿Una sonrisa que te llegue a los ojos?

-¡Chloe! -le reprochó la joven, mirándola a través de sus anteojos rectangulares.

-¡Emily!

-¡Kim! -saltó la joven, mientras sus tres amigas la miraban extrañadas. -¿Qué? No quería quedarme afuera -se encogió de hombros, mientras Emily reía. -¡De eso hablaba! -Kim alzó sus manos en señal de victoria, pero el tren dio una sacudida y ella perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás. -¡Rayos! ¡Y centellas!

-¿Y centellas? -se aventuró Chloe, con una sonrisa burlona.

Lily alzó sus cejas.

-¿Y eso de dónde salió?

-No lo sé... ¡No hay rayos sin centellas!

-¿Qué es una centella? -le susurró Chloe a Emily, quien se encogió de hombros.

-¡Me gustaría decir todo lo que quiero en este momento, pero creo que hay algo mucho más importante así que…! ¡A comer!

Todos aplaudieron mientras el profesor Dumbledore sonreía bajo su larga barba plateada y se sentaba en la cabecera de la mesa de profesores.

-¿Quién es el lindo? -Christina alzó sus cejas, mientras le servía a ella y a su amiga Mary carne asada.

-¿Qué lindo?

Emily alzó la mirada hacia ellas al oírlas, mirándolas con curiosidad. Christina señaló con la cabeza a la mesa de profesores, donde junto a la profesora McGonagall estaba sentado un hombre muy joven, de no más de veinticinco años, de cabello castaño y ojos celestes.

-No tengo idea, pero espero tenerla -Kim se puso de pie para ver mejor, pero Emily la hizo sentarse de un tirón. -¡Por Merlín! ¿Ese será nuestro profesor de Defensa? -dijo sin aire, mordiéndose el labio inferior.

-Ay, ¡qué poco disimulada! -Lily apoyó los codos sobre la mesa, tapándose el rostro con las manos. -¡Chicas, por favor! ¡Es nuestro profesor!

-¿Qué tiene?

-¡Es un profesor! -repitió la pelirroja. -¡No sean irresponsables!

-Llámame irresponsable, pero...

-¿Por favor? ¿Puedes siquiera mirarme? ¿Puedes fingir oírme?

-Lo siento, Lils, pero no eres tan bonita -sonrió burlonamente Kim, mirando de reojo al profesor.

-Estos son unos de esos momentos donde me preguntó porqué Chloe tiene que ser inteligente y estar en Ravenclaw... -Emily negó con la cabeza, antes de inclinarse sobre la mesa para tomarla por el mentón y correr su rostro, intentando contener una sonrisa. -A ver, mi vida, si sigues así cuando lo tengas en clase vas a pasar mucha vergüenza.

-¿Está mal si finjo desmayarme para que me lleve a la enfermería en brazos? -fantaseó Kim, mientras corría la mirada, riendo por lo bajo.

-Por Dios… -se exasperó Lily. -¿Esto es necesario? Es un profesor, ¿dónde está tu moral?

-Tengo que admitirlo -sonrió Emily, girando el rostro. -No está nada mal…

-¡Chicas, es un profesor!

-Y un profesor bastante lindo, Lil -su amiga se acomodó los anteojos, girando el rostro disimuladamente.

-Voy a pasar por alto todos los comentarios referentes al aspecto físico de nuestro nuevo profesor -anunció la pelirroja, comenzando a comer silenciosamente.

-Lo que daría por ser esa copa -murmuró Kim, mirando al hombre beber.

-Kim, ya -la pelirroja la taladró con la mirada. -Basta.

-Lily, ni que fueras monja. El deseo es algo human...

-Me siento incómoda... ¿Podemos cambiar de tema? -pidió Lily, arrastrando las palabras.

Emily negó con la cabeza mientras Kim ponía los ojos en blanco, resignándose a mirar al nuevo profesor nuevamente.