ATENCION: LOS PERSONAJES DE GAKUEN ALICE NO ME PERTENECEN, LE PERTENECEN A LA HERMOSA CREADORA
El viento sopla sobre la ventana, lo único que puedo ver es un manto de pasto verde que lleva hasta la calle. Me inclino en la cama médica y cobijo mis piernas con las mantas blancas. Estoy en el hospital, no sé cómo paso, como llegue aquí o quien fue la persona que me trajo, pero mis heridas ya están vendadas. Realmente, la mayor parte de mi cuerpo esta vendado. Las mesillas del cuarto están completamente vacías, de seguro no como otros cuartos que sus mesillas han de estar llenas de flores y globos con las palabras Recupérate pronto. ¿Pero qué podía esperar yo? Ya no tengo familia que se preocupe por mí, ni siquiera amigos desde que me gradué de la preparatoria. Solo me quedaba Ruka, y él estaba demasiado lejos.
No recuerdo demasiado sobre lo de anoche, pero si aquellos ojos que me miraban desde el espejo. De alguna manera, esos ojos me trasmitieron una de las experiencias que conto mi abuela.
Hace quince años, antes de que ella muriera y fuera puesta bajo presión considerada como una loca psicópata y, antes de que fuera encerrada en un manicomio, conto una historia. Pero esta, no era como las que nos contaba a mi hermano y a mí todas las noches antes de irnos a dormir. Dijo que trataba sobre una maldición, sobre un espíritu maligno que busca vengarse de nuestra familia e incluso hizo una promesa, matar a cada uno de los Yukihira lentamente, y hasta hacerlo él descansaría en paz.
¿Oh si?
Pero, el día en que la encerraron en el manicomio, ella había enseñado unas heridas de su piel acusando que había sido aquel espíritu el que la lastimo una noche cuando ella dormía, nadie le hizo caso y a la semana de estar encerrada ella fue encontrada ensangrentada en su habitación, muerta. Sin embargo, mis padres nunca tuvieron esas heridas.
-Señorita Yukihira, veo que ha despertado-
Un hombre ha entrado y suponiendo por su vestimenta de bata blanca y larga, y con una tabla en las manos, es un doctor, y se acerca a la cama en la que estoy con una sonrisa amable.
- Soy el Doctor Robert. ¿Cómo te sientes? ¿Te duelen las heridas? -
Al sentarme en la cama irgo mi espalda y aclaro mi garganta para contestar sin quitar la mirada de mis ventajas-Uno que otra pulsación cuando me muevo, pero nada que no pueda tolerar. Gracias-
El Doctor sonríe ampliamente, mostrando su formidable hilera de dientes blancos bien acomodados desde sus labios carnosos.
-Bueno, con el tiempo se pasara. - El arrastra una silla hasta mí y se sienta en ella para continuar- Por ahora ¿Cómo fue qué te lastimaste? ¿Caíste de las escaleras? -
Chasqueo la lengua y luego muerdo mi labio inferior, recordando los ojos azules del espejo, luego recordando la pesadilla en la que perdí a mis padres. Los músculos de mi estómago se contrajeron y mi pecho se oprimió.
-N-no sé cómo paso, cuando desperté ya estaba herida-
Su ceño se frunce confundido y aturdido por mi respuesta, desvía su mirada de la mía y la lleva a los lados, luego agarra la pluma y juega con ella un rato.
- ¿Despertaste con esas heridas? - Inquiere, preocupado y al ver mi asentimiento, añade- ¿Tus padres saben esto? Me gustaría que me dieras su teléfono para contactarlos -
Su pregunta apuñalo mi corazón.
-Yo...-Con una sola palabra en la que mi voz titubeo, sentí el escalofrió recorrer mi espalda- No tengo padres-
Sus ojos se abrieron lamentables sobre mí, impactado, pero trata de reprimir su sorpresa con aclararse la garganta.
- ¿Algún familiar con el que pueda contactarme? -
Me muerdo el labio inferior y mientras finjo una sonrisilla niego con la cabeza. No, yo no tengo a nadie más. El doctor inhala por la nariz y exhala lentamente al retirar la mirada de la milla hacia su tablero.
- ¿Amigos? -
-Deje la universidad por motivo de que no podía pagarla y mi ciudad natal por motivos personales, me mude a un departamento más chico aquí en Nueva Zelanda - Y era cierto, hace tres meses abandone todo porque la situación de que toda, absolutamente toda mi familia había muerto se había vuelto famosa de un modo malo. Todos los de mi universidad, desde aquel día en que anunciaron la muerte de mis padres, me miraron asustados, lamentados, pero sobretodo aterrado al saber que todos mis familiares murieron trágicamente en extraños incidentes, y la única sobreviviente fui yo. Los rumores de que yo estaba embrujada o maldita corrieron tan rápidamente que me despidieron a la semana siguiente en que conseguí trabajo, inventando la excusa de que al a la empresa le comenzó a ir mal desde que empecé a trabajar.
-Disculpe Doctor, pero ¿Quién fue la persona que me trajo aquí? -
Su semblante cambio repentinamente a mi pregunta, alzo algunas hojas del tablero en sus manos y dejo la pluma en el bolsillo de su bata blanca.
- ¿No se te ocurre quien pudiera ser? -Enarco una ceja más que confundido.
-No, no conozco a nadie en esta ciudad, apenas y me mude hace un par de días-Respondí con severidad. Yo también estaba confundida.
El doctor se toma el tiempo para responder mientras sigue con la revisión en las hojas de su tablero, luego al volverse aclarar la garganta me mira fijamente con una ligera sonrisa en sus labios canela.
-Fue un chico, tal vez tu vecino pero, ese joven llego contigo en sus brazos, parecia realmente preocupado-
- ¿Un chico? -
-Sí, bueno, tenía puesta una capa que tapaba la mayor parte de su rostro pero, por su voz lo considere un chico, como de tu edad más o menos-
¿Un chico? ¿Mi vecino? No estoy segura pero, la mayor parte de mis vecinos son ancianos y mujeres prostitutas.
Esta situación era muy extraña, además ¿Cómo me entro y me encontró? Estoy segura que nunca dejo la puerta abierta, ni siquiera una ventana descortinada.
- ¿S-sabe dónde está el baño? - Cambie el tema puesto que esto, el ambiente me estaba asfixiando.
No era que tuviera tantas ganas de miar, pero, no quería hablar sobre un pasado que no eh superado.
-Sí, hare que una de las enfermeras te guie- Responde poniéndose sobre sus pies y seguido después, saliendo del cuarto.
Dos minutos después ya estaba en el baño, me encerré en una de las casillas y me senté sobre el retrete. Tocando una de mis vendas, empecé a recordar lo sucedido de la noche. Quería recordarlo una y otra vez, encontrar una solución una razón, algo que me ayudara a entender cómo fue que me hice estas heridas. Pero no había nada más que tan solo esos ojos azules, esas garras, y esa voz.
¿Quién era esa persona? ¿Él me había hecho estas heridas? ¿Qué era lo que quería, porque me dijo aquellas cosas? ¿Por qué sus ojos brillaban de esa manera? ¿Qué está sucediendo?
Cada vez que pensaba más y más, acerca de lo sucedido de anoche, más me sumergía en un rio de horribles escalofríos que me doblaban.
-Esto es una locura, Mikan- Sujete mi rostro en mis manos y limpie las lágrimas que habían salido desde mis ojos. Sentía un ligero nudo en la garganta.
Tal vez me estaba volviendo loca, así como mi abuela.
Si, pudiera ser que ese chico solo quería asustarme y ayer me asalto en mi propia casa. Si, fue eso. Pero, realmente fue un alivio el no a ver muerto y que la historia que mi abuela conto solo sea una historia fantasiosa.
Doy un manotazo a mis piernas y decido por levantarme del retrete. Abro la puerta lentamente y rechina por el movimiento. Con la mirada fija en mis venda me tomo el tiempo para salir a los lavados, pero, hay algo mal. Algo va muy mal.
Las vendas tienen la marca de una mano, una mano roja.
Terror.
Es lo que estoy sintiendo en ese preciso momento, mientras mis dedos pasan por encima de aquella marca, va temblando como una secadora de ropa.
Entonces, en el momento en que estoy a punto de salir escamada, cierro los ojos y trato de permanecer en orden. Algo está soplando mi cuello, y tengo miedo de girarme y encontrarme con aquellos ojos, pero tengo que hacerlo. Sin embargo, me giro sobre mis talones, pero no veo nada. El baño en el que yo estaba, está completamente vacío. Ni siquiera hay ventilación cercas.
Todo es mi imaginación, si, solo mi imaginación.
Me giro para volver e ir al lavado.
Me paralizo.
Mi corazón salta aterrado sobre mi pecho, y mi estómago, no, los músculos de mi estómago se han contraído.
Los espejos de los lavados, todos los espejos están rotos, están manchados, hay letras de color rojo en cada uno de ellos. Es un escrito, y es para mí.
Cierro los ojos fuertemente y una lágrima escapa de ellos enseguida, los abro y leo lo que está escrito en todos ellos.
Mi respiración se acelera.
¨¿Cómo siguen tus heridas, Yukihira?
Eres la última.
Pero no por mucho.¨
- ¡¿Quién demonios eres?! -Grite, histérica volteando y revisando el baño completamente. Mis músculos, uno por uno se tensan.
Siento un nudo en mi estómago, y siento ganas de vomitar. Mis manos se están endureciendo, es el estrés, es el miedo. Desde pequeña tuve un intenso problema con la acumulación e estrés, cuando tengo estrés excesivo no se acumula en mi espalda y hombros, sino en las manos, lo que hace que no pueda moverlas y estas se endurezcan como piedra y hormiguean de una terrible manera.
No, esto no puede pasarme ahora.
- ¡¿Qué quieres?! - Grito o más bien chillo.
Estoy de espaldas a los baños y un ruido espeluznante emana dentro de ellos, me giro e intento abrir las puertas de cada uno de ellos, pero están cerrados. El ruido es como si alguien estuviera rasgando la madera de las puertas.
- ¡Déjame en paz! ¡Por favor!-
Entonces, los espejos se rompen y como un feroz relámpago en la tormenta y sus pedazos de cristal golpeaban con eco el suelo en el que estoy tirada de rodillas. Con los ojos bien cerrados lanzo un grito desgarrador. Puerta por puerta de cada baño se va abriendo y azotándose de lado a lado, la luz está palpitando en el techo, poco a poco fundiéndome en una oscuridad aterradora.
Quiero taparme los oídos, pero mis manos siguen tiesas, no puedo mover ni un musculo de ellas, quiero irme, quiero salir corriendo de aquí. Ahora.
Pero entonces, todo se silencia. Estoy a punto de abrir los ojos cuando otro ruido que sacude mi cuerpo se escucha en una de las puertas de los baños. Es el mismo sonido de unas garras destrozando algo, pero este poco a poco desaparece.
Silencio.
Abro mis ojos y me levanto lo más rápido que hago, pero mi mirada me obliga a leer lo que está escrito en cada una de las puertas de los baños.
Escalofríos se esparcen tortuosamente sobre mi cuerpo, de pies a cabeza.
Son las mismas palabras escritas una y otra vez en ellas.
¨A ti, te quiero a ti, Yukihira.¨
- ¿Señorita, está usted bien? - Un grito de preocupación de una de las enfermeras hacen que brinque y grite del terror. Ella se ve preocupada, pero no asustada.
No aterrada por cómo está el baño de damas.
- ¿Está bien, señorita Yukihira? -
Entonces, caigo en la cuenta de que todo está en orden.
Los espejos ya no están rotos, no hay pedazos de cristales por el suelo. La luz ilumina perfectamente bien el lugar, y las puertas ya no están rasgadas, además, están cerradas.
También, está la marca de la mano en la venda de mi brazo, ha desaparecido.
Todo ha desaparecido.
Gracias por leer :)
BaDLuCk15: Me conmueve mucho que te guste, gracias Seguire subiendo :D
Destiny: Por supuesto, sin embargo voy a tardar ¿por qué? porqué necesito recordar todo sobre estas historias que deje hace dos años, pero tranquila, seguire con todas ellas ;)
